Disclaimer: YOI no me pertenece, si me perteneciera, JJ sería el protagonista principal. (I love you Vitya 3)
Advertencias: Rated M. Este fic contiene BL (aunque creo que ya es evidente) y violencia explícita, muy probablemente no del gusto de todos. ¡Siéntete libre de no leer si es mucho para ti! Y si no… Te invito a disfrutarlo conmigo.
I de Ilusión
(Segunda Parte)
Nuestro destino final era Rusia. No es que tuviera un interés particular en el país, solo me llamaba la atención la Liga Continental de Hockey de allí y el hecho de que estuviera casi tan cerca del Polo Norte como Canadá. Todo iba en teoría bien pues mi compañero de viaje, Seung-Gil, me escuchó hablar cuando accedí a relajarme un poco de toda la tensión de la larga travesía. No dije nada personal, no revelé mucho de mi identidad pero sí le conté en general de mi familia, del lugar donde vivíamos y de lo que hacía normalmente para sobrevivir y bueno, los otros detalles los dejé sin mencionar.
Una vez arribamos, cuando nuestros papeles estuvieron en orden, fui al servicio a asearme. Ya dentro del país se suponía que solo tenía que moverme lo suficiente para armar una distancia más grande entre tú y yo. Ese chico dijo que estaba buscando donde quedarse así que me acompañaría un poco más. Luego de pasar al baño, mientras estaba lavando mis manos frente a los amplios espejos, fue que noté algo extraño. El borde del cuello de mi camisa estaba ligeramente enrojecido. Giré el rostro intentando buscar algo que me permitiera entender lo que sucedía, y cuando vi un corte directo sobre la cicatriz que me habías dado hace años, me aterré.
¿Por qué sangraba sin razón? ¿Sería que si estabas muy lejos perdería el poder de regenerarme? El estrés comenzó a hacer estragos en mis pensamientos que se tornaron oscuros en ese momento. Me sentía otra vez demasiado cerca de la muerte, más de lo que lo sentía normalmente y ahora era diferente porque tú no estabas ahí. Y aunque necesitaba esa distancia que había impuesto, me dolía horrores.
Creo que me tardé más tiempo del necesario en el lugar porque por la puerta apareció Lee con una expresión que no alcancé a leer. Lo miré a través del espejo, todavía sudando frío del espanto y cuando se acercó pude ver que él se había fijado en la herida que tenía y no supe cómo sentirme. Bajé la cabeza intentando cambiar el punto de atención, yo era claramente más alto que ese joven, pero eso no le impidió alzar la mano hasta tocar mi cuello. Mis alertas se encendieron entonces mientras lo miraba extrañado. Luego de tocarme, se los llevó los dedos a los labios, manchados con la sangre de la herida sin apartar la vista de mis ojos.
–Todo estará bien, Patrick… –su voz demasiado sedosa me generó una sensación extraña. pero dado que yo reaccionaba mal desde que había visto la herida, lo asocié a lo mismo.
Salimos de allí, pero ya me encontraba en guardia, supe que algo no concordaba, así que tomé la rápida decisión de que tenía que marcar distancia con Lee, lo suficiente. Ahora comenzaba a creer que los extraños no eran siempre la mejor compañía, pero no estaba seguro de cómo lograrlo y mientras pensaba en eso me dejé guiar por las calles hasta que estuvimos lo suficientemente lejos del aeropuerto.
Siendo evidente que algo iba mal, detuve de golpe mis pasos. Ese lugar no se veía bien, en ningún sentido. ¿Dónde se supone que estaba intentando llevarme?
–¿Qué hacemos aquí? –pregunté haciendo un gran esfuerzo por no sonar aterrado.
–Todo está bien, Patrick. Tienes que tranquilizarte y seguirme… Ya casi llegamos –allí estaba de nuevo, esa voz sedosa que enviaba escalofríos a mi espalda.
–Creo que paso… Agradezco toda tu ayuda, p-pero, realmente necesito regresar y…
–Patrick. No te muevas –repitió el otro en un tono más bajo.
No entendía lo que intentaba el hombre. Así que sin dudarlo me giré para alejarme, perdiéndolo unos segundos de vista. Tiempo que debería haber aprovechado de mejor modo, aunque lo noté tarde.
Un dolor agudo en mi brazo me hizo gritar. Cuando logré apartarme de la fuerza que me había hecho daño, me encontré con la horrorosa vista. Seung-Gil tenía la boca manchada de sangre mientras masticaba. Miré con terror puro mi brazo y al ver la herida el grito emanó nuevamente de mi garganta. ¿Qué estaba pasando? ¡¿Había más como tú en el mundo?!
Esa increíble verdad me golpeó como una bofetada. Y todo lo que pude hacer fue comenzar a correr, tan rápido como podía, usando mi chaqueta, más bien los restos de ella, para cubrir mi antebrazo que había sido herido de esa forma horrible. No entendía nada, no quería pensarlo, y mientras me alejaba tan rápido como mis piernas lo permitían, solo podía rogar que todo fuera una pesadilla. ¿Qué tan egoísta era por querer que vinieras a rescatarme en esos momentos…?
Pero no podías llegar, no tan lejos ni tan rápido. O eso creí, a medio camino, cuando decidí mirar atrás para ver si el otro continuaba tras de mí, choqué con algo y por poco perdí el equilibrio luego del impacto.
Con miedo me giré, pero no era Lee. Era un chico rubio, alto, que me miró con expresión amarga los primeros segundos, ofuscado seguro por la colisión. Eso hasta que vio mi cara y su expresión pareció suavizarse en un gesto de sorpresa. Sin decirme una palabra me tomó del brazo que tenía sano para comenzar a correr conmigo. ¡¿Qué estaba pasando ahora?!
–¡¿Qué estás haciendo?! ¡Suéltame! –chillé alterado, pero el otro pareció no escucharme, las voces de un grupo mayor de personas me hicieron saber que estábamos en la zona concurrida cerca del aeropuerto.
–¿Qué crees que hago? ¡Idiota! ¡Estoy salvando tu trasero!
Esa revelación fue tanto impactante como preocupante. No pude hacer fuerza para soltarme del agarre ajeno pues la herida en mi otro brazo me distraía lo suficiente mientras la presionaba con la ropa. Se iba a infectar y si es que ya no contaba con la regeneración seguro iba a morir en una oscura calle de Rusia con un chico al que apenas conocía y que no era capaz de explicar cómo es que se había encontrado conmigo en primer lugar.
–Y-ya no puedo… Déjame… –rogué luego de correr por varios metros más, me sentía mareado por el cansancio, seguramente también por la pérdida de sangre.
Usualmente luego de ser mordido o comido, como quisieras llamarlo, tú me permitías descansar. Jamás me forzabas a moverme después de eso y esa era la razón por la que ahora me sentía realmente enfermo, pude notar que el chico me creía pues me miró con expresión ceñuda y se fijó en el brazo que mantenía cubierto por la arrugada chaqueta, me imagino la impresión que debió llevarse y me avergüenzo de mí mismo.
–No puedo dejarte aquí. ¿Qué no lo entiendes? Necesitamos llegar a un lugar seguro.
–No… No necesitamos… No sé quien eres, por favor, déjame ir… ¿Por qué me estás ayudando? Si es que me estás ayudando –murmuré arrastrando las palabras.
–Solo cállate, por un momento. Estoy pensando… Tienes amigos en el resto del mundo, alguna estupidez como esa así que deja de preguntar cosas.
No entendí nada de lo que decía pero me rendí a mi suerte.
De algún modo me obligó a caminar hasta que llegamos a un coche. Allí me hizo subir y cuando arrancó pude ver por el espejo a alguien muy parecido a Lee entre ese montón de gente. Temblando me recargué en el asiento y cerré los ojos. No quería más sorpresas, solo dormir. Eso y verte. Pero supongo que era culpa de la debilidad que sentía en esos momentos que la decisión que había tomado el día anterior me pareciera ahora tan ridícula. ¿Realmente tenía que haber corrido de tu lado?
Recordé a mi hermano y fue lo que necesité para callar a mi corazón, ese que se negaba a dejar de extrañarte. En algún momento de la travesía me quedé dormido, con una sola palabra en la boca. ¿Adivinarías cuál era?
–Beka…
HORAS DESPUÉS
No tenía ni la menor idea de dónde me encontraba. Solo escuchaba una voz que parecía molesta y que hablaba algo que no alcanzaba a captar desde mi posición. Cuando vi que me encontraba en lo que parecía ser un departamento, sencillo pero acogedor, tomé asiento en el sofá donde estaba y miré a todos lados antes de levantarme.
La puerta estaba trabada, ¿Por qué no me sorprendió? Caminé hasta donde podía escuchar la voz y alcancé a captar unas frases sueltas antes de delatar mi posición.
–Te enviaré la dirección… Sí, con un demonio… Que sí… No, no sé quién… ¡Contrólate un maldito segundo que no es mi culp… –el diálogo se cortó cuando aparecí en la entrada hacia lo que parecía ser la cocina, pude ver al rubio de antes hablando por teléfono.
–Lo siento –me disculpé por interrumpir y bajé la vista al piso.
–Вы слышали его? до свидания… –el idioma que me era poco conocido me dejó fuera de la conversación.
El silencio llenó entonces el lugar mientras el chico me miraba incómodo. Ahora que lo veía bien, parecía ser más joven que yo. Considerando el hecho de que yo en sí me veía más joven de la edad que realmente tenía, eso me recordó el tema de mi brazo y para mi sorpresa se encontraba vendado.
–Oh… Gracias… Este… No sé quién eres, mi nombre es Patrick –supuse que era lo correcto decir algo al respecto.
–Ajá, y yo soy el zar… Sé quién eres JJ, lo que no sé es cómo se te ocurrió llegar aquí. Pero ya no importa.
Mi expresión de sorpresa seguro fue hilarante pues el joven comenzó a reír luego de ver mi reacción y para mi sorpresa no solo tenía en su repertorio una cara de amargura.
–Yuri Plisetsky. No soy tu amigo y si por mi fuera te estarías muriendo afuera, pero yo siempre cumplo mis promesas…
–¿Yuri? No… No entiendo por qué estás ayudándome, no pareces del tipo amable.
–No lo parezco porque no lo soy. ¿Contento? Siéntate, te daré algo de comer. No nos moveremos de aquí por unas cuantas horas.
Podría haber reclamado, pero, ¿Qué sentido tenía? Ni siquiera yo sabía ya lo que estaba haciendo tan lejos de casa. Y me estresaba no saber de mi hermano, me estresaba no saber de ti y la posibilidad de volver a encontrarme con ese tal Seung-Gil me aterraba de peor manera. Así que tomé asiento en el lugar donde al parecer vivía ese joven malhumorado, que me dio a probar algunos platos que si bien no conocía, tenían buen sabor y me hicieron darme cuenta del hambre que sentía.
–Muchas gracias, Yuri –le dije una vez terminé de comer. Él estaba en la parte más alejada de la habitación, como si quisiera guardar una distancia gigante conmigo.
–No tienes que agradecer, ya te dije que no lo hago por ti.
Asentí ante el recordatorio. No tenía muchos amigos en el mundo desde hace varios años. Solo tenía una posibilidad en mente y preguntarla me aterraba pues me hacía sentir débil. No quería ni razonar en esa opción con tal de engañarme a mí mismo lo suficiente. No había forma de que fuera real que tú tenías que ver con todo esto, ¿Cierto? Desconocía la diferencia horaria pero sabía aproximadamente cuántas horas había viajado, aunque no tenía claro el tiempo que había estado dormido. Ninguno de esos datos era suficiente cuando se trataba de imaginar lo que estabas haciendo en esos momentos, o cuán enojado te encontrarías porque no me había despedido.
Tal vez debería haberte dejado una carta. En eso ocupaba mi mente cuando vi por el rabillo del ojo que el chico se acercaba a mí. Me tensé en mi posición, pero solo me miró fijo antes de negar con la cabeza e irse a otro lugar, al parecer era una habitación o el baño, no lo tuve muy claro pero me sentí repentinamente solo. Más solo de lo que ya estaba.
–Ven…
Oí su voz y dudé en moverme. Cuando volvió a llamarme, más enojado, terminé por hacer que mis pies caminaran, al llegar donde él estaba, una habitación, me hizo tomar asiento y me pidió el brazo para revisar la herida. Sin muchos deseos de compartir eso, ni de querer ver que tal seguía, le dejé hacer. Para su sorpresa, y también la mía, la carne comenzaba a cerrar y ya no sangraba.
–Te cambiaré los vendajes –me avisó al ver que me temblaba la mano.
Su tacto era mucho más suave que su tono de voz. Parecía que me tocara con sumo cuidado y eso me dio algo de tranquilidad. No entendía la extraña amabilidad de ese chico, pero la agradecía en silencio. Él me vendó de nuevo y luego desapareció de allí para ir, seguramente, a deshacerse de la venda ya usada.
Después de eso, me dejó recorrer el lugar a gusto. Me advirtió que no tenía que salir si quería seguir con vida. El tono en que lo dijo me hizo creerle y no lo cuestioné, simplemente acepté mirar un poco el lugar antes de tomar asiento otra vez en el sillón de la sala. Tratar de ver televisión fue inútil, solo me sirvió para ver la hora pues todo estaba en ruso y claramente no iba a entender mucho.
Permití que las horas pasaran, sin hacer mucho contacto con quien me había salvado. Me sentía somnoliento de nuevo por no estar haciendo mucho así que me hice un ovillo en el sofá y cerré los ojos. Minutos después tenía una manta encima mío. Le sonreí entonces, ¿Qué más podía hacer? Era amable cuando quería, así que lo miré agradecido. Él pareció turbado con mi gesto y no lo volví a ver, sentí un hueco en el estómago creyendo que le había ofendido de algún modo.
Tiempo después, en el momento en que la puerta sonó, me puse de pie de golpe. El lugar había demostrado ser silencioso durante toda esa tarde y que ahora comenzaran los ruidos nuevos solo generaba preocupación en mí.
–Yuri… –lo llamé y él apareció segundos después.
–Ve a la habitación –pidió mientras miraba la puerta.
La imagen mental de Lee me hizo obedecer. No quería sufrir ese miedo de nuevo. Me quedé detrás de la puerta del cuarto, que mantuve solo unos milímetros abierta para intentar escuchar, mientras miraba las posibles vías de escape o al menos algo que me sirviera para defenderme en caso de que fuera necesario. Mi corazón latía tan fuerte que podía sentirlo en mis oídos, dificultándome percibir lo que realmente ocurría.
Unos pasos rápidos se acercaron a la puerta y la cerré de golpe. No, por favor. No quería que alguien más sufriera por mi culpa. Traté de buscar dónde esconderme, pero no llegué ni a lograr agacharme cuando sentí la voz.
–Jean…
Me giré rápido, creí que estaba delirando. No había otra explicación posible. Allí estabas, frente a mí, con el cabello alborotado y una expresión que me rompió en pedazos el pecho. ¿Era mi culpa que te vieras tan destrozado?
–¿Bek… –no alcancé ni a completar la frase cuando tus brazos se aferraron a mí y tu boca reclamó el lugar que le pertenecía contra mis labios.
Que tonto había sido al creer que podía o debía, algún día, apartarme de ti. Mis lágrimas corrieron sin dudarlo y pude notar entonces que tú también habías estado llorando pues traías los ojos enrojecidos, me dolió horrores saber que tenía la culpa de eso. Lo que había añorado, era dejar de ser una carga, dejar de ser el peligro para mis seres queridos. Tu entrabas en esa lista por supuesto, a ti te amaba más que a ninguno.
–Beka… Beka… –repetí entre murmullos en medio de los desesperados besos que correspondí sin dudarlo. Estaba seguro de que no habían pasado más de dos días pero se sentía como si nos hubiéramos separado toda una vida.
–Jean… ¿Estás bien? ¿Por qué te fuiste así? ¿Estás herido? Dime lo que pasó –las preguntas llegaron como una avalancha y no pude culparte. Solo me aferré a tus brazos, sintiéndome por primera vez en todas esas horas, a salvo.
–Lo siento… Lo siento tanto… Tenía miedo, por Phil… Oh, cielos… Phil… ¿Cómo está él? ¿Beka cómo está mi hermano? –el aire se hizo escaso en ese instante.
–Cálmate… Él ya despertó–tu voz me trajo la paz y asentí.
No reclamé cuando comenzaste a inspeccionarme, y aunque intenté no hacer muy evidente lo de mi brazo no tardaste ni cinco segundos en descubrir la venda que arrancaste sin dudarlo. Pude ver el brillo en tus ojos, ese que tenías cuando estabas furioso, y tuve miedo. No de que me hicieras algo a mí sino de que hicieras algo que te pusiera en riesgo.
–Vas a decirme… Cada. Detalle. Jean. ¿Entendido? –la forma en la que puntualizaste tu pedido me hizo asentir sin dudarlo.
–Me avisan cuando dejen de ser desagradables, es mi habitación, se los recuerdo… –la voz del anfitrión me hizo dar un respingo y miré sobre tu hombro a quien nos veía desde la puerta.
–Yura… –tu voz sonó suavizada al llamarlo.
–Lo siento… ¿Yura? –me sumé con una disculpa, aunque capté que ese no era el nombre. O no era el nombre o era un apodo. ¿Acaso se conocían?
–Yura, es decir, Yuri… Es un amigo de los años en los que viví aquí… Le pedí ayuda cuando supe que podías estar en peligro.
Me quedé de una pieza al escuchar toda esa información. Quisiera negar que sentí celos en ese mismo instante, pero fue inevitable. Te apreté entre mis brazos y los tuyos me acogieron con su calidez característica. Luego de eso te giraste, sin soltarme y obligándome a darle la espalda al rubio para hablar tú con él.
–Es hora de irnos. No quiero que esté ni un segundo más aquí…
–Beka… Él me cuido bien, no seas así… –me sentí preocupado de que el ruso se ofendiera, pero no podía verlo desde mi posición.
–No lo digo por él, Jean… Te voy a sacar de aquí y no se habla más del tema hasta que estés de nuevo seguro. ¿Entendido? –tu voz fue firme.
No volví a reclamar. Asentí y dejé que me llevaras. Volvimos a tomar el coche, mismo al que me cargaste en brazos aunque te pedí que no lo hicieras, pero avergonzado me quedé sentado sobre tus piernas, mientras el conductor designado cerraba la casa y luego subía para poner en marcha el coche, reclamando cosas en ese idioma que yo no entendía.
Compartieron palabras que tampoco supe descifrar, era la primera vez que reaccionaba al hecho de que sabías más de un idioma, algo que seguro debí imaginar antes. Solo que jamás habías usado ruso conmigo, solo kazajo y en ocasiones muy especiales.
Sentirme en casa solo por estar en tus brazos era extraño pero reconfortante. Me dejé llenar por tu aroma mientras acariciabas mi espalda y besabas mi cabeza. Me quedé mirándote varios segundos mientras avanzábamos por el tráfico de la ciudad en dirección al aeropuerto. Hasta que recordé todo lo que había perdido en ese viaje.
–Beka… Mi nuevo nombre es Patrick… –te dije y me miraste extrañado. Hasta que te mostré la falsa documentación que ahora portaba.
–Humn… No. Eres Jean… Mi Jean… ¿Entendido? –me dejaste claro que no aceptabas mi elección de nombre y eso me hizo reír. Un alivio en medio del desastre.
–Sí señor…
Nos miramos largamente luego de eso, con el conjunto de cosas que no nos podíamos decir en ese instante en voz alta. Quería decirte cuán arrepentido estaba, pero no me salían las palabras. También quería añadir que te amaba tanto o más que siempre. Pero al final. Solo una frase pudo por sobre todas las demás que necesitaban ser dichas.
–Te extrañé…
Y volviste a besarme, sin dudarlo ni un segundo. Se sintió más que bien tener tus labios otra vez contra los míos, y en ellos me perdí queriendo que las pesadillas terminaran y rogando por un final feliz, uno que sabía que no podía existir. ¿Qué tan iluso estaba siendo por creer que realmente existía una esperanza para nosotros?
Notas Finales:
¡Hola! ¿Qué puedo decir? No estoy muerta y este fic se acerca a su final. Mil perdones por la demora en el mirror de AO3, hoy la actualización se viene grande! Así que quiero creer que es mejor.
Terminamos al fin con las I's y los POV's de Jean.
Nuevo personaje apareció, damos la bienvenida a Yuri! Aunque al igual que Seung Gil, su misión en esta historia no será muy extensa, no de momento.
Mil gracias a Maiev-S por el beteo -lanza corazones-
Gracias por leer si llegaste hasta aquí!
