07 de Septiembre

Yo: ¿Estás ahí?

09 de Septiembre

Yo: Sasuke, tenemos que hablar. No quiero que nos odiemos el uno al otro. Creo que cometimos un error, por favor, llámame. Te extraño. Vamos a arreglar esto

10 de Septiembre

Yo: ¿Siquiera te llegan mis mensajes? Por favor, incluso si me odias, llámame. Necesito decirte algo

13 de Septiembre

Yo: De acuerdo, tú ganas. Adiós

15 de Septiembre.

Las cosas se pusieron un poco oscuras después de nuestro viaje a las aguas termales. El trabajo era bueno, pero no amaba lo que hacía. No me malinterpreten, los niños eran asombrosos, pero me está cansando estar rodeada de pequeñas personas constantemente, cuando no pueden siquiera limpiar sus propias partes traseras. Y a veces los pañales revientan, lo que significa lo que piensas.

Buenos tiempos.

La vida con Kiba no iba muy bien tampoco. No es que no nos llevemos bien, porque lo hacemos. No peleamos, ni nada. Pero había dejado de hablarme, no parecía trabajar mucho y fumaba más marihuana cada día. Tuve mi primer indicio de un verdadero problema viniendo cuando me preguntó cuán grande era mi cheque de pago. En ese momento iba a comprar toda la comida, cosa que no importaba. Después de todo, me había prestado cuando llegué por primera vez aquí, y cuando había estado herida, también. Pero no era propio de él pedir, lo creas o no. Siempre pagaba sus cosas y estoy bastante segura que había aceptado de mamá un par de veces.

Las cosas llegaron a un punto crítico después de que Las Parcas nos visitaron de nuevo, esta vez sin Sasuke. Kiba no me avisó y era difícil decir si las visitas eran planeadas o no. Había aprendido mi lección, no hacer preguntas a menos que quieras oír las respuestas. Honestamente, no pensaba que hubiera algunas buenas respuestas a las preguntas que tenía sobre su relación de trabajo.

Llegué a casa del trabajo para encontrar motos en la calzada. La de Sasuke no estaba allí. Estábamos totalmente sin comida ni cerveza, porque no había hecho mis compras de comestibles de la semana, y suspiré con frustración. Decidí ir y comprar pizza en vez de cocinar, porque tenía un poco de dinero extra. No tenía ganas de batir algo.

Entré para encontrar a Obito, Bam Bam, Max y Kiba de pie alrededor de la barra de la cocina en un tenso silencio.

—Um, ¿hola? —pregunté, soltando mi bolso.

—Hola, Sakura —dijo Obito, y aunque su voz no era amistosa, tampoco era fría. Supongo que Sasuke no fue a casa y habló demasiada mierda de mí—. Sólo hablamos un poco de negocios.

—Sí, veo eso —respondí—. ¿Qué tal si voy y traigo algunas pizzas? ¿Suena bien?

—Suena genial, Sakura —dijo Bam Bam. Metió la mano en su cartera, sacando unos billetes y ofreciéndomelos. Estaba sorprendida.

—No tienes que hacer eso —murmuré.

—Toma el dinero y no olvides la cerveza —dijo Obito, con voz breve.

Discutir con ellos no parecía una buena idea, así que agarré los billetes y me retiré. Tomé mi dulce tiempo en conseguir las pizzas. Realmente, realmente no quería volver a casa demasiado temprano, pero después de pasar un rato en el lugar casi por cuarenta y cinco minutos, recibí un texto de Kiba diciéndome que todo estaba claro. Agarré las cervezas y manejé a casa, esperando que la rareza de Kiba no estuviera conectada con Las Parcas. Seguí escuchando la voz de Sasuke en mi cabeza.

Jode con nosotros y te joderemos de vuelta.

Kiba no sería tan estúpido, ¿verdad?

Cuando regresé, tuve otro de esos momentos surrealistas que parecían suceder alrededor de Las Parcas con una frecuencia alarmante. Al principio, habría jurado que las cosas eran feas entre ellos y Kiba. Ahora, todos eran amistosos, prácticamente alegres, y me recibieron (o más bien, las pizzas que llevaba) con el tipo de alegría que usualmente se reservaba para el retorno de los héroes de guerra. Traté de darle a Bam Bam su cambio, pero no lo aceptó, diciéndome que lo use para la gasolina.

La tarde siguió un patrón familiar. Comimos juntos y luego se sentaron a beber cerveza mientras limpiaba. A medida que la noche avanzaba, las bromas se volvieron más sucias. Bebí varias cervezas. Ellos hicieron una fogata. Alguien sugirió tragos de tequila. Usualmente no lo hacía, pero parecía una fantástica idea cuando veía a través de mis gafas de cerveza. Pero había estado levantada desde temprano esa mañana y tenía que estar de nuevo levantada a las siete para estar lista para el trabajo, así que al final decidí golpear el saco.

No pude dormir. Seguía pensando en los chicos afuera y cómo Sasuke debería estar con ellos. Entonces, pensé en lo que se sentía cuando me sostuvo en esos fuertes brazos suyos y dormimos juntos, toda cálida y segura. Eso me puso triste, y ahí fue donde las cosas se pusieron feas.

Siempre te dicen que no debes beber y enviar mensajes de texto, sea quienes sean.

Debería haberlos escuchado. Es un consejo inteligente.

Yo: Sasuke, te estranio.

Yo: ¿Por qué no cotestas?

Yo: Sasuke, me gussta tu nombre. Sasuke y. Me gustaría montartee Sasuke y, LOL. ¿Estás durmiendo? ¿O ocupado con alguien?

Yo: Sé que estás ahí. Apuesto a que tienes ya a una nueva chica. Que te jodan.

Yo: Que te jodan a ti y a tu puta. Te odio. Toma tuu club y mételo en tu trasero, no sería tu mujere por diez millones de dolarres.

Decir que estaba con resaca cuando mi alarma sonó a las siete esa mañana sería un poco de un eufemismo. Descubrí los mensajes que había enviado entre el vómito dos y el vómito tres, y luego ese particularmente desagradable después del vómito tres. Quería meterme debajo del remolque y morir, estaba tan avergonzada.

Sin embargo, con la fuerza de extrema voluntad, conseguí llegar al trabajo a tiempo. Afortunadamente, el recuento fue bajo por ese día, así que los niños no estaban demasiado ruidosos y locos. Seguí pensando en esos mensajes, tratando de decidir si llamar a Sasuke y disculparme, escribirle de nuevo o qué.

Finalmente, decidí escribirle. Probablemente no tomaría una llamada de mí de todas formas, y no podía culparlo por eso. Pero no podía dejarlo así, no era ese tipo de persona. Volví a casa después del trabajo, agarré un vaso grande de agua y elaboré mi texto cuidadosamente.

Yo: En serio lamento mis mensajes de anoche. No es una excusa, pero estaba borracha y no pensaba bien. Siento haberte molestado, y lamento las cosas que dije. Fui una perra, quiero disculparme y me siento como la mierda. Te lo prometo, no te molestaré de nuevo.

Me senté, sosteniendo mi teléfono, no estando segura si quería que respondiera o no. Mierda, mi cabeza estaba matándome. ¿Por qué bebí tequila? No podía manejar el tequila, sabía eso. La última vez que tomé tragos de tequila me quité la camisa y bailé sobre la mesa en una fiesta que había sido afortunadamente muy pequeña. Hidan puso billetes de dólares en mis vaqueros y me dijo que bebiera más tequila. Sus amigos me habían ovacionado y lanzado dinero. Hidan pensó que pateó traseros.

Supongo que hubieron señales de advertencia de que el hombre era un idiota...

La puerta se abrió de golpe y me estremecí.

—Sakura, tengo que hablar contigo —dijo Kiba, sentándose pesadamente en el taburete junto a mí.

—Tengo una gran resaca. No quiero hablar —murmuré, cerrando mis ojos.

—Es importante. Necesito dinero.

—Um, tengo un poco en mi bolso —respondí—. ¿Cuánto quieres?

—Mucho —respondió, sin mirarme a los ojos—. Estoy en una especie de aprieto.

Eso llamó mi atención, y lo miré. Realmente lo miré. Lo que vi me impresionó. Había perdido al menos cinco kilos en las pasadas dos semanas, y su cabello claramente no había sido lavado en un par de días. Su rostro estaba pálido y sus ojos apagados, no sólo apagados de resaca.

—Kiba, ¿estás enfermo? No te ves bien. Quiero tomarte la temperatura.

—¡Jesús, Sakura! —reventó, golpeando las manos sobre el mostrador tan fuerte que sentí el remolque vibrar. Salté, asombrada—. ¿Por qué eres tan condenadamente molesta? No soy un niño, soy un hombre hecho y derecho.

Me congelé. Kiba nunca me había gritado. De hecho, Kiba nunca gritaba, y punto. Siempre había sido suave y la marihuana exactamente no ayudaba a cambiar eso.

—Lo siento —dijo, estirándose y frotando su hombro, como si hubiera estado cargando algo pesado y le doliera la espalda—. No debería gritarte. Pero de verdad necesito algo de dinero rápido, Sakura.

—¿Por qué?

—Capital —respondió, sin mirarme a los ojos—. Tengo un trato de negocios en las manos, pero necesito dinero en efectivo. De hecho, necesito un montón de efectivo. Es una buena oportunidad, no puedo darme el lujo de perderla.

Negué con la cabeza, preguntándome si él había perdido la cabeza.

—¿En serio? Sabes que no tengo dinero —dije—. Puedes tener todo lo que tengo, pero son aproximadamente mil doscientos dólares en total. Eso es todo.

—¿Qué pasa con Hidan?

Eso me detuvo en seco.

—¿Hidan?

—Se casaron por bienes mancomunados, ¿no es así? —preguntó Kiba, cambiando nerviosamente—. Puedes llamarlo y hacer que te de dinero. Hazlo por mí, Sakura. Realmente necesito el dinero.

Negué con la cabeza lentamente, insegura de que realmente lo escuché bien.

—Bueno, para empezar, Hidan nunca tiene dinero en efectivo —dije lentamente—. Lo gasta más rápido de lo que le pagan, y no es que tuviéramos algo muy valioso. Y por otro lado, ¿olvidaste que la última vez que lo vi, me golpeo?

Kiba se inclinó hacia mí, poniendo sus manos sobre mis hombros, encontrándome cara a cara.

—Estoy desesperado, hermanita. ¿Qué hay sobre tu casa? ¿Puedes obtener una línea de crédito por tu casa?

Negué de nuevo, aturdida. ¿Kiba había perdido la cabeza?

—La casa ya está hipotecada hasta el cuello. No me darán nada. ¿Qué está pasando realmente? —demandé. No me compré esto del ―trato de negocios por un minuto, y me rehusaba a creer que Kiba había olvidado lo que Hidan me hizo. No podía negarlo por más tiempo, algo realmente malo, realmente malo estaba sucediendo. Algo lo suficientemente malo para volver a mi hermano desesperado.

—Nada —dijo, negándome con la cabeza, dándose la vuelta—. Quería hacer este trato y pensé que podrías ayudarme. Tienes razón, no debería haberte preguntado. Lo siento.

Con eso, se giró y salió del remolque. Segundos más tarde, su auto estaba en marcha y desapareció en la noche. Parecía tan obvio en retrospectiva, pero honestamente... no vi lo que sucedió a continuación.

Ni siquiera un poco.