N/A: De nuevo, muchas gracias a todos aquéllos que os habéis tomado el tiempo de leer mi historia, comentar o poner en alerta o favoritos! No sabéis lo feliz que me hace! :)

Aquí viene un nuevo capi, es poco ácido, lo sé, pero me pareció interesante. El próximo será más cítrico, lo prometo ;)

Disclaimer: Ni Twilight ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer, ella los creó y ella se lleva los beneficios XD Yo sólo me entretengo jugando un poco con ellos.


Capítulo 8 – La oficina

Los tres días siguientes pasaron sin que apenas me diera cuenta. Durante el día Edward era el amable y respetuoso novio perfecto y durante la noche se tumbaba a mi lado en la cama leyéndome algo o tarareando mi nana. Ni siquiera volví a intentar nada. Estaba demasiado dolida y no creía que pudiera soportar otro rechazo como el del lunes por la noche. Había querido preguntarle qué había pasado o qué había hecho mal, pero no me sentía con fuerzas de sacar el tema. Él se comportaba como si no hubiera pasado nada así que eso hice yo también. Por la noche me metía en la cama y me acurrucaba para dormir como si él no estuviera allí al alcance de la mano. Él me daba un ocasional beso en la frente o en la mejilla y se quedaba conmigo a hacer lo que sea que hiciera mientras yo dormía.

Estuve funcionando en modo automático. Iba al instituto con Edward como una sombra a mi lado. Aunque me seguía tratando como siempre, noté que evitaba el contacto físico entre nosotros.

Fingía que no había pasado nada, pero sí que había pasado y aunque pareciera que estaba bien, me sentía miserable. Si Edward se daba cuenta de cómo me afectaba esto, lo disimulaba muy bien. Siempre había captado enseguida todas mis reacciones pero esos días no estaba captando nada. O tal vez simplemente lo ignoraba.

La incertidumbre me estaba matando y cada vez que intentaba reunir coraje para sacar el tema veía su expresión indiferente y me acobardaba. Tenía miedo de que a él no le importara en absoluto nada de lo que a mí me preocupaba.

Cuando llegó el viernes ya no pude soportarlo más. Tenía que hacer algo. Sabía que hablar con Edward no era una opción, conseguiría desviar el tema. Pensé en Angela, era mi amiga y ella sabría escucharme sin juzgarme, pero no podía contarle la totalidad del problema. Sólo me quedaban los Cullen. Tal vez la elección más lógica hubiese sido Alice pero sabía lo cercana que era a Edward, además, me daba vergüenza contarle que iba excitada la mayor parte del día pero su querido hermano no quería tocarme. Necesitaba una opinión objetiva. Alguien que no me juzgara. Sólo había una persona con la que podía hablar del tema.

Esa tarde me tocaba trabajar en la tienda de deportes de los Newton, lo que me permitía estar unas cuantas horas sin Edward. Normalmente odiaba tener que quedarme trabajando porque no podía verle pero ese día agradecí el descanso. Sin embargo, hubo muy pocos clientes y enseguida estuvo toda la tienda limpia y ordenada. La señora Newton me dejó marcharme antes de la hora y de pronto me encontré sin nada que hacer durante el resto de la tarde. Cualquier otro día hubiera corrido a casa de Edward ansiosa por verle pero esa tarde no quería sentirme ignorada. Decidí aprovechar ese rato sin él para hacer lo que había decidido, necesitaba hablar con alguien.

Subí a mi camioneta y conduje hacia el hospital de Forks. No estaba segura de si Carlisle estaba trabajando en ese momento pero iba a intentarlo. Desde luego no podía tener esa conversación en una casa llena de vampiros que podían oírlo todo perfectamente.

Llegué a la recepción y pregunté a la enfermera que estaba allí por el Dr. Cullen. La suerte estaba de mi parte y me hizo pasar a su oficina.

La oficina de Carlisle en el hospital no era para nada comparable con la que tenía en casa. El mobiliario era moderno y funcional. Tenía las estanterías llenas de archivadores y material médico, las paredes desnudas a excepción de la pantalla para ver radiografías. Había un sofá biplaza a un lado de la habitación y su mesa de trabajo en la pared opuesta.

Carlisle estaba trabajando en su mesa pero se levantó sorprendido al verme entrar. Vino hacia mí con cara de preocupación, analizándome rápidamente en busca de heridas.

- ¡Bella! No esperaba verte por aquí, ¿va todo bien?

- Sí, bueno, no del todo. – Empecé a dudar que hubiera sido buena idea venir aquí.

- Ven, siéntate. – Se sentó conmigo en el sofá y se tranquilizó cuando comprobó que no tenía nada roto.

- Estoy bien, no he venido por salud. – dije controlando los nervios y recordándome mi decisión de hablar con Carlisle.

- Claro, perdona. Cuando te he visto entrar he pensado que te habías hecho daño. – contestó sonriendo. - ¿Qué te trae por aquí entonces?

Tomé aire profundamente para serenarme antes de hablar.

- Bueno, hay algo que me preocupa y no sé cómo actuar al respecto. He pensado que tal vez tú podrías aconsejarme.

Para cuando terminé la frase sentí calor recorriendo mis mejillas, me estaba ruborizando. De pronto caí en la cuenta de que Carlisle, a todos los efectos, era el padre de Edward. Genial, Bella. ¡Sólo a ti se te puede ocurrir pedirle consejo sexual a tu suegro!

- Claro, Bella. Ya sabes que puedes contar conmigo. Cuéntame qué ocurre y haré todo lo que pueda por ayudarte.

- Gracias. – sonreí levemente.

Me sentía más tranquila. Se me ocurrió que Carlisle no era el patriarca de los Cullen sólo por ser el más viejo. Carlisle sabía tratar a la gente y siempre estaba dispuesto a ayudar. Se ganaba la confianza de los demás y luchaba por resolver los problemas con sensatez. Era un líder nato. Tras ese pequeño descubrimiento me sentí más segura de haber decidido hablar con él.

- Verás, se trata de Edward. En realidad, de Edward y de mí, de lo que pasa entre nosotros o, mejor dicho, de lo que no pasa entre nosotros.

Carlisle me miraba confundido. Lo raro seria que hubiera entendido mi brillante frase.

- Quiero decir que desde hace algún tiempo siento que algo no va bien. Sé que suena muy frívolo y me muero de vergüenza por contar esto pero ha llegado un punto en que necesito hablarlo con alguien. – había tomado carrerilla y decidí soltarlo antes de que me diera tiempo a echarme atrás. - ¿Es posible tener sexo entre vampiros y humanos?

Sentí que estaba roja de vergüenza y clavé la mirada en el suelo.

- Bella, no te dé vergüenza. Es perfectamente normal tener esas inquietudes.

Me atreví a levantar la mirada y Carlisle me sonreía amablemente. Al menos no se había reído de mi pregunta.

- ¿Has hablado con Edward de esto?

- Sí. Me dijo que era peligroso, que podría matarme si perdía el control, ya fuera por su extrema fuerza o por sucumbir a la llamada de mi sangre. Pero no sé, creo que hay algo más.

Carlisle me escuchaba atentamente y me hizo un gesto para que continuara.

- Sé que hay peligro. Siempre hay peligro estando rodeada de vampiros y más estando tan cerca pero tengo la sensación de que hay algo más que Edward no me cuenta. Nunca me ha herido en ese sentido pero cada vez que intento ir un poco más allá me frena, aunque esté perfectamente en control de sí mismo. Por eso quería saber cuáles son las posibilidades reales de que pase algo o si hay algo más que él no me ha contado.

- Él me preguntó más o menos lo mismo hace un tiempo y lo que le dije a él es lo mismo que voy a decirte a ti.

Ahora le escuchaba con atención, Edward también le había pedido consejo a Carlisle, tal vez no estaba todo perdido.

- Aunque yo nunca he estado con una humana, conozco casos de relaciones entre vampiros y humanos. No son frecuentes y no suelen terminar bien. Es cierto que hay peligro para el humano y en ocasiones el humano muere pero hay un factor muy importante a tener en cuenta. Lo importante que sea el humano para ese vampiro. Hay vampiros que eligen a sus víctimas para desfogarse. Las seducen, se acuestan con ellas y al terminar se alimentan de su sangre. Hay casos en que el vampiro decide transformar a su compañía humana. Como puedes ver, no hay una regla establecida, todo depende de la situación en concreto.

En vuestro caso, es lógico que Edward tenga algo de miedo. Te quiere y no quiere hacerte daño, pero, como ya le dije a él en su momento, su control alrededor tuyo es bueno. No creo que tuviera problemas, lo único es que tendría que tener cuidado y tratarte con delicadeza, por lo demás, le dije que superara sus miedos y lo intentara poco a poco.

Las lágrimas empezaron a deslizarse por mis mejillas con esas palabras. Había esperado que Carlisle me dijera que era imposible y poder justificar así el rechazo de Edward pero él sabía que podía hacerlo sin peligro y aún así me rechazaba. Todo el desprecio que había sentido por mí misma estos últimos días salió a la superficie en forma de llanto.

- Bella, ¿qué ocurre? ¿Qué he dicho para que llores así? – Carlisle estaba preocupado. Me tendió una caja de pañuelos e intentó consolarme.

Al cabo de un rato conseguí serenarme un poco.

- Lo siento. – dije. – Soy una idiota. Creí que podíamos estar juntos, ya sé que nunca podré estar a su altura pero pensé que tal vez eso no importaba. Nunca seré suficientemente buena para él. – terminé sollozando de nuevo.

- ¿Qué diablos estás diciendo? – Carlisle sonaba un poco enfadado.

- Siempre que estamos a solas e intento ir más allá me aparta y me dice que es peligroso. No quería presionarle pero hay momentos en que es realmente inevitable. No hace mucho empecé a… satisfacerme yo sola para que no me pudiera la frustración cuando estuviera con él. ¡Incluso me regalaron un consolador!

Carlisle abrió los ojos como platos. Al parecer no estaba enterado de todo lo que pasaba en su casa.

- Emmett, Rose, Jasper y Alice presenciaron un sueño que tuve y con la tontería de hablar en sueños fue bastante evidente lo que estaba soñando y creyeron que necesitaba uno. – expliqué. – Entre eso y las negativas de Edward me obligué a pensar que era técnicamente imposible tener sexo con Edward. La otra noche creí por un momento que iba a pasar algo. Edward me dijo que me deseaba y creí que quizá era verdad pero otra vez se apartó bruscamente dejándome a medias y dijo no sé que tontería sobre que no era el momento. Quería pensar que no era posible hacerlo pero después de oír esto sé que nunca seré suficiente para él.

- Bella. – llamó Carlisle. Yo tenía la mirada clavada en el suelo y ninguna intención de levantarla. Él cogió con suavidad mi barbilla y me hizo mirarle.

- Bella, escúchame bien. No creas ni un segundo más que no eres suficiente para él. Eres guapa, tienes mucha belleza tanto interior como exterior y, lo creas o no, eres una chica sexy. Muchos hombres desearían estar en el lugar de Edward.

Volví a ruborizarme aunque esta vez por otras razones. Carlisle creía que yo era sexy. Puede que lo dijera para hacerme sentir mejor pero la determinación de sus ojos no dejaba lugar a dudas.

- Gracias por intentar animarme. Parece ser que Edward no piensa igual que tú.

Me sentía hundida. Si el problema era que Edward no sentía desde físico por mí, no había nada que yo pudiera hacer para arreglarlo.

- Bella, no sé qué pasa entre vosotros cuando estáis a solas pero está claro que Edward está loco por ti. Nunca ha estado así de feliz y sólo hay que ver la forma en que te mira para darse cuenta de que tú eres su mundo.

Me quedé mirándole en silencio. Nos sabía cómo responder a eso.

- Déjame que intente entenderlo mejor. ¿Qué ocurre exactamente cuando Edward te rechaza? ¿Hasta dónde habéis llegado?

- Pues… no muy lejos… normalmente son sólo besos sin lengua, puedo entender que quiera mantenerme alejada de sus dientes, pero cada vez que mis manos van más debajo de su pecho me frena y se aparta. Las suyas tampoco se aventuran demasiado: cintura, espalda, cuello y poco más. He intentado decírselo con palabras pero siempre me dice lo mismo, he intentado seducirle con mis actos pero suele ser bastante patético. Nada le afecta, si él no me desea de ese modo no queda nada que yo pueda hacer.

Carlisle me miraba pensativo y asombrado. Tomé aire y continué, ya había empezado y quería contárselo todo.

- El otro día, después del sueño erótico que tuve delante de todos, Edward se enfadó porque los demás estaban partiéndose de risa a mi costa así que nos fuimos. Me llevó a nuestro prado, le dije que le deseaba y que podíamos hacerlo, de nuevo. Esta vez pareció ceder, ¡y vaya si cedió! No me frenó cuando empecé a tocarle, incluso me dejó desabrocharle el pantalón y hacerle una paja. Yo estaba que no me lo creía. Estábamos solos y él estaba duro como una roca. ¡Por fin conseguí hacer algo bien! Por una vez se dejó llevar y lo disfrutó. Pero eso fue todo, nada para mí. Después dijo que había sido una insensatez, que era muy peligroso y bla bla bla. Al día siguiente me regalaron el vibrador y, créeme, lo agradecí mucho. Edward de nuevo se enfadó y yo le grité cuatro cosas. Cuando vino a mi habitación esa noche hicimos las paces. Él estaba dispuesto a intentarlo y empezó a tocarme. Llegó a tocar y lamer mis pechos, yo estaba que me salía, subiendo a la cumbre como nunca antes con él. Pero de repente volvió a apartarse de golpe. Esto fue hace cuatro noches y desde entonces ni siquiera intento besarle, no puedo soportar otro rechazo más.

Terminé de hablar con algo de furia, estaba harta de esta situación. Carlisle me miraba con expresión extraña, estaba serio, la boca ligeramente abierta y sus preciosos ojos dorados más oscuros que de costumbre.

- Uhmm… ¿has usado el vibrador? – preguntó con voz algo ronca.

- No he tenido ocasión. – musité. – Por la noche siempre está Edward… aunque, tampoco sé si sabría usarlo.

- Oh. – dijo solamente Carlisle mirándome intensamente.

- ¿Estás bien? – pregunté algo confusa.

- Sí, es sólo… pensar en cómo te está tratando mi hijo… pensar en las cosas que me has contado… es una auténtica crueldad dejar a una mujer tan bella como tú tan insatisfecha.

Se aclaró la garganta y se recompuso un poco.

- Creo que el problema de Edward es más de moral que de otra cosa. Él no cree en el sexo fuera del matrimonio pero eso no justifica que te trate así. Si quieres puedo intentar hacerle entrar en razón.

- Oh… ¿harías eso por mí? – pregunté esperanzada.

- Haría eso y muchas otras cosas por ti. Pero teniendo en cuanta que eres la novia de mi hijo intentaré no pensar en esas otras cosas que haría por ti después de lo que me has contado.

¡Oh Dios mío!

El modo en que me miraba ahora Carlisle no era para nada paternal y sentí un familiar revoloteo por debajo de mi ombligo a la vez que mis mejillas ardían.

- Mientras tanto, tal vez deberías poner en uso ese regalo que te hicieron, ya sabes, para aliviar esa tensión que está creciendo por momentos mientras hablamos.

Le miré sorprendida, se había dado cuenta de mi reacción.

- Puedo olerte, Bella. – añadió sonriendo.

Le devolví la sonrisa. Claro que puede, vampiros y su súper olfato…

- Será mejor que te vayas a casa antes de que… bueno, antes de que… sea tarde.

Estoy casi segura de que no era eso lo que quería decir.

- No te preocupes, me encargaré de que Edward se quede en casa esta noche. Así podré tener una charla con él y tú podrás jugar tranquila. – añadió con una sonrisa pícara.

- Gracias, Carlisle. – me levanté y me acerqué a él. Le di un beso en la mejilla en agradecimiento y despedida. Me sonrió de nuevo y salí de la oficina.

Estaba confusa por este pequeño momento con Carlisle en la oficina pero me sentía optimista.

Sí, esta noche estreno mi juguete.

Carlisle

Bella seguía hablando, contándome todos los detalles de su pobre vida sexual, pero yo no la estaba viendo como la pequeña e inocente Bella que siempre había conocido. No, esta chica era diferente, más mujer. Me enfadé con mi primer hijo por hacerla sufrir así, él se lo estaba perdiendo, la de cosas que se me ocurrían que podía hacer con ella. Bella, tan inocente y a la vez tan sensual. Al final terminó de hablar y le dije que haría cualquier cosa por ayudarla. Ella notó el cambio en mi tono de voz y enseguida empecé a notar una sutil y dulce esencia asaltar mis sentidos. ¡Se estaba excitando! Esto me estaba afectando, me tuve que recordar quién era ella y porqué había venido a mí, en busca de una figura paterna. Entonces me dio un beso en la mejilla a modo de despedida y el calor de sus labios me asaltó de nuevo. Recuperé la compostura mientras ella se alejaba y cruzaba el umbral de la puerta.

Aahh… vaya… me pregunto si Esme tendrá planes para esta noche…


N/A: Se agradecen reviews ;)