ARKHAM

Cuando los perros aúllan

Cuando oigas un aullido cortando el silencio de la noche huye
Busca a tu familia y tus animales, enciérrate en tu casa, no duermas, no comas, no llores porque ellos te encontraran, únete a otros para afrontar la soledad pero nunca les des pelea porque lo mas seguro es que termines en las fauces de La Gran Bestia Blanca del Bosque
Cuando los perros aúllan es la muerte blanca la que viene con hambre.

Alástor leía esto mientras iba hacia un pueblo al este de Ponyville, Lamés, Alástor era un unicornio residente en Canterlot aficionado a coleccionar historias de cada pueblo de Equestria y era su trabajo para en la Gran Biblioteca del palacio, esta vez esta historia no tenia ver con las clásicas historias de ponys era algo raro, trataba sobre los perros, los perros casi nunca son una amenaza de hecho solo les interesa vender piedras preciosas y nada mas pero en Lamés eran temidos hasta el punto de que los pobladores pidiesen que enviasen a el ejercito a protegerlos pero el gobierno no hizo caso pensando solamente que era una broma o una pony vieja e histérica quería eliminarlos

Cuando Alástor llego la aldea no se diferenciaba mucho de otras como Ponyville, la misma arquitectura, los mismos negocios, hasta los pobladores no se diferenciaban muchos de otros ponys, pero ellos a diferencia de otros tenían grandes ojeras, hablaban en susurros rápidos e interrumpían sus conversaciones cada dos frases para echar una temerosa mirada a su alrededor y lo mas extraño no había unicornios

-¿Porque vino?-oyó un tímido reproche
-¿Quiere morir?-oyó otro
-¡Nos ha condenado!-alguno alzo un poco la voz
-¡Por Equestria! ¡Es tan joven es una desdicha!-una joven Pegaso lloro, y cosa así fue con que lo recibieron, Alástor trato de hablar con alguno pero antes de que abriese la boca todos habían huido y encerrado en sus casas, tan era el silencio que podía oírse con claridad como se pasaban los picaportes para cerrar las puertas, quedo totalmente solo y extrañado, ¿Acaso nunca han visto un unicornio? , Pensó, ¿O es acaso que les aterra los forasteros? , mientras pensaba en esto trataba de buscar un lugar donde pasar la noche pero en cada puerta que tocaba o era el silencio o las amenazas de los habitantes quienes contestaban a su llamado

-es mejor que me vaya-murmuro viendo que desde una casa un pony de aspecto rudo lo miraba de manera poco amigable volvió a la estación de trenes, el único empleado que quedaba se veía nervioso y apresurado por cerrar cuando vio a Alástor dio un pequeño grito
-¡YA CERRAMOS!-grito mientras tomaba sus pertenencias-¡LARGUESE!
-espere-dijo Alástor molesto-dígame, ¿que diablos pasa en este pueblo de locos?
-¡Solo lárguese y déjeme en paz!-grito el empleado Alástor se le acerco-¡NO ME TOQUE!
-¿Cuando pasa el siguiente tren?- pregunto mientras el empleado huía despavorido
-¡Para usted nunca!-fue lo único que le dijo y se perdió en las sombras crepusculares

Era obvio, tendría que pasar la noche en la estación, paso un largo rato buscando un lugar donde pasar la noche de manera mas abrigadora, lo único que encontró fue un espacio entre dos grandes cajas, ahí comenzó a escribir en su diario sus impresiones sobre Lamés, empezó por criticar la actitud de los ciudadanos esto le tomo un largo rato porque cuando miro el reloj de la estación vio que eran las 9:45 de la noche había estado escribiendo desde las 6:18, bostezo y estiro sus patas se acurruco y empezó a dormir pero no lo hizo por mucho tiempo.

No había pasado ni una hora cuando un sonido aterrador lo despertó, puso atención y volvió a escuchar ese sonido era un aullido, maldijo en voz baja pensando en que algún habitante trataba de asustarlo así que volvió a tratar de dormir pero los aullidos seguían y se intensificaron, harto ya salio para hacerle frente a los pesados bromistas
-¡YA CALL…!-no eran ponys, ni pegasos ni mucho menos unicornios, eran perros todos vestidos con pieles y cueros cubriendo sus caras con una mascara de aspecto macabro, Alástor quedo presa del terror trato de moverse pero parecía que sus cascos estaban clavados al piso, entre tanto los perros olisquearon el aire y uno que parecía el jefe de la jauría por su mascara que brillaba con una lúgubre luz azul noto al unicornio y con un gesto de su garra un grupo de perros se abalanzaron sobre el, lo único que pudo hacer fue gritar. Mientras en las casas los habitantes se apretujaban aterrados mientras murmuraban: "uno más, uno menos".

A Alástor le cubrieron la cara con una bolsa, le ataron las patas y se lo llevaron, ¿Cuanto tiempo llevaba caminando? Eso jamás se sabrá, lo que si se sabe es que cuando le arrancaron la bolsa de la cabeza estaba en una gran gruta, iluminada únicamente por unas apestosas velas hechas con sebo de rata y la mascara del jefe, tomo un tiempo acostumbrarse a la pobre iluminación pero casi no tubo tiempo unas fuertes garras le tomaron la cabeza y sintió una respiración y un olisqueo que le recorría el cuerpo cuando pudo ver mejor vio que era una vieja perra, delgada como un hueso, llena de sarna, una de sus garras estaba terriblemente mutilada, sus grasientos y grises cabellos le cubrían la cara solo se podía ver el negro y brillante morro de su nariz
-es un unicornio-dijo con voz cansada y ronca-es perfecto EL estará mas que satisfecho yo te bendigo Warbet Hijo de Samifr
-gracias madrecita-dijo el jefe inclinando la cabeza, luego la perra lo miro la cara, dos discos plateados miraban sin mirar a Alástor, a pesar de que era una cara de vieja podía verse que en un tiempo mejor era muy bella, le tanteo las mejillas mientras murmuraba cosas intangibles sonrío mostrando una fila de dientes negros y podridos y al final grito:
-¡LLAMEN A ARNAK MI NIETAY LLEVEN AL UNICORNIO A LA CELDA!-una algarabía infernal inundo la cueva entre gruñidos y ladridos el unicornio fue arrojado en una oscura y fría celda mientras que afuera la vieja perra daba un grito innatural y que impuso silencio en la extraña asamblea.

Alástor logro soltarse de las amarras trato de buscar una salida con la luz que emitía de su cuerno pero al final no encontró nada desesperado empezó a suplicar pero nadie le prestaba atención, todo estaba en silencio solo se oía la voz de la vieja
-Arnak Hija de Garkler debes saber que Nhetlotklit me ha llamado a su lado, tu como mi única nieta deberás tomar mi lugar y servir al gran Nhetlotklit así que recita la historia de nuestro gran dios-como de una ola se tratase los perros empezaron a emitir un grito al unísono "anut", Alástor a pesar del miedo saco su diario y empezó a escribir lo que pasaba con la esperanza de quien encontrase su diario supiese lo que paso
-Nhetlotklit-se oyó una voz joven y temblorosa-huyendo del Gran Devorador de Estrellas cayo al planeta durante el imperio del dragón hace millares de años, con su guía sus seguidores, los xac-móc lograron construir la gran ciudad de U'yq, y lograron matar a los dragones que no eran mas que una bestias, pero las semillas del Gran Devorador de Estrellas encontraron y dieron muerte a los xac-móc y encerraron al gran dios Nhetlotklit en la tierra impura atado hasta que la danza del centro del universo termine, los eones pasaron y la tierra apareció una raza que le sirvieron alimentándolo, los humanos, gracias a su avatar, La Bestia Blanca del Bosque, ellos le sirvieron con sacrificios y adorándolo y el a cambio les dio poderes, se comunicaba con los que mantenía su parte mas primitiva latente pero los humanos evolucionaron y lo olvidaron, logro vivir por los pocos seguidores que todavía le seguían, pero de repente La Gran Guerra de los Hongos masacro a los humanos de una población de diez mil millones de humanos quedaron solamente setecientos mil quinientos doce y el gran Nhetlotklit durmió para evitar morir de hambre, al despertar había un nueva raza en el planeta, los Pony, pero ellos no acataban sus ordenes-aquí los perros gruñeron y maldijeron a los pobladores de Equestria pero volvieron a quedar en silencio-ni siquiera durante el reino de la serpiente del caos, entonces recurrió a otras especies y estas sacrificaron ponys, pegasos y unicornios, y fueron estos últimos lo que satisface su hambre y por eso solo sacrificamos unicornios-Alástor soltó la pluma y empezó a llorar, empezó a rezar esperando un inexistente milagro, mientras afuera Arnak terminaba su relato
-bien-dijo su abuela satisfecha-ahora relata mi historia que es la de tu clan y solo así serás la gran sacerdotisa
-¡Tu, Oh gran madre! Naciste en las islas del este y fuiste vendida como esclava, por el daimo que estaba en guerra con otro daimo, en la mas tierna infancia y obligada a cargar de enormes carros llenos de rocas y demás escorias inmundas, pero un día mientra laborabas nuestro gran dios te llamo y te hizo una prueba y tu sin titubear trituraste tu garra derecha con una piedra y desde entonces has guiado nuestro pueblo, curado nuestras enfermedades, dirigido durante la guerra y nos ha educado-los victoreos y rezos no terminaron hasta que Arnak termino, mientras tanto Alástor trataba en profunda desesperación abrir la piedra con su cuerno pero lo único que lograba era lacerarse el rostro y astillase el cuerno hasta que se desmayo por la contusiones.

Cuando volvió en si ya no estaba ni en la cueva ni en la celda, estaba en claro de un bosque mientras los perros danzaban con grotescas figuras e infligiéndose terribles cortaduras con lanzas y cuchillos de pedernal alrededor de un gran y espectral fuego verde, frente a el había una esbelta y joven perra, Arnak supuso, que rezaba en un olvidado y profano idioma, tenia los ojos en blanco estaba en un profundo trance, su abuela estaba a su par, a pesar de su ceguera sonreía orgullosa porque sabia lo que pasaba, Alástor estaba abrumado, el incesante clamor de los tambores, los gritos, el maldito rezo de Arnak, la sonrisa de la maldita vieja poco a poco la cordura lo abandonaba.

De repente Arnak grito de la misma manera que su abuela imponiendo un solemne silencio
-Entrani'ch-iov-aznareps-enog-etaicsal -murmuro y tan pronto termino esta indescifrable oración el ambiente se inundo de una terrible fetidez, del bosque salio un murmullo como la respiración de un moribundo que anhelaba seguir viviendo y entre los árboles una enorme, deforme y borrosa masa blanca apareció, Alástor miro horrorizado como unas blancas y delgadas ramas salían, empezaron por ser solo dos pero siguieron saliendo hasta completar 48 pares de ramas que eran en realidad una especie de brazos semejantes a los de las mantis religiosas, igual de afiladas e igual de eficientes, el ultimo pensamiento cuerdo de Alástor fue: La Bestia Blanca del Bosque

La policía de Canterlot no sacaba nada de los ciudadanos de Lamés nadie sabia algo de un unicornio llamado Alástor, una pegaso dijo que encontró un diario enana gruta, pero en ese diario no había nada, solo una critica a Lamés y el resto era solo garabatos y manchones de tinta combinados con lagrimas, la pegaso fue arrestada como sospechosa de la desaparición de Alástor, al oír esto la pegaso lloro pero de alegría se iba de esa maldita aldea y por fin dormiría tranquila. Por otro lado los policías querían irse antes de que anocheciera porque:Cuando los perros aúllan es la muerte blanca la que viene con hambre.