Capítulo 8: No todo es lo que parece.

Aquella tarde Rachel se sentía completamente feliz, ni siquiera el mal humor de Santana podría haber cambiado su estado de ánimo. Santana la miraba maravillada desde la cocina, mientras Rachel bailaba sin parar en el salón.

Santana no podía apartar la vista de la morena que se movía aleatoriamente.

Rachel se percató de las miradas y volteó rápidamente, dejando de bailar.

Santana apartó la mirada rápidamente, aunque supo que Rachel se había dado cuenta. Rachel se sentó en el sofá y paró la música.

- Santana – la latina se asustó, no quería hablar de lo que acababa de pasar – ¿Vendrás a verme?

- Quizás vaya a ver la obra, sí…

- Eso. – Rachel se reía, pero Santana prefirió no hacer lo mismo. – te invito a una copa, para celebrarlo. – Rachel intentaba romper el mal rollo.

- ¿A dónde?

- A algún bar.

- Tengo una idea mejor, vamos al bar donde trabajaba antes, le pides mis llaves al dueño del bar y te dejo tranquila. – Rachel no entendía el repentino cambio de Santana, pero prefería no llevarle la contraria en ese momento, porque la veía triste.

Santana no quería seguir sintiendo cosas tan extrañas por Rachel, al principio pensaba que era amistad pero su cabeza no la veía de la misma manera, no quería pensar en que aquella irritable mujer podía ser su amiga, porque sabía que de amigas a otra cosa era solo un paso, y no se podía permitir más dolor, y menos por Rachel Berry, no se podía permitir sentir el mínimo afecto por ella, no podía pensar en Rachel de otra manera que no fuera la pesada y enana de Rachel Berry, quería marcharse de allí y olvidarse de esas semanas que había pasado a su lado, que aunque lo negara, le habían encantado.

- Vale, pero… ¿Qué le digo para que me las de? Solo con decirle que me de tus llave no creo que sea suficiente. – Rachel odiaba la idea de perder de un momento a otro a su única amiga.

- Yo creo que si será suficiente… pero por si acaso, dile que eres mi ami… - Santana suspiro – Dile que me conoces, si aún así no te las da, llámame y yo hablaré con él por teléfono, le diré que te las entregue a ti.

- Vale. – Rachel estaba realmente triste.

Mientras Santana se colocaba su chaqueta, Rachel se comía la cabeza pensando en el cambio de la latina.

- ¿Por qué ahora? – se atrevió a preguntar la morena.

- Porque ya te he molestado suficiente.

- No, puedes quedarte.

- Rachel deja de ser tan amable, te lo agradezco pero no, me marcharé en cuanto tenga mis llaves.

- Al menos coge tus cosas.

- Todo lo que tenía me lo has dado tú, quédatelo.

- No lo necesito, llévatelo.

- Da igual, deja que coja polvo en el armario.


Las dos marcharon hacia el bar. Santana esperaba en la puerta mientras Rachel entraba apenada.

- ¿Quién es el jefe del bar? – preguntaba Rachel mientras los babosos de turno le susurraban y le gritaban guarradas varias. Rachel comprendió, en ese momento, el mundo en el que estaba viviendo Santana, y deseaba a verla podido sacar de ahí antes.

- Yo. – un hombre de estatura mediana, bigote, delgado y bien vestido apareció de detrás de la puerta con un cartel enorme en el que ponía "no pasar".

- Hola… señor. Vengo a buscar algo.

- Llámame Jack… - hubo una pausa en la que ninguno pronunció palabra. – Y bien… ¿Qué es lo que te pertenece?

- Sí… bueno… en realidad no me pertenece.

- ¿Entonces que haces aquí? – el tono empleado fue el más repelente posible. Haciendo caso omiso de la contestación del hombre, Rachel prosiguió.

- Vengo a por las llaves de Santana López, trabajaba aquí hasta hace unas semanas.

- Sí… ¿Pero por qué te lo tendría que dar a ti?

- Somos… - a Rachel le costaba encontrar una palabra que expresara la relación que tenía con la latina – amigas y lo necesita ahora.

- ¿Amigas? ¿Santana López tiene amigas? Buena broma.

- No es ninguna broma.

- ¿Ya te ha hecho algún trabajito no?

- Ella no es así. – Rachel repudiaba las palabras de aquel hombre.

- Santana López es una cualquiera, si no, ¿Cómo crees que iba a trabajar en un bar como este?

- Lo necesitaba, no puedes culparla por ello, además, ella es diferente, y se fue a tiempo de este garito.

- Que se haya ido no quita el hecho de que sea una fulana.

- Ella no es una fulana, y mucho menos tu fulana.

- Vaya… parece que la niña se a enamorado. – el hombre se burlaba de Rachel. – Santana es buena… realmente buena, se acuesta contigo y ahora estás coladita por ella.

- Santana no se a acostado conmigo y no estoy enamorada de ella, solo es mi amiga.

- Entonces espérate… cuando necesite algo fuertemente, se acostará contigo. Ella no puede tener amigas, no sabe relacionarse con nadie, es antipática, odiosa, repelente y una cualquiera.

- No es como tú crees.

- Piénsalo bien, como sea que te llames… si tu estuvieras mal… ¿Crees que ella haría algo para ayudarte, crees que te tendería una mano? – Rachel quedó pensativa, nunca se lo había planteado. – Vaya, te lo estás pensando eh… ella no es así, no ayuda a nadie, solo piensa en ella, es mala.

- Dame las llaves y me voy.

- No puedes aguantar que te digan la verdad, no puedes pensar en otra Santana de la que has conocido, pero créeme ella no es como tu crees. – Rachel estiró la mano para que aquel hombre llamado Jack, le entregara de una vez por todas las llaves, no soportaba tanta palabrería en contra de Santana. – Te voy a dar las llaves porque no quiero saber nada más de ella, pero ten cuidado con Santana, no es una buena persona. – el jefe tendió las llaves de Santana en las manos de Rachel.

- El malo eres tú. Sé todo lo que le has hecho. – sentenció Rachel.

- Puede que yo le haya hecho muchas cosas, pero tu solo sabes lo que ella te ha contado, pero pregúntale lo que ella me ha hecho… No es la persona que tú crees. – logró escuchar la morena mientras salía del bar con un dolor en el estómago por los comentarios que había tenido que escuchar.

Rachel no quería dejar a Santana marchar ahora, no después de escuchar semejantes salvajadas de aquel hombre, pero lo que más le dolía es creerse lo que le había metido en la cabeza ese hombre, tenia que saber la verdad, tenía que conocer a Santana, aunque una parte de su cabeza pensaba que la verdadera Santana era buena, dulce y sensible, y otra parte de ella pensaba que posiblemente aquel hombre tuviera razón, Santana no se había dejado conocer, así que las palabras de aquel hombre valían lo mismo que las de Santana.


Cuando por fin encontró a Santana, que había ido a pasear por la misma calle, le "explicó" lo que había ocurrido.

- Santana no tenía tus llaves. – Rachel guardó rápidamente las llaves en su bolsillo.

- ¿Enserio? ¿No te ha dado nada? – Santana parecía desesperada.

- No. Lo siento. – Rachel intentaba parecer triste, y como buena actriz que era, lo consiguió satisfactoriamente.

- ¿Y qué te ha dicho?

- Que seguramente las había perdido. – la cara de Santana era un poema.

- No puede ser… no me puede pasar esto a mi. – Santana daba vueltas cortas y lentas sobre el sitio en el que se encontraban.

- No importa, puedes continuar en mi casa. – esas palabras no acababan de alegrar a Santana, que también echó mano de la actuación.

- Gracias. – mostrando su mejor (y más falsa) sonrisa.

A las dos vuelven a casa, y las dos insatisfechas, Rachel seguía pensando en lo que el jefe del bar le había dicho, y Santana seguía pensando en las ganas terribles que tenía de perder de vista a Rachel, aunque luego la echara de menos, pero no podía continuar con esa angustia. Más días con Rachel la confundirían más.

Parecía que la vida de Santana continuaba con muchas sorpresas.


Antes de preguntarle a Santana, Rachel necesitaba volver a hablar con ese hombre, a primera hora de la mañana, se dirigió al bar. Espero hasta que abrieron y entró, desde horas tempranas ya había borrachos ciegos de alcohol en ese antro. Lo que no sabía es que se había olvidado su abrigo con las llaves en casa.

Rachel se dirigió rápidamente a la puerta "no pasar" mientras los borrachos le gritaban que, como indicaba el cartel, no se podía pasar.

Sé encontró con el jefe en una especie de bodega, en la que había dos puertas más.

- ¿Podemos hablar? – preguntó una discreta y preocupada Rachel.

- Te ha afectado mucho lo que te dije ayer, ya no sabes si confiar en Santana, ¿verdad?

- Sí, para que te voy a mentir, no se que pensar, ella me muestra una cara, que puede que no sea la más simpática, pero no la puedo ver como una persona mala.

- No le deseo el mal a nadie, así que si tiene una amiga, no quiero que la pierda, la pobre se quedaría sin nada. Bien, te voy a decir rápidamente la historia. Ella no tenía dinero, y no se como llegó al bar, me pidió trabajo y yo se lo di, luego me pidió un aumento, y yo no se lo podía dar, ya ves, este bar no es el más famoso, ni el que más fama tiene, solo vienen los cuatro borrachos de siempre, no podía permitirme el lujos de subirle el sueldo a Santana, así que ella me engañó, se acostó conmigo, incluso me hizo creer que estaba enamorada de mi, se lo di todo, todo lo que puede, le pagué todos sus caprichos, y luego descubrí la verdad, cuando ella ya no podía engañarme más, cuando se cansó de mentirme, lo confesó todo, y lo cierto es que fui malo, realmente malo… me gustaría no haberlo hecho, pero no puedo volver atrás, cuando volvió a por sus cosas a mi casa, la forcé a tener relaciones conmigo.

- La violaste.

- No lo llames así.

- Pero es la verdad. – el jefe continuó con la historia intentando olvidar las palabras de Rachel.

- Ella gritaba y me pedía por favor que no continuara, pero la rabia que sentía por dentro, el orgullo que tengo, me impedía parar, le hice daño y de veras que me arrepiento, pero lo hecho está hecho. El resto de la historia supongo que ya lo sabes. Los dos fuimos malos, pero me sentía tan impotente… se que no puedo defender lo que hice de ninguna de las maneras… pero ella me engatusó.

- Lo necesitaba Jack.

- Ya lo sé, pero llevó el romance hasta un gran extremo, le pedí matrimonio, ella me dijo que sí, pero cuando se dio cuenta que después de eso no había marcha atrás, me confesó todo, me contó la verdad.


Rachel continuaba en el bar y Santana ya se había despertado, bajó a desayunar y gritó el nombre de Rachel, retumbaba en las paredes, fue a su dormitorio pero no estaba. Cuando estaba en el salón, se fijó que el abrigo inseparable de Rachel estaba en la casa. "¿Dónde debe haber ido y cómo se le ha podido olvidar su abrigo?", Santana se acercó al abrigo y lo revisó, por si tenía alguna nota en los bolsillos y por si encontraba su móvil, para saber donde había ido, lo que no esperaba era encontrarse las llaves de su casa en los bolsillos del abrigo de Rachel. Su sorpresa fue enorme. No se lo podía creer. ¿Qué era lo que Rachel quería de ella?, ¿Por qué no la dejaba marchar?, ¿Por qué le había escondido las llaves?, ¿Qué estaba pasando?