Gracias a los buenos corazones que me siguen leyendo y comentando por aquí, prometo que hoy habrá mucho que leer y mucho por lo que gritar (espero). *huye* No me cansaré de agradecer a todos quienes dejan reviews, le dan follow y fav a esta historia preciosa que tengo por aquí :3 ¡Que por cierto, está nominada a los Amortentia Awards con otras de las mías! ¿Alguien quiere votar? Muchas gracias ;)
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I love it, I hate it, and I can't take it
(Lo amo, lo odio, y no puedo dejarlo ir)
Su tercer día de casados fue el día de la formalización civil del matrimonio propiamente dicho.
Voldemort no había querido hablar con Potter, por supuesto, no después de semejante respuesta. En cierta forma sabía que era lo obvio. Potter, por supuesto, no iba a contraer matrimonio con él por alguna noble razón como salvarle de Azkabán, e inclusive para aprender de todos sus conocimientos. Potter era demasiado luz para ello. Demasiado rebelde, impetuoso y demoledor. Potter era como un rayo que cae sobre un árbol haciéndolo arder, pero también era el árbol y el fuego y las cenizas, y lo era todo; espontáneo e inesperado, apasionado y poderoso, efímero y fácil de perder entre los dedos con un soplo de aire.
Había tomado el almuerzo encerrado en la habitación. Un elfo doméstico de grandes ojos verdes le había traído una bandeja y Voldemort había comido observando el racimo de uvas en la cesta tejida colocada sobre hielo para mantenerla fresca. Las uvas parecían más que apetitosas, pero algo en su pecho las hizo apartarlas.
Y pareció ser exactamente lo mismo que las ofreció a Potter cuando golpeó la puerta de la habitación, cambiado a ropas casuales bastante más frescas para el calor horrible que parecía azotar la mansión y repuesto de su lloradera. Las aceptó con una pequeña sonrisita y avanzó para desplegar unos pergaminos sobre la cama.
—Mañana debemos ir al Ministerio de Magia para las formalidades legales de nuestra unión —le explicó mientras señalaba la pila en orden, su tono de circunstancias casi afectado—. Éstos son los títulos de los Potter; las propiedades y terrenos en el país y el extranjero, las bóvedas (la familiar, la de mi padre y la mía) y sus contenidos. Aquí está un árbol genealógico tan completo como se podría. Éste en particular viene del 1300... no hemos encontrado hasta más atrás.
Voldemort examinó con ojo crítico todo. Descubrió que su esposo tenía, además del antiguo título en desuso de Lord, asientos en el Wizengamot por parte de los Potter, los Black y otras grandes familias mágicas. Potter tenía poder. Los terrenos en el país no eran muchos: la mansión familiar en la que estaban viviendo (que Voldemort observó analíticamente que se hallaba en Cornwall), un campo profesional de Quidditch y una mansión veraniega en Devon. Pero los terrenos en el extranjero... eso era otro tema.
Viñedos. Grandes viñedos por toda Italia, España, Francia, además de las respectivas mansiones y viviendas allí. Mansiones en Portugal, India, Marruecos, Grecia...
Potter se llevó juguetonamente una uva a los labios y la degustó frente a sus ojos. Ahora que lo veía, jamás había probado uvas como esas. Fuertes y dulces, con el sabor que residía en la lengua mucho tiempo. El gusto persistía en la boca de su Omega cada vez que lo besaba.
—Kingsley creyó que necesitábamos hacer una "división de bienes" —Potter puso los ojos en blanco mientras abría y cerraba comillas—. Que de esa forma nos aseguraremos de que, en caso de divorcio, cada uno solamente obtendrá lo ganado durante el matrimonio y no podrá reclamar nada de lo que no corresponda. Lo sé, yo tampoco sé qué es lo que ese hombre inhala en sus ratos libres, pero definitivamente quiero un poco de ello alguna vez —Harry rió suavemente y Voldemort le devolvió la risa como si estuviera hipnotizado por ella; todo su enfado parecía de pronto disuelto entre la suave sonrisa de Harry Potter, su Omega, con los labios apenas violetas por las uvas—. Kingsley me ha pedido permiso para comprobar tus bóvedas, propiedades y cuentas. Se supone que tengo el poder absoluto sobre ti y que soy yo quien debería decidir, pero me gustaría que fueras tú quien lo haga. Sé lo que es que decidan cosas por ti, y ya demasiado tienes con esta unión.
Potter parecía genuinamente afligido. Arrepentido de alguna manera, tal vez, de una forma que nunca creyó verlo.
Voldemort asintió. Poco importaba lo que había tenido antes. De todas formas, no pensaba dejar a su Omega.
—Comprobadlas. No hay problema.
—¿Puedo saber qué es lo que tienes? —preguntó Harry mientras cortaba otra uva. Voldemort observó el viaje de la fruta de sus dedos a sus labios, el cómo desaparecía en su boca y casi fue capaz de oír el chasquido de la piel frutal rompiéndose, estallando y derramando la pulpa jugosa en su lengua.
—No tanto como tú —Voldemort no lo dijo con recelo; aun así, Harry se apartó ligeramente—. Soy heredero de los Gaunt, por lo tanto, de los Slytherin. Lo único importante en mi sangre es el título en desuso de Lord por Slytherin. También soy heredero de la mansión de Salazar Slytherin en los pantanos, pero se desconoce su destino. Podría estar en cualquier parte del Reino Unido, y fuera también —lo meditó unos instantes, intentando recordar—. Había oro, riquezas, tesoros... pero todo fue perdido por gente que se confió demasiado en lo que creía tener.
Harry asintió con suavidad.
—Así que... —sus labios se fruncieron levemente y luego una ancha sonrisa floreció—. Entonces, técnicamente sí eres un Lord. ¿Debería llamarte como tal?
Potter pareció hacer un movimiento arriesgado teniendo en consideración que Voldemort podría estar (y estaba) muy enfadado con él. Apartó los pergaminos que se deslizaron con un siseo al suelo mientras gateaba hasta él, trepándose a su regazo.
—Milord —susurró, ronco contra su oído. Voldemort había sido llamado así más de mil veces; sin embargo, todas aquellas eran de lamebotas suplicantes, patéticos y desequilibrados. Cuando Harry lo pronunciaba era casi un mundo nuevo—. Milord —volvió a pronunciar, y las manos de Voldemort se aferraron a sus caderas para mantenerlas quietas de la morbosa forma en que se movían en torno a su entrepierna—. Milord, tómeme. Se lo suplico. Hágalo.
Aquello no parecía ser un verdadero ruego. Sin embargo, Voldemort lo convirtió en una realidad al arrojarlo sobre las sábanas, besarlo con rudeza mientras le arrancaba cada prenda y follarlo con una desesperada lentitud, hundiéndose en él y en su humedad como si estuviera hecha a medida para recibirle. Mío, gruñó contra el latido apresurado de su corazón. Mío, gruñó contra la curva de su cuello mientras chupaba la piel que le llamaba con ansias. Mío, gruñó contra sus labios, las caderas de Harry alzadas para que pudiera introducirse más en el interior hasta llenarlo por completo con cada embestida. Mío, mío, mío.
Tuyo, parecía decir Harry, deshaciéndose bajo sus dedos y bajo su piel y bajo cada uno de sus besos hambrientos, cada gemido resonando en las paredes, su cuerpo arqueándose y curvándose en las piernas envolviéndose en sus caderas, los dedos hundiéndose en su espalda.
Después del polvo de reconciliación estuvieron dispuestos a seguir organizando sus cosas. Dispuestos es la palabra que implica la disposición e intención de uno a hacer algo que por razones externas no hace. Razones tales como el cuerpo de Harry expuesto e increíblemente ardiente bajo el suyo, reclamándole cada vez más dentro, con la voz resonando cada vez más alto hasta que Voldemort pensó que sus gritos no sólo estarían grabados en las paredes, sino en su alma.
...
Harry le dejó escoger la ropa con la que se vestiría. La mañana de su tercer día de casados tomó su mano cuando salió de la ducha y lo arrastró por los pasillos. Caminaba con un ligero cojeo y Voldemort debió contenerse de apresarlo contra una pared, apretar sus nalgas en sus manos y delinear el camino hasta su entrada con sus dedos, empujando en su interior mientras saboreaba el sudor salado de su espalda y Harry se retorcía con gemidos suplicantes TomTomTomOHMERLÍNTOM y Voldemort se deshacía en atenciones a su pequeño Omega como siempre debió haber hecho.
Pero no lo hizo. Lo dejó arrastrarlo hasta un extenso y enorme vestidor con espejos en todas las paredes y toda clase de túnicas.
—Yo suelo vestirme aquí —murmuró Harry mientras se apartaba de su vista para quitarse una túnica. Voldemort no pudo ni enfadarse con él; sabía que si se desvestía en frente de él probablemente acabarían follando, ergo llegando tarde—. Originalmente, cuando los sangres puras tenían siervos sangresucias o squibs, éstos les vestían. Utilizaban guantes de forma que los jefes de familia no fueran contaminados —y soltó una risotada burlona—. Pero no soy partícipe del trabajo esclavo. Así que podrás escoger con qué vestirte y hacerlo tú mismo. Si quieres algún tipo de ropa en específico, sólo debes pedírmela y llamaré a los modistos. No se demorarán mucho.
Voldemort podría haberlo besado. Pero, claro, estaba semidesnudo detrás de un biombo y la idea de follárselo rodeado de tantos espejos era tan sumamente erótica que tenía que apartársela de la mente. Así que evitó mirar hacia Harry y avanzó por las túnicas y prendas buscando algo que le agradara.
Definitivamente no utilizaría rojo ni púrpura. Descartando aquellas dos opciones descartó la mitad del vestuario, por lo cual fue más fácil hallar las ropas adecuadas. Una sobria túnica de exterior gris oscuro e interior verde, cerrada en el pecho, exponiendo las piernas y cayendo hasta los tobillos con un tajo que partía desde la mitad de los muslos en la parte trasera. Sobre la túnica un chaleco similar al que había llevado Sirius Black en la boda de su ahijado, pero en negro. Los pantalones eran negros, ajustados y elegantes al igual que el calzado refinado. Por primera vez en mucho tiempo mientras se veía al espejo, Lord Voldemort se sentía justamente como un Lord. Mucha lluvia había caído desde que sentía la dignidad y orgullo corriéndole en las venas.
Harry llevaba una túnica color plata que se aferraba a su cintura y caía hasta sus muslos; los pantalones envolvían sus piernas con líneas de dobleces y los puños estaban fruncidos, dejando caer tela hasta casi sus nudillos. Con cada movimiento de su cuerpo la túnica se agitaba y parecía irradiar magia pura que lo envolvía. Era hipnotizante.
Las uniones civiles en el Ministerio eran para todo el mundo que deseara unir sus familias, sus negocios, sus cuentas, una unión civil más allá de la sangre y la magia. Usualmente solían ser tomadas con meses de anticipación; la de Harry Potter y Tom Riddle era el 22 de mayo porque diez días antes había sido el mismo nuevo Ministro de Magia quien la había reclamado, y la había pedido para el 19, el día de la boda, lo cual no había podido hacerse.
Llegaron por la red flú en la última hora de la mañana. Las personas del Ministerio les observaban pasar. La última vez que ambos hombres habían sido vistos, uno de ellos estaba siendo empujado por Aurores y estaba esposado. Ahora, las esposas negras en sus muñecas parecían un complemento a su vestuario, y su mano entrelazada con la del Omega a su lado podría abrirle mil y un puertas.
La Seguridad del Ministerio los reconoció, claramente. Era una muchacha jovial, de cabellos cortos y blancos en punta, y grandes ojos de un rosa pálido. Su túnica azul eléctrico se fruncía en su cintura y estaba abierta, revelando una camiseta de Quidditch y unos jeans muggles rasgados.
—¡El albinismo te sienta bien, Tonks! —alabó Harry, y la Omega le guiñó un ojo riendo suavemente.
—Y a ti el matrimonio —Tonks tenía una ancha sonrisa pintada de color lavanda. Voldemort se sorprendió reconociendo en sus párpados pesados y en sus pómulos altos las similitudes con Bellatrix Lestrange, y dándose cuenta de que aquella probablemente sería Nymphadora Tonks, la sobrina desheredada de las hermanas Black—. Me gustaría no tener que hacerlo, Harry, pero debo. ¿Te importa?
Potter negó y Tonks le repasó con una varita extraña y alargada color dorado. Con una mirada cauta, hizo lo mismo con Voldemort, que se mantuvo neutral mientras la muchacha le examinaba. Luego extendió su mano y Harry depositó su propia varita en ellas. Los ojos de Voldemort saltaron de la sorpresa al ver que el chico siempre la había tenido consigo.
La varita estuvo en una extraña balanza que escupió un pergamino. Tonks lo leyó para comprobar.
—Acebo, veintiocho centímetros, núcleo central de pluma de fénix, un total de cinco años en uso —su risa fue cauta—. Al parecer no la usas muy a menudo.
Harry rió agachando la cabeza. Aceptó el pergamino y se dirigieron hacia el interior del Ministerio, esta vez tirando de la mano de Voldemort que, con la pequeña mano de su Omega entre las suyas, era capaz de sentirse más incoherente y menos razonable. Todo su cuerpo necesitaba a Potter de una manera que no alcanzaba a explicarse.
Ingresaron a uno de los ascensores rodeados de personas. Voldemort mantuvo la vista en alto y la mano entrelazada a la de Potter. El chico jugueteaba con sus dedos, creando patrones en su mano y riendo suavemente cada vez que Voldemort tiraba de él cuando un escalofrío le trepaba por el brazo. Uno a uno los miembros del Ministerio fueron bajando y subiendo del ascensor en sus respectivos pisos, todos dirigiéndoles amables saludos a Harry y miradas que viraban entre la ira y la burla a Voldemort. Pero él las ignoraba.
Llegaron al Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Potter parecía conocer por completo cada palmo del Ministerio, como si tuviera alguna especie de mapa mental de él, o hubiera pasado muchos días entre sus paredes. Desde aquel Departamento, rodeado de magos y brujas en sobrias túnicas, se dirigieron a la Oficina Internacional de Ley Mágica.
—Hay un apartado de Uniones Civiles —explicó Potter, tirando de su mano hacia un pasillo bastante estrecho que obligaba que sus cuerpos estuvieran pegados entre sí—. Nuestra cita es en media hora, así que estamos a tiemp-...
Pero fue silenciado por las voces gritando del otro lado del pasillo. Apresuraron su paso para encontrarse con Kingsley Shacklebolt alzando la voz de forma impotente a un hombre alto y menudo, de ralos cabellos canos y túnica negra formal.
—¡¿Y ESTE ES EL MOMENTO PARA DECIRLO?! —la voz del nuevo Ministro se elevaba por el lugar, resonando contra el techo bajo y repiqueteando en cualquier adorno que parecía temblar—. Usted no tiene consideración por-...
—Kingsley, ¿qué ocurre? —Potter volvió a soltar su mano para avanzar hasta el Ministro. Kingsley, lívido, parecía dispuesto a golpear a aquel brujo.
—Harry, permíteme presentarte a Oswald Brown. Es el Juez encargado de las uniones familiares desde hace muchos años, y al parecer su memoria ha estado fallando, porque olvidó un pequeño detalle que debe ser realizado antes de cada unión —Kingsley hablaba con una amabilidad tan falsa que parecía venenosa. La mano de Voldemort seguía picando en ausencia.
—¿Qué detalle? —y Harry, Harry tan pequeño y tan extrañamente diferente a todo lo que cualquiera podría haber imaginado, con los cabellos desordenados y las falsas gafas. Voldemort sólo podía pensar que había sido un tonto por haber querido matarlo durante tantos años cuando podía haberlo estado follando—. ¿Se demorará mucho? ¿Es realmente necesario?
Oswald Brown tenía una voz bajita y susurrante cuando habló.
—Antes de toda Unión Civil, y poder decir que están legalmente casados más allá de todo ritual mágico, es necesario una prueba de sangre que certifique la salud de ambos contrayentes al matrimonio. Es necesario saber que ninguno tenga algún tipo de enfermedad terminal para que los papeles del matrimonio sean realizados con respectivo a sus años de vida, sus niveles de fertilidad y la variación con las propiedades, cuentas y pertenencias que tendrán en común. Es un tema del cual no se puede huir, más que nada para evitar fraudes legales tanto a las familias como al mismo Ministerio.
—Pues yo soy el Ministro de Magia —Kingsley Shacklebolt alzó la cabeza—. Y doy toda la autorización de que sean casados hoy y ahora. Tanto el señor Potter como el señor Riddle cuentan con una esplendorosa salud y tienen mucho que vivir. No se trata de una simple boda, Brown —la voz de Shacklebolt era áspera—, se trata de la Paz del Mundo Mágico.
Brown se acomodó la túnica, sus mejillas llenándose de pequeñas manchas rosadas. Era un hombre de edad avanzada y por lo visto su memoria tampoco era lo que había sido.
—En ese caso —murmuró— os pospondré la unión para la fecha en la que queráis siempre y cuando tengáis todos los papeles hechos.
Se introdujo en su pequeña oficina que llevaba rumbo al Atrio de Bodas para cerrarle a Kingsley la puerta en la cara.
—Voy a matar a ese viejo hijo de puta —escupió Harry, con un veneno que habría sido capaz de matar a cualquier serpiente, seguido de lo que parecía una sarta de insultos en idiomas susurrantes e incomprensibles, erres arrastrándose por su lengua y vocales aireadas—. Kingsley, llama a tus notarios, abogados y testigos antes de que los mate a todos por irresponsables. ¿Dónde tienes los flú? Tenemos que hacer una visita a San Mungo.
...
—Fue realmente desconsiderado —bufó Harry, jugueteando contra sus dedos mientras esperaban a ser atendidos en San Mungo. Era una emergencia, pero por lo visto los practicantes de laboratorio afectados por el estallido de un caldero eran mucho más importantes que extraerle sangre a Harry Potter y Tom Riddle para poder dejarlos contraer matrimonio en paz. Voldemort no se quejaba, no demasiado, al menos. Harry jugueteaba con sus dedos y sus anillos de oro mágico chocaban entre sí, causándole un cosquilleo desconocido en la columna.
—Lo fue —Voldemort tiró de su mano cuando dejó de prestarle atención. Pero en ese momento Voldemort observó que su Omega estaba observando una placa contra un rincón. Estaban en la Sala de Emergencias, solitariamente acompañados de las paredes color blanco y las alfombras color menta, y Harry Potter observaba con la mirada cargada de agónico dolor una placa de plata inscripta.
Voldemort se levantó a verla. "En honor a Severus Snape (10/01/1960 - 02/05/1998)" decía, y Voldemort reconoció el nombre de Snape el traidor, el espía, en aquella placa. "Quien ha dado su vida por la Paz en el Mundo Mágico, y ha donado cada una de sus pertenencias materiales y conocimientos a el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. R.I.P.".
Harry estaba a su lado como si lo hubiera seguido. Los dedos del Omega se detuvieron en la placa, temblando ligeramente, y Voldemort deseó sujetarlo con fuerza contra su pecho y arrastrarlo lejos, muy lejos de allí. Pero Harry no lloró. Alzó la vista de sus dedos hasta el nombre de Severus y acarició las letras una última vez antes de ir a sentarse nuevamente, todo el buen ánimo que podría haber tenido drenado de su cuerpo.
—¿Debería disculparme? —preguntó Voldemort, tomando asiento. El 2 de mayo era una fecha abstracta en su mente. Sabía que algo había ocurrido, pero las últimas semanas, meses incluso, todo era tan difuso y cargado de caos que le costaba hilar dos recuerdos con sentido. Sabía que se había desatado la guerra. Sabía que habían tomado a la fuerza el Ministerio. Sabía que muchos habían muerto. Pero desconocía los detalles, los quiénes, los cómo. Un efecto secundario de aquella maldición con la que había conseguido detenerlo, le había explicado Harry con las largas pestañas creando sombras sobre sus pómulos.
—Deberías —la voz de Potter estaba ajena a todo tipo de diversión. Era la voz de quien ha muerto en esencia, la voz de quien abruptamente ha perdido todo por lo que ha luchado—. Pero sé que no sería una disculpa sincera. Has dejado en claro que no posees la capacidad del arrepentimiento.
Hablaba hostil y crudo. Todo su rostro se curvaba en rabia y dolor.
—¿Quién era Severus Snape para ti? —preguntó, incapaz de comprenderlo. Severus, quien le había dado la Profecía. Severus, quien había tomado la Marca como regalo de cumpleaños de mayoría de edad. Severus, quien lo hubiera dado todo por matar a James Potter y dejar viva a su preciosa sangresucia. Pero nada de ello parecía ser el significado de Severus Snape para Harry Potter.
—La persona más importante en mi vida —los ojos de Harry estaban ligeramente empañados, mirando hacia la nada en la derecha, perdidos en recuerdos—. Él me lo dio todo. Estuvo conmigo en todo momento. Hizo lo imposible porque tuviera todo lo que me había sido arrebatado...
Cerró los ojos. La agonía en la mirada verde era tan profunda que Voldemort tampoco se sentía dispuesto a verla más tiempo.
—¿Murió luchando?
—Murió defendiéndome —susurró—. Hizo lo que solamente una persona había hecho por mí antes: se sacrificó para evitar mi muerte.
Potter apretaba los dedos con fuerza. Suavemente, puño a puño, los soltó, dejándolos relajados contra sus muslos. Dejó su cabeza contra la pared detrás de los asientos, aguardando que el dolor pudiera desvanecerse. Pero Voldemort lo veía y se daba cuenta: él era todo dolor, todo corte afilado de vida cruel y todo juegos de poder en los que se había visto envuelto. Perdón, necesitó decirle, lo lamento. Pero las palabras no fluyeron.
Simplemente tomó las manos de Harry de su regazo y las apretó contra las suyas. Besó sus palmas y sus dedos, y dejó que Harry pudiera llorar sin lágrimas sintiendo que, de una forma un tanto extraña, estaba acompañado.
...
Voldemort simplemente tenía todos sus galeones de Gringotts en que Harry Potter tenía algún desequilibrio mental. De estar en su agonía pasó a besarlo con casi furia y gruñir frustrado mientras eran interrumpidos por el sanador de guardia que iba a hacer la extracción.
—Es un procedimiento rápido —explicó, mientras Harry aflojaba el puño fruncido de su túnica y la remangaba, dejando expuesta la piel blanca de su antebrazo izquierdo, una piel veteada de venas azules y un extraño moretón violáceo junto a la muñeca. Un moretón que coincidía con las manos de Voldemort. El sanador no preguntó, aunque le observó de mala manera—. Esta es una varita especial para extracciones —le enseñó una varita plateada, un poco más fina que una varita normal y de unos veinte centímetros. Estaba envuelta en una especie de magia traslúcida—. Son individuales, y cada vez que deban extraerse sangre para cualquier estudio legal deberán comprobar que es una varita aún envuelta en magia protectora. Un sanador experimentado les dirá a ustedes mismos que quiten la magia en torno a sus varitas, que es lo que yo haré justo ahora —y le ofreció a Harry la varita plateada. Harry rozó la magia que la envolvía con los dedos, deshaciéndola como agua—. La punta más fina va junto a la vena y… ya. Ni un piquete.
Harry observó cómo la mitad plateada de la varita ahora estaba más oscura, como si estuviera cargada de su sangre.
—¿Cómo funcionan? —preguntó Harry, con una diversión que a Voldemort no acababa de cerrarle de ninguna manera. No después de semejante despliegue de dolor minutos atrás—. Parece que está llena de sangre, pero...
No había herida en su brazo. El sanador explicó:
—Son varitas con encantamientos de aparición especificados a una mínima cantidad de sangre. Al apoyar la punta que tiene el encantamiento contra la piel, ubica la sangre y la extrae. Luego, al apoyarla contra el fondo de una probeta, la sangre se vuelca allí a medida que se aleja la varita.
Y el sanador le mostró cómo dejó la propia sangre de Harry en el recipiente de estudio. Procedió a hacer lo mismo con Voldemort, que lo observó con atención mientras Harry movía sus manos deshaciendo la magia de la varita de su esposo. Voldemort ofreció su brazo y no fue capaz de sentir pinchazo ni dolor alguno; el sanador hizo lo mismo con su sangre que había hecho con Potter, pero en diferente probeta.
—Muy bien —su sonrisa era suave mientras etiquetaba las muestras con "H. J. P." y "T. M. R."—. Estarán listas dentro de una hora. Las enviaré al notario del ministro, que se encargará de hacer los papeles correspondientes que supongo se demorarán más. Aunque creo que podréis casaros legalmente antes de la noche. Mis felicitaciones.
Harry agradeció y Voldemort debió hacer lo mismo, concentrado en la mano de su Omega sobre la suya, y el latido acelerado de su corazón en su pecho.
—¿Quieres comer algo? —preguntó Potter, mientras se desacomodaba nuevamente los cabellos y regresaba el puño de la túnica a su lugar. Voldemort hizo lo mismo.
—Cualquier cosa.
La sonrisa de Harry era suave y cálida.
—Vale. Conozco un buen lugar y estaremos aquí antes del atardecer —hizo una pausa, sus ojos tornándose en una oscura diversión—. Pero debemos tomar un traslador. Nuestras vestimentas definitivamente no son para estar comiendo Sphered Pie en el Caldero Chorreante. Además, nuestra primera salida como esposos mágicos y nuestra despedida de solteros civiles deberá ser memorable.
Harry Potter siguió arrastrándolo. Con su mano sobre la suya, Voldemort creyó que Harry podría arrastrarlo al fin del mundo, y él sólo querría seguirlo.
¿Por qué son tan hermosos? ¿Por qué Voldy está TAN FALL IN LOVE? Porque es mi fic y quiero felicidad, pero se demorarán en conseguirla porque obviamente es mi fic, gracias, gracias *guiño guiño*
¿Les dije que quedé en los Amortentia Awards...? VALE, SÍ. Si quieren votar tengo varias historias nominadas, y LexSnape (la hermosa de mi vida) tiene su fic Los Ojos de la Muerte (si lo leen SABEN que merece ganar, y si no lo leen, ¿qué están esperando?). Moon Erebos está a mejor autora, ELLA LO MERECE *lagrimitas* Así que si me hacen el favor de votar los amaría x3 ¡Muchas gracias a todos!
xxx G.
