CELEBRIDAD DEL MES
Traducido por Lucero Silvero (Beta Traductora FFTH)
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de blueberrytree, originalmente publicado en portugués. Únicamente me adjudico la traducción.
No copies, no plagies, no publiques en otros sitios sin permiso.
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DÍA 7
Su piel era pálida, sus labios de un extraño tono más oscuro, como los de un muerto. Sin embargo, al contrario de lo que la mayoría de los seres humanos sentirían, no podía sentir asco ni repudiar al hombre, pues de alguna manera, me sentía totalmente atraída por él. Sus cabellos color bronce estaban desarreglados, pero lucían extraordinarios. Sus ojos eran sumamente vibrantes —indicando que a pesar de aparentar ser un difunto, estaba vivo— y me observaban con deseo.
Se aproximó a mí y deslizó hacia abajo la tira de mi vestido. Sus gélidos dedos vagaban por mi cuello y descendían hasta el comienzo de mis senos, logrando que mis pezones se erizaran, atentos a su toque. Jaló con más voracidad mi ropa, y el vestido se deshizo —como si se tratara de papel mojado— exponiendo por competo mi torso desnudo. Sus manos no eran cuidadosas y mucho menos vagarosas. Tomó mi seno con su palma y con avidez pellizcó su parte más sensible, logrando que gimiera. Deseaba que sus labios hicieran contacto con los míos y, como si fuese capaz de oír mis pensamientos, los capturó en un erótico beso. Su lengua era fría y marcaba un excitante contraste con el infernal calor que agobiaba mi cuerpo.
Dedos largos y firmes ingresaron por la pollera de mi vestido y retiraron sin piedad mi ropa interior. El sonido del material rasgándose y mi respiración agitada eran las únicas cosas que podían ser escuchadas. Separó mis piernas y con los dedos en mi ingle, probablemente ya sintiendo el fervor de mi sexo, retiró sus labios de los míos y preguntó:
—¿A quién perteneces, Isabella? —cuestionó.
—A ti.
—¡Di mi nombre! —ordenó.
—¡Edward! —proferí.
En el mismo instante que su lengua entró en mi boca, sus dedos invadieron mi sexo.
Beep. Beep. Beep.
—¡Su puta madre! —Me levanté de la cama asustada por el ruido del despertador. Mi frente estaba sudada, al igual que buena parte de mi cuerpo. Mi respiración era entrecortada y sentía mi punto más íntimo húmedo por el deseo.
Odio los sueños interrumpidos.
La maldita historia del videoclip había invadido mi subconsciente. ¡No podía creer que había tenido un sueño erótico con Edward, y aún más, con él siendo un vampiro! ¿Qué mierda significaba aquello?
Me acosté otra vez en la cama y miré en dirección al techo. ¿Debía aliviar un poco la tensión que sentía? ¿Era equivocado que hiciera eso después de soñar con un hombre que estaba a pocos metros de distancia de mí? Decidí no pensar mucho en eso e inhalé profundamente. Llevé una mano a mi seno mientras la otra vagaba por mi abdomen y en seguida se perdía en el interior de mi short.
Mis dedos hacían contacto con la parte de mi cuerpo que más demandaba atención en el momento que oí a alguien golpear la puerta.
—¿Garrapata? —llamó Edward. Moví mi mano del interior de mi ropa interior y me acomodé en la cama. ¿En qué carajos estaba pensando? Ah, sí, en un Edward completamente dominante follándome. Puta mierda.
—Entra —comandé a la vez que intentaba controlar mi respiración.
—¿Estás bien? —preguntó mirándome de manera extraña.
—Sí. ¿Por qué? ¿Q-qué pa-pasa? —tartamudeé.
—Pasé frente a la puerta de tu habitación y por un instante me pareció haber oído mi nombre. ¿Me llamaste?
—Sí. No —respondí confundida. No puedo creer que hablé en sueños. Bueno, había gritado su nombre con tanto fervor en mi inconsiencia que eso no me sorprendía.
—¿Sí o no?
—No.
—Estás sudada y ruborizada. ¿Sabes que puedes encender el aire acondicionado cuando desees, no? No necesitas permnecer en esta habitación sofocante.
—Lo sé, lo sé...
—Bajaré para desayunar. ¿Tomarás un baño? —cuestionó.
—Sí, lo necesito —dije abruptamente y me avergoncé aún más. Ahora él va a pensar que huelo mal. De la manera en la que estaba sudando como un albañil en un día de obra, no necesitaba de mucho para llegar a esa conclusión.
—Okay, te veré abajo.
Me prometí a mí misma que no me iba a acarciar sexualmente en el baño —más aún a expensas de pensamientos sobre Edward— pero después de veinte minutos limpiándome, noté que estaba dándole demasiada atención a cierta parte de mi fisionomía con la pequeña ducha del box.
Al ingresar en la sala, Edward estaba estaba terminando de desayunar y conversaba amenamente con Zafrina.
—¡Buenos días! —exclamé dándole un beso en la mejilla a Zafrina y tomando un vaso con jugo de naranja.
—Buenos días, niña. ¿A qué se debe tan buen humor? ¿Tuviste sueños agradables? —preguntó con una sonrisa en los labios.
—Algo así —susurré, casi atragantándome con el jugo. Mis pómulos se calentaron e imagino que permanecerían así por el resto del día mientras Edward estuviera a mi al rededor. O sea, siempre.
—Gracias por lo de ayer —agradeció Edward—. Mi espalda está mil veces mejor, sin embargo, podría acostumbrarme fácilmente a sentir tus manos en mí todos los días.
—¡Edward! —prorrumpí profundamente avergonzada. No puedo creer que haya dicho eso frente a Zaza. La señora, en lugar de sorprenderse por la actitud de su pequeño nieto, se largó a carcajear.
—Simplemente estoy siendo sincero. Zaza, deberías ver lo excelente masajista que es Bella.
—¿Por qué no lo demuestras ahora, querida? Apuesto a que el niño adoraría un masaje por la mañana.
—¡Sin duda alguna! —exclamó Edward, emocionado.
—Ambos son harina de la misma bolsa, ¿no? —acusé por el hecho de que se hayan reído de mí.
—¡Eres una cosita super graciosa! —habló Zafrina levantándose de la mesa y apretándome las rojas mejillas—. Con permiso, estaré en la cocina por si me necesitan.
Engullí un sándwich que sobraba en el plato y observé a Edward por el rabillo del ojo. Resultaba raro mirarlo después del sueño que tuve. Todo parecía sumamente real.
—Deberías ver la cantidad de materias que salieron hoy sobre Tanya y yo —dijo rompiendo el silencio.
—¿Muy malo? —indagué.
—Mejor de lo que esperaba. Básicamente, todas las páginas están declarando que estamos perdidamente enamorados, otros incluso agregaron que planeamos vivir juntos y algunos dicen que ya estamos comprometidos.
—Woah. Qué creatividad...
—Al menos ninguno mencionó sobre el cigarrillo. Creo que el hecho de que Tanya esté con las manos en mi espalda ofuscó cualquier cosa que podrían haber dicho. Lo gracioso es que estabas al lado de nosotros, pero no te incluyeron en ninguna foto.
—Una desconocida como yo no vende revista como ustedes.
—Es una manera de verlo.
—¿Y Jessica? ¿Ya hablaste con ella?
—Sí.
—¿Y?
—Y ella sorpresivamente no reclamó. Dijo que incluso fue un buen movimento y que no paran de sacar a relucir mi nombre y el de Tanya por Internet. Eso podría ayudar en la venta de nuestras canciones.
—¿Por qué eso no me sorprende? —pregunté retóricamente—. ¿Pretendes desmentir?
—Si me preguntan directamente, sí. Sin embargo, no creo que eso ayude ya que ellos aman fabricar historias.
—No olvides verificar lo que Tanya piensa sobre toda esta historia.
—Hablaré con ella hoy. Jessica dijo que millones de fanáticos están en las nuves, comentando que somos la pareja perfecta de Hollywood y que no pueden esperar a vernos en público interactuando como pareja.
—Ambos son famosos y hermosos, no es de extrañarse que piensen eso.
—¿Crees que soy hermoso? —cuestionó sonriendo.
—Creo que eres irritante por sobre todo.
—Ya hace una semana, Garrapata. ¿Puedes creerlo? —preguntó. Woah. Una semana en esta casa.
—Parece que hubiera pasado un mes —respondí.
—Pensé exactamente lo mismo. Aún tienes que pasar tres semanas conmigo, así que sin ofensas a mi persona.
—Lo intento, pero es difícil. En verdad te superas cuando la cuestión es molestarme.
—Iré a vestirme, ya vuelvo para que podamos ir al estudio. Felix y Benjamin deben llegar en veinte minutos —explicó pasando a mi lado y pellizcándome el brazo.
—¡Ay! ¡Eso dolió, estúpido! —grité, pero mi mente velozmente vagó por el recuerdo del sueño que tuve más temprano, en donde él pellizcaba otra parte de mi cuerpo.
¡Maldito sueño!
Llegamos al estudio al rededor de las once de la mañana. Tanya grababa algunas escenas y Edward avanzó directo al camerino con la intención de maquillarse. Cuando estuvo listo, vestía la misma ropa del baile que había usado el día anterior.
Tanya se acercó a él y Eric empezó a explicar lo que sucedería en la escena. Ambos paraban para sacarse fotos en frente al salón y en seguida entraban a la pista de baile. Edward mantenía las manos en la cintura de Tanya mientras bailaban de un lado para el otro, como dos adolescentes tontos.
Las manos de la rubia estaban en el hombro del joven y, en cierto momento, descendieron para tomar las suyas. El vampiro no esperaba el contacto y cuando la viva y caliente mano de la niña tocó su helada y rígida piel, ambos se alejaron como si hubiesen recibido una descarga eléctrica. Con miedo de lo que la joven pudiera pensar, Edward salió corriendo del baile.
El escenario cambió y ambos ahora estaban en la parte externa del estudio que se asemejaba a un bosque. Continuando la escena que había sucedido anteriormente, la determinada chica siguió al veloz ser mítico. En cierto momento, se tropezó y sus rodillas quedaron cubiertas de sangre. Eric interrumpió la grabación e instruyó a Tanya a parecer lo más vulnerable posible, ya que aquella parte de la canción indicaba las dificultades que la pareja tuvo que pasar hasta llegar al tan esperado "felices para siempre".
De repente, un hombre desconocido apareció frente a Tanya. Sintiéndose frágil y asustada, la niña empezó a gritar el nombre de Edward. A pesar de que sus gritos no serían escuchados, ya que la canción estaría superpuesta a la voz, resultaba notable el nombre que gritaba cuando el espectador observaba sus labios.
El extraño, notando la desesperación de su víctima, paró frente a la joven y simplemente sonrió, enseñando sus afilados colmillos. Sin embargo, cuando él estaba preparado para atacar, Edward saltó en su espalda, arrojándolo al piso y exhibiendo también sus dientes. Entonces, la pelea entre los dos empezó. Edward demostró un desempeño óptimo para alguien que había aprendido en el día anterior los pasos necesarios para el duelo, logrando grabar la secuencia en a penas tres takes.
La filmación estaba frenética y todos se preparaban para grabar la última escena. Después de haber arrancado la cabeza del vampiro adversario, Edward corría a los brazos de su amada, viendo si ella estaba bien. La chica entonces lo envolvió en un abrazo, tocando su rostro y demostrando simplemente amor y admiración. Los labios de él se aproximaban a los de ella y poco antes de que hicieran contacto, la rubia giró el rostro y dejó el cuello a la vista. Notando lo que la joven pedía, el vampiro enseñó los dientes y en un acto súbito, los clavó en el cuello de Tanya, transformándola en una vampiresa y convirtiendo así, el amor de ambos, en algo eterno.
Con todas las escenas grabadas, el director agradeció a todos los que participaron en la filmación del videoclip y el equipo empezó a aplauidir. Como manera de festejo, invitó a todos a un bar local que había sido reservado especialmente para la ocasión.
—¿Quieres irte? —cuestionó Edward.
—El que tiene que decidir eres tú. Yo soy simplemente tu acompañante —respondí entre risas.
—No soy el tipo de persona que niega ir a un bar.
El bar elegido era decorado por banderas y posters de equipos de fútbol, su iluminación era baja y tenía cómodos asientos en los que podríamos beber.
Tanya estaba sentada a mi lado y tomaba un trago, teoricamente, virgen. Digo teóricamente, ya que creía que aquel trago era tan virgen como ella. Por aún no cumplir veintiún años —edad en la que era permitida beber bebidas alcohólicas en los Estados Unidos— debería mantener las apariencias y ella resultaba ser perfectamente buena en eso.
—Listo —dijo Edward entregándome una jarra de cerveza.
—Gracias —respondí chocando mi jarra con la suya.
—Al fin aprendiste, ¿no? Alguien está con miedo de permanecer siete años únicamente con el amor propio.
—Después del sueño de hoy soy capaz de brindar a cada trago —susurré tan bajo que él no podría oírme.
—¿Qué dijiste? —cuestionó.
—La escuché hablar algo sobre un sueño. —Se metió Tanya en medio de la conversación. ¿Quién le dijo que podía participar en la conversación?
—¿Qué sueño? —indagó Edward.
—Nada —corté—. ¿Viste las fotos que salieron hoy, Tanya?
—¡Sí! Es increíble como adoran inventar historias, esas personas deberían ser presas. ¡Ay, lo siento! Sé que formas parte de ese medio, pero me estaba refiriendo a los periodistas maliciosos.
—Claro —respondí con una sonrisa hipócrita. No sé lo que tiene esta chica que me irrita tanto—. Es bueno también no alimentar los chismes, ¿no crees?
—Eso es cierto, pero al menos este chisme está teniendo un lado positivo. ¿Quién diría que a los fans les gustaría tanto vernos juntos, no, Edward? —dijo, enseñando una sonrisa provocativa. Se alguien algún día quisiese hacer un remake de "Lolita" ya tenían a su personaje principal.
—Sí. Pero no es bueno pasar una falsa imagen —respondió Edward.
—¿Cerveza? —Eric llegó distrayéndonos y parando a nuestro lado con dos shots de tequila en la mano—. Amigo mío, ¡acabamos de grabar uno de los mejores videoclips del año! Estoy seguro que ganaremos todos los premios posibles con él. ¡Eso merece tequila!
—¿Cuántas ya bebiste? —preguntó Edward entre risas y tomando el pequeño vaso que estaba en la mano de Eric.
—Algunas. Discúlpame, Tanya, pero no puedo darte tequila por la edad que tienes. Bella, si quieres una, esta es toda tuya.
—No, gracias. La noche es de ustedes. Prefiero observar.
—Sabía que tenías tendencia al voyeurismo —murmuró Edward en mi oído, teniendo como consecuencia una palmada en la rodilla—. Y por lo que veo al sadomasoquismo también.
El festejo estaba excelente y Edward bebía un shot atrás del otro. Ya veía que aquello no terminaría en nada bueno. Tanya intentó conversar conmigo varias veces, pero yo terminaba perdiendo el foco cada vez que Edward comenzaba a hacer algo estúpido.
—Garrapata, levántate la blusa. Déjame colocar mi vaso en tu ombligo.
—Edward, deja de decir tonterías. Creo que es hora de hacer una pausa con el tequila.
—Solamente si bebes un shot conmigo.
Insistió tanto, que terminé por aceptar. El problema fue que uno se transformó en dos y cuando dos se estaban transformando en tres, conseguí persuadirlo de irnos a casa. Felix tendría que ayudarme a mover a este borracho. Si Jessica lo vía en ese estado, Edward tendría que escuchar reclamos por el resto de la semana.
—Edward, tenemos que salir, pero Felix ya me avisó que algunos paparazzi están afuera. Tienes que aparentar estar sobrio.
—¡Estoy perfectamente! —respondió con una estúpida sonrisa en los labios y el cabello desordenado.
Me puse de punillas y empecé a arreglarle el cabello. Tanya estaba en el mismo lugar que nosotros y si las personas creyeron en los comentarios que salieron ese día, probablemente pensarían que Edward tuvo sexo salvaje con varios estirones adicionales de cabello.
—Amo tus manos.
—Cuando la conversación empieza así, ya sé dónde concluirá —comenté y él permaneció callado, apenas con una sonrisa torcida—. ¡Listo! Ya tienes el cabello arreglado, salgamos de aquí.
—Yo también ya me voy —dijo Tanya levantándose—. Mi guardaespaldas me está esperando afuera en el coche.
Cuando salimos del bar, Tanya avanzaba frente a nosotros y Edward la seguía por detrás. No sé exactamente qué la hizo tropezar —tal vez aquella bedida no haya sido tan virgen después de todo— pero cuando lo noté, la rubia estaba casi cayendo al piso. En un acto reflejo, Edward, incluso en su estado alterado, la jaló por la cintura, con la intención de equilibrarla. Segundos después de que ella recuperara la estabilidad, flashes y más flashes comenzaron a surgir, cegándonos.
Felix jaló a Edward y lo guió rápidamente al interior del coche, yo simplemente los acompañé, ingresando a la parte trasera del vehículo, junto a Edward. Ni siquiera tuvimos la oportunidad de despedirnos de la cantante.
—¿Estás viendo eso también? —preguntó Edward mirando al techo. Sus ojos abriéndose y cerrándose rápidamente.
—¿Qué cosa?
—Las estrellas. Me siento como si estuviera en la luna, ¿sabes? ¡Mírame! Estoy flotando.
—No, estás borracho.
—No, no lo estoy. Estoy feliz.
—Feliz porque estás borracho.
—Feliz porque te tengo en mi vida —dijo serio, pero de la nada, se largó a carcajear.
—Ya veo lo difícil que será llevarte a la cama —comenté.
—¿Llevarme a la cama? Garrapata, únicamente tienes que llamarme. En serio. No soy para nada difícil.
—Eres un idiota, eso sí.
—Soy humano, solamente eso. Me gustas. Te querría a mi lado para siempre, sin importar que no tocaras mi órgano reproductor, pero si lo tocas será todo mucho más genial.
—Cállate, Edward —dije entre risas. Noté que Felix se contenía para no largarse a reír—. Ni intentes venir con palabras dulces, siempre lo arruinas todo con tu perversión.
—Estoy siendo sincero, nada más que eso. La manera que me siento ahora es la misma forma que me haces sentir todos los días. Contigo soy feliz —intentó decir, pero hipaba entre las palabras. No pudiendo controlarse más, Felix comenzó a carcajearse de la situación en la que el cantante se encontraba.
Edward apoyó la cabeza en el cabezal del banco y como en un truco de magia, empezó a roncar. Con el movimiento del vehículo, su cabeza se tambaleaba y terminó cayendo sobre mí, entre mis piernas.
—¿Qué hice para merecer esto? —pregunté a Felix, quién se largó a reír una vez más.
—Quien nunca bebió hasta caer, que arroje la primera piedra —Benjamin habló, sentado frente al volante.
—Mmm... —Gimió Edward arrastrando la nariz por mi pierna.
—¡Edward! —exclmé empujando su cabeza lejos de mi cuerpo.
—Suave —murmuró volviendo a su posición anterior. Si frota su rostro una vez más entre mis piernas, no quiero ni imaginar los sueños que tendré en la noche.
Meter a Edward en el interior de la casa no resultó tan difícil como pensaba. La misión empezó a complicarse cuando tuvimos que ascender las escaleras. Ya veía la hora en la que se golpearía la nariz de lo desequilibrado que estaba.
—¿Necesitas ayuda? —pregunté ingresándolo en el interior del cuarto y acostánsolo en la cama con dificultad.
—Si te pido que me quites la ropa, ¿lo harías? —indagó.
—Buenas noches, Edward —dije sin responder su pregunta. Después del sueño que tuve, admito estar indecisa sobre cuál sería mi respuesta.
—Buenas noches, mi bella Garrapata —respondió y se largó a reír—. Bella Garrapata es una bella garrapata.
—¡Ay, Dios mío! —murmuré avanzando hasta mi habitación.
Tomé mi pijamas y me senté en la cama, lista para programar el despertador para el día siguiente, entonces recordé que Edward no me había informado el horario en el que debería estar despierta.
Caminé nuevamente rumbo a su habitación y noté que no había cerrado la puerta. Espero que aún no esté dormido, porque despertar a un borracho no es algo del cual soy muy fanática. Cuando mis ojos se ajustaron a la poca iluminación del dormitorio, noté que Edward roncaba en su cama y estaba... completamente desnudo. Sus desnudas espaldas no me eran novedosas, pues ya lo había visto sin camisa innumerables veces, pero la aparente suavidad de su trasero me tomó desprevenida. Olvidadando por completo lo que había ido a hacer en su cuarto, continué observándolo. ¿Será que tiene razón y en verdad tengo tendencia al voyeurismo?
De repente, Edward empezó a moverse en la cama y tuve la sensación de que se giraría. Lo juro —en verdad lo juro— que no quería mirar. Ya casi me estaba girando, para ser sincera, pero antes de que pudiera abandonar el local, se volteó y mis ojos únicamente miraron un lugar...
Hijo. De. Su. Puta. Madre.
Extra: Los delirios de un borracho... y su nube.
Es increíble que siempre que tomas una o dos tequilas a más, las personas a tu al rededor constantemente insisten que estás borracho. Tal vez ellos necesitasen tomar algunos shots.
—Estás borracho —dijo Garrapata.
—No, no lo estoy. Estoy feliz —afirmé intentando dar mi mejor sonrisa.
—Feliz porque estás borracho —insistió.
—Feliz porque te tengo en mi vida —dije y entonces comencé a reír porque no creía que le había dicho eso a ella.
—Ya veo lo difícil que será llevarte a la cama —murmuró.
Dios mío, ¿estaba loca? Problema alguno. A decir verdad, ni siquiera necesitábamos una cama, si ella estuviera de acuerdo aquí mismo sería genial.
—¿Llevarme a la cama? Garrapata, únicamente tienes que llamarme. En serio. No soy para nada difícil.
—Eres un idiota, eso sí.
—Soy humano, solamente eso. Me gustas. Te querría a mi lado para siempre, sin importar que no tocaras mi órgano reproductor, pero si lo tocas será todo mucho más genial.
Mierda, sería increíble. Mira sus manos. Delicadas, pero apuesto lo que sea que en el momento serán firmes. O entonces su boca. Olvida la mano, mira la boca. Quiero morderla. No, no. Olvida todo eso. Los pechos. Mieeeerda. Tengo que parar.
—Cállate, Edward. Ni intentes venir con palabras dulces, siempre lo arruinas todo con tu perversión.
—Estoy siendo sincero, nada más que eso. La manera que me siento ahora es la misma forma que me haces sentir todos los días. Contigo soy feliz —pensé, ¿o lo dije en voz alta?
Mierda, esto se mueve mucho, parece una montaña rusa. Carajo, ¿será que estoy en una montaña rusa? Me tengo que sentar mejor. ¿Y si me caigo? Mierda, odio las montañas rusas. Me acomodaré mejor. Eso, recostar la cabeza. No mires abajo.
Mmm. Delicioso. Sueño.
Mierda. Mierda. Me estoy cayendo. Carajo, voy a morir. Tan joven. Mi mamá se enojará por mi muerte. Eh... ¿por qué el suelo es suave? ¿El piso no es duro?
—Mmm. —Gemí sientiendo el olor.
Delicioso olor. Mierda, ¡ya sé! Estoy en una nube. Es obvio. ¡Emmett se jodió! Sabía que era bueno y que iría al cielo.
—¡Edward! —habló un ángel.
Mierda, mierda. Estoy en el cielo, no puedo decir palabrotas. Mierda, acabo de decirlo. Mierda, lo dije otra vez. Mierda. Mierda. Jajaja. Mier... da. Ya era, estoy jodido, me mandarán al infierno. ¿Será que puedo llevar la nube?
—Suave. —Froté mi rostro un poco más, únicamente para dar énfasis a mi apreciación por la nube.
¿Quién sabe ellos ven lo mucho que me gusta y me dejan llavarla al infierno conmigo?
—¡Edward, levántate! —dijo el ángel malvado.
No voy a devolver la nube. Ya era. Es mía ahora.
—¡Es mía! —grité.
—¡No, es mía! Estoy segura que me perteneció toda la vida.
—¡Pero ahora es mía! ¡Déjame!
—¡Entonces deja de frotar tu nariz en ella!
—Pero huele sumamente bieeeen.
—Si te frotas una vez más, te sacaré de ahí.
—Está bien. Está bien.
Mi nube. Me siento victorioso. Ángel estúpido, creyendo que puede llavarse a mi nube. Ya verá.
Mmm. Delicioso. Sueño.
Y lo prometido... es deuda. Aquí está el capítulo :)
No tengo mucho que decir esta vez más que gracias por los reviews, favorites y followers, siempre me alegran el día :D
Y eso... la próxima actualización será antes de año nuevo... se los prometo ;)
¡Qué tengan una muy feliz y bendecida navidad!
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