Los personajes de esta historia no me pertenecen, a S. Meyer el honor y la gloria de aquello. Solo la trama es mía, y aunque quizás no me enorgullezca el tema, he llegado a enamorarme también de esta historia como las otras que escribo.
No tenía contemplado hacer este fic con distintas partes, pero dado la metamorfosis que van a ir sufriendo los personajes a lo largo de la historia, creo que es lo mejor. Así queda bien en claro el cambio o cierta marca que nos permita diferenciarlo.
Para esta segunda parte, podrán ver que la nota de Edward al comienzo del capítulo ha cambiado, eso es porque su punto de vista ha cambiado también, esta nota se mantendrá durante toda la segunda parte.
Aprecio mucho, toda su dedicación y perseverancia a lo largo de la historia, sus reviews, son algo que inspirarían a cualquiera. Muchas gracias por ello. Por darme una forma de escapar de los tormentos de último año de colegio también.
Ahora los dejo con el comienzo de la segunda parte de:
Too far to walk
Segunda parte
Capitulo 8
"Su corazón era inmenso, un paraíso. Por ella vivía, su corazón
era lo que ansiaba. Llegar a él, era algo difícil, quedaba demasiado lejos
como para ir a pie, aún cuando corriese con el máximo
de mi velocidad.
Alcanzarlo era lo que me incitaba a seguir luchando contra mi destino.
Sus labios y sus abrazos la razón de mi existencia.
Ella, la razón de mi castigo, la razón de mi salvación."
EPOV
Las cosas salían bien, aunque no todo era miel sobre hojuelas (quiere decir que no todo era tan fácil). Al volver a casa esa noche me encontré con un comité esperándome. Alice incluida.
-¿En qué pensabas?- preguntó Alice enfurecida pensando en una visión que había tenido de Bella y yo haciendo el amor.
-Sabes que no ocurrió eso Alice- le corté.
-Pero llegué a verlo, casi partimos en seguida a detenerte ¿Tienes alguna idea de lo malo que habría sido?- me reprimió Rosalie.
-Vamos Rose, el chico se estaba divirtiendo- excusó Emmett.
-Emmett- cortó Carlisle –Sabes que Edward no puede divertirse así, se trata de vida o muerte para él-
Esme se preocupaba por mi bien estar. Le daba vueltas una y otra vez al asunto de si me sentía bien, si me transformaría en polvo o no. Lloraba por dentro ante la incertidumbre. Me dirigí hacia a ella por encima de todo lo que dijese o no el resto. Poco me importaba – exceptuando a Carlisle que no lo haría jamás – cómo me juzgasen ni lo que pensasen. Yo sabía que las cosas no eran así. Había sido fuerte, más de lo que había creído y había pasado la mejor noche de mi vida a cambio.
Abracé a mi madre adoptiva con gran afecto. Todos me miraron impresionados. Cómo ermitaño en mi propio e inmenso tormento, jamás había demostrado una señal de afecto real a alguien de mi familia. No me sentía merecedor de la hermosa familia en la que vivía. Siempre me había sentido como la manzana podrida. Y ya saben, la manzana podrida pudre el cajón. Pero desde la noche algo había cambiado en mí. No todo era tan oscuro como antes, había un pequeño rayo de luz en mi vida, un rayito de esperanza que crecía poco a poco.
Sentía como que ya debía retribuirles algo por todo lo que habían hecho por mí. Por toda su preocupación. Si no hubiese sido por ellos no habría re-conocido a Bella. Jamás la habría vuelto a verla y jamás habría entendido lo que es amar.
Necesitaba abrazar a mi madre, hacerle sentir que estaba bien. Que todo estaba bien.
-Estoy bien- le dije.
-Edward- aventuró Carlisle calmado –Necesitamos saber qué es lo que pasó anoche-
Entonces les conté como se habían dado las cosas, que yo no había pensado lo que Alice había visto en su visión ni había tomado decisión alguna y que por el contrario fui capaz de escapar a todos aquellos deseos.
Alice rió. En su interior se preguntaba entre carcajadas cómo había sido que no había sospechado que fuese Bella quien hubiese tomado esa decisión.
-Ya sabes que tus predicciones pueden ser bastante subjetivas a veces- le contesté, y ella rió aún más.
Por primera vez desde hacía más de dieciséis años, me sentía en familia. Sentí que pertenecía a algo. Que era como el resto, que podía ser como el resto. Y todo: gracias a Bella.
BPOV
A la mañana siguiente cuando desperté, él ya no estaba ahí, pero había algo en la habitación – no sé qué – que demostraba que él se había quedado y que no había sido parte de mi imaginación.
Recorrí mi habitación en busca de mi atuendo para aquel día y luego de vestirme bajé a desayunar. Charlie ya se había marchado al trabajo. Mejor, pensé, me sentía distinta, aún cuando no supiese decir por qué. Debía de ser el amor. Había leído miles de libros, la mayoría contaban historias de enamorados y las locuras que podían llegar a hacer por amor y yo nunca había comprendido aquellos textos en su cabalidad. Carecía de precisamente lo que otras tenían: sentirme enamorada.
Pensé en Julieta sufriendo por romeo durante su encierro. Siempre me había preguntado por qué no iba a por otro chico al que sí le permitiesen ver. No podía imaginar que pudiese llegar a sentir por otro lo que sentía por Edward. Era indescriptible.
La puerta tocó mientras me lavaba los dientes. Supuse sería Alice, aún cuando desde el día que me confesó ser vampiro, y siempre y cuando Charlie no estuviese, simplemente entraba.
-Pasa- dije segura de que escucharía aún cuando no gritase.
Me incliné sobre el lavatorio para echarme una última enjuagada y cuando la levanté para verme en el espejo fueron otros ojos los que atraparon mi mirada en el reflejo.
-Ups, lo siento- dijo de pronto mi visita inesperada y salió del baño – creí que habías dicho "pasa"-
Tomé un respiro de alivio al ver que no estaba loca y que él en verdad estaba ahí. No sirvió de mucho, eso me hizo sonrojarme. Mis mejillas se entibiaron, pero no podía permitir que el silencio se propagara. Era demasiado embarazoso.
-Creí que era Alice- dije al salir del baño.
-Debí suponerlo- se excusó.
-No puedes saberlo todo- reí.
Luego, antes de que pudiese hacerle la pregunta que me había aquejado desde que desperté: "¿Por qué te fuiste?"; noté lo obvio. Ya no traía el la camisa del día anterior, en vez, llevaba un chaleco marrón que le hacía lucir aún más perfecto de lo que ya había imaginado podía ser. Su conjunto completo había cambiado.
-¿En qué piensas?- preguntó intrigado –sabes que me pone ansioso no saberlo-
Mi corazón se aceleró ante lo que pensaba. Y mis mejillas ardieron aún más.
-O.K- dijo posando sus frías manos en mis mejillas ardientes –pregunta equivocada- hizo un mohín.
Me volví a perder en sus ojos, ya comenzaba a hacerse costumbre.
Antes de que pudiese seguir analizándolos o que pensase en otra cosa, soltó mi rostro y volvió a hablar:
-¿Vamos?-
-¿A dónde?- Le miré perpleja.
-Pues al instituto ¿Dónde más?-
Me ruboricé por lo tonta que había sido. ¿Pues a dónde más podía ir? Al instituto, por supuesto, ahí iba todos los días.
-Claro- me golpeé la cabeza suavemente – acto que pareció preocuparle – y rodé los ojos –Al instituto ¿Dónde más?-
Me dejó pasar adelante y caminar hacia abajo. No fue sino hasta llegar a la puerta del coche cuando recordé que olvidaba mi bolso, y no fue si no porque lo vi colgado al hombro de Edward.
Él abrió la puerta por mí y me hizo señas de que entrase en su flameante Volvo.
-Toma, cabecitas- me dijo sonriendo al entregarme mi bolso.
Cuando hubo cerrado la puerta me golpeé la cabeza varias veces contra el asiento del copiloto. Tonta, tonta, tonta.
-¿Qué ocurre?- preguntó al sentarse en el asiento contiguo al mío.
-Nada- balbuceé molesta conmigo por lo despistada que había sido y por el ridículo que había hecho.
-¿Por qué me llevas al instituto?- pregunté ya de camino.
-¿No te agrada la idea?- Su expresión se me era imposible de leer.
-Sí, claro- respondí animada –Pero, no entiendo ¿Por qué? ¿Y Alice?-
-Porque estaba ansioso- sonrió – Alice me pidió que de venir viniese solo- rió.
-¿Por qué?- quería que él me dijera lo que mi interior anhelaba.
-Porque no quería ser partícipe de una situación tan empalagosa- imitó el acento y tono de Alice a la perfección la última palabra.
Agradecí a Alice el gesto en mi mente, quizás había previsto que yo me intimidaría aún más con ella allí. Fuese como fuese, le agradecía esos momentos con Edward a solas.
-¿Me verás hoy por la noche?- pregunté al llegar al instituto.
-Puedo venir a buscarte si quieres- sugirió.
No pude evitar sentir emoción, aunque no quería delatarme de momento.
-Eso estaría bueno- simulé cordura. El rió, pues claro, debía de estarse divirtiendo de escuchar mi corazón a la velocidad que latía.
Se acercó a mí y besó mi frente en señal de despedida. Yo me quedé como paralizada. Sus labios, eran fríos, pero muy suaves al tacto, como si se protegiera de algo más.
-Prométeme que tendrás cuidado- pidió cuando bajaba del coche.
-¿Por qué no lo tendría?- pregunté de vuelta jocosamente.
Suspiró como si hubiese dado en algún clavo en su interior.
-Porque no lo soportaría- Sus ojos brillaron – Ahora ve, ya sonará el timbre –
Me encaminé hacía el edificio, pero no fue hasta que ya había entrado cuando escuché, como si fuese en algún lugar muy, muy lejos el rugir del Volvo encenderse y luego alejarse.
Edward tenía razón, en cuanto cerré mi casillero el timbre sonó. No encontré a Alice por ningún lado. Tampoco estaba en su aula. No fue sino hasta el cambió de hora que me dí cuenta de la realidad. Alice no iría a clases ese día.
EPOV
Recordaba los últimos minutos con ella conforme me alejaba. La ansiedad volvía, pero fui lo bastante fuerte como para recordarme que solo en unas pocas horas le volvería a ver.
Recordé su expresión cuando me vió en el baño, el latir de su corazón, su aroma, el rubor en sus mejillas, lo tibias que eran, lo embriagador que era tenerla cerca. Me sentía un adicto. Tal y como si ella fuese heroína y yo un drogadicto. No pude evitar sonreír al recordar el tacto de sus mejillas, eran adorables.
Traté de no darle más vueltas al asunto que cuestionaba cómo había sido capaz de aprovecharme de ella alguna vez, cuando – sin duda – ante los ojos de todos era aún más adorable. Me sentía distinto. Me gustaba sentime distinto, era como si fuese una persona – ser – completamente diferente. Aunque siempre estaba ese sentimiento de temor por un descuido. Desconfiaba de si sería capaz de abstener mis deseos por siempre, o si ese sentimiento de sobreprotección que sentía hacia Bella entonces cambiaría o no.
Ya en casa vi ahí mi piano de cola en la sala, como siempre había estado, pero esta vez se me era distinto. Siempre me había gustado tocar música y de humano siempre había tenido el sueño de comprarme un piano como aquel. Habían sido, eso sí, contadas las ocasiones en las que había tocado aquel. Tras mi transformación, había creído que todo se solucionaría si tenía cosas que me hicieran sentir bien – nunca feliz –, pero no. Cada día que pasaba, cada cosa material extra que obtenía sólo demostraban una cosa: no valían de nada al fin. Me senté en el taburete y comencé a tocar. La melodía no era como melodía aquella que hubiese tocado alguna vez. Había en ésta un ritmo esperanzador. Aunque fuesen las mismas siete notas que había tocado siempre, con los mismos 5 sostenidos que habían existido siempre, esta nueva música no tenía comparación con las que había escrito antes. Esme suspiró de alegría en el piso superior y luego comenzó a tararear alegremente la melodía conforme se repetía. Luego apareció Alice por las escaleras, me sonrió antes de ponerse a bailar como una danzarina profesional – era tan típico de ella–. Incluso Rosalie – que no me había dirigido la palabra desde el día en que se habían enterado que mi pasado había sido con Bella, por decirlo de alguna manera – había llegado a la sala a escuchar el nuevo ritmo.
Seguí tocando alegremente. Mi alma cantaba junto a mis dedos. Realmente parecía estar durmiendo, todo se había vuelto de pronto tan increíble. ¿Merecía acaso yo todo eso?
Afuera el Sol salía entre las nubes, un milagro para hablar de Forks. Alice no se había equivocado en ello.
Toqué por horas y horas melodías como aquella, aunque se le parecían, ninguna sería tan especial como la primera, en la que había toda mi concentración en mi sentimiento por Bella. Era un hombre – vampiro– nuevo. Las nubes habían despejado por completo el cielo y el sol brillaba radiante. Así me sentía yo también por dentro, como brillando.
Carlisle, Emmett y Jasper llegaron luego del medio día de su caza, y ninguno podía creer los que escuchaban.
-Ha sido así toda la mañana- le susurró Esme a Carlisle dulcemente en medio de un abrazo.
Carlisle sonrió ampliamente.
-El hijo prodigo- musitó luego.
Pero el concierto –perdón por la no-modestia – no continuó mucho más rato, debía de ir a buscar a Bella al instituto, se lo había prometido y era lo que mi ser más deseaba.
BPOV
El sol salió tras las nubes cuando estaba en Matemáticas y comprendí enseguida por qué Alice no había asistido a clases.
Como todas las clases, Jessica Stanley se sentó junto a mí, pero era demasiado obvio que ese día no sería una clase normal.
-Cuéntamelo todo- comenzó completamente excitada en cuanto entró al aula.
-¿Qué?- simulé no comprender.
-¿Cómo se llama?- preguntó luego.
-¿Quién?-
-Oh, vamos Bella, toda la escuela te vio llegar hoy a clases ¡Y vaya coche!-
Debí de haber sabido en cuanto me subí al Volvo esa mañana lo que me esperaría luego. No había en la escuela coches lujosos, el único se sobresalía era el Jeep rojo de Emmett. Con Alice acostumbrábamos a llegar en mi monovolumen, que ni siquiera llamaba la atención por su estruendoso motor que irritaba cada mañana a Alice.
-Sí- concordé.
-Oh, tienes que contármelo todo ¿De quién era? ¿Lo conozco?-
Claro, Jessica nunca se contentaría con saber parte de la historia siempre tendía que saberlo todo.
-Eh- hice que sonara cómo que estuviese revisando lo obvio – al menos para mí – -No lo creo, no va en la escuela-
-Pero vive en Forks ¿no?-
-Eh, no exactamente-
-¿Cómo se llama? También conozco bastante gente fuera de Forks- Claro, ella y su infinito círculo de contactos.
-Edward- dije por fin, no quedaba escapatoria.
Jess pareció decepcionada, al parecer – y afortunadamente – no conocía ningún Edward. Gracias a Dios.
-¿Edward?- preguntó Mike Newton que se sentaba delante de nosotras.
Deseé poder gritar con todas mis fuerzas. ¡Había estado escuchándolo todo! Él, por sobre todas las personas. Suspiré. No podía esperar menos de Mike.
-¿Edward Cullen?- Volvió a preguntar – Contuve mi rubor.
-¿Lo conoces?- pregunté sonando indiferente.
-Claro, va a mi tienda de vez en cuando para comprar implementos para acampar-
-¡Sales con un Cullen!- chilló Jess emocionada.
- Bueno, no salimos exactamente, pero…-
-Pero hoy te trajo a clases-
-Sí, pero…-
-¿Edward Cullen?- seguía preguntándose Mike, más para él que para nosotras –Pero, él es un…-
Terminó la frase en suspenso y yo alcé la mirada curiosa a saber como acababa. ¿Sabría también Mike que Edward era un vampiro? No, Alice había dicho que sólo yo lo sabía.
-¿Qué?- pregunté intrigada -¿Él es qué?-
-Bueno- se rascó la nuca – Ya sabes, dicen que no se le ve jamás, que rara vez le ven, sólo cuando va a la tienda para ser más exactos. Dicen que vive en un encierro, que nunca sale ni habla con nadie que…-
-Al grano Mike-
-Bueno, dicen que sufre de una seria depresión, que por eso nadie habla de él-
-¡Qué chisme!- exclamó Jess sobre excitada –Bella, sales con un alma en pena-
-Yo no… salgo con él- musité la última parte de malhumor.
Entonces me dí cuenta de que todos habían volteado a ver en nuestra dirección y no se me hizo difícil distinguir que en realidad todos habían estado escuchando cada palabra.
Desvié mi mirada de todos ellos y miré el hermoso día que se había formado afuera.
Enrollé mis brazos alrededor de mis libros sobre la mesa y puse mi cabeza sobre ellos mientras me daba cuenta de la realidad: Edward no iría a buscarme ese día. Estaba soleado y no cambiaría, él no se expondría. Y no sólo eso, todo la clase, si es que no todo el instituto ya, se habían enterado de que había llegado a clases con el misterioso y desconocido, además de extraño, hijo del Doctor Carlisle Cullen.
Rogué todo el día porque acabara pronto, quería irme a casa, aunque fuese caminando, quería dejar de ser el centro de las miradas. En los pasillos todos me observaban.
-Es que hiciste toda una entrada este mañana- dijo Angela Weber.
Pero no me importaba. No me gustaba. Nunca había deseado ser el centro de la atracción de nadie y ¿por qué entonces sí? ¿Por qué en Forks todo era distinto? En Phoenix nunca habría sido así.
Finalmente la hora de irse llegó y casi morí de impresión de ver estacionado en el aparcamiento ese flameante Volvo plateado en el que había llegado en la mañana. El mismo, el de Edward.
Él había cumplido su promesa.
EPOV
Llevaba media hora esperándola. No había tardado más que un par de minutos en llegar al instituto.
No me expondría al sol, por supuesto. Contaba con la suerte de que mis vidrios fuesen polimerizados. Encendí la radio y esperé. Debussy hizo que el tiempo se hicieran aún más largo. Aunque no es justo culparle, era mi ansiedad los que hacía de cada segundo una eternidad.
Finalmente apareció al frente del edificio y su corazón se distinguió del resto en seguida. Lo era todo para mí.
Su expresión cambió y por poco corrió hacia el coche con gran entusiasmo, haciéndome sentir aún con más vida.
Así que así queda el capítulo por hoy, espero les haya gustado, a mí sí, ahora todo empieza a tomar un poquito más de forma. Pero no todo será puro amor. Habrán cosas que se interpondrán entre ellos, como a todo Romeo y Julieta. Así que si creían que los tormentos de Edward eran suficientes, se equivocaban, aunque habrá un poco más de felicidad, eso es lo que les puedo anticipar.
Muchas gracias una vez más a todas aquellas personas que leen este fic. A todos los que comentan también, y a Kathi porque sigue corrigiendo mis faltas ortográficas en el colegio sin que ningún profesor se entere.
Carime.
