Capítulo 8
Tormentosa humillación
Draco se encontraba sentado en la esquina derecha de su cama. El negro cubrecamas se encontraba revuelto con las blancas sábanas producto del movimiento constante efectuado por el rubio esa noche. No había dormido nada. Había cerrado los ojos con la esperanza de alejar, sin éxito aparente, los pensamientos que revoloteaban por su mente. Después de un par de horas de intentos fallidos, convencido de que no podría dormir esa noche, Draco decidió sentarse para poner en orden la maraña de cavilaciones que lo embargaban.
Arrepentido.
Se avergonzaba de su reacción estúpida frente a una de las personas que debía aborrecer hasta el cansancio ¿Por qué la había escogido sin siquiera pensar en las consecuencias¿Es acaso que había olvidado su intención de hacerla sufrir, angustiarse y atormentarse¿Había acaso abandonado su plan de hacer que la estúpida de Granger experimentara la peor de las desdichas, sobrellevara una vida de maltratos, soportara el calvario del agravio constante que merecía?
No.
Su plan continuaba en marcha, y ahora, luego de haberla escogido como guardiana en su momento de estúpida debilidad, sus ganas de llevarlo a cabo eran inmensas. De hecho, haberla escogido se había convertido, de pronto, en una pieza fundamental para la realización de sus propósitos. Antes, la imbécil de Granger, vivía en condiciones deplorables, como siempre debió haber sido, dada su condición de asquerosa sangre sucia, pero la tenía lejos. No podía burlarse y humillarla directamente, no podía ver de cerca su mirada de súplica, de sumisión y de humillación. No podía dirigirse directamente a ella para que lo sirviera, ayudara y secundara. No podía, a fin de cuentas, vengarse de la manera que quería, una venganza lenta pero dulce, una venganza que le haría sentir a esa tonta que su vida era un calvario del que, lamentablemente, no podía salir, y peor que eso, tenía que aparentar que ese calvario le gustaba porque cualquier queja, alegato, súplica o lamento sería duramente castigado.
Y él se encargaría de que ese castigo le recordara a la estúpida de Granger quién era su amo, quién era su superior, quién era, a fin de cuentas, Draco Malfloy.
Un llamado a la puerta.
Draco levantó la cabeza que hacía horas se encontraba fija en dirección al suelo.
Otro llamado.
Draco desvió su mirada en dirección a la puerta de la habitación.
Un tercer llamado.
Draco se levantó y caminó hacia la puerta que se encontraba cerrada con magia, tomó la varita y con un simple alohomora la abrió…
Allí, frente a sus ojos Hermione Granger se encontraba de pie.
Su cabello castaño había recobrado las ondas que lo caracterizaban. Su mirada había abandonado la profundidad adquirida antes con el delineado negro bajo sus ojos. Su apariencia se encontraba lejos de ser confundida con la de ángel caído del cielo que había adquirido con el vestido blanco que se mecía de un lugar a otro cada vez que el aire emitía una bocanada.
Y a pesar de haber perdido los detalles que la convirtieron, por un momento, en una presencia digna de adornar un sueño, a pesar de haber abandonado los complementos que la transformaron, de pronto, en una representación de la utopía anhelada, continuaba pareciéndole angustiosamente irresistible, dramáticamente tentadora, irrefrenablemente fascinante. Tanto el marrón de sus ojos, como el castaño de su indómito cabello le cautivaron hasta el punto de olvidar, por unos instantes, que era una sangre sucia la muchacha que tenía frente a sus ojos. El bronceado de su piel parecía exigir a gritos que la observaran con la atención, detención y cuidado que se merecía. Y su olor, ese bendito olor a caramelo lo dejó estático por un par de segundos que le parecieron horas…
- Su familia lo está esperando en el comedor para tomar desayuno – dijo de pronto la castaña con un tono monótono, limitándose a repetir la información que le había entregado una de las guardianas en la cocina de la mansión para que se la hiciera saber al amo que se encontraba en el segundo piso.
- No tengo hambre – dijo Draco al mismo tiempo que apoyaba su mano en el marco de la puerta, acercándose bastante a la castaña que tenía al frente.
Hermione, que se mantuvo estática, sin demostrar expresión aparente, se sentía nerviosa. No entendía por qué la presencia de ese muchacho la perturbaba hasta el punto de hacer que sus piernas le temblaran, de que su corazón comenzara a palpitar más rápido y de que su respiración se agitara. Esos ojos grises la invadían, la analizaban por completo. Él parecía investigarla con atención en ese instante, y ella no podía sino permanecer estática para demostrar frialdad, insensibilidad y entereza frente al único muchacho que, estaba segura, la había hecho conocer el odio en un pasado cercano, aunque desconocido.
- Si es así, me iré para avisar que el amo Draco no bajará – dijo Hermione después de haber tomado una bocanada de aire para recuperar, de esa manera, el oxígeno perdido luego del impacto que, dentro de ella, había causado la presencia del rubio.
Hermione se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a la escalera de mármol que se encontraba en la esquina. Tres pasos alcanzó dar antes de que el rubio le tomara la muñeca y de un solo tirón, la obligara a dar una vuelta para mirar, una vez más, en dirección al chico.
- No te he dado autorización para que te vayas. – Dijo el rubio con una mirada desafiante – Tu deber es pedirme autorización para todo.
El corazón de la castaña comenzó a trabajar tan rápido que la atención de la chica se desvió, por un momento, a escuchar los latidos que su corazón emitía. Cada palpitar parecía un tambor que resonaba con estruendo en el pasillo en el que los dos jóvenes se encontraban. La angustia que la muchacha sentía era enorme. Quién diablos se creía ese imbécil para creer que tenía el derecho a dirigirle la vida hasta el punto de tener que pedirle autorización para todo. Sí, ahora si que había comprobado sus sospechas. Ese estúpido la odiaba, y ella parecía corresponderle el odio.
- Está bien – dijo Hermione luego de tomar una bocanada de aire para reunir el valor de emitir la frase que ponía término al poco de dignidad que le iba quedando - ¿Me autoriza usted para avisar que no bajará a tomar desayuno con su familia?
Draco esbozó una sonrisa de satisfacción.
- No.
Hermione abrió mucho los ojos y no pudo evitar poner una cara de evidente indignación. Pero qué diablos le pasaba a ese imbécil, y por qué sonreía cada vez que pisoteaba los resquicios de honor que le iban quedando.
- ¿Para qué me autoriza entonces querido amo? – Preguntó Hermione enfatizando con ira la palabra "querido" – sus deseos son órdenes para mi.
- Te autorizo a entrar a mi habitación – dijo Draco al mismo tiempo que extendía el brazo apuntando en dirección a su alcoba.
- ¿Ah?
- ¡Entra! – le gritó Draco con manifiesta furia emanando de sus ojos.
Hermione se tragó su orgullo y asintió con rabia. A pesar de estar consiente de encontrarse bajo el mando de ese imbécil, no podía aceptarlo. Pero tenía que hacerlo, se lo había propuesto, se lo había prometido…
La muchacha comenzó a caminar hacia la alcoba de Draco. Atravesó el marco de la puerta con la convicción de que acababa de ingresar voluntariamente al infierno. Era como si hubiese vendido su alma al peor de los enemigos a cambio de seguir con vida.
- No te autoricé a entrar primero que yo. – alcanzó a escuchar la castaña luego de haber pensado que era imposible sentirse más humillada de lo que se sentía en ese momento.
Pero si le había dicho que entrara. Qué le pasaba a ese estúpido. O era tan imbécil como para no recordar la orden que le había dado hace unos instantes o definitivamente, y esto era lo más seguro, quería hacer de su vida un infierno.
Hermione se tragó, una vez más, su orgullo. Salió por la misma puerta por la que había ingresado y esperó afuera de la misma. La muchacha hizo un gesto con el brazo para indicarle al rubio que entrara. Draco sonrió por un instante con tanto placer que parecía ser que los problemas habían dejado de existir en ese momento. Que bien se sentía humillar a la asquerosa sangre sucia. De haber sabido antes acerca de la satisfacción que le provocaba pisotear su orgullo, la hubiese escogido antes como guardiana.
Draco caminó hacia la puerta de la habitación con una seriedad tan acentuada en su rostro que parecía imposible creer que se estaba riendo a carcajadas por dentro. El rubio empujó levemente a la guardiana que se encontraba de pie en la entrada, y posteriormente ingresó con prestancia a la alcoba, para luego sentarse en la esquina derecha de la cama cubierta con el cobertor negro.
- Ahora puedes entrar – dijo Draco en un tono cortante y sin apartar la mirada de la ventana que daba a la cancha de entrenamiento en la que se vislumbraba a centenares de muchachas practicando con el arco y la flecha.
Hermione ingresó a la habitación y caminó unos pasos hasta detenerse al frente de la cama situada en el medio de la alcoba. Luego de las humillaciones recibidas, había adoptado un gesto adusto y su mirada se encontraba perdida. No quería mirarlo a la cara. Los grises ojos del muchacho le provocaban, por partes iguales, miedo y audacia. Quería arrancar, pero también acercarse, quería destruirle la vida, pero deseaba además ayudarlo a construirla nuevamente ¿Qué le estaba pasando¿Por qué ese chico la perturbaba de esa manera?
- Supongo que tu nueva vida te encanta ¿no? – dijo de pronto Draco sin apartar la mirada de la ventana de la alcoba.
El corazón de Hermione comenzó a palpitar tan rápido que las nauseas la invadieron en ese momento ¿Qué clase de pregunta era esa¿Qué podía responderle? Claro que no le gustaba ¿Quién podía ser tan conformista como para alegrarse de servir a un imbécil que se cree el rey del mundo? Y peor que eso. Ese estúpido la odiaba y la humillaba con tanta satisfacción como para dejarla en ridículo cada vez que podía. Habría dado todo por recuperar su memoria. Necesitaba recordar para entender ¿Quién diablos podía encantarse de una miserable vida sin sentido, sin pasado, sin el respaldo de los acontecimientos?
- Por supuesto. – Alcanzó a articular Hermione antes de que Draco notara que una tormentosa disyuntiva se había posicionado en su cabeza.
- ¿Qué es lo que más te encanta? – preguntó Draco al mismo tiempo que desviaba su mirada, esta vez en dirección a la atractiva castaña que tenía en frente.
¿Qué era lo que más le encantaba ¿Es que no le bastaba con la respuesta que le había dado? Era evidente que absolutamente nada en ese lugar la hacía feliz. Mentir sobre eso había sido difícil, pero ese imbécil no se había contentado. El estúpido de Malfloy la estaba obligando a buscar amenidad y agrado donde no lo había. Y lo peor de todo es que él estaba conciente de que todo era un tormento para ella. Habría dado todo por escapar, arrancar, correr hasta perderse en el horizonte…
- Estar cerca de usted es un regalo mayor del que me hubiese permitido imaginar – respondió Hermione con aparente calma y serenidad tanto en su mirada como en el tono de su voz.
La angustia y la rabia que en su interior se alzaban no lograron afectar la compostura que había decidido adoptar frente al rubio que con tanta satisfacción se reía de ella. Era evidente que Draco se había tragado cada una de sus mentiras. Malfloy creía que la tenía en la palma de su mano ¿Quién diablos se creía ese tipo como para pensar que ella era tan tonta como para no sospechar que él se estaba vengando de ella?
Ahora sólo le quedaba averiguar la razón de su venganza, y no descansaría hasta conocerla.
- A si que te gusta estar a mi lado ¿no? – dijo Draco más para sí que para que Hermione lo escuchara.
- sí.
- Pues a mi me da náuseas – dijo el rubio clavando sus ojos grises en los marrones de ella. Su mirada era gélida y cruda. No había ningún indicio que denotara sentimientos o emociones en esa mirada. No expresaba nada, absolutamente nada.
¿Nauseas? Pero qué le pasaba a ese imbécil ¿Es que no le bastaba con pisotear su orgullo hasta el cansancio sino que además debía estrujarlo con tanta fuerza como para causarle el dolor que le había golpeado en el pecho en ese instante?
Lo odiaba.
Definitivamente lo odiaba más allá de los límites permitidos para odiar. No soportaba esa situación, no aguantaba esa tortura, no quería seguir fingiendo la falsa lealtad que había prometido manifestarle.
- Es una pena que no sienta lo mismo que yo cada vez que lo veo – dijo Hermione al mismo tiempo que empuñaba sus manos con toda la fuerza que pudo reunir en ese momento – si al amo no le importa me retiraré de la habitación para que las nauseas no terminen por debilitarlo. Mi intención no puede ser más distante que la de restarle fuerzas a una de las pocas personas que admiro realmente – acabó de diciendo la castaña con una seguridad tan acentuada que resultaba imposible creer que cada una de las palabras pronunciadas constituía una mentira enorme que la avergonzaba de sobremanera.
- Pues me encantaría que te retiraras…
- Muy bien, entonces no tengo nada más que hacer en este lugar.
- ¡No me interrumpas! – Gritó Draco encolerizado al tiempo que se levantaba de la cama en la que había permanecido sentado – como te decía, me encantaría que te retiraras pero creo que te haría bien trabajar un poco para devolverme la mano por haberte salvado la vida – continuó diciendo el rubio al tiempo que daba un par de pasos hacia la castaña que permanecía de pie frente a la cama – Además, no podría dormir sabiendo que no te he dado un trato acorde a tu condición de…
- ¿Sangre sucia?
Oh no.
Una vez más lo había interrumpido. Pero Merlín sabe que ella no había podido controlarse. Es que no aguantaba la idea de respetar a ese estúpido racista que le estaba, prácticamente, reconociendo que la quería hacer sufrir.
- Es la primera vez que te escucho decir algo coherente – dijo Draco entre risas y acercándose aun más a la castaña que tenía al frente. El rubio apoyó luego, su mano derecha en la pared con lo cual acabó por acorralarla por completo. Hermione se encontraba prácticamente inmovilizada al encontrarse con la espalda apegada a la muralla, y con Draco tan cerca que podía sentir su respiración golpeando su rostro a cada instante. - Me parece excelente que reconozcas, por fin, que no eres más que un error de la naturaleza destinado a no ser nada más que un sirviente por la eternidad.
- Yo no he reconocido nada – dijo Hermione con cierto fastidio en el tono de su voz – no veo la relación existente entre ser hija de muggles y ser un error de la naturaleza que no sirva para nada interesante.
- ¡Se supone que tu no sabías que era lo que sangre sucia significaba! – exclamó Draco alejándose tan rápidamente de Hermione que cualquiera hubiese creído que el contacto con la piel de la castaña lo había electrocutado. - ¿Es que has recuperado la memoria y no me has puesto al tanto de ese acontecimiento? – acabó preguntando el rubio con una expresión de asco tanto en sus labios como en su mirada.
- ¿Por qué me mentiste? – Preguntó la castaña con un tono mucho más débil que el que había utilizado a lo largo de la conversación con el rubio - ¿Por qué me dijiste que no me conocías¿Por qué no reconoces que sabes perfectamente quien soy?
- ¡Responde mi pregunta! – gritó Draco encolerizado y apretando sus puños con toda la fuerza que pudo reunir en ese momento.
- No.
- ¿No qué¿No vas a responderme? – preguntó Draco con manifiesta furia emanando de sus ojos grises.
- No… no recuerdo nada.
Por suerte la estúpida de Granger seguía sin recordar nada. La expresión de niña perdida por el mundo, que había adoptado en ese momento, le revelaba a todas luces que lo que la castaña le acababa de decir era cierto. Pero a pesar de eso ¿Cómo podía saber el significado de sangre sucia¿De dónde lo había sacado y por qué le había hecho esas preguntas¿Es acaso que la sangre sucia había averiguado que se conocían de antes? No. No podía ser posible. Si ella no sabía nada acerca de su pasado, no podía saber nada de su pasado con él… No es que hubiesen tenido un pasado juntos, en el sentido estricto de lo que la palabra juntos significaba, pero se habían conocido, y peor que eso, se habían odiado. Bueno, él todavía la odiaba. El hecho de que ella estuviese allí para servirlo, asistirlo y auxiliarlo, como la guardiana que era, no le restaba ni un poco del odio que hacia ella tenía depositado.
¿Y si a pesar de no recordar había averiguado algo acerca de su pasado?
No.
No había ninguna razón para que la tonta de Granger sospechara que él si la conocía. No había indicios ni pruebas existentes que revelaran a Granger su estúpido pasado. No había tampoco, ningún individuo que pudiese contarle a esa sangre sucia algo de su triste historia de vida. Ninguna de las penosas muchachas que allí se encontraban recordaba. A todas se les había borrado la memoria, por lo que ninguna podría haberle rememorado algo…
- Te creo Vania - alcanzó a decir Draco luego de darse cuenta de que la castaña que tenía en frente había comenzado a inquietarse de sobremanera por el prolongado silencio del rubio tras la respuesta que ella le había dado. – No sé como averiguaste lo que era sangre sucia pero, a decir verdad, no me importa en lo más mínimo. – continuó diciendo el chico al tiempo que caminaba hacia su cama para luego recostarse sobre la misma en una posición bastante sexy a la que Hermione no pudo mantenerse indiferente – Verás, es evidente que yo supiera que eras una asquerosa sangre sucia por ser esa una información fundamental para saber qué tipo de trato merecen mis sirvientes. Al averiguar tu lamentable ascendencia adquirí el conocimiento necesario para tratarte de la manera que es debido. Naturalmente eres un ser inferior que no merece nada. Tu condición es tan repugnante como para asquearme por completo. No obstante aquello, he decidido mantenerte con vida a cambio de tu lealtad. Más que mal soy superior a ti por naturaleza y debes reconocer que te he ofrecido un destino mejor al que podrías haber llegado a soñar ¿no?
Pero qué diablos. Esta vez si que se había sobrepasado ¿Un ser inferior? Por favor. Que no la hiciera reír. Ella le iba a demostrar que de inferior no tenía un sólo pelo.
- Por supuesto amo. Su magnanimidad no tiene límites – respondió Hermione en un tono tan monótono que parecía ser que se había limitado a repetir el parlamento de un diálogo asignado.
- Pues me sorprende que tu escasa inteligencia te alcance para comprender lo que te he dicho.
Ah no.
Esto si que no.
Podía aguantar que la insultaran por esa estupidez de la sangre, pero de ahí a que la trataran de tonta ¿quién se creía ese Malfloy? Lo iba a pagar caro, muy, pero muy caro.
- Pues acostúmbrese a las sorpresas amo. Por lealtad soy capaz de sorprenderlo cada vez que sea necesario.
- ¿a si?
- claro que sí.
- Pues veamos…. – dijo Draco al tiempo que pasaba su lengua por su labio superior - Date una vuelta.
Pero qué diablos.
¿Cómo que una vuelta?
¿Qué le estaba pidiendo?
Hermione comenzó a girar lentamente con el corazón bombeándole a una velocidad sorprendente. Había cerrado los ojos para no notar la cara de Malfloy cuando quedase al frente del chico. Su respiración se había convertido en una especie de jadeos entrecortados imposibles de controlar. Los puños los mantenía cerrados con fuerza para concentrar en ellos la rabia, la angustia y la vergüenza que la embargaban en ese momento.
Luego de unos cuatro segundos que le parecieron cuatro horas había acabado de dar la estúpida vuelta que Malfloy le había exigido. Había quedado, una vez más, situada frente al chico que se hallaba recostado en la cama. Sus ojos, que se habían mantenido cerrados, volvieron a abrirse para encontrarse con una expresión en el rostro del rubio que habría podido definir como…
¿Lujuria?
Pero qué diablos. Primero le había dicho que ella le daba nauseas, luego le había recalcado su condición de inferior, para posteriormente tratarla de tonta. Pero pese a todo lo que el rubio le había dicho, no obstante los insultos y las humillaciones que le había proferido, se encontraba frente a ella con esa expresión de adolescente apasionado. No entendía nada y, aparentemente, Draco tampoco. Él ni siquiera se había percatado de que Hermione lo miraba boquiabierta. Draco la observaba como embobado. Era como si hubiese perdido, de pronto, la conexión con el mundo para concentrarse, únicamente, en el dorado de sus piernas, en el marrón de sus ojos, en el carmesí de sus labios…
- ¡Draco!
Tanto Draco como Hermione desviaron sus miradas en dirección a la puerta de la alcoba. Frente a sus ojos se hallaba una chica blanca de cabello lacio, largo, de color negro azabache. Sus ojos, por su parte, eran de color verde oscuro. Si, era guapa, aunque por alguna razón que Hermione no se explicaba, su mirada gélida y su rostro duro se asemejaban a la mirada y rostro un perro. Sea como sea era una chica atractiva, y no se podía negar que tenía clase. Llevaba un vestido negro que resaltaba las curvas de su delgado cuerpo. El vestido, que se amarraba alrededor del cuello, dejaba al descubierto su espalda, así como la mayor parte de sus pálidas piernas. Sus negros zapatos de tacón la hacían lucir incluso más estilizada de lo que era. Hermione sintió, por unos momentos, envidia de esa muchacha, que a diferencia de ella, no tenía que vestir esa malla negra que le molestaba tanto.
- ¡Te dije que no vinieras hoy! – Gritó Draco encolerizado y poniéndose de pie como si una descarga eléctrica le hubiese golpeado la espalda.
- ¡Sabía que algo me estabas ocultando! – exclamó la muchacha al mismo tiempo que entraba a la habitación cerrando la puerta con un portazo. – pero esto… - comenzó diciendo la chica mientras desviaba su mirada hacia Hermione y la miraba con expresión de asco de arriba hacia abajo. - ¿Cuándo se suponía que pensabas decirme que la asquerosa de Grang…?
- ¡CALLATE! – dijo Draco con furia. Sus ojos grises parecían haberse congelado como el hielo. Hermione no pudo dejar de sentir miedo del rubio que tenía en frente.
Se quería ir. Necesitaba salir corriendo de ese cuarto, pero no podía. La puerta estaba cerrada, y no pensaba arriesgarse a interrumpir esa disputa caminando hasta la puerta, cruzándose perentoriamente con la chica que había entrado ¿Quién era ella y por qué la había mirado con tanto asco, rencor y odio?
Sobretodo con odio, resentimiento y enemistad…
Esa chica la aborrecía.
Pero ¿por qué?
- ¡A mi no me callas! – gritó la muchacha con evidente furia contenida tanto en su mirada como en el tono de su voz. – ¡Tengo el derecho a saberlo¿Quién te crees que eres para ocultarme esto? – acabó diciendo la muchacha mirando nuevamente a Hermione con rabia. – ¡y tú niñita¿No te da vergüenza estar en este lugar? Siempre supe que eras un error de naturaleza, pero al menos aparentabas ser inteligente…
- ¡CALLATE PANSY! – Gritó Draco al tiempo que tomaba el cuello de Pansy Parkinson con su mano derecha y lo apretaba con fuerza. El rubio había corrido hasta la muchacha en el momento en que ella había comenzado a descargar su cólera contra Hermione Granger. Si ella hubiese hablado más de la cuenta sus planes de venganza se hubiesen desplomado por completo. – dices una palabra más y te mato ¿entendiste?
Pansy asintió con evidente temor emanando de sus ojos. Estaba aterrada ante la reacción que Draco había adoptado contra ella. Él jamás la había amenazado de esa manera. Le había gritado, humillado e insultado, pero esta era la primera vez que le hacía esa advertencia mortuoria.
- Me estás haciendo daño – alcanzó a decir Pansy con un hilo de voz – suéltame por favor.
Draco la soltó con brusquedad. Su respiración era tan agitada que parecía como si acabase de finalizar una carrera en una competencia de velocidad. El blanco de su rostro se había acentuado tanto que sus ojos grises resaltaban más que lo acostumbrado. Su mirada era gélida y cruda. A diferencia de otras veces en las que no era posible desentrañar los sentimientos que tras esos ojos se escondían, ahora la ira, la irritación y la furia eran manifiestas. Bastó una fugaz mirada hacia Pansy para que esta comprendiera que no podía emitir sonido alguno de su boca si quería salir ilesa de la situación en la que se encontraba.
- Vania – Dijo de pronto Draco sin apartar la vista de los ojos verdes de Pansy – Ve inmediatamente a la cocina y hazle saber a los elfos que allí se encuentran que Pansy no se quedará a almorzar con nosotros.
- Pero Draco… - dijo Pansy casi sin volumen en el tono de su voz.
- Si algo de inteligencia tienes en ese diminuto cerebro entenderás que no es el momento propicio para ningún pero. – Le dijo Draco a la chica cuyo rostro se había humedecido por las lágrimas que habían comenzado a recorrerlo - y tú, Vania ¡Qué estás esperando! – gritó Draco a Hermione, está vez desvió su mirada a la guardiana de cabello castaño que tenía en frente.
- Nada. – Dijo Hermione con voz temblona al tiempo que se echaba a correr hacia la puerta. Una vez allí, abrió la puerta y salió de la habitación cerrando inmediatamente la puerta tras de ella. Se detuvo unos instantes a tomar una bocanada de aire para apaciguar la sensación de ahogo que la embargaba por completo.
¿Quién era esa chica llamada Pansy y cuál era la razón de su odio hacia ella¿Cuál era la relación de Pansy con Draco¿Por qué Draco se había molestado tanto cuando Pansy había intentado insultarla¿Por qué Pansy había comenzado a hablarle como si la conociera¿Por qué se había molestado tanto de que Draco la hubiese acogido en su casa?
Había gato encerrado y Hermione no descansaría hasta averiguar la causa del mismo..
Luego de haber pensado esto, la castaña de cabello indómito se echó a correr hacia la escalera de mármol situada al final del pasillo. Llegó a la escalera, bajó corriendo por la misma y, una vez abajo, giró a la derecha adentrándose por un pasillo de paredes blancas. Abrió la primera puerta situada a la izquierda y entró cerrando la puerta de madera tallada tras de ella.
Desde el pasillo del primer piso se escuchó como una chica anunciaba que la muchacha llamada Pansy no se quedaría a almorzar esa tarde.
Primero que todo ¡¡¡Feliz año nuevo!!! (Más vale tarde que nunca). Después de varios días de ausencia subí el prometido capítulo! Me demoré bastante porque me sumí en un lapsus de "crisis de inspiración". Hace tiempo que no me pasaba, pero hace unos días retomé todo mi amor hacia la escritura y con todas las ganas he vuelto a escribir...
Me imagino que se han dado cuenta que Hermione sospecha, y sospecha mucho. Draco, por su parte, juraría que ella se encuentra sumida en la completa ignorancia respecto de su antigua enemistad. Sea como sea él ha insultado y amenazado a Pansy sólo para continuar el curso de sus planes con Hermione ¿Le habrá comenzado a importar más que Pansy¿Qué pasará?
Bueno, les envío un enorme agradecimiento a aquellas que han seguido este fic. Gracias a sus reviews reuní los ánimos para seguir escribiendo Espero que me sigan dando sus comentarios sobre esta historia. Aprovecho de agradecer a las que me dieron su apoyo en el capítulo anterior.
Karyta34 (gracias por el mensaje personal, me dio mucho ánimo!) , Lado.Oscuro (linda! fuiste mi primer review en el anterior capítulo, gracias por el apoyo), Vic-Black (gracias por seguir mi historia!), MooniiCa Malfoy y KxRo PoTtEr (bienvenidas! espero q me sigan apoyando) , Embercita y Emma.Zunz (amigas!! las adoro, gracias por su apoyo)
Por último, he notado que a veces sólo se pueden dejar reviews si uno busca la historia desde la página principal, así q gracias a las que se dieron la lata de tener que buscar la historia paso a paso para dejar un mensaje.
un beso y un abrazo
Artemisa.
