Advertencia: Lemon.

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Cuando despertó esa mañana se dio cuenta que Naruto ya se había levantado, con una sonrisa en los labios se dispuso a comenzar su día. Mientras el agua de la ducha corría por su cuerpo, no dejaba de pensar en lo bien que durmió en sus brazos y los sentimientos que experimentó al sentirlo tan cerca. Se puso un vestido verde sencillo y bajó la escalera directo a la cocina, pero no se esperaba que él estuviera aun en la mansión. Se quedó en la puerta parada, mirándolo tomar café y sólo fue cociente que se había quedado mirándolo cuando este habló.

—¿Que pasa Hina? —a él le pareció gracioso verla ahí.

—Pensé que ya te habías ido a trabajar.

—Estoy con un fuerte dolor de cabeza —se pasó la mano por la frente.

¿Qué había pasado con él? ¿Cómo se le ocurrió beber así? Es cierto que se toma un trago de vez en cuando, pero no para embriagarse de esa manera. La cabeza la tenía hecha un lío y todo por culpa de Gaara. Aun así no pudo evitar esbozar una sonrisa al verla.

—Te ves hermosa.

—Te voy a buscar algo para el dolor —evitó responder a su comentario, pero no pudo evitar sonrojarse—. Aquí tienes. Te sentirás mejor en unas horas —le entregó el analgésico y lo vio tomárselo.

—¿Qué te parece si vamos a dar un paseo?

—¿No vas a ir a trabajar?

—Hoy es viernes y no tengo deseos de cumplir con mis deberes de empresario. Además, las empresas van muy bien y por un día no pasará nada.

Fue un día muy agradable. Desayunaron en un restaurante sencillo por petición de ella y comieron en el mismo. Estuvieron un buen rato en el parque y en ocasiones él le tomaba la mano y eso la hacía feliz. Parecían una pareja de enamorados, más bien novios y no esposos.

En ocasiones lo descubría mirándola cuando ella comía o estaba distraída viendo algo, y lo que veía era un brillo especial en sus ojos. Se decía que tal vez un día podría llegar a amarla. Sería la mujer más feliz si eso sucediera y ella estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de conseguirlo.

Se dio cuenta de algo. Nunca lo dejó de querer. Kiba había sido una ilusión, un escape de su vida, el sentimiento que tenía por Naruto era más fuerte del que jamás sintió por Kiba y ahora ella lo sabía.

Estaba aterrada. Si con Kiba sufrió por su traición con su esposo seria aun peor. Ese pensamiento la hizo dudar si podría amarlo sin salir lastimada. Aunque había crecido con él se daba cuenta de que no lo conocía lo suficiente. No se puede querer a alguien de quien no se sabe nada. En estos últimos años ¿qué había hecho Naruto con su vida? ¿Se volvió a enamorar? Las chicas que ella recordaba a su alrededor eran hermosas. Comparada con esas mujeres se sentía insignificante, sin gracia, sosa y muy tímida. La verdad es que a ella no le apetecía pertenecer a ese mundo, a pesar de que la clase social era la misma.

—¿Te encuentras bien Hinata? Desde hace un rato he notado que estás distraída. ¿En qué piensas? —Su cara mostraba curiosidad.

—Nada. Es solo que me preguntaba, ¿qué has hecho en estos años? —Sin ser consciente de que sus pensamientos ya no estaban en su mente, sino que habían decidido salir.

Él la miró y le pareció tierno que eso la tuviera pensativa. Eso lo alegró. Tal vez tendría una oportunidad con ella. Sonrío.

—Nada en realidad —contestó—. Estuve trabajando todo ese tiempo en el que tú estudiabas. Me gradué de la universidad sí, pero fue la carrera para administrar la empresa cómo tu padre había querido y por su puesto el mío.

—Nunca me contaste acerca de tus padres.

—En realidad no hay mucho que decir. Murieron cuando tenía casi 12 años y no era como si los hubiera tenido todo el tiempo conmigo. Papá trabajaba a todas horas y únicamente lo podía ver un día a la semana y mi mamá, aunque estaba en casa no era lo mismo. Siempre deseé que mi padre estuviera ahí cómo un padre normal, pero tenía la esperanza de que nuestra relación mejorara —hizo una pausa antes de continuar—. Pero sucedió el accidente y con eso perdí la ilusión de que fuéramos una familia de verdad.

Hinata vio la tristeza en sus ojos y quiso consolarlo. Decirle que estaba ahí para él y borrar su dolor. Pero no sabía cómo hacerlo. Cómo si algo la empujara y por arrebato lo abrazó y lo apretó fuerte, queriendo disminuir su dolor. Él respondió a su abrazo.

—Estoy aquí Naruto. Sé que no es suficiente, pero… aquí estoy —se separó de él.

—Gracias Hina. Ya es pasado y ya lo he superado. Además, estoy haciendo lo que mis padres querían. Ahora manejo la empresa que fue de ellos y sé que esa fue su última voluntad. Así me lo comentó mi padrino Jiraya cuando la entregó en mis manos.

—Nunca me comentaste de él. Pensé que no tenías a nadie más, eso me dijo mi padre una vez cuando quería que me acercara a ti diciendo que sería tu nueva familia.

Naruto tomó sus manos y no supo interpretar lo que había en sus ojos. Eso lo puso triste pues su relación con Hinata cuando eran niños no era la más sana.

—No nos llevábamos cómo debimos, ¿verdad? Lo siento Hinata, nunca me comporté cómo un hermano. Era muy rebelde, pero a pesar de eso te tenía cariño. No desde el principio porque te destetaba, pero con el tiempo todo cambió.

Evitando esos recuerdos ella habló. —Cuéntame de tu padrino.

—Apareció después de un tiempo en que estaba en la universidad antes de graduarme. Me dijo que se había enterado hacía poco de la muerte de mis padres y que lamentaba que él no estuviera en el momento para hacerse cargo de mí. Pero al saber que estaba bajo el cuidado de tu padre se sintió mejor. Tenía una relación estrecha con tu padre también. Me entregó la herencia de mis padres y me asesoró para poder manejar ambas empresas. Pasó un tiempo conmigo, pero se marchó de nuevo; sin embargo, aún nos mantenemos en contacto.

—Me alegro por ti.

—En fin, creo que ya es hora de que regresemos a casa —sin darle tiempo la tomó de la mano y ambos salieron del parque caminando hasta llegar al auto.

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Flashback

Aquí estoy Gaara —llegó a la hora justa para la salida con el chico y le sorprendió que este ya lo estaba esperando.

Vaya, sí que eres puntual. Vamos —empezó a caminar.

¿A dónde vamos?

Sólo sígueme ya verás.

El chico desconfiaba un poco ya que habían entrado a un barrio que no conocía y que se veía peligroso, pero supuso que era donde vivía su amigo, aunque no estaba del todo seguro. No sabía por qué, pero la noche era cada vez más negra mientras caminaban, apenas había luz en las calles.

Cuando Gaara lo condujo hacia un callejón solitario, empezó a desconfiar. Tocó una puerta de madera con un extraño símbolo en este, lo hizo pasar.

El lugar era una única habitación, pero bastante amplia. En una de las paredes laterales estaba el mismo símbolo de la puerta, con la luz de la habitación lo pudo ver mejor y entender su significado "Amanecer". Dentro se encontraban chicos bebiendo, fumando; chicas en las piernas de los jóvenes y un olor muy fuerte a tabaco y a algo más que no pudo identificar.

Este lugar es especial para chicos cómo tú y yo —le dijo.

¿Que es este sitio?

Es un refugio. Te presentaré a unos amigos —lo condujo hacia otra habitación, una más pequeña.

Nos llamamos los Akatsuki.

El chico se encontraba en una sala donde había cómo diez tipos. Tenían un aspecto raro y fuera de lo común. Sus ropas eran gastadas y de color rojo y negro, tenían el mismo símbolo de la puerta tatuado en sus brazos.

¿Que hacen exactamente aquí? —preguntó.

Sólo venimos a divertirnos un poco. A despejar la mente —comentó tomando asiento en un mueble que quedaba en una esquina.

Al principio el sitio no le agradó, pero con cada visita nocturna se adentraba y acostumbraba más y más. La tercera vez que fue, se dio cuenta de que a pesar de su estatus social ellos no lo trataban con indiferencia. Bebía y se relajaba. Hasta que un día decidió probar algo nuevo. Empezó a fumar mariguana y después la cocaína, esta última lo dejaba más agresivo de lo normal.

Un día que llegó a clase y no pudo con la ansiedad. Después de las primeras horas, se metió al baño y de su mochila sacó lo que estaba buscando. Después de inhalar se sintió mucho mejor, aunque se encontraba muy hiperactivo.

Caminaba por el pasillo cuando algo lo paró en seco. Hinata se estaba besando con el chico nuevo y la rabia que sintió en el momento fue insoportable. ¿Cómo se atreve ese idiota a besar a su Hinata? Sabía que si se acercaba a ellos no podría evitar hacerles daño a ambos. Algo tenía que hacer, él no permitía que esos imbéciles se le acercaran a ella, pues sabía, que la harían sufrir, aunque en realidad lo hacía por su propio egoísmo. Por eso esperó a que ella se marchara y lo siguió. Ya cerca de la casa del muchacho, lo enfrentó. No le dio tiempo a nada le dio el primer golpe y empezó a golpearlo sin compasión.

Si te veo cerca de mi chica te mataré —le decía entre golpes. Pero no terminó ahí. Supo que el chico estaba en el hospital. Lo fue a ver al hospital. No fue solo y lo amenazó.

Fin del flashback.

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Otra vez los recuerdos llegaban a su cabeza y lo golpeaban con fuerza. ¿Cómo pudo hacer tantas estupideces? ¿Cómo hizo que el chico de cabello blanco saliera de la escuela y hasta se mudara? Desde antes que ese chico apareciera ya estaba enamorado de ella. Pero si antes no se había confesado, menos después que se convirtió en un delincuente drogadicto. Ella no se merecía eso.

La noche de su fiesta de cumpleaños quiso confesarle sus sentimientos. Ya ella era mayor de edad y aunque le hizo la promesa al padre de esta de no decirle nada hasta después de unos más, no tenía la fuerza suficiente para ignorar lo que ella le hacía sentir. Las ganas que tenía de besarla y hacerla su mujer lo tenían loco y tuvo que conformarse con tener sexo con otras chicas y no caer en la desesperación. Hasta se acostó con Shion porque se parecía un poco a Hinata. Eso ya era enfermizo y más las cosas que se imaginaba haciendo con ella.

Pero él no la merecía y lo mejor era no ceder a su pasión para no lastimarla. Hinata era tan pura, inocente y bella. No tenía derecho a arrebatarle la inocencia por lo que podía ser un capricho.

Hiashi le había puesto las cosas más fáciles con Hinata. Él sabía de sus sentimientos por su hija y a pesar de todo no se opuso a que algo entre ellos pasara, pero con unas condiciones. La más importante era que debía cambiar para ser digno de ella. Otra de las condiciones era que debía dejar a Hinata libre para que conociera el mundo antes de atarse con tan poca edad a un hombre que tenía muchas experiencias, eso no era justo para ella. Hinata debía conocer a más personas y otra forma de vida para que ellos pudieran estar juntos.

Por eso cambió. Para poder tener una oportunidad con ella. Sabía que podía lograr que ella lo amara cómo él lo hacía y por eso no debía forzar las cosas. Estuvo en rehabilitación por su adicción y aunque el proceso no fue fácil, lo logró por ella.

Tenía la costumbre de dormir desnudo, así que se puso un pantalón corto cuando se levantó de la cama para ir a la cocina por un vaso con agua. Cuando caminaba por el pasillo se dio cuenta que la luz de la habitación de Hinata estaba encendida. Eran las dos de la mañana, ¿qué estaba haciendo?

Cómo si sus pies no obedecieran fue directo a la puerta y tocó.

—Hinata, ¿estás despierta?

Ella se sobresaltó. No esperaba que Naruto estuviera despierto y mucho menos tocando su puerta.

—Si. Pasa.

Él entró y la encontró leyendo un libro, por la portada debía ser una novela.

—¿Por qué sigues despierta a esta hora? —preguntó tomando el libro de sus manos y comenzando a ojearlo pasando páginas sin leer.

—No podía dormir —trató de quitarle el libro, mas este no se lo devolvió.

—¿Y tú?

—Nada. Tenía insomnio y decidí bajar por algo de beber y vi que no era el único despierto en esta mansión.

—¡Podrías devolverme el libro? Olvidé marcar la página en la que me quedé —empezaron un forcejeo donde ella quería el libro y él no se lo quería dar. Se lo quitó en un descuido.

Pero no se había dado cuenta del porqué de su descuido. Naruto no podía creer que durante la lucha con Hinata por quitarle el libro, uno de los tirantes de su camisón había caído y dejaba entre ver el comienzo de unos de sus senos, no llevaba nada debajo. Cómo le encantaría en ese momento tocarlos y sentir los generosos que supon¡a eran. En realidad, quería hacer mucho más que sólo tocarlos.

—La verdad Naruto es que hoy me divertí mucho contigo y me gustaría que las cosas siguieran así. Ya sabes… —no logró terminar la oración.

Se dio cuenta que los ojos de Naruto no estaba fijos en ella sino en otra parte de su cuerpo que no era su rostro. Cuando se dio cuenta que miraba, bajo la cabeza y se sonrojó.

—¿Te gusta lo que ves? —no supo que le dio el valor para decir lo que dijo. Pero ya lo había dicho. Últimamente decía todo lo que pensaba.

—Sabes que si —respondió con voz ronca.

—Te gustaría hacer más que mirar ¿no es cierto? —aún tenía la cabeza baja y su cabello tapaba su rostro por completo.

—Sabes que sí.

Cada vez le costaba más respirar y debería de darle pena lo que iba a decir, pero estaba igual que él, en un estado de excitación poco común. Amaba a Naruto y ya era hora de dejar su timidez de lado.

—Me deseas, ¿no es así?

—Sabes que sí —parecía no tener otra repuesta a cada una de sus preguntas. De todas formas, ella ya no pensaba con claridad.

Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo o más bien haciéndolo antes de arrepentirse, Hinata se levantó de la cama, con un caminar pausado se dirigió hacia donde él estaba y lo besó.

Fue un beso bien recibido por parte de él. No perdió el tiempo y la atrajo hacia su cuerpo. Y por el estremecimiento del cuerpo de ella, supo que había sentido su miembro despierto y eso lo hizo sentirse lleno de energía. Una energía que quería aprovechar para calmar su pasión.

—Quiero hacer el amor contigo, Naruto y no quiero pensar en nada más —murmuró entre besos.

—¿Estas segura Hina? Si sigo no voy a poder parar, aunque me ruegues.

—Si. Estoy segura —respondió mientras Naruto deslizaba sus labios por su cuello.

—Estás a tiempo Hinata, aún podemos parar —mintió. En el estado que se encontraba no había marcha atrás. Su miembro crecía más y más entre sus pantalones y pedía ser liberado, pero dentro de ella.

—No hables más, por favor. Esta noche no quiero hablar.

Ya le había dado una oportunidad para arrepentirse de hacer el amor con él y no la aprovechó. Ahora le tocaba a él atender a sus necesidades. Amarla cómo siempre ha querido. Estaba loco si desaprovechaba esa oportunidad puesta para él en bandeja de plata. Le quitó el molesto camisón y sin darle tiempo a reaccionar la tomó en brazos y la acostó en la cama. Le quitó la última prenda que eran sus bragas y la contempló embobado.

—Eres más hermosa de lo que imaginaba.

Hinata en lugar de avergonzarse se excitó, y mucho más al ver que el bulto de su pantalón. Se marcaba su miembro en todo su esplendor. Notaba que era grande y ella lo había sentido la noche que durmió con él, ese pensamiento no la cohibió. Al contrario, quería verlo.

—Yo también quiero verte —sin decir más nada, se acercó a la esquina de la cama y tomó el borde de su pantalón y empezó a bajarlo.

Era enorme, grueso y bastante gordo. Por primera vez vio a un hombre desnudo. Pues la noche que lo vio no había tanta luz cómo ahora. Pero no era cualquier hombre, era el hombre que amaba. Con un poco de timidez lo rodeó con su mano y sintió el estremecimiento de su miembro entre sus dedos. Estaba bastante duro e hinchado. Sabía que dolería, pero con gusto lo aguantaría. Era magnifico. Todo él lo era, el hombre más guapo y era su esposo.

Naruto no podía más. Sentir sus manos rodeando su hombría estaba a punto de hacerlo llegar. Así que antes de que eso pasara, la empujó suavemente a la cama y la cubrió con su cuerpo.

—Basta. Quiero escucharte, sentirte —la besó con algo de brusquedad y recorrió su boca con su lengua. Cuando sintió que ella no podía respirar, bajó hacia su cuello. A Hinata le daba vuelta la cabeza, le daba tanta pena los gemidos que escapaban de su boca y más aún cuando sintió que Naruto metía su cabeza entre sus piernas.

—Na-Naruto —jadeó.

—Me encantas —dijo con voz ronca y excitada.

—Esto es tan vergonzoso —la verdad es que ya no podía más.

El siguió recorriendo su vientre con su boca, hasta llegar a los pechos que volvió a lamer, llegando por fin a su boca.

—Ya no aguanto —dijo.

Sin decir más nada, se colocó entre sus piernas, hasta encajarla en su cadera. Sin previo aviso empezó a penetrarla hasta que sintió una leve resistencia por parte de ella.

—¿Eres virgen? ¿Por qué no me lo dijiste? —había confusión en su rostro.

—No importa, sigue —la verdad es que dolía. Aun así, no quería que parara, era incómodo, pero había un poco de placer.

Terminó de entrar en ella. Ahogó un grito y se arrepintió de decirle que continuara pues dolía más. Su miembro entró por completo y era bastante grande para su cuerpo.

¿Cómo se suponía que eso le iba a gustar si le dolía tanto? Se suponía que a su edad no debería doler de esa manera. Cuando lo sintió salir y entrar de nuevo a su cuerpo se dijo que no iba a poder aguantar, así que trato de alejarlo con sus manos, pero él la detuvo.

—Tranquila. Te aseguro que pasará el dolor y te gustará —la verdad era que no podía parar. Lo que empezaron tenían que terminarlo.

—Duele. ¿Cómo se supone que va a gustarme? —susurró con los ojos cerrados.

Él volvió a besarla y a tocar sus senos para tratar de que ella se olvidara del dolor. Lo logró ya que ella respondió a su pasión.

Le dio unos momentos más y empezó a moverse con suavidad dentro de su cuerpo. Se acoplaban uno al otro y pensó que estaban hechos cómo almas gemelas. Sus cuerpos buscaban el placer y lo estaban encontrando.

—Se siente mejor, ¿verdad? —no sabía cómo le salían las palabras.

Hinata no contestó. Respondió buscando su boca. Aún era incómodo, pero también sentía placer. Sintió que su miembro crecía dentro de ella y se preguntó si eso aún era posible.

—Ya… ya no aguanto —dijo.

Empezó a entrar y salir de su cuerpo con más rapidez. Ya había aguantado demasiado y los movimientos se volvieron más fuertes, rápidos y bruscos.

Aunque ella sentía que la partía en dos, no le importó. Se agarró a su espalda sin darse cuenta de que lo aruñaba. Sintió un placer que la llevó a las nubes y la dejó caer cómo una pluma, hasta que escuchó el grito de Naruto cuando separó la mitad de su cuerpo de ella para dar la última estocada...

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—Te lastimé mucho —dijo después de haber hecho el amor.

—No tanto. Me gustó.

—¿Cómo es posible que aún fueras virgen?

—Tal vez no me sentía segura.

—¿Y conmigo te sientes segura? —levantó su rostro para mirarla a los ojos.

—Si—respondió.

Naruto no pudo contenerse y la besó.

—Ya eres mi mujer Hinata y te comportaras cómo tal de ahora en adelante.

Cuando ella quiso responder, sintió todo el peso de su cuerpo en ella y no le quedó más que dejarlo hacer. Hicieron el amor otra vez hasta quedarse ambos dormidos...