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VIII- El despertar
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El frío no parecía tener ninguna posibilidad de borrar la sonrisa de la muchacha humana. Se abrigó entre la capa de su compañera mientras sobrevolaban la ciudad de piedra en piedra, de teja en teja y farola en farola. La luna estaba completamente llena, y aunque a lo mejor sería efecto de la emoción, a Hikari le pareció más grande que nunca. Sentía golpecitos en la boca del estómago cada vez que pisaban (durante sólo medio segundo) alguna superficie para tomar impulso en el próximo salto, que llegaba a alcanzar los cuatro metros de altura, y muchos más de longitud.
¡Ah! La maravillosa agilidad de los nocturnos... la chica estaba maravillada. ¿Cómo podían ir tan rápido sin perder jamás el compás de aquella danza sin fin? Incluso Evangeline, cargada como iba con Hikari, se movía con gracia y facilidad. Supuso que realmente su cuerpo estaba hecho para todas aquellas actividades, necesarias para la caza... La joven se estremeció y decidió pensar en otra cosa. Contempló las luces del lugar, que no dormía nunca, y se le ocurrió que a pesar de la velocidad de los vampiros, debía ser posible verlos sencillamente mirando hacia arriba. Se lo cuestionó a Eva.
- Tranquila – le dijo ella, sin dejar de moverse ni mirar hacia delante – Estamos protegidos por un escudo invisible que ha creado Edwuard, lo llamamos un "jealh". Es magia bastante simple, pero que impide que los humanos puedan ser conscientes de nuestra presencia.
- Entonces, ¿no nos ven?
- Sí que nos ven, porque los ojos no se pueden manipular tan fácilmente como la mente. Pueden vernos, pero esa información no llega a su cerebro. En cambio, no surge efecto alguno en otros vampiros.
- Guau...
Siguieron su camino de aire y tierra durante un buen rato, hasta llegar a un barrio recóndito de la ciudad. Los edificios eran algo viejos y destartalados, y a Hikari le recordó al lugar donde durante un pequeño tiempo estuvieron instalados los cazavampiros. Marcus, delante del resto del grupo, descendió con la gracia de una estrella fugaz, suave y silenciosamente. Los demás hicieron otro tanto, aunque Hikari por poco se cae cuando Eva aterrizó.
La vampiresa estaba algo preocupada. No entendía qué tramaba el líder de la torre llevando con ellos a la humana. Pero tenía algo bastante claro... una cena de vampiros no era el lugar más idóneo para una guapa humana llena de sangre fresca y joven.
- Hikari, óyeme un momento – susurró, apartándola un poco para que no lo escucharan los demás – Supongo que él ha querido traerte porque sabe que sientes curiosidad por nuestra raza... pero debes prometerme algo.
- Sí. Lo que quieras.
- No te separes de Marcus en ningún momento, ¿sí? Es muy importante.
- ¿De... Ember-sempai? - musitó ella. Se puso roja, y quién no. Además, no tenía mucha (por no decir ninguna) relación con el líder vampiro, y se sentía bastante tímida de pronto.
- Es largo de explicar... ¿lo harás? Ve junto a él ya mismo.
- Es-está bien.
Aunque las intenciones de Marcus fueran buenas, Eva sabía que sólo él podía asegurar que Hikari estaría 100% a salvo.
Mientras estuviera con Marcus, nadie osaría acercársele demasiado. Miró cómo la humana se acercaba algo temerosa al líder, y él, con una pequeña sonrisa que podía fácilmente ser la causa principal del calentamiento global, le tendió la mano y le pidió que fuera su pareja.
Ahora sólo le quedaba confiar en él. Y Eva confiaba en Marcus más que en su propia vida. Después de todo, él... Eva agitó la cabeza, no quería darle más vueltas al asunto. Pero sabía que todavía su corazón latía con fuerza sólo al escuchar su nombre.
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Ran aumentó el ritmo de su carrera, pero pronto se quedó sin aire y se vio obligada a detenerse. Jadeando, se llevó la mano al pecho y tardó unos segundos en recuperar el aliento. Sentía la garganta seca, tenía las rodillas doloridas por alguna que otra caída y estaba muerta de miedo, pero lo había conseguido.
No quiso ser demasiado confiada, así que se escondió tras un contenedor y apoyó la cabeza en el muro de una casa medio abandonada. Esperó pacientemente durante unos diez minutos, mas ningún ruido le alertó de peligros. Así que lo había hecho, había dado esquinazo a aquellos hijos de puta.
Intentó relajarse, pero no pudo. Los recuerdos más recientes de aquella noche le venían a la cabeza, uno tras otro...
- Eh, nena, ¿tienes fuego? - había preguntado aquel personaje grande y fornido, de ojos pequeños y saltones y sonrisa burlesca.
La dulce Ran Hatake era una chica bastante inocente, buena por lo general aunque con un carácter terrible cuando lo necesitaba. No acostumbraba a salir de noche a aquellas horas, y menos sola, pero venía de visitar a su abuela (su única familia) y se le había hecho algo tarde.
- Ops, no, lo siento, no fumo – respondió con tranquilidad, sin prestarle mucha atención.
Pero tal vez debió haberlo hecho. A él y a los otros dos tipos que le acompañaban. Pero Ran era un poco (o un mucho) despistada, y no reparó en peligro alguno. Simplemente continuó caminando, puesto que aún le quedaba un largo trecho hasta la academia Touka. Suspiró, se abrigó y maldijo en voz baja. Subió al máximo el volumen del MP3 para intentar evadirse del tiempo, del frío y del mundo en general, y mientras cruzaba por una calle poco transitada, ocurrió.
Aún así, a Ran le sorprendió la facilidad con la que podían hacerse esas cosas. No se necesitaba un callejón especialmente oscuro y sin salida, ni pillar desprevenido a la víctima, ni nada. Cuando la chica notó que le seguían, llevaban un buen rato haciéndolo, y probablemente toda aquella gente que había en la calle lo sabía, y lo había visto. Aquellos tipos no necesitaban absolutamente nada para asaltarla, a pesar de que si Ran pedía ayuda por lo menos una decena de personas la oirían.
¿Pero la escucharían?
Aceleró el paso, nerviosa: no tenía un plan. No sabía qué pretendían aquellos tipos, pero al girarse con un poco de disimulo comprobó dos cosas: que realmente la estaban siguiendo y que uno era el hombre que le había pedido un mechero.
¿Y ahora qué hago? La academia está a tomar por c*** de aquí (NA/ Que está puñeteramente lejos XD). ¿Qué hago? Seguro que la gente de la calle los han visto, pero creo que me ignoran completamente... ¿Pido ayuda?... ¡Ya se! Me conozco esta zona. Puedo girar a la izquierda y dirigirme al antiguo barrio industrial, allí vive un conocido de la abuela y además no hay mejor sitio para esconderse.
Así lo hizo. O lo intentó, al principio.
Sin embargo, cuando pensó que los había perdido de vista, uno de ellos apareció justo por la calle que pensaba tomar.
Mierda.
Ran simplemente giró por otro lugar, y ocurrió otro tanto con otro de los tipos. Tomó una bifurcación y caminó más rápido, pero en el fondo sabía que aquellos hombres la estaban dirigiendo cómo querían. Decidió que era inútil seguir haciendo cómo que no ocurría nada y empezó a correr y a pedir auxilio, aunque esa calle sí estaba desierta. Guardó el MP3 e intentó concentrarse en llegar antes que nadie a la plaza que había en la manzana siguiente. No lo consiguió.
- ¡Hey! - gritó cuando el hombre del pitillo se puso en su camino y le cogió de las muñecas. Ran se empezó a asustar, mucho. Le estaba haciendo daño, y aunque eso fuera lo menos importante, también fue lo que le bajó a la realidad de un sopetón.
Nadie te agarra si sólo quiere robarte el bolso.
- Hola de nuevo, preciosa...
- ¡Suéltame!
Ran se revolvió como una fiera y le dio un buen cabezazo en la barbilla (casi de pura casualidad) al asaltante y se liberó por un segundo. Enseguida, pero, aquel desconocido la agarró de nuevo y esta vez le asestó una bofetada que casi la tumba.
- ¡Tíos! ¡Venid, joder, la muy perra...!
Ella oyó como los otros cómplices corrían a ayudarlo. No podía permitirlo. Si eran los tres, ya no podría hacer nada.
Pero nunca es como tu te lo imaginas. Había algunas personas no muy lejos, por otra calle, y todos hicieron como que no veían nada.
Estaba sola. Ella misma era su última esperanza. ¡Y bajo ninguna circunstancia iba a permitir que le pusieran más dedos encima! Algo se encendió dentro de ella y con todas sus fuerzas golpeó al hombre en el tobillo con un puntapié. Concentró toda su rabia en aquello y al parecer funcionó, porque aquel cabrón soltó un alarido. Ran mordió la mano que la intentó coger y se escabulló.
Y corrió. Corrió todo lo que pudo, más de lo que nunca había corrido en la vida. Notaba las pisadas detrás suyo, los gritos furiosos: la iban a atrapar, y si lo hacían, quién sabe si podría escaparse de nuevo... ¡Pero no sabía adonde ir! El sudor le resbalaba por la frente, las piernas le fallarían de un momento a otro, y de pronto... por alguna razón sintió el impulso de mirar las estrellas. Si iba a morir, al menos quería verlas por última vez.
Y entonces...
- ¿Eva? - la exclamación ahogada y la sorpresa casi le hicieron tropezar, pero se recompuso.
Había sido tan solo un momento, pero le había parecido ver a su compañera de pelo oscuro. A ella, y al resto de la Clase Avanzada. ¿Serían imaginaciones? Creyó perderlos de vista pero de pronto aparecieron de nuevo, o al menos una tenue silueta mezclada con sombras.
Casi no se les ve, pero creo... ¡creo que son ellos de verdad! Si tan solo pudiera llamar su atención... al menos... estar con ellos... yo...
Sus piernas fueron completamente solas. Se lanzó hacia la derecha persiguiendo a aquella sombra que parecía pertenecer a sus compañeros. ¡Fuera o no un espejismo, no los perdería por nada del mundo! Esquivó por los pelos a uno de los hombres que iba más cerca, pero sintió que le pisaban los talones.
¡Vamos! ¡Un poco más!
Las figuras bajo el cielo torcieron por la calle diagonal, y Ran hizo otro tanto. Y entonces... ¡Un muro! Había un muro muy alto entro dos edificios... ¿un callejón sin salida? La chica creyó que aquel sería su fin, pero de pronto se dio cuenta de que en un lateral del muro habían hecho un agujero... un hueco algo pequeño, demasiado para un adulto de complexión media,.. pero justo para Ran. Con un último esfuerzo, antes de que aquel hombre le agarrara gritando, la joven rubia hizo una voltereta (que le salió mejor que en cualquier clase de educación física) y atravesó el fuerte muro de ladrillo. Pensó que el corazón se le iba a salir por la boca, pero no se detuvo, y ante el miedo de que aquellos hijos de puta encontraran otra calle para alcanzarla, continuó siguiendo la extraña comitiva de sombras.
Y ahora, dentro de lo que cabe, se encontraba un poco mejor. Cada vez estaba más segura de que aquella especie de "aura" en el cielo tenía algo que ver con los chicos de la Clase Avanzada. Es más, incluso, entre las sombras, creyó entrever los ojos pardos de Hikari Aizawa.
- Tranquilízate – se sijo a sí misma, y lo único que se le ocurrió fue entrar en el edificio donde, le parecía, se encontraban los otros, y de paso, algún que otro secreto.
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- ¡Buenas noches, señores! - saludó un amable mayordomo cuando entraron en el lugar – Llegan a tiempo para la velada.
- Me alegro, Alfred, buenas noches – respondió Marcus con galantería.
Le entregaron las capas y los abrigos y él se los llevó para colgarlos. Hikari estaba muy sorprendida: por fuera parecía una fábrica cutre y abandonada y por dentro era un auténtico salón de lujo. Sus sospechas se acentuaron cuando entraron en el comedor principal, donde una enorme mesa de roble presidía el centro y se erguía austera, como desafiando a que algún invitado mantuviera la mirada fija en los exquisitos platos sin que se le fuera la mano. Ella miró las lámparas grandiosas (llenas de velas) los ventanales por los que entraba la luz de la Luna (aunque desde fuera no se veía nada) y algunos sirvientes que venían para recibirlos. Se pegó un pequeño susto cuando vio que no estaban solos en la sala, sino que había unos veinte vampiros más repartidos por el lugar, entablando quedas y muy silenciosas conversaciones o exponiéndose como obras de arte vivientes. Y realmente lo parecían, Hikari nunca había visto tantos juntos, pero por suerte ninguno de ellos le prestó atención. La atención recayó enterita en la persona que iba a su lado, tanto que para sorpresa de Hikari, todos los demás hicieron una profunda reverencia para recibir a Marcus. Le pareció muy curioso, pero supuso que debía ser alguien importante en el mundo de la noche.
En realidad, aquella no era una de las reuniones más grandes de nocturnos, pero para ella... ¡En fin! Le sorprendió, como también los muchos platos y bandejas de delicias de todo tipo.
- Yo creía – dijo, con voz tenua – que vosotros no...
Señaló la comida con un vago ademán. Todo el mundo entendió lo que quería decir. Uno de los gemelos, Ichiru, cogió una gamba que llevaba un señor en una bandeja y se la comió con descaro, sonriendo y fijando en la humana sus ojos azules. Le explicó.
- Nosotros, las criaturas nocturnas, también nos alimentamos de comida corriente. Es más, aunque aguantamos mucho más que los mortales, también moriríamos si no comiéramos nada durante un tiempo determinado. Sin embargo, la sangre es siempre nuestro principal festín.
- Bueno – añadió Natsume, dándole una colleja a su hermano – no queremos asustarte, peque. Ya sabes que nosotros estamos "a dieta", al menos dentro de la escuela.
Hikari no pudo evitar reir suavemente. Se arregló un poco los rizos y esperó junto a los demás por los comensales que faltaban.
- Ellos son los que nos han invitado – le dijo Alice – Cuando vengan, todos haremos una pequeña reverencia. Tú también, ¿ok? Y llámales de señor y señora.
- Vale.
- Ah, y no te alejes mucho de Marcus.
- Lo se – respondió, sonriendo – Ya me lo han dicho.
Sonaron unas campanitas y los mayordomos anunciaron la llegada de los dueños del lugar. Todos fijaron su atención en la puerta de entrada, que se volvió a abrir lentamente.
- Tranquila, todo irá bien – le susurró el vampiro de ojos dorados al ver que se estremecía un poco.
- Debe ser el frío – se excusó Hikari, pero no era cierto del todo.
Al fin los elegantes anfitriones entraron en el comedor. Se trataba de una mujer bellísima y madura, acompañada de un hombre alto y de porte galán, muy atractivo y espléndido. Todos los vampiros del salón, igual que cuando entrara Marcus, callaron de inmediato y realizaron una graciosa reverencia en honor a aquella pareja.
- Queridos compañeros – saludó la mujer, extendiendo la mano – Me siento complacida de que hayáis podido asistir a esta pequeña cena de amigos. Espero no haberos hecho esperar demasiado.
- Mi dulce hermana quería mostrarse bella para vosotros – dijo a su lado el hombre – Pero, ya sabéis, el espejo no colaboraba demasiado.
Todos rieron por la pequeña broma, y aplaudieron cuando la hermosa dama dio comienzo a la velada. Al parecer ella era Ivanna, y él Alexander, vampiros nobles de origen austríaco, y juntos dominaban un buen trozo de la sociedad. Hikari no pudo obtener más información de ellos, puesto que Marcus le dijo, escuetamente, que no era conveniente saber más.
Sin más preámbulos, comenzó la fiesta y pudieron empezar el banquete.
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Ran entró en el edificio, se escabulló de la vista del vigilante y decidió investigar un poco. Subió las escaleras de caracol, decoradas con una alfombra de lana gruesa, preguntándose quién tenía tanto dinero para comprar todo aquello, y si no sería un delito de los gordos colarse en una propiedad ajena. En fin, después de lo que había pasado, sólo quería encontrar a Eva y desahogarse un poco, lo demás le daba exactamente igual. Cansada, llegó a una de las habitaciones del segundo piso, y decidida a relajarse un poco, se tumbó en la enorme cama, se bebió una copa de vino (que por su sabor le recordó lo mucho que odiaba el alcohol) e incluso bostezó.
Sabía que no debía estar allí, y alguna cosa de aquel lugar le ponía los pelos de punta, pero...
- ¿Qué haces aquí? - preguntó una voz desde la puerta. Era un hombre joven, de unos treinta años, trajeado y elegante, y muy guapo. Su mirada la recorrió por completo.
Ran se incorporó de golpe y casi se da un coscorrón con el cabecero. Sintió que las mejillas se le ponían rojas, porque el aura que rodeaba a aquel hombre hacía vibrar cada fibra de ella.
- Lo siento, yo no quería...
- ... Ya veo, hueles bien. - interrumpió de pronto el hombre – Debes ser otra de las donantes.
¿Donantes? ¿Qué está diciendo?
- No, verá, estoy buscando a...
El otro mostró una sonrisa socarrona.
- No encontrarás a nadie mejor que yo – dijo – Soy Alexander, ¿y tú...?
Ella le dijo su nombre.
- Es un bonito nombre. Sencillo, pero lindo – contestó – Está bien. Se que tendría que esperar a los postres, pero...
Todo lo siguiente ocurrió muy rápido. Ran casi no pudo entender qué ocurría hasta que los colmillos se le clavaron como dagas en el cuello, tan deprisa y en silencio que podría haber sido un susurro, o un sueño. Eso es... un sueño... quiso gritar, pero sintió que le tapaban la boca y que caía irreparablemente en los brazos de Morfeo, y se dejó ir cerrando suavemente los ojos en un sueño inquieto.
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Habían pasado horas desde el comienzo de la velada. Los demás no estaban cansados, pero Hikari empezaba a sentir los músculos entumecidos. Pero estaba pasándolo tan bien, estaba aprendiendo tanto que no le importó. Al fin había conseguido que Natsume, impulsado un poco por la simpatía, un poco por las muchas botellas de sangre mezclada con alcohol que había bebido, comenzaba a narrarle un poco más de la la sociedad vampírica y su organización. Hikari nunca se había imaginado a un vampiro borracho, pero no se parecía a nada que hubiera visto antes: Natsume casi parecía más lúcido en ese momento que antes.
- Verás – le dijo – Nosotros, los inmortales, también nos distinguimos unos de otros. Los humanos, en el sistema capitalista, lo hacéis por clases económicas, ¿no?
- Ajá.
- Y en otras culturas menos desarrolladas se usa la religión o la fuerza física o las habilidades para determinar cuando un ser es "mejor" o "peor" que otro. Todo es lo mismo, y también se necesita un sistema parecido para que nosotros sobrevivamos. - Natsume hipó un momento, tras lo cual continuó – Eso del comunismo está muy bien, pero de momento nadie ha conseguido una fórmula lo suficientemente buena para aplicarla a una nación productiva, así que nos conformamos ¡hip! con esto.
- ¿También es por el dinero?
- ¡Oh, no no no! Aquí, en el mundo vampírico, el centro de todo siempre es lo mismo: la sangre. De sangre nos alimentamos y por ella nos regimos (es uno de los estamentos nocturnos). Hay diferentes rangos de vampiro. Empezando por abajo, tenemos el Rango C. Unas criaturas tan monstruosas que no merecen el calificativo de "vampiro". Han perdido toda su consciencia y atacan sin piedad alguna a todo tipo de seres para beber su sangre. No piensan. No sienten. Sólo matan.
- Qué horrible – murmuró Hikari, recordando lo que le pasó a Cassandra.
- Luego hay el Rango B, que son la mayoría de vampiros, los de, como diríais aquí, "clase media". Yuri, por ejemplo, o Eva, son de ese tipo. También mi hermano y yo. Por último, tenemos el Rango A, formado por unos pocos afortunados vampiros de sangre noble. Son la aristocracia del mundo nocturno. Todos los demás vampiros de la Clase Avanzada forman parte de este grupo.
- ¿En serio? ¿Son nobles?
- Sí – suspiró el chico.
- Tengo una duda – dijo Hikari - ¿Por qué la gente hizo reverencias cuando entraron Marcus, Ivanna y Alexander?
- Oh – Natsume pareció dudar un momento antes de responder, pero después bajó la voz – Bueno, hay un último tipo de vampiro. Pero son tan escasos que no tienen clasificación.
- ¿Se salen de la pirámide vampírica?
- No se salen. Están por encima de ella – respondió algo nervioso – Ellos son... los vampiros puros, también llamados Dorian. Hace ya mucho tiempo de la existencia de nuestra raza, y durante todos estos siglos los vampiros nos hemos ido reproduciendo con humanos para sobrevivir. Eso ha llevado a un deterioro de la raza, y hoy en día prácticamente todos, incluso los nobles, tenemos algo de humano en nuestra sangre. Ellos no. Los Dorian son los vampiros originales, nacidos de las últimas grandes familias oscuras que quedan. Sus poderes van más allá de lo imaginable.
- Increible – musitó Hikari, y empezó a mirar a Marcus con ojos diferentes. En el fondo, siempre había sospechado que él era diferente a los otros, ya que su aura le delataba.
En ese momento Alexander, el otro vampiro puro, hizo un brindis y llamó la atención de todos.
- Bien, señores, ahora, aunque con retraso, tenemos una sorpresa. Ya han probado diferentes tipos de sangre, pero bien, ésta es nueva y está... mmm... casi sin estrenar.
- ¿Qué? - Hikari se puso nerviosa, ¿estaba insinuando que iban a beber sangre humana?
- ...Camarero, por favor, traiga a nuestra invitada...
Hikari se tapó instintivamente la yugular con la mano y se estremeció.
- Eva – llamó, a lo que la vampiresa se situó junto a ella y le calmó.
- Sea quien sea, no la matarán. Sólo le quitarán un poco de sangre – En realidad no estaba completamente segura, pero así al menos tranquilizaría a Hikari.
- Pero... - replicó la otra – Eva... si un humano es mordido por un vampiro...
Evangeline le revolvió el pelo.
- No te preocupes – dijo casi riendo- Ves demasiadas películas, eso es casi imposible.
- ¿Casi?
- Bueno, sólo hay una posibilidad. Los humanos que son mordidos por vampiros puros... se convierten en vampiros.
Un rugido inmenso interrumpió cualquier conversación. Un mayordomo salió disparado de la cocina y se estampó contra la pared contraria, quedando inconsciente al instante. Toda la sala enmudeció y se giró hacia la puerta de la cocina, donde los camareros gritaban pidiendo ayuda.
- ¿Pero qué...? - Ivanna se levantó de la mesa con el ceño fruncido, pero no hizo falta preguntar más.
Una figura siniestra salió dando tumbos de la habitación contigua, mientras los sirvientes se separaban de ella lo más que podían. Lanzó una silla con la que tropezó contra el suelo y ésta se rompió en mil astillas. Se tapó la cara con las manos, en las que empezaban a crecer unas afiladas garras.
Ran Hatake sacudió la cabeza, se limpió algunas lágrimas perdidas y enseñando unos perfectos colmillos de vampiro, despertó de su letargo.
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Hasta aquí por hoy. Lamento haber tardado tanto en publicar este, pero he estado algo ocupada. Lamento decir también que es posible que este fic esté en pausa temporalmente, hasta que me vuelva la inspiración y tenga tiempo para escribir nuevos capítulos. Espero que no sea demasiada molesto esperar, pero no puedo hacer más :( Si os aburrís, podéis darle una oportunidad a mis otros dos fics de Vampire Knight, que si os gusta Tras las puertas del cielo también os gustarán :)
¡Gracias por leer y por favor dejad comentarios que siempre ayudan!
Un beso :)
