Capítulo 8
Notas de Lunita: antes que nada, quiero felicitaros a todos las fiestas y deciros que espero que tengais una feliz navidad. Aquí os traigo el siguiente capítulo de Destiny, donde veremos qué ocurre con el nuevo entrenamiento de Naruto. Espero que os guste.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto
Primera parte
-¡Naruto! -gritó una voz con fuerza.
Me levanté sobresaltado por aquel repentino sonido, dando un bote hacia atrás y abriendo los ojos entre asustado y sorprendido.
-¿¡Qué pasa!? ¿¡Qué ocurre!? -dije alzando la voz instintivamente.
Itachi estaba de pie, mirándome molesto por mi reacción. Llevaba puesto un sencillo pantalón muy flojo y una camiseta de malla, cubierta casi por completo por una chaqueta muy holgada. Todo el conjunto era de un color negro, totalmente negro, dándole un aire un poco siniestro.
-Son ya las siete, ya deberíamos haber empezado con tu entrenamiento. Te he dejado dormir por ser tu primer día.
-E-espera... ¿Las siete de la mañana o de la noche?
-De la mañana, obviamente.
-¿¡Quéeee!? ¡¡Estarás de broma!!
-Como vuelvas a gritar vas a saber cómo son mis castigos, y sinceramente, no te lo recomiendo. Nuestro entrenamiento comenzará todos los días a las seis en punto de la mañana y finalizará cuando a mí me de la gana, básicamente.
Me quedé totalmente helado, mírandole fijamente, esperando a que dijese que sólo estaba bromeando.
-Vístete, te espero abajo -dijo mientras salía por la puerta.
Muy a regaña dientes y con un sueño que casi me caía para atrás, me preparé para empezar con el nuevo entrenamiento; aunque sinceramente, todo este asunto me daba muy mala espina...
-xXx-
-¡Vamos, Naruto! ¡Es para hoy! -me gritaba Itachi, sentado bajo un árbol, observando como realizaba el primer "ejercicio".
Tras prepararme, bajé a la cocina, y me encontré con la mesa llena de cosas para desayunar. Por lo menos no iba a morirme de hambre. Tras comer algunas cosas, Itachi me trajo a este sitio, un claro situado en medio del bosque, junto a un lago con una cascada. Este sitio, según él, era idóneo para todo lo que tengo que aprender, pero a mí no me parece que sea nada especial. Los árboles siguen con las hojas caídas, pues todavía estamos en otoño, mientras que el césped es de un color esmeralda brillante, que resalta por la pureza y claridad de las aguas del lago. El cielo estaba nublado, con cúmulos grandes y grisáceos, por lo que era bastante probable que llegase a llover.
Sin embargo, no hemos empezado el día aprendiendo una técnica nueva, ni tampoco ha comprobado mis conocimientos. Entonces, ¿qué me ha mandado? Dar cincuenta vueltas alrededor de la laguna. Será posible...
Cada vez tenía más y más calor. Hacía mucho que no realizaba ejercicios de resistencia; todavía me quedaban diez vueltas y ya me sentía desfallecer por el cansancio. Mis jadeos cada vez iban más y más deprisa. El corazón me latía cada vez más alterado. Y en varios momentos, se me planteaban preguntas extrañas, que ni yo sabía a qué venían.
Un rato después, acabé de dar las cincuenta vueltas y me dejé caer, quedando sentado sobre el pasto a un par de metros de Itachi.
-¿Ya está? ¿Ya estás tranquilo? -preguntó Itachi como si nada.
-¿Tranquilo? ¿A qué viene eso? -pregunté sin entender.
-Eres hiperactivo; demasiado para mi gusto. Te he observado durante el viaje y también he observado tu manera de actuar. Como no estoy dispuesto a aguantarte gritando por cada cosa que te diga y alterándote por cualquier chorrada, prefiero agotarte físicamente y después comenzar a entrenar. Míralo por el lado bueno, así yo entreno sin enfadarme contigo y tú trabajas la resistencia -dijo mostrando una sonrisa extraña.
-¿Empezamos ya o qué? -dije ansioso sin tocar el tema, aún entre jadeos.
-Claro. Me alegra ver que sigues con tu entusiasmo, pero me parece que te durará poco. Bueno, hoy haremos algo muy sencillo. Quiero comprobar tus capacidades y conocer tus límites. Para ello, le he pedido a Deidara que nos traiga una cosa. Debe estar a punto de llegar, así que puedes descansar hasta que llegue.
Al cabo de unos instantes, el rubio apareció posado sobre la rama del árbol donde estaba apoyado Itachi. Llevaba la capa blanca que le había visto cuando le encontré en la ciudad, y bajo ella se divisaba una ropa casi idéntica a la de Itachi.
-Lamento la tardanza. Me ha costado conseguir lo que buscabais -bajó del árbol con elegancia y gracilidad, para caer de pie, entre Itachi y yo. Colocó con cuidado un pergamino sobre el suelo y lo extendió. Aparentaba ser bastante antiguo, pero sin embargo no tenía nada escrito, tan sólo tenía dibujados unos cuadrados en tinta negra.
-¿Qué es eso? -pregunté curioso.
-Primero te haré una demostración y luego te lo explicaré. Apartaos un poco.
Me puse en pie y junto con Deidara, nos apartamos, poniéndonos casi a la altura de la orilla del lago.
-Allá voy -dijo, formando unos sellos con las manos.
Comenzaron a salir un montón de rayos de su mano, de color azul. Estaba usando un Chidori (Nota: chidori también se conoce como "mil pájaros") Tras invocar semejante cantidad de chakra, golpeó con fuerza y decisión en el primero de los cuadrados del pergamino. La luz que desprendía lo iluminó todo, y cuando la pequeña nube de humo que se había formado se disipó, pudimos comprobar que al papel no le había afectado casi en absoluto. La única diferencia a antes del golpe, era que habían aparecido unas lineas extrañas sobre el papel.
Me acerqué para verlas con detenimiento. No le encontré ningún sentido. Eran un montón de líneas y curvas totalmente hechas al azar.
-Vale, ahora te explico qué ha pasado. Este papel está hecho de un material muy especial. Ese material absorbe el impacto de casi todas las técnicas existentes, salvo las que utilizan chakra de fuego y agua. Al absorber el impacto, también se absorbe parte de tu chakra, lo que hace que se generen unas líneas. Para alguien que no sabe nada del tema, no tienen sentido. Yo soy un experto en el campo, por ello, puedo analizar con precisión el chakra del que golpea el pergamino. Quiero que invoques una técnica cualquiera y que golpees en el siguiente cuadrado. Así, podré saber más sobre todo tu conjunto.
-Oye, ¿cuantas más líneas, más poder? ¿O cómo va esto? -le pregunté.
-Algo así. Es complejo. Pero si que es cierto que si hay pocas rayas, no es bueno. En este recuadro
he logrado... quince rayas. Aunque puedo llegar a las veinte.
-¿Cuántas son lo normal?
-Unas... ocho.
-¿Sólo?
-El ocho es un número curioso para el chakra. Todas las partículas que conforman el chakra buscan la estabilidad. Por eso para algunas técnicas es necesario utilizar su naturaleza, para equilibrar el poder. El problema, es que el equilibrio de mucho poder, requiere mucha energía, que se aprende a controlar con un entrenamiento constante. La naturaleza en sí, no tiene tanto poder, por lo que se adecua a un nivel energético bajo, para que sea posible emplear la energía espiritual sin dañar al organismo.
-Ahhh, entiendo- dije y asentí.
-Tengo entendido que utilizas el rasengan, ¿verdad? Inténtalo con esa.
-¿Con esa?
-El giro y la cantidad de chakra harán que las líneas sean más claras y que me sea más fácil leerlo.
-De acuerdo.
Me separé un poco, con las manos temblorosas. Algo me daba mala impresión, pero no sabía que era. Pensé que lo mejor sería estar callado, así que, me puse en posición de ataque, inclinando levemente las rodillas hacia delante y comencé a acumular chakra en mi mano. El poder comenzó a girar cada vez más deprisa, hasta crear una esfera perfecta. Avancé unos pasos y golpeé el rollo en el segundo recuadro. Se formó una pequeña nube de humo, más pequeña que la de Itachi y una vez que se despejó, me incliné para observar lo que había ocurrido.
Abrí enormemente los ojos y me quedé boquiabierto, pero sobre todo me quedé... decepcionado.
No había ni una sola raya en el recuadro. Tan sólo había, justo en el centro, un pequeño y casi imperceptible punto negro y redondo.
¿Eso era todo lo que podía lograr? Itachi acababa de hacer quince rayas y yo... ¿Yo sólo conseguía un diminuto puntito? ¿Pero qué ocurre? ¿Qué me pasa...?
Deidara e Itachi se aproximaron para ver los resultados, pero a diferencia de lo que esperaba, ninguno mostraba la expresión de desasosiego ni de decepción.
-Tal como dijiste que pasaría, Itachi -le dijo el rubio.
-Lo sé... esto me da una pauta firme para saber por dónde comenzar...
-¿De qué habláis? -pregunté.
Mi sensei me pegó con dos de sus dedos en la frente.
-Te dije que no esperases que te contase todo lo que va a pasar. De todas formas, cuando superes la primera fase del entrenamiento, espero que lo entiendas. Si no, tendremos que bajar muchísimo el nivel y malgastar tiempo muy valioso -dijo acabando la frase con un suspiro.
Mis dos acompañantes se miraron varios segundos para luego asentir al mismo tiempo.
-Ven Naruto, el primer nivel lo tienes que hacer conmigo -dijo Deidara.
Itachi comenzó a recoger el rollo que todavía estaba en el suelo, para volver a ponerse en pie y dirigirse a mí.
-Podría enseñártelo yo mismo, pero Deidara lo domina mejor que yo y además su chakra se adapta mejor al ejercicio -dio como explicación y comenzó a caminar- me voy ya a casa. Deidara, no le dejes que vuelva hasta que logre superar el nivel.
-De acuerdo -asintió el rubio y comenzó a caminar hacia el lago.
Le seguí sin mucho interés. Pensaba que Itachi iba a ser mi único maestro... pero bueno; preferiría que me entrenase Kakashi, pero parece que es imposible. Me pregunto qué estará pasando en Akatsuki, qué estará pasando con Orochimaru y también qué estará pasando con Sasuke...
Cuando llegamos junto a la cascada, Deidara empezó a quitarse la capa y la parte superior de su ropa, quedando con el pecho esbelto y musculoso al descubierto.
-El ejercicio que vamos a hacer es muy típico, pero lo vamos a complicar un poco -dijo mientras se colocaba bajo la cascada.
Se sentó y se cruzó de piernas con total tranquilidad. Cerró los ojos, colocó las manos sobre las piernas y arqueó la espalda, quedando en pose de meditación.
Es cierto que ya había visto realizar ese ejercicio anteriormente, pero creía que sólo servía para fortalecer la musculatura y despejar la mente.
Me quedé mirándole, esperando a que me dijese que le acompañase, pero eso no ocurrió. De pronto, parecía como si se fuese estirando hacia arriba, como levantándose. Pero no, cuando su cuerpo estuvo totalmente estirado, comenzó a a elevarse levemente, estando todavía bajo el chorro de agua, subiendo poco a poco la inclinada pendiente. La pared de agua medía poco menos de dos metros, pero en unos pocos minutos, fue capaz de llegar hasta la cima.
Cuando llegó hasta la parte superior, nadó hasta la orilla y dando un salto, se apareció a mi lado.
-En menos de veinticuatro horas tienes que ser capaz de hacer eso -afirmó rotundamente.
-¿¡Estás de broma!?
-No, en absoluto. Este ejercicio, pretende sacar tu segundo elemento de chakra y aprender a manejarlo a tu antojo. Además, para ti será bastante más sencillo que para Itachi y para mí.
-¿Y eso por qué?
-Porque el chakra de Itachi es del tipo fuego-rayo, mientras que el mio, es roca-agua. El tuyo, por lo que hemos visto en el pergamino, es viento-agua, con lo cual te será más sencillo lograrlo. En sí, lo que se pretende, es que aprendas a transmitir tu chakra al entorno que te rodea y utilizarlo a tu favor.
-Parece complicado.
-Lo es. Pero has conseguido dominar el ejercicio de trepar árboles y el de caminar sobre el agua. Este es el que toca ahora. Sólo es dar un paso más allá de lo que ya tenías. Te aseguro que esta es una de las cosas más sencillas que harás con nosotros.
Asentí sin verme demasiado capacitado para ello. Me quité la parte superior tal y como había hecho Deidara, dejando mi parte superior al descubierto. Di un par de pasos hacia la columna de agua, pero el ojiazul me hizo un gesto con la mano para que me acercase un momento.
-Entre tú y yo; voy a contarte un pequeño truco -dijo en voz baja- cuando subías árboles, aprendías a concentrar chakra en la planta del pie; cuando caminabas sobre el agua, a emitir una cantidad constante; en este tienes que emitir cantidades constantes a unos puntos determinados. Te recomiendo que pongas la mayoría en el torso, la cabeza y los brazos; deja la parte inferior sin chakra.
-Está bien -acepté gustoso el sonsejo y me dirigí bajo la corriente de agua.
Me senté tal como había hecho mi acompañante anteriormente y traté de concentrarme lo máximo posible en lo que estaba haciendo. Acumulé mi energía tal como me habían dicho pero los segundos pasaban y no ocurría nada. Me concentré más aún. Llevé más y más chakra; pero el resultado volvió a ser el mismo.
-Yo me voy a ir a casa -dijo mi "sensei" al cabo de un rato- no te dejaré entrar hasta que me lo muestres. Te dejo sólo para que puedas concentrarte mejor -dijo mientras comenzaba a caminar.
Segunda parte
Mientras tanto, en otra parte del mundo, un ojinegro leía varios rollos con detenimiento, en una habitación prácticamente a oscuras, iluminado únicamente por un par de pequeñas velas.
Se escucharon un par de golpes en la puerta del cuarto.
El joven abandonó su lectura para girar la cabeza y contestar con voz profunda y penetrante un simple "pasa".
-Sasuke, hemos encontrado justo lo que buscábamos... -dijo una voz femenina.
El Uchiha se la quedó mirando sin alterar en absoluto su expresión de seriedad.
-Tráelo. Deprisa -ordenó con firmeza.
La joven, de cabellos largos y de un color castaño rojizo, entró en la sala con una bolsa en sus manos, que dejó sobre la mesa donde se encontraba el Uchiha. De ella extrajo una especie de carpetilla con un sello en la parte central. Formó un sello con la mano y dio un golpe sobre él con el dedo índice. El papel se partió en dos. Se ajustó las gafas y extrajo de ella un pequeño manuscrito que tendió a Sasuke.
El moreno comenzó a ojearlo sin mucho interés. Pasó las primeras páginas a gran velocidad, pero llegó a un punto, donde empezó a ir cada vez más despacio, frenando su ritmo hasta detenerse en una página concreta.
-¡Esto es! -exclamó poniéndose en pie.
Apartó a la chica de un empujón y salió corriendo de la habitación, dirigiéndose a otra distinta.
Tercera parte
Pasadas un par de horas, seguía en la cascada, sin avanzar demasiado en mi entrenamiento. Ya era capaz de erguir ligeramente el torso, pero no llegaba a ponerme de pie ni mucho menos levitar.
Cerré los ojos una vez más, concentrándome en el ejercicio; tratando de fundirme con el sonido del agua. Volví a notar un pequeño cosquilleo en el vientre. El chakra de mi interior comenzaba a fluir por mis entrañas. Noté como poco a poco mi espalda comenzaba a erguirse, pero a diferencia de otras veces, el cosquilleo de mi estómago en vez de desaparecer, se intensificó.
Traté de no hacerle caso y seguí aumentando el flujo; hasta que llegó un momento en el que en vez de cosquillas, comenzaban a darme pinchazos, cada vez más profundos.
Paré de inmediato con lo que estaba haciendo, pero los pinchazos iban cada vez a más y a más. Traté de ponerme en pie, pero las piernas me fallaron. Me temblaba el pulso, comencé a sudar. Los pinchazos comenzaron a convertirse en dolor. Ese dolor comenzó a extenderse hacia el pecho, llegando hasta el punto de comenzar a asfixiarme ¿Qué me está ocurriendo?
Intenté gritar ayuda, pero el dolor no me permitía más que encogerme sobre mi mismo, tratando de alguna manera aliviarlo. Los segundos pasaban y cada vez me sentía más débil. Cerré los ojos, apretándolos con fuerza. Cogí grandes bocanadas de aire pero no llegaban a mis pulmones.
De pronto, abrí los ojos y me encontré con la oscuridad. No lo entiendo. Si itachi ya me ha mostrado su pasado, ¿Qué es esto? ¿Qué sucede?
Avancé un par de pasos, pero no ocurrió nada.
De repente, una luz se divisó a lo lejos y de la nada, apareció él...
Sasuke Uchiha, mi mayor rival, mi mejor amigo, el motivo de mi escapada... ahora estaba delante mía, sonriendo de medio lado. Sin embargo, no estaba tal y como yo le había visto meses atrás. En vez de llevar aquella fina camisa abierta hasta el ombligo, llevaba una chaqueta blanca, con cremallera, cerrada completamente con el símbolo de los Uchihas grabado. Tampoco llevaba aquellos pantalones negros ni aquella especie de "faldita"; en su lugar llevaba un pantalón largo, de un negro un tanto grisáceo. Tampoco llevaba exactamente el mismo corte de pelo. Los mechones de la nuca que llevaba de punta, ya no subían tanto y varios de ellos le cubrían la frente.
Me miró con su penetrante mirada oscura y sonrió de una forma siniestra.
-Al fin lo he encontrado; Itachi ¡Es tu fin!
Continuará...
