Como debía ser

Llegaron al centro pokémon sin contratiempos. Se bajaron en la entrada y se prepararon para entrar…y despedirse

No menciones a nadie sobre mi nombre o mis poderes- dijo Mewtwo a Cristina sin que Iván pudiese escucharlo, ya que se comunicó directamente a la mente de la joven-. Sólo di que me encontraste en la calle luego del asalto y que no sabes más.

La chica sólo asintió con la cabeza y continuó la marcha.

El frontis del centro médico era bastante agradable a la vista. Un enorme edificio blanco casi en su totalidad, a excepción de las cortinas y un par de enredaderas que comenzaban el acenso. El jardín era amplio y bien cuidado, todo lleno de flores y pasto tan verde, que parecía siempre estar recién mojado.

La gran puerta de entrada se abrió antes de que ellos llegaran al lugar, para encontrarse con el hall y varios entrenadores paseándose.

Al contrario de lo que había pensado Mewtwo en su momento, a nadie pareció importarle mucho la presencia de los recién llegados, ya que cada uno estaba más preocupado de sus propios problemas.

Un chanssey les dio la bienvenida y, luego del pokémon, la enfermera, quien los saludó con una amplia sonrisa.

Buenas tardes- les dijo.

Buenas tardes- contestó Cristina

Ho-hola- dijo Iván

….

Eh- se adelantó la joven madre-. El otro día encontramos a este pokémon- señaló a Mewtwo-. Estaba muy enfermo y lo llevé a mi casa, pero en el departamento no me permiten tenerlo así que lo traje ahora.

Ya veo.

Estaba muy mal, tenía fiebre pero logré bajarla, así que yo creo que ahora será más fácil sanarlo.

¿Sabes su nombre y cómo se enfermó?

No, sólo nos ayudó en…-calló un momento. Iván pareció intrigado con la respuesta de su madre, ya que dudaba la verdad, pero el pokémon lo miró de reojo, negando ligeramente con la cabeza y el chico continuó callado-. Sólo lo encontramos en la calle, tosiendo y temblando.

Entiendo- dijo-. Entonces no te pertenece.

No, jamás lo había visto antes. Sólo lo traje porque es lo correcto.

Por supuesto. Él estará bien, sanará rápidamente, te lo aseguro.

Eso espero. Luego se eso, el partirá libre, ¿cierto?

Si no tiene un dueño no podría hacer otra cosa, a menos claro, que exista alguien interesado en quedárselo. Muchas veces vienen personas en busca de algún pokémon sin dueño. Este podría ser el caso.

De reojo Cristina miró a Mewtwo y de inmediato se dio cuenta de que no le agradó para nada esa idea. ¿Tener un dueño? ¡Por supuesto que no! Pero no hizo comentario al respecto.

Bien- dijo la enfermera-. Lo llevaré a una sala para que pueda descansar, ya que, según veo, hiciste un buen trabajo.

He, gracias

Chanssey entonces le indicó el camino al recién llegado y, así, él partió hacia su nuevo lugar de reposo, acompañándose de chillidos, quejidos y mucho ruido por doquier. Sin embargo, al recorrer un trecho de varios metros, se volteó un poco hacia Cristina e Iván, quienes se despidieron suavemente con las manos.

El chico parecía muy triste, pero a la vez, enojado, ya que consideraba que todo lo que sucedió, era una completa injusticia. Mewtwo no estaba molestando a nadie, apenas sí hacía ruido. ¿Por qué debía irse? Pero ya no había caso, no podía correr y llevárselo a casa.

Cristina, en cambio, se veía también triste, pero, al mismo tiempo, resignada. No sólo por el pokémon, sino, por todo. Al verla, Mewtwo se dio cuenta de que la joven ya no podía con más, necesitaba lanzar lejos la carga y huir, pero sabía que no podía hacerlo.

"…deja que yo te sane. No quiero llevarte con la enfermera. Yo quiero que el único que se ha preocupado por mí en mucho tiempo además de Iván, salga de esta casa completamente sano gracias a mí. Por favor."

Continuó caminando rumbo a las habitaciones del centro pokémon, sin dejar de mirar atrás, sin querer realmente despedirse de ellos. Porque sabía que eso iba a suceder, llegaría el momento en que les diría adiós, pero no de esta manera, no así, arrancado de la paz que comenzaba a sentir.

"Realmente es una lástima el que no hayas podido sanarme por completo…Cristina. Y también es una lástima, que no puedas sanarte a ti misma…o que no exista alguien que te ayude a hacerlo" dijo a nadie, ya que no lo proyectó hacia ninguna dirección.

Finalmente entró a otra sala y perdieron el contacto visual.

Los humanos seguían ahí, mirando hacia donde el pokémon ya no estaba. Iván ahora sí se vio más molesto.

No es justo- dijo

Ya lo sé- le contestó Cristina sin mirarlo.

Pero…

Enfermera- le dijo la muchacha

¿Sí?- preguntó ésta antes de alejarse.

¿Cuánto tiempo lleva en este trabajo?

Bueno, mucho tiempo. He dedicado mi vida al centro pokémon.

Y, cuando los cuida, ¿Nunca ha llegado a encariñarse con ellos? ¿Nunca ha deseado quedárselos?

A decir verdad, tal vez un par de veces, pero yo no puedo intervenir en la relación de un entrenador y sus pokémon

¿Y los que no tienen dueño?

Oh, ese sí es un problema, porque nunca sé cuando alguien los querrá. Trato, siempre, de mantener mi profesionalismo. Quiero mucho a los pokémon y hago mi mejor esfuerzo en cuidarlos, pero no llego a encariñarme al punto de no querer dejarlos ir. Además, los pokémon sin dueño parten muy pronto a su libertad.

Ya veo.

Es una lástima que no puedas mantener un pokémon en tu casa, porque noto de inmediato que tú ya te encariñaste con este.

Así parece.

Como él con ustedes.

Cristina tardó en responder, pero sólo lo hizo para despedirse, tomar a Iván de la mano y salir del edificio.

¿Volveremos a verlo?- preguntó el niño cuando estaban en la calle-. Podríamos venir a visitarlo, ¿no?

No.

¿No?- se sorprendió el chico-. ¿Por qué no?

Porque será aún más difícil decirle adiós después.

Pero…

Es mejor así. Esta era la idea desde el principio, ¿recuerdas? Apenas yo bajara su fiebre, íbamos a traerlo al centro pokémon.

Era sólo eso y ya está hecho.

Pero…

No, Iván, ya basta.

Llegaron a la parada de autobuses y esperaron para poder viajar de regreso a casa, a encontrarse otra vez con sus triunfadores vecinos y a pensar en que ya no habría otro que llegase a preocuparse por ellos.

Así era la vida, cruel, tal y como había dicho Mewtwo.

Entonces los días pasaron y los humanos continuaron con su rutina diaria: Cristina al trabajo e Iván a la escuela. El niño llegaba a su casa en las tardes, veía televisión y luego hacía sus tareas, completamente solo hasta que su madre regresaba al anochecer.

Ella se mantenía en la tienda, pensando en su hijo y en lo solo que estaba en casa. En ocasiones temía por él, pero no tenía más opción. Obviamente los vecinos no estaban interesados en cuidarlo ni nadie en realidad, por lo que el chico aprendía a ser un tanto independiente a una edad muy temprana.

Por otra parte, Mewtwo pasó más días de los presupuestados en el centro pokémon. A pesar de lo extraño que pudiera parecer, el estado del pokémon empeoró ligeramente. Otra vez comenzó a toser y sintió un poco de mareo cuando debía levantarse de la cama.

La enfermera continuó medicándolo y le dijo, sin saber si le entendía o no, que tendría que quedarse en el lugar hasta que sanara completamente, ya que, en libertad, podría sufrir una recaída.

Él se sintió molesto, pero pronto acabó resignándose, ya que no tenía demasiadas opciones.

Al contrario de lo que hubiese creído antes, el lugar en donde descansaba ahora no estaba atestado de pokémon doloridos y quejumbrosos. La mayoría dormía tranquilamente y muy pocos alzaban un tanto sus voces, pero sólo para llamar la atención de la enfermera.

El lugar era amplio y bien ventilado, la cama cómoda y tenía agua y comida al alcance de la mano. No era muy distinto a la casa de Cristina y, hasta podría decir, que era mejor, pero aun así, prefería estar allá, tal vez conversando con la chica o con Iván.

"¿Qué sucedió conmigo?" se preguntaba a cada momento, cuando se sorprendía recordando a los humanos que había dejado atrás. "Fueron tan sólo dos días, tan sólo eso, como pude llegar a…"

E intentaba mantenerse tranquilo, sólo pensando en la recompensa final: su tan ansiada libertad.

Cristina, Iván y Mewtwo continuaron con sus vidas como debió ser desde el principio, como se suponía que debían entretejerse los hilos del destino. El pokémon en el centro médico, sin saber de nada más que de su enfermedad, sin haber conocido nunca a una joven madre y a su hijo, quienes, por su parte, seguirían viviendo tal y como había sido hasta ahora.

Así continuaron sus vidas, separados y en orden. O al menos de esta manera se suponía que debía ser.

A la semana de la partida de Mewtwo del departamento, Cristina se acostó temprano porque estaba muy cansada luego de un extenuante día laboral. Su hijo la imitó de inmediato y, pasado muy poco tiempo, conciliaron el sueño.

Pero…

Un ruido extraño despertó a Cristina repentinamente.

No se movió de su cama para afinar sus sentidos y poder descubrir lo que interrumpía sus sueños de forma tan escalofriante, mas, al parecer "eso", ya sabía que la chica estaba despierta, porque el sonido cesó por completo.

Entonces la joven se levantó de su cama para averiguar qué era. Caminó en la oscuridad, asustada y temblorosa, pero sin atreverse a huir sin atacar primero. Conocía de memoria su casa en la oscuridad, pero aun así, avanzó vacilante.

Llegando entonces, a la puerta de la habitación, una pared humana la detuvo y, antes de que pudiese siquiera realizar una mínima acción, fue tomada de los brazos con violencia y, a la velocidad de un rayo, un cuchillo se posó en su cuello.

Tú tienes algo que me pertenece- dijo la voz de un hombre al que la joven no quería escuchar-. Y según veo ya no tienes a tu amiguito para que te salve, así que más vale que cooperes.

Otra vez en la oscuridad, otra vez atrapada, ahora en su casa, pero bajo las mismas circunstancias. Podría gritar pero nadie vendría en su ayuda. Sabía que, ahora sí, estos hombres no partirían con las manos vacías, querrían algo más que dinero, ya que el deseo de venganza por lo sucedido en la calle los había traído hasta su casa.

Iván dormía, pero seguramente, no por mucho tiempo.

En ese momento, sin embargo, tenía tres cosas en su mente, y sólo tres cosas. Que su hijo estuviese a salvo, que ella estuviese a salvo y el deseo de que Mewtwo estuviese allí, con ella, para ayudarla… a estar a salvo.