CAPÍTULO 8
- Pero si eso es imposible.
- Lo has hecho - dijo Regina con los ojos enrojecidos y con una sonrisa nerviosa.
- ¿Cómo?
Todo cobró sentido en la mente de la morena y un rayo de esperanza prendió vida en su cara.
- No, no lo es - comenzó a decir - tú, tú eres la salvadora.
- No creo que funcione de esa manera.
- Sí, sí que funciona de esa forma, vuelve a tocarme - dijo con un tono de desesperación en su voz.
- Regina...
- Por favor - suplicó.
Emma la miró y lo hizo. Acercó su mano a la de la morena y finalmente contactaron. Regina se había imaginado una sacudida, una especie de calambre, pero, no ocurrió nada, absolutamente nada.
- No... - negó con la cabeza.
- Es imposible.
- Sé lo que he sentido antes - dijo de forma cabezota.
- La mente es muy poderosa.
- ¿Qué me intentas decir? ¿Qué estoy loca? Lo tengo más que presente.
Emma ignoró ese comentario.
- No lo estas. Lo que quiero decir es que la mente sigue sin estar controlada del todo. No se sabe al cien por cien lo que puede deparar. Ni los médicos la controlan copletamente.
- No te sigo.
- Sí que lo haces, déjame acabar.
- Hablas despacio - le cortó la morena.
Emma sonrió y sacudió la cabeza.
- ¿Hablo despacio? – Repitió la rubia mientras la otra asentía – Que sepas, que si hubiésemos estado hablando por mail o por whatsapp te hubiese contestado con una carita de "facepalm".
Regina rió con ganas y Emma se la quedó mirando con media sonrisa dibujada en la cara. Por lo menos había conseguido que lo ánimos se calmasen y, la había hecho sonreír. No, reír. Y menuda sonrisa que tenía.
- Pero no lo estábamos haciendo, ¿A qué venía eso sheriff? – preguntó con media sonrisa.
- Ni idea, pero me apetecía decirlo, prosigo.
- Sí, prosiga.
La rubia había conseguido relajar a Regina. Tras la decepción que la había golpeado hacía tan solo unos minutos atrás, ahora se sentía mejor.
- Lo que quería decir antes - dijo poniéndose seria - recuerda lo que sentías cuando podías percibir el contacto de la gente y proyéctalo. Juega con tu mente. Crea tus propios sentidos.
Regina se la quedó mirando, fascinada. Tan solo a Emma se le podían ocurrir ese tipo de cosas...
- Pero no me he inventado que te he sentido cuando me has tocado la mano.
- Puede ser, también puede ser que tu mente te haya pasado una mala pasada, ahora no me has sentido.
- No, no lo ha hecho, ahora no te he sentido, pero antes sí, de lo único de lo que me arrepiento es de no haberlo podido disfrutar.
Emma sintió como si le clavaran algo en el estómago.
- Aunque hayas sido tú...- soltó Regina de inmediato con un tono repulsivo cuando se dio cuenta de lo que podría haber revelado.
Emma puso los ojos en blanco y sacudió la cabeza. De repente, se le abrieron los ojos y soltó:
- Eres una cerda Regina Mills, ¿hace cuánto que no cuidas tu higiene? – espetó a la morena tras haber captado finalmente el hedor.
La morena bajó la mirada y la escondió, evitando así los ojos de Emma.
- Eres una grosera Emma Swan.
- Y tú una mujer que descuida su higiene y salud – miró detenidamente el pelo de Regina – con la grasa de tu pelo se podrían volver a dar vida a los cerdos.
Harta de escuchar aquellas barbaridades la morena le plantó una bofetada a Emma.
- ¿Qué demonios? ¡Te lo estaba diciendo en broma!
Pero a la morena le daba igual, lo que la rubia había dicho, sino el porqué había permitido a ella misma descuidarse de esa manera y se encontraba sumida en un mar de lágrimas.
-¿Te das cuenta de lo inestable que eres verdad? – comentó la rubia mientras dejaba que Regina llorara, quería consolarla, había sido ella quién le había hecho eso y se sentía culpable, pero trataba de otra forma, a su estilo, ayudar – como una bomba de relojería, lo que me lleva a preguntarme cuanto tiempo nos queda antes de que estalles.
A su manera…
- Me parece estar recordando un día en que tu madre me comentó, que más descerebrada y no hubieses nacido – dijo con un tono de rabia interior – parece que al fin y al cabo la petunia esa y yo estamos de acuerdo en algo.
Bueno, por lo menos he conseguido que pare de llorar – se dijo Emma a sí misma – algo es algo
- No menciones a Mary Margaret.
- No menciones mi nombre junto con bomba de relojería – dijo mientras se secaba las lágrimas.
- Siento lo que he dicho, no pensaba que fueses…
- ¿Te crees que he llorado por lo que has dicho? – dijo en tono burlón – no tienes ni idea.
- Dámela entonces.
- Que te crees, ¿que venir a mi casa y verme llorar te convierte en mi mejor amiga?
- No, lo que creo es que te estás recluyendo en tu interior, que te has estado matando poco a poco, y que no has dejado que nadie te ayude, que te piensas que estabas sola, pero me tienes a mí – dijo seriamente – me tenías.
Dijo mientras se levantaba de la cama y se dirigía a la puerta.
- Quiero ayudarte, pero no sé cómo si no me ayudas y me está resultando imposible…
Regina vamos, reacciona, déjame ayudarte – deseó Emma.
Vamos Regina, agárrala y estámpala contra la pared – se dijo Regina a sí misma – ¡ahora!
- ¡Emma! no te vayas – dijo la morena levantándose de la cama y caminando a paso firme hasta la sheriff.
La agarró del brazo y la atrajo hasta ella, dejando sus cuerpos a tan solo unos centímetros.
- Por favor, no te vayas.
