Capítulo 7: Error de una noche.

Su espalda chocó contra la pared de las escaleras mientras subían casi a tropiezos por ella. Más de una vez, Kageyama tuvo que sujetar la cintura de su amante para evitar que éste se cayese al no levantar lo suficiente el pie para superar el peldaño, sin embargo, pese a los tropiezos, ninguno dejó de sonreír y besarse con pasión. Hinata sabía que todo aquello estaba mal, que Kageyama tenía novio y que, para colmo, su propio padre estaba intentando casarle con el hijo de un alto empresario, algo… que no quería contarle a Kageyama pero de lo que deseaba huir.

Nunca estarían juntos, lo tenía demasiado claro, quizá por eso, aún sabiendo que aquello estaba mal, necesitaba hacerlo, necesitaba sentir al amor de su vida al menos una vez antes de que todo acabase.

Se agarró con fuerza al cabello de Tobio, enredando sus dedos en su corto y moreno pelo intentando camuflar en aquel arrebato y aquel beso, la traicionera lágrima que bajaba desde su ojo y recorría su mejilla, sin embargo, la lágrima chocó contra el pulgar que Tobio tenía posicionado en la mejilla de Hinata. Un segundo se separó Tobio al sentir aquella humedad.

Hinata permanecía con los ojos cerrados, pero esa lágrima era bien visible para un adolescente Kageyama que no entendía nada. No sabía si aquello significaba que tenía miedo por lo que iban a hacer, o si simplemente era presa de la felicidad de estar juntos, puede que fuera una mezcla de ambas o podría ser tristeza… no entendía el motivo que tendría Hinata para llorar en aquel instante, pero cuando trató de hablar, sintió nuevamente los labios del menor devorándole con pasión y fogosidad.

Entendió en aquel instante, que Hinata no quería hablar del tema, tan sólo quería sentirle, quería continuar con lo que estaban, por lo que, cogiéndole por la cintura, le arrastró nuevamente hasta el final de la escalera y lo empotró con fuerza contra la puerta cerrada de su habitación. Buscó a ciegas con su mano libre el pomo de la puerta, sin soltar ni por una milésima de segundo a ese chico al que tanto deseaba.

Todo su cuerpo temblaba por la excitación mientras acercaba la cintura cada vez más hacia la entrepierna de Hinata, rozando sus miembros con perversión y lujuria, sin ser capaces de soltar sus labios ni siquiera para permitirse gemir. Finalmente, los largos y ágiles dedos de Tobio encontraron la manivela permitiéndole entrar en la habitación.

Sus pies se movieron al instante hacia el interior, pero un leve quejido salió de los labios de Hinata cuando sus pies se enredaron con algo y cayó hacia atrás, impulsando a Kageyama junto a él. Sabiendo el moreno que la cama estaba cerca, ni siquiera se inmutó en tratar de sostener al chico. Separó sus labios de los suyos evitando hacerse daño en la caída y volvió a atraparlos unos segundos después tras apartar de una patada la camiseta donde se habían enrollado los pies del pequeño.

La mano de Kageyama cogió con fuerza la nuca de su camiseta y tiró de ella arrastrándola por su espalda hasta sacar la cabeza y poder lanzarla a un lateral. Muchas veces, Hinata había visto medio desnudo a ese chico en el vestuario, pero aquella vez era diferente. Su blanquecino cuerpo lucía tan fuerte como de costumbre. Kageyama sonrió sutilmente al ver cómo Hinata se sonrojaba y llevaba su temblorosa mano hacia los músculos de su abdomen tratando de tocarlos.

Temblaba, no sólo su mano, todo su cuerpo temblaba ante lo que iban a hacer, estaba nervioso, excitado y todavía dudaba sobre si era correcto o no, pero Tobio no le dio tiempo a pensar en nada más cuando levantó la camiseta del menor y recorrió con su lengua desde el ombligo hacia su pecho.

La espalda de Hinata se arqueó dejando escapar un ligero gemido antes de cerrar los ojos con fuerza por la vergüenza que sintió. Se tapó la boca con su mano, pero Tobio, al ver lo que ese pequeño trataba de hacer, agarró su muñeca con fuerza y la atrapó contra el colchón evitando que silenciase los ruidos que luchaban por salir.

- Déjame escucharte – dijo sin más antes de hundir una vez más su cabeza bajo la camiseta del pequeño y atrapar sus pezones con los labios.

Su lengua jugueteó con ellos, poniéndolos cada vez más duros, dejándose embaucar por aquellos sonidos que Hinata no podía retener. Las manos de Tobio agarraron con fuerza la cintura del pequeño, dejando que se arquease más y le permitiera seguir jugando con su pecho, lamiéndolo y mordiéndolo con fogosidad.

Kageyama siempre había visto algo especial en su compañero, se dejaba influenciar por su vitalidad, pero jamás esperó llegar a algo como aquello. Siempre pensó que estaba enamorado de su novio, que sentía algo por él, quizá nunca se dio cuenta de que en realidad amaba a ese chico de gran vitalidad que siempre le acompañaba. Le había visto como su mejor amigo, pero sentía… que quizá… darse cuenta él mismo de aquello y decírselo a Hinata, habría podido ser un problema, pero ahora estaban allí.

Sólo incertidumbres era lo que causaba aquel impulso que habían tenido por la bebida. Ni siquiera podían estar seguros de que aquello fuera real y no una simple excitación por el alcohol que habían ingerido, pero lo que sí sabían… era que ambos deseaban sentirse el uno al otro en ese preciso instante.

Las sensuales manos de Kageyama bajaron de la suave textura de la piel de Hinata hacia el cinturón. Con precisión, lo desabrochó y elevó el trasero de Hinata para conseguir quitarle el pantalón.

Tan sólo un segundo se levantó del pequeño cuerpo de Hinata para quitarse él mismo los pantalones. Fue el mismo instante donde el pequeño trató de tapar su miembro medio erecto bajando su camiseta y doblando la rodilla para evitar que le viera. Ese gesto hizo que Kageyama sonriera tras quitarse los pantalones y lanzarlos bajo la cama.

- Vamos, Hinata… no seas tímido ahora.

- Es que…

- Estás nervioso, lo sé – susurró Kageyama tumbándose encima de él de nuevo – pero no tienes que estarlo, me gusta lo que veo.

Pese al sonrojo aún existente en su rostro, Hinata empezó a bajar la rodilla lentamente, aunque seguía sin apartar las manos que bajaban su camiseta cubriendo su intimidad. Fue Kageyama quien, lentamente, cogió sus manos y las apartó para poder verle mejor.

Ese sonrojo le tenía anonadado. Hinata era simplemente perfecto. Tímido, nervioso, hiperactivo y, a la vez, tierno, dulce y tremendamente perseverante. Un nuevo beso apasionado llegó entre ambos justo cuando Kageyama cogía con sus manos aquel miembro erecto de Hinata y lo acercaba al suyo, rozando ambos juntos, moviendo su mano para darse placer, gimiendo los dos juntos, ahogando esos sonidos el uno en la boca del otro.

Del cajón, Kageyama sacó un bote de lubricante y lo abrió para untarse los dedos con ella. Hinata abrió un solo ojo para ver lo que ese moreno estaba haciendo, pero no dijo nada, continuó el beso, agarrándose más al cuello de aquel chico, enredando sus dedos en aquel cabello.

Con suma delicadeza, introdujo primero uno de sus dedos, consiguiendo que Hinata diera un leve quejido y sonriera por lo frío que estaba aquel gel. Kageyama sonrió también tratando de restregar los dedos para calentar un poco el gel antes de intentar introducir de nuevo aquel dedo.

Uno tras otros, Kageyama introdujo hasta tres dedos, moviéndolos suavemente en su interior sin dejar de dar placer a ambos miembros, sin dejar de morder seductoramente el lóbulo de la oreja del pequeño, pasando a sus labios de vez en cuando para besarle con pasión.

Los gemidos y suspiros de Hinata pronto le hicieron ver al moreno que todo estaba preparado, que sus dedos ya no alcanzarían mayor profundidad para darle más placer, así que untó parte del gel sobre su miembro y la restregó por él junto a la entrada del chico.

Se posicionó mejor para poder introducirse con mayor facilidad en él y lo hizo con mucho cuidado pese a que la entrada estaba prácticamente abierta para él. Hinata frunció el ceño al sentir el miembro de Kageyama entrando en él, más ancho de lo que eran sus dedos, con algo de molestia al principio pese al gel lubricante que había puesto.

No se detuvo hasta que estuvo completamente dentro, dejando escapar un leve suspiro de placer por la estrechez que le proporcionaba. Todo allí dentro era calidez y placer, suspirando con tranquilidad, moviéndose lentamente dentro de él y cogiendo mayor velocidad poco a poco.

Ambos disfrutaron de aquel momento, movidos por el alcohol en su sangre, movidos por la excitación que sus cuerpos desprendían. Apenas tardaron en correrse entre el sudor de sus cuerpos, los gemidos y el placer al que habían sucumbido.

Kageyama se dejó caer al lado de Hinata, saliendo de él y pasándole unos pañuelos de la mesilla para que se limpiase su propio semen que había caído sobre su abdomen. Él aprovechó para limpiarse su miembro y abrirle las piernas a Hinata limpiando su entrada, que aún sacaba parte del semen de aquel chico. Los dos se durmieron al instante.

Hinata se acurrucó en la cama recordando aquello, recordando cómo se marchó de su cama y de su casa como un ladrón, a hurtadillas, avergonzado por lo que había hecho. Cuando llegó a su casa, su padre tan sólo le esperaba para comunicarle ese espléndido negocio que tenía con un empresario amigo suyo para casarle con su hijo. Jamás se lo contó a Kageyama y cuando a los días volvieron a verse en los entrenamientos, pese a que Kageyama trató de hablar con él, Hinata le esquivaba para no tener que contarle lo que su padre planeaba.

Tan sólo una conversación tuvieron en aquel momento, una única conversación donde Hinata prácticamente le felicitó por su noviazgo y por aquel contrato que le habían dado. Ahora estaba allí, en esa casa, casado con el hombre que su padre le impuso, con su vida hecha añicos y lo único que parecía tener sentido en su vida… era ese maldito recuerdo del amor que sintió por Kageyama y su hijo. Sólo por su hijo seguía adelante con esa maldita vida.

Tumbado desde su cama, veía cómo las gotas de lluvia impregnaban su ventana. Ni siquiera sabía el motivo por el que ahora se estaba acordando de la vez en que Hinata y él se despidieron, aquella vez donde trató de decirle que prefería quedarse con él a marcharse a otro equipo, aquella vez que intentó decirle que se había dado cuenta de que le amaba y que dejaría esa relación con su actual novio, pero Hinata estaba tan raro desde aquella noche en que se acostaron que no se atrevió. Le alejó, le felicitó por marcharse a otro equipo con una gran sonrisa, le felicitó por su noviazgo y prácticamente le prohibió volver a sacar el tema, tenía marcado a fuego sus palabras "sólo un error". Para él no había sido un error, había sido más, se había liberado. Sabía que le amaba pero… aquella distancia que Hinata puso entre ambos acabó haciendo que se decidiese por irse con su novio a Estados Unidos a jugar.

- Mierda – susurró Kageyama - ¿Por qué me alejaste de esa forma? Pudimos estar juntos.

O eso pensaba Kageyama, pero sólo podía recordar cómo él le alejó y cómo luego, pocos años después, su novio le abandonó por otro colocador, el nuevo colocador del equipo. Cayó bajo, la depresión por verse abandonado de nuevo hizo que Kageyama perdiera de vista el juego, su buen juego para finalmente… conseguir que le quitasen su puesto y le sentasen en el banquillo.

- Maldita sea – se quejó una vez más dando un puñetazo contra el colchón antes de colocar su mano en la frente – debí quedarme en Karasuno contigo, idiota. Hacíamos un buen equipo. Tengo que recuperar mi juego, Hinata… y sólo lo haré si tú estás a mi lado. No puedes dejarlo ahora.