—Te lo resumo así, Naruto: Sasuke es un niño genio, cualquier problema de matemáticas, álgebra, datos sobre historia, geografía, procesos químicos, lo que se te pueda venir a la mente, no representa ninguna dificultad para él. Tan es así que incluso programas avanzados como el mío no son tanto reto, pero al menos se mantendrá más ocupado que si estuviera en clases regulares.

Naruto asintió aún con cara asombrada. Sabía que Sasuke era brillante, pero no imaginaba que a ese punto de inteligencia. Intuía ahora porque le parecía tan sencilla la escuela y no tardó mucho en lograr estar al corriente en las clases, pero Naruto sabía también que aquello fue más por Uchiha Itachi, siendo el enorme árbol que tanto opacaba a Sasuke, suponía Naruto entonces, que Sasuke presionó tanto su cerebro que ahora era una esponja automática. Succionando tanto conocimiento como le fuera posible, así quisiera o no hacerlo.

—¿Qué crees que pasa con esta clase de chicos, Naruto, si se les deja de lado? —preguntó Kakashi, sacando a Naruto de sus pensamientos, éste atinó a encogerse de hombros sin saber la respuesta. —Se descarrilan. Empiezan a ver la escuela como un absurdo sin retos, dejándola enseguida para ocupar su mente en otras cosas.

—¿C-como qué cosas? —preguntó Naruto pesadamente.

—Algunos pueden simplemente ponerse a trabajar en algo que ocupe sus mentes, otros irse de vagos consumiendo drogas matando sus neuronas... los más peligrosos son los que usan su inteligencia para motivos personales. Siendo capaces de burlar a cualquiera y crear planes perfectos que dejen a más de uno muerto.

—S-Sasuke... ¿Un asesino? No, esto es de locos. Está deschavetado, viejo. —gruñó Naruto dando un fuerte golpe a la mesa haciendo que el vaso con café tambaleara. —Sasuke sería incapaz de convertirse en algo como lo que usted dice, es muy inteligente y sabe que...

—¿No estás escuchando, verdad, mocoso? —interrumpió Kakashi sin inmutarse del arranque de Naruto. —Es un posible escenario, no es nada seguro. Para evitar que niños genios caigan en el círculo vicioso de la rutina se les asignan clases especiales donde puedan explayarse a sus anchas. Sasuke, a diferencia de Sakura, tiene más probabilidades de caer en uno de esos círculos, por la falta de interés en su familia y el obvio asesinato de sus padres.

Naruto entonces decidió sentarse de nueva cuenta, Kakashi lucía demasiado calmado.

—Entonces, ¿Escogió a Sasuke por su perfil psipo... cinco...? ¡Argh, esa cosa! ¿Eh, eh?

Kakashi sonrió y asintió.

—Mi fuerte es enfocarme en niños con perfiles psicológicos más complicados —Kakashi adoptó una postura más relajada, mirando en dirección a la ventana que daba al patio de juegos. —, pero Sasuke se ha negado día con día a formar parte del grupo.

—¡Tiene que convencerlo! —chilló Naruto cómicamente desesperado. —¡Imagínese si no lo hace! ¡Tendremos un asesino en potencia matando media escuela! —se calló un momento. 'Y al primero que matará es a mi por metiche' lloró el pobre rubio.

—En serio eres escandaloso. —Kakashi ladeó abromado la cabeza. —Sasuke no se convence tan fácil. Tiene una razón de bastante peso para quedarse en su curso actual.

—¿Eh? —Naruto sonrió cómplice. —¿Cuál es? ¿Cuál es? —ahora el morbo infantil salía a flote, corrió su silla hasta quedar muy pegadito de Kakashi.

Kakashi volteó a verle, pero en lugar de contestarle simplemente le sobó la cabeza despeinándolo, a su vez que una sonrisa se dibujaba en los pliegues de su cubre bocas.

—Una escandalosa e hiperactiva razón.

—¿Ah? ¡Oiga, me está hablando en claves! ¿Cuál es la razón de Sasuke? —exigió saber Naruto apartando de un manotazo la mano de Kakashi.

—Regresa a tus clases, Naruto. Tú eres un chico promedio, tú necesitas al menos setenta horas al día para sacar una calificación pasable.

—¡Argh, no me toque las narices! ¡Ya voy saliendo del paso solo! —siguió a Kakashi con la mirada, ya que éste se retiraba, se dejó caer pesado contra la silla meditando en toda la información que ahora sabía. El profesor Kakashi quería llevarse a Sasuke a un curso para cerebritos, pero el pelinegro no cedía en lo absoluto. ¿Por qué? era la cuestión. Naruto conocía a su amigo y sabía que si tenía la oportunidad de humillar a otros lo haría enseguida, y más si era Naruto el humillado, pero entonces... ¿Por qué seguía en sexto? ¿Cuál era la razón de peso de Sasuke para continuar con ellos?

—Una escandalosa e hiperactiva razón...—susurró Naruto para sí mismo, tenía los brazos cruzados como si la postura le fuera ayudar a pensar mejor. — Escandalosa e hiperactiva —continuó repitiendo. —, escandalosa e hiperactiva... —su rostro cambió ligeramente a uno abochornado con las mejillas sonrojadas. —Escandalosa... hiperactiva... —su cabeza se ocultó contra sus brazos y su cuerpo presentó un ligero estremecimiento. —Escandaloso... hiperactivo... ¡Soy yo! ¡No se va por mí! —gritó brillante de felicidad Naruto ganándose miradas curiosas de los pocos presentes en la cafetería. —Un momento... ¡SABE QUE ME GUSTA SASUKE! —gritó atormentado.

Pasaba ya la primera mitad del día, las clases transcurrían igual de aburridas a los ojos de Naruto que intentaba balancear un lápiz sobre su nariz, cosa un tanto imposible si se tiene el cuerpo inclinado hacia el frente. De tanto en tanto, le lanzaba a Sasuke significativas miradas que provocaban una torpe risilla. Se sentía especialmente importante, el que Sasuke no abandonara sexto por seguir a su lado hacía que su corazón saltara apurado de emoción y su cara se sintiera muy caliente. Naruto sabía que Sasuke era un chico por demás frígido en cuestión de emociones, jamás le diría algo si quiera cercano a un "Me agradas" y ya pedir un "Te quiero" era como pedirle peras al olmo. Por eso, el saber que era una razón de peso para el pelinegro de quedarse en sexto era como una especie de aceptación a sus sentimientos por parte de Sasuke.

—Ne, Sasuke...—habló Naruto en bajito para que el profesor no les regañara. Sasuke no despegó sus ojos del pizarrón, pero un sencillo -Hm- motivó a Naruto de seguir hablando. —¿Me esperas saliendo de mi práctica de karate?

Sasuke le miró por el rabillo del ojo, con un gesto de entera duda.

—Claro que no. No puedo llegar tarde a mi casa.

—Serán unos minutos —insistió Naruto. —, además, puedes decir que tuviste que quedarte por alguna tarea, o ayudando a alguien, yo que sé. ¡Ándale!

—No y cierra la boca que quiero concentrarme.

Naruto le lazó una profunda mirada de reproche y entre dientes masculló: —Como si necesitaras mucha concentración.

Los ojos negros del otro chico ahora estaban puestos fijamente sobre su compañero de alado, Naruto no parecía nada consciente de sus palabras, pero Sasuke sabía que esa ignorancia podía pasar como una simple tetra por parte del rubio para conseguir lo que quería.

—A las cuatro en punto. Si tardas un minuto más te olvidas de todo. —sentenció Sasuke a lo que Naruto, sin moverse ni un poco de su lugar, sonrió triunfante. Sasuke se enojó, más porque sabía que cayó en la treta de Naruto y éste se lo restregaba en la cara con esa risilla oportunista y traicionera.

—¿Has logrado dar con él?

—No, si Itachi le dio el collar a Sasuke es obvio que el chico ya no lo tiene, nadie juicioso conservaría algo de alguien que le arrebató todo en la vida. —la voz profunda y vieja se escuchó del otro lado del despacho donde dos hombres separados por un escritorio de caoba se miraban fijamente.

—Tal vez, pero bien sabemos que en la antigua casa de Mikoto no estaba, por ende Sasuke aun debe conservarlo. —Madara tenía fijo sus ojos rojos sobre su interlocutor que lucía un poco ansioso y con insistencia se removía en su silla. —Itachi nunca le dijo nada, pero le dio la llave para descubrir todo... supo mover muy bien sus cartas y ahora estoy en esta encrucijada.

—Dudo mucho, señor Madara, que Itachi hubiera cumplido su palabra, después de todo el chico ya estaba algo tocado, seguramente se inventó esa historia del collar para tenerlo alerta de un supuesto complot y que dejara al joven Sasuke.

Madara giró un poco su silla y quedó de perfil a su acompañante, una sutil sonrisa se formó en sus labios y el otro sujeto cada vez rezaba más por acabar la cita.

—Mi buen amigo, Danzo... Itachi nunca jugó de manera irresponsable. Cada cosa que hizo la manipuló a su antojo, cada pieza del ajedrez está a su favor para mi mala suerte.

—Pero usted tiene al niño. —atribuyó Danzo como un incentivo.

—Sí, es cierto. Sasuke está en mis manos, pero quiera o no admitirlo, eso también era parte de los planes de Itachi. —gruñó Madara pasándose una mano por el largo y espeso cabello negro. —En alguna parte de la ciudad Itachi tiene a otro involucrado, no hubiera dejado a Sasuke en mis manos de no tener un As bajo la manga. Tengo que dar con alguno de los dos, ya sea el collar o ese maldito apoyo.

—Sería más sencillo dar con esa persona que seguir buscando un collar, ¿No lo cree? —propuso Danzo. —Después de todo no estamos hablando de la policía o algún hombre de gran peso en la ciudad, seguramente era algún amigo de su sobrino. Si me permite decirlo, discrepo de tanta inteligencia por parte de Itachi, incluso me parece demasiado presuntuoso de su parte el creer que aun muerto la situación está controlada. Tuvo que haber cometido algún error.

—Tal vez, pero como hasta ahora todo ha resultado como Itachi tanto predijo, no puedo confiarme. —apuntó Madara. —Ya sea dar con el espía o el collar, cualquiera de los dos me asegura una victoria. Busca posibles aliados con los cuales Itachi pudo congeniar. Todo el mundo tiene un precio, únicamente se debe saber llegar a él.

—¿Un precio? —Danzo estaba confundido. —¿Planea dejar con vida y millonario al que posee la única manera de destruirlo?

Madara negó con el dedo índice. —Danzo, tú ocúpate de encontrar al bastardo espía. Itachi tenía gran afín con mi padre, ahora que lo recuerdo. Pero el viejo quedó tan deschavetado tras la muerte de Mikoto... igual ve a sacarle información al viejo Orochimaru. Itachi seguro algo le dijo.

—¿A Orochimaru? Señor... el hombre apenas sabe donde está parado, dudo que sea de ayuda alguna. —Danzo calló sus siguientes quejas al ser perforado por esa gélida mirada.

—¿Acaso dudas... de mi posible teoría?

—N-no... claro que no, s-sólo pensaba que...

—Ah, tu pequeño error. Tú no piensas, Danzo. Actúas bajo mis órdenes sin discutirlas.

Danzo asintió mudo, sabía de sobra que cuando Madara empezaba a hablar con esos aires prepotentes y frívolos era porque no se tocaría el corazón para matarlo ahí mismo.

—Por eso mismo, Danzo... no permitiré otro error. Mi paciencia se acaba y no puedo avanzar tanto como quisiera con Sasuke mientras el espía y el collar estén fuera de mi alcance. Otro error más, y tu existencia quedará anulada.

Danzo tragó pesado. Madara no amenazaba en balde, si volvía a presentarse frente al Uchiha sin el collar o el espía, su existencia se reduciría a huir de Madara con un fin donde saldría perdiendo.

'Me estás causando más problemas de los esperados, Itachi...' pensaba Madara con la vista fija en el cielo despejado. 'Aún así, si las cosas no resultan como lo espero siempre puedo eliminar las evidencias.' sus ojos bajaron hasta una fotografía donde Mikoto cargaba a un pequeño Sasuke de tres años, su pulgar acarició el rostro de la mujer. 'Sería una pena... es lo único que me queda de ella...'

—¿Dormir en tu casa? —Sasuke no dejaba de plantearse las posibles dolorosas, lentas y sádicas muertes que podría implementar en Naruto. Detenerlo hasta tarde en la escuela, soportando a los aniñados, ruidosos y molestos alumnos de la escuela por semejante tontería.

—Nunca nos hemos quedado en la casa del otro y como la tuya es más una casa del terror, decidí que sería genial que te quedaras a dormir en mi casa. Después del festival, como un regalo de tu parte por mi triunfo. —Naruto se veía motivado, había tenido un entrenamiento de karate muy estimulante y con el recién baño sus energías estaban cargadas.

—¿Triunfo? —alzó una ceja escéptico. Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Sasuke. —¿Hablas de un triunfo que ni siquiera tienes aún?

—¡Pero lo tendré, teme! ¡Ya lo verás! —le soltó él. —¡Y ese día, te quedarás a dormir en mi casa y te diré algo muy importante!

—Dímelo ahora. —apuntó Sasuke tranquilo.

—No. No me siento listo. Con mi triunfo ganaré coraje. —Naruto empuñó la mano en frente del rostro de Sasuke, adornando sus labios con esa sonrisilla pícara.

Se miraron por unos minutos que a Naruto le parecieron eternos, hasta que notó como la boca de su amigo formaba unas palabras.

—No me quedo en casas ajenas. —sentenció Sasuke cruzando los brazos.

—¿Eh? ¿Por qué no?

—Porque no, dobe.

—¿Acaso mojas la cama?

—¡¿Q-qué?! —un nuevo tic asomó en el ojo de Sasuke.

—Si ese es el problema ponemos plástico bajo las sabanas y asunto arreglado.

—Oye, yo no...

—¿O te chupas el dedo? —interrumpió Naruto.

—¡Escucha cuando te hablan! —chilló Sasuke irritado.

— Te lo llenamos de chile y verás que ya no te lo vuelves a meter a la boca.

Sasuke sintió las mejillas tan calientes, pero no por vergüenza, si no del coraje por ver que Naruto pensaba que a su edad de doce años aun mojara la cama o peor ¡Que se chupara el dedo! Un fuerte coscorrón detuvo la perorata de Naruto.

—¡Eres un guarro! ¡¿Qué demonios tienes en la cabeza para suponer semejantes idioteces?!

Naruto se sobaba la cabeza. —¡No lo digo molestando! Propongo soluciones, es todo.

—¡Nadie te pidió soluciones sobre algo que no es un problema! ¡Dobe! —el sonrojo no disminuía de su cara, Sasuke se sentía más acalorado.

—¿No es un problema? —sonrió más tranquilo olvidando el golpe en su cabeza.

—Claro que no. —desvió el rostro abochornado.

—Usas pañal entonces. ¡Eso es excelente y práctico!

Otro golpe cayó directo contra la mejilla de Naruto, el niño no sabía cuando callar.

—¡Bien, en vista de que no hay inconvenientes, después del festival te llevaré a mi casa! —apuntó Naruto recuperado del golpe, aunque el enorme chichón en su cabeza tardaría en sanar.

—¡Yo no he aceptado nada! —reprochó Sasuke irritado.

—Pero tampoco tienes excusas de peso para negarte. —refutó Naruto con esa sonrisilla tramposa que tanto le gustaba presumir frente a Sasuke.

—Maldito, dobe. —gruñó Sasuke sintiéndose acorralado de repente. —Lo pensaré. —fue su repuesta al momento que desviaba el rostro y se cruzaba de brazos sin querer ceder ante el otro.

—¡Eso! —Naruto se acercó a Sasuke y siendo rápido para que nadie los viera, le besó superficialmente en los labios logrando que Sasuke relajara un poco el cuerpo y se quedara un rato disfrutando del calor de los labios de Naruto y viceversa. —Ya no nos habíamos besado —rió quedito. —, se sintió bien, ¿No?

Sasuke asintió lento, no iba admitir que sentir los labios de Naruto después de varios meses era algo relajante. Esquivó la mirada avergonzado, pero Naruto pudo ver en esas joyas negras que Sasuke también quería ese tipo de contacto con él. Rodeó el cuerpo de su amigo pegándolo tanto como le fuera permitido, pero Sasuke no correspondió el gesto.

—Quédate... por favor. —pidió Naruto aun con esa sonrisa pícara, pero mostrando en sus ojos esa pequeña súplica por ver ceder a Sasuke.

—Te dije que lo pensaré. Confórmate con eso por ahora. —Sasuke decidió que ya habían estado mucho tiempo pegados, se alejó del rubio un par de pasos y caminó en dirección a la salida del colegio. Naruto lo veía marchar. Lo tenía decidido, la noche que Sasuke se quedara en su casa, hablarían claramente y sin tapujos sobre sus sentimientos. Naruto era torpe en algunas cosas, pero sabía de sobra que la relación que se tenían era confusa. Ninguno se atrevía a poner un titulo a ella y eso empezaba a fastidiarlo. Se sentía con tan poco derecho en Sasuke, propenso a perderlo en cualquier momento si no se atrevía a confesarse.

—Me harté de esperar, Sasuke. —su puño se apretó con tanta fuerza que sus nudillos emblanquecieron. —Después del festival... te diré lo que siento por ti.

A pesar de ser la única en la casa ese día, Kushina se las arreglaba sola para que la casa estuviera acondicionada y siempre linda para los dos chicos que habitaban en ella. No fue una mujer criada para labores domésticos (bastante de la cocina y arreglos de casa le enseñó Minato en sus épocas de noviazgo, porque la chica no podía entrar a una cocina sin provocar un incendio de emergencia o aspirar la sala porque luego se encontraban objetos de porcelana o adornitos de cojines dentro de la bolsa de la aspiradora), pero al haber quedado embarazada de Naruto le mostró un panorama que no imaginó; no iba a negarlo, quedó prendada de su hijo, tanto que su vida giraba en torno de su pequeño. Siendo Naruto la luz que el matrimonio Namikaze necesitaba para ser perfecto. Se prometió a si misma hacer de su hijo todo un hombre de bien, virtuoso, humilde ante los demás, carismático con las chicas y leal con sus amigos.

Se propuso también a ser la mejor madre para su hijo, alimentarlo sanamente (cosa que apenas logró a la perfección una vez que Naruto cumplió el año), tenerle toda su ropa limpia y bien planchada para verse presentable en cualquier situación, tener un lugar acogedor, lleno de amor y cariño por parte de ambos padres. No era una tarea sencilla, más porque su hijo había resultado ser un desorganizado de primera, no había día en el que Kushina no encontrara tazones de ramen escondidos bajo la cama, o ropa interior sucia enmarañada en las esquinas de los muebles, o hojas de tareas que seguramente su hijo no logró entregar por hacerlas perdidas entre tanto desorden.

—Ese niño... ¿Cuándo aprenderá que la recamara no es un basurero? —con el arsenal de platos sucios y ropa arrugada en manos, la mujer salió del cuarto. Siempre dejaba la habitación de Naruto al último, de sobra sabía que entrar ahí sería entablar una guerra entre la mugre pegada en el piso contra su escoba y trapeador.

No tardó más de media hora en dejar ese cuarto habitable, con sus pisos brillantes, ropa limpia, escritorio ordenado y la ventana abierta para eliminar el apestoso olor a ramen. Kushina se sentía bien consigo misma, el desorden de Naruto era su pelea diaria y salía victoriosa siempre. El teléfono sonó y la mujer enseguida lo contestó.

—¡Minato! Tenías rato de no llamarme a la casa. —exclamó tierna la mujer, un delicado sonrojo cubría sus mejillas.

Lo sé, pero esta es una ocasión especial. ¿Recuerdas la firma madre que la empresa intentaba obtener? —la voz de Minato estaba llena de euforia, incluso le temblaba ligeramente. —Bien, logré conseguirla, ¡Tengo un asenso y uno bastante provechoso!

—¡¿En serio?! ¡Kya, Minato, eso es excelente! ¡Felicidades, sabía que podrías lograrlo! —chilló la mujer dando unos pequeños brinquitos en su sitio. —El señor Sarutobi seguro está muy contento con eso. Ambos sabemos lo mucho que estuviste tras esa firma.

¿Naru no ha llegado? Quiero decirle.

—No, ese pequeño remolino aún no llega, tiene entrenamiento, así que seguro tardará en llegar a casa. —informó Kushina. —¿Y a dónde iremos a festejar? ¡Porque festejaremos! ¿Verdad? ¿Verdad?

Minato rió, adoraba cuando su esposa se comportaba como una pequeña niña, recordándole siempre que esa inocencia no desaparecía de Kushina.

Claro que iremos a festejar. Me dieron la tarde libre. Llego a la casa en unos quince minutos.

—¿Tan rápido? —preguntó Kushina, a lo que Minato asintió. —¡Idiota!, ¡Estas manejando mientras conduces! ¡Vas a chocar!

Minato tuvo que quitarse el celular de la oreja por semejante grito, se reprochó mentalmente el haber olvidado que Kushina odiaba que hablara mientras conducía.

—¡Cuelga ese aparatejo y llega vivo a la casa o me encargo de matarte yo misma! —colgó con fuerza.

En tanto Minato miraba el celular cómicamente consternado.

—Esa mujer... dijo algo completamente sin sentido.

Kushina, hecha una lumbre decidió seguir con los pocos aseos que aún le faltaban.

—¡Llegué a casa, mamá! —gritó con fuerza Naruto al entrar a la casa, tirando su mochila en pequeño vestíbulo como siempre acostumbraba.

—¡Naruto! Vete a bañar rápido, tu padre pasará por nosotros en un par de minutos. —fue el recibimiento que dio Kushina a su hijo.

—¿Y eso? Aún es temprano para que mi papá llegue.

—Sí, pero esta es una ocasión especial. Tu papá quiere festejar con nosotros una sorpresa.

—¡Me comprará una nueva computadora! —adivinó Naruto, a lo que Kushina le metió un fuerte porrazo en la cabeza.

—¡Torpe! ¡¿Por qué tu padre festejaría algo tan banal como eso?! —regañó la mujer sin dar crédito a la superficialidad de su pequeño.

—¡Ow! Valía intentarlo. —repuesto, Naruto pensó un momento. —¿Que puede ser eso que quiere festejar?

Kushina sonrió cómplice, Naruto la miraba fijamente.

—¡Argh! ¡Tú sabes, dímelo ahora! —apuntó acusador con su dedo. Kushina rió divertida.

—¡No! Tu padre quiere ser el que te de la sorpresa. —advirtió Kushina alegre besando la frente de su hijo.

—Tsk, ya que. —decidió subir a darse una ducha como su madre le ordenó. Kushina optó por hacer lo mismo.

No pasaron más de veinte minutos cuando Minato arribó a la casa, Kushina se le lanzó a los brazos, vestía de manera sencilla, pero acorde a la ocasión, no era una mujer de tacones o maquillaje, ella prefería lo natural y cómodo.

—¡Felicidades!

—Gracias, Kushina. —los brazos de Minato sujetaron a su esposa por la cintura. —¿Y Naru? ¿Todavía no está listo?

—Voy bajando. —exclamó Naruto mientras intentaba fajarse una camisa de botones color azul. —¿Tengo que llevarla metida entre los calzoncillos? ¡Es bastante incomodo! ¡Qué mamá se ponga tacones entonces!

—¡Cállate, Naruto! —chilló la mujer con ese aire amenazador.

Minato en tanto miraba a su esposa usando zapatos de tacón bajo que descuadraba por completo con su atuendo.

—Creo que no estaría de más cambiar los zapatos, amor —apoyó Minato a su hijo. Naruto sonrió triunfante.

—¿Eh? —Kushina ahora veía a Minato con ojitos suplicantes. —Pero sabes que no puedo caminar bien con ellos. Me tropiezo seguido y hacen que me duelan los dedos.

—Entonces yo no me fajo, me aprieta la ropa y se me mete la camisa en el trasero, y eso ya es decir mucho. —explicó Naruto con ese aire torpe que no dejaba ver ni un poco a un adulto reflejado en él.

—Bien, Yo no uso tacones y tú no te fajas, ¿feliz?

Naruto sonrió a su madre, abrazándola también, dejando a la mujer en medio de ambos rubios.

Esa pequeña tarde la familia Namikaze pasó un tiempo juntos, como tenían rato de no hacerlo. Llegaron a un pequeño restaurante de apariencia costosa y elegante. Les dieron rápido una mesa para tres y la carta fue servida. Minato, muy excitado por su logro, contaba como había adquirido la firma con la compañía vecina y lo muy impresionado y orgulloso que su jefe Sarutobi estaba con él, premiándole con un fructífero aumento que dejaría a su familia bastante bien acomodada si lograba administrarlo de manera correcta.

Naruto no entendía mucho, pero al ver a su padre feliz y a su madre con ojos llenos de orgullo dirigidos a Minato era suficiente para hacer comprender a Naruto que la noticia era por demás buena.

Llegó hasta el enorme edificio blanco, sin esperar demasiado se adentró hasta él y llegó a la recepción donde una mujer de aspecto amable lo atendió enseguida. Sasuke cruzó un par de palabras con la mujer y ésta enseguida le tendió un pequeño gafete con la palabra Visitante escrita en todo lo largo. Lo prendó de su camisa del uniforme y caminó en dirección a un pasillo poco transitados por algunas enfermeras y doctores. El sanatorio Sennin estaba especialmente vacio ese día, cosa que Sasuke agradecía.

—Ah, Uchiha, me da gusto verte aquí. Ya teníamos tiempo sin recibir tus visitas. —una voz le detuvo y Sasuke giró sobre su sitio para encontrarse con un joven de cabello blanco y lentes redondos.

—Doctor Kabuto. —susurró Sasuke acortando la distancia. —Lo sé, he tenido algunos contratiempos.

—Supongo que es así. —dijo Kabuto con esa sonrisa amable que a Sasuke se le antojaba verdaderamente falsa. —¿Vienes a ver a tu abuelo? Temo darte la mala noticia, Sasuke... pero no ha mostrado ninguna mejoría.

—No importa. No es como si esperara que lo hiciera. —aclaró Sasuke, emprendiendo la marcha junto a Kabuto en dirección al cuarto de su abuelo.

—Le dará gusto verte. Siempre era así cuando le visitabas. —conversó Kabuto, tenía las manos tras su espalda y su andar era tranquilo, Sasuke en cambio prefería ignorar lo que decía el médico. Ya bastante culpable se sentía al dejar olvidado al viejo por tanto tiempo. No tardaron mucho en dar con la habitación de su abuelo. —Buenas tardes, señor Orochimaru, ¿Mire quien vino al fin a visitarle?

Sasuke se asomó ligeramente por detrás de Kabuto, centró su atención en ese hombre de lacio cabello largo y profundos ojos amarillos, con la tez más pálida que antes, inequívoca señal de la tristeza de saberse abandonado. La culpa golpeó a Sasuke, más al ver la sonrisa sincera y cargada de cariño que el anciano le mostraba al verle ahí parado.

—Mi dulce Mikoto... —susurró enternecido el anciano, poniéndose en pie con demasiado esfuerzo. El rostro de Sasuke reprimió un dejo de tristeza y decepción al saber que su abuelo seguía sin reconocerle. —Al fin has venido a ver a tu anciano padre. —lo cobijó entre sus largos brazos obligando a Sasuke a recargar su cabeza contra el pecho del mayor.

—Hola... papá...

Y él era cobarde, porque no se sentía con la fuerza y el valor de romper la ilusión del hombre al recordarle que su hija hacia mucho estaba muerta y él era únicamente su nieto.