¡Hola! Creo que ha pasado algo de tiempo desde que escribía el siguiente capítulo…Es que estaba esperando que me lleguen ideas para continuar. Jeje, además todo se me ocurre de un momento a otro, y así viene la inspiración. Aunque creo que inspiración no es una palabra que se pueda usar en esta historia, debería ser LOCURA!
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Cita con el destino
Capítulo 8. Cocina para mí
- ¡¡¡Wuuuuuuuuu!!! ¡¡¡Ganamos!!! – exclamo Sango, empujando la puerta al abrirla tan fuertemente que rebotó y casi mata a Inuyasha.
- ¡Oye, cuidado torpe! – dijo después de esquivar el portazo mortal, corriendo hacia adentro.
(PLAF!) - ¡¡¡¡Ouch!!!! – al parecer Miroku no pudo correr la misma suerte.
- ¿Estás bien? – preguntó Kagome, sosteniendo a un inconsciente Miroku en sus brazos.
- Ohh no… - dijo Sango, abriendo la puerta y mirando a Miroku, quien tenía un inmenso chichón en la cabeza – tuviste suerte… ¡Si le hacías algo a la puerta tu te ibas a responsabilizar por los daños!
- Gracias por preocuparte… - dijo débilmente mientras se incorporaba.
- ¡Pasen adentro de una buena vez o voy a cerrar la puerta!
- ¡Inuyasha! – reprochó - Bueno… ¡Felicidades Sango! - dijo Kagome, mientras la abrazaba – tu equipo pasó a la siguiente ronda.
- ¡Sí! ¿No es genial? – volteó y pudo ver que Miroku se sobaba lastimeramente su cabeza - Ohh, Miroku, déjame traerte algo de hielo para tu cabeza… y tu brazo – Sango salió y entró a la cocina.
- ¿Qué te hizo en el brazo? – preguntó Inuyasha, con un tono ligeramente molesto.
- Después de su partido estaba tan alegre que vino y me dio un "golpe de felicidad".
- Ahh si, esa es la Sango que yo conozco – dijo Kagome.
- Ya sabía del golpe, pero no pensé que lo practicaría conmigo.
- ¿Cómo sabías del golpe? – preguntó Inuyasha, con el mismo tono.
- Por los mensajes que nos mandamos.
- Es cierto… - dijo Kagome – Prácticamente sabes todo sobre Sango y ella sabe todo sobre ti.
- Sí.
- ¿Qué tienen de especial esos mensajes? – Inuyasha se reclinó sobre el asiento – Para mí son ridículos e innecesarios. Si ya sabes de antemano todo sobre la otra persona, ¿Para qué están las reuniones o las citas como la que van a tener ustedes dos el sábado?…
- ¡Inuyasha! – gritó Kagome.
- ¿Pero que tiene? Tienen una cita el sábado, ¿o no?
Miroku asintió.
- ¡Pero no es para que seas tan indiscreto! – gritó Kagome.
- A mí no me molesta – dijo Miroku – lo único que me preocupa es que Sango se está tardando demasiado.
- ¡Aquí estoy! – dijo ella, al llegar con una bandeja, y empezar a dejar los vasos en la mesita – lo siento, es que estaba sirviendo unos refrescos. ¿Hablaron de algo interesante?
- No en realidad – comentó Kagome – solo…
- De la cita que tendrás con Miroku el sábado – dijo Inuyasha – y de sus mensajes, es decir… ¡Ouch! ¡Kagome! – se interrumpió a sí mismo, pues ella lo había pellizcado por debajo de su brazo.
- ¿Qué? Lo siento, no te escuché Inuyasha – Sango al final dejó la bandeja en la mesa y se sentó.
- De tu cit… – masculló, pero Kagome le tapó rápidamente la boca y comenzó a hablar por él.
- Decía que… hablábamos del gran juego de tu equipo esta noche, y opinábamos que esta primera victoria deberían celebrarla para darse ánimos y continuar así. ¿No, Inuyasha?
- Claro… - dijo aburrido y molesto.
- ¿Sí no? No es mala idea… Y bueno, ¿cómo quisieran celebrar mi victoria? – agregó sin hacer caso al comentario.
- ¿"Mi victoria"? ¿Eso no suena algo arrogante? – comenzó Inuyasha - Es decir, no fue solo TU victoria, sino la de todo el equipo, además…
- Me parece que alguien está de mal humor hoy - dijo Miroku, estirándose para tomar el hielo que Sango había traído en la bandeja.
- ¿De qué hablas?
- Es cierto, Inuyasha, pareces molesto… más que de costumbre – dijo su amiga.
- Sango tiene razón – apoyó Miroku.
- ¡Eso es mentira! No estoy enojado, y por favor, desde hace cuánto que me conocen para decir que…
- Es todo un ciclo cuando se pone de mal humor - susurró Miroku en el oído de Sango y de Kagome, mientras Inuyasha seguía hablando sin ser escuchado – Primero habla groseramente, como ya lo hizo. Luego cuestiona todo lo que oye, como lo está haciendo. Miren, ahora vienen las amenazas.
- …porque te juro, Miroku, que si sigues hablando de esa manera te voy a golpear tan fuerte que…
- Y luego se queda callado, y maldice cada vez que le hablan cuando está en ese estado.
- …así que más te vale no decir estupideces – terminó Inuyasha.
Silencio.
- Inuyasha… - dijo Sango, para comprobarlo.
- ¡------! (Este comentario fue censurado debido a su altamente grosero contenido. Gracias)
- Y entonces – continuó Miroku – debemos esperar hasta que vuelva a su estado de humor normal.
- Oooohhhhhhh….
- Interesante… - dijo Sango – pero díganme, volviendo al tema principal, ¿cómo quieren celebrar la victoria del primer partido del campeonato?
Los tres se pusieron a pensar. Por su parte Inuyasha solo intentaba matar una mosquita inocente que había descubierto revoloteando alrededor de la lámpara de la sala.
- ¡Ya sé! ¡Hagamos un almuerzo casero! – propuso Kagome, después de observar todo el apartamento, ignorar la lucha de Inuyasha con la mosca y fijar su vista en la cocina - Pero… no solo para nosotros cuatro, sino para todo el equipo femenino de básquet.
- ¡Es una gran idea! – exclamó Sango.
- Podríamos programarlo para este fin de semana – comentó Miroku.
- Así es – dijo Kagome – consultamos con el entrenador, y luego pedimos permiso a la secretaría general para hacerlo en el departamento de Inuyasha y de Miroku.
- ¿Por qué en el nuestro? – Miroku miraba de reojo los saltos frenéticos de Inuyasha.
- Porque es más grande que este, y en el comedor sería todo un relajo.
- Tienes razón. Que sea en nuestro departamento – dijo después de haber escuchado los farfullos de Inuyasha contra la mosca.
- Pero hay un problema – dijo Sango, después de pensarlo un poco
- ¿Cuál? – Kagome ahora veía como el chico enojado atravesaba todo el lugar tras su presa.
- ¿Quién hará el almuerzo? – dijo Sango, preocupada – De acuerdo a las reglas del campus, debemos designar al cocinero antes que todo, y ninguno de nosotros sabe cocinar.
- ¡Te atrapé maldita mosca! – se escuchó, y los tres giraron su cabeza hacia un costado para mirar a Inuyasha colgado de la cortina de la ventana con una sonrisa arrogante de triunfo.
- Bueno, no exactamente ninguno de los tres… - dijo Kagome.
- Están diciendo que él sabe… - Sango iba cayendo en la cuenta – ya veo…
- ¿Acaso están pensando lo mismo que yo? – dijo Miroku, con una sonrisa pícara.
- Ya lo creo…
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Esperaron la hora prudente cuando terminó de comer y estaba, en teoría, de buen humor, y le expusieron el asunto lo más dulcemente que pudieron.
- ¡NO LO HARÉ! – explotó, y se hizo escuchar en todo la cafetería, interrumpiendo esa tranquila hora de almuerzo.
- Por favor, Inuyasha, hazlo por mí… - rogó Sango.
- Vamos, Inuyasha… - dijo Miroku, pero su vista se desvió un poco de su postre y se concentró cien por ciento en las muchachas que se encontraban conversando frente a ellos.
- ¡No! Debieron considerar mi opinión antes de proponerle este almuerzo al director Shinase.
- Pero ya lo aceptó… - agregó Kagome – ya tiene anotado el lugar, la hora, la fecha, y a ti como el cocinero. Por favor…
Pero Inuyasha se veía reacio a aceptar.
- Mmm… No te tiene anotado como un simple cocinero… – comentó Sango, con una intención muy clara – sino como todo un chef. Y de la más alta categoría.
Kagome se dio cuenta del plan de Sango. Quería apelar al sentido más fuerte de Inuyasha: su ENORME ego.
- Es cierto – apoyó – ¿Recuerdas esos chocolates que me hiciste? Pensamos en ellos. Además Miroku nos comentó el gran talento que tienes para la cocina y por eso fuiste nuestra primera opción desde el principio ¿Verdad, Miroku?
- Sí, la de verde está muy bonita… - se escuchó venir desde su mundo de ensoñación.
- Inuyasha, no hay mejor chef que tú en todo el campus de la universidad – agregó Sango.
- ¿De verdad? – preguntó, porque así lo creía él, y se ablandó un poco.
- Es cierto. Ya contamos contigo Inuyasha, y con tu extraordinario talento – dijo Kagome.
- No lo sé… - ya casi lo tenían, pero volvió a su determinación - ¡Basta! Me están haciendo dudar, tramposas. No lo haré.
- Pero Inuyasha…
- Dime… - dijo Sango, luego de pensar un poco, y que la palabra "orgullo" cruzara su cabeza – no pierdes nada haciéndolo, más bien, ganas demasiado. Ganar tanto debería ser ilegal.
- Te escucho.
- Cocinando el almuerzo para el equipo femenino, mostrarás a toda la universidad el talento innato que tienes para la cocina. No es algo de lo que te debas avergonzar pensando que se van a burlar de ti, al contrario, demostrarás ser todo un hombre hecho y derecho porque lo admitirás con orgullo, ya que la cocina es un don. Y debido a que no muchos hombres aquí lo hacen, tendrás es "algo" que te hará superior a todos aquellos perdedores. Especialmente superior a "él".
- Entiendo.
- Serás reconocido más que por la gran estrella del deporte que eres. Superarás en excelencia a todos estos estudiantes. Serás…perfecto.
- Sí…si…es cierto… – se decía, pensando con ambición en lo que Sango le había expuesto.
- Muy bien, ¿y qué dices?
- ¡Voy a hacerlo!
- ¡Genial! – gritaron ambas al unísono.
- ¡Muy bien! – dijo decidido, y se levantó tomando su bolso deportivo - Tengo que irme a mi práctica de fútbol. Kagome, nos vemos después para la tutoría.
- Claro, adiós – dijo con toda naturalidad, y luego se volteó sorprendida hacia Sango - ¿Cómo se te ocurrió todo eso?
- Se llama manipulación mental, lo leí en… bueno, no me acuerdo, pero era una página de Internet.
- Ahh sí, ahí encuentras de todo.
- Es cierto, no sabes lo que encontré la otra vez cuando puse en el buscador…
¡PLIC!
Una gotita cayó en la mano de Sango.
- ¡MIROKU, DEJA DE BABEAR! – gritó con todas sus fuerzas, y golpeándolo en la parte de atrás de la cabeza enterró su cara en la mesa, muy salvajemente – ¡No entiendo cómo puedes ser tan degenerado!
- Ahora me crecerá otro chichón donde se encontraba el de ayer… – dijo lastimeramente.
- Ehh…- Kagome estaba atónita. ¿Cómo era posible que hasta ahora Miroku no tuviera un derrame cerebral? - …y bueno, Sango, decías algo de manipulación mental…
- Ah sí, en esa página leí que puedes convencer a una persona manipulándola psicológicamente, usando algunas de sus características personales a tu favor, en el caso de Inuyasha, el ego y el orgullo.
- Señorita camarera, una bolsita de hielo, por favor.
-¡Cállate! – gritó Sango.
- Sí señora.
- Uh… Ya entiendo lo de la manipulación, pero… una cosa. Le dijiste que ser el cocinero lo haría superior a todos los chicos del campus, y especialmente a "él". ¿A quién nos referimos?
- Ya lo verás muy pronto.
- Pero dime quién es…
- Es… ¿te digo?...bueno, creo que es mejor que lo veas con tus propios ojos – Sango hizo una pequeña pausa para golpear a Miroku en la cabeza, de nuevo - ¿Qué nunca aprendes? ¡Deja de mirarlas! – lo reprochó, y luego miró a Kagome nuevamente – Acompáñame al área deportiva esta tarde.
- Esta tarde no puedo…tengo tutoría con Inuyasha.
- Entonces cuando puedas me avisas, y te llevaré. Ahí te mostraré al tipo y te explicaré todo, especialmente porqué Inuyasha estaba enojado ayer.
- ¿Y cómo sabes eso? – preguntó Miroku, recuperándose del trauma, y tratando de no desviar la vista para no ser golpeado de nuevo – Si ni siquiera a mí me lo dijo.
- Bueno, con Inuyasha me encontré esta mañana… y una chica como yo tiene sus medios para hacer hablar a alguien.
- Déjame ver… - Miroku se arriesgó - ¿lo golpeaste?
- ¡No! ¿Acaso me crees salvaje?
- Si, un poquito…
- ¿Qué dijiste, Miroku?
- Nada.
- ¿Entonces como fue? – preguntó su amiga, intentando evitar otra masacre.
- Bueno, quería utilizar mis tácticas mentales, pero en uno de esos instantes me agaché un poco para levantar algo que se había caído de mi bolso, y el bolso se fue un poco para arriba. Creo que Inuyasha malinterpretó eso.
- Pensó que ibas a golpearlo. ¿Por qué no me sorprende?
- ¡Cállate Miroku! – cómo era de esperarse, lo golpeó, pero en el brazo.
- ¿Por qué siempre me golpeas a mí? – protestó sobándose.
- Porque me hace feliz.
- Sango, basta… - dijo Kagome, mirando con curiosidad la "pelea" en la que su amiga llevaba toda la ventaja.
- Está bien. Y como iba diciendo, lo hice hablar.
- Ya veo. Lo que me alegra es que Inuyasha va a ser el cocinero para el almuerzo de mañana.
- ¿Inuyasha aceptó? – preguntó Miroku, vaciando el hielo de su vaso y colocándoselo en su cabeza, haciendo maromas para poner un poco en su brazo también.
- ¿Acaso no estabas aquí? Sí aceptó, lo dijo como quince minutos atrás – dijo Kagome.
- Ahh que bueno – dijo, y luego se dejó llevar por la ensoñación – Es que estaba distraído mirando el perfecto…
- Grrr…– dijo Sango de manera sombría, con una mirada asesina en su cara.
- … don de inteligencia que la naturaleza les concedió a esas señoritas.
- Buen chico – Sango le dio palmaditas cariñosas en su cabeza, tratando de no lastimarlo más de lo que estaba – Ahora déjame ayudarte.
Sacó una pañoleta de su bolso y sosteniendo el hielo lo amarró a la cabeza de Miroku. Luego, con un pañuelo puso otro poco en su brazo.
- Gracias Sango – le dijo – Me agrada ver que te preocupas por mí.
- Bueno… más o menos. Solo quiero que te recuperes pronto de esos moretones para no sentir culpa de estarte lastimando más la próxima vez que te golpee.
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Llegada la tan esperada mañana de sábado, los cuatro pidieron permiso para faltar a sus respectivas obligaciones, y se concentraron en el departamento de los chicos.
- Muy bien – dijo Inuyasha, que había asumido su papel de cocinero jefe muy a fondo – Si queremos que esto funcione, debemos repartir las tareas. Todos tendrán una función específica en esta empresa. No voy a tolerar fallas ni retrasos.
- ¿No estás siendo algo drástico, capitán? – dijo Sango, en son de burla.
- Debe pedir permiso para hablar, soldado Sango.
- Bueno. ¡Señor si señor! ¡Permiso para hablar, señor! ¡De haber sabido que esto sería un cuartel, me habría quedado en mi cama durmiendo, señor!
Kagome, Sango y Miroku comenzaron a morir de risa sabiendo que todo lo dicho por el soldado Sango era en son de burla y pensando que Inuyasha también les había seguido el juego al principio.
- Voy a ignorar ese comentario – dijo completamente serio – Muy bien, Sango se encargará de la limpieza, poner la mesa, los vasos y todo lo relativo a su área: el comedor. Miroku y Kagome se distribuirán las pequeñas funciones de la cocina, ayudándome con los ingredientes y tareas menores, mientras yo me ocupo de supervisar y de lo principal: cumplir con el menú.
- ¡Sí mi capitán! – dijeron los tres al unísono, sin perder el sentido del humor.
- Muy bien. ¡Rompan filas!
- ¿Eh…?
- ¡Váyanse a hacer lo que tienen que hacer!
- Ahh… ¡sí capitán!
Mientras los cuatro se alejaban y cada uno tomaba su rumbo, un soldado comenzó a murmurar:
- ¡Sí mi capitán, fanfarrón con ínfulas de gran líder y loco por el poder, mi capitán!
- ¡Sango!
- ¿Si… señor?
- Tranquila, solo estoy jugando.
- Fiuhh…
- Pero ahora no. ¡Ve a trabajar!
- ¡Como diga! – picó hacia el comedor y desapareció de la vista de Inuyasha. Justo cuando éste se daba la vuelta, la puerta al departamento se comenzó a abrir.
- ¡Buenos días! – dijo una vocecita chillona, mientras entraba.
- ¿Qué haces aquí, mocoso?
- Kagome tenía que cuidarme hoy, y los guardias del campus me dijeron que viniera aquí.
- Ella está ocupada ahora, así que te tienes que ir.
- ¡Shippo! Ya llegaste – la chica salió de la cocina al reconocer la vocecita y corrió a abrazarlo.
- ¡Kagome! ¿Puedo ayudar?
- Claro, ¿por qué no vas a ayudar a Sango en el comedor? O mejor dicho, a evitar que rompa algo.
- ¡Sí! – Shippo se alejó corriendo feliz.
- Pero Kagome… - protestó Inuyasha.
- Por favor, Inuyasha, deja que se quede, ¿sí?
Kagome se acercó con una cara suplicante y una tierna sonrisa. Lo puso tan nervioso la cercanía y la dulzura que logró convencerlo, y dándose la vuelta algo sonrojado dijo:
- Solo porque tú me lo pides.
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Después de una hora y media de trabajo incesante, casi habían terminado todo. El comedor ya estaba listo, todo lucía perfecto, e Inuyasha felicitó a Shippo y a Sango por el buen trabajo.
- Aunque no esperaba tan buen resultado siendo ustedes los encargados – agregó.
- ¡Oye! – dijeron al unísono.
Cuando pasó a su lado llevando unos bocadillos, solo entonces Kagome pudo notar cómo iba vestido Inuyasha. Muy acorde con su papel, parecía un chef y a decir verdad se veía muy bien.
- Aquí están los aperitivos – le dijo a Sango – Tienes que acomodarlos en la mesa.
- Claro – respondió, mientras veía a su amigo y luego dijo sin intención alguna – Mira a Inuyasha, se ve realmente apuesto.
Ante el comentario, pensando que Sango lo decía para molestarla, Kagome, que no había dejado de mirarlo, se sonrojó intensamente.
- Eh… no sé, no lo estaba viendo – dijo.
- Hay un problema – dijo Miroku, saliendo de la cocina totalmente alarmado.
- ¿Qué sucede?
- No tenemos nada para invitarles para tomar. Ni siquiera agua.
- Eso si es un gran problema – agregó Shippo, preocupado, pero luego dijo – que suerte que yo no soy responsable.
- Que gran ayuda…
- ¿Estás seguro de que no hay nada, nada? – preguntó Kagome.
- Nada de nada.
- Es porque lo olvidamos comprar las bebidas ayer en el supermercado y todo gracias a ya-sabemos-quien – dijo Inuyasha, y todos miraron a Sango como la culpable.
- ¿Mi culpa??
- Es cierto – dijo Kagome – nos obligaste a apurarnos porque no querías perderte un mísero capítulo de tu programa favorito.
- Así que nos arrastraste a la caja registradora como loca con lo que llevábamos hasta el momento – dijo Miroku.
- Y entre las cosas que nos olvidamos, y que no pudimos recordar ese momento porque gritabas como histérica a las 6:59 gracias a tu programa, estaban las bebidas – finalizó Inuyasha.
- Bueno, está bien, admito que es mi culpa, pero ¿por qué no me detuvieron y seguían comprando?
- Porque estábamos cerca al sector de herramientas de jardín – dijo Kagome.
- Con muchos, muchos artefactos peligrosos a tu alrededor…
- Hubiera querido ver eso – dijo Shippo, que había escuchado atentamente la conversación.
- Pero ahora eso ya no importa – dijo Kagome – Debemos preocuparnos ahora por lo que vamos a hacer.
- Bien – dijo Inuyasha - yo y Kagome nos quedaremos para terminar de cocinar. Ustedes dos vayan al supermercado y compren las gaseosas o lo que crean necesario.
Inuyasha sacó de su bolsillo las llaves de su auto y su billetera, y se las tiró a Miroku y a Sango.
- ¿Y yo? – preguntó Shippo.
- Tú… te pararás frente a la enorme vela aromática que está en el comedor, y nos avisarás cuando se haya consumido completamente.
- ¡Bien! – dijo, y se fue.
- Ahora tengo que volver a la cocina – Inuyasha estaba a punto de darse la vuelta cuando sin falta Sango dijo:
- Tengo una duda.
- ¿Cuál es? – dijo impacientemente, acostumbrado a su tipo de dudas.
- ¿Por qué yo no me puedo quedar contigo en la cocina?
- Porque más que una ayuda eres un peligro ahí dentro.
- Bueno… eso no lo refuto. ¿Y porqué tengo que ir con Miroku?
- Porque él sabe manejar.
- ¿Y qué? - protestó – Yo también sé manejar.
- Sí, pero a ti te quitaron tu licencia hace mucho por "ser un peligro en la vía pública tanto para los demás como para ella misma debido a sus excesos de velocidad e intentos de trucos hollywoodenses"
- Y citado del registro policial – agregó Kagome.
- ¡Está bien! – dijo, yendo hacia la salida y arrastrando a Miroku – vámonos, niño correcto.
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- ¡Ya llegamos!
- Justo a tiempo – dijo Kagome, mientras se quitaba el mandil de cocina ya que habían terminado y enseguida iban a llegar las chicas del equipo y el entrenador.
- Trajimos todo la variedad que se nos ocurrió – dijo Sango, quien al pasar miró curiosamente cómo Shippo observaba la vela sin apartar la vista un segundo, y entró a la cocina.
- Que bien – Inuyasha la miró de pies a cabeza y luego dijo - ¿Por qué no estás agarrando nada?
- Miroku lo está cargando todo.
- ¡Auxilio! – se escuchó desde la sala.
- No le hagan caso, él puede solo. Toma – le dijo a Inuyasha, entregándole las llaves y la billetera.
En ese momento llegó Miroku derrotado por el peso de las botellas y se desplomó en el piso. Sin darle una pausa para respirar, sonó el timbre.
- Yo voy – dijo Kagome, y salió de la cocina.
- Ahora – dijo Sango, mirando a Miroku - se buen chico y guarda todas las botellas en el refrigerador – dicho esto, se fue tras su amiga.
Miroku, al notar que Inuyasha seguía ahí, lo miró suplicante en busca de ayuda. La respuesta de su amigo fue:
- Ni siquiera lo pienses.
Inuyasha salió entonces a la sala, para ver quien había llegado. Cuál fue su sorpresa al notar que la chica pelirroja que estaba entrando no era del equipo, era una desconocida para él.
- Ah, Inuyasha, aquí estás – Sango lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró frente a la muchacha – Él es nuestro querido cocinero Inuyasha. Ya lo debes conocer de los equipos de básquet, fútbol, voley atletismo y natación.
- Claro, mucho gusto – respondió ella, y le dio la mano – no sé como puedes lidiar con tantos deportes y la cocina también, apenas yo puedo con el periodismo.
- ¿Periodismo? – dijo, extrañado.
- Inuyasha, ella es Ayame, es la periodista principal del periódico universitario – dijo Kagome.
- ¿Tenemos un periódico universitario? – preguntó.
- Así es…
– La carrera de periodismo en la que estoy se encarga de publicarlo cada semana – agregó la pelirroja.
- Muy bien, ¿y que haces aquí?
- Vino a ordeñar vacas – dijo Sango – Ay Inuyasha, ¿no es obvio? Vino para cubrir el almuerzo del equipo de básquet femenino.
- ¿QUÉ?
- Así es – dijo Ayame - La victoria del equipo irá en primera plana, y Sango me llamó para avisarme que harían esto para celebrarla, así que decidimos incluir el almuerzo en el reportaje.
- ¿Y eso significa que me incluirán a mí también y que mi nombre aparecerá en el periódico como el cocinero?
- Así es, como en tantas ocasiones antes en la sección de deportes como jugador estrella.
- ¿No es genial, Inuyasha? – dijo Sango – Y todo fue idea mía.
- Idea que no compartiste conmigo, al parecer.
- Ajá – dijo feliz.
- ¿Puedes venir conmigo un instante?
- Claro – respondió Sango, siguiendo a Inuyasha hasta la cocina.
- ¿Vienen a ayudarme? – escucharon decir a Miroku.
- Sango, dime que esto es una broma.
- Bueno… esto es una broma.
- ¿En serio?
- No, pero me pediste que te dijera que esto es una broma y lo hice.
- ¡Sango!!! – gritó desesperado - ¿Por qué invitaste a esa chica pelirroja para que hiciera un reportaje de este almuerzo?
- ¿Chica pelirroja? – dijo Miroku, con una mueca pícara, y terminando a los tres segundos de acomodar todas las botellas en el refrigerador se paró volando y salió a la sala.
- Nunca me hagas olvidar que las mujeres son un buen incentivo para Miroku – dijo Sango, despreocupadamente.
- ¡Dime por qué la invitaste!
- Porque me pareció una buena idea, además, ¿Qué tan malo puede ser?
- ¡Mi nombre saldrá en el periódico como cocinero de este almuerzo!
- Tu nombre y tu foto – dijo – no te olvides que trajo una cámara.
- ¡Sango!
- Ya, saldrás en el periódico universitario, ¿y qué?, ya has estado ahí muchas veces.
- Pero no como cocinero.
- Yo prefiero el término…Chef – dijo Sango.
- Es cierto, suena más elegante, aunque… ¡No me hagas cambiar de tema!
- Pero salir como cocinero no tiene nada de malo, ¿acaso no te acuerdas de lo que te dije la otra vez?
- Si, lo sé, pero no estaba en mis planes que mis habilidades se hicieran tan públicas y se expusieran a toda, toda la universidad.
- Ya veo… bochorno social, ¿ah?
- ¿No puedes acaso hacer que me pongan como anónimo?
- No, porque tu nombre como cocinero legítimo ya se proporcionó a la dirección de la universidad y no hay razón porque no puedan mostrarlo en el periódico.
- ¡Tienes que hacer algo!
- Voy a la sala.
- ¿A solucionar mi problema?
- No, me dijiste que hiciera algo, y algo es ir a la sala.
- Sango, si no quieres que algo malo te pase, deja de jugar conmigo.
- Está bien, está bien, lo siento, es que eres tan fácil de molestar… Bueno, este es el asunto. Ya te has comprometido con esto, y no lo puedes dejar ahora o tratar de ocultarlo. De todos modos, de una manera u otra, tarde o temprano, en mucho tiempo o casi al instante, en…
- ¡Sango!!!
- ¡Bueno! …se iba a saber, porque las noticias aquí vuelan. Lo único que te queda, es no doblegarte, mostrarte orgulloso de lo que haces, esperar lo mejor y no dejar que esto te moleste, seguir con tu vida como si fuera algo de todos los días. Además, nunca sabes cómo se lo van a tomar la gente, despreocúpate.
- Tienes razón.
- ¿Ya no estás molesto?
- Ya no.
- Entonces… ¡Wow, de donde salió toda esa inspiración! ¡No me puedo creer a mí misma!
- Creo que mejor voy a la sala…No quiero contagiarme tu locura.
- Mejor ve por Shippo, lleva casi una hora mirando la vela sin pestañear. ¡Ah! Y la locura no es contagiosa.
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- Felicidades Inuyasha, realmente me sorprendiste, todo estuvo delicioso – dijo el entrenador, saliendo ya del departamento después del almuerzo.
- Bueno, ya tengo todo listo para el reportaje y además estoy muy llena – dijo Ayame - Inuyasha, mis comentarios serán muy favorables sobre tu comida.
- Gracias.
- Hasta luego Ayame, muchas gracias por haber venido – dijo Kagome.
- No hay problema, y para la próxima no se olviden de contar conmigo.
- Señorit…
- Y tú, nunca más vuelvas a dirigirme la palabra en lo que te queda de vida – dijo con una mirado fulminante hacia Miroku, y luego agregó para el resto – ¡Hasta luego!
- ¿Qué hiciste ahora, Miroku? – preguntó Inuyasha.
- Créeme – dijo Kagome, antes de que el otro pudiera abrir la boca – Yo estuve ahí y no querrás saberlo.
- Ya se fueron todas las chicas – dijo Sango, entrando al apartamento después de haber estado en el pasillo un buen rato despidiendo a todo el equipo – Y todas alabaron tu comida, Inuyasha.
- Es cierto, realmente te luciste – agregó Kagome.
- Que puedo decir… es un don.
- Sí claro… ¿oigan, no se les hace que falta algo? – preguntó Sango.
- ¿Y Shippo? – dijo Kagome, preocupada.
- Oh oh… - dijo Inuyasha, al acordarse de lo que tenía que haber hecho unas dos horas antes.
- ¿Sabes dónde está? – preguntó Miroku, ya que todos habían empezado a preocuparse por el niño.
- Lo dejé observando la vela del comedor…
- ¿Cómo lo dejaste ahí? – preguntó Sango, mientras los cuatro iban por Shippo.
- Y encima solito con una vela, ¿por qué no dijiste nada? – reclamó Kagome.
- No lo sé, yo…
- Shh… - dijo Miroku, deteniéndose – miren.
Sentado frente a la vela aromática que ya iba por la mitad, Shippo se había dormido.
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Jeje... aquí va otro capítulo, espero que haya sido de su agrado. ¿Inuyasha un gran cocinero? Bueno, no sé de donde se me ocurrió…pero espero que les haya gustado este capi, y prepárense porque todavía faltan muchas sorpresas y preguntas que responder: ¿Y la cita de Miroku y Sango? ¿Quién se supone que es "él"? ¿Qué participación tendrá Ayame en el futuro? ¿Qué más se me ocurrirá escribir? ¿Shippo dormido: cursi, tierno o cruel? jeje…
Hasta luego, y no olviden dejar reviews!
