Quedaba un día para que comenzasen las finales y para que Kainan se enfrentara a Shohoku por lo que los entrenamientos estaban siendo más duros que los habituales. Aquel día los miembros del equipo terminaron antes la práctica porque no querían esforzarse demasiado antes del partido, Mei aprovechó eso para quedarse hasta más tarde en el gimnasio.
Allí se encontraba, sola, de pie, en medio de la pista, mirando el balón que sostenía en sus brazos y recordando la época en la que ella había practicado ese deporte.
- ¿Te has cansado ya de evitarme?- aquella voz la sacó bruscamente de sus pensamientos.
No le hacía falta girarse para saber quién era el dueño de esa voz, no quería verlo, no quería hablar con él. Pero entonces, ¿qué quería?.
- Mei- la perseverancia era lo que más caracterizaba a Maki- Venga Mei.
- ¿Qué quieres?- bruscamente la joven se giró y se encontró de frente al rostro del moreno, la mirada que le dirigía le hizo temblar.
- Hablar contigo, solo quiero hablar contigo.
- Pues yo no quiero hablar contigo, no quiero, no quiero que me hables, no quiero que me toques - la voz de Mei resonaba en aquel solitario gimnasio- quiero que me dejes en paz.
- No seas así, aunque sea por una vez en tu vida, deja de ser testaruda.
- Ah claro que el problema es que yo soy muy testaruda- la ironía reinaba en las palabras de Mei, que continuó aumentando el tono de su voz- ¿crees que puedes rechazarme y decirme que no soy lo suficiente buena para ti y al día siguiente venir y decirme que quieres hablar conmigo? pues no, no puedes Shinichi Maki, no puedes.
- No creo que no seas lo suficiente buena para mí, Mei solo creo que mereces algo mejor, alguien que pueda dedicarte el tiempo y la atención que necesitas.
- ¿No crees que debo ser yo la que decida eso?- un profundo silencio envolvió a ambos, este concedió a Mei el tiempo que necesitaba para reflexionar sobre las palabras de Mi- ¿hablaste con mi padre Maki? no lo niegues, no me lo puedo creer, fue él.
- Él solo me hizo ver algunas cosas.
- Claro y como lo dice tu queridísimo profesor Takato es verdad ¿no? ¿qué importa lo que yo piense?
- Yo quiero que tú seas feliz y si eso supone que tengo que apartarme de ti, lo haré.
- Tú eres el único que me haces feliz- en un rápido movimiento Maki agarró con sus dos grandes manos el rostro de Mei y lo acercó al de él, hasta que sus respiraciones se confundían y sus narices se tocaban.
- Yo te quiero- ambos se miraban a los ojos- ayer, cuando te fuiste y volvía a mi casa vi a una pareja de ancianos que se abrazaban cariñosamente y entonces me di cuenta, no pude evitar darme cuenta que yo quiero que tu y yo nos hagamos mayores juntos, sin importar lo que tu padre o otros puedan decir, lo único que me importa es que tu también quieras.
- Te quiero- solo aquellas dos palabras salieron de la boca de la joven pero fueron suficientes para Maki que juntó con una urgente necesidad sus labios con los de ella, pronto tuvieron que separarse para poder respirar- para, mañana hay partido.
- ¿Ya no quieres que nos eliminen?- la mueca que hizo el moreno hizo que una risa tonta se apoderase de Mei.
- No, quiero que ganes y que demuestres que eres el mejor de todo Japón.
- ¿De todo Japón?
- No, de todo el mundo mejor- ambos estallaron en carcajadas-ya Maki, en serio, tienes que descansar.
- Que aburrida eres, ¿qué hacías aquí sola con ese balón?
- Recordar cuando empecé a odiar el basketball- ante la mirada de curiosidad de Maki, Mei continuó- de pequeña mi padre me enseñó a jugar, pero poco a poco él dejó de leerme un cuento todas las noches, después ya ni siquiera me daba un beso de buenas noches hasta que podían pasar días y días sin verlo, y todo porque se iba a jugar, a entrenar y nunca estaba conmigo.
Maki no pudo evitar abrazar a la joven, y así permanecieron un rato, abrazados, sin decir nada para evitar romper la magia que los envolvía, después de un rato se separaron y la muchacha pudo lograr convencer a su capitán de que se marchase a su casa a descansar ya que mañana iba a ser un día muy duro, Shohoku no iba a ser fácil de vencer para nada, a regañadientes Maki había aceptado y la había dejado a unas cuantas casas antes de la suya, hasta donde Mei la había dejado hacerlo.
- Buenas noches- Maki posó sus labios en la frente de Mei y se fue separando lentamente, mirándola a los ojos.
-Maki, no quiero que nadie sepa lo que ha pasado esta noche- tras asentir levemente el joven se giró para darse la vuelta y Mei también lo hizo, pero no habían dado un paso cuando los dos se pararon, se giraron y corrieron el uno hacia el otro hasta que se fundieron en un tierno pero a la vez ansiado beso- te quiero, te quiero, te quiero.
- Me siento el hombre más afortunado del mundo en este instante.
Aquella noche ninguno de los dos jóvenes pudo dormir pensando el uno en el otro, y en lo que el futuro les depararía.
El estadio estaba completamente lleno y los más sorprendente era que aún quedaba más de media hora para que el partido comenzase, Mei recorría los pasillos buscando el vestuario de su equipo para informarles de la hora a la que debían saltar a la cancha, del adversario y ¿por qué no? de motivarlos, cuando lo encontró no lo pensó dos veces y abrió la puerta sin llamar si quiera. No se podía esperar que frente a ella se encontraba el hombre al que la anterior noche había estado besando sin camiseta, con una toalla que tapaba su rostro, un rostro que solo levantó cuando escuchó a Takato mencionar el nombre de su ¿novia? y sonrió levemente al verla con la mirada perdida en su desnudo abdomen.
- Mei- volvió a llamar Takato a Mei, esta vez con un tono de molestia en su voz.
- Yo venía a… bueno lo que quería deciros es que el árbitro dice que debéis ir saliendo a la cancha y preparándoos para jugar.
- Claro, no hay ningún problema, gracias por avisarnos- Mei y Jin se sonrieron mutuamente y este último le guiñó un ojo a la joven generando una sensación incómoda en Maki.
- Yo voy a ir preparando todo en el banquillo- sin decir nadie nada más la muchacha se retiró, tras su salida Maki se levantó, se puso su camiseta e impulsó a todos a salir a jugar.
Mei había saludado a Ayako antes de que cada una se colocase en el banquillo correspondiente, había deseado suerte Maki y había visto como los dos novatos de oro se peleaban ante lo cual no pudo evitar reír, Kyota y Sakuragui eran un completo desastre.
Pronto el árbitro pitó, el partido había comenzado.
