Disclaimer: Criminal minds no es de mi propiedad. Y la historia siguiente tampoco ya que esta pertenece a mi mente disfuncional, pero eso es otra historia…

N/A: Hola, siento haber tardado en actualizar. Para compensar este es un poquito más largo que el anterior según Word.

Podría decir que la próxima vez tardaré menos pero como no lo puedo asegurar no prometo nada. (:

Disculpad las faltas ortográficas.

Tayler-FZ: Me alegra que te guste y gracias por tu comentario, me anima mucho (: Y el episodio al que me refería en el capítulo anterior es el nº12 de la 7ª temporada se llama "Unknown Subject".

Creo que esto no es necesario pero aun así…

Aviso: Uso de rating. Leve mención de temas violentos.

Espero que os guste el capítulo.


"Recuerdo aquella noche mejor que algunos años de mi vida."Antes del atardecer.

Historias pasadas

-Llueve –murmuró Emily mirando como las gotas de lluvia hacían su recorrido por el cristal. Hotch dejó de contemplar a la morena y miró a las lluviosas calles de Quántico. Para ambos la lluvia era un recordatorio de lo que fue, de lo que habían compartido, de lo que habían vivido juntos

Hace casi dos años

Era una noche nebulosa en Washington DC. Al fondo de un bar irlandés se encontraba una morena con el pelo suelto y tez clara. Tenía la cabeza apoyada sobre su mano izquierda, a la vez que su codo reposaba sobre la barra, mientras que con su mano derecha daba vueltas a los hielos que reposaban dentro de su segundo whiskey de la noche.

Había sido una larga semana para Emily Prentiss, un caso en Búfalo no solo la había desgastado tanto física como mentalmente por completo, sino que la había hecho adentrarse en su propia mente y ese lugar era uno al que no quería volver. Para alguien que había vivido lo mismo que había vivido ella en los últimos años y que se dedicaba a analizar a los peores asesinos en serie de Estados Unidos, su propia mente era un rincón lleno de tinieblas, dolor, y sufrimiento.

Hasta que Ian Doyle reapareció en su vida se las había arreglado para no adentrarse en esa oscuridad, para encender una luz que iluminase su camino y así apreciar la belleza que hay en el mundo.

Pero tras enfrentarse a Doyle y morir durante cinco minutos no pudo evitar adentrarse. Emily no sabía de donde había aparecido aquel frío y aquella oscuridad, y el hecho de no tener control sobre ella, en parte, la asustaba. Sí era cierto que había ido y vuelto, y ya no se encontraba en medio de aquella oscuridad, pero aun así tenía la sensación de haberse traído parte de ella consigo y ahora la seguía a todas partes impidiéndola ver el lado bueno.

Sobre todo tras este último caso. El sudes buscaba mujeres morenas de entre 35 y 45 años, las cuales después de abusar de ellas, tanto física como sexualmente durante días, las asesinaba y las abandonaba cerca de las comisarías de policía más cercana al lugar de aducción para así burlarse de los cuerpos de la ley. Tras una semana y otras dos víctimas el equipo de la UAC había sido capaz de detenerle. Para Emily había sido un caso difícil, no solo por su parecido con las víctimas, el cual era sorprendente, sino porque ella y Morgan habían hablado con el sudes antes de que Kirsten Nixon, la última víctima, fuese secuestrada. A pesar de que no era su culpa ni la de Morgan ella se sentía culpable porque, tal vez, si hubiesen visto las señales hubiesen encontrado a Kirsten antes o incluso esta jamás hubiese sido secuestrada y entonces la víctima no hubiera tenido que haber pasado el infierno que el sudes la había hecho sufrir.

Emily se acercó el vaso a los labios y bebió el whisky restante de un trago. Sintió como el fluido ambarino le quemaba mientras hacía su camino por su garganta. El alcohol, la mayor parte de las veces desde que había vuelto a DC, se había convertido en su forma de encontrar consuelo en medio de su dolor, pero parecía que ya no hacía efecto. Se seguía sintiendo culpable, enfadada, triste, con ganas de gritar a pleno pulmón y así poder extraer todas las emociones y sentimientos que ya no era capaz de compartimentar.

Poniendo el vaso de vuelta en la barra a la vez que una lágrima no deseada golpeó la dura madera, cogió su móvil que se encontraba al lado de donde la gota salada había caído y viajó a través de los contactos por segunda vez desde que llego al bar. Se paró en el que decía "Aaron Hotchner". Titubeante pulso la tecla de llamada.

-Hola preciosa, te invito a una copa. –dijo una voz masculina.

-No, gracias –respondió Emily sobresaltada, colgando el teléfono en el proceso antes de que diese el primer tono.

-Vamos, si soy muy majo. Ya verás cómo nos divertimos. –propuso el chico al que pertenecía la voz de antes poniendo su mano en el hombro derecho de Emily. Ella ante la invasión de su espacio personal se levantó de su taburete y se giró hacia él.

-He dicho que no, gracias. – contestó enfadada separándose la chaqueta y mostrando su pistola y placa. Estaba tan cabrada, no solo por su interrupción sino por todo lo vivido la última semana, que por un momento deseó que el insistiese para así poderle patear el culo y liberar un poco de adrenalina. Tal vez de esa manera se sintiese mejor y su vida de mierda tendría algo de sentido.

-La señorita ha dicho que no, así que mejor la dejas en paz. –dijo apareciendo un hombre musculoso y tatuado de unos 50 años y con acento que al parecer era el camarero y probablemente dueño del local.

- Entendido, lo siento –se despidió el chico con las manos en alto en forma de disculpa.

-Me las puedo apañar sola Jake –dijo Emily girándose hacia el camarero antes de volver a sentarse y adoptar su pose anterior con el codo en la barra.

-Lo se Emily, pero no me gusta que molesten a mis clientas favoritas –comentó Jake con un guiño.

-Lo siento, no ha sido un buen día. Bueno, mejor dicho una buena semana. –declaró Emily con una leve sonrisa que no llegó a sus ojos.

-¿Quieres hablar de ello? –preguntó él preocupado.

-No, la verdad. Pero sí otra de estas.- pidió ella señalando a su vaso ya vacío.

-Marchando.- informó antes de irse a por la botella de whisky.

Jake llenó un cuarto del vaso. Emily le miró alzándole una ceja y él lo lleno por la mitad. Se lo acercó a ella pero no lo soltó.

-Antes de dártelo quiero que hagamos un trato.- propuso Jake mirándola fijamente.

-¿Un trato? –preguntó Emily en bajo. ¿Qué tienen los hombres con los tratos? pensó ella.

-Sí. Yo te doy el vaso y tú, me respondes a una pregunta. –respondió Jake enigmático.

-¿Un whisky por una respuesta? –preguntó curiosa.

-Sí. Y si la respondes te invito a esta y a la siguiente. –respondió él con un deje de sonrisa. Emily no entendía nada. ¿Qué puedo decirle que valga 100 dólares en whiskey?

-¿Sabes que puedo permitirme pagar esa copa y muchas más, verdad?

-Sí, pero también se lo que te gustan los retos. Y no sé porque me da que responderme a la pregunta que te voy a hacer va a ser todo un reto para ti.

-Trato. –dijo ella no muy segura. Era cierto que le gustaban, le encantaban en realidad. Para ella un reto era una buena forma de probar su valía, y proviniendo de la familia de la que lo hacía era algo que tenía que hacer muy a menudo. A pesar de ello se encontraba indecisa ya que el último trato que había hecho aún le perseguía. De hecho en esos momentos ocupaba su mente.

-Bien. ¿Quién es la persona a la que no te atreves a llamar? –preguntó Jake.

-¿Cómo dices?

-Desde que has llegado no paras de mirar el móvil. Y no solo eso, has llamado dos veces y has colgado antes de que respondan. Así que, ¿quién es? –se explicó Jake.

-¿Por qué crees que he colgado? Tal vez no han respondido. –dijo ella secamente.

- Has colgado demasiado rápido. No has dado tiempo a que de tono. –declaró él.

-Vamos es una respuesta fácil.- la animó poniendo el vaso mucho más próximo a ella.

Emily suspiró. Él tenía razón. Desde que había llegado al bar y había pedido su primera copa, había intentado llamar a Hotch pero no se acababa de decidir. Es tarde seguro que está con Jack. Además todo por culpa de un "estúpido" trato que hicimos en un avión. Que le dijese que hablaría con él cuándo tuviese un mal día no quiere decir que tenga que hacerlo, ¿verdad? pensaba. No, acordé que le llamaría así que debo hacerlo, se decía cada vez que de decidía a pulsar la tecla de llamada. Eso se decía ella. Pero, en el fondo, sabía que sí llamaba no sería por cumplir el acuerdo que habían hecho, sino porque él era el único capaz de sacarla de su oscuridad. Él con esa sonrisa con hoyuelos que la volvía loca, su inteligencia y preocupación por los demás, su dedicación por cada cosa que hacía. Él, la persona hacia la que tenía sentimientos que no debería tener, y que se había obligado a apartar al fondo de su mente, de su corazón, los últimos dos años. Sentimientos que por mucho que lo había intentado era incapaz de compartimentar. ¿Qué daño puede hacer decirlo? pensó después de meditar un rato sí decirle o no. Emily odiaba hablar de sí misma, de sus pensamientos, emociones y sentimientos. Pero ese no era el único problema que veía ella. Emily creía que si decía lo que sentía y penaba en voz alta se volvería más real y entonces ya no lo podría ocultar en un compartimento como había pretendido hacer los últimos años.

Cuando se había decidido a hablar se preguntó: Pero, ¿qué es Hotch para mí? ¿Mi jefe, mi compañero, mi amigo? ¿Uno de las mayores motivos por los que voy a trabajar cada día?

-Es… es Hotch. Es… un amigo –respondió insegura antes de morderse el labio.

-¿Un amigo? ¿Sólo eso? ¿Y no te atreves a llamarle? –preguntó Jake con el ceño un poco fruncido.

-Es complicado –respondió ella secamente.

-Está bien –dijo él dándole el vaso de whisky.

Emily le miró confusa. Esperaba que tras su respuesta viniesen más preguntas, pero si no era así mejor, pensó. Un vez que tuvo el vaso en la mano se bebió el líquido ambarino de golpe. Mientras la quemazón le recorría la garganta cerró los ojos. Con ellos aun cerrados aproximó su vaso a Jake para que se lo rellenase como habían acordado.

-Te lo lleno, pero quiero que después hagas algo por mí. - dijo él.

-¿Qué? –preguntó Emily secamente tras abrir los ojos.

-Le llamarás. A ese tal Hotch. Parece que te vendría bien hablar con él, mejor que esto. Eso te lo aseguro. –respondió él señalando al vaso que ahora contenía una buena cantidad de whiskey. Emily asintió como respuesta antes de que Jake fuese a atender a los nuevos clientes.

Emily agarró el vaso y lo puso al lado de su teléfono. Alternando su mirada entre el contenido para olvidar y móvil pensaba en cual opción elegiría. Hasta ahora el alcohol no me ha servido de nada, sigo sintiéndome como una basura. Pero llamar a Hotch… pensó antes de soltar de golpe el aire que había contenido en sus pulmones. Cerró los ojos un momento y se decidió. Tanteó el móvil con manos temblorosas, no sólo por el efecto que el whisky le había causado sino porque se sentía como una adolescente que llama por primera vez al chico que le gusta.

-Puedo hacerlo –se animó susurrante antes de pulsar la tecla de llamada y esperar. Un tono, dos tonos, tres tonos…


¿Llegará a llamar o colgará antes? ¿De llamar llegará a contestar Hotch?

Hasta aquí un nuevo capítulo.

Espero que os haya gustado.

Muchas gracias por tomaros tiempo en leer (:

Por cierto. Mientras escribía este capítulo me vino a la cabeza un final trágico para la historia. ¿Qué preferís un final más bien "Happy" o uno un "poco" "trágico"?