CAPÍTULO 8
UN BESO DE AMOR
Yumemon se detuvo. Podía matar a esa chiquilla en cualquier momento. Le estaba entrando hambre, y su único alimento eran los sueños de los seres que caían víctimas de su ataque. Se le hacía la boca a agua de pensar en los dulces sueños que esa niña pudiera estar teniendo. No era algo que soliese hacer, menos aun cuando era un encargo de su señora, pero esta vez haría una excepción. Tocó su frente con uno de sus huesudos dedos y en segundos comenzó a viajar hacía el subconsciente de la niña, entrando en el lugar donde almacenaba sus sueños.
Lo normal sería que la mayoría de sus sueños ya hubieran sido devorados, víctima de su Akumu Merodi, que aparte de inducir a los que lo sufrían a un profundo sueño, también creaba unas criaturitas que los iban devorando a la velocidad del rayo. No era la primera vez que entraba en el subconsciente de una de sus víctimas para ver como sus pequeños trabajaban, pero está vez se iba a llevar una sorpresa. Nada agradable.
Todos sus pequeñines, en forma de perros con afilados dientes y largas colas, estaban atrapados en una red de luz, que envolvía todas las esferas que contenía los sueños de la niña. Se quedó con el hocico abierto. Era la primera vez que veía algo así. Había visto resistencia por parte de sus víctimas, pero eso… era demasiado. Sus criaturas no podían ni moverse un centímetro.
- ¿Q-Qué demonios pasa aquí?
A través de la red de luz apareció la figura de la niña, envuelta en un aura blanquecina, tan potente que el digimon se quedó completamente ciego. Emitía un poder que no había sentido en toda su vida, ni siquiera su señora era capaz de desprender tanta energía.
- ¡¿Qué eres tú?
La luz se fue volviendo más intensa. Para cuando se quiso dar cuenta, ya estaba de nuevo frente al cuerpo dormido de la niña, agotado y asustado. Jamás había sentido tal cantidad de poder, y mucho menos un poder sagrado, como el de los digimon clase ángel. No sabía a que se debía, pero si esa niña contenía tal poder en su interior, como para bloquear su ataque, lo mejor era acabar con ella cuánto antes. Sacó su flauta y se dispuso a clavársela en la cabeza, pero alguien le golpeó en la cara.
Lo único que vio antes de caer una larga cola y un pelaje blanco. La atacante se situó ante la niña, intimidándolo con unos feroces ojos azules y unas afiladas garras.
- ¡Ni se te ocurra acercarte a Hikari!
- T-Tú… ya veo… eres Tailmon, la gata que estaba con Vamdemon, ¿me equivocó? – La reconoció al instante. Solo una gata de pelaje blanco se había hecho un nombre en el mundo digimon, y era la mano derecha del uno de los digimon oscuros más fuertes hacía años.
- ¿Qué le has hecho a Hikari? ¡¿Por qué está dormida?
- ¿Quieres qué te lo diga? ¿Y si no quiero?
- ¡No juegues conmigo! – Le enseñó las afiladas garras.
Yumemon no era un digimon de combate, simplemente dormía a sus víctimas y luego acababa con ellas de una forma rápida y poco dolorosa. Como Tailmon, era un digimon de nivel Campeón, pero tenía poco que hacer contra ella en una contienda cuerpo a cuerpo. Sería pequeña, pero muy rápida y fuerte. Lo mejor era usar la astucia.
- Ha sido víctima de mi Akumu Merodi. En estos momentos está dentro del sueño que ella más desea, viviéndolo intensamente.
- ¿Dentro de un sueño? – Miró a su compañera. Parecía que no hubiese sufrido ningún daño físico, hasta tenía una sonrisa de felicidad, como si lo que estuviera soñando le gustase. Pero no podía dejarla así - ¡Despiértala ahora mismo!
- ¿Oh? Pero si parece que lo que sueña le está gustando, además…
- ¡Te he dicho que la despiertes! – La gata se acercó amenazante, dispuesta a usar sus garras para atacarle. Yumemon tenía que actuar con rapidez.
- Vale, vale. La despertaré. Pero tengo que usar mi flauta para hacer sonar la melodía.
- No intentes ningún truco… - lo avisó, lanzándole una mirada asesina.
No hacía falta que se lo dijese. Comenzó a tocar. Lo lamentaba por Tailmon, pero no tardaría en caer ella también víctima de su Akumu Merodi. La gata fue notando como le pesaban los parpados. Hacía vagos intentos por mantenerlos abiertos, pero era muy difícil resistirse a la somnolienta melodía que entraba por sus largas y puntiagudas orejas. No podía entender como tenía tanto sueño de pronto. Entonces lo entendió.
- ¡T-Tú…! – Iba a atacarle para quitarle la flauta, pero era inútil. Su cuerpo no le respondía.
- Ju, ju, ju, ju – rió el digimon, sin dejar de tocar - . Es inútil, ahora mismo todos los nervios de tu cuerpo están dormidos.
- M-Maldito… - cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos.
- No te preocupes. En cuanto acabe con tu amiga humana me haré cargo de ti – dejó de tocar - . Aunque, como te has atrevido a desafiarme, supongo que no estará de más que acabe contigo primero. Como venganza.
Empezó a patearla en el estómago, con todas sus fuerzas. Daba igual lo que lo intentase, no podría moverse así que le golpearía hasta hartarse. Tailmon se quejaba de los débiles, pero continuados golpes. Estaba empezando a dolerle de verdad. Se maldecía así misma por haberse dejado engañar de esa manera, no tenía que haberse fiado de ese maldito digimon.
No supo cuántas patadas le había dado, pero finalmente se detuvo. Parecía hasta cansado de haberle dado tantas patadas, como si le hubiera supuesto un terrible esfuerzo. Habían sido muy débiles, pero al haber sido golpeada tantas veces en el mismo lugar, Tailmon sentía un horrible dolor en el estómago. Que un digimon como ese le hubiera hecho tanto daño le dolía en su orgullo, pero era incapaz de mover un solo músculo para defenderse.
- Bien, creo que ha llegado la hora de acabar contigo Tail-
Antes de que pudiera acabar la frase, alguien le pegó una fuerte patada en el hocico, tirándolo a un par de metro por el suelo. Su vista estaba borrosa, pero le pareció ver a un gato, como ella, pero algo diferente. Fuera quien fuera, le había salvado la vida.
- Ey, ¿estás bien, Tailmon? – Le preguntó una voz femenina, que curiosamente le resultó familiar.
- ¿Q-Q-Quién eres…?
Su salvadora parecía que revisó todo su cuerpo, para ver si no tenía nada grave.
- Está bien, no te has hecho nada grave. Estarás bien enseguida.
Yumemon se levantó furioso. Ya era la segunda vez que lo golpeaban por sorpresa, encima resultó ser otro digimon gato, como Tailmon. Bueno, esta se diferenciaba en el tono del pelaje y en el color de los ojos, pero era su viva imagen. No tenía ni idea de quien narices era, pero no tenía tiempo para perderlo con otro digimon que se interpusiese en su camino. Lo mejor era mandar a ambas a dormir y terminar con su trabajo.
Iba a tocar la melodía con la flauta cuando oyó unos gritos que provenían de un lugar no muy lejano. También pudo oír pasos. De varias personas. Eso quería decir que los niños elegidos se estaban acercando.
- ¡Hikari! ¡¿Dónde estás?
Tailmon reconoció enseguida la voz de Tai, el hermano mayor de su compañera humana. Usó las pocas fuerzas que tenía para llamarlo.
- ¡Tai, estamos aquí! ¡Por aquí! – Gritó con todas sus fuerzas.
Yumemon pensó su estrategia en solo un par de segundos. Si Tailmon se recuperaba, uniéndose a la intrusa, no iba a poder dormir a los niños elegidos. Y si venían junto con sus digimon mucho menos, así que lo mejor era hacer una retirada temporal, al menos hasta que pudiera pillarlos desprevenidos de nuevo.
- ¡Espera! – La gata de pelaje de tigresa se lanzó a su persecución. No parecía querer dejar marchar a Yumemon.
- ¡O-Oy…! – No le dio tiempo a decirle nada. Para cuando su vista se recuperó, ya no podía ver a ninguno de los dos digimon.
Se puso en pie. De golpe podía mover todo su cuerpo. No sabía quien había sido esa gata digimon, pero esa voz, le traía cierta nostalgia. Igual la había oído alguna vez en el pasado, pero no era capaz de situarla. La voz de Tai la sacó de sus pensamientos.
- ¡Tailmon! – Tai corrió más veloz al ver a la gata digimon. Aumentó más la velocidad cuando vio a Hikari tendida en el suelo - ¡Hikari!
Comprobó corriendo que no tuviera ninguna herida ni nada grave, hasta le tomó el pulso. Algo inútil, pues estaban en el mundo digimon, donde eran datos. Allí no se respiraba, aunque no se diesen cuenta.
- ¡Hikari! ¡Oye, Hikari! – La llamó, pero no obtenía respuesta, lo que lo preocupaba todavía más.
- No te preocupes, solo está dormida. Ha sido víctima del Akumu Merodi – intentó tranquilizarlo.
- ¿Akumu Merodi?
- No sé como hacer que despierte… pero igual Gennai-san si que sabe. ¡Vamos, os llevaré con él!
Tai asintió y cargó con su hermana sobre su espalda. No sabía por donde andaba su hermano, pero le pediría a Sora que le dejase un mensaje en el lugar que habían quedado en reunirse. O también podía mandar a Biyomon a buscarlo. No, no podía pensar en eso ahora. Lo más importante era averiguar como despertar a la niña. Sin perder un segundo, corrió a toda velocidad siguiendo a Tailmon, rezando porque Gennai supiera como despertarla.
Yumemon chocó contra la roca cuando ese humano le dio ya la tercera patada en sus costillas. Sin darse cuenta, esa gata intrusa le había conducido hasta ese humano, que al parecer tenía alguna relación con la niña elegida. Igual eran parientes, porque tenían el tono del cabello y los ojos bastante parecidos…
- Te lo preguntaré otra vez, ¿cómo puedo despertar a Hikari?
- Ya te lo he dicho, no se puede…
Esta vez el golpe fue en su hocico. Todavía le dolía del golpe que le había dado esa gata digimon, así que ahora el dolor era el doble. Si no hacía algo pronto esos dos acabarían con él. No podía usar la misma estrategia que con Tailmon, porque esa otra gata ya conocía el Akumu Merodi. Tendría que averiguar como controlar a ese humano.
- E-Espera… vale hay una forma. Es necesario un beso.
Sin decir nada, el humano lo golpeó de nuevo en el hocico.
- ¡Espera, espera! ¡Te he dicho la verdad! ¡Es necesario un beso de amor para despertarla!
- ¿Un beso de amor?
- Ahora mismo está inmersa en el sueño que más desea. Un beso transmitirá los sentimientos de del uno al otro, y eso hará que su subconsciente se despierte. Por eso es necesario que el sentimiento hacía esa persona sea muy fuerte – explicó.
El humano frunció el ceño. Estaba claro que no se fiaba de él. Pero era la verdad, es la única manera de liberar a alguien del Akumu Merodi. Tenía que darse prisa en ganarse la confianza de ese humano, porque si no iba a matarle de verdad.
- Entonces, solo es necesario un beso, ¿verdad?
- S-Si, eso es. Solo un beso. Pero ha de ser un beso de amor verdadero. Sino, no servirá de nada.
- De acuerdo… Mikemon, acaba con él – le pidió a la gata digimon mientras se daba la vuelta para marcharse.
Yumemon se asustó al ver como la gata preparaba sus garras para acabar con su vida. En sus planes no entraba que el humano no tomase en consideración su ayuda. ¿O es qué no se había creído lo del beso? Daba igual, tenía que hacer algo pronto o era digimon muerto.
- ¡E-Espera! ¿Acaso no hay algo que tú deseas también? P-Puedo verlo claramente.
- ¿Algo que yo deseo? – Se detuvo.
- Seguro que guardas en lo más profundo de tu corazón algún sueño que deseas cumplir con todas tus fuerzas, ¿me equivoco? Yo podría lograr que se hiciera realidad.
El humano no decía nada, solo se mantenía inmóvil. ¿Estaría pensando en lo que le acababa de decir? Por si acaso, sostuvo fuerte su flauta. Tenía que aprovechar cualquier oportunidad para librarse de él y de la gata digimon, que ahora sabía que era Mikemon.
- ¡Kenji, no le escuches! ¡Nada bueno puede salir de lo que dice!
Kenji dio media vuelta, caminando hasta situarse frente a Yumemon. Este temblaba, nervioso. No sabía si iba a recibir una nueva patada o algo similar, pero intentó que no se le notase mucho el miedo que tenía.
- ¿Dices la verdad? ¿En serio puedes cumplir ese sueño?
- ¡C-Claro! ¡Déjame que te lo demuestre!
Puso los dedos en los agujeros de la flauta y comenzó a tocar. Mikemon no pudo hacer nada, su compañero había caído en la trampa del digimon. Todo a su alrededor cambio. Kenji se encontró en su cuarto, en Odaiba. Nada parecía haber cambiado, todo estaba igual que lo dejó antes de marcharse con sus hermanos al mundo digital.
- ¡Hermanito!
Por la puerta apareció Hikari, que se lanzó al cuello de su hermano mayor, dándole un beso en los labios. Esto dejó a Kenji de piedra por unos segundos. Si era un sueño todo era muy real, porque había sentido los dulces y cálidos labios de su hermana, como cuando la besaba aprovechando que estaba dormida. Además, notaba el calor que desprendía su cuerpo.
- ¿Qué pasa, hermanito?
- ¿Eh? Esto… Hikari… ¿por qué me has besado?
- ¿Ah? – La niña mostró su asombro - ¡Pero qué tonto eres! ¿Acaso no somos novios? ¡Es normal que bese a mi novio a primera hora de la mañana!
- ¿N-Novios?
- ¡Claro! ¡Tú me lo pediste, ¿recuerdas? ¡Así cumpliremos nuestra promesa!
Kenji pensó las cosas fríamente por un momento. Yumemon había dicho que le cumpliría su sueño, pero, ¿eso era el mundo real o estaba soñando? Notaba la cálida piel de su hermana, su aliento de sabor a menta golpearle la nariz, el calor de su cuerpo, su peso entre sus brazos. Todo era tan real…
- Hikari, ¿y qué pasará con Tai? A él también…
- ¡Yo a quién amo es a ti, hermanito! ¡Nunca he sentido nada por Tai!
Kenji no podía verlo, pero tras Hikari estaba la imagen de Yumemon, riéndose. Jamás imaginó que el sueño de aquel humano era que su hermana correspondiese sus sentimientos. De modo que esa era su relación… eso si que era toda una sorpresa. Era peligroso dejarle marchar, porque sin duda sus sentimientos eran lo suficientemente fuertes como para despertar a la niña del Akumu Merodi. Lo mejor era dormirlo para siempre y matarlo. Así acababa con dos de los niños elegidos.
No le dio tiempo a hacer nada, porque de golpe agarró la imagen de su hermana del cuello y la lanzó a un lado. Yumemon salió disparado con ella. Cuando chocaron con la pared del cuarto, toda la habitación se hizo trizas, como si se tratase de pedazos de cristal. Volvieron al lugar donde se encontraban, Yumemon de nuevo con su forma, sin comprender nada.
- N-No me lo puedo creer… ¿h-has podido hacerle eso a tu propia hermana aun cuando te decía que te quería? ¡¿Qué clase de monstruo eres?
- ¿Monstruo? No sé que clase de poderes posees, Yumemon, pero si querías engañarme con un truco como ese deberías haber estudiado mejor lo que había en mi corazón. Hikari jamás habría dicho que nunca ha sentido nada por Tai – la indiferencia y tranquilidad con la que lo decía lo dejaron de piedra. Lo que es más, sentía como un aura oscura emanar de su cuerpo, incluso le pareció ver que sus ojos se tornaron rojos por un segundo.
- ¡¿Q-Qué?
- Mikemon…
La gata pasó como un rayo por un lado de Yumemon. No sintió nada, ni dolor ni la herida en forma de cruz que le hizo en el pecho. Ni siquiera sintió miedo cuando su cuerpo comenzó a desvirtualizarse. Ese humano le había provocado una sensación familiar, como la de cuando se encontraba frente a su señora. Había fallado, y de todas formas ella acabaría matándolo. Era mejor morir así, sin dolor. No sabía que era lo que había visto dentro de esa niña ni lo que había visto en ese humano, pero, ya no le importaba.
Kenji y Mikemon abandonaron del lugar a toda velocidad. Tenían que llegar hasta la casa de ese tal Gennai cuanto antes. Si un beso era la única forma de despertar a Hikari, Kenji era el mejor candidato para eso. A no ser, claro, que Tai estuviese dispuesto.
- ¡¿Qué? – Exclamó Tai, cuando oyó la explicación de Gennai.
- ¿Por qué te pones así? Para despertarla solo hace falta que le den un beso de amor. ¿Los humanos no tenéis un cuento en el que pasa eso?
- ¡P-Pero eso es fantasía! ¡Esto es la vida real! – Aunque ahora estaban en el mundo digimon.
- Además hay que darse prisa… si Hikari-chan sigue en ese sueño, es muy posible que nunca desee despertar…
- ¿Cómo dices…? – Todos se quedaron mirando a Gennai.
- El secreto del Akumu Merodi es que si una persona vive ese sueño, pero luego no quiere volver, resulta imposible despertarlo. Por eso es tan peligroso; se suele llevar a esa persona a lo que más desea su corazón.
- Lo que más desea su corazón… - Tai miró a su hermana.
Esta parecía estar feliz con lo que estaba soñando, aunque no tenía ni idea de lo que podía ser. Si Gennai decía la verdad, igual jamás querría volver a despertar. Pero, ¿un beso? ¡Era ridículo!
- ¡Hikari! ¡Despierta! – La llamó dándole palmaditas en la mejilla, cosa que ya había hecho rato antes sin éxito. Ahora seguía igual - ¡Vamos, despierta!
- Tai-kun, ya te he dicho que es inútil.
- ¡P-Pero…!
- Hikari-chan aún es muy joven para tener novio, ¿no es así? Y tú la quieres mucho, seguro que es un sentimiento lo suficientemente fuerte como para liberarla del Akumu Merodi.
- Pero yo… - eso era mentira. El más idóneo para esto sería Kenji, que era el que estaba enamorado de ella. Para Tai, Hikari solo era su hermana pequeña, a la que debía proteger porque era su hermana, y porque casi murió una vez por su culpa.
No tenían ni idea de donde estaba Kenji. Sora había salido a buscarlo, pero todavía no habían vuelto. No sabía cuanto tiempo podían tener, y solo de pensar en besarla se estaba volviendo loco. Pero si tenía que hacerlo… Miró a la niña, fijándose sobre todo en sus delgados y finos labios. Ya los había probado cuando le hizo el boca a boca el otro día. Recordarlo lo puso nervioso. Esto era muy diferente, esto tenía que ser un beso de verdad. No, no era capaz de hacerlo.
- Fíjate… - Gennai le señaló la piel de la niña. Estaba comenzando a oscurecerse. – Eso es señal que cada vez tiene menos ganas de volver a este mundo… Tai-kun, tienes que darte prisa.
- P-Pero es que… yo…
Si no hacía nada, su hermana no podría despertar nunca más. Sus padres no se lo perdonarían, Kenji lo mataría. La cabeza le empezó a dar vueltas. Por un lado quería hacerlo para salvarla, pero por otra la idea de besar a su hermana le tiraba para atrás. Se estaba volviendo loco. Entonces recordó una cosa que Kenji le dijo: "no eres tan diferente de mi". No estaba de acuerdo con eso, él no veía a Hikari con esos ojos. Y, sin embargo, si quería salvarla parecía que tenía que ser así esta vez.
Dejó de darle vueltas al tema y la beso de golpe, antes de que ninguno de sus compañeros pudiera reaccionar. Noto sus finos, pero suaves labios, entrar en contacto con los suyos. No podía mirarla la cara, así que cerró los ojos con todas sus fuerzas. Le daba demasiada vergüenza eso que estaba haciendo, sobre todo con sus amigos delante.
Comenzó a notar algo parecido a una brisa fresca que le recorría la cara. ¿Es qué había abierta alguna ventana? No, estaba seguro que Gennai las tenía todas cerradas. Entonces, ¿de qué era esa brisa? Lo entendió al abrir los ojos. Ahora estaba en un prado inundado por la suave y fresca brisa de la primavera. Las plantas habían florecido, las nubes viajaban a través del cielo azul, y los animales daban vuelta de un lugar a otro disfrutando de ese maravilloso día.
- ¿Dónde…?
El lugar le resultaba conocido, pero era incapaz de recordar el porqué. Empezó a caminar en una dirección cualquiera, mirando a todas partes. ¿Dónde se encontraba? Hacía un momento estaba besando a su hermana en casa de Gennai, ¿y ahora había acabado allí?
- ¡Esperad, Tai-onichan! ¡Kenji-niichan! – Se detuvo al oír esa voz.
Había venido de su espalda, y no había duda posible, era la de Hikari. Se dio la vuelta y se llevó una gran sorpresa. Descendiendo una pequeña colina, Hikari estaba persiguiendo a dos niños, a los que reconoció al instante; eran él mismo de pequeño y Kenji, también cuando era pequeño. Hikari igual, había encogido, parecía que tuviera cuatro años o así.
Se cayó al suelo al tropezarse con una roca, ante lo que empezó a llorar. Los dos se acercaron hacía ella, para consolarla. En un momento dejó de llorar.
- Tienes que ir con más cuidado, Hikari-chan – le riñó Kenji.
- ¿Quieres que te lleve a caballito? – Se ofreció Tai.
La niña saltó sobre ellos de golpe, acabando encima de los dos. Los niños protestaron, había hecho lágrimas de cocodrilo para pillarlos con la guardia baja.
- ¡Bleh! – Sacó la lengua - ¡Os he pillado!
- ¡Eres una tramposa!
- ¡Eso no vale!
- ¡Ahora os tendréis que casar conmigo cuando seamos mayores!
"¿Casar?", Tai no sabía si lo podían ver o no, pero se ocultó tras una roca más grande, para poder ver lo que pasaba. Ahora reconocía el sitio. Era un prado que había en el pueblo donde vivían sus abuelos maternos. Solían ir allí cuando eran niños. Tras la marcha de Kenji, era raro que Tai y Hikari volvieran a pasar poco más de un día.
- Tonta… - Kenji se la quitó de encima y la dejó sentada en el suelo. Luego se espolsó la ropa – Te lo hemos dicho cientos de veces, no es posible que te quedes con los dos.
- ¡Es cierto! Tienes que elegir a uno, Hikari.
- ¡Pero es que yo no quiero! ¡Os quiero a los dos! – Se rebotó, como solía hacerlo cuando sacaban el tema.
- Hikari… Ains… eso no es posible, cariño. Además, somos hermanos. No podemos casarnos.
- ¡Me da igual! ¡Yo quiero que siempre estemos juntos los tres!
Tai y Kenji se miraron. Era imposible hacerla cambiar de opinión con respecto a ese tema, y menos cuando se ponía así. De golpe, Tai le dio un beso en los labios, que fue rápidamente correspondido por la niña.
- ¡Oye, tú! – Saltó Kenji - ¡No te aproveches, que eso iba a hacerlo yo!
- Se siente – le sacó la lengua – A mi me da igual que seamos hermanos, Hikari. Yo estaré contigo siempre.
- ¿De verdad? – A la pequeña se le iluminaron los ojos ante las palabras de su hermano.
- Claro – Kenji empujó a su hermano, tirándolo aun lado – Yo también lo estaré… da igual lo que diga la gente.
También la beso, siendo correspondido por la pequeña. Tai los miraba fijamente, resultándole muy familiar todo eso, pero sin poder creérselo. Las dos versiones de niños de él y Kenji comenzaron a discutir sobre quien cuidaría mejor a Hikari en el futuro, cuando todo se volvió oscuro y desapareció.
- ¡Tai! ¡Tai!
La voz de Hikari hizo reaccionar a Tai. Lentamente abrió los ojos, cegándole la luz de la lámpara de la mesita que tenía al lado.
- ¿Hikari…?
La miró fijamente. Por un momento la vio borrosa, pero luego la imagen se fue mejorando hasta verla claramente. Parecía que había estado llorando.
- ¡Menos mal! – Lo abrazó con fuerza, sin poder evitar llorar - ¡De pronto te caíste delante de mi y no reaccionabas! ¡Estaba muy preocupada!
- ¿Me… caí? – Tai no entendía nada.
Todo lo que recordaba era haber besado a su hermana para liberarla del Akumu Merodi y verse de pronto en un recuerdo del pasado. ¿O todo había sido un sueño? No era capaz de saberlo. Sin embargo, todo eso le había resultado tan familiar… ¿habrá pasado en verdad?
- Al parecer te afectó el Akumu Merodi – le explicó Yamato.
- Ya veo… - acarició la cabeza de su hermana para tranquilizarla. Le reconfortaba ver que estaba bien, y mucho más que se preocupaba tanto por él. Pero tampoco hacía falta exagerar, que ya estaba recuperado.
Todos sus amigos se acercaron a él, para preguntarle como estaba. Ninguno se dio cuenta que, desde una ventana, en el exterior Kenji los observaba. Había estado en todo momento: cuando Tai le dio el beso a su hermana y cuando se desmayó de golpe. Como estaban todos sus amigos dentro, no se había molestado en entrar cuando vio como su hermana se despertaba. Al menos Yumemon había dicho la verdad, se necesitaba un beso de amor verdadero. Parecía que Tai por fin había aceptado sus sentimientos, ¿o igual había sido su subconsciente?
- Parece que no hacía falta que viniéramos tan de prisa.
- Tienes razón… al final todo ha ido bien. Menos mal que se han despertado los dos.
- No sé porque, pero me parece que estás… ¿celoso de tu hermano? Seguro que te hubiera gustado darle ese beso…
- No sabes cuánto… despertar a la bella durmiente y que se enamore de su príncipe… pero bueno, se me escapó la oportunidad.
Por lo que más curiosidad sentía Kenji, era por lo que le había pasado a Tai. ¿Por qué se había desmayado tras el beso? ¿Es qué el efecto se transmitía a la persona que intentaba anularlo? Difícil de saberlo sin poder hacer una prueba. Se lo preguntaría cuando regresasen a casa. Ahora Hikari estaba despierta y eso era lo que más le importaba.
Algunos me habéis preguntado por el digimon Yumemon, así que paso a explicaros sobre él.
Por un momento, cuando estaba escribiendo, al digimon pensaba llamarlo Nightmamon (de Nightmare que es pesadilla en inglés) o Akumumon (qué es pesadilla en japonés), pero como Hikari tenía que fiarse de él, pues decidí llamarlo Yumemon (Yume es sueño en japonés). Como la película de "Las crónicas de Narnia: El armario, el león y la bruja" el sátiro usa una flauta para dormir a la niña, pues se me ocurrió darle esa habilidad.
La sorpresa vino cuando, al preguntarme alguno si ese digimon era cosa de mi invención o ya existía, me puse a buscar para ver si por casualidad existía. Me lleve una sorpresa. Oficialmente el digimon no existe, pero un fan de digimon dibujó un fan art de un digimon llamado Yumemon que tenía forma de ovejita. Así que… ¿se puede considerar un plagio XD?
