Nota de la autora.
Bueno, agradezco mucho sus RR (Gracias Melody! Me ha gustado mucho) y les presento mil disculpas por el retraso. El título de este capítulo es El Juego Asesino, y contiende Lemmon (¿Adivinan?) Sin embargo señalé la parte explícita, para que aquellos muy sensibles o que se sientan ofendidos puedan leer el resto del capítulo.
Ahora la parte que no me gusta. Lamento haber demorado tanto, pero aunque no voy a dar nombres, creo que eso no excusa los pm que me mandaron dos chicas. Fueron muy desagradables y sinceramente no merecen respuesta. Me alegro de que, la llamaré X, pueda hacer dos carreras a la vez y al mismo tiempo actualizar todo el fecha, pero dado que no tengo tu prodigiosa inteligencia, tendrás que tenerme paciencia. A mi también me gustará recibir más Reviews, pero sin embargo, no pongo al final del capítulo "Ustedes grupo de imbéciles, tomense dos minuto spara enviar una review" por lo tanto me gustaría que ustedes tampoco se expresaran así. Si quieres, yo me decicaré exclusivamente a escribir, y vos ocupas mi asiento en la facultad y rendís los exámenes por mí. ¿Estas de acuerdo? Así no podrás quejarte que como "mi estupidez no me permite actualizar con mayor prefuencia" (Textual del pm de X)
Lamento que los que no tienen nada que ver hayan tenido que escuchar esto.
Los quiere,
Maria Lia
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The Killing Game
(Primera Parte)
¡Sed hombres, no desfallezcáis,
demostrad una vez más que tenéis un corazón esforzado,
y avergonzaos de parecer cobardes por duro que sea el combate!
De los valientes, muchos más son siempre los que se salvan que los que perecen;
Mientras que los cobardes, no solamente no adquieren gloria,
Sino que debilitados por su propia cobardía,
Pronto son víctimas fáciles de sus enemigos.
Homero, La Ilíada
Era oscuridad. Pero oscuridad blanca. ¿Oscuridad Blanca? En silencio era aterrador. Por un instante, Harry barajó la posibilidad de estar muerto. Había casos de gente que moría mientras dormía. ¡Qué ironía¡El único capaz de matar a Voldemort muerto en sueños!
Un sonido cortó el silencio. Un golpe. Y luego otro. Eran rítmicos y rápidos. El joven tardó unos segundos en darse cuenta de que era su propio corazón.
- ¿Asustado?
Harry volteó rápidamente. Una mujer estaba de pie detrás de él. Estaba encapuchada y enmascarada.
- ¿Quién eres?
La mujer se subió las mangas y le mostró los antebrazos, inmaculados, sin ninguna marca.
- No soy una mortífaga.
- Podrías ser mortífaga sin tener la Marca Tenebrosa. He visto cosas más extrañas. (N/A: Yo también, Israelíes y Palestinos matándose por un pedazo de tierra, por ejemplo)
- ¿Paranoico? Bien, sinceramente no me importa. Basta con decirte que estoy aquí para ayudarte.
- ¿Ayudarme?
- Estás andando a ciegas. Eres un chico de 17 años que piensa que va a vencer a Voldemort cuando no podrías ni siquiera vencerme a mi.
Harry sintió que su sangre hervía.
- Nadie pidió tu...
- Cállate y escucha. No viene a intercambiar insultos con un adolescente. Si vas a asesinar a Voldemort debes estar listo.
- ¿Tan fácil es matar para ti?
- ¡No atravesé el maldito espacio-tiempo para que tú eches a perder todo por una misión de altruismo intertemporal!
Harry apretó los labios.
- ¿Entonces fuiste tu¿Tú produjiste este, choque temporal?
- Por decirlo de alguna forma. Fue un efecto secundario. Jamás creí que saldría así. Y debo decir que Dumbledore tampoco.
- ¿conoces a Dumbledore?
La joven le dirigió una mirada fría a través de la máscara.
- Claro que si. Pero eso no importa. Vine a darte un consejo. Espero que escuches y lo sigas. Tienes habilidades que te ha transferido Voldemort. Úsalas.
- ¡No usaré poderes que el use¡El es un asesino!
- Trágate el orgullo. Te guste o no, esos poderes te han hecho sobrevivir. Madura. Estas situaciones sacan lo mejor y lo peor de nosotros. ¿Dejarías que tu orgullo sea el causante de Ron, o Hermione¿O, peor aún, de Ginny Weasley? Piensa antes de hablar, y si no, muérdete la lengua.
- ¿Quién te crees que eres para cambiar mi vida¿Para decirme que debo hacer con ella¡No tienes ningún derecho!
- ¡Tengo todo el derecho¡Las cosas en mi tiempo no funcionan¡Una ex mortífaga escapó de Azkaban! Ahora está en algún período del tiempo. ¡No sabíamos que más hacer¡Debes derrotar a Voldemort a toda costa¡Cuánto antes mejor¡No seas necio!
Harry endureció el semblante pero no replicó.
La mujer se acercó a el, y le tomó las manos. Pudo distinguir en su dedo mayor izquierdo una esmeralda rectangular bordeada de diamantes.
- Eres nuestra salvación Harry. La eres en mi tiempo y lo eres en ésta. Debes sacar todo lo que tienes dentro tuyo. Recuerda esto: Voldemort le teme en secreto, a la oscuridad, y a la muerte. Utiliza eso en su contra.
- ¿Me estás hablando de emplear...magia negra?
La joven rió suavemente, y al moreno le recordó intensamente a alguien.
- Harry, Harry. La magia negra no existe. Tampoco la blanca. Es, pura y sencillamente, eso, Magia. ¿Un cuchillo es bueno o es malo? Depende para que lo utilices. Puedes cortar carne con él, pero también clavárselo a alguien. Recuérdalo – dijo soltándolo y alejándose. – Voldemort le teme en secreto a la oscuridad y a la muerte.
Se dio vuelta y se alejó.
- Y Potter dijo de pronto – El héroe siempre se queda con la chica, al final del cuento.
Harry se despertó sobresaltado. En su mano tenía un anillo, una esmeralda rectangular, bordeada de diamantes. Era una señal. No había sido un sueño. Decidió guardarlo para mostrárselo a SU Dumbledore.
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Lo único que había logrado calmar a Harry el jueves, había sido el hecho de que su equipo se había lucido en el entrenamiento de Quiddicth.
Dean Thomas había lanzado un par de comentarios bastante desagradables, la mayoría relacionados con que debía prestar más atención a la snitch y menos a las cazadoras. Harry había respondido muy cortésmente que se concentrase en la Quaffle, o lo recomendaría personalmente para el equipo de Slytherin, dónde generalmente se ubicaban los jugadores inútiles sin sentido común que se dedicaban a fastidiar a los demás.
Tal vez sea por la varita, que asomaba peligrosamente de la túnica de Harry, o Colin Creveey, que lo miraba con el entrecejo fruncido, y con un bate amenazante en la mano, pero Dean dejó de molestar.
El saber que a las ocho de la mañana del día siguiente iba a ir a alguna misión con Dumbledore, no lo sumía precisamente en un estado de relajación.
Y tener Ginny a pocos metros, tampoco.
En el desayuno recibió una carta de Laurana, en la que le deseaba suerte en la "estúpida cosa que fuera hacer que fuese mas importante que el estudio". Las clases fueron pésimas. Tenía la cabeza en cualquier otra cosa (Bueno, cualquiera no, los Horcruxes) y como resultado, se volvió una versión masculina de Tonks. Tropezaba con las cosas más inverosímiles, entre ellas sus pies, Ron y Hermione. Y las niñas no pasaron por alto ésta fabulosa oportunidad. Esquivando objetos peligroso, y niñas aún más peligrosas, chocó de frente con Ginny, con tal fuerza que ambos rebotaron hacia atrás.
- Lo siento – se disculpó Harry.
- Está bien – murmuró la pelirroja sonriendo, pero con una mueca de dolor.
- ¿A dónde ibas? – preguntó, intentando entablar una conversación.
- A Defensa contra las Artes Oscuras – respondió. – Voy a tener una interesantísima clase con Snape. No deja de fastidiarme.
Harry la ayudó a levantar los libros que se habían caído.
- Sé de lo que hablas. ¿Pero por qué te fastidia?
- Por ti. Desde que, bueno, se enteró, de lo nuestro...- explicó, y el moreno sintió ruborizarse.
- Lo siento – repitió mientras ambos subían al segundo piso, dónde tenían clases.
- Deja de disculparte. Oye ¿Por qué no entrenamos mañana? El campo de Quidditch estará libre.
- Yo... no puedo.
- ¿Por qué no? – preguntó la pelirroja dirigiéndole una mirada penetrante - ¿Tienes que ver a alguna chica?
- ¿Cómo está Dean? – cortó él.
- ¡No me cambies el tema!
- No, no tengo que ver a nadie. Sólo...tengo cosas que hacer – dijo devolviéndole las cosas y yéndose apresuradamente.
Ginny se lo quedó mirando largo rato, antes de seguir su camino. Olvidando completamente a su clase de Defensa, corrió hasta encontrar a la persona que estaba buscando, oculta tras una densa mata de cabello castaño.
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Sentados en la Sala Común, Ron y Hermione se miraban preocupados. Ninguno de los dos podía disimular que estaban sumamente nerviosos por lo que podía llegar a pasarle a Harry.
- Tal vez podríamos preparar Felix Felicis – sugirió Ron.
- ¡No digas tonterías¡Es complicadísima¡Incluso le cuesta al profesor Slughorn! Además, tarda demasiado en madurar.
- Oh.. – al pelirrojo no le paso desapercibido que su amiga miraba fijamente la entrada de la Torre. - ¿Esperas a alguien?
- ¡No¡Es decir a Harry!
El chico la miró inquisitivamente pero no agregó nada. Hermione tomó rápidamente "Teoría de la Magia Defensiva" y se escondió tras el, pero en media hora no cambió de página.
- ¿Han visto a Ginny? – gruñó una voz, y Hermione se sobresaltó.
- No, Dean.
- Hace mucho tiempo que no la veo.
- También nosotros – rezongó Ron.
- ¡Son las once de la noche¿Qué clase de hermano eres qué ella puede volver a la hora que quiere?
- ¿Quieres algo? – cortó Hermione al ver que Ron iba a golpearlo – Por qué estoy intentando leer.
- Quiero que me digan dónde está.
- ¡Grábate esto¡NO-LO-SABEMOS!
-¡Si lo saben¡Está con Potter¡Lo sé¡Por eso ustedes la encubren!
- ¿Estás preocupado? – rió una voz a sus espaldas.
Dean miró fijamente a los cuatro Merodeadores.
- Creeré en ustedes.
- Por qué no te queda más opción – puntualizó James – Somos seis contra uno.
- Peter no cuenta – susurró Sirius.
- Cinco, entonces.
- Cuándo llegue, díganle que quiero verla. Y a Potter también.- Furioso, Dean se dio vuelta y subió a su dormitorio.
- Imagino que en cuánto Harry venga, lo primero que hará será subir a ver que necesita Dean – ironizó Remus.
- Sí, seguramente – sonrió Sirius.
- ¿Creen que de verdad Ginny esté con Harry? – preguntó Ron con las orejas coloradas.
- ¡No1- gritó Hermione -¡Claro que no¿Cómo se te ocurre¡Estás loco¡Ellos jamás!
- Bien, ya entendí el punto.
Sólo James estaba callado, con la mirada puesta en el Mapa del Merodeador.
De repente, una sonrisa asomó a su rostro.
- ¿Qué? – preguntó Sirius, y los tres Merodeadores se apretujaron frente al mapa.
En el Aula 6, Encantamientos, había dos puntitos. "Harry Potter" y "Ginevra Weasley".
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Aunque lo había intentado, no podía dormir, de forma que había optado por refugiarse en un Aula desierta para practicar algunos hechizos que había aprendido con Dumbledore. Seguramente iba a necesitarlos si iban a ir a destruir el Horcrux. Con un escalofrío recordó a los Inferi.
Estaba muy concentrado intentando recordar el hechizo cortante, cuando escuchó una puerta cerrarse. Se volvió con brusquedad, y vio a Ginny de pie.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿Es que no puedo venir a verte?
- ¿Tu novio está de acuerdo con que hayas venido?
- ¡Deja de esquivar todo lo que yo digo! – gritó la pelirroja -¡Deja de meter a Dean en esto¡Lo has convertido en tu excusa para evadirme!
- No es cierto.
- ¡Si lo es¡Intentas convencerte de que no te acercas a mi por él¡La culpa es sólo tuya!
- ¿Qué es lo que quieres Ginny?
La muchacha suspiró.
- He oído que te irás mañana.
- Por un tiempo, no definitivamente.
- ¿Vas a irte con Dumbledore?
- El vendrá a buscarme.
- Sabes que no me refería a eso.
El muchacho desvió los ojos.
- Sí. Me voy con él.
- ¿Estarás bien?
- Estaré con Dumbledore.
- Eso no contesta mi pregunta.
- Sí. Estaré bien.
- Promételo.
- Lo prometo. ¿Ahora puede irte?
- No.
- ¿Por qué no?
- No te creo. Prometes cosas que no crees poder cumplir. No voy a irme cuándo puede ser la última noche que estemos juntos.
- Ginny, nada va a pasarme, deja de...
- Hazme el amor.
El joven se atragantó.
- ¿Qué?
- Ya lo oíste. Esta puede ser la única noche que podamos estar juntos. No sabemos que es lo que puede pasar mañana. No quiero desperdiciarla y sé que tu tampoco. Quiero hacer el amor contigo Harry, siempre lo he querido.
Harry estaba estupefacto. Claro que había soñado con ese momento, que había fantaseado sobre él. Pero entre imaginarlo y hacerlo había una gran diferencia.
- Escucha Ginny, entiendo que estés preocupada...
- ¡No digas que sólo estoy preocupada¡Sabes que es más que eso¡Sabes lo que siento porque tu sientes lo mismo!
El muchacho hizo un esfuerzo por controlarse.
- Supongamos que tienes razón. Que siento lo mismo que tu. Eso no cambia nada. Ya te lo dije una vez. El tiempo que estuve fue como un sueño para mí. Y daría cualquier cosa por volver a soñarlo. Pero no quita, que tu corrieses peligro. Y no puedo permitir que eso pase. Porque si a ti te ocurriera algo yo...no podría soportarlo.
- ¡Maldición Harry¿Crees que Voldemort se detendrá a pensar en si estamos juntos o no?
¡A él sólo le importará lo que sientes¡Y si sintieras la mitad de lo que siento yo, entonces ya estaría sellado.
Por primera vez al chico le tembló la voz.
- ¿Sabes? Antes era como tú. Mi primer, segundo, tercer año. Creí que nada iba a pasarme. Entonces llegué a mi cuarto año. Vi a mis pesadillas cobrar forma. A Cedric Diggory morir. Y yo sobreviví. Mi perspectiva cambió. Pero, sin embargo, todavía no comprendía a lo que me enfrentaba. Por un tiempo me creí invencible. Pero eso cambió Ginny. Vi a mucha gente ser lastimada. Vi a mucha gente morir. Y no quiero seguir haciéndolo. No me molesta la idea de ser yo quién muera. Pero me aterra pensar que pudieran ser Ron y Hermione...y ya no hablemos de ti.
Pero la chica no lo había dejado terminar, porque se había arrojado a su brazos, que por inercia se habían abierto, y su boca buscaba ansiosamente la suya.
Por suerte, Harry había recobrado el sentido común, ya la había apartado, gritado que no quería volver a verla y se había ido.
Tardó unos segundos en comprender que eso sólo había ocurrido en su mente, y que en la realidad, estaba correspondiendo a su beso, y había la había estrechado contra sí.
N/A: Acá viene el lemmon, si nolo quieren leer, salten hacia la siguiente línea punteada
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El joven abrió su boca y le metió la lengua entre los labios; cuando éstos se abrieron, ejerció una suave presión para abrirlos más, introduciéndose dentro de ella y explorando con delicadeza el interior, sintiendo los dientes, haciéndole cosquillas en el paladar, enredando su lengua con la de ella y uniéndolas en un baile frenético.
Harry le echó la cabeza hacia atrás, besándole el cuello, pasándole su lengua por la garganta, y con la mano comenzó a desabrocharle la blusa. Entonces movió sus labios hasta la oreja de la joven y a lo largo de la mandíbula hasta encontrar su boca nuevamente.
Esta ves fue él quien se echó hacia atrás sujetándola por los hombros y sonrió. Tenía los ojos cerrados, la boca abierta, y respiraba más aprisa. Terminó de desabrochar el último botón y le deslizó la camisa por debajo de la línea del busto. Se detuvo un instante para contemplar el contraste entre el negro sujetador y la palidez de su piel.
Se inclinó sobre ella al desabrocharlo y descubrir los jóvenes pechos erguidos, con sus areolas hinchadas, y sintió que su virilidad palpitaba. Le besó los hombros con la boca abierta y la lengua en movimiento, mientras ella se estremecía, y le acarició los brazos, quitándole la camisa. Le pasó las manos a lo largo de la columna vertebral y la lengua por el cuello y el pecho; al rodear la areola sintió que se contraía el pezón y lo succionó con suavidad. Ella jadeó pero no se retiró. Harry le succionó el otro pecho, le corrió la lengua hacia arriba hasta alcanzarle la boca, y mientras la besaba la echó hacia atrás.
- Harry – susurró.
Acarició su seno y le pasó la lengua por el cuello y el hombro. Encontró nuevamente el pezón, succionando más fuerte al oír que ella gemía y notó que su propia respiración se aceleraba.
Volvió a dedicarse a su boca enteramente, sintiendo como la pelirroja temblaba. Esta vez fue su turno de desabrocharle la camisa dejando el pecho masculino a la vista y comenzando a acariciarle la espalda. Harry se sintió desfallecer cuándo las delicadas manos femeninas la abandonaron y se introdujeron en su pantalón. Él no se quedó atrás y bajó el cierre de su falda, con ropa interior y todo.
La chica sintió la cálida y firme erección presionándole su estómago y una ola de orgullo la invadió, y liberó a Harry de la ropa que le quedaba.
El muchacho la sentó sobre el escritorio, y se dedicó a su cuello, succionando y dejándole marcas sonrosadas. Sin dejar de besarla separó sus piernas y movió su mano hacia la hendidura cálida entre los muslos de la joven y encontró el nódulo pequeñito y palpitante; Ginny dejó escapar un grito.
Succionándole el pezón y mordiéndoselo con suavidad, fue moviendo los dedos; la joven gimió y meneó las caderas, fue más abajo, sintió que ella ahogaba la respiración cuando halló el ombligo y que tensaba los músculos mientras él seguía más abajo y retrocedía del escritorio hasta quedar de rodillas en el suelo. Entonces le apartó las piernas y probó por vez primera su sabor a sal penetrante. La respiración de Ginny estalló en un grito tembloroso; se puso a gemir con cada exhalación, echando la cabeza hacia atrás y adelante, avanzando las caderas para salir a su encuentro.
Con las manos la abrió del todo, lamió sus repliegues calientes, encontró el nódulo con la lengua y se puso a trabajarlo. Mientras ella gemía, meneando las caderas, la excitación del joven aumentaba, pero luchó por contenerse.
Cuando oyó que Ginny respiraba entre jadeos, se puso de pie, besando su frente y su rostro, se colocó entre sus piernas y guió su virilidad hacia el orificio intacto. Rechinó los dientes para dominarse mientras se introducía en la fuente cálida, húmeda y cerrada. Con un gemido, ella volvió a enredar los dedos en el cabello de él, reclamando sus labios y luego besándole el cuello, mordiéndolo con fiereza como había hecho Harry hacía unos momentos.
Mientras Ginny le rodeaba la cintura con las piernas, notó el obstáculo dentro de ella. Con el dedo, encontró nuevamente el nódulo y se movió adelante y atrás sólo un poco, hasta que los jadeos de ella se mezclaron con gritos, y sintió que se alzaban sus caderas. Entonces retrocedió un poco, empujó con fuerza y percibió que había roto la barrera mientras ella gritaba de placer, al mismo tiempo que oía su propio grito tenso al aliviar su necesidad exacerbada con espasmos estremecidos.
Entró y salió repetidamente, penetrando son fuertes embestidas sintiendo que su última esencia se había agotado, y cayó sobre ella. Se quedó tendido un momento con la cabeza sobre el pecho de ella, respirando fuerte, y luego se enderezó.
Ginny tenía el cabello húmedo pegado a la espalda, empapada en transpiración. La cabeza ladeada y los labio entreabiertos.
Volvió a besar su cuello y recorrió luego el canal entre sus pechos.
- Te amo – dijo de pronto con voz ronca.
- Lo dices porque acabas de acostarte conmigo – dijo ella con una sonrisa triste - ¿Le dices eso a todas con las que te acuestas?
Harry se echó hacia atrás como si la pelirroja le hubiese dado una bofetada. Con rapidez tomó sus hombros entre sus manos, con fuerza, casi con violencia.
- Escucha. Tú no eres otra. Eres única para mí.
- Harry yo...
Pero el muchacho volvió a sacudirla.
- Dime que me crees.
Ella lo miró sorprendida. Se sumergió en la profundidad de esos ojos esmeralda.
- Te creo.
Él la soltó y retrocedió. Miró primero los enrojecidos hombros de Ginny y luego a la marca de sus dientes en su cuello, dónde había algunas gotas de sangre.
- Lo siento – murmuró.
- No tienes que sentir nada. Me gustó muchísimo Harry.
- ¿Qué te sacudiera o que te mordiera?
La chica rió y Harry se sintió en el cielo.
- Ambas. – respondió, atrayéndolo hacia sí para besarlo.
Sintió sus pechos contra su piel desnuda y volvió a sentir palpitar su virilidad.
- ¿Qué haremos ahora? – preguntó Ginny con un hilo de voz.
- Volveremos a la Sala Común – respondió.
- No me refiero es eso imbécil. ¿Qué será de nosotros?
- Ginny, no hay un nosotros, no por ahora al menos.
Ella se apartó furiosa.
- ¡Dijiste que era única!
Entonces notó que él no la miraba a los ojos y por primera vez cobró conciencia de su desnudez.
Rápidamente comenzó a vestirse, y Harry hizo lo mismo.
- Lo dije – cortó de pronto – Y en verdad lo pienso, es por eso que no voy a exponerme a hacerte daño.
- Harry. Te amo. Te amo desde que tengo diez años por el amor de dios. No voy a permitir que Voldemort o nadie nos impida estar juntos. Si no vuelves conmigo, pensaré que es porque quieres seguir con tus aventuras nocturnas.
- ¿Es un chantaje?
- Tómalo como quieras.
El joven colocó un mechón pelirrojo detrás de la oreja de la chica.
- ¿Estás segura de lo que dices?
- Jamás había estado tan segura de nada en mi vida – aseguró arrojándose a sus brazos – tú eres valiente, nadie lo duda. Pero hay otro tipo de valentía Harry. La valentía para pelear por lo que uno realmente quiere.
Harry la miró detenidamente por un largo rato. Luego suspiró.
- De acuerdo. Es tu decisión. Y...sé que sonará egoísta pero...me alegro.
Ginny esbozó una sonrisa.
- Ahora toma – dijo extendiéndole la capa de invisibilidad.
- ¿Para qué?
- Por si nos encontramos a tu novio por el camino – manifestó con amargura.
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Harry agradeció a todos los dioses haber llevado la capa cuándo entró en la Sala Común.
- Vaya, vaya. Miren quién volvió – rió Sirius despatarrado en un sillón.
- Uh...ojitos verdes ha regresado – sonrió James que estaba sentado en otro, con una Lily risueña en el apoyabrazos.
Lupin estaba ahí también, aunque estaba serio, parecía más bien divertido. Y Hermione...
Hermione estaba de pie, con los labios apretados y el entrecejo fruncido.
Peter estaba confundido.
- ¿Me estaban esperando? – preguntó con una sonrisa inocente.
- Sí – respondió con furia Hermione.
- A ti y a tu acompañante – puntualizó James señalando el Mapa del Merodeador.
El muchacho tragó saliva.
- ¿Y Ron?
- Durmiendo – sonrió Remus – Gracias a un Desmaiaus cortesía de Hermione. Temíamos la su reacción si se enteraba que volvías a las dos de la madrugada después de haber estado con su hermana.
- ¡Sólo hablábamos!
Los ojos de los presentes vagaron desde el cabello más despeinado de lo usual hasta la camisa mal abrochada.
- Ya – sonrió Lily. –Tranquilo Harry. No serás el primer alumno, ni el último, que ha estado con otro en un aula vacía.
- ¿Con quién has estado tú? – preguntó James mirándola fijamente.
- Eso no te importa Potter.
- ¡Tengo que saberlo!
- No tienes que saber nada.
- ¿Podemos hablar de esto por la mañana? – suplicó Harry.
- Cuéntale a tu padrino Padfoot que pasó.
- ¡No!
- ¿O sea que pasó algo? – apuntó Remus.
- ¡No¡Si¡No!
- Tienes problemas para decidirte Harry – rió Lily, y hasta a Hermione le costó disimular la sonrisa.
- Yo me voy a dormir – murmuró Harry ruborizado y subió corriendo las escaleras, ante las carcajadas del grupo.
- Yo también – dijo Hermione – Debo estar bien despierta para regañarlo mañana. Buenas noches a todos.
Las risas todavía resonaban cuándo Peter habló.
- Muchachos ¿Qué tiene que haya estado hablando con Ginny Weasley?
Los cuatro lo miraron sin poder creer la pregunta.
- ¿Sabes Wormtail? deberían hacerte un monumento por tu estupidez – sentenció James.
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R&R Porfa! (O voy a empezar a insultarlos!) (Era broma, era broma, jamás los insultaría, son mi inspiración y mis amigos)
