Mycroft
-Me tiré delante suyo desde el tejado de Bart's y le hice creer que estuve dos años muerto.
John se echó hacia atrás en la silla, como si hubiese recibido un golpe físico. La mirada de Sherlock parecía atravesarlo en ese momento, esperando la explosión o la huida de John.
-¿Chicos? -la voz de la señora Hudson llegó desde el final de las escaleras. John reaccionó al fin levantandose con rapidez, sintiendo que se quedaba sin aire.
-¡Chicos haced sitio, llevo el té!
-¡Magnifico señora Hudson! -contestó Sherlock con fastidio-, tan oportuna como siempre. -dirigió la mirada a su amigo que se movía nervioso de un lado a otro de la sala. Al menos seguía allí, quizá la señora Hudson le el tiempo suficiente para reordenar sus pensamientos y darle la oportunidad de aclararle a su amigo que aquello era algo ya viejo entre ellos-. John, deja de pensar.
-¿Que deje de pensar?
-Si, deja de pensar. Dedicar tiempo y energia a esto es innecesario. Como te dije el tiempo pasó y la vida siguió adelante.
-¡Y una mierda Sherlock! -gritó- ¡No vas a hacerme esto! ¡No otra vez!
Sherlock frunció el ceño confundido, no era esa la respuesta que habia esperado. La señora Hudson apareció en la puerta de la sala con la bandeja, ajena como siempre a la tensión en el ambiente. John se apresuró a acercarse a ayudarla, lanzando una mirada al detective llena de rabia.
-Hablaremos de esto fuera de aquí -advirtió obligándose a moderar el tono-, y ni se te ocurra pensar en ignorarlo.
-¿Vais a salir otra vez? -preguntó la mujer ocupando el sillón de John y aceptando la taza que este le ofrecía.
-Si señora Hudson, -contestó dulcifivando el tono-, vamos a recoger a Rossie, la traeré para que pueda verla, si usted quiere.
-¡Oh querido, claro! Pobrecita, ahora necesita mucho cariño de todos. Espero que seas bueno con ella Sherlock, es una niña adorable y tu eres su padrino... -la señora Hudson siguió hablando de Rossie mientras los dos hombres ofrecían respuestas cortas o sonrisas vacías. Sherlock observaba a John, intentando descifrar la expresión contenida de su amigo, que se negaba a devolverle la mirada.
-Se está haciendo tarde -cortó John al fin, levantandose apenas diez minutos después y dejando a la pobre mujer a mitad de una frase-. Sherlock vamos.
-¿Estás seguro que quieres que te acompañe?
-Claro que sí, va a ser un paseo de lo más interesante.
John vió cono la cámara del final de la calle giraba hasta enfocarlos cuando pusieron un pié fuera de Baker Street.
-Al parecer tu hermano ya ha sido informado de nuestra conversación -dijo con el mismo tono enojado-.
-No le gustan las sopresas y hoy ya lleva algunas. Temo por la pastelería que se cruce en su camino, siempre calla la conciencia atiborrandose...
-A pesar de que tu hermano sea un grano en el culo peor que tú sabes que eso no es justo. -Comenzaron a caminar conscientes de que eran vigilados, lo que no contribuía mucho a aplacar el humor de John. -Ahora vas a explicarme eso que has dicho antes de que nos interrumpieran.
-No creo haber dicho nada que no hubieses intuido ya. -John enrojeció pero no contestó-. No saldrá nada bueno de eso John, hace mucho tiempo que tú desjaste claro hasta donde estabas dispuesto a llegar y yo acepté eso, todo lo demás es irrelevante.
John alzó la cebeza para mirarlo, además de la rabia de antes se habia instalado en su rostro algo parecido al miedo y la incertidumbre. Negó con la cabeza volviendo los ojos al frente para hablar, ese día las confesiones debían ir en ambas direcciones, y a decir verdad él mismo estaba descubriendo más sobre sí mismo que en meses de terapia.
-La primera visita que hice a mi terapeuta, trás tu... desaparición -se obligó a decir- sólo quería poder desahogarme con alguién. Estaba cansado de que intentaran consolarme, de la lástima y también de ver las mentiras en las portadas de los periódicos. Nadie parecía conocerte, nadie hablaba del Sherlock con el que yo habia compartido piso, el hombre extraordinario al que yo conocía, al amigo que yo quería y echaba de menos porque lo habia perdido. Ella sabía que había cosas que quería haber dicho antes, que había dejado escondidas dudas que en aquel momento era insoportable no poder contestarlas. Cada vez que tenia una sesión con ella insistía en que abriese mi corazón y dejase salir aquello que no me permitía aceptar tu muerte... y siempre la respuesta era no. No podía poner en palabras lo que yo mismo no sabía, no en aquel momento donde lo único que conseguiría con ello sería más dolor. Así que cerré esa puerta y enterré contigo cualquier duda, convenciendome una y otra vez que estuviste casado con tu trabajo hasta el final-. Se volvió a mirar a Sherlock, comenzaba a preguntarse si realmente conocía a ese hombre tanto como creía-. ¿Desde cuando?
Este dejó salir el aire, no hacia falta que concretase a qué se refería comenzando a hablar y evitando los ojos de John.
-El día que disparaste a través de una ventana para evitar que me tragase la maldita pastilla. Ahí admití que tener a alguien cerca podría no ser tan malo. Tiendo a ser bastante irracional a veces, la voz de la razón siempre ha sido Mycroft, y después Lestrade, pero ninguno de ellos me hacía sentir cómodo, no como tú. Ya te he dicho que para mí es muy fácil hablar contigo. Incluso discutir contigo es más divertido, me recolocas.
-Nunca hemos sido muy habladores tú y yo. Han habido más silencios, deducciones, gritos y algunos ruegos para que comas, duermas, recojas tus experimentos que conversaciones de verdad. Mi sensación era la de que no necesitábamos hablar demasiado, yo te conocía y te soportaba y tu sabías todo con solo mirarme, así que supuse que estábamos cómodos y nada iba a cambiar.
-En eso te equivocas. He mantenido conversaciomes contigo bastante extensas, que tú no estuvieses o que fuese mientras estaba en mi placio mental es quizás lo más insignificante. El residuo de tí que quedaba en mi mente me contestaba con tu voz, tus gestos, tus caras..
-Vale, ahora puede ser que me estes austando si eres capaz de hablar con alguien que no está.
Sherlock lo miró frunciendo el ceño.
-Yo hablaba con el John que mi mente conserva, tu carácter, tus experiencias, tu sentido de la lealtad y la honestidad, hasta tu gusto por esos horribles jerseis. Las respuestas eran las que tú hubieses dado, y no es que seas previsible, es simplemente que te he observado casi desde el primer dia, sé como piensas, como reaccionas...como sonries o te enfadas...incluso como te engañas. Era como si siempre estivieses al borde de mi mente, pero no tenía alucinaciones-. El rostro de John enrojeció, él sí habia estado teniendo alucinaciones con su mujer fallecida hasta hacía veinticuatro horas, y aún no estaba seguro de que hubiesen desaparecido por completo. -Cuando empezó el juego con Moriarty me cuestionaste por no tener en cuenta las vidas de las personas que estaban siendo atadas a las bombas, te sentiste decepcionado cuando aquella anciana murió y eso desencadenó algo. No quería que pensases que era insensible, que realmente no me importaba la vida de las personas que estaban siendo utilizadas como peones. Intenté hacerte ver que el sentimiento nubla el raciocinio, que era más probable salvar al siguiente rehén si me centraba en el puzzle y no en la consecuencia del fallo. No me gustaba la sensación de que pudieses alejarte de mí por ser racional. Ese día, en la piscina fué la primera vez que recuerdo haber sentido miedo real por otra persona, pero aún no entendía el por qué.
-Yo tenia una bomba atada al cuerpo y nos estaban apuntando a la cabeza los esbirros de un loco maniático del crimen, tener miedo era lógico.
-Para mí no. -dijo cortante, como si el recuerdo no le agradase-. En Baskerville te dije que era capaz de alejarme de las emociones, sabes que es cierto, y aunque allí me descontrolé por culpa de una droga química, ese dia en la piscina fué la posibilidad de no poder sacarte de alli con vida lo que me aterró. Cuando es le día todo terminó el alivio que sentí fué abrumador, nunca antes una emoción como esa me habia descentrado tanto. A partir de ese momento me fué imposible dejarte fuera.
John suspiró, negando con la cabeza.
-Siempre me has dejado fuera cuando se trata de tí Sherlock. Tu palacio mental, tus enfados... Tu aburrimiento me hacía salir a buscar aire porque acabarías pagándolo conmigo.
-¡Vamos John! A Lestrade lo dejo fuera, a Mycroft, a Molly. Me es fácil ignorarlos. Tú formas parte de todo desde que nos conocemos, como la señora Hudson. Cuando vivías en Baker era consciente de tu presencia aunque no estuviesemos en la misma habitación, aún en mi palacio mental sabía si estabas cerca. Mi hermano tiene razón cuando dice que el cariño es una desventaja, te distrae cuando se trata de trabajo como el que yo hago, las personas por las que te preocupas se convierten en debilidades que no se pueden eliminar y quedas expuesto.
-¿Así que los amigos son una debilidad?
-Por supuestio que sí -John se paró en seco al oirlo fijando los ojos en Sherlock que frunció el ceño desconcertado-.
-¿Y qué haces aquí conmigo?
-Me he rendido -dijo sin apartar la mirada-. He decidido que distanciarme de las emociones durante un caso puede ayudarme a ser mejor, pero una vez terminado puedo permitirme involucrarme con algunas personas, las que siempre han estado ahí.
-¿y los sentimientos?
-Mycroft es un buen maestro, me enseñó a ignorarlos, a no mostrarlos y a clasificarlos como el defecto químico que son del cerebro. Imagino que él ha conseguido eliminarlos, yo no. He aceptado que no quiero una vida en la que no pueda tenerte en ella. Eres mi mejor amigo, no el único ya que tengo un cuerpo voluntario de vigilancia permanente de personas que se han preocupado por mí y a los que les debo más de una disculpa. Me gustaría que fuese como antes, cuando vivíamos juntos, pero tú tienes otra vida y la mía es prestada, así que aceptaré el lugar que me des y no volveré a decepcinarte.
-¿y eso será suficiente para tí?
-Eso es suficiente. Tú no eres gay, yo estoy casado con mi trabajo -sonrió ante esto débilmente, como si diese una excusa insuficiente. Comenzó a caminar de nuevo, mirando a su acompañante solo de cuando en cuando-. Y tampoco soy gay, por si te interesa. Lo que antes he dicho es que la persona con la que hubiese llegado a tener una relación intima con total libertad y seguridad eras tú. En el continente alguna vez necesité algo de motivación con mis eventuales compañeros de cama, así que usaba mis recuerdos de personas que pudiesen "animarme", Irene, Molly, Donovan, un par de chicos de esas películas que tanto te gustan.. hasta recurrí a Lestrade y esa atracción que parece ejercer sobre hombres y mujeres. Al final la única motivación que tuvo éxito fué la tuya.
-¡Sherlock! -John se atragantó con su propia respiración, sonrojándose hasta la frente.
-He dicho motivación, no fantasear. No me imaginaba estar teniendo sexo contigo, no siempre, -dijo para mortificarlo- era la estabilidad y algo parecido a la calma emocional. Pensar en tí me centraba. Quizá fuera por el recordatorio de porqué estaba haciendo aquello o porque me habia acostumbrado a sentirme bien cuando estabas cerca, y no porque hayas consentido y aguantado mis caprichos o mi humor, o los conciertos a altas horas... simplemente eres John Watson, mi amigo, mi blogger, mi compañero de piso, la única persona ante la que bajo mis barreras. Moriría por tí de nuevo y me dejaría morir si te pierdo.
John guardó silencio, lo que hizo a Sherlock preguntarse si esta vez habia cruzado la linea que los distanciaría.
-Desde que te conocí -dijo al fin el médico, en un tono tan bajo que Sherlock tuvo que acercarse para no perder una sola palabra- la única constante de mi vida ha sido tu. Vivir contigo, dejar de tener novia porque vivia contigo, vivir a medias porque no estaba contigo.. Llegó un momento en que pensé que quizá los que decían que estábamos juntos tenian razón y era yo el único que no se habia enterado. Yo sí fantaseé con tener una relación más allá de la que teníamos, comenzaba a sentirme cómodo con la idea de intentar acercarme a tí, quizá no hubiese llegado a nada, pero había algo que quería explorar, señales que creía ver, pero eres tan idiota que escogiste ese momento para irte.
-El universo es perezoso, las casualidades no existen John. Yo reconocí la naturaleza de mi debilidad por tí después de dejarte, antes la habría ignorado.
-¿De verdad has fantaseado con nosotros teniendo... relaciones? -preguntó John, y habia una mirada de curiosidad que a Sherlosk no le pasó desapercibida-.
-Un par de veces, si, y he de confesarte que en mi fantasía quedabas realmente satisfecho..
-¡Y una mierda! -rió despejando un poco la tensión-, te tendría comiendo en mi mano después de un par de horas de tres continentes Watson.
-¿Me estás proponiendo algo doctor Watson? -Los ojos de Sherlock se apartaron de John y una máscara de fastidio descenció sobre él entrecerrando los ojos- ¡Por Dios! ¿Es que es imposible tener una conversación sin interrupciones?
Ante ellos en la carretara se detuvo un auto negro de lunas tintadas, del que descendió un paraguas precedido por la figura de Mycroft con el gesto grave. A John le parecii ver una genuina preocupación en los ojos del mayor de los hermanos Holmes al fijar los ojos en su hermano.
-Sherlock.
-Mycroft.
-¿Te importaría subir al coche? Tenemos algo que aclarar, detalles que faltan en algunos informes que entregaste hace ya algún tiempo y una terapia que coordinar -Se apartó señalando en interior del vehículo.
-Ya tienes una panoramica. ¿Tan necesitado estás de los detalles?
-Sólo quiero calibrar hasta donde han podido llegar los daños, digamos, en tu apreciación de las relaciones interpersonales.
John dió un paso interponiendose entre ambos hermanos.
-Ahora no es el momento, Mycroft -dijo con voz firme, ganandose una mirada de sorpresa.
-Quizá para tí sea importante estrechar otra vez lazos con mi hermano para hacerte perdonar John, pero yo estoy preocupado por su estabilidad mental. Está en plena abstinencia, en pocas horas volverá a estar alterado, y eso unido a las experiencias traumáticas de las que acabo de tener noticia son un mezcla peligrosa para dejarlo que se recupere solo, Necesita ayuda.
-No la tuya -siseó John.
-Sherlock sé razonable, no quiero perjudicar al doctor Watson en su actual trance. Tiene mucho que ordenar en su vida para que te conviertas en una carga más para él. Tengo un equipo de los mejores psicólogos del pais..
John se volvió buscando los ojos de Sherlock, no era normal que guardase silencio delante de su hermano sin presentarle cara. Al mirarlo lo vió otra vez como el dia anterior, a medias perdido con la sombra del miedo, habian dicho mucho de lo que quizá quería haber guardado para sí mismo y la idea de alejarse de todos por algun tiempo no le parecía tan mala. Y esta vez gfué John quien tuvo miedo de que se alejase de nuevo.
-Yo me ocuparé de su rehabilitación -dijo dirigiendose a Mycroft en un tono que no admitía réplica. - No tendrás problema en conseguir que me reduzcan la jornada en la clínica.
-¿Vas a estar las veinticuatro horas con él?
-No, pero teine amigos que estarán cuando los necesite. No puedes encerrarlo, acabarás con él.
-Mi deber es cuidar de él -siseó Mycroft en el mismo tono
-¡No! Lo que necesita es que confíes en él.
