Capítulo 8
Kagome lo observó sin poder creer lo que acababa de escuchar. ¿En serio esas palabras habían salido de la boca de Inuyasha? ¿El mismo Inuyasha que había desaparecido once años atrás, sin ninguna explicación, dejándola atrás?
—Inuyasha… —La voz se le quebró. El corazón se había acelerado, las mejillas se habían teñido de un intenso color rosado.
¿Qué me está pasando?
—Inuyasha —repitió. ¿Qué podía decir? —Yo siempre te he… —Calló. ¿Decirle que lo había esperado? ¿Que durante once años había anhelado su regreso? No. ¿Qué diablos podía…?
La mueca de dolor de su amigo detuvo en seco sus pensamientos. Sus facciones, de pronto, se habían contraído en un gesto de horror. Sin dudarlo, ella rompió la distancia que los separaba con dos zancadas, se arrodilló a su lado, tomó su rostro entre las manos. Su temperatura había aumentado.
—Kagome… Kagome, escúchame. —El hombre jadeó. La cuenta atrás había tocado a su fin, el anochecer estaba próximo. Podía sentirlo—. No nos queda tiempo, Kagome. Así que…
—¿Qué, qué puedo hacer? ¡Dime! —suplicó.
De la boca de Inuyasha salió… ¿una carcajada? Sí, una risa resignada, irónica.
—Respóndeme una cosa… ¿Crees en el mal? —Alzó la mirada y sus ojos se encontraron. Kagome contuvo la respiración; los iris de Inuyasha se habían oscurecido, eran de un color amarillo opaco, coloreados con pequeñas manchas rojizas—. ¿Crees en los monstruos… Kagome?
Ella fue incapaz de contener un sollozo. Su compañero parecía ido, al borde de la locura.
—¿Crees en ellos? —Espiró profundamente y, sin que Kagome hubiera respondido, añadió: —¿Sabes…? —murmuró—. Todavía queda tiempo. Una hora. O dos… Todavía queda tiempo…
—¿Para qué, Inuyasha? —La chica comenzaba a perder la paciencia. Notaba el corazón desbocado, el miedo atenazándole el pecho. Sin embargo, sentía que no tenía derecho a exigirle nada, a forzar sus respuestas. Su cuerpo, tembloroso y ardiente entre sus brazos, le recordaba que algo marchaba terriblemente mal.
Él, tal y como ya se había hecho costumbre, hizo caso omiso de sus palabras.
—Por fin vas a comprender, Kagome… Por fin vas a poder comprobar por qué me fui. Por qué decidí alejarme de ti. —Suspiró—. Y, cuando lo hagas, desearás que jamás hubiera regresado.
—Eso no pasará. Te prometo que eso no pasará.
Un gruñido escapó de la boca del hombre. Se convulsionó durante un momento y luego cayó desmadejado contra la pared. Ella le tomó las manos, estrechándolas con energía, queriendo demostrarle que estaba a su lado. Él tardó casi un minuto en reunir la fuerza suficiente para continuar pero, al fin, lo logró.
—Tenemos dos opciones, Kagome. Solo dos. —Pausa—. O me libero, o no. —No la miraba mientras lo decía; había cerrado los ojos y su respiración era trabajosa—. Si consigo liberarme… Si todo sale como lo he planeado… —Sacudió la cabeza, solo un débil movimiento casi imperceptible—. Cuando consiga romper la puerta quiero que esperes unos minutos; luego debes salir corriendo. ¿Comprendes…?
Inuyasha había decidido omitir el hecho de que, quizá, no consiguiera franquear esa entrada. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo explicarle que, en caso de que la puerta resistiera, aquella sala se convertiría en su tumba y él, en su asesino?
—No puedo dejarte aquí, Inuyasha.
Resopló.
—Puedes. Y debes. Es la única manera. —Cada vez le costaba más hablar. El dolor comenzaba a apoderarse de su cuerpo, la fiebre que predecía a la maldición le nublaba los pensamientos—. En esta casa hay demasiada gente, espero poder entretenerme un rato. —Otra vez esa risa sarcástica. En esta ocasión rota, cascada—. Lo suficiente como para que puedas escapar. Y que no pueda alcanzarte.
Kagome tragó saliva.
Lo cierto es que Inuyasha no explicaría el problema, Inuyasha no le diría qué era lo que iba a pasar. Y ella empezaba a imaginar situaciones absurdas, imposibles.
¿Imposibles, realmente? ¿O quizá no?
—¿Cuál… es la segunda opción? —decidió preguntar.
Un escalofrío recorrió la espalda de Inuyasha, ella pudo sentirlo. Con gran esfuerzo abrió los ojos. Su mirada vidriosa la asustó.
—La segunda opción es la muerte. Y, si eso ocurre, deberemos agradecérselo a esta cadena. —Tironeó del collar de plata que le rodeaba el cuello y no pudo evitar que un gemido de dolor escapara de sus labios al rozar el metal.
Cuando retiró los dedos Kagome descubrió, horrorizada, que estaban cubiertos de ampollas. Reparó, entonces, por primera vez en que también su cuello, allí donde la cadena entraba en contacto con su piel, estaba herido.
—Reza para que me mate antes de que consiga liberarme —susurró antes de que la muchacha pudiera decir nada. Derrotado, cerró los ojos y dejó caer la cabeza contra la pared—. En realidad, solo así estarás completamente a salvo. —Carraspeó—. ¿Sabes, Kagome? Si pudiera, si estuviera en mi mano…—Durante un instante se quedó sin aire—. No puedo elegir morir
Kagome no comprendió sus palabras. Él, al darse cuenta de ello, con un considerable esfuerzo, levantó el brazo en el que, apenas una hora antes, había hundido el clavo. Casi no quedaba rastro de la herida.
La mujer tragó saliva.
—Si pudiera… —continuó Inuyasha—. Yo mismo le hubiera puesto fin a esto. No me asusta morir si con ello puedo protegerte, pero… No puedo, no puedo…
—¡No! No digas eso —gruñó furiosa—. Ni se te ocurra darte por vencido.
Él no respondió. No hizo ningún gesto. Kagome se inclinó sobre él y, asustada, comprobó que se encontraba semiinconsciente.
—¿Inuyasha? ¿Qué te ocurre? —De nuevo sus ojos se habían llenado de lágrimas—. ¿Inuyasha…?
Él respiraba con dificultad.
—Kag…
El corazón de Kagome dejó de latir un breve instante. Kag… ¿Cuánto tiempo hacía que él no la llamaba así?
—¿Qué está pasando, Inuyasha? ¿Qué puedo hacer…? —Se le formó un nudo en la garganta que, por un instante, le impidió hablar—. ¿Cómo puedo ayudarte?
Él comenzó a temblar de manera incontrolable. Se dejó caer hacia delante, su cuerpo no era más que una masa inerte, imposible de controlar. El dolor era demasiado intenso. Enterró la nariz en el cuello de Kagome. Su olor obró un efecto instantáneo sobre él, reconfortándolo.
Y, en ese momento, supo exactamente lo que quería antes de ser arrastrado al infierno.
—Solo… Por última vez, mientras todavía podemos… Solo… abrázame.
Continuará…
Como regalo por vuestros reviews (el capítulo anterior ha sido el que más ha recibido hasta ahora, y no podéis imaginaros como motiva eso para escribir) y para agradeceros vuestra paciencia (ya que tardé muchísimo en subir el capítulo anterior) he decidido sacar tiempo (aún no sé muy bien de dónde) y traeros el próximo capítulo. Está escrito un poco a correr, así que no descarto la posibilidad de corregirlo más adelante. (Me disculpo también porque creí que en este capítulo ya se iba a empezar a poner interesante la cosa, pero me he equivocado otra vez… En el próximo, en el próximo sí que sí).
Como siempre, millones de gracias por los reviews a: miko kaoru-sama, Akanne Hygurashi, Lulu Bunni, Neri Dark, serena tsukino chiba y Caandy Pink.
PD: Creo que empiezo a pasarme lo de los drabbles por el forro… Espero que eso no le moleste a nadie.
