Capítulo 8
Kise intentó despertarse con tranquilidad esa mañana. Estaba agotado. Menos mal que aun faltaban unas cuantas horas para el próximo partido. Contra Seirin.
El día anterior había ganado a Haizaki y Fukuda Sôgo, y Kaijô había pasado a las semifinales. Le había sentado muy bien ganarles. Sin embargo, él no se sentía del todo bien. Le dolía tanto el pecho que apenas podía soportarlo. Se sentó en la cama, y se tiró del pelo hacia atrás.
Ryûna había estado en el partido. Apenas había podido verla un segundo, pero estaba completamente seguro de que era ella. Después de la increíble discusión que habían tenido, no entendía por qué había ido a verle. ¿Por qué había ido? ¿Por qué lo había mirado como si ella temiera más que nadie que perdieran? La había visto preocupada, agarrando la barandilla sobre la que estaba apoyada con fuerza.
Ojalá no hubiera ido a verle. Y ojalá él no se hubiera dado cuenta de que estaba allí. Maldita sea, había decidido que ya no quería saber nada más de ella, le había dicho que ya no quería que fueran amigos. Se había encontrado bien desde la discusión, estaba decidido de verdad a olvidarse de ella. Si no hubiera aparecido durante el partido, en el preciso momento en el que estaba comenzando a desesperarse al ser acorralado por Haizaki, lo habría conseguido. Si no hubiera aparecido...
Iba a volverse loco. Sí, cuando se trataba de Ryûna siempre se volvía irracional. El amor vuelve irracional a la gente. De verdad que no quería volver a verla, ni saber nada de ella. No dejaban de hacerse daño, tanto ella, como él. No podían estar juntos. De ninguna manera.
No pudo evitar mirar con nostalgia un pequeño marco con una foto de los dos, sacada hacía unos años. Ryûna llevaba el pelo atado en dos coletas, y estaba agarrada a su brazo mientras sonreía con timidez. Había sido poco antes de terminar la escuela primaria. Sonrió, muy a su pesar. Y después comenzó a sentirse mal, hasta el punto que tuvo que levantarse para quitar el marco del escritorio y guardarlo en un cajón.
Por su parte, Ryûna estaba sentada en su cama, aun en pijama. A pesar de que Akashi siempre la reñía, seguía andando descalza. Se sentía cómoda así.
El chico de ojos dispares la miró fijamente, y caminó hasta quedar frente a ella. Se agachó, hincando una rodilla, e hizo que levantara la barbilla para mirarla a los ojos.
- No tienes que estar tan triste, Ryûna. No sé qué te habrá dicho, pero no quiero verte así -Susurró, moviendo un poco su mano para acariciar su mejilla y retirarle el pelo tras la oreja.
La noche anterior le había contado lo de Kise. No todo, por supuesto. Pero sí que le había hablado de su discusión, y de la decisión del rubio de no volver a verla. Akashi no había dicho nada. Se había limitado a asentir mientras la abrazaba. Por un momento, la chica temió que después de escucharla fuera a hacerle algo a Kise, pero algo le decía que no iba a hacer nada. En realidad, no sabía por qué había decidido contárselo. La noche anterior había estado muy vulnerable por todo lo que había pasado. Se estaba cansando de mentir. Y no dejaba de pensar en las palabras de Aomine.
- Tengo que irme -Volvió a decir Akashi. La chica de pelo blanco asintió levemente-. Sabes que te quiero, ¿verdad?
- Sí. Yo también te quiero, Seijûrô -Susurró ella en respuesta, comenzando a sonreír. No era ninguna mentira. De verdad que le quería, a pesar de todo. Le quería aunque no fuera el verdadero Akashi. Era algo que ni ella misma entendía.
El chico se alzó un poco, y la besó en los labios. Después se fue. Era algo curioso que, a pesar de cómo se comportaba con el resto de la gente, con ella siempre era amable y tierno, incluso dulce algunas veces.
Ryûna suspiró, sin ganas de cambiarse de ropa ni salir de casa. Se tumbó boca arriba, y giró la cabeza para mirarse en el espejo de la pared. Sabía que iba a ser un día muy largo. Un partido entre Rakuzan y Shûtoku, y otro entre Kaijô y Seirin. En realidad no le apetecía demasiado ir, pero tenía que hacerlo.
Quería ver a Kise. Se moría por verle. ¿Qué estaría haciendo? ¿Estaría pensando en ella? Seguro que no. Ya no era nada para él. Las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos, y se le formó un nudo en la garganta. ¿Por qué todo había acabado así? ¿Por qué sólo podía ser una cosa o la otra?
Alguien llamó al timbre, y tuvo que forzarse a limpiarse las mejillas y levantarse. Bajó las escaleras, y se sorprendió en cuanto abrió la puerta.
- ¡Buenos días, Ryû-chan! -Exclamó Momoi con su alegría habitual, después de abrazarla con todas sus fuerzas. Aomine apareció tras ella, con las manos en los bolsillos de la cazadora y como si nada fuera con él-. Hemos pensado que tal vez te apetecería ir a ver las semifinales con nosotros. Podríamos ir a comer por ahí. ¿Te apuntas?
La chica de ojos grises no pudo hacer más que sonreír, y aceptar la invitación. Fue corriendo a cambiarse de ropa, y poco después salieron de la casa. Hacía frío. Pasaron la mañana los tres juntos, sin ir a ningún sitio en especial. A mediodía, decidieron parar a comer en una hamburguesería. Aomine se había empeñado, y Ryûna le había seguido la corriente, por desgracia para Momoi. A esas alturas ya estaba cansada de comer hamburguesas prácticamente todas las semanas. Pero eran dos contra una.
- No deberíais comer tanta carne -Se quejó la chica de pelo rosa, picando un poco de sus patatas fritas.
- No seas pesada, Satsuki. La próxima vez iremos a donde tú quieras.
Ryûna no dejaba de reír cada vez que sus dos amigos empezaban a discutir. Era genial recuperar esas viejas costumbres que ya creía perdidas. Estar en Kioto la alejaba de todo eso, por mucho que allí también tuviera amigas. Ninguna de esas chicas era como Momoi. Se sentía increíblemente mal por no contarle todo lo que le había pasado esos días. A lo mejor no podía ayudarla, pero sabía muy bien que la escucharía y la tranquilizaría como nadie podía hacerlo, ni siquiera Akashi. Era su mejor amiga por algo.
Decidido. Se lo contaría todo.
Sonrió a su amiga cuando esta dijo que se iba un momento al baño, pero realmente se sentía un poco incómoda estando a solas con Aomine después de todo lo que habían hablado el día anterior. Ni siquiera tenía muy claro por qué estaba sentada a su lado. Pero de repente era como si hubiera pasado un ángel, ninguno de los dos hablaba.
- Le he contado a Satsuki lo de ayer -Dijo el chico de pelo azul, rompiendo el hielo por fin. Eso la sorprendió-. Tranquila, no le he dicho lo que te ha pasado con Kise.
- Está bien. Yo se lo contaré luego -Respondió Ryûna, bajando la cabeza para mirar lo poco que quedaba de su hamburguesa en el plato.
- Mira, parece que por fin estás espabilando. Ya iba siendo hora.
- Cállate. ¿No podrías volver a tu modo agradable, igual que ayer?
- Podría, pero no quiero que te acostumbres.
La chica dejó escapar una pequeña risa de exasperación, sin molestarse con él realmente. Al menos él no cambiaba. Le gustaba su actitud. Aunque le seguía pareciendo increíble que estuviera intentando ayudarla, aunque fuera de esa manera.
- ¿Qué vas a hacer con Akashi?
- No voy a hacer nada. No pienso dejarle.
- Allá tú. Luego no te arrepientas -Masculló Aomine con toda la naturalidad del mundo, arrugando su servilleta de papel.
- No me arrepentiré.
- Bien -Se limitó a decir el chico, con tono burlón.
- Bien -Repitió ella, poniendo mala cara. A veces conseguía ponerla de los nervios, sabía muy bien cómo hacerlo.
Parecía que el moreno estaba a punto de añadir algo más, pero junto en ese momento volvió Momoi, tan feliz que le faltaba más bien poco para empezar a ponerse a bailar. Tenía el móvil en la mano, y sus dos amigos dedujeron rápido por qué estaba tan contenta.
No tardaron mucho en ponerse en marcha para reunirse con Kuroko en un parque cercano. Aunque no estaba solo, un chico enorme de pelo rojo le seguía con cara de pocos amigos. Ryûna ya sabía quién era, a pesar de no haberle visto nunca en persona: Kagami Taiga.
- ¡Tetsu-kun! -Gritó Momoi, de una forma mucho más exagerada que cuando fue a buscar a la chica de pelo blanco horas antes, en el mismo momento de lanzarse encima del antiguo sexto jugador de Teikô. Aomine resopló -y más por las miradas furibundas que le dirigía Kagami-, pero Ryûna sonreía con ganas.
- Tetsuya, cuanto tiempo -Le saludó, un poco nerviosa. No había hablado demasiado con Kuroko esos últimos meses. Pero siempre le había caído muy bien. Se dio cuenta de que el pelirrojo no dejaba de mirarla extrañado. Debería presentarse después de saludar a su compañero.
- Hola, Hakuren-san. Me alegro de verte.
- Y yo -Volvió a sonreír, de nuevo captando la atención del jugador de Seirin.
- ¿Quién es, Kuroko? ¿También anda diciendo por ahí que es tu novia? -Dijo, por supuesto refiriéndose a Momoi, que estaba peleándose con Aomine junto a un banco.
- No, es la novia de Akashi-kun -Respondió el chico de pelo azul como si nada.
- ¿Qué? -Exclamó Kagami, realmente sorprendido.
La chica rió con suavidad, divertida por su reacción.
- Soy Hakuren Ryûna. Es un placer conocerte, Kagami-kun.
- Ah... Sí, vale. Lo mismo digo.
De repente parecía nervioso. ¿Sería porque era la novia de Akashi? Pero él no le conocía personalmente, por lo menos que ella supiera. De todas formas no entendía por qué tanta gente se sorprendía al enterarse de que era su novia. ¿Tan insólito era?
En fin, lo mejor era no pensar en eso. Lo importante en ese momento era que Kagami no conseguía encontrar unas zapatillas de su número, y ya no sabía qué hacer. Menos mal que Kuroko había sido tan inteligente como para llamar a Momoi. Era la persona perfecta para esas cosas. Justo después de hablar con él por teléfono, insistió durante unos largos minutos a Aomine para ir a su casa a por un par de zapatillas para el pelirrojo. Ryûna se dio cuenta enseguida de que Kagami y su amigo no debían llevarse demasiado bien. No le extrañaba, había visto su último partido y era evidente que saltaban chispas. No tardaron en ponerse a jugar un uno contra uno por las dichosas zapatillas. La chica de pelo blanco se sentó con Momoi y Kuroko para hablar mientras tanto.
- ¿Aomine-kun le pegó un puñetazo a Haizaki-kun? -Preguntó él, sorprendido.
Ambas le contaron lo que había pasado, aunque como Ryûna había estado delante, tuvo que dar más detalles. No le gustaba demasiado volver a pensar en ese cretino que había estado a punto de pegarle la noche anterior. Vale, en parte se lo había buscado. Pero seguía siendo un idiota. Y seguía mereciéndose algo más que un simple puñetazo. No dijo nada, pero no le sentó muy bien que Momoi lo defendiera, más o menos. No tenía ningún sentido que "en el fondo quisiera que Aomine lo detuviese". En fin, así era su mejor amiga. Veía el lado bueno en todo.
- Hoy jugarás contra Ryôta -Susurró ella con una débil sonrisa, aprovechando que la chica de ojos rosas se hubo levantado para ir junto a Kagami y Aomine, que parecían estar a punto de matarse. La verdad, se parecían bastante-. Y Seijûrô se enfrentará a Shintarô... Va a ser un día muy intenso.
- Sí -Dijo Kuroko en respuesta. Estaba siendo amable, como siempre, pero obviamente él también había cambiado desde secundaria.
No habían tenido una relación especialmente estrecha, pero se llevaban bien. Y después de todo lo que había pasado en su último año en Teikô, ella podía ver, en cierto modo, que ese chico había sido el más perjudicado emocionalmente. Aunque no sabía muy bien por qué. Pero después de la tercera victoria consecutiva del equipo, prácticamente había desaparecido por completo. Ni siquiera iba al instituto las últimas semanas, y sólo volvió el día de la graduación. No era de extrañar. Ella misma se había planteado hacer lo mismo unas cuantas veces.
- Te estaré animando -Le sonrió con tranquilidad-. Bueno, también animaré a Ryôta, claro. Sé que será un gran partido.
- Gracias, Hakuren-san.
La chica sonrió, aunque dándose cuenta de lo que acababa de decir. Bueno... por mucho que ya no fueran amigos, seguiría animando a Kise. No podía evitarlo. Le llevaría bastante tiempo olvidarse de él.
Aomine ganó a Kagami, y se dirigió a sus compañeros de Teikô con chulería mal disimulada de indiferencia. Al final, decidió regalarle las zapatillas al pelirrojo.
- Pareces nerviosa -Dijo Momoi a Ryûna, con su cálida sonrisa-. ¿No irás a ver a Akashi-kun antes de que empiece el partido para desearle suerte?
- No... Iré cuando termine.
La chica de ojos grises le devolvió la sonrisa a su amiga. Aun no le había contado nada, principalmente porque no habían tenido oportunidad de estar solas. Lo haría más tarde. No tenía miedo, Momoi era muy comprensiva. Sabía que no se enfadaría con ella por haberle ocultado tantas cosas. Pero sí que estaba nerviosa. Por el partido de Akashi, y también por el de Kise.
En un pequeño impulso, se acercó más a la pelirrosa, y la cogió de la mano. Momoi no se sorprendió demasiado, a pesar de que era ella la que siempre se acercaba primero, y sonrió con cariño al estrechar su mano a cambio. Si hiciera falta, no la soltaría hasta que se acabasen los partidos.
Aomine se reunió con ellas llevándoles unos refrescos, y los tres observaron a ambos equipos salir a la cancha.
Continuará
Como siempre, siento haber tardado en escribir. Pero esto es difícil y ya no tengo tanto tiempo como antes... qué asco xD Pero bueno, lo he conseguido. Sé que será un capi flojito, pero prometo que el próximo será más intenso. Atentas, señoritas, que pronto vendrá lo bueno jajaja
Muchísimas gracias a Mugetsu-chan xd, Warrior Girl In Flames, LovelyGirl84 (mejórate Pingu), Keiko-shiro, Uchiha Yamii y NeonSyo por vuestros comentarios, me han encantado y me han dado muchos ánimos para continuar :)
Espero que os haya gustado, o que al menos no os haya disgustado demasiado. Un beso a todas.
