Disclaimers: Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y todo aquel que acredite de forma legal su posesión total y/o parcial sobre los derechos de autor. Esta historia es sin intención alguna de lucro, Muffliat0 se deslinda de responsabilidades.
¡Hola! De nuevo aquí, agradeciendo por su apoyo, por sus reviews por sus favs y por sus follow, significan mucho, lo saben. Muchas gracias por todo, espero que siga siendo de su agrado la historia, ¡Hasta el próximo jueves!
Observó hacia la silla al centro del salón cuando Weasley y Granger se fueron, su padre no estaba para nada preocupado, por el contrario, estaba tan seguro que no encontrarían a Ginny, que tanta seguridad le causaba un cosquilleo en la nuca, su padre jamás había mostrado tanta seguridad, por el contrario, recordaba como temblaba cuando Voldemort reapareció en el mapa, y ahora, su padre parecía más valiente que nunca, tan seguro que sus planes iban a dar los frutos necesarios y traer a Voldemort de vuelta, desde hacía cinco años, él se había preguntado a todas horas lo mismo ¿Por qué alguien querría que Voldemort regresara? El Ministerio les había dejado en paz, podían tener una vida normal, bueno, lo más normal que pudiesen, tal vez recuperar el renombre le importaba más que las consecuencias de volver a la vida a la persona más cruel que había conocido, si antes el estatus de sangre de Ginevra lo tenía tranquilo, eso se había terminado, no dudaba que Voldemort tomaría en cuenta su traición y no importaba que hubiese sido el vínculo para traerlo de vuelta, la mataría, eso sabía que lo haría, porque no existiría ninguna profecía, la que involucraba a Potter se había cumplido, ahora no existiría nada que lo devolviera a la muerte, salvo ella, salvo Ginny, y eso lo tenía intranquilo, observó de nuevo a su padre que le otorgó una sonrisa molesta, sabía que su dominio sobre la oclumancia lo mantenía protegido de que alguien supiera lo que realmente pasaba con él en esos momentos, pero aun así, necesitaba saber la razón por la que su padre, se estaba arriesgando de sobremanera, y no sólo él, sino que estaba arrastrando a su familia de nuevo por ese acantilado.
—Quiero que vayas lo antes posible y consigas lo que te he pedido –comentó Lucius.
—Es todo lo que necesitas ¿cierto? –observó a su padre que soltó una carcajada.
—Lo estoy haciendo para que sepas cuáles son tus responsabilidades, Draco, no siempre estarás escondido tras las faldas de tu madre, así que quiero que elijas a los hombres que irán contigo, a menos que sea mucha tarea para ti.
—Quiero que Smart venga conmigo –soltó Draco molesto.
—Él no irá, solicitud denegada –se encogió de hombros el hombre.
—Me estás dando permiso y la libertad de…
—Llevarás a Dolohov como tu mano derecha –concluyó la discusión –y te diré por qué, porque necesito viva a esa estúpida, y si te llevas a Smart contigo, Dolohov se quedará a cargo de ella, y en un descuido, puede escaparse y en el peor de los escenarios, haría que el idiota se desesperara tanto que la matara, Smart es inteligente, irónicamente, sabe mantener bien la calma y una niña estúpida como Ginevra Weasley no lo sacará de sus casillas, así que se quedará a cargo de ella, llevarás a Dolohov y no discutiré más sobre tu mano derecha, a menos que quieras que la corte, de forma literal.
—Estás muy seguro del plan ¿no lo crees? –Draco soltó enfadado.
—No hay ni un error, por mínimo que sea, Draco, por eso estoy tan seguro, lo único que necesitaba para comenzar era que Voldemort me hiciera saber quién era la Heredera de Morgana, y te lo dijo a ti.
—Ella ni siquiera sabe que lo es, ninguno de los Weasley sabe que ella lo es ¿Quién no nos dice que estaba equivocado, papá? –bufó.
—Voldemort no se equivoca, al menos no cuando se trata de asegurar su supervivencia, era demasiado inteligente para ello, la prueba está, que Dumbledore siguió a la perfección el plan que el Señor Tenebroso tenía detallado, matar su viejo cuerpo y con eso su profecía, para volver de nuevo más fuerte que nunca ¿y sabes quién estará a su lado cuando eso pase?
—Hasta donde yo recuerdo, temías a ese hombre, huiste de él cuando te necesitaba para…
—No ¡Yo hice lo que mi señor me ordenó que hiciera! –Chilló histérico Lucius –fingir ser un asqueroso cobarde no era mi mayor fascinación pero funcionó, en cambio contigo, parecía real, no una actuación, hijo.
—Hice todo eso porque temía que te matara a ti o a mi madre, no porque tuviese miedo de que me matara a mí –soltó molesto.
—Bien, ahora, llevarás a Dolohov contigo y reunirás a cincuenta hombres y te marcharás lo antes posible, necesitamos todo antes del próximo año.
—Estamos en Agosto, papá –se burló.
—Lo que necesitamos te tomará más de un mes encontrarlo, Draco, ahora haz lo que te ordené y vete.
Narcissa observó a su esposo y a su hijo, cuando su marido volvió a sentarse suspiró cansina, desde que Voldemort le había susurrado a Draco al oído el nombre de Ginevra Weasley, su hijo había estado confundido, hasta que Lucius les informó de forma oficial, los planes que le había encomendado Voldemort, no había dicho nada antes porque la instrucción principal era permanecer en silencio, y no compartir con nadie el plan alterno, y por supuesto era obligatorio, de hacer ese plan público antes que él fuera oficialmente derrotado, la vida le iba en juego a causa del juramento inquebrantable, su hijo había terminado de armar el rompecabezas cuando dijo que esa era la razón por la cual el Señor Tenebroso le había susurrado al oído el nombre de la hija menor de los Weasley, que hasta ese momento, habían pasado desapercibidos para el resto de la comunidad mágica, sólo eran unos pobretones, pero ahora, sabían que tenían ese secreto bastante bien escondido, nada menos que su hija, era la heredera de Morgana.
—Quita esa cara, Narcissa –le pidió su marido –Dolohov no permitirá que le ocurra nada a Draco.
—Dolohov no es confiable para ir con él, sabes que Draco tiene razón, Smart tiene que ser su mano derecha.
—No voy a arriesgar la vida de la chica, Narcissa.
—Pero si la de nuestro hijo, Lucius.
—Ve con él, así te aseguras que jamás salga de tus faldas –se puso de pie –no quiero a un cobarde como hijo, Narcissa, se lo dije a él, cuando Voldemort vuelva, seremos los que estemos a su lado, disfrutando de la gloría, nos eligió a nosotros sobre todos sus seguidores, ahora somos nosotros los que mandamos a todos y no somos más parte del montón.
—Sólo quiero que estés seguro de que estás mandando a tu hijo a una misión casi suicida.
—No le pasará nada, al lugar donde va, no hará caos, sólo irá en búsqueda de una persona, y lo que ésta le dará.
—Bien… ¿A dónde vas? –le interrogó cuando caminó hasta la chimenea.
—A visitar a nuestra querida heredera –soltó burlón –a apresurar un poco su educación.
—Volverás a usar el maleficio Cruciatus con ella.
—Sí.
Lucius desapareció en la llamarada verde, ni siquiera ella conocía donde se encontraba la chica, su marido había mantenido bastante bien ese secreto, hasta que el Weasley, mejor amigo de Potter no dejara de aparecerse de sorpresa por la Mansión, la mantendría resguardada en ese lugar, donde según no la encontraría jamás, así la tuviese cautiva el resto de la vida.
Apareció en el lugar, la chica estaba al centro, Smart estaba recargado junto a la chimenea, observando como los otros hombres usaban al mismo tiempo el maleficio Cruciatus, cosa que le parecía divertido cuando ella gritaba a causa del dolor.
—Vaya, me alegra ver que al menos aquí no pierden el tiempo –sonrió con suficiencia Lucius.
—Mi señor –Smart le hizo una reverencia que hizo que Malfoy se sintiera aún más grande de lo que se sentía.
—No han aparecido cambios ¿cierto?
—No, ninguno.
—Bien –sonrió –denle su varita a la chica, veamos que puede hacer en un maldito duelo.
Ginny se abalanzó sobre su varita en cuanto la aventaron al piso y rodó un poco hacia ella.
—Haz tu mejor movimiento, muchacha –le animó Malfoy.
—Expelliarmus —Exclamó pero el hechizo no llegó a ser lo suficientemente fuerte como para llegar a Lucius, el cual negó decepcionado.
—Lo atribuiré a la tortura –se encogió de hombros –Crucio –pronunció haciendo que las rodillas de Ginny se doblaran a causa del dolor y se retorciera sobre el piso –aun eres muy débil, Expelliarmus –la varita salió volando al otro extremo del salón –así que… imagino que ni siquiera eres capaz de lograr que un hechizo no verbal sea lo suficientemente poderoso ¿no?
—Si eso fuera, ya estarían muertos –soltó enfurecida.
—Es una lástima, sería bueno que eso pasara, te librarías de nosotros, al menos –sonrió.
—No sé para qué me quieres, Lucius.
—Ginevra, Ginevra, Ginevra, me habían dicho que aun pensabas que Potter era la razón de que te tuviéramos cautiva, pero no, lo cierto es que no, te necesitamos a ti, a alguien poderoso como tú…
—Hermione –soltó la chica –Hermione es la bruja más inteligente a su edad…
—Claramente es ella la más inteligente, porque ya vi que tú apenas puedes hilar las palabras que te digo –todos los hombres en el salón se burlaron –ella es la más inteligente, chiquilla estúpida, pero no la más poderosa ¿comprendes la diferencia? ¡Crucio! –Ginny volvió a retorcerse a causa del dolor –te contaré un secreto, que por lo visto, tus padres no se han animado a confesarte ni a ti, ni a tus hermanos, porque de ser así, ya sabrían la razón por la cual te tenemos –sonrió –tú, una chica insignificante a los ojos de todos, eres, ni más ni menos, que la gran Heredera, de… Morgana –los ojos de Ginny se abrieron como plato de la sorpresa, ese hombre tenía que estar bromeando, tendría que estarle afectando a él los Crucio que ella recibía, no había otra razón para que le dijera aquella idiotez.
—Es una mentira –se burló Ginny –creo que tienes a la chica equivocada.
—No, no, nada de equivocaciones, hay una explicación lógica para que la familia Weasley no tuviese mujeres desde hace tantas generaciones ¿no lo crees? Tu madre omitió aquella advertencia, y no tenemos más que agradecerle que se empeñara tanto, en tener una niña, a pesar de tener ya tantos hijos, gracias a eso, ahora podemos tenerte aquí.
Ginny apretó la quijada, sus padres debían ignorar eso, porque de saberlo jamás iba a perdonarles que le ocultaran algo así, realmente no iba a perdonarles que le ocultaran algo tan importante, por esa razón Voldemort los había mandado a ella, porque no creía que todo esto fuera iniciativa propia de Lucius, los mortífagos no lo seguirían a algo así de no ser porque Voldemort estuviera detrás de todo.
¿Tan segura estás de eso? La vocecita se coló en su mente, después de todo, no era la primera vez que Lucius se metía con ella en temas relacionados con Voldemort, en su primer año en Hogwarts le había dado un diario, y había convivió inocentemente con un Voldemort de 16 años, ya sabía lo que era que él podía hacer, y también era cierto que Voldemort no había mandado a Lucius, sino que otra vez, como ahora, le había sido tan fácil dar con ella, de todos los que estaban hacía diez años en Flourish and Blotts, el caldero que ese hombre había elegido había sido el suyo ¿por qué? Porque había sido la que más débil se había visto de todos, y siendo honesta lo sabía, ni Hermione, ni Harry y mucho menos su hermano iban a caer en una trampa tan tonta, como ella lo hizo, y ahora sucedía lo mismo, ella tenía que ser la más débil, por eso Voldemort indicó que ella, porque si los Weasley tenían sangre de Morgana corriendo por sus venas, eso los hacía a todos, directamente, herederos de la misma bruja, no sólo a ella, pero comprendía que los mortífagos no pudiesen hacerse de Ron, después de todo era un Auror increíble, mucho menos con Charlie, que si podía hacerse cargo de inmensos dragones, unos cuantos mortífagos serían como unos bonitos bebés con piruletas, Percy era el Asistente Junior del Ministro por algo más que por ser el premio anual en la escuela, George por mucho que se dedicara a hacer bromas, dominaba muy bien los hechizos de ataque, Bill, si él podía con maldiciones egipcias, que no pudiera con los lacayos de Voldemort; y luego estaba ella, en lo único bueno que era, era en el mocomurcielago, y sí, había logrado entrar al club de las eminencias gracias a ello, pero… era lo suficientemente estúpida como para estar por su casa sin su varita, era algo que no debía pasar jamás.
Igual que en tu sueño. La vocecita molesta volvió, haciéndola fruncir el ceño, pero en su sueño Harry había sido alcanzado por Avada que había lanzado uno de los mortífagos, y Ron la había librado de que se la llevaran, tal vez eso había sido como un aviso de que algo malo iba a pasar, y un recordatorio más de que debería de tener su varita todo el tiempo con ella, pero si era lo bastante estúpida como para no tomar en cuenta ese sueño, se merecía estar en ese lugar siendo torturada y poner las cosas tan fáciles.
—Así es, moléstate un poco más –la animó Lucius.
Ginny salió de sus cavilaciones al escucharlo hablar, no sabía cómo había terminado de pie, su cabello dejó de ondear en ese momento, fuera lo que fuera que ellos quisieran de ella, estaba yendo en el camino adecuado, la sonrisa de Malfoy se lo dejó muy claro.
—La ira es estimulante al parecer –comentó Smart caminando hasta ella –no sé cómo influye en realidad.
Observó la mano del mortífago, sostenía un mechón de su cabello, que extrañamente, había llegado a su hombro, siendo que cuando fue secuestrada, le faltaban unos cuantos centímetros.
—Bien, ahora que ya sabes cómo influenciar en ella, hazlo, no quiero más pérdidas de tiempo –ordenó Lucius caminando hasta la chimenea –iré a despistar al enemigo, no dudes en informarme.
—Se lo haré llegar con su hijo –asintió Smart.
—No –se detuvo y observó a todos los lacayos –a partir de éste momento, Smart está encargado de todo lo referente a ella, mi hijo, Draco, fue enviado a otra misión, así que tienen que seguir las ordenes que les dé Smart, de lo contrario, no seré muy piadoso.
—Necesito un poco de ayuda aquí –intervino el aludido –espero que no le moleste que haga de Thomas Nott mi mano derecha.
—Lo que quieras –concedió y se marchó.
Ginny tuvo que luchar por que su estómago regresara a su lugar, Draco ya no estaba a cargo de ella, eso significaba que las cosas iban a estar peor, porque él por lo menos le había dado un consejo referente a cómo comportarse ya que él era el encargado de ella, pero… con éste hombre, las cosas cambiaban completamente, un escalofrío la recorrió por todo el cuerpo, oficialmente estaba aterrada, si Draco le había dicho que no podían matarla, ya comenzaba a dudarlo, el hombre frente a ella lucía capaz de torturarla por diversión y asesinarla después; temía que le pasara lo mismo que a los padres de Neville, pero también sabía que no podía mejorar lo que ellos querían que mejorara, así le fuera la vida en ello, iba a truncar cada uno de sus planes.
—No tienes de que asustarte, niña –sonrió Smart.
— ¿Por qué Draco no está a cargo? –interrogó inconscientemente.
—Es un poco hiriente, pequeña, pero comprendo, por lo menos a él le conoces, por eso he pedido a Nott.
—Blaise es el mejor amigo de Draco –soltó.
—No me sorprende que pienses eso, después de todos los años o al menos los últimos en Hogwarts, pero por eso, Blaise no puede venir aquí, y ayudarme a torturarte, tiene que ayudar a Draco en su encomienda, después de todo, no hay nadie que le conozca más –sonrió –te llevaré a tu cuarto.
La arrastró hasta el cuarto donde la mantenían cuando se aburrían de torturarla, y era el lugar donde mejor se sentía, a pesar de que oliera a humedad, e hiciera frío, nadie se había preocupado por hacer de su estancia algo un poco más cómodo, donde por lo menos, no muriera de frío.
Se observó a través del pequeño espejo a sí misma, su cabello más largo, y sus piernas sucias y descubiertas, así como se la habían llevado de la Madriguera, así mismo la mantenían, con esa toalla solamente, se talló los brazos, y miró el techo con melancolía, extrañaba estar con sus hermanos, con sus padres, después de que todo eso terminara, dejaría el equipo y buscaría un trabajo en el Ministerio, donde pudiese ver más seguido a dos de sus hermanos, y pasaría más por la tienda después de salir del trabajo, y de ser posible, haría que sus padres fueran seguido a Egipto y a Rumanía, ya no quería estar lejos de su familia, incluso, no quería estar lejos de Harry, necesitaba regresar a su casa, pero primero necesitaba un buen plan para escapar, un plan para atacar a esos mortífagos, alguna forma de avisar a Ron donde estaba.
Comenzó a reírse como histérica y se cubrió el rostro ¿cómo podía decirle a Ron donde estaba? Si ni siquiera ella sabía dónde estaba, todos llamaban al lugar la casa, pero no había más información sobre la localización, sabía que había hechizos protegiendo el ruido de los gritos que ella emitía cuando la torturaban, tendrían que tener más, no eran tan tontos, eso ya le había quedado lo suficientemente claro, comenzaba a creer que Ron y Harry, jamás darían con ella, si los mortífagos no querían, se preguntó quién era el informante secreto dentro de los Aurores, no cualquiera era informado de lo que haría el jefe.
Observó al elfo doméstico con la bandeja de oro en la mano, la dejó en una pequeña mesa al fondo del lugar y desapareció sin decir nada, Ginny observó hacia otro lado, no había comido nada desde hacía varios días, pero tampoco lo sentía muy necesario, no tenía hambre y tenía el estómago revuelto, no sabía a qué se debían las náuseas, si a las torturas o al asco que ella misma se daba al no poder salir de ahí por su propia cuenta y estar esperanzada de que sus hermanos realmente la encontraran rápido.
Abrió los ojos asustada cuando sintió un golpe en las piernas, su corazón latía fuertemente contra su pecho queriendo escapar, observó a un hombre frente a ella, pero tenía la vista un poco nublada a causa de que había estado dormida y el lugar era bastante oscuro, imaginaba que mantenían así el lugar con un hechizo, a menos que estuviera en un sótano o en un lugar subterráneo.
—El elfo me ha dicho que no has estado comiendo nada –soltó una voz que reconoció inmediatamente, aunque no era de la persona que había deseado oír.
—No tengo hambre –soltó seca.
—Pues vas a tener que comer a menos que quieres que venga alguno de los otros a hacerte engullir la comida mediante la violencia.
—Algún otro –soltó divertida –es que no eres suficiente para hacerme comer tu ¿cierto, Nott? –se burló.
—Demasiado caballero para ello, Weasley –soltó tranquilo.
—No puedes ser un caballero si estás permitiendo que una chica esté encerrada en contra de su voluntad.
—No estarías encerrada de estar por voluntad propia ¿no lo crees?
—No tengo hambre –volvió a girar el rostro.
—Draco no se va a poner nada feliz cuando se entere de que estás matándote de hambre –soltó un tanto irritado.
—Como si me importara lo que pueda pensar el idiota de tu amigo –se burló.
—Estoy aquí porque Smart pensó que era bueno que tuvieses a alguien conocido en todo esto –se puso en cuclillas frente a ella –soy lo más cercano a un amigo aquí, Ginevra –confesó.
—Un amigo me ayudaría a escapar, un amigo informaría a mi hermano de mi localización.
—Tu hermano está bastante perdido, a decir verdad –sonrió encogiéndose de hombros –está mirando a la dirección equivocada, Ginevra –se acercó a ella –y he estado llevándolo a la dirección correcta, es sólo que es demasiado orgulloso como para pensar que yo sería su mapa al tesoro.
—Ron jamás confiaría en ti, y de todas maneras ¿Por qué lo estarías guiando hacia mí? –lo observó atenta acortando la distancia entre sus rostros.
—No quiero que Voldemort regrese –soltó honestamente –y haré todo lo que esté en mis manos para sabotear eso, así que confía en mí.
—No voy a confiar en ti, Nott, si eso fuera cierto, ahora mismo estaría en la oficina de Aurores en el Ministerio, custodiada por mi hermano, sin embargo, sigo en este lugar que ni siquiera sé distinguir si es un cuarto, un sótano o mi propia tumba –se recargó en la barda –déjame sola.
—Vas a confiar en mí –sonrió.
—No hay manera de que confíe en ti –observó a Nott que se había puesto de pie y caminado hacia un lugar apartado.
—Pues escucha esto, sino comes, me temo que seré sustituido con Blaise, y ambos sabemos que de él no te escaparás, sobretodo porque ha estado deseando meterse entre tus piernas desde el colegio.
Ginny se abrazó las piernas, en eso Thomas tenía razón, no creía que Blaise fuera lo suficiente educado para entablar una conversación con ella, sino más bien, buscaría otra cosa, y dudaba que Smart se lo negara, había escuchado tantas veces que si estuviera embarazada facilitaría las cosas, así que no importaba mucho si era de Harry o de cualquier otro; se estremeció notablemente, ojalá que esa idea no rondara por la cabeza de alguno de los hombres de afuera, porque no sería nada agradable.
— ¿Dónde estás, Draco? –sollozó hundiendo su rostro entre sus huesudas rodillas, si él estuviese ahí, nada de eso estaría pasando, tal vez su estadía ahí no fuera la mejor, pero no en una situación tan precaria como esa, y no podía engañarse más, quería que estuviera ahí con ella, por lo menos ver su rostro le hacía sentir viva de alguna extraña manera.
Desde aquel beso que le había dado cuando le había dicho que no permitiría que alguien se la llevara, bueno, en realidad, desde que había ido a uno de los juegos y se había colado hasta donde se encontraba ella, y le había dicho que estaba ahí porque deseaba convertirse en una buena persona, se había acercado a ella y había estado a punto de besarle, pero desapareció en cuanto escuchó que alguien la llamaba, esa promesa de besarla se había quedado en el aire, y había estado inquieta por el hecho de que no lo hiciera, pero ese día en el sótano, cuando la besó, había sido una sensación maravillosa, había sido mejor que la primera vez que tomó prestada una de las escobas de los gemelos para intentar volar, más emocionante que tener frente a sí al niño que sobrevivió, en realidad, no sabía con qué comparar ese beso.
Levantó la vista cuando escuchó unos pasos acercarse, Smart estaba frente a ella, con el ceño fruncido y una charola en la mano, en la otra tenía su varita, la guardó en su bolsillo y tomó algo de la charola, le extendió un vaso y ello lo aceptó, bebió un poco, no quería hacerlo enfurecer, había recordado las palabras de Draco, haría lo necesario para no hacer que los demás se enfadaran y volvieran a torturarla, pronto llegaría al límite, lo sabía, estaba por volverse completamente loca.
—Está bien que esté retenida, Srta. Weasley –soltó el hombre –pero no es nuestra intención matarla, al menos no de hambre.
—Supongo que dejarán que Voldemort lo haga ¿no? –elevó una ceja haciendo que Smart sonriera en complicidad, así que todavía iba a ser torturada por un tiempo.
—Espero que el jugo de calabaza le agrade, no creí conveniente traerle cerveza de mantequilla, no ha comido y probablemente eso haga el efecto aún más –se encogió de hombros.
—Dime algo, Smart ¿Por qué los mortífagos quieren de vuelta a Voldemort? –Frunció el ceño –no lo comprendo, el Ministerio les ha dejado libres, no tienen que servir a un cruel hombre, son libres.
—Sólo le diré algo, Señorita Weasley –se acuclilló frente a ella –los muggles creen en una fuerza superior a la que llaman Dios, usted no lo sabe porque es de sangre pura, por lo tanto no está acostumbrada a ello y dudo que su novio y su futura cuñada hablen de eso –sonrió –y como en todo, se hay luz y oscuridad, para existir una, tiene que existir la otra, para un perfecto balance, de no ser así, el mundo se volvería ruinas.
— ¿Es nacido Muggle, Smart? –interrogó curiosa, pero él negó.
—Sangre pura –contestó –he vivido en el mundo Muggle por mucho tiempo, el suficiente como para familiarizarme con todas sus creencias.
—Así que usted siempre se ha inclinado por la oscuridad.
—Hay muggles que también prefieren vivir en ella, no es algo natural sólo en magos, señorita Weasley –sonrió –y así como hay muggles que piensan que al morir irán junto a su Dios aún hay otros que quieren ir con su contraparte –señaló el suelo –los muggles buenos piensan que ir al lugar que ellos consideran Cielo es bueno, y que todos aquellos que prefieren la oscuridad en sus corazones, cuando mueran se arrepentirán, sin embargo, lo que para algunos es un castigo, para otros no lo es ¿no lo cree así? Voldemort, es la oscuridad que nosotros elegimos, querida niña –acarició la mejilla de Ginny –lo que para su orden, es una clara maldición, para nosotros es una clara bendición, por el contrario, el mundo regido por Kingsley, no es nada más que nuestro propio infierno, y haremos de todo, por volver al paraíso de sombras –le besó frente y salió.
