Los personajes le pertenecen a Hidekaz Himaruya.

Capitulo 8: Dedicatoria

-¡Veneciano!- Romano llamaba constantemente a su hermano mientras su corazón latía con fuerza y las lagrimas rodaban por su rostro de sobre manera. España nunca lo había visto llorarde esa manera, así que no atinó a más que abrazarlo y decir las típicas frases de "Todo estará bien" "No te preocupes" "No llores". Se lamentaba por haberlo golpeado antes, el muchacho aun lo rechazaba mientras repetía constantemente el nombre de quien aun no despertaba y de quien aun no tenia noticias.

Gritaba tan fuerte que le dolía, incluso su voz ya no era la misma, se escuchaba arrepentido y tosía de vez en cuando al ahogarse con su errática respiración. Ninguna de las palabras del ibérico le llegaban y este era consiente de esto, pero aun así no se detenía.

-Lamento haberte golpeado, por favor detente, él esta bien, no debes llorar sabes que él se pondrá triste si te ve triste a ti, Por favor basta Romano- Le rogaba intentando no llorar él también mientras Alemania caminaba en círculos cargando una gran preocupación sobre sus hombros y Francia en el mismo estado, se arrepentía por todo lo que le había echo al pequeño del otro lado de la puerta. -Lamento haberte lastimado- Sollozó el español mientras acariciaba la cabeza de quien lloraba como si no hubiese un mañana.

-Maldito, maldito, maldito- Repetía mientras golpeaba al español quien recibía todo sin emitir queja alguna -No quiero que muera- Lloraba ahora sujetándose a su ex-tutor quien correspondió a sus deseos y a su abrazo, hasta que el doctor salió agotado de la sala.

Todos dirigieron la mirada a quien tenía el valor de hacerse cargo de todo lo que había sucedido detrás de la puerta. Preguntó a Romano si él era su hermano y este, separándose del español y secándose rápidamente las lágrimas asintió y siguió al doctor quien lo guío a otra sala para que ambos hablaran mas cómodamente.

Los tres hombres se quedaron en su lugar mirándose mutuamente deseosos de que salgan lo mas pronto posible de allí para saber que había pasado. Fueron minutos interminables.

Cuando finalmente el italiano salió lo hizo con la cabeza gacha y los ojos húmedos, se acercó al grupo y los miró con un rostro que paso de ser un rostro molesto a uno con rasgos suavizados. -Debemos ir a casa- Murmuró con un nudo en la garganta, mientras el resto bajaba la cabeza adivinando lo que seguía. -Tenemos que arreglar la habitación del idiota de mi hermano para cuando le den el alta- Sonrío un tanto sonrojado de la emoción mientras algunas lagrimas de alegría resbalaban de su rostro.

Dos semanas han pasado de aquellas lágrimas, Alemania caminaba con Italia colgándole del brazo como siempre, el pequeño había decidido ignorar todo lo ocurrido, pero para el alemán eso seria muy difícil. Caminaron hasta la casa del alegre niño que no paraba de canturrear, hasta llegar a la puerta donde buscó la llave en su bolsillo.

-Lo siento Alemania, pero parece que perdí mi llave- Se disculpó apenado mientras sacaba las manos de sus bolsillos que habían quedado al revés. Sintió como el otro lo despeinaba y levantó su mirada para observarlo mejor.

-Eso no es problema- Sonrió el rubio abriendo la puerta y guiando al sorprendido italiano dentro de su propio hogar, pero la sorpresa que expresaron su rostro al entrar no tenia comparación con la de después de ver lo que había dentro de su casa.

-¡Bienvenido a casa!- Gritaron los tres hombres delante suyo, dos de ellos con una sonrisa y el tercero con la mirada baja y los brazos en la espalda.

-¿Qué es esto?- Preguntó sorprendido el recién llegado mientras observaba los adornos y la comida sobre la mesa.

-Solo es una fiesta de bienvenida- Sonrió el alemán detrás suyo mientras colocaba una mano en su espalda guiándolo hacia el grupo.

-¿Te sientes mejor Veneciano?- Preguntó el español sonriendo y tomando sus manos sacudiéndolas de un lado a otro a lo que el aludido asintió con una gran sonrisa en su rostro.

-No sabes cuanto nos alegra saberlo- Agregó el francés mientras le daba unas cuantas palmadas en la espalda.

Romano que aun seguía con la cabeza gacha dudaba entre felicitar a su hermano por su recuperación o simplemente ignorar el bochornoso momento en el que estaba apunto de participar y huir a su habitación. –Gracias por volver fratello…- Había escogido la primera opción, y mas le valía a su hermano no arruinarla.

-Hermano…- Susurró sorprendido, no podía creer que la palabra "Gracias" estuviera saliendo de la boca de su hermano en ese momento.

-Ten, y mas te vale que te guste- Gruñó sonrojado el italiano entregándole lo que tanto ocultaba a sus espaldas. Un regalo que fue abierto velozmente por el menor que quedo atónito y al borde de las lágrimas. –Ya se que es horrible, pero no tanto para que llores maldita sea- Respondió molesto y avergonzado el mayor mientras el resto reía observando la pequeña sonrisa en el menor que se lanzó en un abrazo a su querido familiar.

-El arte no es la delicadeza de un trazo o la variedad de los materiales- Sonrío sin desprenderse de su gemelo –Si no el sentimiento que pusiste en él al hacerlo- Romano correspondió en silencio al tierno abrazo que luego hizo jurar al resto que reía divertido que guardaran en secreto.

-Gracias Romano, es hermosa…-

Es cierto, Giallo no estaba pintada con la misma delicadeza en los trazos ni con la misma variedad de sombras y luces con la que la había pintado Veneciano, pero estaba echa con todo el amor de su hermano, y solo por eso era incluso más hermosa que antes. Solo por eso era arte, no importada lo que dijeran los demas.


Gracias por acompañarme a lo largo de esta sencilla historia. Los mensajes, las lecturas, las correcciones todo fue mas que una alegria para mi. Espero poder escribir mas pronto. Nos vemos.