*Capítulo reeditado (cambios menores)
DISCLAIMER: Los personajes le pertenecen a JK Rowling, la canción a la Oreja de Van Gogh
TRACK 8: Noche de La Oreja de Van Gogh.
CAPITULO OCHO
Noche
POR: TlalGalaxia
"Otra noche por delante y otras tantas por detrás
Confesándole a mi almohada que nadie me ha visto llorar"
Draco Malfoy llegó a su departamento pasadas las diez de la noche. Muy tarde para algunas personas, pero para un juerguero como él la noche bien podría estar empezando apenas. Se hundió en el sillón intentando decidir entre meterse a la cama y dar por terminado el día o tomar su agenda negra que esperaba en la mesita de noche y llamar a una de sus conocidas. La susodicha agenda contenía el nombre y la dirección de varias damas a las que podía invocar asomando su cabeza por la lujosa chimenea de mármol negro que estaba en su sala. Y luego tal vez invitarla a sus aposentos para tomar una copa o dos. Y luego pasar a algo mucho más íntimo. O tal vez podría ir a alguno de los bares y centros nocturnos que frecuentaba y conseguir a una nueva cara para agregar a su lista de conquistas.
Cualquiera de las dos opciones le parecían atractivas, aunque no más que la de quedarse tirado en el sofá con una copa de licor en la mano y volverse a preguntar por enésima vez qué es lo que podía haber hecho para que las cosas fueran distintas en ese momento.
Si tan solo pudiera dejar de pensar en ella… si tan solo pudiera olvidarse de esos ojos castaños que lo seguían a donde quiera que fuera. Que lo martirizaban una y otra vez recordándole lo que pudo tener y que había sido tan estúpido como para dejarlo ir. Una palabra habría bastado, o tal vez dos. Todo lo que ella le había pedido era una promesa. Una promesa de estabilidad que él no estaba seguro de conseguir ni para él mismo. No porque no la quisiera. Draco la había amado casi en el momento en que la había conocido. Muchos años atrás en sus años de estudiante en Hogwarts algo dentro de ella se había apoderado de su atención y a pesar de que luchó por años para deshacerse de sus sentimientos. Cuando la batalla final se había desatado se había visto forzado a elegir entre su gente y a los suyos y ella. Y ella había ganado, por mucho había ganado ¿Cómo no lo había visto? ¿O es que en verdad ella creía que había cambiado de bando solo porque sí? Tal vez debió habérselo dicho, tal vez debió dejarle claro que estaba abandonando su pasado por ella y no porque había adquirido una nueva conciencia.
No quería pensar más en eso. Draco sabía que había hecho algo mal. Más bien, que había hecho muchas cosas mal y era por eso que ella no podía verlo como era en realidad. Era por eso que nadie lo conocía de verdad, que en su juventud no había podido ser más que un niño bobo y engreído ante los ojos de los demás y al crecer no podía ser considerado más que un mujeriego que no tiene nada más en la cabeza que seducir mujeres. Eso no era verdad, pero Draco no podía mostrarse tal cual delante de sus amigos por miedo a que se dieran cuenta de esos sentimientos prohibidos que vivían dentro de él. No podía decirlo por más que quisiera. Su amor se había marchado cerrando la puerta detrás de si luego de la boda. Y ahora estaba condenado a observarla al otro lado de la habitación abrazando al hombre que ella había elegido… al hombre que no tenía mancha. Al hombre que según ella nunca lo defraudaría ¿Cómo podía competir contra eso?
Solo una vez había tenido la oportunidad dorada de estar con ella y la había echado a perder. A pesar de que todo lo que los había unido era una atracción momentánea. Atracción fatal, eso sí, pero destinada a fracasar dado que el destino había decidido colocarles trabas que ninguno podía superar. Lo había querido todo desde el momento en que ella había acudido a él. Pero ella no se entregaría tan fácilmente, ella no creía en él… ella creía que solo estaba jugando. La única mujer que no podía tener, era precisamente la que más deseaba. Y ahora estaba totalmente prohibida. Se echó en el sofá y pensó en su nombre varias veces. Cualquier cosa que él quisiera hacer, no era posible. No era posible esa noche ni ninguna otra.
"cuando llegan las estrellas temo que mi sensatez subestime mi manía de querer volverte a ver"
Luna Lovegood entró a su departamento arrastrando los pies. Dejó los zapatos en la entrada y profundizó descalza a su solitaria casa herencia de su padre. Hacía poco que había muerto y aún podía sentirlo caminar por los pasillos de la misma. Algunas veces creía sentirlo arroparla por la noches, y estaba segura de su presencia. Lamentaba que lo único que le quedara de su vida fueran miles de recuerdos aparte de sus amigos y el trabajo.
Miró la bandeja de correspondencia antes de entrar a la ducha y se dio cuenta que tenía otra carta de Rosemary. Era la quinta desde la noche que habían pasado juntas y no se había atrevido a contestar una sola. Sabía que todo lo que ella quería eran más noches como la anterior, emocionada tal vez por haber encontrado a una compañera que no tuviera inhibiciones o tapujos a la hora de un poco de acción sobre el colchón o cualquier otro lugar. Y dado que Luna había tenido tantos tórridos romances en sus últimos años, era de esperarse que hubiera quedado fascinada con ella.
Pero Luna Lovegood quería mucho más que eso. Secretamente anhelaba la presencia de alguien que pudiera darles fin a esos amantes en turno, que quisiera quedarse con ella por quien era y no por lo que podía hacer en la alcoba o fuera de ella. Todo lo que quería era alguien que la amara y a quien amar ¿Es que acaso era muy difícil de encontrar?
Entró a la ducha aventando la ropa por todos lados en el cuarto de baño. Su casa era un total desastre, y esa era la principal razón por la que casi nunca invitaba a sus amigos a ella. Pero ella estaba a gusto con ese desastre, era de esas personas que sabía exactamente en donde estaba todo aunque no lo pareciera. Un intruso jamás podría encontrar un vaso en su cocina, pero ella sabía perfectamente en donde los ponía aunque se tratara de un lugar inusual.
Abrió la regadera y dejó que los recuerdos la llevaran y a preguntarse si alguna vez había amado a alguien siquiera. Todas sus parejas tenían lo suyo, era verdad, pero no había sentido lo suficiente por ellos como para retenerlos a su lado. Un poco cansada de los hombres se preguntó si ese era un problema de género. Rosemary no había sido la única mujer en su vida y quizás no sería la última. Pero había comprobado su error tan pronto como estuvo con la primera.
No era un problema de género, era un problema de sentimientos y sensatez. Era su cabeza loca, y no precisamente la locura que la mayoría de las personas alegan ver en ella, era una locura de su corazón y de su cabeza que siempre la llevaba al principio de sus emociones. Era una idea, tal vez… una especie de obsesión. Obsesión por lo que nunca había tenido. Y su dificultad crónica de no poder reconocerlo.
El cambio de personalidad de Luna en los pasados años había sido tan radical al principio que sus amigos al principio creyeron que era una más de sus locuras. Pero Luna siempre había sido de mil maneras por dentro. Si bien en su adolescencia había sido más bien distraída delante de los ojos de los demás, era porque ellos no podían ver o entender lo mismo que ella. Luna era una creyente, era de esas personas que confiaban y lo daban todo sin pedir nada a cambio o agradeciendo lo poco que la gente le daba. Pero con el tiempo se había cansado de darlo todo y seguir recibiendo casi nada. Un día había decidido que la vida no la trataría amablemente si ella no cambiaba sus actitudes y empezaba a exigir. Había sido entonces que Luna se había vuelto una persona implacable. Tomándolo todo en busca de lo que merecía pero sin embargo, seguía tan sola como cuando no pedía nada.
Sintiéndose lista para dar por terminada la noche, se dirigió a su alcoba vistiendo nada más que una toalla que dejó caer antes de entrar en sus cobijas. Y entonces recordó que tenía que cerrar los ojos para poder dormirse.
"una vez duerma mi cabeza tomaré el mando de mi corazón soñaré que tu me despiertas"
Dormirse implicaba que tendría que despertar al día siguiente. Y eso, por lo consiguiente, implicaba que tendría que despertar sola una vez más. Estaba harta de eso, tal vez ya era hora de conformarse como el resto, de convencerse a sí misma que su media naranja era el primero que conocía a la vuelta de la esquina. A grandes males, grandes soluciones. Tal vez…
"son más fuertes mi latidos que el sonido de mi voz"
Neville llegó al invernadero en dónde vivía desde hacía varios meses. No se había atrevido a confesarles a sus amigos que había dejado de vivir con su abuela desde entonces en busca de su independencia. Ella había aceptado con lágrimas en los ojos ver la partida de aquel con consideraba como su hijo menor, pero había comprendido el espacio que le pedía a gritos al sentirse castrado por su voluntad.
Se dirigió una vez más a su escritorio. Ahí a donde iba a para todas las noches desde que estaba ahí. A escribir esa carta que muchas veces tachoneaba o destruía y que jamás podía terminar. Para confesarle a la mujer, objeto de sus emociones, lo que sabía jamás podría decir de viva voz.
Una vez más, como todas las noches inició la carta sin fin. Y una vez más, como de vez en diario, se detuvo tras escribir el principio.
"por eso cada noche yo muero"
Querida Julianne…
No, querida sonaba muy personal.
Mi estimada Julianne…
Tampoco, eso era un poco de lo mismo.
Julianne…
No, muy áspero.
Desesperado, arrancó el trozo de pergamino, lo hizo bolita y lo arrojó al bote de la basura. Ahí a donde iban a parar todos los demás. Ahí a donde siempre mandaba su valor y sus ganas de poder decirlo.
Cuántas veces no lo había intentado. Cuántas veces no se había cercado en un ataque de valor momentáneo para que luego lo abandonara y se quedara con la frase en la boca o cambiara de opinión a última hora ¿Por qué era tan difícil? ¿Por qué no podía decírselo de una buena vez y acabar con la duda de lo que podría ser? A veces le daban ganas de saber que era imposible, que ella le diría un no rotundo y que con eso terminara ese sufrimiento. Pero al no haberlo hecho, aún vivía dentro de él esa esperanza que le decía que tenía que intentarlo al menos una vez.
Y armándose de uno de esos arranques de valor, comenzó a escribir la carta una vez más.
"En cuanto cierro los ojos se me encoge el corazón lo que dura en un parpadeo es una foto de los dos"
Ginny Weasley se levantó a media noche con el sonido de los gatos de la calle. Miró en dirección de su marido y parecía completamente dormido. Otra noche de compañía silenciosa… ya eran tantas que había perdido la cuenta ¿Tan pronto se había acabado la magia de recién casados? Había escuchado lo drástico del asunto, pero no creía estar preparada para ello.
Aún recordaba esos primeros días juntos, mandándose recaditos a todas horas del día, buscando una excusa para visitarse y terminando haciéndolo en cualquier parte de la casa o en cualquier parte a donde iban. Pero últimamente… todo eso se había esfumado. A veces ni siquiera podían conversar cuando él ya se iba a dormir. Y odiaba eso, odiaba la rutina y lo que le estaba pasando a su matrimonio.
Y entonces no podía dejar de culparse. Pensaba que algo tenía que ver esa confesión hecha a su marido la noche en que había creído beber veritaserum y que estaba segura había herido en el fondo. De solo pensar que pudiera saber más de eso, le causaba un grande remordimiento. Y estaba dispuesta a remediar ese mal aunque fuera lo último que hiciera. Se encargaría de borrarle esos pensamientos aunque fuera lo último que hiciera. Ese error de hace tiempo que no volvería a repetir.
Un momento de debilidad unos años atrás casi acababa con el sueño de toda una vida ¿Y todo para qué? Él solo había querido su nombre para colocarlo en su lista de amores pasajeros, Ginny no podía permitirse involucrarse con alguien como él. Agradecía por Merlín que se hubiera dado cuenta justo a tiempo y así poder volver con Harry que era por mucho un hombre mucho más decente y la persona que seguramente nunca la decepcionaría.
"A veces al hablar de mi vida terminó por romper a llorar
supongo que es ahí cuando empiezo a contar lo que quiero decir de verdad."
Ron era un hombre de pocas preocupaciones y culpas, por lo tanto, nunca le costaba conciliar el sueño. Estaba a gusto con su vida y con todo lo que pasaba ella así como con quienes estaba involucrado. Sin embargo, esa noche de había ido a la cama con una sola preocupación: Hermione.
Su Hermione se sentía distinta a pesar de ser la misma. Parecía abatida o cansada casi a diario. Un tanto distraída y a veces parecía como si no estuviera con él a pesar de estar ocupando el espacio a su lado.
El espacio… últimamente ella parecía un mueble o algo que llenaba su espacio. Y entonces él se reprendía y se repetía mil veces que eso no era cierto. Que su Hermione seguía igual. Tenía que serlo, porque de no ser así ella se lo diría. No quería alarmarse por falsas supersticiones o suposiciones. Se convenció a sí mismo que Hermione recién empezaba una dura batalla contra el ministerio y esa ley de los Hombres lobo que tantos dolores de cabeza le traería antes de concretarlo. Sí, seguramente eso era. Y luego, reprimiéndose por ser tan tonto porque a pesar de los años aún no conocía del todo a su esposa se dispuso a dormir profundamente con lo que le quedaba de la noche.
"Son tan fuertes mis latidos que el sonido de mi voz
no se escucha cuando a gritos pide…"
De noche es más difícil evadir los pensamientos que de día. Cuando nos hay ningún ruido exterior que nos distraiga, los murmullos de nuestro cerebro comienzan a escucharse con más nitidez que durante cualquier otra hora del día. Y esos pensamientos de dolor, culpa, pasión, deseo y duda se vuelven mucho más fuerte. Es por eso que muchos preferimos dormir, dejamos que nuestros sueños nos lleven a otro mundo perfecto. Y si es que esos sueños nos llevan a esa verdad que diario luchamos por negarnos, al día siguiente despertamos aliviados al saber que ya los hemos olvidado y que haremos tantas cosas como sean posibles para dejar de pensar.
Pero dejar de pensar muchas veces no es una opción. A no ser que por una vez, el corazón hable más fuerte que la cabeza y consiga callar todos esos fantasmas que siempre nos acosan. Como era el caso de Harry y Hermione quienes por primera vez en mucho tiempo, tras haber escuchado lo que querían escuchar y expresado lo que querían expresar, el latido de sus corazones sonaba mucho más fuerte que las dudas, los remordimientos o los rencores con la vida por haberlos puesto en esa situación.
"Por eso cada noche yo muero y las mañanas me hacen vivir
y así de día tengo mis años y en cambio de noche mis años veloces me tienen a mí."
FIN DEL CHAP. SI ES CHAP CORTO, LO SE. ORIGINALMENTE ERA LA MITAD DE UNO MÁS LARGO PERO HE PREFERIDO DIVIDIRLOS Y CONVERTIRLOS EN INDIVIDUALES PARA RESPETAR EL NOMBRE DE ÉSTE. LES PARECERÁ EXTRAÑO, ES LA PRIMERA VEZ KE NARRO EN TERCERA PERSONA. PERO HE DECIDIDO QUE ESA SERÁ LA MANERA EN KE HABLE DE LOS PENSAMIENTOS DE LOS DEMÁS PERSONAJES PARA NO MEZCLAR CON LA PRIMERA VOZ KE YA UTILIZO EN HARRY Y EN HERMIONE. POR PRIMERA VEZ HABLO DE LOS VERDADEROS PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS DE LOS DEMÁS Y KISE KE FUERAN SINCEROS. LAS REFLEXIONES NOCTURNAS PUEDEN MATAR…
EN EL SIG CHAP, COMO HAN DE SUPONER, SEGUIREMOS CON EL FORMATO. OJALÁ NO SE DESESPEREN POR SABER MÁS DE HARRY Y HERMIONE PERO CREO KE YA ERA HORA DE HABLAR DE LA MANERA EN KE ERAN PERCIBIDOS. Y SI ES KE ALGUIEN PUDIERA SOSPECHAR ALGO. COMO YA VEN, RON Y GINNY HAN NOTADO LOS CAMBIOS, PERO NO SE IMAGINAN DE LA RAZÓN POR LA KE ESTO OCURRE. SIN EMBARGO, HAY MUCHO MÁS EN SUS VIDAS KE SOLO NUESTRA PAREJA PREFERIDA. NO SE PIERDAN EL PRÓXIMO CAPÍTULO KE TARDARÁ MENOS DADO KE YA LO LLEVO MUY AVANZADO.
Y ANTES DE DESPEDIRME KIERO AGRADECER A LOS MENSAJES PRIVADOS KE ME HAN ESTADO MANDANDO. AGRADEZCO LAS CANCIONES Y LAS ESTOY CONSIDERANDO POSIBLEMENTE PARA CAPÍTULOS MÁS ADELANTE. PERO COMO YA LES DIJE, ES DIFÍCIL KE ME PUEDAN SUGERIR SIN SABER EXACTAMENTE SOBRE LO KE VOY A ESCRIBIR… PERO ESTÉN SEGUROS KE HE BAJADO CADA UNA DE LAS CANCIONES Y HASTA LAS HE LEÍDO PARA SABER EN DONDE LAS PUEDO PONER. ESPERO ACTUALZAR PRONTO EL JOURNAL PARA PODER CONTESTARLES, PERO COMO PUDIERON VER TB ACTUALICÉ EEDH Y ADEMÁS ESTABA EN EVALUACIONES :S.
WENO, ME VOY DESPIDIENDO PORKE AKÍ YA ES MUY TARDE Y ME CAIGO DE SUEÑO U.U. LOS VEO EN EL SIG CHAP!
TLAL
