Pov.: Zoro

Todos se abalanzaron contra mi a abrazarme llorando. Incluso Sanji me abrazó con un sonrisa y algunas lagrimas. Me sentía en casa. Estaba ya con mi familia. Tras unos minutos empezaron a separarse de mi hasta que solo quedó Luffy. Ahí me sentí mal por haberle fallado. Se separó llorando pero dejó sus manos en mis hombros y empezó a balbucear muchas cosas que no entendía.

-Estas vivo... ¡LO SABIA!- Gritó con una gran sonrisa.- Gracias por volver Zoro...- dijo llorando y volviendo a enrollarse por todo mi cuerpo.

-Vayamos dentro, prepararé sopa y nos contarás que pasó.- Dijo Sanji limpiándose los ojos y corriendo a la cocina.

Una vez en la cocina Luffy me soltó para sentarse aun llorando pero con una gran sonrisa a mi lado. Todos sonreían ampliamente menos yo, y eso Nami lo notó.

-Zoro, ¿Que pasa? ¿No te alegras de volver?- dijo apenada mirándome. todos también dejaron de sonreír tanto y me miraron fijamente esperando mi respuesta.

-Si... Claro que me alego, es lo que mas quería hacer. Sois mi familia, pero...- se me quebró la voz cuando iba a hablar sobre Ace, así que decidí sacar la nota que me dio. Todos me miraban fijamente mientras sacaba la nota de una bolsa de plástico que usé para que no se estropease. Todos me miraron fijamente mientras sostenía esa nota ensangrentada en mis manos. Se la di a Luffy y este comenzó a leerla en voz alta.

"Luffy, hermano, si lees esto significará que estoy muerto.

No te apenes por ello, seguro que luché hasta el final en la guerra.

Esto que escribo desde esta sucia celda es para desearte suerte en tu viaje

y para hacerte saber que no me arrepiento de nada mas que de no poder

estar a tu lado cuando cumplas tu sueño, porque se que lo harás y me gustaría verlo.

Tienes los mejores nakamas que pudiste encontrar y se que te harán

cumplir tu sueño, estoy seguro. No te apenes por mi muerte, ya que he

tenido una vida plena llena de emociones y gente maravillosa.

Cumple tus sueños y vive tu vida de la forma que yo lo haría.

Libremente.

Te quiere, tu hermano, Gol D. Ace"

Cuando terminó de leer con lagrimas en los ojos empezó a hablar y pareció muy maduro en ese momento.

-Gol D. Ace... Yo siempre le decía que molaba ser el hijo del Rey de los piratas y usar su apellido. Siempre le intentaba convencer de que lo usase... Lo usó en sus últimos momentos... Por mi... Gracias Zoro... Muchas gracias.- Dijo limpiándose las lágrimas.

-Luffy... Yo... Lo siento. No pude salvarlo... Fui débil...- Dije apenado.

-No es tu culpa, yo también debí estar allí. Pero bueno, no quiero hablar mas de esto, ahora cuéntanos que pasó desde el ataque de Kuma.- Respondió limpiándose las lagrimas y guardando la nota.

Les conté como conocí a los piratas de Shirohige y se sorprendieron cuando les dije que me invitó a su banda y me llamó hijo. También cuando les conté como Coby me salvó la vida y después como Shanks y Mihawk me entrenaron duramente.

-Por cierto Usopp, tu padre me dio un mensaje para ti.- Dije dejando sorprendido a Usopp.- Me dijo que le gustaría conocerte, y que algún día os reuniréis y os contareis todas las aventuras que habéis pasado.- Relaté mientras este empezaba a llorar.- A ver que mas... ah si, a Jinbe se le olvidó que no era un maldito pez como el y no teníamos un barco con recubrimiento, así que no podía pasar por debajo de Mariejoa...

-No me digas que...- dijo Nami asustada.

-Tuve que pasar por arriba.- dije tranquilo mientras todos menos Robin se caían hacia atrás del asiento.- ¿Que hacéis?

-A si que tu eras el suicida.- Dijo Robin tranquilamente y con una sonrisa.- ¿Como es mariejoa y como es que no te atraparon?

-Mmmm... Bueno, es bastante lujosa, muy limpia y cuidada... Me perdí un poco por las calles y llegué a una especie de plaza central en la que había una de esas piedras grandes con garabatos que tu te empeñas tanto en leer, pero esta era blanca, como de mármol.- Dije sorprendiéndola.

-Así que de verdad existe el legendario Poneglyph blanco...- Al ver que todos la mirábamos con caras confusas nos lo explicó.- Existe una leyenda que dice que dos poneglyph blancos son la clave de todo. De toda la historia. Los únicos que contienen toda la información del siglo vacío, los nombres exactos de los reinos que entonces existían y la localización exacta de todas las armas ancestrales y del tesoro de Mariejoa. También se dice que explica cosas sobre el Gorosei que solo ellos saben y sobre el origen de las Akuma no Mi.

-Oh... El Gorosei ese... Esos viejos parecían poderosos y mas viejos de lo que aparentaban, mucho mas. Parecen guardar un secreto enorme.- Dije tranquilamente.

-¡¿Has... Visto... AL GOROSEI?!- Gritaron todos juntos.

-Sip.- dije tranquilamente y volvieron a caerse hacia atrás.- Parecían majos, pero peligrosos. Sobre todo ese de la barba rubia...

-A ver... a ver... a ver... Me estas diciendo que no solo has visto al Gorosei, si no que tambien has hablado con ellos?- Dijo Robin nerviosa.

-Si, bueno, tenía que escalar un edificio para saber donde estaba. Casi en la cima miré por una ventana y allí estaban los cinco. Se sorprendieron de verme vivo y yo les dije que me gustaría comprobar su fuerza...

-¡¿LUCHASTE CONTRA EL GOROSEI?!- Preguntó Robin Estupefacta.

-No, decían que tenían mucho poder, así que decidí que no era momento de comprobar si era verdad, pero les dije que cuando Luffy fuese el Rey y yo el mejor espadachín volveríamos a comprobarlo y a descubrir el secreto que tan bien guardan.- Dije rascándome la nuca.

-O sea, que has entrado en Mariejoa, lo cual ya es difícil. Has estado caminando por sus calles, has visto un Phoneglyp blanco, has visto al Gorosei, has hablado con ellos y les has retado y has salido ileso de territorio sagrado.- Dijo Nami tocándose la barbilla mientras pensaba.- PERO COMO LO CUENTAS TAN TRANQUILO, CACHO DE IMBÉCIL! NADIE HABÍA HECHO NADA ASÍ NUNCA, PORQUE ERA IMPOSIBLE!

-Bueno, pues entonces soy la primera persona que hace todo eso y vive para contarlo... Me siento halagado. Hasta hice reír a uno de esos viejos.- Dije tranquilo.

-Mejor no pregunto, ya es demasiado extraño todo eso. Deberíais ir a dormir, a mi me toca la guardia.- Dijo Nami.

-Es cierto, es tarde, mañana ya nos contarás lo que no hayamos pillado.- Dijo Luffy bostezando.- Mañana haremos una fiesta por tu doble resurrección.- Continuó riendo.

Pov.: Nami

Todos estaban ya dormidos. no se escuchaba nada mas que las olas. Estaba sentada en el césped de cubierta leyendo un libro, pero una fría brisa hizo que temblara un poco de frio y me acurruqué un poco. No me apetecía ir por una manta. Pero entonces una suave capa negra me tapó la espalda. Me asusté un poco al principio, pero luego vi que era Zoro y me calmé.

-Pillarás un resfriado si estas así mucho tiempo, deberías ponerte una camiseta al menos.- Dijo sentándose a mi lado.

-No quería ir a por una manta... gracias.- Permanecimos un momento en silencio mirando las estrellas.- Zoro...

-Hm?

-No vuelvas a darme esos sustos...- Dije refiriéndome a lo de Kuma y Akainu.- Por poco dejo la banda y me voy a mi pueblo...

-¿Por que harías eso?- Dijo girando su cara hacia mi y mirándome fijamente con su ojo.

-Porque cuando Kuma te hizo desaparecer te creíamos muerto y todos nos deprimimos mucho hasta que Luffy nos empujó a seguir. Luego cuando te vimos vivo en la guerra nuestras esperanzas volvieron, pero todo se complicó allí. Ace murió y la conexión se cortó cuando Akainu te iba a matar. pensábamos que habías muerto de nuevo...- Dije notando como las lágrimas se agolpaban en mis ojos.- Era insoportable el pensar que no volvería a verte, y noté mucho tu ausencia en la batalla contra Hody... Siempre me salvas tu, pero esa vez no estabas y me sentía desprotegida...- las lágrimas de derramaron por mis mejillas. El me cogió la cara entre sus manos y me hizo mirarle mientras limpiaba las lagrimas de mis mejillas con sus pulgares.

-Lo siento... Te prometo que ya no volveré a desaparecer así y que siempre estaré ahí para protegerte...- Susurró suavemente. Luego me soltó la cara y me abrazó con fuerza contra su pecho mientras acariciaba mi pelo con delicadeza.- Sabes? Me gusta mas como te queda el pelo largo...- Miré hacía su cara y le vi como el también había cambiado. Quedé sentada encima de su regazo lateralmente. Estiré mi brazo y toqué suavemente la cicatriz de su ojo.

-A mi también me gusta tu nuevo look. Esta cicatriz me gusta, te da un aire peligroso a la par que misterioso.- Dije suavemente mientras pasaba mis dedos desde su cicatriz a su mandíbula, y de esta hasta sus labios. Notaba como me raspaba un poco en los dedos los cortos pelos que conformaban una barba afeitada hará tres días. Me gustaba el nuevo Zoro, todo de el me gustaba. Estaba pasando mis dedos suavemente por sus suaves labios y mirando estos. Cuando subí la mirada a su ojo vi lo cerca que estábamos el uno del otro. Nos miramos durante segundos, o quizás horas. El tenía una de sus manos en mi cintura y la otra ahora estaba posada en mi mejilla. Mis dedos bajaron de sus labios hasta su barbilla y de su barbilla a su cuello. Paseé mis dedos hasta su nuca y llevé mi otra mano al mismo lugar. Enredé mis dedos en su suave cabello mientras miraba sus labios y veía como se acercaban hasta quedar rozando los míos.

-Nami...- Susurró contra mis labios. Pude notar su cálido aliento y sus suaves labios rozando mínimamente los míos. Me estaba pidiendo permiso con ese susurro. Apreté mis manos tirando levemente de su cabello. Suspiré levemente contra sus labios y le acerqué un poco mas, sintiendo sus labios rozar los míos aun mas. No podía creerme lo que estaba pasando. Pensaba que eso jamas podría ocurrir.

-Zoro...- Susurré yo de vuelta, aun sin creerme lo que estaba pasando. Entonces con su mano acercó un poco mas mi cara haciendo que finalmente nuestros labios estuviesen unidos por fin. Era la mejor sensación que he sentido nunca. Nos separamos con los ojos cerrados por falta de aliento y el posó su frente en la mía y sonrió.- Te quiero... Pensé que esto nunca pasaría.- susurre con ojos llorosos de felicidad.

-Y yo a ti Nami... Yo tampoco me creí capaz de hacerlo, pero bueno, al menos el estar separados tanto tiempo ha traído algo bueno...- Susurró y volvió a besarme. Era una sensación fantástica, nunca me cansaría de el.

-Es cierto... algo bueno... a parte de que he aumentado tu deuda por darme esos sustos.- dije sonriendo.- Y da gracias que no te cobro por los besos.- Dije mientras reía.

-Por los besos? Que pasa, a caso no te han gustado?- Dijo sonriente y con un movimiento rápido me volvió a besar, pero mas apasionado esta vez.

-Vale, no te cobraré por eso, pero si por los sustos.- Dije recuperando el aliento.

-Bueno, pues habrá que buscar alguna forma de pagar ¿no?- Dijo con una risa y volviéndome a besar.

Pov.: Zoro

Pasamos unas horas abrazados riéndonos de algunos recuerdos graciosos y de esa deuda que teníamos desde Logetown. También nos besábamos de vez en cuando, pero al final ella se quedó dormida apoyada en mi pecho. Me levanté y la llevé al camarote que compartía con Robin. Entré despacio intentando no hacer ruido. Pero vi que Robin estaba sentada en su cama leyendo un libro con una vela al lado.

-Ehmm... Oh Robin... ¿Te he despertado? Lo siento...- eso fue una pregunta muy estúpida, ya que estaba cómodamente sentada con la luz y era obvio que llevaba despierta un rato.

-No, tranquilo, Zoro.- Dijo con una de sus sonrisas sospechosas Me dirigí a la cama de Nami e intenté abrir las sábanas con ella, pero era muy difícil. Entonces Robin apareció a mi lado dándome un pequeño susto y abriéndolas por mi. La dejé en la cama pero sus manos se aferraban fuertemente a mi cuello. Entonces Robin también las quitó de allí y dejó sus manos al lado de su cuerpo acurrucado. La tapé despacio con las sábanas y reprimí el impulso de darle un beso en la frente.

-Bu...Bueno, yo me voy ya, buenas noches Robin.- Susurré.

-Buenas noches, Zoro. Me alegro de que estés de vuelta. Ah, y felicidades por lo vuestro.- Susurró con una sonrisa misteriosa de esas que me dan escalofríos.

Simplemente asentí levemente. Sabía que estaba mas rojo que un tomate, por lo que me di la vuelta rápido y salí de la habitación , viendo como comenzaba a amanecer. Amanecía en el nuevo mundo.

Amanecía con mis nakamas.