Bueno, hoy les tengo algunas cosas que decir pero las digo al final, por favor disfruten.
Advertencia: Lemon
Capitulo 8
Nuevo inicio.
/En algún momento/
No se amaban pero seguían juntos, uno de los verdaderos horrores de la naturaleza humana... aunque para llegar a ese punto aun hacía falta mucho, muchos años, muchos sin sabores, muchas desgracias, quizá en otra vida hubieran podido amarse sinceramente, pero después de todo lo que habían pasado juntos era más el odio y el recuerdo lo que les mantenía atados, Luffy ya no tenía a donde huir, sólo en el mundo tras la muerte de su primer y único amor no era como si pudiera huir realmente ¿Amigos? ¿Amantes? Les había tenido a montones, pero de aquello ya solo el recuerdo quedaba, aquel sujeto, aquel despreciable sujeto había sido la causa de todo ello y si lo hubiera sabido en aquel entonces probablemente habría preferido quedarse en el infierno conocido antes de intentar llegar a un paraíso incierto del que después no podría liberarse, pero para llegar a ese día había que pasar primero por los recuerdos felices, en ocasiones cuando su mente vagaba por ellos se preguntaba si la culpa verdaderamente habría sido de aquel sujeto o quizá habría sido propia, si hubiera sabido mantener su gran bocona cerrada y sus pasiones bajo control-
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/De regreso a la actualidad/
Habiendo ido a recoger al pecoso con la recurrente idea de aquella mujer haciéndole algo a su amado se le había hecho difícil concentrarse en el camino, incluso cuando el mayor de los D. estuviera en el auto la tensión del ambiente era tal que podía haberse cortado con un cuchillo.- Así que… ¿Cómo estuvo el día?- los intentos de conversación por parte del azabache acababan respondidos en monosílabos que cortaban de raíz toda intención de convertir ese rato de convivencia en ameno, al llegar a la casa de los hermanos y aparcar el carro el menor de los D. había salido corriendo en dirección a la casa sin despedirse siquiera, dejando a los otros dos solos.
El pecoso suspiro rendido, Luffy se estaba luciendo con su comportamiento aquel día, no se podía creer que un niño que nunca le había dado problemas de pronto se hubiera tornado tan grosero, ya le daría una buena regañina cuando le alcanzara en la casa, aunque siendo sinceros no tenía mucho ánimo de alcanzarle, el rubio no le había dirigido la palabra en todo el recorrido más que para contestar cortante a sus preguntas y no estaba seguro si aquel estaba molesto por el comportamiento de su hermanito menor o si él mismo había hecho algo malo sin enterarse, se sentía como un niño regañado en el asiento del copiloto, incapaz de bajarse del auto pero incapaz de confrontar al rubio tampoco.
Sintió más que vio el suspiro al lado suyo, la mano del mayor en su mejilla casi le había hecho dar un leve salto pero sentir los labios ajenos sobre los suyos había sido el equivalente a que le hubieran disparado un dardo tranquilizante, al instante se había fundido y dejado perder en aquel contacto, los gruesos labios de Marco eran tan cálidos y placenteros que podría haber vivido de aquellos besos tranquilos que el otro le daba como sabiendo que con ellos podía relajarle y someterle a niveles insospechados, no importaba si quería decir que no, después de aquellos besos su respuesta hubiera sido afirmativa a cualquier petición del contrario… o bueno, a casi cualquiera.- Ace… necesito saber lo que está pasando.- la voz del otro se escapaba aun sobre sus labios, el moreno acaricio la mejilla del contrario y coloco un corto y casto beso en la boca ajena.-¿A qué te refieres?- su propia voz le parecía innecesaria, quería solo besar al otro por siempre.
-Tu madre.- sintió al pecoso tensarse.- La de Luffy…- se corrigió de inmediato pero la tensión del cuerpo ajeno no cedió.-Ace, necesito saber que pasa con esa mujer…- su voz era calmada pero su mirada implacable había hecho que el pecoso comenzara a morderse el labio inferior.
- No sé de qué me hablas.- Una mentira, los ojos de marco lo sabrían de inmediato pero no quería decirlo, no aun, no ahora, por dios no ahora.-Ace…- aquella voz serena le recriminaba de manera que los gritos no habrían logrado nunca ¿Cómo es que se había enterado? ¿Habría sido Luffy? ¿Y quién más iba a ser? Mataría a su hermano; si perdía a Marco por aquello mataría a su hermano.- ¿Qué tanto te dijo?- susurró molesto el aludido, no con el rubio, con el menor, consigo mismo quizá.- No me ah dicho nada, es por eso que te pregunto, solo ah mencionado que no estaría tan mal que salieran de esa casa si con eso "Sharon" te dejaba en paz.- dijo el otro tranquilo, el pecoso abrió los ojos cual platos, si el rubio no había sabido nada hasta entonces ahora lo sabía, y si no sabía el qué precisamente era porque aun no se lo había dicho, pero sabía que tenía que ver con la despreciable mujer que era su madrastra y sabia cuando Ace mentía, la mayoría del tiempo al menos, el puto beso había sido una trampa, aquel rubio sabía que no habría forma de que le mintiera si le hacía bajar las defensas de aquella manera primero.
La mano en su mejilla acariciándole sugerentemente le parecía traicionera, aquellas pupilas doradas frente a él y la tranquila espera del otro eran un suplicio, quería salir de ahí antes que admitir sus propias faltas, se mordió el labio con mayor fuerza, haciendo mueca de dolor, se había lastimado.- Prometo no enfadarme Ace, solo dime la verdad…- Mentiras, estaba seguro que el otro mentía, no había forma de que no se enfadase, el estaba enfadado ya y aun no le había dicho nada, y Luffy técnicamente no había dicho nada pero aun así le odiaba en aquel momento, y odiaba a aquella mujer que era la raíz de toda aquella situación y odiaba al rubio por orillarle a confesar y se odiaba a sí mismo, más que nada se odiaba y tenia rabia y estaba enfadado consigo mismo, por lo que había hecho tanto como por ocultárselo al mayor.- ¿Tan malo es que no puedes decírmelo pequitas?- el mote cariñoso aunado a el pulgar de el otro en sus labios para evitar que siguiera haciéndose daño a si mismo le habían acabado por desarmar, bajando la mirada apenado de no poder encarar al otro su mente se concentro en la calidez del contacto del dedo ajeno sobre las células de su piel, sintiendo cada línea de aquel digito, cada rellano, valle y montaña sobre la geografía de su propia piel, perdiéndose y abstrayéndose en lo molecular para apagar su cerebro por unos segundos y hablar sin pensar en las consecuencias.- Me acosté con ella.- las palabras escaparon de sus labios automáticas, mecánicas, sin sentimiento aparente.
El rubio enarco una ceja, no esperaba tal franqueza, sentía enojo pero no hacia el pequeño o hacia la mujer aquella, quizá enojo hacia la vida, era un enojo en la boca del estomago que le subía por la garganta y bajaba de nuevo, era la fría rabia que el mayor sabia controlar bien, no había lugar para pensamientos fuera de los lógicos, lo importante en ese instante era la información.-¿Cuántas veces?- un encogimiento de hombros por parte del menor le dio toda la respuesta que necesitaba, si el otro no se molestaba en contarlas era obvio que era algo no solo repetitivo si no constante, el chico se veía tan cabizbajo como si esperase una buena reprimenda, probablemente pensaba que Marco estallaría en cualquier momento, no era común que alguien estuviera tan tranquilo tras ser confesado una infidelidad.- ¿Es consensual?- La expresión de pánico del menor le había dicho que no mucho antes de que este negase vehementemente con la cabeza, un nuevo suspiro dejo los labios del rubio antes de atraer al otro en un corto beso que había dejado aun mas descolocado al menor.
El asombro en los ojos negros del pecoso era pobre reflejo de todas las sensaciones que en aquel momento se desataban en su fuero interno.- ¿No vas a dejarme?- La sonrisa que el otro le había dedicado le había hecho dar un vuelco al corazón.- ¿Cómo podría hacer algo así pequitas? Ni siquiera es culpa tuya ¿Tan poco confías en el amor que te tengo?- El menor no podía creérselo aun ¿Cómo podía alguien ser tan bueno con él en verdad? Él que nunca había servido realmente en nada y que solo tenía a su hermano menor que dependía de él y que le quería pero estaba seguro que ese cariño era únicamente por gratitud, amor de hermanos, ya se le pasaría con la edad, pero Marco… Marco le amaba de verdad, y él lo amaba también ¿No? Cuan feliz le hacía aquello, el azabache se sentía casi al borde de las lagrimas al saber que el mayor no solo no le dejaría si no que no le culpaba por aquello… esa mujer le había metido a tal punto en la cabeza la idea de que todo eso era culpa suya que se lo había acabado por creer hasta cierto grado, mas aun cuando Luffy le preguntase todas esas cosas de si le gustaba estar con ella, sentía asco hacia su persona solo recordar aquellos encuentros pero se había forzado a pensar que eran por el bien del pequeño, era un gran alivio tener a alguien a quien por fin poder decirle que odiaba aquello.- Lo detesto, detesto toda mi vida en este lugar… quisiera irme pero no puedo…- dijo al fin el pelinegro soltando una que otra lagrima, secándolas con el interior de su propia mano mientras sentía al otro acariciarle el cabello tranquilizadoramente.- Esta bien Ace, lo solucionare todo ¿Ok? Lo prometí ¿Recuerdas? - El menor asintió dejando de llorar pero sin sonreír aun, recordaba la promesa del otro y aunque no sabía bien como iba a hacerlo aquello le daba al menos alguna esperanza.
Marco observo al menor hasta que se metió en su casa, sacando un cigarrillo le encendió y fumo tranquilamente, dejando que el humo se fundiera en su boca con el odio y la calmada rabia para formar extrañas espirales mientras le exhalaba, termino con su cigarro y encendió el motor al ver las luces de aquella casa apagarse, tendría muchas cosas que hacer aquellos días.
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El rubio le había dicho que no estaba molesto, sin embargo apenas una semana después le había hecho saber que no podría verle en un tiempo, el primer pensamiento que se le vino a la cabeza al pecoso era que Marco se había pensado mejor las cosas en esos días y ya no quería nada con él, en vano intentaba convencerse a sí mismo que no era así.
Entregándole a Ace un sobre con el dinero de las próximas semanas y despidiéndose de él de manera que al azabache le había parecido en sobremanera fría le informó que no lo quería rondando por la casa en aquel tiempo, ya se pondría en contacto con el cuándo pudiera volver "No nos llame señor Portgas, nosotros lo llamaremos" casi se sentía como despedido de una fallida entrevista de trabajo, todo resultaba tan serio y formal que era casi irreal, risible.
Y aun así no se había sorprendido en lo más mínimo, apenas si había prestado atención de hecho, estaba completamente seguro que el rubio iba a dejarle y abstraído en aquel pensamiento se convenció prontamente de que si el otro no lo decía de manera directa era solo para ahorrarle un poco el dolor y la humillación, (o para ahorrarse a el mismo el drama quizá.) pues para aquel entonces el moreno estaba completamente seguro que si el otro lo hubiera terminado de frente no solo lloraría como magdalena, también le suplicaría de ser necesario, pero con aquel rodeo a la realidad se ahorraban todo eso, no sabía si catalogar aquello de piedad o cobardía, pero tampoco quiso preguntar.
No le había pedido la llave. Como mínimo eso le daba una leve esperanza, se había aferrado a esta sin desobedecer al mayor al menos al principio, pues si lo hacía estaba seguro que acabaría por quitarle la llave y así llevarse con él lo que le quedaba de vida.
Pasadas dos semanas sin embargo el pecoso comenzaba a desesperarse de manera bastante notoria, estaba irritable, agresivo, deprimido y nervioso, todo al mismo tiempo, explotaba a la mínima provocación y en las noches cuando creía que su hermano pequeño ya estaba dormido se soltaba a llorar en silencio sobre su cama, aunque si no se sentía en la confianza de que aquel durmiera en verdad (podría ser que solo estuviera fingiendo) iba por el estrecho pasillo hasta la sala de estar, sumida en la obscuridad, y abrazando sus propias piernas se adentraba en la miseria de su suerte. Si el menor llegaba a verlo hacia el esfuerzo por contenerse mientras aquel le regalaba palabras dulces y tiernos besos que de nada servían ¿Qué podía saber Luffy de su desgracia? Apreciaba el gesto pero en parte le culpaba de todo aquello.
Estando en su límite una noche especialmente fría no había podido aguantar más, salió a hurtadillas en dirección a la casa del rubio, ya no soportaba aquello, tenía que verle de una forma u otra y no le importaba lo que tuviera que sacrificar por ello. La incertidumbre le estaba matando.
En esos días el otro no le había llamado ni una sola vez, tampoco contestaba a sus llamadas o mensajes, había incluso intentado mandarle un correo electrónico pues sabía que no se conectaba a ninguna jodida red social pero como mínimo su trabajo le forzaba a tener un correo electrónico que atender todos los días, pero si el otro lo había leído o no ignoraba aquello. Nada, vacio y silencio absoluto. El mayor le estaba ignorando deliberadamente. Había pensado mil cosas, inclusive que el mayor se hubiera cansado de sus chiquilladas y se hubiera conseguido a otro más acorde a él, menos idiota y con menos problemas.
Pasaba de la 1am cuando llego a la casa ajena, por consideración a la hora toco la puerta y espero a que el otro abriera aunque llevaba la llave consigo cual talismán de buena suerte.- ¿Ace?- solo escuchar la voz del rubio le había hecho sonreír, aun cuando esta sonaba ligeramente molesta, la cara de desconcierto del rubio al abrir la puerta había sido épica, bueno, era obvio que no le esperaba, no le había avisado que iba a ir después de todo.- Ya no lo soporto Marco…- no se molesto en modular su voz, si el mayor tenía algún otro y estaba ahí quería que les escuchara, que les viera, le había rodeado al cuello con los brazos al contario para poder besarlo apasionadamente, de forma más que necesitada, estaba convencido que el otro no podría resistirse a aquello, siempre parecía haberle gustado antes cuando le besaba de aquella manera hambrienta de él. Pero el rubio no solo no había respondido si no que le había separado, Ace sintió su mundo desmoronarse.
- Marco…- La voz del menor temblaba y el aludido se sentía terrible pero no podía caer en ese juego y echar a perder lo que había venido haciendo las últimas semanas.- ¿Por qué?- la demandante voz le decía que el otro no se marcharía sin respuestas, merecía saberlo pero no era momento aun.-¿Tienes a alguien más?- el mayor le ignoro, mirando que no hubiese nada fuera de su puerta más que el pecoso jalo por fin a esta hacia el interior y cerró la puerta con fuerza, molesto, la cara de exasperación y fastidio que mostrase por fin habían hecho callar al menor y cuando estampase su mano al lado del rostro ajeno pudo percibir el leve salto que el chico había dado en su sitio, le había asustado, pero así era mejor- No tengo a nadie más pero realmente no quieres hacer esto Ace.-
La terrible seriedad del otro le hizo estremecer, podía sentir la mano ajena acariciándole desde el cuello hasta la mejilla, tomando su rostro para levantarle antes de acercar el propio peligrosamente, como un depredador que olfatea su presa, el menor no podía moverse, estaba clavado por aquella pupilas doradas que casi parecían resplandecer en la obscuridad.
El estrés y la abstinencia en la que había estado aquellos días tenían al rubio no solo bastante malhumorado si no también un mucho necesitado de la clase de atenciones que estaba seguro podría obtener de aquel delicioso y delicado cuerpo que sabia suyo, no quería aun así descargar todas aquella frustraciones con el menor pues sabía que no podría controlarse y acabaría por desgarrarle o alguna otra cosa y no quería lastimarlo, pero aquí estaba este, ofreciéndosele en bandeja de plata, hubiera sido un idiota de rechazarle y lo era, la inseguridad que le había causado al chico le provocaba a la vez culpa que gracia, saberse amado a tal punto por aquel a quien el amaba incondicionalmente era bastante satisfactorio pero si le había dicho que no podía verle en aquellos días era por una buena razón que el otro aun no podía conocer, el que este le hubiera desobedecido y encima no confiara en el le había molestado, quizá necesitase una especia de escarmiento para aprender.-No deberías estar aquí.- susurro sobre los labios impropios respirando el dulce perfume del deseo, deseo propio y ajeno, deseo contenido por días y días. Una mano sobre la propia le hizo prestar mayor atención al azabache y vio casi incrédulo como el otro se llevaba sus dedos a la boca para comenzar a lamer estos provocadoramente, empapándolos con su saliva de manera que no hubiera resultado tan obscena de no ser por el tierno sonrojo en sus mejillas.- lo siento.- le escucho decir entre pequeñas lamiditas, mirándole cual animal herido, no sabía si trataba de darle pena o seducirlo.- Pero realmente te necesito Marco…-
Con los shorts y la camiseta suelta del menor no lo había notado en un inicio, pero ahora que el otro guiara su manos hasta ahí por debajo de la ropa pudo sentir sus dedos rosar directamente con la tibia piel de los glúteos ajenos, el menor no portaba ropa interior.- te necesito aquí…- le escucho decir separando un poco sus piernas y presionando con su mano la propia para que enterrase sus dedos entre las nalgas, aquello aunado al torpe intento de seducción habían acabado por empalmarle por completo.- Ace… dios mío…- la tierna sonrisa del menor apenas si había desaparecido en el fogoso beso que siguiera a aquel tacto, mientras se devoraban mutuamente las bocas el rubio le apretaba los glúteos con fuerza, separándolos un poco para acercar sus dedos aun mas a la entrada del pecoso, haciendo que este soltara varios jadeos y gemidos en aquel beso.- Por favor Marco… realmente lo deseo…- las suplicas y el contacto con el cuerpo ajeno que se frotaba contra el suyo para estimular su excitación con la propia le estaban sacando de quicio, si aquello seguía así acabaría haciéndolo suyo de nuevo junto a la puerta, justo como la primera vez.
Ace por su parte no pensaba en nada más que tratar de provocar al mayor en cualquier forma que le fuera posible, ya había decidido que si no podía tenerle como su 'novio' no le importaba convertirse en el juguete sexual del otro con tal de estar a su lado aunque fuera un poco más.
Sentir al rubio cargarlo y echárselo al hombro no estaba sin embargo en sus planes.-Realmente eres imposible a veces pequitas.-escucho al mayor decir con cariño al dejarlo tumbado sobre la cama, aquello le había desconcertado ¿De dónde había surgido aquel cariño? ¿Qué el otro no le había olvidado ya? Casi se había echado a llorar de nuevo, el mayor debió notar la lastimera mueca en su rostro.- ¿Qué es lo que pasa por esa cabecita tuya realmente?- en menos de dos segundos ya le tenía desnudo en cuerpo y alma, acorralado en la cama con Marco recorriéndole el cuerpo entero con manos y boca en una prolongada y sensual caricia.- Mhhh… Marco...- las propias manos se le antojaban torpes pues al tratar de deshacerse de la camisa del pijama ajeno se enredaba con los dedos en los botones, el ya estaba por completo desnudo y al otro no le había desabrochado sino 2 botones, que fastidio.
Había sido el mismo rubio quien acabase por desabrocharse el pijama y quitárselo, no sin un ligero toque de burla ante la mirada encaprichada del pelinegro.- Se suponía que yo te seduciría a ti...- se quejo en un adorable puchero que no había hecho más que aumentar la sonrisa del otro.- ¿Ah sí? pues ah funcionado bien.- escucho al rubio burlarse antes de llevar sus dedos a la boca del menor, al parecer le había gustado aquello que hiciera en la puerta, lo cual no hacía más que hacer que el pecoso se sintiera levemente incomodo, con el rubio estaba acostumbrado a que este le dominara eh hiciera prácticamente todo por él en la cama, no a ser parte activa de los juegos sexuales, su ineptitud en ellos rayaba casi en la inocencia.- Anda, ¿Qué esperas?- dijo un tanto divertido aun al ver el sonrojo y la renuencia del pelinegro por un momento antes de que se decidiera a abrir la boca y engullir sus dedos, dejándoles escurriendo ligeramente con su saliva, aquella imagen tenia al mayor palpitante. Jalando un poco al azabache le indico que se colocara encima de él, estaba deseoso de sentir el peso ajeno mientras le preparaba.
Como adivinando lo necesitado que estaba el mayor se había colocado a horcajadas sobre la punta del miembro ajeno para sentir sus nalgas humedecerse un poco con el preseminal que ya escurría de aquel falo, grande había sido la tentación del rubio a hacer que se sentase de una buena vez en este y penetrarle así como estaba pero el otro se había recostado en su pecho pronto y comenzado a frotar la propia excitación contra la ajena había hecho que sus jadeos comenzaran a salir al unisonó, sin esperar más le penetro con dos de sus dedos de manera un tanto brusca y apresurada que el menor acababa por volver aun más violenta con sus desesperados movimientos de cadera, necesitaba sentir que el mayor había extrañada si no otra cosa, al menos, su cuerpo; pero con el otro estimulándole por dentro mientras sus miembros se frotaban había sido él quien acabara por correrse primero, ahogando un gemido de placer y frustración al morder sus labios.
-Alguien está impaciente.- escucho al rubio susurrar con sorna y un extraño brillo de lujuria tiñendo su mirada.- Pero no puedes ir por ahí ensuciando todo ¿Por qué no me limpias?- un ligero escalofrió le recorrió ante la petición del otro, no podía ser, ¿o sí? las manos del rubio suavemente le guiaron para que con sus labios rosara el primer sitio en su cuerpo manchado con la escancia del pecoso que, sonrojado, obediente y resignado comenzó a lamer el pecho del otro para limpiarle de cualquier rastro de su propio semen, aunque aquello no había terminado allí, las manos del rubio le guiaron hasta la erección que aun poseía y no había sido difícil averiguar lo que este quería a pesar de ser la primera vez haciendo algo como aquello por el mayor.
Relamiéndose los labios comenzó a engullirle por completo, metiéndose lo mas que podía de la gruesa y larga hombría ajena en su boca, subiendo y bajando, subiendo y bajando mientras el cabello le caía un poco sobre la cara a pesar de los dedos contrarios enredados fuertemente en estos, marcándole un ritmo algo rápido que le hacía cerrar un poco la garganta al chocar en esta, casi se había atragantado cuando el otro se le corriera en la boca sin avisar.
Trago lo mas que pudo pero un poco de aquella abundante esencia había acabado por escurrirle entre los labios hacia la barbilla, al tratar de separarse en un intento de limpiar su rostro el otro no lo había permitido, se sorprendió al sentir las manos ajenas que no le dejaban y que por el contrario le habían echado a la cama esta vez boca abajo para que pudiera sentirle frotando su miembro aun erecto entre los glúteos, no estaba seguro si aquella era una nueva erección o si el reciente orgasmo no había sido suficiente para bajarle las ganas al rubio pero la mera sensación del otro aun dispuesto a cogérselo le había vuelto a excitar.-¿No habrías pensado que ya habíamos terminado, o si Ace?- el cálido y obsceno susurro en su oído le había hecho gemir descaradamente, los dedos del otro irrumpiendo en su boca para acariciar su lengua sin dejar que cerrase aquella cavidad le hacían jadear, con ellos el rubio recogía cualquier rastro de la esencia que hubiera escapado a aquellos labios y obligabale a tragarla.- Nhh... Marco... más... quiero más...- gemía como podía sintiendo al otro jugar de nuevo con sus dedos en su aun apretada entrada.- Ahhh... más... fóllame... fóllame ya...- había suplicado relamiendo los dedos ajenos con hambruna, sintiéndose sucio al pedir algo como aquello mientras el otro se frotaba aun mas contra su trasero y su propio cuerpo reaccionando con excitación desbordante ante aquellos estímulos.
Cuando sintiera el falo ajeno comenzar a abrirse paso entre sus paredes internas que aun con los jugueteos estaban escasamente dilatadas se había arrepentido por un momento de haberse precipitado de aquella manera ante el deseo, pero cuando el dolor había pasado a segundo plano y el mayor se encontrase empalándole con fuerza, chocando por la posición contra su próstata en cada envestida, entonces no había podido evitar gemir aun más alto, haciendo que su pecho se apegase a la cama con cada intrusión mientras su trasero quedaba lo mas en alto que le era posible, listo para la siguiente estocada, su propio liquido preseminal ya goteaba sobre las sabanas aunque el otro aun no le estuviera tocando en aquella zona cuando se le ocurriera hacerlo había podido sentir sus labios y su garganta resecos de tanto gemir.- Ahhh... Marco...Nhh... No... no puedo... no aguantare...-apenas pudo advertir entre jadeos y roncos gemidos, corriéndose unos segundos después en la mano ajena mientras sentía al rubio derramarse en su interior al mismo tiempo.
Los pesados jadeos y la respiración entrecortada de ambos era lo único que los latidos de su corazón frenético dejaban escuchar al pecoso. Cuando sintió al otro salir de su cuerpo y acostarse por instinto se tumbo en el pecho ajeno, estaban sucios, sudados y sobre todo satisfechos. El sueño les había envuelto más pronto de lo que pudieran haber susurrado palabra o reclamo alguno.
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La mañana siguiente había sido un poco incomoda, al menos para el pecoso, después de una ligera regañina el rubio le había apurado a salir de su casa no sin antes hacerle prometer que no volvería a repetir una imprudencia como la de aquella noche, a regañadientes el pelinegro había aceptado y salido como alma que lleva el diablo en dirección a su casa al ver la hora que era, seria media hora de retraso al colegio de Luffy si se apuraba y este ya estaba listo.
Para cuando llegase por desgracia no había nadie, seguramente alguno de sus padres se había dado cuenta de la presencia del menor en la casa y antes que cuidarle habían preferido llevarlo al colegio ellos mismos, seguro habían notado su ausencia, solo esperaba que no tuviera que explicar demasiadas cosas por la noche.
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Unas semanas después el rubio le había contactado por fin, mas de una vez había pensado irle a buscar, pero sus últimas palabras le detenían "Confía en mi pequitas, solo necesito un poco de tiempo." esperaba más que nada que estuviera diciendo la verdad y se repetía a si mismo aquellas palabras una y otra vez en su mente para sobrellevar la interminable espera. Cuando escuchara el celular sonar el corazón le había dado un vuelco al reconocer el numero.
- ¿Estas ocupado esta tarde?- Aquella grave voz desde el otro lado del auricular le había hecho sonreír, lo estaba, tenía trabajo y encima horas extras, poco le importaba.
- No, estoy libre.- casi podía ver al otro sonreírle al otro lado de la línea y su ritmo cardiaco se acelero.
-Pasare por ti a las 7 pequita.-
-Ok.-y con eso se había cortado la llamada, si un día alguna vez le había parecido más maravilloso en aquel momento no lo recordaba.
El rubio le había recogido cerca de las 6:45pm, Ace había pensado que irían a casa del mayor, moría de ganas por pasar un rato a solas con el otro, pero este al parecer tenía otros planes.
- ¿A dónde vamos?-
-Ya lo veras.-
Había pasado cerca de media hora sin poder sacarle información alguna al otro hasta que en el horizonte el pecoso pudo distinguir la línea del mar a la lejanía, le brillaron los ojos de la emoción; le había dicho en alguna ocasión al mayor que si fuera libre, libre de verdad, le gustaría vivir en el mar, recordaba con especial cariño los paseos por la playa al lado de su madre cuando esta aun vivía. Sabía que era imposible en esos tiempos convertirse en corsario y bajo ninguna circunstancia planeaba enlistarse en la marina, pero incluso una modesta embarcación pesquera habría estado bien realmente, aunque aquellos eran solo sueños tontos.
El olor a sal y la fría brisa del atardecer les había recibido conjunto a los últimos rayos del sol tiñendo todo el mundo en tonos de anaranjado y rojo, el menor pensó en lo hermoso de aquellos colores y lo bien que se sentía compartir aquella escena con el rubio. Tomando la mano de este con naturalidad mientras caminaban por uno de los malecones se sonrió al notar el leve sonrojo en el rostro ajeno, el mayor no era fácil de avergonzar normalmente pero tampoco estaba acostumbrado a las muestras de afecto publico por lo que era un tanto débil ante estas, aun así no se quejo ni soltó su mano lo cual Ace había agradecido profundamente, le brindaba un sentimiento sumamente cálido estar de aquella manera con él.
-Tengo algo que mostrarte.- soltó marco de pronto después de unos minutos de contemplar el mar junto con el azabache, el romper de las olas les llegaba como un murmullo lejano mientras el rubio sacaba un sobre algo grueso de la solapa del traje añil que portaba en aquella ocasión. El pecoso abrió el sobre lentamente y mientras leía sus manos comenzaban a temblar ligeramente ante la emoción del momento, las lágrimas se derramaban sin que pudiera contenerlas.-Lamento informarle, señor Portgas, que ahora soy un hombre casado,- la voz seria del rubio le había regresado al mundo real.- pero si quisiera vivir conmigo aun en calidad de amante creo que podríamos convencer a mi esposa.- la broma del rubio le había hecho reír alegre y escandaloso mientras se le echaba al cuello en un fuerte abrazo lleno de emoción, el matrimonio homosexual no era legal en Japón, la forma común de 'casarse' para las parejas del mismo sexo en aquella parte del mundo era mediante la adopción, uno de los dos renunciaba a su propia familia y se convertía en parte de la del otro, era lo más cercano y conveniente a todo efecto legal, pues brindaba los mismos derechos y beneficios sociales, quizá un día ellos también lo hicieran, el menor esperaba que así fuera, con un suave beso y aquellos pensamientos había terminado uno de los mejores días que jamás recordaría en su vida.
Aunque a Ace le hubiera gustado marcharse en aquel mismo instante había accedido a esperar un par de días más, solo para poder organizar las cosas adecuadamente.- Gracias Marco... en verdad.- la reluciente sonrisa había sido más que agradecimiento suficiente, pero el cariñoso y animado beso de despedida tampoco había estado tan mal.
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/Semanas antes/
La mujer de cabellos obscuros sentada frente a Marco en aquel café sonreía con una autosuficiencia impresionante, casi como si se sintiera alagada por los insultos que podía adivinar en la mente del rubio hacia su persona después de comenzar a tratar el tema de la adopción, era después de todo una persona cínica y calculadora que no dejaría escapar en ningún momento una buena oportunidad, aunque aquella sonrisa se le había caído de los labios al ver que la suma que el rubio ofrecía no alcanzaba a llenar sus expectativas.- Veo que no hago más que perder mi tiempo aquí.- le había escuchado el rubio murmurar tras pasarle el papel con la cifra que ofrecía.- Señorita, sepa que el dinero es solo una cortesía, bien podría llamar a servicios sociales y entonces no tendría nada.- el destello de desprecio por parte de aquella mujer le venía sin cuidado.
Paso los papeles de adopción aprontándola a que los firmase, pero esta no hizo más que juguetear con ellos en la mesa.- Quizá debería consultarlo con mi marido, ya sabe, mi pequeñín no es solo mío.- la falsa dulzura en aquel tono de voz comenzaba a hastiarle, quería degollarla pero no quería causar más problemas de los necesarios hasta obtener lo que quería.
- De cualquier forma ¿Qué interés tiene usted con mi Luffy? - Aquella pregunta había tardado un poco más de lo que esperaba en llegar, pero la esperaba desde el inicio.
-Eso es asunto mío.- dijo en un tono monótono, cruzándose de brazos. La chica sonrió de medio lado.- Quizá con un par de ceros más en aquel número no haría tantas preguntas.- la expresión del rubio no había cambiado de la seria indiferencia, los pocos escrúpulos de aquella mujer no le sorprendían en lo absoluto, dado que estaba dispuesta a vender al menor por la cantidad correcta.
Marco garabateo otra cifra en una servilleta con su bolígrafo azul y lo paso a la muchacha que sonrió en aquella ocasión un tanto más complacida.- ya veo que nos vamos entendiendo, pero aun me parece muy poco señor Phoenix, vamos que el pequeño apenas tiene los 10 años recién cumpliditos.- ¿El cumpleaños del mocoso ya había pasado? Extrañamente aquel era el único pensamiento que el rubio tenia, debía asirse a los detalles triviales con fuerza para no perder la paciencia y partirle la cara a aquella harpía antes de que firmase.- ya sabe lo lindos que pueden ser los niños a esa edad, son tan maleables.- el tono empalagoso de aquella voz casi sugería algo obsceno y el rubio únicamente no había tomado ofensa pues el mismo estaba pretendiendo hacer algo fuera de la ley, en aquella ciudad todo podía conseguirse con la cifra adecuada y los contactos apropiados.
Por tercera ocasión marco escribió una cifra un tanto más alta que las dos anteriores.-es mi última oferta.- dijo mirando a la mujer con completa seriedad y esta torció la boca un poco pero acepto, al parecer aun había esperado un tanto más pero prefería un comprador seguro a ver cuando se presentaba otra oportunidad como aquella y aunque entendía la lógica decadente de aquella mujer no comprendía como aquella podía poner alguna clase de precio a su propio hijo, si no hubiera sido Marco el que estuviera ahí si no un verdadero pervertido ¿Cuál habría sido la suerte de los hermanos? No costaba mucho imaginárselo, aunque al mayor pudiera que no le pasase nada malo el menor habría acabado casi con total seguridad en alguna red de prostitución infantil, ahora sabia de primera mano por que el pecoso se rehusaba a dejarle solo en aquella casa.
Los tramites y las formalidades quedaron para concluirse en los días subsecuentes, todo en el mayor de los secretos, el esposo de la mujer firmaría, ya se encargaría ella de eso, claro que aquella mujer no era idiota y aunque Marco se había negado a soltarle todo el dinero de antemano no había podido zafarse de darle un adelanto, aunque obviamente no le daría el resto hasta concluido el tramite.
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Aquel día en la playa el rubio le había dicho que los recogería el sábado siguiente, para que tuvieran tiempo de empacar las cosas que necesitaran, no era que tuvieran mucho que realmente les perteneciera pero era mejor no tener que volver a esa casa por motivo alguno, Marco le había advertido actuar como si no supiera nada en aquellos días, después de todo el trámite legal estaba hecho solo para el menor de los D. el mayor iría por su propio pie y no era aconsejable causar escándalo con aquello recién concluida la adopción, acordaron la hora de la mudanza prontamente a una donde solo estuvieran los menores en casa, Sharon había dicho a Ace que Luffy iría a quedarse con un tío por unos días, el sabia la verdad y le odiaba intensamente por querer hacerle idiota, si no hubiera sabido que era Marco jamás habría pretendido siquiera creer aquella mentira.
El rubio llego temprano, como siempre, en menos de una hora ya estaban todas las cosas en el auto de este, habían ido a comer antes de dirigirse a casa y para cuando llegasen a esta era tan tarde que habían decidido deshacer la mudanza al día siguiente, por primera ocasión desde que naciera Luffy había tenido que dormir en una habitación diferente a la de su hermano, aquel había intentado animarle diciendo que siendo un niño grande era normal que tuviera su propia habitación pero este no se lo había tomado demasiado bien, aun así podía notarse que ambos hermanos estaban en mas paz de la que alguna vez hubieran podido estar en su vieja casa.
El domingo había pasado entre planes y risas, había tanto que "cambiar" según los planes de los hermanos que el rubio casi se había sentido como si aquella casa ya no le perteneciera solo a él, era como una lenta invasión que empezaba por la marca del dentífrico y acabaría en el color de las paredes o alguna otra cosa, extrañamente era un sentimiento agradable pero las cosas no se desempacarían solas y a eso de la media tarde los menores por fin le habían pedido las llaves del auto para bajar sus cosas.
La tele había sido dejada encendida en la sala mientras bajaban las cosas de la mudanza, el rostro familiar en las noticias de las 7 apenas si había logrado captar su atención, muerte accidental, un asalto a mano armada, el sonriente rostro de la mujer de aquella fotografía contrastaba gravemente con las imágenes en vivo de un cuerpo ensangrentado y mutilado, Luffy lo había visto apenas por casualidad mientras los otros dos se entretenían con algo en el auto, cambio el canal con la indiferente pesadumbre de saber que ah muerto tu vecino, aquella mujer bien podría haber sido un extraño para él, su vida ya nunca volvería a estar en aquella obscura casa.
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Fin de la primera parte.
Ya que la primera parte está concluida este fic quedara marcado también como tal, aunque la historia no termina, (el inicio es un extracto de la segunda parte) estaré publicando la segunda parte en un fic aparte debido a que la temática cambia levemente a partir de ahora, muchas gracias a quienes se hayan dado el tiempo a seguir esta historia hasta ahora y aunque no ah sido tan triste como había prometido en inicio es porque eh decidido cortarla aquí por ahora, ya les daré mayores tristezas en la segunda parte(?) si es que se sirven de seguirme a ella xD pero bueno, muchas gracias por leer y los comentarios son altamente apreciados y valorados.
