Nota de rigor: Los personajes no son míos y no gano nada con ellos.

Comentarios de la Autora:

Y aunque ya no es Octubre, tampoco es Marzo… y desde Junio comienza a reinar la oscuridad, con días cada vez más cortos y la muerte del Sol en el Solsticio de Verano.

Así que, sin importar si estamos en Verano o Invierno (para los del Hemisferio Sur) todo puede seguir pasando…. Muahahaha.

Porque si lo pensamos un momento, el mundo es bastante macabro :)

Y ahora sí, sin más tardanza…. Una última advertencia: mientras leen la historia, recuerden mirar bien que no haya nada oculto en las sombras, porque mientras están leyendo esto no saben qué es lo que pueda estar detrás suyo ;)

Las Voces de los Muertos

Por Vaire

IV. Los que ríen

Parte II

"Te prometo que la oí, es más Aiolia también estuvo ahí y lo puede confirmar" decía Milo con insistencia mientras miraba a Saga por encima del plato de pan recién horneado que se encontraba en la mesita de la cocina en la parte privada de la Tercera Casa.

Ambos griegos estaban sentados en cómoda camaradería disfrutando de un fugaz y caliente desayuno antes de iniciar el día.

Milo había entrado al Templo de Géminis muy temprano en busca de Kanon, pero al parecer era el turno del menor de los gemelos para ayudar a Shion con la redacción de algunos acuerdos diplomáticos con el gobierno griego y se había presentado con el Patriarca poco después del Amanecer (a Milo aun le inquietaba que el ex marina se pudiera escabullir por Escorpio sin que su cosmo lo delatara, aunque sabía que el gemelo no lo hacía con intensión, sino más bien por fuerza de costumbre adquirida en sus años como 'el otro')

Así pues, no habiendo encontrado a quien quería y sin ninguna obligación inmediata, Escorpio aceptó la invitación de Saga para desayunar en Géminis (pues al mayor le disgustaba enormemente tomar cualquier alimento solo)

"No digo que no, pero a mi parecer ambos estuvieron profundamente sugestionados" dijo Saga calmado, bebiendo un fuerte y humeante café.

"¿Sugestionado? ¿Yo?" inquirió indignado Milo. "Hablas como si hubiera sido víctima de alguna técnica de ilusión"

"No me atrevería a ir tan lejos, Milo, pero sí podría asegurar que eres víctima de tus propios deseos y anhelos. Desde que el Otoño inició te has dedicado a buscar cualquier presencia macabra por todo el Santuario"

"¡Pero cómo no hacerlo! ¿Acaso no te parece fascinante todo el asunto de presencias extrañas entre nosotros?" dijo Escorpio animado.

Saga sólo levantó su ceja derecha, como si la respuesta fuera demasiado obvia (y en realidad la era).

"Está bien, olvida la pregunta, me queda claro que no te interesa… igual que Camus…" farfullo Milo haciendo un pequeño mohín y cruzándose de brazos "En realidad ambos se están perdiendo de un mundo increíble ¿sabes?"

"Sí, Kanon me ha tratado de explicar esa morbosa fascinación, pero sin ningún resultado." Dijo Saga tranquilamente "Y no es que niegue su existencia, tan sólo pienso que hay cosas que es mejor dejar en paz"

"Camus piensa de manera similar" dijo Escorpio descruzándose de brazos y tomando su taza de café caliente.

"Lo sé, un par de semanas atrás hablamos del tema." Dijo Saga sonriendo "Encontramos consuelo mutuo por tener cada uno a un loco fanático de los espantos"

"¿Estuvieron hablando de mí?" dijo Milo con una sonrisa orgullosa. Saga lo miró divertido.

"Milo, lo que sí te digo es que tú y mi hermano pueden hacer lo que quieran con su tiempo libre, al fin de cuentas es al Patriarca al que deberán rendirle cuentas, pero de ninguna manera pueden disponer de otros con tal libertad" dijo Saga recobrando la seriedad.

"Déjame adivinar: Aioros o Shura ya te contaron algo acerca de nuestro plan" suspiró resignado Milo.

"Puede ser" le respondió Saga poniéndose de pie y llevando sus platos para lavarlos. "O puede ser que haya desarrollado un nuevo sentido para mantenerme alerta de sus manías. Después de todo, con Kanon y contigo, ocho sentidos no parecen ser suficientes" [1] terminó el mayor de los rubios de manera amigable.

Milo rió, aunque si era sincero consigo mismo, ya no estaba tan seguro de que Sagitario o Capricornio le hubieran mencionado algo al segundo mayor de la orden dorada. Después de todo, con los gemelos todo era posible (algo que los caballeros dorados habían aprendido muy pronto) y sería típico de Saga desarrollar una habilidad como la que acababa de mencionar.

Y aunque Saga estaba de espaldas y no podía ver las preocupaciones de Escorpio reflejadas en su semblante, conociendo a Milo como Géminis había llegado a hacerlo, el silencio del Octavo Guardián era más que suficiente para saber qué rumbo habían tomado sus pensamientos; por lo que el mayor de los gemelos esbozó una sonrisa divertida y satisfecha.

Nada como seguir inspirando turbación y desconcierto en sus compañeros.

SS SS SS

Aldebarán contemplaba pensativo a dos aprendices que entrenaban en uno de los coliseos de la parte Este del Santuario, no porque fuera responsable de ellos o porque tuviera interés, sino porque para el Segundo Guardián de las Doce Casas, el mirar los entrenamientos de niños y jóvenes que aún no tenían el peso del rango de Caballero siempre le proporcionaba cierto sosiego.

Y si Aldebarán de Tauro necesitaba un momento de serenidad, ese era el momento adecuado.

La macabra risa que había escuchado por la noche le había puesto los pelos de punta y ni que decir de la profunda inquietud que sintió cuando pudo distinguir el llanto de un bebé.

Para el brasileño, los sonidos en un principio habían provenido de la escalinata entre Tauro y el Templo de Aries, pero al avanzar la noche podría haber jurado que su origen eran las escalinatas que llevaban a Géminis.

Y a Aldebarán no le gustaba nada la idea de que algo, humano, animal o fantasmal se hubiera podido colar en las Doce Casas sin ser percibido.

"Buen día Caballero" le saludó la voz siempre jovial de Dokho.

"Dokho"

"¿Disfrutando del respiro que Zeus nos da con la lluvia? [2]" dijo el chino sentándose junto al guardián de Tauro.

"No precisamente. Aunque agradezco a los dioses por esta oportunidad, ya que es justo contigo con quien necesito hablar" dijo afablemente el brasileño.

"¿De qué se trata? Espero que no sea una emergencia… o acaso…" Dokho frunció el ceño entre divertido y ofuscado "No me digas que otra vez Máscara de la Muerte está sufriendo de 'episodios' de sonambulismo. ¿A quién quiere espiar ahora?"

"No, no" rió Tauro divertido "Al menos no que yo sepa."

"Sería propio de Ángelo importunar a Shaka o a Aioros" reflexionó alegre el chino "Esos dos tienen más paciencia que el resto de los Trece Juntos, a excepción de Mu, claro"

"Ah… pero no creo que Cáncer vuelva a tratar de husmear en los asuntos de Mu" la sonrisa de Aldebarán se ensanchó sólo de recordar cómo el tierno y tranquilo Caballero de Aries había logrado que Máscara de la Muerte no volviera a ocurrírsele siquiera pensar en indagar en lo que Mu prefería guardar para sí.

El chino también lo recordó y tras una mirada cómplice, ambos caballeros dorados rieron de buena gana.

Los aprendices que se encontraban entrenando y que antes no se habían percatado de la presencia de dos de los miembros de la Élite de Atena, voltearon buscando el sonido de las carcajadas que les habían desconcentrado.

Al darse cuenta que se traba de dos Caballeros Dorados, ambos aprendices asumieron que los guerreros se estaban burlando de ellos por su pobre actuación en el combate, por lo que se sonrojaron como tomates maduros por la vergüenza.

"Vamos muchacho, estamos distrayendo a estos jóvenes" dijo Dokho dando un amistoso golpe en la espalda de Tauro, sin sospechar las inseguridades de los aprendices, aunque consciente de su turbación.

Aldebarán asintió y ambos caballeros se retiraron, si bien no riéndose como momentos antes, sí con una sonrisa de oreja a oreja.

Sin rumbo, caminaron por los alrededores charlando de esto y de aquello.

Fue así que se encontraron con Aioria, quien regresaba de los territorios de los caballeros de bronce, tras haber pasado un tiempo con Seiya y los otros caballeros exdivinos, para asegurarse de que todo estaba bien con ellos.

Leo se unión a los dos compañeros y los tres caballeros dorados retomaron su caminata sin rumbo, charlando amena y fraternalmente, sabiendo que pronto sus respectivas obligaciones reclamarían nuevamente toda su atención.

Fue así que, de tema en tema, la conversación fue tomando un tono más siniestro hasta que Aldebarán decidió compartir sus preocupaciones con sus compañeros.

Explicando lo que había escuchado la noche anterior, tanto él como Libra no ignoraron que el rostro canela de Leo había perdido color.

Sintiendo sobre él la mirada de un par de ojos avellana y otro color abeto, Aioria no pudo más que relatar (aunque de manera un tanto reticente) la experiencia que él y Milo habían tenido la noche anterior en la Primera Casa.

"Pero sigo insistiendo en que fue un animal o el viento o alguno de nosotros, por mucho que Milo se burle diciendo que o es un animal contento o algún caballero dorado como Shaka o Shura, muerto de la risa por la bromita"

"Supongamos, sin embargo que es algo diferente" dijo Dokho tras un momento de meditar el asunto. "Sabemos lo que está sucediendo… primero Seiya y Shun, luego Mu y Aphrodite… a saber cuántas historias más ahora están rondando por ahí sin que los afectados se atrevan a compartirlas abiertamente por miedo a la burla o al ridículo"

"Creo firmemente que todo puede pasar, pero ¿en las Doce Casas?" comentó Aioria un tanto escéptico.

"El incidente de las Doncellas fue en el Templo Central" dijo Aldebarán.

"Pero bastante alejado de las estancias del Patriarca y de Atena. Las Doce Casas son territorio directo de los Caballeros Dorados" seguía insistiendo Leo. "Siempre se ha sabido que nada extraño ocurre ahí… en las escalinatas tal vez, pero no en los Templos y menos con sus guardianes presentes. ¿Cierto Dokho?" el griego miró a Dokho, quien se había mostrado muy silencioso y pensativo.

"Bueno, eso no es del todo cierto" dijo el ahora joven caballero de Libra.

Aioria y Aldebarán se detuvieron abruptamente por la sorpresa y se miraron aprensivamente entre sí.

"En mi tiempo original, hace doscientos años, antes de la Guerra contra Hades de ese entonces hubo dos incidentes a través de los años, aunque ninguno fue público porque los Caballeros Dorados acordamos no decir nada.

El primero tuvo lugar antes que yo llegara al Santuario. El entonces Caballero de Géminis, Aspros reportó haber visto una especie de duende deformado brincar en la cama del Templo de Piscis cuando su guardián dormía profundamente.

Cómo es que Lugonis de Piscis jamás se enteró es algo que ni él mismo pudo explicar. Su sucesor, Albafika, no conoció la historia, pues él llegó poco tiempo después y tanto Aspros como Lugonis y el Patriarca Sage consideraron mejor para el futuro guardián de la Doceava Casa no mencionar nada.

Sin embargo, Albafika llegó a comentar un día de finales de Verano unos años después, cuando la Orden Dorada estaba ya completamente reunida pues faltaba poco para que estallara la guerra, que había veces, siempre cuando se encontraba en el Doceavo Templo, que sentía que no estaba sólo. Que alguien le acechaba desde la sombras.

"¿Aphrodite está en peligro entonces? ¡Debemos advertirle, Maestro!" dijo alarmado Leo, y tan sobresaltado estaba que inconscientemente había regresado a la formalidad anterior al rejuvenecimiento de Dokho.

"Tranquilo muchacho, no hay peligro. Piscis estuvo vacía por mucho tiempo, después de la muerte de Albafika. Y en épocas recientes ninguno de sus guardianes ha reportado nada parecido"

"¿Y el otro incidente?" Preguntó casi en un susurro Aldebarán.

"El otro incidente…" Dokho suspiró "El otro incidente es más complicado. [3]" tras lo cual, miró al cielo, perdido en sus pensamientos.

Cuando le Caballero de Libra miró a sus compañeros más jóvenes significativamente, Aldebarán y Aioria comprendieron que nada más diría el chino. Dokho nuevamente fijó sus ojos en el cielo que comenzaba a nublarse.

Suspirando resignadamente, Tauro y Leo siguieron la mirada de Libra, permaneciendo en tenso silencio, aunque cada uno reconfortado por la presencia de los otros.

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Sirius de Canis Major estaba molesto. Más que molesto estaba verdaderamente enfadado y Arik lo sabía, pues los ojos de su maestro le miraban coléricos.

"Repite lo que has dicho" dijo el caballero de plata tratando de contenerse.

Arik se encogió temeroso, pues pocas veces habían sido las que el joven aprendiz había despertado tanto la ira de su maestro de tal forma que incluso llegó a temer que Canis Major le mataría, algo bastante común hacía unos años, según se rumoreaba entre los aprendices.

"Ma… maestro… yo…" el aspirante a la armadura de Brújula trató de comenzar, pero las palabras le fallaron.

Los otros dos aprendices de Sirius, un muchacho rubio llamado Liefy una koree albina llamada Samia, que eran los aspirantes a las armaduras de Popa y Vela [4] respectivamente, detuvieron su entrenamiento, pues se sintieron incómodos ante las circunstancias, pues Arik había llegado de improviso frente a su maestro, no sólo luego de una noche de ausencia y sin haberse presentado al entrenamiento de la mañana, sino totalmente desaliñado, arañado en el rostro, los brazos y las piernas y respirando trabajosamente.

"Habla más fuerte, que no te escucho" dijo cortante y exasperadamente el caballero de plata [5]

"Maestro, yo perdí los manuscritos que me encomendó entregar al Caballero de Aries" dijo por fin Arik, aunque su voz temblaba como hoja en invierno, mecida por un frío y cruel viento.

A Srius nada le hubiera gustado más que propinarle un tremendo golpe al muchacho, pero Canis Major tuvo que contenerse, pues en el lugar donde entrenaban no estaban solos.

Para incomodidad del caballero de plata, había muchos más aprendices y maestros, pero lo que en realidad le contrariaba era que Marin de Aquila estaba conversando no muy lejos con Albiore de Cepheus [6] quien estaba pasando unos días en el Santuario para un reporte que el Patriarca había ordenado.

De haber sido sólo ellos dos, Canis Major no hubiera tenido reservas de tratar a su aprendiz como él quisiera. Pero había alguien más con Aquila y Cepheus… Aldebarán de Tauro, que no hacía mucho tiempo había llegado tras despedirse de Leo y Libra.

Y era conocido que esos tres tenían una cierta estima a los aprendices, sin importar el rango de caballero al que aspiraran además que ninguno de ellos aprobaban lo que consideraban abuso de poder por parte de los maestros y Sirius no era tan tonto como para meterse con un Caballero Dorado… otra vez. [7]

Por lo que, si las miradas mataran, ese hubiera sido el fin de Arik, aspirante a caballero de bronce de la constelación de Brújula.

"Espero que tengas una excelente explicación muchacho, porque si no lo vas a lamentar hasta el día de tu muerte" dijo Sirius.

"Maestro, le juro que las cosas se salieron de control. Primero no pude atravesar el camino principal por un derrumbe. La señora Shaina de Ophiuchus me dijo que volviera por donde había llegado y no queriendo decepcionarle, traté de buscar otro camino hacia las Doce Casas" explicó Arik.

"¡¿Cómo fuiste tan idiota!?" gritó Canis Major, pero consciente que había llamado la atención de más de un aprendiz y caballero (Tauro, Aquila y Cepheus incluidos) decidió llevar la conversación a un lugar más privado.

Tomando a Arik bruscamente del brazo y jalándolo hacia unos árboles cercanos, indicó a sus otros dos aprendices que les siguieran.

"Te dije claramente que no te alejaras del camino principal" dijo Sirius violentamente cuando los árboles les permitieron cierta privacidad. Incluso Lief y la Samia se encogieron con cierto temor.

"Lo sé… pero no quería decepcionarlo. Y no lo habría hecho, es sólo que yo no… la verdad es que yo no sé qué pasó" se defendió el aspirante de brújula.

"Explícate de una vez y más vale que lo hagas bien" Sirius estaba llegando a su límite.

"No sé qué pasó maestro… no me acuerdo.

Sé que seguí un camino secundario que estaba seguro me llevaría cerca de las Doce Casas aún con la niebla que súbitamente comenzó a formarse, porque ya lo había tomado en varias ocasiones solo o con otras personas" Arik miró incluso a los otros dos aprendices "Pero al llegar al edificio aún en ruinas que marca la proximidad al Templo de Aries… no sé qué pasó…

Lo siguiente que recuerdo es que desperté desorientado por la mañana, arañado de pies a cabeza en un rincón de las ruinas.

Entonces recordé qué me llevó hasta ese lugar y traté de buscar los manuscritos, pero no los encontré. Cuando me di cuenta de la posición del Sol, sabía que se me había hecho tarde y me apresuré hasta aquí" ´terminó por fin Arik.

Canis Major lo contempló un largo tiempo en silencio.

El caballero de plata podía ser cruel e intransigente, pero incluso él sabía que en esa época todo podía pasar y no sería esa la primera vez que un aprendiz, un soldado, una doncella o hasta un caballero de bronce olvidaran ciertos eventos, que aunque nadie lo decía, todos lo sabían: eventos tan escalofriantes que su mente prefería borrar antes que perder la razón.

"Espero que me estés diciendo la verdad" finalmente dijo Sirius de manera huraña.

"Se lo juro por la armadura de Brújula que algún día he de portar" respondió con total seriedad Arik.

"Si… eso ya lo veremos. Por el momento comenzarás a entrenar y recuperarás el tiempo que perdiste; llevas más de dos horas de retraso." Sentenció Canis Major.

"Si señor"

"Y en la hora de la comida, vendrás conmigo a las Doce Casas y te disculparás con Aries por tu incompetencia" terminó Sirius tras lo cual se dio media vuelta y se dirigió nuevamente hacia el lugar de entrenamiento, dando por sentado que sus aprendices le seguirían.

Arik respiró aliviado, sintiendo cómo las rodillas querían doblársele cuando la adrenalina finalmente le fue abandonando.

Sin una palabra, Lief, le dio una palmada de ánimo en la espalda, apurando inmediatamente el paso para no retrasarse y enojar así más a su maestro.

"No te preocupes" le dijo Samia"Para la hora de la comida faltan aún varias horas. Antes de eso tendremos tiempo libre y podremos ir a donde viste por última vez esos pergaminos. Tal vez los encontremos y no tengas que disculparte con el señor Mu de Aries."

"Imposible, ya escuchaste al maestro, tengo que reponer el tiempo que perdí" suspiró Arik apenado.

"No te preocupes, Lief y yo te ayudaremos. Ahora apresúrate."

Arik y Samia corrieron para alcanzar a Lief y a Sirius, quien al regresar al lugar de entrenamiento vio con satisfacción que tanto Tauro como Cepheus se habían marchado. Sonriendo sádicamente, Sirius de Canis Major se preparó para entrenar muy duramente a sus aprendices.

SS SS SS

Aunque en el horizonte se alcanzaban a ver nubes grises que avanzaban hacia los dominios de la Diosa Atena, aún tardarían varias horas en cernirse sobre el Santuario y por tanto la mañana avanzaba luminosa.

Por el momento, las nubes grises que habían provocado las tormentas de los días anteriores habían alcanzado a disiparse un poco, permitiendo que la luz dorada del Sol iluminara a un Santuario bañado aún con las gotas de lluvia del día anterior.

Saga estaba disfrutando de una galleta de nuez a la sombra de un árbol, en uno de los tantos oasis que se encontraban aquí y allá a lo largo de todo el Santuario, los cuales crecían día a día gracias a las continuas tormentas que estaban experimentando.

No por nada se dice que el agua es vida, después de todo…

Mordida a mordida, el caballero de Géminis disfrutaba del dulce sabor de una de las galletas de una bolsita de tela que tenía junto a él y que había conseguido en Atenas hacía apenas una semana, gozando tranquilamente de un momento de paz entre sus muchas obligaciones.

Y así lo encontró Aioros.

Sin decir nada, el otro griego se sentó junto a su amigo, mientras lo miraba divertido. Sin decir palabra alguna, Géminis le ofreció una galleta que el arquero aceptó gustoso y ambos, en amigable silencio disfrutaron de un momento de paz.

Momento de paz que fue duramente interrumpido por un grito aterrado.

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Samia, aprendiz de caballero para la armadura de Vela, terminó satisfecha su entrenamiento.

Su maestro Sirius de Canis Major había descargado toda la ira que el incidente de Arik le había provocado en sus tres aprendices, aunque ni ella ni Lief culpaban a Arik de lo sucedido.

Sin embargo, para mérito de Lief y Samia [8], ambos habían seguido el paso de Sirius con buen ritmo. Arik, sin embargo, era otra cosa, pues se veía que estaba pálido y un tanto desorientado, por lo que se le complicaba sobremanera seguir el duro ritmo del caballero de plata.

Por ello Sirius terminó el entrenamiento de Lief y Samia antes de lo planeado, para ensañarse completamente en Arik, lo cual a los otros dos les dejó el tiempo libre hasta la hora de la comida.

Por mutuo acuerdo, Lief buscaría los pergaminos en el camino central, rastreando los pasos de su amigo; mientras que Samia iría a las ruinas a las que Arik se había referido a mirar si había rastro de los dichosos documentos. Ambos se encontrarían en sus habitaciones antes de la hora de la comida.

Samia sabía que no debía salir del camino principal en esa época del año, su maestro y otros aprendices mayores se lo habían advertido, especialmente ahora que circulaban rumores de extrañas apariciones no sólo a dos héroes de la anterior guerra contra Hades, caballeros ex divinos de bronce, sino también a caballeros de plata por igual.

Pero la koree se sentía protegida tras su máscara, pues al contrario que muchas de sus compañeras, ella la portaba con orgullo.

Así que, con un valor que tenía su origen en su ingenuidad, se encaminó hacia las ruinas, a las que llegó con relativa prontitud.

Sin perder ni un minuto, comenzó a buscar entre las columnas derruidas y las paredes desplomadas, pero pronto tuvo la sensación de que no estaba sola.

Súbitamente, Samia tuvo la impresión de escuchar el llanto de un bebé, pero imaginando lo ridículo de la idea, desestimó todo como simples nervios que las historias de otros aprendices le habían provocado.

Así pasó algún tiempo, sin éxito alguno estaba a punto de darse por vencida, deseando que Lief hubiera tenido más suerte, cuando dio la vuelta a una columna y vio lo que parecía ser un pergamino atorado bajo una piedra.

Alentada, Samia se encaminó hasta el lugar exacto, sonriendo radiante detrás de su máscara cuando, al levantar el pergamino pudo constatar que se trataba de uno de los que Canis Major había dado el día anterior a Arik para Mu de Aries.

Mirando a su alrededor, la koree buscó más pergaminos que pudieran encontrarse por ahí, pero cual no fue su sorpresa cuando sus ojos encontraron a lo que parecía ser un muchacho de su edad hecho un ovillo y sollozando en un rincón del edificio en ruinas.

'¿Cómo es que no me di cuenta de su presencia antes?' pensó Samia un tanto inquieta.

Acercándose cautelosamente, la muchacha se aclaró varias veces la garganta para llamar la atención del aprendiz, por si este quería salvar su orgullo y dejar al menos de sollozar, pero la figura seguía hecha un ovillo, al parecer sin importarle la presencia de la koree.

"Oye… ¿estás bien?" dijo por fin Samia, a unos cuantos pasos del muchacho.

No hubo respuesta.

"Parece que eres un aprendiz, como yo" siguió la koree. Pero de nuevo no hubo respuesta, solamente el lúgubre sonido de los sollozos. "¿Quién es tu maestro? ¿A qué armadura aspiras?"

Un viento comenzó a ulular, y Samia de pronto fue dolorosamente consciente de qué tan sola se encontraba… sola a excepción de ese extraño aprendiz. La piel se le puso de gallina y los vellos detrás de su nuca se levantaron.

"Mira, sé que muchas veces la vida aquí es muy difícil, con los entrenamientos y todo…" Samia comenzó a hablar más para alejar ese temor que la estaba inundando que para consolar al aprendiz, al que ahora tenía enfrente.

Cuando un cuervo graznó en la lejanía, Samia se llevó un buen susto. Llevándose una mano a su corazón, que latía desbocadamente y sintiéndose terriblemente ridícula por asustarse de un pájaro, la koree respiró profundamente.

"Ayudame Sam…" oyó entonces un susurro. Samia frunció el entrecejo, pues sólo Lief y Arik la llamaban así y ambos estaban muy lejos de ese lugar ¿o no?

"Sam… por favor, ayúdame" dijo nuevamente la voz susurrante.

"¿Arik?" Samia creyó reconocer la voz de su amigo "¿Qué pasa? No pensé que el Maestro terminara tan pronto contigo… ¿y cómo llegaste aquí tan rápido?"

"Sam… ayúdame… por favor"

"Eso intento Arik, ya encontré un pergamino, pero…"

Samia no terminó de hablar cuando el aprendiz de caballero la tomó del antebrazo dolorosamente.

"Arik ¿Qué haces?" la koree trató de zafarse del agarre, pero sin éxito.

Y entonces, súbitamente el aprendiz giró su cara, hasta entonces oculta, y al verla Samia gritó tan fuerte que incluso Géminis y Sagitario, a varios metros de ese lugar escucharon el grito.

Porque el rostro que miraba a Samia era el de Arik, pero sus ojos habían desaparecido, siendo reemplazados por piel que parecía haberse derretido de su frente y sus labios se habían borrado para dejar al descubierto una boca sonriente que no tenía la intención de sonreír.

Unos kilómetros hacia el este,Lief aspirante a la armadura de Popa caminaba tristemente sin haber encontrado rastro de los pergaminos que buscaba para su amigo, dirigiéndose a las habitaciones que compartía con los demás aprendices.

Y en un campo de entrenamiento, Sirius de Canis Major entrenaba con saña a su aprendiz Arik, aspirante a la armadura de Brújula, quien trataba de seguirle el paso sin emitir queja alguna que molestara a su maestro más de lo que ya estaba.

Continuará….

Pronto (yo espero) la tercera y última parte :)

[1] Vale, que Saga haya alcanzado el Octavo Sentido no es muy oficial (al menos hasta donde yo tengo entendido), pero si Kanoncito pudo, es de suponer que Sagita también podría… y si tomamos en cuenta que regresaron de la muerte… pues no creo que sea tan descabellado suponer que los Caballeros Dorados aportaron su granito de arena en el momento de ser revividos por los dioses, o sea, el octavo sentido. Para este universo y todas mis historias, los caballeros de plata y bronce dependieron cien por ciento de un poder externo al regresar a la vida y he ahí donde se evidencia por qué la diferencia de poder y rango entre la élite de Atena y el resto.

[2] Zeus en la mitología griega es quien se encarga de bendecir (o maldecir) a los humanos con la lluvia. Que también posea el rayo es una ventaja del Padre de los Dioses ;)

[3] Y lo dejaremos para el final de esta historia, pero sólo entre ustedes, Dokho y yo. Los demás doraditos no se enterarán… al menos, esperemos que no, por su bien ;)

[4] Para información de estas armaduras, por favor ver nota 1 del capítulo anterior.

[5] Recordemos que Sirius de Canis Major era uno de los caballeros de plata que menos misericordia tenía… antes de la Guerra de las Doce Casas, cuando Aioria va a Japón a rematar a Seiya, pero decide no hacerlo pues la armadura de Sagitario acude en auxilio de nuestro tan molestado héroe, Sirius es uno de los que le dicen a Leo que es débil y tratan de asesinar al pobre de Pegaso (que además estaba ya huyendo de la entonces psicótica y muy obsesionada Shaina).

[6] Por ahí en otra historia comenté que escogí a Albiore (dela versión del ánime) y no a Daidalos (de la versión del manga) por una preferencia totalmente subjetiva de esta autora :) La verdad es que siempre me agradó más Albiore.

[7] Sip… después de lo ocurrido en la nota [5], Sirius muere a manos de Seiya con la armadura de Sagitario (aun cuando Aioria le previno de no enfrentarse a un caballero con armadura dorada…)

[8] Por cierto… Samia y Lief son también de mi cosecha, como Arik…. más hijos! :)