Enroque
#7
Calles de Ikebukuro, 10:32
—¡Magenta-san! —saludó enérgicamente Izaya, mientras caminaba sin ninguna prisa por la calle pavimentada de piedras—. ¡Magenta-saaan! Soy yo. Soy yo, Nakura, ya ha pasado un rato, pero ¿te acuerdas de mí? Seguro que sí. ¿Cómo alguien podría llegar a olvidarme? Ellas nunca podrían hacerlo...
De no tener una mano enyesada y lo mismo la otra, o si en realidad no se sintiera muy cansado, las habría agitado para complementar su llegada. Llegada que algunos citadinos que permanecían cerca consideraron un poco escandalosa, pero ninguno le dedicó más que un vistazo y siguieron al tanto de sus propios asuntos.
El informante se alegró de comprobar que la joven lucía como la primera vez que la vio en persona. De hecho, como si lo hubiera planeado, ella vestía con el mismo estilo de ropa con el cual estuvo a punto de morir. Momentos antes a la llegada de Izaya, sentada en una banca y con el teléfono celular a la vista, ella lucía una expresión melancólica. Y ahora que lo había reconocido su expresión no tardó en transformarse en una de sorpresa seguida de una de miedo. Como un acto reflejo, apretó el teléfono entre sus dedos delgados.
—¿Nakura...? —Rio se levantó de un salto y retrocedió hasta topar con pared. La tranquilizó ver que la plaza estaba abarrotada. Cualquiera podría llegar a oírla y verla si pedía auxilio. Pero ¿de querer intentarlo, aquel hombre que tenía delante se lo permitiría?
—Izaya —la corrigió él cuando llegó a su lado. Por el tono usado, Rio pensó que la consideraba lenta de aprendizaje—. Me llamo Orihara Izaya y soy un informante (suena de película, ¿no?) Pero ya que se trata de ti, puedes decirme como gustes. Nakura está bien si acaso usarlo te hace sentir mejor o te resulta más familiar. Después de todo, mi nombre real es tan profético que parece un chiste, y, por otro lado, tú y yo estuvimos en contacto durante más de un mes, quizá dos. En lo personal, me gustaría seguir llamándote Magenta, es un bonito nombre. Me parece que hay claveles que lucen ese color. Sí, definitivamente serás durante otro poco Magenta, pues lo de Kamichika no me gusta tanto. ¿Qué respondes a eso, Magenta-san?
Ante su actitud descarada y cínica, Rio no pudo evitar sonrojarse, lo que tuvo en consecuencia que se sintiera molesta consigo misma. Su corazón seguía latiendo agitado, pero hizo lo posible por calmarse.
—¿Qué... qué quieres? Dilo ya y vete... O gritaré. ¡No quiero nada que ver contigo! —amenazó con la voz más firme que pudo conseguir. Aún no había nadie que reparara en ellos. En respuesta, alzó más la voz—. Vete de aquí y déjame, ¡déjame en paz!
Uno no puede vivir creyendo que siempre es opción depender del resto de las personas. Debido a la crueldad que casi parece serles innata, antes de ofrecerle a uno la mano se burlarán. Si pienso en la situación por la cual la obligué a pasar, esta tonta tendría ya que haberse metido a un curso de defensa personal o en el peor de los casos se hubiera conseguido gas pimienta, una pistola eléctrica... ¡algo! ¡cualquier cosa! Casi me dan ganas de presentarle a Mairu y a Kururi. Aunque nada bueno podría resultar si esas tres se conocieran..., Izaya se cruzó de brazos y por ello dio las gracias al médico porque le había enyesado las manos de tal modo que pareciera que llevaba unos guantes delgados en lugar de las típicas manoplas que eran comunes al darse una fractura.
—Honestamente, Magenta-san, me importa poco lo que tú quieras. Pero, en lo que se refiere a lo yo quiero..., pues quiero tu perdón. Eso, quiero tu perdón y nada más —dijo Izaya con una sonrisa que podía considerarse agradable, incluso Rio la interpretó así—. Quisiera que pudieras perdonarme, pero, claro, pienso ganármelo. ¿Qué te parece? Si en algún momento necesitaras dinero, información o cualquier otra cosa, podrías pedírmelo. Pero, pese a todo, si accedes tendrías que darme algo a cambio: quiero que escuches todo lo que tenga que decir, no importa de qué tema se trate. Te buscare ocasionalmente en lugares como este, para que te sientas lo más cómoda posible, y hablaré contigo y tú escucharás. Y si lo haces, en algún momento dejaré que seas tú quien hable, quien haga preguntas y si llegas a ser hábil puede que logres tener la ventaja. Ahora que sabes las reglas a seguir, ¿quieres jugar conmigo?
—Lo tienes, me refiero a mi perdón —créetelo y marcharte ya.
El mundo no es tan cruel como tú crees, se recordó Rio un par de veces con el objetivo de no tener que salir corriendo. Los dedos los enlazó tras su espalda. El mundo no es tan cruel como tú crees, no lo es...
—Quiero saber que no me mintió —dijo en murmullos.
Izaya llegó a escucharla con toda claridad, y aunque no sabía de las palabras que la transportista le había dedicado a la joven hace ya unos meses atrás, pensó acertadamente que hablaba de la dullahan.
—Ella no miente o, al menos, yo nunca la he sorprendido haciéndolo. Aunque la explicación pueda ser que es de naturaleza inocente, virtuosa incluso, comunicarse con otros es todo un lujo para ella. Siendo así, yo tampoco lo desperdiciaría inventándome mentiras o diciendo cosas en las que no creo.
—¿Ella? —dijo, aunque ya lo había intuido. Siendo también mujer, había reconocido las curvas propias del cuerpo femenino cuando montó en la moto tras la jinete y se abrazó a su cintura para no caer. Recordó también que luego, a salvo en su habitación y estando muy agitada como para conciliar el sueño, se había detenido a pensar si ella sabía lo que le aguardaba en aquel edificio donde Izaya la ridiculizó sólo por el placer de hacerlo. Pero no fue capaz de pensar que lo sabía. Le salvó la vida y eso era un hecho que no se ignoraba sólo porque sí.
No tendría que desperdiciar el que aún respire.
Manteniendo una prudente distancia entre su persona y la joven, Izaya se recargó en un muro y puso todo de su parte para ocultar que ya empezaba a sentirse irritado. De manera estricta, sabía que se hallaba drogado por toda la cantidad de medicamentos que había tomado durante la noche anterior y por la mañana apenas se hubo desperezado. Sin consentimiento de Shinra, pero con la consideración de que las necesitaba para llevar a cabo la agenda que, en algún momento de la noche, armó, se había administrado medicina contra la gripe, la fiebre, el dolor... Se preguntó cómo era posible que no diera muestras de una debilidad tal que incluso alguien menudo como era Rio podría tratar de hacerle frente.
Culparé sus descuidos de lo que resulta verdaderamente sustancial porque soy yo quien la ha buscado. Lo cierto es que, aunque ingenua, me desconcierta un poco que sea capaz de mantener el temple. Por eso, no creo que vaya a retractarme por haberla elegido a ella sobre Manami o la otra chica que se le unió ese día en el karaoke.
—Sí, ella. La Motociclista sin Cabeza es mujer. Te dije que te sería honesto, pues ahí lo tienes. Si lo quieres, podrías llegar a causarme muchos problemas; tienes la posibilidad de que yo reciba un castigo justo por lo que te hice. Sólo tienes que usar las palabras adecuadas y plantear las preguntas correctas. Eso se aprende con la práctica. Entonces, tomando en cuenta mi propuesta de un disfrutable desquite, ¿aceptaras que te cuente mis pecados, cada uno por muy indecente que haya sido?
—Apuesto porque son muchos —dijo Rio, dejando ver que recriminaba su forma de ser, la de ambos en realidad. En tanto ella se debatía, Izaya supo que no requería de mucho esfuerzo para llegar a convencerla. Fui capaz de que considerara el suicidio como la única solución a sus problemas, a sus problemas aburridos y mundanos... pero, si soy justo, admito que se ha ganado esta oportunidad, se recordó.
—Así es, pero ya te das cuenta de que, si algo tengo, es tiempo —le mostró las manos heridas—. Tanto tiempo libre tengo que me sentiré aburrido y eso no suele pasarme tan a menudo. Soy el tipo de persona que no puede estar mucho rato sin hacer nada. Por eso mismo, yo soy rápido para dar con alguien interesante, es casi como si ellos me llamaran a gritos. Y atento como soy, voy a su encuentro. Siempre. Tal vez fue por eso por lo que te hice vivir un experimento social. Si somos positivos, podemos pensar que algo habrás tenido que aprender —como, podría ser, el desconfiar de todo aquel que te venga a cantar este tipo de propuestas, ¿no?
Mientras aguardaba la resolución de la joven, ésta quiso creerse que, si finalmente accedía a cumplir las peticiones de su victimario sería por la promesa de hacérselo pagar luego. Pero, en el fondo, quizá la respuesta fuera que buscaba entender el motivo que había tras las acciones de Orihara Izaya. ¿Era por esa razón que no le cruzó por la cabeza en ningún momento delatarlo, decirle a quien fuera lo que le habían hecho? ¿Era por comprenderlo, más que para no haber tenido que admitir que había sido una ingenua, una estúpida?
—Naku... Orihara-san... —lo llamó sin atreverse a mirarlo directamente a la cara. En parte porque no quería llegar a pensar que Izaya era atractivo, eso no se lo hubiera perdonado—. De haber muerto yo ese día, ¿te habrías sentido mal? Yo confiaba en ti. Te conté... te conté todo...
—No, que va. No, por supuesto que no me hubiera sentido mal—dijo, cumpliendo con lo dicho. Con voz calmosa y sin dejar de sonreír, dijo la verdad—: No lo hice en su momento y hoy tampoco renegare de que te hayan salvado, pero supongo que me habría impresionado más que saltaras, te estamparas de lleno contra el cemento y murieras. No obstante, lo pasado es pasado y ya nada puede hacerse. Lamentarse es inútil. Todos los que supieran lo que te hice me juzgarían, me dirían que soy lo peor de lo peor, pero heme aquí —Izaya se tomó la molestia de señalarse a sí mismo.
»A veces me pregunto cómo puedo seguir creando caos a mi alrededor sin que nadie me lo impida. Pero, la ironía dramática de mi vida es que, apenas me decido por hacer algo "bueno", como por ejemplo ayudar a un amigo en apuros, me castigan. Yo las pagaré todas juntas. Sabiendo eso, y si quieres tu venganza, tendrás que ser más lista. Pero si no la quieres me decepcionarás. En todo caso, tú ganas; uno se cansa de las decepciones. Son como puñaladas y créeme que sé de lo que hablo. Si te preguntas qué eres para mí, te digo desde hoy que representas mi plan de contingencia, ¿te han dicho lo que significa eso? Vaya, ese tipo de discursos son los que me hacen sentir mucho mayor y lo cierto es que te llevo pocos años... Eh, Magenta-san, ¿es que te has perdido en algún punto?
Rio lo miraba pasmada, como si no diera crédito a sus oídos. Definitivamente pensaba que nadie podía ser tan desalmado, pero bien que lo había escuchado. En realidad, lo que no terminó por creer fue su propia respuesta:
—De acuerdo, Orihara-san. Voy a escucharte.
El mundo no es tan cruel...
El mundo no es tan cruel...
Pero son crueles las personas que viven en él. Pero, si lo intento con ganas, podría yo ser mejor; puede que llegue a ser más lista...
—Me hace feliz escucharte decir eso —dijo Izaya, acortando un poco la distancia que los separaba—. Me hace feliz, pero, por hoy, no puedo seguir conversando contigo, aunque me gustaría. Tengo que ir al hospital para ver a mis hermanas y luego creo que me veré en la necesidad de aceptar que un monstruo me ayude.
—¿Eh?
—Si gustas puedo explicártelo. Pero será en otra ocasión.
—Eh, está bien... Orihara-san, ¿qué te ha pasado en las manos? —dijo Rio mientras guardaba su teléfono en el interior de su bolso, lista para irse.
Izaya no supo decir cuál era la razón de su pregunta. No supo si era porque le había dado curiosidad o porque tenía ganas de hacer uso del poder que él mismo le había dado hacia tan sólo unos cuantos minutos. Se forzó a sonreír cuando notó que la joven se había dirigido a él con el mismo trato informal que habían mantenido cuando eran conocidos en línea.
—Me ha roto los nudillos una persona —a él, que sabía la verdad mejor que nadie, no le sonó como una explicación completa.
—¿Qué persona?
—Heiwajima Shizuo.
—¿El hombre que viste de barista?
—Sí, él.
—¿Y por qué?
—¿Por qué se viste de barista? Veras, yo lo sabía desde mucho antes de que me lo dijera. Alguna vez Shizu-chan quiso confiarme que su famoso hermano simbólicamente le regaló un centenar de esos ridículos trajes. Entonces, ¿por qué se viste así? Pues porque es un sentimental. También podría revelarte el por qué se tiñe el cabello de rubio —se burló, antes de atender a la verdadera pregunta—. Me ha dejado así porque no me ha perdonado todavía, eso creo.
—¿Qué le hiciste?
¿Este hombre pensara que una buena mentira se construye con muchos detalles? Como si fuera a creerme que Heiwajima le iría a contar de buena fe algo como lo que me ha dicho. Se odian y eso lo sabe todo el mundo. Todos...
—Ser sincero con él. ¿Por qué no? Éramos... En fin, el punto es que hay personas que no pueden soportar la verdad.
Rio no insistió. Se dio la vuelta y se alejó hasta perderse y fundirse con el resto de los citadinos. Si Orihara Izaya quería contactarse con ella, sabía que lo haría sin mayores dificultades.
No dejará de aterrarme lo mucho que confían en mí, pensó Izaya. Luego, tomó la dirección contraria y se encaminó al hospital anexado a Raira.
N. del A. ¡Muchas gracias por sus lecturas, Follow/Fav, y comentarios! ¡Bonito fin de semana!
OtakuG4M3r: ¡Muchas gracias! Ya iré dando más pistas. Y sobre lo de Ao3, sí tengo cuenta (o eso creo), pero ya tengo cuentas en todo sitio posible, que me he olvidado de subir algo ahí... ¡Ups! ^ ^ Pero tu comentario es como un kudo y un like. ¡Saludos! :D
