Comen: (-u- )9
Capítulo 8.
Me encontraba en una cafetería de Magnolia con mi padre, Jude.
— ¡No es eso! — llevábamos discutiendo el tema como media hora—. Solo llevó dos meses aquí.
— Dos meses y medio.— contestó puntualizado–. Tu madrastra quiere verte.— me molesté demasiado con el comentario. Mi madrastra era un maldito demonio, tanto así, que la madrastra de cenicienta era una perita en dulce a comparación.
— Pues yo estoy bien aquí. ¿Sabes? Al inicio si era algo horrendo, pero ahora me gusta. Y me gusta mucho.
— ¡No puedes quedarte! — parecía que mi padre se había empeñado en ir a sacarme.
— ¡Tengo amigos aquí!. Me enviaste a que aprendiera una lección, ¿o no? — frunció el ceño.
— Es por un chico, ¿verdad?
— ¿Qué? ¡NO! — tal vez un poco, sí—. ¡No, no es por eso!
— Es que no te entiendo Lucy.— volvió a insistir—. ¡Querías dejar ese internado tan pronto como fuera posible!
— ¡Pero eso era antes! ¡ANTES!— mi padre suspiró.
— No es posible cambiar de opinión tan rápido. — me dedicó una mirada insegura.
— ¡Agh! — 'ok, es tiempo Lucy, suelta las lágrimas' y así como lo pensé, comenzaron a fluir—. De verdad quiero quedarme.
— E-e-está bien, Lucy, pero no llores.— se precipitó a darme algo para limpiar mis lágrimas e internamente hice un baile de felicidad.
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Regresé cantando a el internado, con un helado en la mano (si, la verdad era una niña consentida). Me bajé de la limosina dando pequeños brinquitos y me encontré a Gray en la entrada.
— Hey.— el asintió, se veía un poco desganado.
— Así que, ¿estás feliz porque te vas? — metió sus manos en sus bolsillos. Oh, era cierto, todos creían que yo odiaba este lugar y quería largarme en la primera oportunidad, lo había olvidado.
— No, Gray. No me voy a ir, quiero quedarme.— el pestañeó.
— ¿Enserio? Todos creen que te vas a ir.— sostuve más fuerte el helado para que no cayera.
— ¿Por qué? — Elfman te escuchó discutir con tu padre y pues, ahora toda la escuela lo sabe.
Oh, me llevé una mano a la boca.
— Iré a ver a Levy .— cuando llegué, la que se había convertido en mi mejor amiga, había inundado la habitación—. ¿Levy-chan?
— ¡Lu-chan! — y se aventó hacia mí, la recibí.— ¡pensé que te habías ido ya!
— Levy, todas mis cosas están aquí.— ella dio un paso hacia atrás.
— Ah, claro.— la decepción en su voz era latente—. Tienes que recoger tus cosas.— sorbió por la nariz y yo reí.
— No Levy, voy a quedarme.—ella se quedó estática, tomó un libro de la cómoda tranquilamente y de un flash el libro había llegado hasta mi cabeza.
— ¡LUCY HEARTFILIA ERES UNA INCONSCIENTE! ¿COMO PUDISTE HACERME ESO!? —pero entonces vi miles de estrellitas y terminé en el suelo de una manera no muy elegante.
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Tuve un flashback cuando desperté después de eso. Estaba en la enfermería, solo que esta vez, no había una Erza golpeando una cacerola, gracias al cielo.
— Oye, coneja, ¿estás bien? — como que esa pregunta ha sonado demasiadas veces últimamente. Esperen… ¿coneja?
— Gajeel.— La vocecita de Levy me advirtió quién era y levanté una mano esperando que atinara a golpearlo.
— Uff, creo que sí estás bien.
— No vuelvas a decirme coneja.— gruñí todavía con los ojos cerrados—. ¿Levy?
— ¿Si? ¿Lu-chan? — moví mi mano para que se acercara y cuando estaba cerca, piqué su frente con un dedo. Levy dejó escapar un sollozo—. ¡Lo siento Lucy!
A la mañana siguiente, me encontraba con la cabeza vendada y así me vi obligada a asistir a clase, Canna sonrió al verme.
— ¡Lucy! ¡Has asustado a todos ayer! — se levantó y golpeó mi cara contra su pecho—. ¡Te fuiste sin dar explicaciones!
— Lo sé, eso me han contado, pero solo tomé mi tarde libre.— Lissana me abrazó en cuanto entró, y todos me reclamaron como si fuera mi culpa.
¡Si tan solo supieran que tuve que rogar para quedarme! Todo fue culpa de mi padre, incluso que el beso de la tarde de el día anterior se hubiera estropeado. No puedo seguir pensando en eso, o sí?
La directora Mavis entró tarareando una melodía y todos tomaron sus asientos.
— Chicos.— su voz era suave y tierna, pero al mismo tiempo, por alguna razón, daba la impresión de respeto—. Va a haber un festival en Magnolia la semana que viene y al parecer, hemos sido invitados, así que la próxima semana habrá uno de esos viajes escolares.
Ella continúo hablando, pero mi mente ya estaba divagando de nuevo.
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— ¿Cómo te fue ayer con Natsu? — me preguntó Canna, me encogí de hombros.
— Ya sé que tocaré… ¿Cómo supiste que ayer estaba con Natsu? — ella levantó las cejas.
— Estaba contigo en el comedor cuando fuiste a buscarlo.— oh, si es cierto; le sonreí y ella frunció el ceño—. ¿Qué pasa contigo? ¡Estás en las nubes!
Iba a reclamar cuando Lissana entró con dos libros pesados y los dejó caer sobre su mesa.
— ¡Natsu me dejó plantada! — Elfman detrás de mí grito algo que tenía que ver con hombres y entonces Laki, una de las chicas que constantemente hablaba con nosotras habló.
— No Lissana, Natsu está en detención de nuevo.— todos la miramos y nos acercamos un poco a ella—. Bueno, esta vez lo mandaron por una semana completa.
— ¿Qué fue lo que hizo ese idiota? – pregunté consternada, ¿Qué podía haber hecho para que lo mandaran una semana completa a "atrás"?
—Pues...– Laki miró hacia todos los lados y se inclinó más hacia nosotras—. Escuché que golpeó al guardia de la entrada.
—¿Qué? ¿Por qué? — gritó Canna, no muy discreta, Laki se llevó el dedo índice a los labios para que se callara.
— No lo sabemos.— una venita brincó en mi frente, ¿que estaría haciendo? — por ahora, solo queda esperar a que regrese.
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Gray se sentó a mi lado a la hora de la cena. No se veía a Juvia en ningún lado.
Y justo ahora recuerdo que él había escondido las monedas en mi casillero, el muy hijo de…
— Se por Natsu que ya te enteraste.— fue lo primero que me dijo. Asentí sin quitar mi mirada fulminante de su cara—. Lo siento, sí? Todo fue por Happy.
— Sí, lo entiendo.— y entonces estampé mi puño en su mejilla.
— ¡Pensé que lo entendías!
— Eso no significa que no merezcas un castigo y mejor aprovechar ahora que no está Juvia por aquí.— Gray soltó una carcajada mientras tocaba su mejilla inflamada.
— ¡Me lo merecía! — asentí y por alguna extraña razón, el patético intento de coleta se zafó y cayó al suelo.
Díganme que no hay fantasmas en este lugar, ¡por favor! Le rogué a no sé quién.
Gray recogió la coleta del suelo y se le quedó mirando de forma extraña, ¿qué? Solo era una coleta, no tenía nada extraño, no es como si de repente fuera a explotar o a salir un extraterrestre de ahí.
— Esta cosa… — el me la entregó y la use para volver a amarrar mi cabello—. ¿Es tuya?
Um, ¿Por algo la estoy usando, o no?
— ¿S-sí? — el pestañeó y miró sobre su hombro, como esperando que alguien apareciera, luego regresó su vista hacia mí.
— Va a sonar extraño, pero ¿Natsu te la dio? — levanté una ceja y el frunció los labios—. Es que él tiene, dos de esas cosas, iguales a la tuya.
Ah, las coletas que me robó aquella vez… las recuerdo bien, aún no me las devuelve.
— Son mías.— Gray se enderezó súbitamente y yo tomé agua de mi vaso. Me miró con los ojos entrecerrados.
— ¿Estás saliendo con Natsu? — y toda el agua se desperdició. Maldita sea, ¡mi agua! lo miré y entonces me di cuenta que lo había salpicado, tenía los ojos cerrados y una expresión de tranquilidad fingida. Apuesto a que si no fuera una chica, me habría golpeado.
— ¿eh? Lo s-siento. – miré mi reflejo en el vaso plateado y estaba sonrojada—. N-No, ¿qué estás diciendo Gray?
— Es que es extraño.— se limpió el agua de la cara con una servilleta y se quedó pensativo un momento, luego habló indeciso—. No te habrá puesto algún mote, o sí?
¿Eh? ¿Y eso qué tenía que ver aquí? Titubeé por un momento pero negué con la cabeza.
— Oh, bien.— le dio un sorbo a su jugo. Tuve ganas de decirle que probablemente había sido invadido por mis gérmenes. Pero mejor pregunté.
— ¿Por qué lo dices? — él sonrió un poco.
— Porque Natsu les pone motes a las chicas que le gustan.— abrí la boca de sorpresa, y el terminó de beber. Se levantó y se despidió con una mano—. No le digas que te dije…
Sí. Me había puesto uno pero no dejé que continuara diciéndolo. En ese instante entró Mirajane al comedor y recordé a Lissana, y luego escuché la voz de Natsu en mi cabeza "Liss, Liss".
Sentí un pinchazo, ahí, justo donde debería estar mi pequeño, dramático e indeciso corazón, que ahora ardía a muerte.
¡No! ¡de nuevo esta mierda! Corazón, te ordeno que dejes de sentir dolor y que no te alteres. Bien, vamos cuerpo, tienes que levantarte de aquí y volver a tu habitación.
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Natsu regresó la noche antes de la "excursión". Y lo supe porque se fue a parar a la puerta de mi habitación.
Estaba comenzando a quedarme dormida cuando unos golpes fuertes vinieron de la puerta.
Me levanté como alma que se la lleva el diablo, Levy también susurró algo pero no se inmutó. Me dirigí hacia la puerta cautelosa y más golpes llegaron de la puerta.
— Sí, sí, ya voy.— y cuando abrí la puerta, ahí estaba él jadeante—. ¿Natsu?
— Lucy…—avanzó hacia mí y me envolvió en sus brazos, dejando mis brazos tensos y mi cara contra su hombro.
Sí, sí, me alegraba de verlo, pero me estaba rompiendo las costillas.
— Oye.— el me abrazó más fuerte y escuché todos mis huesitos gritar dentro de mi—. Nat..natsu me estás lastimando…
— Lo siento.— me dejó libre y por fin logré respirar—. ¡No te fuiste!
Pestañeé varias veces, ¿No me fui? Obviamente no me fui, ¿de qué estaba hablando?
— Natsuu de qué… — y entonces hubo un grito de Erza, no un pequeño y tierno grito, sino uno de esos que daban en las guerras. No lo pensé mucho y jalé su camisa para que entrara a la habitación, cerré la puerta con el seguro y lo metí en el armario—. No te muevas de ahí.
No tardó mucho en golpear mi puerta.
— ¡Lucy! — me esperé para que pensara que estaba dormida, pero volvió a golpear la puerta—. ¡Lucy!
— V-voy.— me unté la primera crema que encontré en los ojos y abrí la puerta—. ¿Qué pasa?
— Ew, ¿Qué tienes en los ojos? — precisamente eso estaba comenzando a preguntarme, por que una vez que lo unté, los ojos me escocían de forma que si no me puse a chillar, esa para intentar salir vida.
— Es una crema. — dije intentando olvidar el ardor.
— ¿Para qué...
— Para las arrugas. — a través de la cosa esa vi que Erza me miraba como si estuviera loca.
— ¿En los ojos? — un ligero sollozo salió de mi garganta.
— ¿Se te ofrece algo? — Erza pareció olvidar la crema unos minutos y frunció el ceño molesta.
— Natsu…
— ¿Natsu? ¿Le pasó algo? — vamos Erza, vete de aquí ya...
— ¿Está por aquí? — negué—. Disculpa por molestarte, creí que había venido para este lugar, um, vuelve a dormir.
Asentí y cerré la puerta con el seguro de nuevo, la puerta del clóset se abrió y yo busqué una toalla con qué quitarme la crema extraña.
¡Agh, mis pequeños y tontos ojos, agh! Sollocé contra la toalla y me dirigí al lavabo.
Natsu comenzó a reír y me apunto con el dedo índice.
Pareces algún pez extraño - ¿Por qué de todas las cosas…un maldito pez? Limpié mis ojos y pestañeé varias veces hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad.
— ¿Estás bien? — Natsu por fin se interesó en mis ojos ya que estaban libres de sustancia química extraña. Asentí y el miró a Levy.
— Tiene el sueño algo pesado.— me crucé de brazos avanzando hacia mi cama.
— No te imaginas.— me senté en el borde y él se dejó caer a mi lado.
— Así que, ¿te ibas a ir? — seguía con eso y yo no terminaba de comprender a que se refería.
— Um, ¿cuándo?
— ¿Tu padre? — entreabrí los labios.
— Oh sí, larga historia, al final decidió dejarme.— el asintió con una sonrisa inocente—. ¿Qué hiciste para que te castigaran por tanto tiempo?
— Iba a buscarte y el guardia no me quería dejar salir, tuve que tomar medidas drásticas.
Lo que quiere decir que lo habían castigado por mi culpa.
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Natsu salió por la ventana intentando no hacer ningún ruido. Levy ni si quiera se levantó de la cama ni despegó los párpados, me acosté en la cama hecha un lío de sentimientos y esperé a que el sueño me bombardeara.
A la mañana siguiente, el primer plano de visión al abrir los ojos, fue la cara de Levy con las manos en las caderas, lo que quería decir que estaba enojada por algo.
¿Qué será?
— ¿buenos días? —ella me tiró una bolsa a la cara.
— Lucy, ya es hora de irnos a la "excursión".— hizo la señal de comillas—. Te desperté desde antes de bajar a desayunar, y ¿aún no estás lista?
— ¿Qué? ¡No! No me despertaste.— giré sobre mi cama para alcanzar el móvil y vi la hora.
¡Mierda!
Brinqué de la cama y corrí hacia el baño, en menos de 10 minutos, estaba lista, solo había un problemita…¿Dónde estaban mis malditos Jeans?
— ¿Terminaste? — Levy guardó los uniformes de porrista que nos harían llevar para el desfile en una bolsa, tenía el ceño fruncido mientras terminaba de cerrar el bolso.
— ¿Dónde están mis malditos jeans? — revolví la ropa en el armario.
— Los llevé a la lavandería.
— ¿Qué? ¿Por qué? —ella se encogió de hombros y se colgó el bolso al hombro.
— Te espero abajo, ponte una de tus miles de faldas Lucy.— y diciendo eso, abrió la puerta y la cerró de un portazo.
Gruñí para mis adentros y tomé la primera falda que localizaron mis ojos, era negra, agh, ¡no había tiempo!
Mallas y botas. En lo que me ponía las mallas, me enredé y terminé cayendo elegantemente sobre mi trasero. Que bien que no había nadie para ver mi habilidad de amar el suelo.
Alguien tocó la puerta y comencé a colocarme las botas.
— ¡Voy! — Canna abrió la puerta y me encontró sentada en el suelo de la manera más … ¿varonil? Posible. Se atacó de la risa en cuanto me vió.
— ¡CANNA! — me levanté de un salto y arreglé la ropa—. ¡Deja de reírte, demonios!
Ella golpeó la puerta con la palma mientras seguía atacándose de la risa. Mirajane se asomó detrás de ella.
— Oh mi… — ¿Qué? Me miré en el espejo y vi que la falda estaba mal colocada, agh, esta cosa estúpida… y no hablemos el rayón de labial en mi mejilla.
— Nos vamos en cinco minutos Lucy.— asentí mientras restregaba una de mis blusas sobre mi cara, Canna se contuvo y se limpió las lágrimas que habían salido de sus ojos.
— Lo siento Lucy, ejem.— la miré molesta y ella volvió a reír—. Solo venía a pedirte los boletos del autobús, Levy los está pidiendo.
— ¡Los boletos! No los tengo, ¡los dejé en los libros que regresé a la biblioteca hace unos días! — la cara de Canna se volvió azul.
— ¿¡Y como piensas que las dejen subir sin los boletos!? — me lo pensé por unos segundos.
— Podemos ir caminando…
— Ni lo pienses, Levy está enojada. — maldecía y terminaba de limpiar mi mejilla.
— Iré a buscarlos, ahora regreso.— y corrí como loca por los pasillos del edificio hasta llegar a la biblioteca.
La señora detrás del mostrador me gritó que no debía correr pero la ignoré y llegué en dos segundos hasta donde vi el libro la última vez.
Había millones de copias del mismo maldito libro. Miré mi reloj, ¡faltaban dos minutos! Me sentía como una de esas personas con el tiempo contado para desactivar bombas.
Sacudí un libro y los dos boletos amarillos cayeron al suelo. ¡JA! ¡LUCKY!
Me levanté al mismo tiempo que escuché una risotada, ¿era la voz de Natsu?
Me asomé por el pasillo, y ahí estaba riendo, y entonces se inclinó hacia la otra persona y vi a Gray a su lado. Tenían una computadora en las manos y Gray deslizaba los dedos sobre el teclado con gran habilidad.
No tenía tiempo para esto. Natsu cerró la computadora con fuerza y ambos se dirigieron a la salida. Algo andaban tramando esos dos… ¡Pero no era hora de averiguarlo!
Corrí a gran velocidad con los boletos en la mano. Gray y Natsu caminaban tranquilamente hacia la entrada, se veía que no les importaba en lo más mínimo llegar tarde.
Algo me decía que si los pasaba corriendo, sabrían que los había visto, pero…llevaba prisa. Y así pasé a gran velocidad entre ellos.
— ¿Luce? — miré sobre mi hombro molesta sin detenerme. Escuché como sus pasos comenzaron a hacerse rápidos detrás de mí.
— ¿Luce? —repitió Gray—. ¡Espera, Natsu!
Y corrí lo más rápido posible para que Levy no me degollara en cuanto me viera. Natsu me había alcanzado ya y Gray se había quedado atrás.
— Lucy.— lo miré de reojo, tuvo en descaro de sonreír—. ¿Entrenando para las olimpiadas?
Lo cual, he de decir, me distrajo bastante al recordar el tremendo…um, beso que nos habíamos dado aquél día. Obviamente, al distraerme, terminé tropezándome con mis propios pies (peor que Bambi al nacer, eh?).
El alcanzó a tomar mi brazo y yo reí nerviosa.
— Lo siento.— me solté y seguí corriendo como loca, y cuando digo loca, quiero decir que mis piernas convertidas en gelatina se movían de forma extraña.
Cuando llegué al bus, Levy miraba su reloj con el ceño fruncido.
— ¡Levy-chan! — ella suspiró y me arrebató los boletos dorados de la mano. Se los tendió al chofer mientras yo recuperaba el aliento.
Él los perforó y se los entregó a Levy.
— Los necesitarán para el viaje de regreso, así que recomiendo que los guarden en un lugar seguro.— y diciendo eso me miró con desconfianza. Se volteó y yo levanté mi puño en el aire en signo de que quería golpearlo, pero Levy solo jaló mi blusa y me obligó a subir detrás de ella.
Todo el viaje de 15 minutos, miré por la ventanilla recordando que la última vez que había salido de Fairy Tail, había sido con mi padre diciendo algo sobre regresar a casa. El sólo pensarlo, hizo que mi cabeza comenzara a doler.
— Lo siento Levy.— ella sonrió y rodó los ojos.
— No te preocupes Lucy. — me dio unas palmaditas en la espalda—. Me dijo Canna que habías perdido los boletos-
Sentí una gotita de sudor resbalar en mi sien.
— ¿Qué? Nah, cómo crees.— y me metí un dulce a la boca al mismo tiempo que miraba por la ventana algo nerviosa. Levy rio por lo bajo.
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Llegamos a una calle con muchos remolques. Los maestros indicaron el remolque en el que nos cambiaríamos para el desfile.
Sí, iba a haber un desfile, un desfile antes de inaugurar el festival de Magnolia, en el cuál, íbamos a participar las chicas de Fairy Tail con una porra y los chicos… no tenía idea que harían, pero se supone que sería cool.
— Toma.— Levy tiró el uniforme y yo lo caché en el aire.
Me vestí el uniforme rojo con líneas negras y después las mallas con tennis. Cuando salí, todas estaban ya vestidas y se levantaban el cabello, todo parecía como en esos programas donde las chicas tienen hileras e hileras de espejos pero igual se pelean solo por uno. Me imaginé a Erza empujando a Mira en el espejo y no pude evitar reírme.
Encontré a Levy colocándose unas horquillas para sostener su cabello. Resulta que hubo una chica con la magnífica idea de ir peinadas todas igual y eso resulto en que sería una coleta alta.
Levy ayudó a controlar mi cabello que literalmente, era un gato endemoniado; después de pelear con uñas y garras con él, por fin terminé peinada y arreglada.
Las chicas comenzaron a salir hacia el "carro" que nos llevaría en el desfile, todas excepto Levy y yo que nos habíamos quedado batallando contra mi cabello.
— Se nos hace tarde.— Levy y yo salimos del camerino lo más rápido posible.
Sí, estaba corriendo de nuevo, fue cuando alguien tapó mi boca y, aunque peleé contra esa persona, no me soltó para nada.
¿Pero qué es esto? ¿Me están secuestrando? ¿y si es un asesino? ¿y si es un asesino que quiere vender mis órganos en internet? O ¿un asesino que quiere torturarme? ¿o un enfermo que quiere tener una novia porrista? O peor aún, un enfermo asesino que quiere tener una novia porrista para después torturarme, matarme y vender mis órganos por internet?
Peleé más fuerte mientras era jalada hacia un callejón oscuro.
— Deja de entrenar para las olimpiadas, Lucy.— golpeé a Natsu en el estómago con mi codo y él se dobló sobre sí mismo.
— ¡ERES UN IDIOTA! ME ASUSTASTE! — las sombras no dejaban que distinguiera exactamente cómo iba vestido, de hecho, no podría notarlo porque llevaba una capa negra, con una capucha que tapaba su cabeza, parecía uno de esos temerarios que matan gente en las películas de acción.
Él se incorporó con un gruñido y quitó la capucha para dejarme ver su cara.
— Lo siento, no planeaba asustarte.— fruncí el ceño.
— ¿¡Entonces!? —moví mis manos pidiendo una explicación y él se aclaró la garganta.
— Tu cuello.— toqué mi cuello en busca de algún insecto o algo extraño en él.
— ¿Qué tiene? — un leve y lindo color rojo cubrió sus mejillas. Se cruzó de brazos apartando la mirada.
— Se ve…
— ¿y eso qué? — el me miró como si fuera idiota y me desesperé—. ¿Qué? ¿Qué tiene?
— ¡No puedes ir por la calle así! — ok, enserio, no veía su punto en eso.
— Er, sí, sí puedo, es solo mi cuello.— me di la vuelta y comencé a caminar en dirección a la calle—. Ahora me voy, tengo que llegar a…
Y entonces tomó mi mano y terminé estampada contra la pared, me inmovilizó tomando mis manos a los lados de mi cabeza y lo reté con la mirada.
— Se puede saber— comencé mascullando al inicio— ¿¡qué es lo que estás haciendo!? – él sonrió.
Santísima mierda.
Vi la sexy línea que creaban sus labios y cerré los ojos lo más fuerte posible, escuché su risa resonar en mis oídos. Maldición, maldición, maldición.
Él lo prometió, prometió no volver a besarme, no se atrevería a romper esa promesa… ¿o sí?
Y entonces sentí como sus labios se deslizaban en mi cuello y yo abrí los ojos de la sorpresa… ¿Qué estaba…
Sentí su respiración y un escalofrío recorrió toda mi espalda.
—N-nat… —su lengua atacó sensualmente mi cuello y aguante la respiración. Y entonces ...me mordió…
Me mordió, literalmente, me ha mordido. Intenté empujarlo, pero no se movía de mi cuello, y entonces hace algo aún peor, y chupó.
Hijo de puta.
Lo empujé con todas las fuerzas posibles y él se separó riendo. Llevé una mano a mi cuello y descubrí que el lugar donde había mordido, dolía a muerte.
— ¿me hiciste un… chupón? —mi tono era de incredulidad. Voy a matarlo. Su sonrisa se borró en un dos por tres y frunció el ceño—. Esto acaso es un… ¿chupón?
Él tomó distancia y yo di un paso adelante con determinación. Oh mierda, estaba tan malditamente molesta.
— ¿qué DEMONIOS TE PASA!?
— ¡No puedes salir así!
— ¿acaso eres mi padre para prohibirme algo? MALDITA SEA NATSU! COMO CREES QUE VOY A CUBRIR ESTO! — señalé el chupón y él se cruzó de brazos.
— ¿Que tal, si dejas que tu cabello lo cubra? — la había liado de la forma más horrible del universo.
— ¿¡Así que por eso lo hiciste!? — avancé hacia él con paso decidido y ahora era él quién estaba contra la pared—. ¡Demonios Natsu! ¿Quién te crees que eres?
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comen: eso de corregir los trabajos es muuuuuuy pesado! más cuando es taaaan largo.
¿QUE CREEN QUE CONTESTEE?
¿REVIEWS?
