Las piezas son de J.K. Rowling, el puzzle es mío ;)

Capítulo 8

La culpa la tenía el Pie

- No puede ser... – Murmuró la chica, sin quitar la mirada en el joven quien le sonreía abiertamente. Lo que significaba; problemas.

- Lily, querida – Decía el joven acercándose a ella – Necesitaba verte... y creo que tu necesitabas verme a mí – Le tomó las manos entre las suyas, mirándola cariñosamente. Era un joven unos centímetros más alto que Lily, tenía el cabello marrón y ojos azulados, bastante guapo.

Lily estaba simplemente atónita, no sabía qué hacer. El joven comenzó a exasperarse por el silencio que la joven brindaba, hasta que la señora Evans habló.

- ¿No nos dirás quién es, Hija? – Preguntó curiosa. Lily pareció despertar del sueño en que se encontraba y miró a su madre molesta.

- Familia, John; John, familia – Dijo apresuradamente sin importancia – Y ahora, con su permiso – Exclamó, enojada, cogiendo al joven por el abrigo con fuerza y dirigiéndose a la cocina. Al entrar, soltó al muchacho y le miró furiosa - ¿Qué estás haciendo aquí?

- Lily, ¿Acaso no te alegras de verme? – Preguntó el joven, con un tono falsamente dolido, acercándose a la joven.

– John... respóndeme. Sé que todo esto es un jueguito tuyo, deja el drama y dime la verdad... – Le exigió Lily molesta con una mano en alto, tratando de que el chico no se le acercara – No puedo creer que hayas tenido las agallas de aparecerte en MI casa, a millones de kilómetros de distancia de Nueva York.

– Bien, bien, si tu lo dices. Me llamaron a mi departamento, tu queridísima amiguita de la que no recuerdo el nombre; Lucy, Susy, algo por el estilo – Dijo con el entrecejo fruncido – Me dijo que viniera enseguida a ayudarte con un problema feroz – Le explicó con un tono de voz teatral, cogiendo una manzana, muy verde, de un frutero que se encontraba cerca – ¡Está deliciosa!

- ¡John! – Le apuró la pelirroja mientras el joven terminaba de comer su primer bocado de la manzana.

- Bueno, al principio estuve bastante extrañado, no pensaba que quisieras que viniera, pero claro, he venido a verte – Terminó diciendo con una coqueta sonrisa.

Lily se quedó en silencio, mirándolo suspicaz, ya teniendo la idea de quién podría haber sido quién hubiera llamado a John. "Susan".

- Vamos, he venido a ayudarte, Lily. Ahora, dime dónde está ese hombre del cual debemos sacarle celos, ya que estoy bastante entusiasmado – Le dijo el muchacho, acercándose a ella; lo que Lily distinguió que quería besarla, pero ella fue más rápida y lo empujó lejos.

- ¡No te me acerques!

- ¿Por qué ese carácter, mujer? ¿Qué tienes contra mí?

- ¿Debo recordarte acaso que fuiste tú el que se acostó con mi compañera de piso, el día de nuestro aniversario? – Exclamó la joven, subiendo el tono de su voz cada vez más alto.

- ¿Era nuestro aniversario?

- ¡Ahrrgg, Eres un idiota!

- Está bien, está bien, cálmate. No quiero que se sepa por todo el pueblo.

- Descuida, ya todos lo saben – Dijo Lily indiferente a la asombrada mirada de John – Ahora, no te me acerques...

- ¡Ey, no me tomes a mal! Yo estoy muy bien con Nadine – Le espetó John comiendo otra vez de la manzana.

- ¿No que Mareen fue la chica con la que te acostaste? – Le interrogó Lily claramente confundida.

- Oh, eso es caso viejo. Ahora salgo con Nadine, una chica guapa, de un metro setenta, muy conservadora, algo salvaje si, pero en la cama...

- ¡Pero qué dices! – Le exclamó la joven, caminando por toda la cocina, de un lado al otro - Te quiero lejos de aquí, ¿Me entendiste?

- Lily, ¿No van a venir a cenar? – Preguntó Marty desde el otro lado de la puerta de la cocina.

- ¡Enseguida! – Exclamó la chica, fuerte y claro, para que la escucharan. Miró a John asesinamente y con el dedo índice apuntándolo, le dijo – Te irás ahora mismo, no necesito de tu ayuda, ni que fuera una pobre mendiga. Te llevaré a la puerta y no te quedarás a cenar, ¿Entendido?

John, conociendo el temperamento de la pelirroja, no se había ni asombrado. La había visto peor muchas veces antes. Terminó de comerse la manzana, mientras que Lily le miraba con esos ojos que le volvían loco.

Le asintió con una sonrisa, falsa para el gusto de la pelirroja, y se dirigieron al comedor donde toda la familia Evans los esperaba.

- Disculpen – Dijo Lily a los presentes – John debe irse, tiene su trabajo esperando en Nueva York y no debe faltar mucho más tiempo, ¿Verdad, John? – le preguntó la pelirroja con un tono amable, terriblemente falso, al joven, acompañada con una mirada realmente asesina.

- Sí, claro – Dijo el chico muy seguro. Era bastante bueno en mentir – Lamento arruinarles la cena, de seguro que estaban todos esperando que me quedara... pero bueno, no será posible – Indicó con un tono de voz un TANTO dramático.

- Oh, pero eso es una pena – Dijo la señora Evans, levantándose de su silla – Teníamos las chuletas de cerdo a la parrilla listas para servir y, además, nos sobró un pie de Manzana.

- ¡Oh, mi favorito! – Indicó el joven, con voz lastimera, con una mano en el pecho, indicando de que estaba herido – Qué pena que no pueda quedarme, y que yo...

- Bien, bien, la plática acabó, ahora él se va... – Exclamó Lily bastante molesta porque John estuviera comenzando una conversación con su madre. Lo empujó hasta la puerta, mientras que él se despedía con la mano, cuando, de pronto, la voz de Joyce resonó en la habitación.

- ¿Pero por qué no te quedas? Aquí eres bienvenido...

- Madre, te dijo que debía irse a su trabajo – Musitó la pelirroja cansada.

- Pero puedo llamar y decirles que mi avión se tardó – Dijo el chico calmado – Además, no tengo que hacer algo tan importante... – Lily le miraba cada vez más furiosa.

- ¡Perfecto! – Exclamó la señora Evans, deleitada – Te serviré enseguida una porción de chuletas de cerdo. ¡Siéntense, siéntense! – Dijo, levantándose de su asiento y caminando a la cocina, tarareando una canción.

- ¿Estás loco? ¿Qué te ocurre? – Le murmuró la pelirroja al chico. Éste le sonrió falsamente.

- Me quedaré a cenar, como dijo tu madre. Además, ella me invitó – Dijo antes de caminar hacia la mesa y sentarse para platicar con la familia de Lily.

- ¡Por favor que alguien me recuerde matar a mi madre lo antes posible! – Murmuró la joven, con desprecio, para sí misma. Ahora, sólo le quedaba aguantar a su ex-novio y a su familia, al mismo tiempo.

oOoOo

Notó como una pareja, tomados de la mano, había entrado al local, y se habían sentado en uno de los mesones un poco más lejos que él.

Se había quedado observándolos, tomando cada dos minutos, un trago de su cerveza. Podía notar cómo el joven le hacía mimos a la muchacha. Le besaba la mejilla, el cuello, y se reían, felices. Pero él ya había olvidado cómo se sentía estar con alguien, en una verdadera relación. Quererla, cuidarla, protegerla. Creyó haber sentido tales sentimientos esa tarde, en su departamento... Había sido un tonto.

- Señor, ¿Desea algo más? – Le preguntó el cantinero mientras limpiaba el mesón. James negó con la cabeza, mirando su vaso en sus manos ya vacío. Tenía una gran ansiedad pero no sabía de qué era. Claramente, la cerveza no le resolvería ese problema.

Decidió ya retirarse. No estaba de ánimos estar en el mismo lugar, teniendo que soportar el continuo coqueteo de la pareja. Dejó el dinero que debía pagar en el mesón, junto con el vaso de cerveza. Se despidió del cantinero con un gesto de cabeza y salió del local.

Afuera, estaba todo húmedo por la lluvia. Se tapó con su chaqueta y comenzó a caminar hacia la otra acera, para poder quedarse bajo un techo sin mojarse lo suficiente como para coger un resfriado.

A su lado pasó una joven, corriendo, respirando hendidamente, de cabello pelirrojo. James la observó perderse en un callejón. Sintió algo que antes nunca había sentido, pensando inmediatamente en Lily. Y luego pudo notar cómo un joven seguía a la chica hacia el callejón. James corrió para cerciorarse de que todo estuviera bien, cuando de pronto notó cómo los dos jóvenes se abrazaban, tranquilamente, empapados.

Algo estrujó su corazón por completo, y James sólo reaccionó a darse una media vuelta y comenzar a caminar, calmado.

¿Qué le ocurría? ¿Era por Lily que se sentía así? Claro, era por Lily. La extrañaba, la quería tener a su lado, en sus brazos, abrazándola, besándola. Pero ¿Qué podría hacer? Lily no quería verlo, no quería saber nada de él. De seguro ya lo había olvidado...

¿Pero y qué le importaba? No fuera que le gustara Lily... "Lo admito, me gusta terriblemente" Se dijo en un susurro.

Entonces ¿Qué debía hacer? Ir a la boda de Stace, tratar de evitar a la pelirroja y... volver a casa. No, no podía. No quería irse sabiendo que su pelirroja estaba enojada con él. Debía ir a verla, hablar con ella... Pero la conocía bastante como para saber que si se presentaba en su casa, en unos pocos minutos se estaría dirigiendo al hospital. ¿Qué debía hacer?

Volvió a entrar en el bar-restaurante en que se encontraba, pensando en comer algo grande esa noche. El cantinero se acercó a él con una sonrisa, ya de cansancio. James tomó el menú, pensando en pedir lo primero que veía. Y lo hizo.

- Un Pie, por favor – Pidió, dejando el Menú de lado. El hombre le miró con ojos raros.

- Tenemos una gran variedad de postres, como Pie de frutilla, de frambuesa o de Manzana.

- El que sea, sólo tráigame un Pie.

- Será de Manzana entonces; se ve que este no ha sido su día.

- Definitivamente no – Musitó, mientras el hombre se perdía detrás del mesón. Esperó unos diez minutos cuando de pronto, un pedazo del famoso Pie de Manzana se encontraba frente a sus ojos.

- Aquí lo tiene, el mejor Pie de Manzana de Naperville – Le indicó el hombre, sonriéndole, comenzando a limpiar otra vez el mesón.

James observó el plato frente a él. Se veía bastante delicioso, un tanto jugoso y muy sugestivo. Cogió un tenedor que le había pasado el hombre y probó un pedazo del postre.

Definitivamente era el mejor Pie que había probado. Se sentía tan delicioso, jugoso como lo había previsto. Se relajó por completo al sentir el sabor en su lengua. Muy bueno.

Los recuerdos de Lily junto con los de esa tarde se desvanecieron. Los recuerdos de sus padres, sobre el accidente, desaparecieron. Todo se veía mucho más simple y encantador. Por un momento pensó que el hombre de mirada extraña le había echado algo al postre; droga.

No, no podía ser. Era simplemente el mejor Pie del mundo. Por fin algo que podría saborearlo, aunque se acabara luego, ese sabor duraría para siempre. Por fin, algo que le gustaba desde que había vuelto a Illinois. Aparte de Lily, claro. Ese era un caso aparte.

Ahora, frente a sus ojos, dentro de su boca y ahora de su cuerpo, se encontraba lo mejor de lo mejor. Y por un momento, todas las veces en que se sintió culpable, en que quiso culpar a alguien, se desvanecieron. Ahora, toda la culpa la tenía el Pie.

oOoOo

¿Qué podía ser más terrible que tu madre y tu ex-novio estuvieran conversando de lo mejor, pareciendo a simple vista unos buenos amigos, mientras que tú no puedes hacer absolutamente NADA? Nada, para Lily Evans que se encontraba sentada entre su ex-novio y su madre, callada, intentando no explotar.

¿Cómo había llegado a tal situación? Pues, claro, porque su madre era una gran bola de... una mala madre incompetente sin entender (ni querer hacerlo) los sentimientos y gustos de su hija, sin olvidar a su estúpido, también incompetente e idiota ex-novio que intentaba hacerla sufrir de una manera tan lenta que ya se estaba más que exasperando.

Su madre lo había invitado a cenar, hasta quién sabe tal vez a quedarse a dormir, ya que James se había ido... James. Por un simple momento se le había olvidado ese ilustre y fantástico... ¿Pero qué diablos pensaba? James era como ellos dos; un idiota, imbécil e incompetente. ¿Podía ocurrirle algo peor?

- ¿Quieres postre, querido? – Le preguntaba una cordial ("...y falsa...") Señora Evans al guapo joven que se encontraba sentado al lado de su hija.

- Desde luego, Joyce – "¿Pero qué diablos pasaba aquí? Mi madre sabía de lo horrible que se portó John conmigo, de cómo me engañó, ¿Y tiene la bastante confianza de dejar que la llamarla por su nombre? ¡Por Dios, qué familia!" Pensaba una Lilian desconcertada. Y aún más al notar cómo John giraba su cuerpo para quedar mirándola, con esa mirada con la que siempre conseguía lo que quería – Y bien, amor, ¿Aún no tienes pareja para la boda de tu hermana? – Le susurró el chico.

- La boda de mi prima, y no... No necesito pareja – Le respondió Lily mordaz, mientras que su prima; Stacy, los miraba de soslayo.

- Vamos, Lily, querida, justo he llegado a visitarte y no quieres invitarme a la boda...

- Exacto, no quiero.

- ¿Sigues enojada por lo que ocurrió en Nueva York? ¿En nuestro aniversario? – Tenía que recordarle eso. Lily sólo se limitó a cerrar los ojos, intentando no mirarle – Vamos, no puedes seguir así conmigo. Creo haber entendido que eso ya es pasado. Ahora, nosotros estaremos mucho mejor.

- Primero, John; no existe un nosotros, y segundo; estoy haciendo lo posible por no golpearte en éste mismo momento, sólo porque mi familia está presente...

- Pero qué cosas dices, Lily.

- Bien, bien, viene saliendo un pedazo de Pie de manzana – Decía la señora Evans empalagosamente, moviendo sus caderas en forma de alegría, entrando al comedor.

- ¿Lo has vuelto a cocinar tú, querida? – Preguntó Joann, mirando el Pie con un gesto de disgusto, no muy distinguido. Joyce le sonrió, ampliamente.

- Ya sé, créanme, que ya se que mis Pies no son una delicia, pero éste año he cambiado la receta y, claro ¡Han quedado de maravilla!

- Eso es grandioso, amor – Decía Víctor, el padre de Lily, acariciando el brazo de su esposa. Mientras que su hermana, Joann, seguía con el gesto de desagrado en su rostro.

- Se ve muy bueno, Joyce – Dijo John observando cautelosamente el Pie, bajo la fría mirada de Lily; sabiendo que su ex–novio quería algo más que el postre.

- Gracias, lo sé – La señora Evans cortó el primer pedazo y se lo entregó, servido en un plato con cubiertos listos, a John, quien le agradeció con la mirada y comenzó a comerlo. Luego le sirvió a Stacy, quien Lily notó que estaba bastante callada. Les sirvió después a los Señores Carlston y a su sobrina Marty, a su esposo; Víctor, y por último, a su hija.

- No, gracias – Le negó la pelirroja con una mano en alto, alejando el trozo de Pie lo más lejos posible. Lo último que quería era tener que vomitar por culpa de su madre.

- Vamos, querida, pruébalo aunque sea – Joyce le miraba con el rostro bañado en ansias, esperando a que Lily tuviera que coger el plato y probar el postre, gritando de alegría cuan delicioso estaba; Algo que Lily no pensaba hacer.

- Te dije que no, madre, gracias... – Dijo con tono mordaz, quitando la vista del recipiente para no estallar. Su madre le colocó de todos modos el postre frente a ella, y con voz rígida, le dijo:

- Te lo comerás todo, señorita, o si no, no se va de esta mesa – "¿Pero qué cree? ¿Que tengo seis años?". Lily pensó que mejor se lo comía de una vez por todas así su madre no armaría más escándalo y podría irse cuando terminara la cena, pero el pensar el sabor que tendría el Pie le llenaba de temor.

Sin duda, su madre era una excelente cocinera, tal vez la mejor en el pueblo, pero tenía un maldito problema con los postres. Nunca los hacía como se deseaban; o quedaban muy salados, o muy dulces. Duros, muy blandos, extra húmedos o muy secos. Nunca daba en el blanco de hacer uno que quedara delicioso.

Y ahora, se veía atrapada entre un plato servido con Pie de Manzana, preparado por su madre, teniendo la obligación de comérselo. Cogió el tenedor, un tanto temblorosa para su gusto, y lo hundió en el trozo de Pie, obteniendo una mínima, pero muy mínima porción del postre. Lentamente se lo llevó a la boca, hasta que lo tenía ya todo dentro.

Su madre la miraba con esos ojos grandes y brillosos, esperando la respuesta de su hija.

Lily comenzó a masticarlo y pudo notar, cómo el sabor se propagaba por toda su boca, y... le sabía delicioso. Pero no podía ser, estaba esperando a que el sabor fuera tan repugnante que tuviera que vomitar ahí mismo, en la blanca alfombra de su madre, pero no... ¡Estaba delicioso!

Pero claro, debía haberlo previsto, si esa tarde había llegado John a "rescatarla", otra cosa por el estilo debía ocurrir. Y sin desearlo, una sonrisa se asomó en su rostro.

- ¿Cómo está? – Le preguntó su madre.

- Delicioso... – Admitió, saboreando ahora otra porción del Pie de Manzana que nunca olvidaría, pues claro, un milagro que haya tenido un delicioso sabor.

Después de todo, no era tan malo estar ahí, al lado de John que saboreaba otro pedazo de Pie, muy contento; sentada frente a Marty, quien se acariciaba la evidencia de sus ya seis meses, y frente a Stacy quien tenía sus ojos cerrados mientras saboreaba el dulce sabor a Manzana. Ella si que aprovechaba el momento.

Después de todo, sí había algo de lo que podría sacar provecho, con el que podría descansar de todos los problemas que le mantenían al borde de la explosión, al que podría echarle toda la culpa de sus infelices días; y no era nada más ni nada menos que el estúpido Pie de Manzana que su madre había preparado... estúpido, pero delicioso.

"Sí, la culpa la tenía el Pie"

Un poco raro :S :D

Espero que les haya gustado,

Saludos ¡Y gracias por sus reviews!

REVIEWS, GO!

ClockyEvans