Sess: *juega con su DS, luego se da cuenta que ya iban a empezar* ¡Hey, Shaw! ¡Ya la gente está aquí!
Shaw: *Se despereza* ¿Eh? ¡Ah sí! ¡Bon Jour, Fanfickers! Damos inicio a la mini Saga Masquerade (Mascarada) donde mostraremos las tres parejas protagonistas de "Sade", con algunos lemons y limmes, al estilo del manga y animé de "Junjou Romántica".
Debo decir que aunque originalmente iba a poner lemon en este capítulo, mi asesor y también terapeuta me hizo ver que es mejor poner mis tres parejitas definidas antes de empezar. Aun así, para calmar a las bestias, les daré un pequeño limme, para que vean lo buena que soy *Sonrisa boba*
Sess: Ya entendimos *Gotita en la nuca*
Advertencia: +16 Limme
Playlist: Trough the Glass – Stone Sour
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Acto 8: Masquerade I: Las Tres Blasfemias
Yo... Solo soy eso. Tú condena, tu amor imposible. Esa que por más que intentes no podrás olvidar...
Jackselins Arteaga
Llegó el invierno en el pueblo y todos se pusieron manos a la obra. Por todas partes se iban al bosque a traer pinos y pedazos de leña. Se limpiaban los pórticos donde amontonaban montañas de nieve donde los niños felices se arrojaban sobre ellos para formar ángeles de nieve y arrojarse proyectiles entre ellos. Se cazaron varias provisiones para cocinar un suculento caldo de pollo y verduras levanta-muertos que el 24 de diciembre se servirán en grandes platos entre pedacitos de patatas y carne, incluso a los más pobres del pueblo. Se aplastaban las últimas uvas y cebada del otoño para obtener vino y cerveza.
Eran famosas las festividades navideñas en el pueblo. Si ustedes lectores, fueran al pueblo a quedarse las Navidades, la pasaría muy bien, entre los ruidosos pubs donde sonaban bandas en vivo y bailaban animadamente Polka y baile escocés. En los portales de las casas los niños de la iglesia cantaban simpáticos villancicos. En cada casa que pasaba se olía el suculento olor del pavo asado con aderezo y corona de pichones… Bueno, creo que mejor dejemos este sitio, que ya nos causó un hambre atroz.
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Megurine Luka aspiró con deleite el olor de los contenidos de las ollas de las hogueras callejeras. ¡Ah, como amaba esta época del año! El olor de la comedia la enloquecía de felicidad. Tarareaba una alegre tonada mientras pasaba hábilmente el cuchillo para trocear el atún para los rollitos de sushi.
El convento de Saint Marcel era una amplia y acogeradora residencia, reservada a muchachas nobles y cortesanas de lujo retiradas. Como era de prestigio, una podía irse y venir cuando se le antojara, ya que al ser de de gente acomodada, era de costumbres y disciplina ligera. Pero en el caso de Luka, una cortesana casada con un marido siempre ausente, el cálido ambiente hogareño y la deliciosa comida la hacían quedarse.
Y luego estaba ella.
Fue hacía casi dos meses, cuando, estando en el pórtico hablando con Kagene Rui, atisbaron la carreta con negras colgaduras. Todas se acercaron para ver más de cerca a la nueva. El aspecto entristecido, pero bello de la niña atrajeron a Luka casi de inmediato.
Todos notaron que, casi desde su llegada, la chiquilla era algo extraña. Se encerraba en la capilla y se negaba a comer. Por órdenes de Sweet Ann, las chicas debían estar siempre con ella para evitar "desafortunados incidentes". La de pelo rosa la miraba con pena y compasión. Esa chica había despertado en ella algo extraño y difícil de explicar claramente. Muchas veces trató de conversar con ella, sin éxito. Le partía el corazón verla apartada de las otras que jugaban y reían. Quería ayudarla a sentirse mejor…
El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus ensoñaciones: Miku caminaba hacia ella, enfundada en un delantal blanco.
—La hermana Sweet Ann me dijo que debía ayudarte—musitó con timidez. Luka se extrañó al ver blancas cicatrices en la piel de Miku al arremangarse, pero decidió no preguntar.
—En realidad, he terminado, pero necesito una manito para los potajes. ¿De qué te gustaría hacerlos? —le preguntó Luka amablemente sopesando las variadas hortalizas: apio, zanahoria, espinaca, negis…
— ¡Negis! —chilló Miku de felicidad tan repentina que la mayor se sobresaltó, pero que luego contempló con ternura y diversión: Esa Miku era una caja de sorpresas andante… y que le iba gustando mas— ¿Podemos hacerlas de Negis, Megurine-sama?
—Por supuesto—contestó la mayor—Y por favor llámame Luka, pues me hace sentir menos vieja—dijo como quien no quiere la cosa, ganándose una risita de la otra.
Y así lentamente, empezó a abrirse, al ver que respondía positivamente en Luka, Sweet Ann le delegó ser la guardiana de Miku, cosa que aceptó complacida. Con Miku le sucedió eso que algunos llamamos "Amor a primera vista". Solían sentarse juntas para peinarse mutuamente, jugar a l rayuela y a contarse secretos.
Aunque la Hatsune le daban a veces ataques de religiosidad, ya vistos en el capitulo anterior, no eran tan violentos como el episodio que tuvo con Len en la capilla. Paulatinamente se fueron calmando hasta volverse esporádicos y leves, pero, como dicen por ahí: En el ojo del huracán sale la tormenta con mayor fuerza…
Luka se dio cuenta tiempo después, una mañana fría mientras cepillaba el largo pelo de Miku. Enhebraba las azules hebras entre sus dedos, maravillada. En algún momento, la mano se había posado en la base de su cabeza, acariciando su nuca, deseando estar así por siempre junto a ese ángel de porcelana.
Miku suspiraba. Ya estaba advirtiendo el toque de Luka en su nuca, pero estaba atrapada entre la reacción y la catatonia. Si antes Luka le había parecido un hermoso Ángel de pelo rosa que había venido del Cielo para acompañarle y consolarle en su desdicha… Ahora se había transformado en un demonio bello y provocativo, cuya mirada de fuego le daba pavor y la excitaba: Una súcubo (1). "Dios me está poniendo a prueba, para ver si vuelvo a caer" pensaba despavorida "¡Oh señor! ¿Yo que te hecho para que me hagas esto? Luka… es muy especial para mí. Es… mi mejor amiga. Pero… ¿Por qué sienta esta extraña calidez? ¿Por qué deseo que ella siga tocándome de esta manera? ¡Ayúdame por favor!"
Ahí se dio cuenta que la mayor había posado su cabeza sonriente en reposo en los rígidos hombros de la Hatsune, y de pronto sintió los húmedos labios en su mejilla. El corazón se le paralizó.
—Miku, Miku... —murmuró Luka apretándose más a su amiga—. Te quiero mucho.
Por desgracia para Luka, su momento perfecto con la pequeña Hatsune se arruinó por unos golpecitos imprevistos a su puerta. Miku saltó como un resorte y abrió. Era Sweet Ann, con cara radiante de felicidad, trayéndole noticias: Se acercaba el cumpleaños de sus amigos Kagamine Rin y Len, que iban a hacer una velada de disfraces, y que ella estaba invitada, pues, la Gracia de Dios había curado a la Hatsune de su trauma y estaba en condiciones de ir. A cada palabra, Luka palidecía más.
Miku aceptó la invitación como si estuviera en trance, ida, en otro mundo. En unas horas logró empacar sus ropas y pertenencias, sin mirar a Luka. Esta se había quedado en un extremo de la habitación, incapaz de articular palabra y observando impotente como su dulce amiga se marchaba: ¡Se va a ir! ¡Se va a ir! ¡Se va a ir y quizás no volverá!
—Miku… —había logrado murmurar en un intento de llamar su atención, fallando en este.
Finalmente llegó el momento de la despedida. Sweet Ann abrazó a Miku, deseándole mucha suerte y bendiciones. Las muchachas también se despidieron, y, cuando llegó el turno de Luka, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no venirse abajo y estallar en sollozos mientras abrazaba a su amiga; no obstante, una lagrima logró escaparse de su mejilla.
—Adiós, Miku… Fue un honor conocerte y haber sido tu amiga—logró articular.
Miku le dijo adiós con la mano, regalándole un brazalete de oro, rebujado con una gema color rosa, para que la recordase. Con la congoja casi a flor de piel, Luka tonó la prenda con manos temblorosas y se la llevó a los labios, viendo partir al carruaje y alejarse su angelito, lejos de ella.
Miku se apoyó en los cojines, cerrando los ojos. El recuerdo de Luka y su contacto, seguía presentes en ella. Se estremeció, no teniendo nada que ver con el frío. ¿Por qué tenía estas sensaciones por Luka? ¡Era extraño! Era eso… la de pelo rosa era solo una muy querida amiga, nada más… Y sin embargo, su mano se deslizó automáticamente hacia su mejilla, donde los cálidos labios de Luka se habían posado…
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En la residencia Kagamine reinaba la agitación y la emoción. Las Navidades y el cumpleaños de los gemelos iban prácticamente seguidos, así que, la Sra. Kagamine decidió que el 27 de diciembre se celebrarían ambas cosas, pues consideraba que dos pavos y dos tortas navideñas tan seguidas eran malos para el estómago.
El cumpleaños número catorce de Rin y Len tenía que ser muy especial, pues en esa edad justamente ambos se estaban volviendo adultos y debían ser presentados a la sociedad. Por tal motivo, a Meiko-nee y la Sra. Kagamine se les ocurrió hacer una mascarada. Ya tenían desde hacía semanas las decoraciones preparándose. Lograron coger el pino más grande para adornarlo con festones y luces de colores para colocarlo a la entrada y otro más pequeño que iría dentro.
Los días de diciembre salieron volando.
Los rayos de sol entraron con todos su fuerza a sus ojos. Maldijo por lo bajo y se colocó una almohada sobre la cara para seguir durmiendo. Creo que olvidaba que hoy era… Bueno, eso se lo recordó la silueta que abrió quedamente la puerta y se arrojó sobre el lecho, aplastando a su ocupante. Len se apartó el mechón de la frente y miró severo y divertido a su acompañante.
—Muy gracioso Rin. Deja que me levante, pues me estas aplastando.
Rin soltó una risita— ¡Vaya pero con qué mal humor despertó el señorito! ¿Qué nueva mosca te picó hoy? ¿Estás en tus días o que…?—no le dio tiempo de seguir, pues Len la había agarrado de la cintura y la hizo girarse para quedar ambos de costado en la cama, mirándose con ternura y deleite. La muchacha estaba sonriente y eso, a pesar de que su pelo parecía una montaña de paja, junto con las mejillas coloreadas por el frío, la hacía ver como lo más agradable y hermoso que jamás había visto y tenido. Pues Rin era solamente de Len. Eso ya era indiscutido, así que la moral cristiana ya podía retorcerse del coraje.
—Feliz cumpleaños—Se dijeron al unísono. Así de maravillosamente sincronizados eran. Y más si era por motivos alegres como ese. Intercambiaron un rápido beso de buenos días que se volvió cada vez más profundo. Rin apenas respiraba y menos podía con Len apresando su nuca y girando el cuerpo para quedar encima de ella.
Desde hacía varios días, los gemelos tenían una absoluta turbación cuando estaban solos, momentos que no eran pocos, especialmente estos días en que todos actuaban como una casa en plena mudanza. Volviendo a Rin y Len, el caso era que los besos y caricia inocentes ya estaban perdiendo su chiste. En resumen: Ya no eran suficientes.
Rin más de una vez había sorprendido a Len mirándole el cuerpo embelesado. En una ocasión ella había regresado del baño y justamente se estaba vistiendo, cuando Len entró de improviso; admirando su espalda descubierta y luchando con todas sus fuerzas contra la hemorragia nasal, Len le ayudaba a subir el cuello corredizo del traje y al mismo tiempo acariciaba la piel desnuda con las yemas de los dedos, tanto él como ella con las mejillas coloradas. Rin, al acostarse, se estremecía imaginándose a Len besándole la garganta y levantándole el vestido... Juntos estaban descubriendo la sexualidad y el erotismo, tan común pero tan satanizados por la moral de la Iglesia…
Y ahora Len pasaba la mano por debajo del bonito camisón de invierno, acariciando suavemente el delicado y hermoso muslo, arrancándole gemidos y estremecimientos a su hermanita. Rin se apretaba a él, rodeando su espalda con sus brazos, pasando los dedos por su cabello y desarmándole la coleta de su cabeza.
Sus ángeles guardianes ya deben haber vomitado y haberse ido asqueados y horrorizados. La voz de sus consciencias les gritaban a todo pulmón: ¡No lo hagan! ¡Esto no es normal, es anti natura! ¡Es pecado! ¡Es abominación! Los hermanos y sobre todo los gemelos no deben tener esa clase de comportamiento. ¿No se dan cuenta que las puertas celestiales se le estaban cerrando para siempre? En realidad, se les habían cerrado desde que nacieron.
—Len, Len…—dejó escapar la joven entre jadeos.
Len mordió con suavidad el labio inferior, logrando que la pequeña dejara escapar un grito ahogado, y con ello el acceso a su boca, que estaba deseoso de explorar. La sujetó de la nuca para profundizar cada vez más el beso. Siguió deslizando la mano, a lo largo de la pierna y luego a la cadera, para descubrir la verdad de aquel cuerpo… Rin sintió como sus intimidades hacían contacto, aun sobre la ropa, y un estremecimiento por parte de ella hizo que se frotaran por un segundo; Len dejó escapar un sonido ronco en su oído que luego se pasó a mordiscos en su lóbulo, logrando grititos de placer de su hermana.
—Aquí vamos de nuevo—musitó Rin en un susurro tembloroso, logrando que Len dejara de besarle el cuello y mirarla.
—No puedo evitarlo; eres monísima, hermanita—respondió Len pícaramente, pasando un dedo por los sonrientes labios de Rin. De pronto, ella atrapó el dedo con los dientes, sorprendiendo al rubio y liberarlo en un beso prolongado—. Hey, eso no es adecuado para una señorita…
—Hay que ver quien lo dice—dijo burlona, logrando que Len la hiciera callar con una caricia audaz en el muslo derecho de la rubia, logrando reactivar los gemidos sacados momentos antes. Rin sintió la urgencia de desabotonarle la camisa de manga larga que su gemelo llevaba esa mañana, para ver y poder tocar directamente el pecho firme que ahora sentía a través de la tela; con las manos temblándole, empezó a ceder los botones, entre las pausas que le deban los continuos besos del rubio.
Un momento después, Len apretó la base del muslo, logrando que la muchacha arqueara la espalda, perdida en este placer; el chico notó como emergían los pequeños y redondos senos, cubiertos por la tela. Ardía en deseos de posar las manos en esos hermosos montículos, apretarlos y besarlos. Con la mano libre deslizó la mano por el pecho izquierdo, haciendo que Rin soltara un grito que inmediatamente se ahogó cubriéndose la boca.
—Quiero oírte gemir—susurró Len seductoramente, dejando a Rin mas roja que tomate. —Hazlo por mí…—Le retiró las manos de la boca y la besó con gentileza, acariciándose la mejilla con ella. Pero tanta felicidad no puede durar por siempre, ¿verdad? Llegó el momento que cae un trueno a su burbuja.
— ¡Rin! ¿¡Estás ahí! —ahí surgió el grito de su madre y sus golpes en la puerta.
Ambos se miraron con pánico e impotencia. Tan cerca habían estado… y otra vez su momento había naufragado. Los rubios se levantaron a tumbos de la enorme cama y mientras Len se volvía a abotonar la camisa del pijama, ayudaba a su gemela a volverse a acomodar el camisón que quedó alzado hasta las caderas. Trataron de normalizar la pedregosa respiración. Rin logró calmarse y abrir la puerta.
—Eh… buenos días, Rin. Fui a despertarte y no estabas…—compuso una débil sonrisa— ¡Mírense! ¡Catorce años! Me recuerda tanto que ya no son esas pequeñas criaturitas que gateaban en el jardín y jugaban en el lodo…—y así seguiría en una perorata de cinco minutos sobre el pasado y lo mucho que la hacía sentirse vieja. Len y Rin se miraron de reojo con evidente alivio. Pero…—Rin, ¿Qué es eso que tienes el cuello? —le levantó la cabeza, pues acaba de ver una marca rojiza en la yugular de su hija, a causa de un chupetón que su gemelo le había hecho momentos antes. Rin se sintió desfallecer, a Len se le cayó el alma a los pies. — ¡Rin! ¿¡Que es eso?
— ¡No es nada! —exclamó Rin en un intento de sonar tranquila—Es una reacción por las frambuesas que me comí ayer en el postre… Parece que soy alérgica a las frambuesas (2) jeje, y estaba pidiéndole a Len que me ayude con un ungüento… ¿no es así, Len?
Su gemelo asintió vehemente. La Sra. Kagamine miró a sus hijos extrañada. Era verdad que los había descuidado por Miku… pero vaya: cuanto habían cambiado. Ya había a volver a preguntar, cuando su esposa llamó desde el piso de abajo. Volvió a mirarlos—Este… feliz cumpleaños. Vayan a asearse, pues tendremos un largo día, ¿no? —les sonrió débilmente y los dejó solos.
En el piso de abajo, junto al Sr. Kagamine estaba un joven de la edad de Kaito, de apariencia aun mas maliciosa que la del azul, con aire engreído e indolente, pelirrojo y de ojos centellantes y llevaba ropas lujosas, con el detalle de una bufanda roja descansando en su espalda. Se presentó a la Sra. Kagamine con un beso en la mano y preguntando por Rin. Ahí la Sra. Kagamine recordó: Este personaje iba a ser el futuro esposa de su hija.
—Muy pronto, amigo mío—concedió afablemente el Sr. Kagamine, palmoteando su hombro con aire paternal—.Esperaremos hasta la noche para hacer las debidas presentaciones. Supongo que querrás descansar después de un viaje tan largo. —En ese momento Len bajaba las escaleras— ¡Oye Len! Te presento a Akaito. El será parte de nuestra familia muy pronto.
Len se quedó helado. Apenas se acordaba de que Rin estaba prometida a otro hombre. Ese pensamiento se había perdido la noche tormentosa en que ambos rubios sellaron el pacto de su pecado con un beso. Desde entonces habían vivido este romance secreto digno de romanceros prohibidos de trovadores, ante las propias narices de du familia, sumergidos por completo en este placer pecaminoso… Pero la verdad es que por desgracia muy pocos romanceros terminan felizmente… Ahora la realidad los trae de regreso de manera cruel y abrupta: Rin iba a casarse con un tipejo salido de la nada y Len, su amante, ya podía empezar a contar con los dedos los días que le quedaban hasta el triste día.
—Mucho gusto en conocerte, Len—le estrechó la mano Akaito con malicia—Creo que ahora puedes considerarme tu cuñado…
El rubio le devolvió como un autómata una rígida sonrisa y agitó la mano que apretaba la de Akaito como si fuera un metrónomo. Aunque pareciera que estaba pareciendo amble y contento. Por dentro, Len se sintió morir.
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Mientras iba avanzando el día, mas trabajo se acumulaba en la casa mientras se terminaba de decorar para la estruendosa fiesta de la noche.
Mientras Rin y Len eran llevados para ser acicalados y maquillados para quedar debidamente presentados, Meiko se encargó de los trajes de los gemelos, aprovechándose a comprar uno para sí misma y encandilar con él a cierto come helados azul… está bien, ignoren eso. Como era una mascarada, debían usar disfraces y antifaces… oh sí, que divertido sería esto. Consiguió un conjunto de vestidos para los rubios de un tema mientras ella se compró uno de Conchita. Pasó por la licorería y compró una montaña de vino, cerveza y sake, mucho pero mucho sake.
Kaito usualmente venia casi todos los días a ver cómo iba la operación. Se quedaba apoyado contra el marco de la puerta, lamiendo su decimosexto cono de vainilla con chispitas, dudando si ayudarles en algo, pues era verdad que era muy torpe.
En medio de sus cavilaciones vio a Meiko sobre una silla alta, colocando unas cadenetas de luces en la parte alta del techo. En la operación se movía se trasero, cosa que el azulado no perdía de vista, pero a cada rato, los hermosos ojos de Meiko que se habían clavado en los suyos, volvían a aparecer en su pervertida mente.
—Oye, ¿eso se ve seguro? —inquirió Kaito al ver como la alta silla de madera se tambaleaba ligeramente, aun con su ocupante encima.
—Sí, es seguro—Le contestó ella volteándolo a ver—. ¿Por qué no haces algo útil y me traes ese ramillete de muérdagos que está en el aparador?
Kaito se apresuró a obedecer. Era extraño, esa mirada de esa mujer lo hacía querer hacer su voluntad. Era como si tuviera alguna habilidad especial, o magia… ¡Ah! ¿Qué estupideces estabas diciendo, Kaito?
Quizás creamos que solo para seducir y enamorar muchachas es bueno este sujeto, pero más pervertido que sea, Kaito era atento, así que al tomar el ramillete, se dio cuenta antes de que cediera la pata de la silla y se rompiera, haciendo a Meiko caerse de ella… Ella ya había cerrado los ojos, aguardando el impacto… No pasó nada. Se obligó a si misma a abrir un ojo: Kaito la había sostenido antes de darse contra el suelo; estaba completamente sonrojada y sostenía el ramillete con la boca.
—Te dije que no era seguro. Eres terca y obstinada, ¿sabes? —dijo Kaito con tono de regaño—Te pudiste haber hecho algún daño.
— ¿Y a ti te importa? —replicó Meiko con aire burlón, levantándose—Yo sé cuidarme sola. Ten cuidado conmigo… O puedo repetirse el incidente de ayer, y esta vez no solo Rin y Len estarán presentes para verlo… —Con la rapidez de un ave de rapiña agarró a Kaito del mentón, sosteniéndolo a unos centímetros de su cara, dejando al pobre Kaito sonrojado como un jitomate. —Por cierto: Yo que tú me tomaría un remedio contra la inflamación… El muérdago es tóxico.
Su aliento le llegaba casi a la nariz. Olía a una mezcla de vinos dulces con sake. Kaito, que había inhalado toda clase de alientos femeninos, jamás pensó que el de tantos licores mezclados iba a ser el más delicioso inhalado… Cerró los ojos, perdido en este perfume divino… Cuando los volvió a abrir, Meiko ya se había ido, dejándolo solo, abrumado con esta nueva sensación, incapaz de darle su verdadero significado.
Suspirando, se subió el mismo para colgar el ramillete de muérdago en esa oscura esquina donde esa noche tres parejas darían el siguiente paso en este baile infernal. El Sr. Kagamine llegó en ese momento y le agradeció por toda su ayuda. Tartamudeando y sintiéndose en otro planeta, Kaito le dijo que había venido para ayudarles en algo.
¿Para qué mentir a estas alturas? Kaito, más que nada, iba a la casa para ver a Meiko. Desde la desastrosa noche del incidente de sake en la entrepierna y ser objeto de burla de los gemelos, Kaito no podía dejar de pensar en ella. Su cara tan hermosa e intimidante lo había dejado helado. Desde esa misma noche, cada vez que estaba con una amante de turno, la cara burlona de Meiko se le aparecía y quedaba incrustada en su sub consciente. Cualquiera a estas alturas hubiera llegado a la sensata y lógica conclusión que estaba… enamorado.
Un momento: ¿Enamorado? ¿¡Él! ¿Acaso el mundo estaba al revés? ¡Kaito Shion jamás se enamora! ¡Lo de Meiko-nee es solo…! Solo… solo… Diablos, ¿Qué nombre le das a eso?
En ese momento, el Sr. Kagamine le comunicó las últimas noticias. Respecto a Miku, tenían buenas nuevas: Según la hermana Sweet Ann, Miku presentaba una lenta mejoría. Según ella, al principio si enloqueció como loca de manicomio, pero con un tratamiento intensivo de ayuda de amigas que se forjó en su reclusión, sacramentos… e incluso dos exorcismos a pedido de la enferma, la Hatsune estaba en camino de la recuperación. Eso alegró a todos… excepto a Kaito.
Rayos, la loca puede regresar. ¿Y después de todas las locuras debía aun casarse con ella? ¿Se imaginaban estar casado con alguien como Miku, o sea una chica enloquecida por la misa y se altera con un inocente roce? ¡Qué trastorno, que dolores de cabeza!
Además, si se casaba con Miku, eso significa que sus anhelos con Meiko ya podían irse al caño. Con una cara larga, Kaito siguió con el ramillete.
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El atardecer de la noche decembrina tria consigo el olor de las luciérnagas. Había llegado el inicio de la fiesta de los gemelos. El amplio jardín de entrada había quedado como lugar para comer y ya habían colocado varios largos mesones, cubiertos con manteles blancos, platos y cubiertos para que los invitados probaran la deliciosa comida a la sombra de los madroños engalanados de luces de colores.
Todos los presentes se paseaban ufanos por la entrada, enfundados en hermosos y excéntricos trajes y disfraces. Pajes y princesas. Mucamas francesas y ogros. Arlequines y bufones. Máscaras de todo tipo, de flores, de animales o de payasos cubrían los rostros, dejando solo ver los ojos de todos los colores de los invitados.
Meiko, nuestra "Vanika Conchita", recibía a todos los invitados, dándoles la bienvenida a cada uno, sin que se diera cuenta aparente de que nuestro Kaito no le quitaba la vista de encima. Aunque temía la llegada de Miku de un momento a otro, se perdía irremediablemente en el largo vestido rojo ornamentado de la castaña. Era hermoso, pero… demasiado llamativo. Ya Kaito se daba cuenta al ver como de entre los asistentes disfrazados, había tipejos con las hormonas alborotadas, mirando con hambre a Meiko-nee. Oh no: eso no lo iba a permitir. Se ganaría al amor de Meiko, aunque ella tratara de mandarlo a la estratósfera.
Luka había logrado colarse en la fiesta, toda gracias a su distraído marido, quien resultó, por un grandioso golpe de suerte, ser compañero de trabajo del padre de los cumplimentados. Enfundada en un traje de geisha que ella misma se habían confeccionado, le daba la espalda a su esposo Gakupo, quien estaba pasmado y maravillado viendo el hermoso cultivo de berenjenas aladas del patio trasero. Buscó con la mirada a Miku, al fin encontrándola, con un hermoso traje negro con detalles dorados en el pecho (3). Parecía trise… Sin embargo, al ver que se acercaba a un joven de pelo azul, se sintió desfallecer.
Akaito agitaba vagamente su cóctel margarita mientras esperaba el anuncio de su prometida Rin. Aun así, en la espera, su vista se fijó en algunas bellezas presentes, esa geisha de pelo rosado, que estaba junto a las columnas, o la que anfitriona de pelo castaño y vestido de reina caníbal, o la adorable muchachita de pelo verde. Se relamió, pensando en divertirse un poco con ellas. Akaito era de esos hombres que no se quedan con una sola mujer y tienen amantes en cada provincia.
Rin y Len terminaron de pasarse el cepillo el uno al otro, con la misma parsimonia de siempre, pero había algo diferente. La mirada de ambos denotaba ansiedad y miedo. Rin se había enterado que allí afuera estaba el hombre con quien debía casarse por obligación. Sintió frío y miedo. ¿Por qué la vida era así de cruel? Ella no lo conocía, no sabía nada de él, y aunque le cayera bien, jamás lo amaría, pues ya le pertenecía a otro. Y eso otro era su gemelo.
Su amante terminó de atarse la cola de caballo con un lazo. Antes de abandonar el cuarto para enfrentarse juntos a lo que el destino les tenía planeado en esta mascarada, tomó el mentón de su hermana con el pulgar y el índice y posó un delicado y tierno beso en sus labios, como si quisiera dejar por sentado que la amaba y nada ni nadie podía decir lo contrario.
—Estaremos siempre juntos en esto. Recuerda que te amo y siempre te amaré—le había susurrado Len al oído de su hermanita, frente a la puertas cerradas que los separaban del jardín lleno de invitados.
Tocaron las campanadas de dando inicio a la fiesta donde todo quedaría en claro. Entre ese montón de inocentes y culpables disfrazados que esperan inconscientemente la llegada del Juicio Final, allí están: Las tres blasfemias. Las tres parejas reprobables. Los tres amores condenados por Dios y entregados de este modo al Ángel Caído para acompañarle en este baile en las profundidades del Infierno. Dante desde la roca más alta en compañía de Virgilio, observa asombrado y santiguándose, los nuevos círculos (*)
Círculo de Justine
Los seres virtuosos son tentados y corrompidos por las fuerzas externas. Tratan de ser puros, pero al final ceden a este prohibido pero delicioso pecado. Han mordido la manzana. "Si no puedes con el enemigo, únetele…"
Rin y Len no dejaron de aferrarse de las manos. En la oscuridad reinante de la antigua habitación compartida colocarían sus nombres en el libro de los Condenados. En sus ojos brillaron el peligro del momento y lo excitante que resultaba. Hermanos, gemelos y amantes… hasta el fin.
Círculo de Isabel
Los seres virtuosos pueden llegar a enloquecer por esta doble moral estúpida y sin sentido con que la Iglesia les lava el cerebro, los confunden y no saben que seguir: O el corazón, o los principios…
Miku no dejaba de pensar en Luka… Haría lo que sea para sacarla de su mente. Pero aunque esté retozando con ese hombre engreído… ella sigue allí. ¿Por qué? ¿Acaso no era su amiga? ¿O era otra cosa? ¡Que alguien le envié una señal sobre lo que hay que hacer…!
Círculo de Franval
Los pícaros de alma viciosa, a pesar de todo lo que han hecho, pueden hallar el camino del verdadero amor y redimirse hasta cierto punto, sus corazones libertinos y calmar a la bestia que llevan dentro…
Kaito miró desde lejos como el viento ondeaba los pliegues del vestido de Meiko, mientras ella luchaba por controlarse. Él estaba comprometido, aunque no lo quisiera. Y ella había jurado nunca dejarse atar por nadie... Una miradita y cambia todo. Esta noche romperían sus promesas.
Ellos no han matado. No han mentido ni cometido fraude.
Solo se aman.
¿Acaso eso es pecado…?
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TBC
Advertencias de los próximos capítulos: Así como fueron mencionados los círculos, así saldrán las parejas de los siguientes tres capítulos. Advertimos que en esos tres capítulos habrá lemon y limme para cada una.
Siguiente capítulo: Twincest muy intenso y lemon. Que conste que advertimos XD
Author's Note:
(1) Súcubo: Variante femenino del Íncubo (Véase notas del capítulo anterior) que suele seducir a hombres e incluso a mujeres. Se les atribuye la erección nocturna de los hombres (polución nocturna o sueño nocturno). Los artistas y cristianos medievales consideraban a Lillit (la primera esposa de Adán) como súcubo.
(2) Mi primo es alérgico a las frambuesas. Si puede ocurrir. XD
(3) Piensen en el vestido que usó Miku en "Cantarella"
(*) Nos referimos a círculos a los nombres de personajes de tres obras fundamentales de las tantas del Marqués de Sade y que, de una forma u otra, se identifican con nuestras parejas: (N/A: Negrita: Nombre del libro)
Justine (Los Infortunios de la Virtud): (Rin y Len)
Isabel (La Historia Secreta de Isabel de Baviera): (Miku y Luka)
Franval (Eugenia: Historia Trágica): (Kaito y Meiko)
