Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de musegirl, sólo nos adjudicamos la traducción.


Quarterback Rush

By: musegirl

Traducción: Mónica León

Beta: Melina Aragón


Capítulo 8

La siguiente semana fue difícil y fantástica, pasé cada momento libre que tenía con Edward, el único pensamiento que se rehusaba a dejar mi mente era te amo. Cada vez que él me miraba, me sonreía, me besaba, sostenía mi mano, me tocaba, jugaba con mi cuerpo como si tocase el piano, era todo lo que podía pensar.

Y, Dios, era un experto en hacerme sentir muy bien. Había aprendido rápidamente justo cómo tocarme y probarme de maneras que me volvían loca de deseo. No había duda de que me poseía en cuerpo, mente y alma; y eso hacía que temiese perderlo. En la noche, cuando estaba acurrucado junto a mí, tarareando mi canción de cuna para arrullarme hasta dormir, quería decir en voz alta esas dos palabras, te amo. Quería decirle esas dos pequeñas palabras desesperadamente, pero me negaba rotundamente hasta que él lo dijese primero. No quería asustarlo y nunca querría que lo dijese por obligación sólo porque yo lo expresé primero.

Para cuando el jueves llegó era un manojo de nervios. Decidí que para mi cumpleaños, quería hacer el amor por primera vez con Edward. No se trataba de que él supiera que era mi cumpleaños. No me gustaban las sorpresas o ser el centro de atención y, ciertamente, no necesitaba que él se sintiese obligado de comprarme un regalo. Habíamos estado juntos por un mes, no quería que gastase dinero sin necesidad en mí. Amenacé a Alice y a Rose con sus vidas si trataban de hacer algo en la fiesta esa noche y rezaba para que de verdad hubiesen escuchado.

Cuando logré llegar a mi clase de Retórica, estaba nerviosa y gruñona. Mi profesor comenzó la discusión de la clase sobre el daño colateral y lo que era considerado aceptable e inaceptable por las fuerzas armadas contra los civiles. Contribuí un poco en la discusión la mayor parte de la clase hasta que trajo a colación el punto de los trabajadores en los negocios industriales en la milicia y si eran daño colateral aceptable.

—Por ejemplo, una compañía fabrica botas exclusivamente para la milicia en Columbia. ¿Son esos trabajadores un daño colateral adecuado si una milicia guerrillera coloca una bomba en el edificio? —planteó.

Casi todos en mi clase inmediatamente aceptaron que era daño inaceptable porque eran civiles y no pertenecían de forma directa a las fuerzas.

Yo, sin embargo, decidí interpretar al abogado del diablo.

—No estoy de acuerdo. No sobre el hecho de que son civiles y deberían estar fuera de los límites, pero el mundo está lejos de ser un lugar con justicia. Creo que ese es un riesgo que debería considerar cuando decide tomar el trabajo. Por ejemplo, mi hermana de la hermandad es pasante en Lockheed Martin. Ella sabe que es una compañía del gobierno que diseña cosas para la milicia. Sabe que se pone en peligro y fue algo que consideró cuando tomó las pasantías.

Él me observó, claramente molesto porque no había estado de acuerdo con el resto de la clase, habiendo tomado un punto de vista idealista. Mi padre era policía, era realista y sabía que el mundo no era un lugar justo.

—¿Y qué pasará cuando su hermana de la hermandad esté de vuelta en la casa, haciendo lo que sea que las chicas de hermandad hacen? Si fuese atacada allí, ¿sería un daño colateral aceptable? —Sonrió con descarada burla y los otros veinticuatro estudiantes en la clase rieron ante su no-tan-sutil mofa hacia mí por ser una chica de hermandad y todas las connotaciones que venían con ello.

Lo observé abiertamente, por una vez sin ruborizarme y tan enojada que vi rojo. ¿Cómo se atrevía él a insultarme a mí, y también a una organización de la escuela, frente a toda la clase? Respiré profundo y luché para mantener mi voz neutral.

—No, cuando ella no esté en el trabajo y se encuentre en su residencia personal, no creo que eso fuese daño aceptable. Una cosa sería si está en el trabajo, donde se encuentra auxiliando a la milicia, pero cuando está en casa no, la definición de daño colateral como se aplica en la guerra sería inaceptable.

Me miró por un momento, sabiendo que estaba encolerizada y luego asintió una vez.

—Excelente punto, señorita Swan —continuó con la discusión pero, yo seguía echando chispas. La clase duró sólo otros 10 minutos y salí hecha una furia.

Gruñía por lo bajo y mordía mi labio mientras hacía mi camino por el campus para ver a Edward para almorzar. Compré mi comida y encontré una mesa afuera, lanzándome a mí misma en una silla y resoplando mientras lo esperaba. Luego de un par de minutos, lo sentí acercarse por detrás, dando un beso a mi coronilla.

—¿Cómo está mi bonita hoy? —preguntó, sonriendo, sentándose en la silla junto a la mía. Una mirada a mi expresión y se congeló—. ¿Bella? —cuestionó vacilante—. ¿Qué está mal?

—Mi estúpido, maldito profesor de Retórica es lo que está mal. El idiota ejecuta la clase y cree que lo sabe todo. Bastardo presumido —escupí las palabras, aún molesta por lo que me había dicho.

Edward arrastró su silla más cerca, deslizando una mano en mi cabello para pasar sus dedos por él, alisándolo. Su esencia inundándome, relajándome instantáneamente, y me incliné más cerca de él. Volteé mi asiento para así poder inclinar mi cabeza contra su hombro.

—¿Qué sucedió? —dijo suavemente y le conté lo que había acontecido en clase. Estaba enojado por mí pero me ayudó a calmarme. Tenía ese sorprendente don para reconfortarme cuando estaba irritada. No era buena idea confrontar a la persona a cargo de mi nota pero sabía que tendría una crítica mordaz cuando el fin del semestre llegase. Si hubiese alguna justicia, su asesor de postgrado leería las reseñas y, por lo menos, lo sermonearía sobre cómo manejar una clase apropiadamente.

Al final del día, finalmente había superado a mi tarado profesor. Mis nervios por esa noche, sin embargo, se dispararon. Estaba ansiosa porque Edward pudiese negarse. Había dicho varias veces que me deseaba pero mis inseguridades tomaban lo mejor de mí. Cuando volví a casa, Alice estaba allí vibrando de emoción para jugar a Barbie Bella. Dejé que me llevara escaleras arriba a nuestra habitación, donde Rose estaba esperando con una sonrisa malvada.

Me fue dicho, bajo términos explícitos, que me metiera a la ducha mientras colocaban un sinfín de productos en mis brazos y me decían cuándo y cómo utilizar cada uno. Aparentemente, Alice y Rose adivinaron mis intenciones para la noche. Una vez que me exfolié, me coloqué champú y acondicionador en el cabello, luego removí todo el ofensivo vello de todo mi cuerpo de una forma u otra. Salí y fui atacada. Rose arreglaba mi cabello mientras Alice perfeccionaba mi maquillaje. Actualicé mi estado de Facebook para que se lea: Forzada a interpretar a Barbie Bella, ¡que alguien me salve!

Al final, mi cabello caía en ondas suaves y sedosas por mi espalda y hombros. Mi maquillaje era despampanante, dándome ese look natural y resplandeciente con una mirada sensual. Rose me compró un top color púrpura real con fruncidos, un ligero corte corazón y una mini falda de jean oscuro para mi cumpleaños y Alice me dio unas botas negras hasta la rodilla con siete centímetros de tacón y hebillas a los lados. Y, como mi regalo más sorprendente, Angela me dio un corsé color azul oscuro de seda, a juego con una tanga de encaje. Sospechaba que Alice y Rose la forzaron a comprarlo y darme ese regalo. Se había sonrojado cuando se detuvo a dármelo antes de huir de la habitación como si su trasero estuviese en llamas.

Ambas hicieron que modelase la lencería antes de que me pusiera el resto de mi nueva ropa. Practiqué caminar con las nuevas botas mientras se vestían para la fiesta y trataron de darme consejos para más tarde esa noche.

—Tienes que quedarte tranquila —sermoneó Alice—, mientras más tensa estés, más te dolerá. Oh, y asegúrate que haga que te corras al menos una vez antes. Más mojada, mejor.

—¡Alice! —la reprendí, sonrojándome. No sabía por qué eso me sorprendía ya que me había acosado para saber cada detalle de nuestras escapadas anteriores pero, de alguna manera lo hizo.

—Oh, deja de asustarla, Alice —intercedió Rose—. Lo que realmente necesitas es concentrarte en dejarte llevar rápidamente si piensas que sucederá, porque eres virgen y cualquier chico cogiéndose a una virgen no durará mucho. Aparte de toda la mentalidad del Capitán Kirk, tu cosita probablemente será como el agarre de una tenaza y eso hará que pierda su mierda en un minuto, mínimo.

Le dediqué una mirada confundida.

—¿Mentalidad del Capitán Kirk?

Rose me lanzó una sonrisa sorprendida.

—Ya sabes, ¿con valentía a dónde ningún hombre ha ido antes?

Sacudí mi cabeza, riendo.

—De acuerdo, suficientes consejos. Gracias, chicas, pero creo que estaré bien. Las mujeres la han perdido por eras antes que yo sin demasiado problema y no creo que yo sea la excepción.

Terminaron de vestirse y tomamos fotos de las tres juntas. La noche finalmente había comenzado a levantarse. Justo antes de dirigirnos al centro, al club que rentamos para nuestra fiesta Crush, actualicé mi Facebook de nuevo, esa vez para que se leyera: Transformación de Barbie Bella completa, gracias Dios. Ahora, si sólo pudiese encontrar un caliente jugador de fútbol para que sea mi cita esta noche. ¿Dónde, oh, dónde puedo encontrar uno de esos?

El viaje en taxi no tomó mucho tiempo y caminamos hacia el club mientras escaneaba la estancia buscando a Edward y las chicas me arrastraban hacia el bar. Los chicos nos encontrarían aquí por una reunión tardía que Edward tenía con su entrenador.

Por primera vez, de verdad ordené mi propia bebida y el bartender verificó mi identidad, dándose cuenta inmediatamente que ese día era mi cumpleaños número 21. Sonrió y me guiñó un ojo, coqueteando conmigo, dándome mi bebida gratis. Fue agradable pero no quería terminar ebria esa noche. Sabía que era extraño, pero también entendía que Edward nunca tendría sexo conmigo si estaba borracha. Y lo quería tanto. Así que tomé mi vaso y le agradecí, caminando para encontrar una mesa para sentarnos mientras esperábamos que los chicos aparecieran. Ya había un montón de chicas y chicos allí, así que Alice decidió ir a la pista de baile para ver sus opciones.

Rose y yo estábamos hablando cuando la canción de Ke$ha, Tik Tok,comenzó y Alice llegó corriendo, gritando y tomó mi mano, sabiendo que Rose nos seguiría y me sacó a la pista de baile.

—¡Alice, sabes que no puedo bailar! —Reí mientras entre ambas hacían un sándwich conmigo.

Ambas sonrieron y Rose colocó sus manos en mis caderas y comenzó a moverlas a ritmo con la música, mientras Alice bailaba frente a mí. Sintiendo una ligera emoción por mi bebida, decidí que no me importaba si me avergonzaba. Edward no estaba ahí aún y quería divertirme con mis chicas. Dejé ir mis inhibiciones y comencé a mover mi cuerpo junto con la música, tratando de imitar a mis amigas. Estábamos riendo y bailando, metiendo a Angela y Jessica en nuestro círculo, cuando un cálido, familiar y duro cuerpo se presionó contra mi espalda. Fui envuelta en la intoxicante esencia de Edward y sus manos se deslizaron sensualmente por mi cintura y más abajo para sujetar mis caderas mientras movía su cuerpo con el mío.

—Maldición, bebé, no sabía que fueses tan endemoniadamente buena bailarina —rugió en esa voz suave aterciopelada, con sus labios delineando el borde de mi oreja. Me estremecí y gemí suavemente, cerrando mis ojos e inclinando mi cabeza para darle acceso a mi garganta mientras sus labios repasaban la piel sensible de allí.

Me volteé en sus brazos y tomé su cabello, llevando su rostro al mío y besándolo con delirio. No tenía conciencia de dónde estaba o con quién estábamos; todo lo que notaba era a Edward y cuánto lo necesitaba. Su boca se amoldó a la mía, su lengua demandando el acceso y le di todo lo que quería y más. Las manos de Edward se aferraron fuertemente a mis caderas, jalándome hacia él y sentí su excitación dura en mi estómago. Lloriqueé y me presioné más fuerte contra él, adolorida por él en tantas maneras.

—¡Jesús, ustedes dos! ¡Consigan una maldita habitación! —gritó Rose, sacándonos de nuestro pequeño mundo que sólo incluía a Edward, yo, y todas las cosas sucias que quería hacerle.

—Aww, ¡vamos, Rosie! Eso era como ver porno y lo arruinaste —protestó Emmett y yo presioné mi rostro contra el pecho de Edward, completamente mortificada por haber perdido el control de esa manera en medio de una pista de baile llena. Me encogí al pensar cuánta gente podría haber tomado fotos o videos de eso con sus teléfonos y estarían en ese momento colocándolos en internet. Sólo esperaba que ya que era una fiesta privada y la hermandad había rentado el club, el daño fuese mínimo, si hubiese alguno.

Sentí a Edward reírse mientras dejaba un beso en el tope de mi cabeza.

—Lo siento, Bella, no tenía la intención de dejarme llevar tanto —dijo y me apartó, sonriéndome con cariño. Le sonreí de vuelta y pasó sus dedos por mi mejilla—. Luces condenadamente hermosa. Muy putamente sexy.

Me sonrojé y le sonreí más amplio, finalmente fijándome en su apariencia. Lucía malditamente hermoso en esos jeans gastados que le quedaban perfectamente y una camisa roja que había abierto ligeramente en el cuello y las mangas enrolladas hasta la mitad. El rojo de su camisa hacía que el rojo en su cabello destacase aún más y lucía como sexo puro y sin artificios. Muy caliente, sudoroso, sexo tipo cógeme-hasta-que-no-pueda-caminar-derecha. O al menos, como imaginaba que sería ese sexo. Y quería tanto, tanto, averiguar cómo se sentiría. Gah, estaba tan húmeda que podía sentirlo en mis muslos y me preocupaba que pudiese salirse de control.

Los ojos de Edward llameaban al verme, como si pudiera leer cada pensamiento mío y tragué lentamente. No quería nada más que arrastrarlo fuera de ahí, a un taxi y de vuelta a su casa donde podría hacer que cumpliese cada una de mis fantasías. Alice, sin embargo, interrumpió ese tren de pensamientos.

—Bella, ¿quién es esa caliente pieza de hombre junto a Edward? —preguntó, en una voz no muy tranquila y miró sobre mi hombro, prácticamente babeando.

Eché un vistazo para ver a Jasper erguido, evaluando a Alice con una mirada muy satisfecha en su rostro.

—Alice, este es Jasper. Jasper, esta es Alice. Alice es una de mis mejores amigas y Jasper está en el equipo de fútbol con Edward. Jasper es el pateador.

Él simplemente asintió con su cabeza y babeó.

—Un placer conocerla, señorita.

—Oooh —chilló Alice, casi vibrando mientras lo miraba. Se inclinó más cerca de mí—. ¡Bella, lo hiciste bien! ¡Tan lindo!

Edward, Rose, Emmett y yo reímos.

—Alice, sabes que él puede oírte, ¿cierto? —pregunté en tono de broma.

—Tan, tan bonito —fue todo lo que respondió y luego tomó a Jasper por el cinturón y lo guió lejos. Tenía el semblante más feliz en su rostro mientras se lo llevaba.

Observé, perpleja, a ambos antes de intercambiar miradas con los demás. Emmett y Edward sólo se encogieron de hombros mientras Rose y yo reímos. Edward tomó mi mano y tiró de ella suavemente para guiarme de vuelta a la mesa que Rose y yo habíamos encontrado. Rose y Emmett parecían estar restregándose en la pista a ritmo con la música y yo sonreí, sabiendo que él nunca la lastimaría de la manera en la que Royce lo hizo. Rosalie necesitaba sentir el control de la relación y parecía que Emmett estaba más que dispuesto a ser su juguete y dejarla llevar la batuta.

Edward me atrajo más cerca de él, su brazo deslizándose alrededor de mi cintura.

—Creo que puedes haber encontrado el jugador de fútbol que estabas buscando —bromeó y le sonreí. Mi corazón se apretujó mientras ahogaba esas dos palabras que moría por decir.

—Creo que sí —respondí suavemente y presioné un beso en su quijada. Bajó la mirada, con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios y sus hermosos ojos verdes prácticamente brillando con emoción.

—¿Quieres algo de beber, bonita?

Sacudí mi cabeza.

—Estoy perfecta, justo así. —Me incliné hacia arriba, besándolo suavemente esa vez. Edward respondió instantáneamente, entrelazando una mano en mi cabello y besándome tan tierno que pensé que lloraría. Siempre tenía esa manera de hacerme sentir tan preciada y preciosa. No quería dejarlo ir nunca. Dejé salir un pequeño suspiro contra sus labios y presioné mi cuerpo más cerca del suyo.

De pronto, mi nombre estaba siendo llamado por los parlantes.

—¡Bella Swan! Necesito a la señorita Bella Swan en el escenario, por favor.

Volteé mi cabeza, mis ojos prácticamente saliendo de sus cuencas. ¿Qué demonios? Escaneé la habitación frenéticamente, viendo a Alice y a Rose sonriéndome muy contentas.

—¡Ahí está! —gritó Alice tan fuerte como pudo y señaló a mi dirección. Iba a matar a esa maldita duende.

—¡Trae tu trasero aquí, Bella! —exclamó Rose. Añadí a la perra amazona a mi lista para golpear.

Temblando, me acobardé contra Edward, sacudiendo mi cabeza.

—Oh, no, lo harás, bebé. Creo que sería mejor que vayas y termines lo que sea que esto signifique, o sólo se pondrá peor. —Rió en mi oído. Me tomó cuidadosamente y nos sacó a ambos fuera de la cabina en la que estábamos acurrucados. Manteniendo sus manos en mi cintura, suavemente me empujó hacia el escenario. Mantuve mis manos en las suyas, aferrándome fuerte

—¡Aquí está la cumpleañera! —llamó al chico en el escenario.

Me di vuelta, jadeando por la sorpresa hacia él.

—¿Co-Cómo tú…? ¿Quién…? ¿Tú me hiciste esto? —balbuceé sorprendida.

La sonrisa de Edward era felizmente malvada.

—No creíste que podrías mantener tu cumpleaños como un secreto, ¿verdad? —Me levantó por la cintura y me llevó por las escaleras hacia el escenario antes de sentarme en un piano—. Aquí tienes —le dijo al chico jovialmente y luego le frunció el ceño—, pero deja de follarte a mi chica con la mirada. Está apartada. —Luego se volteó hacia mí y me besó en la mejilla—. Eres adorable cuando te sonrojas.

Miré con terror como Edward saltaba del escenario y todos me miraban, sonriendo y disfrutando mi obvia vergüenza. El chico en el piano habló por el micrófono.

—Parece que esta no es sólo una fiesta Crush, ¡sino también una fiesta de cumpleaños número veintiuno para la señorita Bella Swan! Démosle un gran y estruendoso feliz cumpleaños, ¿sí?

Contó hasta tres y todos gritaron: "¡FELIZ CUMPLEAÑOS, BELLA!".

Sonreí y murmuré un gracias, tratando de escapar del escenario pero el chico del piano no dejaría que me fuese.

Un shot fue traído y tendido hacia mí, lo observé con recelo.

—¿Qué demonios es esto?

—¡Se llama Vagina Virgen! —gritó Rose e inmediatamente me puse roja y coloqué mi cabello hacia adelante para esconder mi rostro. Pude escuchar la risa y juré de nuevo asesinar a mis amigos y, posiblemente, a mi novio también.

El chico del piano rió en el micrófono y comenzó a cantar Feliz Cumpleaños a lo Marilyn Monroe a JFK. Luego de un agonizante largo tiempo, finalmente terminó la canción y me tomé el trago rápidamente, desesperada por bajar de allí. Todos me vitorearon y estuve sorprendida de encontrar que el trago no era terrible. Le eché un vistazo a Edward mientras me ayudaba a bajar, sonriéndome travieso.

Me jaló hacia sus brazos mientras la música comenzaba de nuevo y la fiesta continuaba.

—Lo siento, bonita. Sólo piensa en esto como tu castigo por no decirme que era tu cumpleaños. —Me sonrió, mientras estaba allí parada, aún echando humo.

—Edward, eso fue humillante —gruñí y él acarició mi cuello con sus labios.

—Nadie se estaba riendo de ti. Todos pensaron que era divertido y, además, lucías hermosa allí arriba.

Alice y Rose, junto con Jasper y Emmett escoltándolas, vinieron deseándome un feliz cumpleaños. Les fruncí el ceño a las chicas.

—Sólo quiero que sepan que mi padre es policía, así que sé cómo asesinarlas a ambas sin dejar evidencia. —Rieron y me sonrieron, negando que tuviesen algo que ver con eso.

Edward finalmente me jaló de vuelta hacia nuestra mesa, colocándome en su regazo.

—Siento haberte avergonzado, amor. Sé que odias ser el centro de atención, pero sabía que tenía que hacer algo para asegurarme de que todos supieran que era tu cumpleaños. Y de verdad debiste haberme dicho que era tu cumpleaños.

Me deleité cuando me llamó amor. No supe si quiso decirlo o fue sólo algún sobrenombre para mí. Decidí que no me importaba mientras lo dijese de nuevo.

—No me gusta estar en el reflector —gruñí juguetonamente, pero me volví seria—, y no quería que te sintieras obligado a comprarme nada. No hemos estado juntos por tanto tiempo.

Los dedos de Edward viajaron por mi quijada, subiendo mi quijada.

—Lo sé, pero hubiese querido comprarte algo de todas maneras, no importa cuán corta o larga fuese nuestra relación. Y no te molestes con tus amigas, ellas no me dijeron nada.

Coloqué mis cejas juntas.

—Entonces, ¿cómo supiste que era mi cumpleaños?

Levantó una de las esquinas de sus labios.

—Fácil. Miré en tu archivo estudiantil. —Lo observé, sorprendida—. Sucede que soy muy encantador cuando quiero algo y la mujer en archivos estudiantiles estuvo muy feliz de ayudarme.

Sólo sacudí mi cabeza, incapaz de estar realmente molesta con él, ya que sabía que debí haberle dicho que era mi cumpleaños en primer lugar. Por supuesto, avergonzarme frente a todos ahí me daba el permiso para molestarlo un poco.

—¿Qué eres?, ¿alguna clase de acosador? ¿Cuándo hiciste eso?

Edward se movió incómodo.

—Um, el día después de que aprendí tu nombre completo. Puede que también haya hecho sólo un poco de acoso online. —Las puntas de sus orejas se volvieron rojas y sonrió avergonzadamente. Demonios, ¿por qué tenía que ser tan lindo?

Tomé su cabello, acercando su cabeza a la mía. Descansando mi frente contra la suya.

—De acuerdo, debí haberte dicho sobre mi cumpleaños, pero no necesitabas ciberacosarme o avergonzarme frente a toda mi hermandad, sin mencionar a los chicos aleatorios aquí. Si sólo me hubieses preguntado abiertamente cuándo era mi cumpleaños, te hubiese dicho.

Edward inclinó su cabeza hacia atrás sólo ligeramente para ser capaz de mirarme a los ojos.

—¿Cuándo es tu cumpleaños, Bella? —preguntó suavemente.

Sonreí y susurré.

—Hoy.

Mi hermosa y favorita sonrisa torcida se esparció por su rostro.

—Feliz cumpleaños, Bella. —Me tendió un pequeño sobre que no había visto que sacara. Mordí mi labio, sonriéndole, y tomé el sobre. Lo abrí y deslicé los cartones de adentro, volteándolos en mi mano. Mis ojos viajaron por las palabras, sin comprender.

—Edward —jadeé—. ¡Estos son asientos en tercera fila para el concierto de Muse en febrero!

Él rió y acomodó mi cabello detrás de una oreja.

—Sí, lo son, bonita.

—¡Esto es demasiado, Edward! No puedo dejar que gastes tanto dinero en mí —protesté, pero mi egoísmo no quería devolver los boletos tampoco. ¡Estaría tan cerca de Matthew Bellamy!

—¿Te gusta el regalo? —preguntó y asentí culpable—. ¿Quieres ir al concierto? —Asentí de nuevo—. Entonces eso es todo lo que me importa. Sólo quiero hacerte feliz, Bella.

Finalmente no pude contener mi emoción por más tiempo y lancé mis brazos a su alrededor, chillando como una fanática de doce años y saltando en mi asiento.

—¡Gracias, gracias, gracias! ¡Edward, este es el mejor regalo de cumpleaños! —Lo besé de nuevo, pero Rose estaba cerca y me apartó de él antes de que pudiésemos empezar.

—¡Por el amor de Dios, ustedes dos! ¿No pueden estar tranquilos hasta que estén de vuelta en el apartamento de Edward? Dejen de besarse y ser completamente antisociales. Traigan sus traseros a la pista de baile y participen una vez —reprendió.

Me di cuenta de que estaba tan feliz por el regalo de Edward que no me importaba que me avergonzara a mí misma por bailar y dejé que nos sacara a la pista. Edward y yo bailamos juntos, con él tomando el liderazgo y amoldando mi cuerpo al suyo mientras nos movíamos con la música. Como siempre, parecíamos tener esa conexión entre nosotros y nos movíamos en perfecta armonía. Sus manos viajaron por mi cuerpo, ligeras caricias e insinuaciones, vagos toques con las yemas de sus dedos por los lugares que más quería, volviéndome loca lentamente por la lujuria.

Obsession de Innerpartysystem comenzó y podía jurar que Edward estaba tratando de hacer que tuviese una combustión espontánea. Me sostenía en sus brazos, sus ojos oscuros por las emociones alborotadas en ellos, haciendo que mis rodillas temblasen junto con otras partes de mi cuerpo. Presionó nuestros cuerpos juntos y mi cabeza cayó hacia atrás mientras sentía su deseo por mí, duro contra mi estómago.

Deslizó una mano en mi cabello, sus dedos paseaban por mi cuello y por aquél mágico punto detrás de la oreja, mordí mi labio para no gemir y enredé mis propias manos en su cabello. Estaba tan excitada, palpitando en todos los lugares correctos. Cuando su otra mano se deslizó bajo mi falda y tocó mi humedad, no pude evitar gemir una maldición y Edward rápidamente capturó mi boca con la suya. Estaba tan oscuro y abarrotado a ese punto, que nadie hubiese sido capaz de ver dónde estaba su mano. Un largo dedo se deslizó bajo mi hilo y por mis mejillas antes de colarse dentro de mí. Casi arranco el cabello de Edward por jalarlo tan fuerte, balanceándome en el fino borde de correrme en medio de la pista de baile.

—Mierda, bebé, necesito sentirte. —La voz de Edward era fuerte y ronca en mi oído, haciéndome estremecer deliciosamente—. ¿Puedo hacerte venir justo aquí en la pista de baile, nena? —Su mano en mi cabello se deslizó por mi cintura, sosteniéndome contra él.

Lloriqueé y presioné mi rostro contra la curva de su cuello. Lentamente bombeó su dedo dentro de mi adolorida vagina y mordí la punta de su hombro, mis piernas temblando. Edward me sostenía por completo. Movió su dedo dentro de mí, frotando el increíble punto dentro que sólo él parecía capaz de encontrar y lamió detrás de mi oreja, susurrando:

—Déjame sentirte. Córrete para mí, amor.

De pronto, estaba temblando y jadeando y corriéndome tan fuerte que vi estrellas. Todo mi cuerpo estaba lleno de placer mientras Edward embestía suavemente mi vagina y yo me deslizaba en mi orgasmo. Sentí un gruñido profundo en el pecho de Edward mientras besaba suavemente mi cuello.

—Dios, tu cuerpo es tan jodidamente sensible a mí —murmuró.

Lloriqueé y forcé mis manos para aligerar el agarre en el cabello de Edward.

—Llévame a casa, Edward. Por favor —rogué, prácticamente sollozando—. Te deseo… Deseo todo contigo esta noche.

Se apartó, observando mis ojos con su amplia mirada. Pude ver la incertidumbre en los suyos mientras buscaba en mí cualquier señal de duda. Finalmente, ese verde se intensificó y oscureció, tanto que sus ojos estaban prácticamente negros.

—Bella —gruñó y quitó su mano suavemente de abajo de mi falda, ganándose un pequeño quejido por mi parte.

La siguiente cosa que supe, fue que estábamos en un taxi, besándonos salvajemente, con las manos de Edward peligrosamente cerca de ir bajo mi falda de nuevo. Lo que pareció momentos después, estábamos fuera de la puerta de su departamento y en el umbral de lo que esperaba que fuese una de las mejores noches de mi vida.


Nota traductoras:

¡Un capítulo más! Bella ha tomado una gran decisión y descubrimos el lado acosador de Edward :P ¿Qué les ha parecido?

¡Queremos agradecer todos los rr que dejaron en el último capítulo! Nos alegra poder saber que les gusta la historia ;) Así que si quieren un adelanto del capítulo 9 ya saben lo que pueden hacer... ¡Yo estaría muy intrigada por saber si ya se cumple el deseo de Bella o no! :P

También decirles a aquellas que no tienen cuenta en Fanfiction que dejen su mail, sino no tenemos forma de hacerles llegar su adelanto. Recuerden que Fanfiction los borra de los comentarios si los dejan todo junto, separen las diferentes partes con espacios para que no los quiten. Por ejemplo: pepita _ 5555 arroba hotmail punto com

Y por último (estas notas se están haciendo cada vez más largas) queremos invitarlas a leer nuestra nueva traducción, pueden encontrarla en nuestro perfil:

The Perfect Partner Program

Summary: Bella Swan nunca se postuló para participar en el "PPP", una escuela formada para hacer a la pareja perfecta; pero es, a través de las circunstancias, obligada a ir de todos modos. Mediante el programa conoce a Edward Masen un chico mucho menos críptico de lo que Bella pensaba al principio. Acompaña y vive junto con Bella cuando la máscara sea arrancada, develando al verdadero hombre detrás de aquellas encantadoras palabras.

Ahora sí, nos leemos en los adelantos y el próximo capítulo ;)