Capítulo 7 - Venganza
Los días pasaron llenos de tranquilidad y armonía, en los corredores del castillo hacían eco las conversaciones de los alumnos habitualmente. Lo que había pasado entre Snape y Johnson, pese a no ser bien recibido, fue en retirada una vez que el profesor, viéndose satisfecho por el resultado de su primera clase de exigencia severa, decidió no aumentar la exigencia en todos los niveles. Así que la vida en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería seguía normal. El cielo seguía donde mismo, el viento otoñal arrastraba consigo el crujido de las hojas desde el Bosque Prohibido… No fue hasta cierto martes en que todo cambió. Porque ese día, cierta joven tenía una idea: un plan se ponía en marcha.
Martina estaba en el comedor, tomando (apenas) su desayuno, acompañada de su buena amiga de siempre, Luna Lovegood. Ambas se preparaban para sus clases del día mientras aprovechaban de conversar, entre tanto, la joven Lovegood leía el Quisquilloso tranquilamente. Si bien el comedor estaba lleno, la mayoría de los jóvenes se demoraban unas horas en despertar, así que todo estaba relativamente tranquilo. Johnson miraba curiosamente alrededor, hace días que estaba esperando una idea, un acto de revelación que se materializara frente a ella: Debía concretar su prometida venganza. Debía vengarse de Severus Snape.
Frente a ella tenía una hoja de pergamino en la que estuvo escribiendo toda la semana ideas al azar, la mayoría las terminaba tachando furiosamente debido a su falta de originalidad o incapacidad de realización. "Piensa, piensa…" se repetía en voz baja. Hasta que súbitamente, mirando a su alrededor, su atención se enfocó en un grupo de muchachos que estaban reunidos cerca de la mesa de Slytherin. Todos miraban fijamente a un estudiante de primer año que se había quedado dormido sobre el largo mesón, con la cabeza al lado de un plato de pan tostado y un plato de cereal. Uno de ellos sacó su varita, y luego de pronunciar unas palabras que ella no alcanzó a comprender, un cubo de agua fría apareció directamente sobre el desprevenido estudiante, haciéndolo saltar de su lugar asustado, mientras a su alrededor se desataban las risas y las miradas frente a la broma jugada sobre el inocente joven. Rápidamente se vio a un enojado Severus, quien estaba entrando al comedor justo en ese momento, reprendió a los alumnos de su casa y… pueden imaginarse lo que pasó después. Pero justo en ese momento, a Martina le vino una idea. Una peligrosa idea. Esta comenzó a crecer y desarrollarse en su mente.
Primero, necesitaba abastecerse de algo que le ayudara a concretar su plan. No le tomó ni diez minutos en pensar donde ir después, sabía exactamente quién podría ayudarla: Antonio Punchinello. Él era el tipo más sombrío de todo Hogwarts, él era quién vendía cigarrillos muggles en el colegio, él que les daba de beber alcohol a pequeños de primeros años, incluso se decía que vendía algunas drogas, pero nunca le habían pillado en nada raro como para culparlo. Siempre se le podía encontrar en el patio trasero, en una esquina oscura donde una torre hacía sombra a un callejón al costado del castillo. A la hora del almuerzo, Martina devoró su comida lo más rápido que pudo, se despidió de su amiga diciendo que tenía que estudiar, entonces, a toda prisa, y con el corazón en la garganta, fue a buscar al misterioso alumno. Ahí estaba él, con algunos de sus secuaces, entreteniéndose con un dragón mágico miniatura que tenía encerrado en una botella. La chica tomó aire antes de acercarse, estaba nerviosa, pero no tenía miedo. Menos a un matón de tercera como él. Estaba muy decidida a hacer lo que fuese necesario.
-Punchinello, ¿Qué tal? - Se dirigió a él.
-Johnson ¿no? - Le respondió Punchinello- Es difícil no reconocerte, eres toda una celebridad accidental. Siempre pintada y armando desastres. Digamos que no pasas desapercibida…
-Supongo que no. Necesito que me hagas un favor, uno muy grande - Le pidió Martina
-No es mi estilo hacer favores, si quieres algo, algo tienes que dar a cambio. Dirijo un negocio aquí.
-Estoy al tanto de ello - Entonces Martina, orgullosamente, se le acercó para entregarle una pequeña bolsita con monedas, el sonido de las monedas al caer en la mano de Punchinello hizo eco en el ambiente. El hombre contaba rápidamente el botín y sonreía, muy a gusto.
-Muy bien, una chica decidida, así me gusta… ¿Qué necesitas?
…
Luego de conseguir lo que necesitaba, Johnson fue hacia la biblioteca a pensar en cómo conseguiría que Snape cayera en su trampa. Debía planearlo bien, tenía que ser más inteligente que él, no sería fácil lograr que todas las piezas de su plan encajaran. En eso estaba cuando Luna apareció por la puerta principal.
-Te vi con Punchinello - Dijo Luna, acercándose seriamente.
-¿A si? Pues solo conversaba con él, es mejor tipo de lo que parece - Le respondió Martina, tratando de sonar natural. Inmediatamente tomó el pergamino donde estaba escrito su plan y lo guardó en su túnica.
-No estarás de nuevo con esos cigarr-, eh, algo… fumando ¿O sí? - Preguntó preocupada, sentándose a su lado.
-Todo menos eso, hace mucho que deje de fumar, fue solo una tontería - Dijo Martina.
-¿Entonces que conversabas con él?
-Nada malo Luna, te repito, no es tan terrible como todos creen.
-¿No? Por favor, hasta Liam le tiene respeto.
-Ay, Luna, solo pase por ahí y Punchinello me reconoció. Todo eso de "malahierba"… sabes, se ha vuelto un poco aterrador que todos te conozcan.
-Ajá - Luna no parecía creerle nada a Martina
-Vamos Luna, si algo estuviera pasando te lo contaría - Martina trato de convencerla.
-Te creeré, solo por esta vez, no quiero verte de nuevo con esas malas juntas, se dice que es un mortifago.
-Luna, se dice eso de todos los Slytherin. Seguramente, con los rumores, falta poco para que digan que yo le rindo lealtad a el-que-no-debe-ser-nombrado.
-Bueno, tienes razón… - Lovegood esbozó una sonrisa, tratando de quitarse la preocupación de encima. Después, cambiando el tema, se pusieron a revisar un artículo del Quisquilloso, conversaron un rato, y así se les fue la hora.
…
Al fin el día había llegado. El día en que el plan de Martina se realizaría en su plenitud. Estaba dispuesta a hacer pagar a Snape por todas las que él le había hecho, mucho antes que Martina le encarara, ella había sufrido muchas burlas de su parte. Pero ahora era distinto, ahora podría devolvérselas todas.
Como de costumbre, Martina llego a clase de pociones ese día, caminando hacia su puesto y sentándose en él. Esperó a que Snape escribiera los materiales y diera la página del libro donde estaban las instrucciones. Con la misma mirada fulminante de siempre, Snape observó a todos para que se pusieran a trabajar, luego Johnson vio como comenzó a pasearse por los pupitres de sus compañeros. Trataba de actuar natural, pero la emoción era muy grande. Hizo como que revisaba los ingredientes, leyó una y otra vez las mismas instrucciones y hasta encendió el mechero de su caldero, todo esperando el momento perfecto donde pudiera pasar desapercibida. En un momento se escuchó un leve estruendo y Severus, mecánicamente, fue hasta el lugar del hecho para reprender públicamente a un estudiante; ese era el momento perfecto para realizar el siguiente paso.
Sin perder tiempo, Martina saco de su bolsillo un pañuelo azul, el color de su casa, en el que había un precioso anillo de plata. Pronunció susurrando un "Wingardium leviosa", haciendo flotar el anillo desde su mano. Con su varita comenzó a dirigirlo lenta pero seguramente al escritorio del profesor, era el mejor lugar posible, nadie se atrevería a sacar algo de su escritorio. Snape justo se dio vuelta, a Martina casi le da un paro cardíaco. Aliviada, se dio cuenta que él no alcanzo a ver como el anillo caía en el escritorio. Luego de terminar con los alumnos, Severus regresó a su escritorio. Entonces, vio el anillo sobre él.
Martina levanto su mirada, ¡Este era el momento! Pudo sentir como el tiempo se paralizaba justo cuando Snape tomaba el anillo y… ya no estaba. Snape ya no estaba. Todo el curso se quedó en silencio. Snape había desaparecido, parecía un milagro. Era el sueño de muchos estudiantes hecho realidad. Pero nadie sabía cómo reaccionar. En Hogwarts no se podía aparecer o desaparecer a voluntad, solo se podía, con un traslador.
