Antes que nada: me disculpo si hiero la susceptibilidad de algunas personas. No es a propósito.
Se pasó por el hotel a tomarse una de esas duchas de menos de diez minutos, peinó sus cabellos en ese estilo prolijamente descuidado que le quedaba tan bien y decidió no afeitarse. Ya que no tenía tiempo de arreglar una combinación con la ropa nueva que había comprado, buscó una que ya conocía de memoria y que sabía le quedaba genial. Jeans negro un poco ajustado, botas negras toscas y una ajustada camiseta oscura de los Sex Pistols casi sin mangas, dejando ver sus brazos ejercitados. Su Rolex deportivo, un poco de esa colonia nueva y una ligera chaqueta urbana negra, con miles de bolsillos, en uno de ellos el pergamino con la dirección del pub, al parecer era muggle.
Pub O'Malley. 9 quai de rive neuve. 13001 Marseille.
Después de consultar en el mesón del hotel -y si, el "13001 Marseille" indicaba que el lugar era definitivamente muggle-, la forma más fácil de llegar al parecer era en taxi. Aunque Merlín debía tenerlo en muy alta estima –después de haber derrotado a Voldemort, quién no-, porque una pareja de ancianos que iba hacia la costanera a cenar, lo acercaron por red flu hasta un restaurant frente al Fuerte Saint- Jean. Justo al frente del pub O'Malley, al otro lado del puerto.
Después de diez minutos en taxi, a las ocho con cincuenta y siete de la noche, entraba al bar de apariencia irlandesa. Un pub irlandés en Francia, genial. En una esquina al fondo, un conjunto de mesas y gente haciendo ruido, llamó su atención. Un tipo de unos veinticinco se levantó de su asiento, entonando una canción de una banda rock francesa. Harry dio unos pasos un poco inseguro, buscando una cabeza rubia en alguna de las otras mesas.
-Ma pièce préférée est la chambre de ta mére, mon amie…- iba berreando y a Harry le dio la impresión de que la cara del tipo se le hacía un poco conocida, –parceque elle est asset beau, mais tu n'est pas…- el moreno se quedó junto a la barra, con una ceja alzada mirando como el seudo cantante lo indicaba, –regarde-toi dans une glase, mon amie laide, laide, laide, mon amieeeee…- desde el otro lado de la habitación, el índice del desconocido apuntaba directo a su pecho.
-¡Potter!-
-Ey…- vio al rubio levantarse a tres sillas de distancia del cantante, Harry se acercó con la ceja aún alzada.
-Vasser va en su tercer ron y le gusta La chien maison.- levantó un dedo hacia el techo. –Le gusta esta canción, "J'adore ta mére". Adoro a tú madre.- sonrió de medio lado. Malfoy soltó algo en francés y todos se volvieron a mirarle. Entonces el moreno pudo reconocer a Vasser en la silla junto a la pared, a Badeau en un sitio a la derecha de Malfoy y a Neal y a un serio Jetter al frente, una silla más allá. A los otros cuatro hombres no los había visto nunca. Dijo algo más en francés y pronunció un Potter, un anglais y un reconocible Il ne parle pas français. –Potter, ya conoces a Henri Vasser.- éste saludó con su vaso de ron a medio vaciar. –Jacques Neal.- le escuchó soltar un "Ey", antes de sentir como escudriñaba su frente con la mirada. –Adrien Jetter,- bufido molesto, –y a Claude Badeau.-
-Hola,- el enorme negro se levantó estrechándole la mano, –otga vez.- sonrió mostrándole todos sus dientes blancos.
-Ellos son Jehan Campagne, Edmond Cavalier, Basile Hiver.- indicó a los que se encontraban más cerca de la pared, junto a Vasser, estos levantaron sus manos, sus botellas o sus vasos para saludarle, –y él es John.- sonrió al guapo latino de veinte-y-tantos que estaba a la izquierda del rubio. –Sólo John.-
-Juan Miguel León, o John Michael Lion para los gringos.- dijo en un brusco inglés, levantándose para estrechar su mano en un efusivo saludo. -Así que este es el otro que juega esas cosas raras.-
El tal John era un tipo atractivo, de ese "caliente" atractivo que parecen tener todos los latinos. Con su piel bronceada y ese cuerpo delgado pero resistente, sus brazos visibles con la camiseta sin mangas, no eran excesivamente musculosos, ni denotaban gimnasio, pero tenían una buena composición muscular y tonicidad. Su rostro armonioso combinaba el cabello castaño y los ojos chocolates, una nariz amplia pero consecuente con unos labios grandes, que quizás demostraban algo de sangre mulata. Al igual que esa enorme y contagiosa sonrisa de dientes blancos.
-Vamos hermano, siéntate,-dijo mientras tomaba una de las sillas de una mesa contigua, -que estamos festejando que nuestros amigos aquí presentes han ganado un importantísimo partido.- ya que Badeau se había movido, Harry pudo sentarse a la derecha de Draco, al otro lado del rubio estaba John.
-De hecho,- todos habían vuelto a acomodarse. Jetter y Neal habían iniciado su propia conversación, –él también ganó su partido.- le mencionó al latino. Harry supuso que era muggle, porque no se hablaba concretamente de quidditch, sino de "partidos" y "juegos".
-¡La puta madre!- soltó en español. –Pero, ¿qué estamos esperando? ¿Qué vas a tomar?- le sonrió.
-Ah…- abrió la boca y miró a Malfoy, pensando.
-¿Has probado la Guinness?- le indicó un letrero enorme donde aparecía una etiqueta de cerveza.
-No lo creo, es una cerveza irlandesa, ¿no?- vio como el rubio se llevaba una botellita de etiqueta roja a la boca.
-Ajá.- lamió sus labios, humedeciendo su piel rosada y abultada. Contundente. –Es malta negra, la Foreign extra es seca e intensa. Quizá te guste.-
-Ok.- antes que dijera nada, John se había levantado y pedía su cerveza en un cantadito francés, intercalando palabras en castellano. –¿Qué tomas?- se inclinó un poco hacia Malfoy, intentando no dar la impresión de dejar a Badeau, a su lado, fuera de conversación.
-Smithwick's.- el rubio bebió un sorbo y se la tendió, –También es irlandesa.- ni corto ni perezoso bebió compartiendo la boquilla de la botella, sintiendo además de la conocida humedad del vidrio, el sabor a cuero y la intensidad característica de la cerveza roja.
Badeau mencionó algo.
-Los Italianos hicieron un escándalo después de que perdieron contra Camerún.- Draco le tradujo.
-¿Qué sucedió?- preguntó Harry, mirando a Badeau. La mano de John le dejó en frente su cerveza destapada. –Gracias.- le respondió.
-¿Qué pasó?- preguntó el latino.
-Claude estaba contando que la selección italiana hizo un escándalo el miércoles,- el ambiente del local estaba un poco caluroso, así que Harry se quitó la chaqueta negra, sonriendo interiormente al dejar al descubierto bajo la ajustada camiseta, su torso trabajado y sus brazos fuertes y marcados, –llegaron borrachos al hotel, rompieron y ensuciaron el loby- iba traduciendo a lo que Badeau iba relatando, –y algunos subieron prostitutas a sus habitaciones.-
Harry bebió un trago de cerveza negra, le sonó un poco a la Northmaen, fuerte, intensa, consistente. Exquisita. Entonces Adrien Jetter soltó algo, Badeau le respondió… luego John, el tipo Hiv-no-sé-qué y Jetter nuevamente. Era una mierda no entender nada, se sentía como un idiota.
-Adrien dice que como los italianos son tricampeones, habían subestimado a Camerún.- le iba contando el rubio, hablándole suavemente para no interrumpir la conversación. –Claude dice que a los africanos siempre se les ha subestimado y John dice que a los sudamericanos también, porque el primer mundo cree que son un atado de ignorantes… mencionó algo sobre fútbol y que los brasileños le han tapado la boca a todos.– bebió un trago. –Basile, que es un ultra fanático de fútbol, dijo que era una idiotez porque en el futbol los latinos siempre han tenido un estilo de juego único, dinámico y no sé qué más… y que los africanos son fuertes y resistentes, pero que les falta un poco de técnica.- suspiro. –Están hablado de futbol ahora. Adrien dice que le gusta la liga inglesa, porque es de juego rápido.- mencionó.
-Bueno, los ingleses somos excelentes en todos los deportes.- le sonrió al rubio de forma socarrona. Malfoy se inclinó un poco hacia la mesa y soltó algo en francés que comenzaba con un "Potter". Todos se giraron a mirarlo. John rió y después vino otra corrida de comentarios, que el puto de Malfoy le sonrió al traducirle.
-Bueno, entendiste ese connard, ¿no?-
-Sí, idiota, ¿para qué dijiste eso?- se pasó una mano por el pelo, despeinándose. Malfoy volvió a reír.
-Adrien dice que primero derrotes a Rusia y quizás algún día crea que la lacra inglesa vale algo.- Potter frunció el ceño, pero antes de decir nada John le respondió.
-No te molestes, ese idiota es desagradable con todo el mundo, hasta que lo conoces bien.- le comentó. –Aunque siempre tiene algo malo que decir contra los ingleses.-
-Por la historia de invasión de los ingleses en Francia.- le aclaró el rubio.
-Si fuera así, hay muchas colonias que tendrían todo el derecho de soltar un montón de mierda contra los imperios que los invadieron, como toda América latina.- John indicó e hizo gestos de obviedad. –Y bueno, tenemos a esos otros al norte, que históricamente lo único que han hecho ha sido abusar y controlar y etc. etc. Pero no vamos a hablar de eso, ¡dignidad ante todo!- rió.
-No hablemos de esas cosas, porque sabes que los ingleses hemos sido explotadores y opresores a lo largo de nuestra historia…-
-Como todos los países que han buscado la expansión.- acotó Harry.
-Por eso me gusta que los latinos, los chinos, los árabes y que los países de la periferia rellenen y tengan su propio espacio en las grandes ciudades.- y John sonrió ampliamente. –¡Multiculturalismo e hibridación, hermano!- se apretó contra Draco y pasando el brazo frente a ellos, palmeó el hombro de Badeau. -Multiculturel, ¡la diference!- Malfoy sonrió apretado contra Harry.
-Los abuelos y la madre de Claude son de Senegal.- le indicó una delgada pulsera con cuentas de madera en la muñeca del negro. –Esos son los colores panafricanos, es muy orgulloso de ello.- le iba comentando el rubio, entre tragos de cerveza.
-Senegal.- dijo hacia el negro, quien casi ilumina toda la habitación con su sonrisa.
-Abuelo de Dakar, madre de Thiès.- y comenzó a hablar en su fluido francés, intercalando sonrisas.
-Dice que allí el mar es claro y tibio, los hombres pescan con redes artesanales y te cocinan los peces de colores junto a la playa.- iba traduciéndole, de nuevo. -Las mujeres, como en las películas, cargan sus cosas sobre sus cabezas, como fuentes con plátanos, granos y textiles, con sus vestidos amarillos y rojos brillantes. Está todo rodeado de bosques salvajes y en verano llueve con fuerza. Te puede hablar por horas de la casa de sus abuelos.- Harry le sonrió agradeciéndole que compartiera esas cosas con él, no eran amigos ni nada parecido, pero Claude Badeau siempre se había mostrado amable con él.
-Es fácil hablar con Claude porque entiende cuando uno se siente extranjero o sin un lugar propio, sin entender nada, ni a nadie.- John lo miró con esa constante sonrisa en la cara, –que siempre necesites a alguien que te traduzca, que te explique todo.-
-¿De dónde eres?- Harry miró al latino y como había ocurrido con el negro, John le sonrió con amplitud.
-De Cuba mi hermano. De la hermosa Cuba.- de uno de los bolsillos sacó su billetera, desplegando una tira plástica transparente con varias fotografías muggles. –Estos son mis padres, Manuel León y María Estela Castillo, viven en La Habana vieja. Estos, mis abuelos paternos, Jacinto León y Minela Ferrer.- iba pasando y pasando gastadas y un poco descoloridas fotografías y aunque era seguro que Malfoy ya las había visto, las observaba y hacía algún comentario. –Esta es mi abuela materna.-
-Estela Pilar de la Santa Maria Oviedo.- dijo de memoria el rubio. -Es idéntica a la hermana de John, Isabel, el mismo rostro y los ojos enormes.-
-Y por el lado de la abuela Estela todas las mujeres son buenas para bailar… hermano, Isa es como una ruleta, girando toda la noche.- indicó. –Y tuvo el coraje de hacer bailar al rubio, lo dejo suelto como un fideo.-
-Qué dices.- medio sonrió Draco.
Siguieron conversando por largo rato, mostrando fotos familiares, dándose cuenta que todos en la mesa tenían a lo menos una fotografía de algún ser querido guardado en la billetera. Badeau tenía una fotografía muggle donde salía toda su familia en Senegal, abuelos, tíos, primos. Tenía una mágica de sus padres, que no mostró. Vasser mostró una donde salía junto a su novia a los pies de la Torre Eiffel. La única foto muggle que tenía Neal era de su perra labradora de catorce años, regalo de su abuelo Antoine. Las de su familia eran todas mágicas. Jetter mostró una donde salía en la playa junto a su hermano mayor. Tenía una vieja y arrugada de sus padres, que habían muerto hace años en un accidente de avión. Hiver, Campagne y Cavalier tenían dos o tres fotografías de amigos o familiares. Cuando les tocó el turno a ellos, Malfoy sacó una fotografía muggle de su madre. Una hermosa Narcisa Malfoy, con su rostro un poco inexpresivo, pero con sus azules ojos brillantes de algo cálido. El vestido azul de satén, ajustado, le dejaba una cintura diminuta y mostraba suficiente busto como para ser elegante, pero tentador. Era hermosa y todos apreciaron, honestamente, que muchos de sus rasgos los había heredado su hijo. Las cejas arqueadas con altivez, la nariz pequeña, la contextura delgada, el cuello largo… y Harry podría haber confesado que lo veía también, en su boca apetecible, sus pestañas largas, los pómulos altos, la deliciosa piel pálida y tersa… Carraspeando, Harry mostró una fotografía de los tres con Hermione y Ron. Malfoy sonrió socarrón por lo evidente. Y ante las preguntas, tuvo que contar que era huérfano al igual que Jetter, sus padres habían muerto cuando él tenía sólo un año de nacido.
El pub estaba repleto de gente, conversando, bebiendo y comiendo, el ambiente estaba más viciado por el humo del cigarro, hacía calor y Harry sentía que quería sacarse algo más de ropa. A las diez con cincuenta, después de varias cervezas y de un humor más achispado, el teléfono de John sonó con un ritmo agitado. Justo en ese momento el dueño del bar le había puesto una canción en español y la estuvo cantando a todo pulmón, hasta que teléfono en mano salió del local para atender.
-¿John es muggle?- Malfoy asintió. –¿Ellos también?- indicó a los tipos que no conocía.
-Basile es mestizo, pero está más relacionado con el mundo muggle que con los magos.- Malfoy llevaba varias botellas de cerveza y ahora bebía un vaso de ron. El moreno ya creía que estaba un poco "más" que sólo achispado porque mantenía el cuerpo recargado contra el respaldo de la silla y a veces para hablarle, cargaba su hombro contra Harry. Pero a pesar de todo, hablaba y pronunciaba todo correcta, lucida y normalmente.
-¿Qué deporte creen que juegas?- tomó el vaso del rubio y le dio un sorbo.
-Algo así como el criquet, un deporte elitista y poco conocido popularmente.- Harry sabía que le levantaba una ceja inquisidora cada vez que bebía de su vaso, pero el moreno se hacía el desentendido.
-¿No te preguntan nada?, la gente muggle que conozco siempre me ha hinchado los huevos con que me quieren ir a ver jugar. Que cómo se juega, que por qué me desaparecía este mes entero.-
-A veces la hermana de John me insiste, pero él sabe que yo los invitaré cuando lo crea conveniente, supongo que algún día le diré que soy mago y eso.-
-Son bastante cercanos.- apuntilló, pero procurando sonar normal.
-Tenemos cosas en común.-
-… en una fría pensión los estoy esperando…- venía John cantando desde la puerta, una canción que parecía ser de la misma banda en español, –agazapado en lo más oscuro de mi habitación… fusil en mano, espero mi final… papa-pa¡oh!… papa-pa¡oh!…- movía las manos al ritmo de la música, –la cana te busca matador… Me tengo que ir, Tamara no ha llegado y la negra necesita a alguien en el bar.- mencionó lo mismo en francés a los demás. Hablaban de algo mientras John se iba despidiendo, Jetter mencionó algo y Draco respondió con negativas.
-¿Qué harás ahora?- le preguntó el rubio, indicándole a los demás que al parecer también se marchaban. –¿Debes volver al hotel a alguna hora? ¿Pronto?-
-No.- tomó su chaqueta y sacó un par de billetes. –Recuerda que me escapé.- le sonrió.
-Ok.- habló algo con sus compañeros, Jetter para variar estaba molesto.
Caminaron hacia la salida, luego de pagar la cuenta. El golpeador soltando comentarios, que por más que Malfoy hacía el esfuerzo por ignorar, Jetter procuraba hacer más constantes y con la voz más fuerte. Varios intentaron callarlo, sin resultado. Los tres muggles tenían el mismo gesto sorprendido, las cejas perdidas bajo el cuero cabelludo de tan levantadas. John soltó un par de cosas, pero el moreno golpeador no parecía escucharlo. Cuando salieron a la calle, Jetter retuvo a Malfoy de un brazo.
-¡Dgaco!… ¡¿avec ce connard?!- el golpeador lo miraba de cerca, con claro desprecio en el rostro y la voz. –Oh, oui, je comprends- ambos estaban uno frente al otro, el moreno hizo gesto burlón. -¿Tu veux aller a la chez toi?, ¿ah?- Badeau y Neal sujetaron los brazos del moreno que parecía querer saltarle encima.
-Ferme la bouche, Jetter.- advirtió el rubio, haciéndole frente. Harry se puso a su lado, por si a alguien se le escaba un golpe o algo. John le tenía un brazo sujeto.
-¿Tu veux aller au lit?, ¿ah?- Harry podía ver como paseaba sus ojos por el rostro del rubio -Dern à raison, tu préfère souffler aux connard-
El puñetazo que le dio fue antológico, Harry recordó la vez que el rubio lo había mandado directamente al suelo con la nariz rota, en Hogwarts, por palabras que sospechaba se asemejaban a las dichas por el francés. El jugador, acostumbrado y más resistente a los golpes, había terminado apenas con el rostro volteado a pesar de la fuerza del impacto. A pesar de la contextura delgada de Malfoy, tenía la mano especialmente pesada. Dejándole a Jetter una marca rojiza en el pómulo, que seguro comenzaría a ponerse morada.
-Me tienes hasta la mierda.- dio un paso hacia el golpeador, dispuesto a atusarle de nuevo si era necesario.
-Dgraco.- Badeau puso su mano al frente, intentando frenarlo, o podría ser él quien recibiría el próximo puñetazo.
-¿Quoi?- preguntó Malfoy y Jetter giró el rostro, lentamente, para observarlo con detenimiento, parecía más calmado a pesar de la intimidante presencia del rubio. –dis-moi…- Harry no entendía la mayoría de las cosas, pero se hacía a la idea del por qué. Especialmente al ver a Jetter mirando el pálido rostro tan cerca, observando con ojos perdidos los labios venenosos de Malfoy.
-…u… -ux…- balbuceaba, ambos muy cerca y esos ojos no se despegaban de él, a Harry no le daba buena espina. -sucer…- Malfoy estrechó los ojos, furico.
-Tu-
-Vamos.- Harry le tomó de la cintura y lo alejó de Jetter. –No vale la pena Malfoy, vamos.-
-Dile a Claude que se lleve a ese malnacido, apesta a borracho.- le soltó a John como si no fuera nada.
-No olvides lo de mañana.- el rubio le respondió con un asentimiento. –Lleva a tú amigo, que es más simpático que este otro.- dijo, buscando en uno de sus bolsillos un trozo de papel de brillantes colores. –Toma.- se lo extendió a Harry y éste agradeció.
-Dgaco.- Jetter lo llamó, pero ya había hecho suficiente el ridículo y Harry siguió arrastrando al rubio de la cintura. –Dgaco… ¡merde!-
-Au revoir.-
Llegaron hasta la zona más estrecha del puerto caminando. Harry no había querido decir nada, por si Malfoy seguía enojado y lo mandaba a la mierda. Se detuvieron mirando las decenas de muelles en donde se anclaban a los centenares de lanchas y veleros. Casi todos los lugares estaban ocupados y en los que aún había gente a bordo, por lo tarde y oscuro que estaba se distinguían únicamente sus luces amarillentas, algunos focos de colores y sombras temblorosas al compás de la marea. Aún hacía calor, así que se mantuvo con la chaqueta en la mano y las manos en los bolsillos, mirando en la vereda de enfrente los bares llenos y la música estridente, los cafés de atmosfera más sosegada y el teatro de la ciudad cerrando sus puertas. Sintió un suspiro a su lado.
-Con esto se me bajó todo el alcohol, el ánimo, el humor.-
-¿Quieres regresar al hotel?-
-No, seguro está haciendo algún escándalo y no quiero escuchar sus disculpas o sus insultos.- apoyó la rodilla sobre el bloque de cemento que delimitaba la costanera. –Es un lunático, a veces es muy simpático y agradable para tratar, pero otras se comporta como un verdadero imbécil.-
-¿No has intentado hablar con él?, tú no puedes andar según su estado de ánimo.- pero Harry ya lo intuía.
-Le pregunté luego de la primera vez que le di un puñetazo, pero él solo me pidió disculpas, porque era impulsivo y muchas veces hablaba sin pensar.- de pronto sonrió al recordarlo, –Y el maldito es terriblemente resistente a los golpes y al dolor.-
-Será masoquista.- rió.
-Merlín,- suspiró, –no quiero pensar en esto ahora, no quiero pensar en nada desagradable… joder, todo estuvo tan bien durante la tarde…-
-Tranquilo,- y acarició el cabello rubio de su nuca, masajeando tentativamente su cuello por sobre la chaqueta, –mañana estará todo bien de nuevo, ya verás.- Malfoy se giró a mirarlo, por el movimiento su mano se escurrió hasta su hombro delgado, ambos frente a frente, con el mar al costado. –¿Has pensado en qué pasaría si nos enfrentamos en la final?- cambió de tema rápidamente, hacia algo más seguro. Dejó caer su mano disimuladamente y la regresó al bolsillo de sus jeans.
-¿A qué te refieres?- como en otras ocasiones, esos ojos plateados lo ponían nervioso. -Tendríamos que jugar y punto.- se alzó de hombros.
-Claro, pero- »Hay que jugar y punto. ¿Yo soy el único que se preocupa? ¿Qué lo siente raro?« pensó, –no sé… siento como si el jugador y la persona fueran dos cosas diferentes.-
-En momentos como este no me ves como un oponente.- resumió y Harry asintió. –Potter, esos son sólo sentimentalismos. Hemos jugado antes, nos hemos odiado antes, hemos competido y peleado… cuando llegue ese partido, si es que llegamos a jugar la final, lo sentirás más natural.- su rostro no sonreía, pero así como en la fotografía de Narcisa, sus ojos brillaban transparentes y honestos.
Harry sabía cómo debía sentirse Jetter cada vez que podía observar ese rostro, tan cerca, tan expuesto. Tan hermoso. Merlín. Sentía que sus verdes ojos oscurecidos se perdían con voluntad propia en esa boca, esos labios que ansiaba besar, tocar, con los dedos aunque sea, sentir esa textura, esa suavidad, ese sabor. ¿Quién, qué era Phillip?, si el único que podía saciar su anhelo, satisfacer sus deseo, sus esperanzas y el enorme hueco que adolecía su vida, era Draco. ¡Y esos ojos, maldita sea! Hermosos, iluminados, reveladores. Tormentosos.
Se irguió tenso, al darse cuenta que se había inclinado sobre el rubio, en algún momento de su escrutinio.
-No pude terminar de ver tu partido con Australia…- comentó con la voz ronca y los latidos un poco acelerados. Carraspeó. –Quinn llamó a reunión y no pude ver el final.-
-No viste la magnificencia de mi atrapada, entonces.- le picó con un dedo en el estómago. Harry por puro instinto apretó los músculos del abdomen. –Bonita camiseta.- le sonrió.
-Gracias.- se pasó la mano derecha por el abdomen plano y duro. –No, tuvieron que contarme. Me dijeron que habías puesto en problemas a Nguyen.- Draco mordía su labio inferior mientras ampliaba su sonrisa, mostrando sus dientes superiores, sus ojos pasearon su mirada al compás de la morena mano antes de subirla de regreso a los ojos verdes.
-Sólo fue algo de física.- dijo con una media sonrisa, enigmática.
-¿Física?- elevó una morena ceja.
-Ajá… es lo bueno del mundo muggle, te amplia los puntos de vista y los campos de conocimiento.- Harry soltó una carcajada. –¿Qué?-
-¿"Es lo bueno del mudo muggle"?, nunca creí escucharte decir algo así.-
-En mis últimos días en Hogwarts ya lo pensaba, cuando investigué sobre los aviones, los celulares y los autos… pero obviamente no lo iba a decir en voz alta…- sonrió con su conocida arrogancia de adolescencia.
-¡Oh!, ok…- ironizó. –¿Y qué parte de la magnífica física muggle te ayudó con Nguyen?-
-La fuerza centrífuga y la atracción de dos objetos de distinta masa.- ante su cara de "qué", continuó explicando. –Ya te había contado que Lancard me había dado una grabación con algunos de sus partidos y analizándolos con detenimiento, pude ver que su estilo tiene una maña. Utiliza la técnica clásica de cobertura al buscar la snitch, de forma circular y extendida en torno al campo, con eso puede abarcar y dominar mejor el aire. Ahí radica su superioridad, en el dominio del campo visual y como es rápido y hábil con la escoba, puede suplir cualquier desventaja que la técnica clásica pueda tener. Pero,- e hizo un gesto de saber algo que nadie más sabía, –esto lo hace pasar muy cerca de las graderías… de hecho utiliza la curvatura de las graderías para aumentar la velocidad, utiliza el peso del cuerpo como impulso… incluso es un movimiento que usa mucho cuando va a atrapar la snitch, siete de cada diez atrapadas las hace cerca de las graderías.-
-Pero la snitch no siempre está en las graderías, se pasea por todo el campo, incluso sale de él.-
-No siempre funciona, pero se puede dirigir una snitch.- Harry lo miró con ojos grandes. –Lo he visto.-
-¿Nguyen dirigía la snitch? ¿No es hacer trampa?-
-No.- pensó, –la snitch funciona repeliendo y escapando de la presencia del buscador, es una presencia mágica que todos tenemos a nuestro alrededor. Pero si uno expele un pulso mágico con mayor fuerza, la snitch se moverá lejos de él.-
-Entonces si uno pudiese eliminar la presencia mágica, la snitch se acercaría.-
-Sí, si es que se pudiese eliminar por completo la presencia, cosa que es imposible. Parte de la táctica de Nguyen es jugar con su presencia mágica y con su velocidad. Y ese es mi gancho. Él pasa una buena parte del partido dirigiendo la snitch, para luego trabajar con la energía centrífuga: el impulso del peso de su cuerpo en la curvatura de las graderías. Y pues llegado el momento de atraparla…- Harry asintió y Malfoy sonrió con verdadero gusto, –yo utilicé una fuerza similar para detenerlo. En el aire, se da que si un objeto de mayor peso corre paralelo, muy cerca y a una misma velocidad con un objeto de menor peso, éste se verá desestabilizado y muchas veces atraído hacia el de mayor masa, haciéndolo chocar contra él.- dijo.
-Bi-en… pero-
-Nguyen pesa setenta y ocho kilos, diecisiete kilos más que yo. Lo sé. Tuve que ponerle peso a mi pechera y cambiar a una escoba más resistente.-
-¿Competiste con diecisiete kilos de pechera encima?- incrédulo, no, más que sólo incrédulo, Harry lo miró con ojos amplios. –Eso es imposible…-
-Eran veintidós, cuatro en cada pierna, diez en la pechera y las escobas de madera de haya, son cuatro kilos más pesadas que una escoba estándar.-
-Me estas jodiendo…- Malfoy levantó una ceja presuntuosa.
-Debía pesar más que el australiano, entonces cuando corriésemos paralelos uno al lado del otro por las graderías, la estela de viento a mí alrededor provocaría una atracción… que podría traducirse como un efecto de roce, que lo haría perder velocidad y desestabilizar su escoba. Pero no te preocupes,- le dijo burlón, por los ojos enormes que tenía, –eran pesos de acero con un hechizo de sustitución y traslación. Cada vez que salía del perímetro de las graderías se intercambiaban por unas bolsas de algodón que Lancard tenía en el balcón de entrenadores… aunque tuve que acostumbrarme a usar una escoba más pesada.-
-No lo puedo creer…- se pasó la mano por el pelo, descendiéndola hasta el cuello y frotándose los músculos que se movían al sentir su cabeza hacer un gesto negativo. –Maldición… realmente eres increíble, tomaste un detalle estúpidamente insignificante y lo pusiste en su contra.- Harry podía sentir su boca moverse sola, mordiéndose o apretándose los labios.
-No soy el más rápido, ni el más ágil, ni hábil, ni arriesgado… pero soy él más inteligente.- el moreno vio como cruzaba los brazos sobre su pecho en un gesto por demás arrogante.
Altivo. Presuntuoso. Señorial. Magnífico. Maravilloso. Hermoso. Enorme… y Harry sentía que le pican las palmas de las manos por alcanzarlo, por sentirlo de forma palpable, tangible. La imperiosa necesidad de sentirlo se le atragantaba, le ahorcaba, le bullía y cosquilleaba en la piel. Nadie podía ser como Malfoy, tan perfecto, tan astuto, inteligente, tan grande… Malfoy era grande a sus ojos. El rubio decía que no era arriesgado, ni hábil, nada de esas cosas que Harry sí veía en él y en el compromiso que tenía con su equipo. Soportar en ese cuerpo delgado y flexible, el suficiente peso como para derrotar a su oponente. Esa tenacidad lo hacía desear aún más tenerlo, tomarlo en sus manos, acariciarlo. A veces sentía con verdadera urgencia susurrarle un "Draco" en el oído y que sólo él pudiese escucharlo, como un secreto entre ambos. Llamándolo. Tocándolo con su voz. Atrayendo su mente hacia él, sólo él.
-Lo mejor de la astucia Slytherin diría yo.- dijo sintiendo como en su voz se le escapaba ese sentimiento agobiante, que le rellenaba el pecho con "algo", ¿admiración?, ¿deseo?, ¿anhelo?
-Es bueno que lo reconozcan.- le sonrió en un gesto suavemente orgulloso, quizá con algo de imperceptible modestia, con los parpados levemente caídos, las pestañas más visibles que nunca, la mirada gris directamente sobre la verde. Oh, Merlín como le apretaba la garganta observar esa hermosa imagen delante de sus ojos.
-Yo también he aprendido algo sobre los diferentes puntos de vista.- no podía despegar sus ojos de él. Voz enronquecida. Manos desagradablemente sudadas.
-¿Ahora valoras el mortal veneno de las serpientes?- mierda, mierda, cómo puede una media sonrisa ser tan…
Harry pestañeo varias veces, con un terrible sentimiento de inquietud queriendo salírsele por la boca, quería comerse la imagen de Draco. En ese momento quería tantas cosas de él y con él.
-Astucia y amigos verdaderos.- soltó cualquier cosa que se le vino a la cabeza y su voz sonó un poco apretada. Harry dio un paso atrás y se giró de frente hacia el muelle, el viento apenas frío le refrescó el rostro, el cuerpo, el pecho. Quitándole un poco de ese calor.
-El viejo elitista de Salazar.- hizo una mueca y se sentó en el cemento del muelle, estirando las piernas. -Es verdad que era un fascista, por establecer una categorización entre magos superiores e inferiores y Voldemort supo aprenderlo perfectamente. Actualmente eso es una ridiculez, sobre todo con la homogeneización que da la mestización y el acceso a la educación. Pero más allá de eso, yo veo a Slytherin como una persona que no se conformaba con lo que había, piensa que fue durante la edad media…- una ráfaga de viento un poco más fuerte, le movió los rubio cabellos hacia el rostro, con gesto despreocupado los despejo tras su oreja. –Existían altos niveles de ignorancia, el oscurantismo, niñitos temerosos y faltos de carácter; y si entre las otras tres casas se iban a quedar con el excedente, por qué él no iba a querer elegir excelencia.-
-¿Qué?-
-No… espera, sé que sonó terrible.- se rió. –La edad media necesitaba mentes lucidas, inteligencia y astucia, para un feudalismo mágico cimentado en la ignorancia, él quería una elite para gobernar.- Harry lo miró entre sorprendido y divertido. –Oh, eso sonó peor.- sonrió. –Está bien, Salazar además de fascista promovía la oligarquía y la plutocracia.-
-Bueno, Godric Griffindor incitaba el suicidio como un acto de valor y nobleza de espíritu, pero que yo sepa él murió de viejo, no como mártir.- ambos rieron, era una conversación tonta y sin sentido, pero no molestaba, al contrario. -¿Sabes que sonríes mucho?-
-Sí, lo sé.- musitó antes de quedarse un largo rato en silencio, cuando Harry creyó que la había cagado con el estúpido comentario, lo volvió a escuchar. -Dentro de esa larga lista de cosas que no podía hacer por ser un Malfoy aspirante a mortífago, estaba el no poder disfrutar con sinceridad de las cosas. Supongo que después de ver mi cuello en peligro y lograr milagrosamente salir vivo de Inglaterra, me di cuenta que las cosas podían ser buenas y estar bien. Mi madre estaba a salvo, yo tenía una oportunidad de cambiar y hacer lo que quisiera de mi vida.- sonrió de medio lado. –Además está el hecho de que llevo cuatro años rodeado de latinos, de gente como Claude y John… no puedes estar con ellos y no reírte como un idiota.-
El moreno ya un poco cansado de estar de pie, se sentó junto al rubio, tocando su hombro y con sus piernas abiertas despreocupadamente, como una exhibición de virilidad, su muslo tocando el muslo de Draco. La brisa fresca ya lo había sosegado.
-Sí, parecen gente más calurosa, más de piel, todo sonrisas y ánimo.-
-Estuve pensando,- comenzó, –en que contigo parezco hablar mucho, mientras tú no hablas nada.- hizo un gesto de divertido fastidio. –Cada vez que me preguntas algo, me doy cuenta que te lo explico todo con lujo de detalles. Al principio me reservaba algunas cosas, pero ahora siento que necesito decir lo que pienso, necesito hablar de algunas cosas… es como,- suspiró, –y esto suena muy idiota, pero es como si necesitara justificarme, como si tú simbolizaras todo mi pasado y tuviera que decirte: "¡oye!, estoy bien, a pesar de todo salí adelante".-
Y su pálido rostro se quedó mirando hacia el frente, con gesto meditativo. Harry sonrió con esa misma sensación en su interior, pero ya no le ahogaba, ni apretaba en el pecho, era algo como un calor confortable, que no tenía nada que ver con el calor que usualmente sentía al pensar en él, sexualmente.
Fue casi mecánico, como esa mano que le había ayudado a pasar la barda en el parque en Orleans. Una risa suave y consoladora salió de su boca, mientras levantaba uno de sus fuertes y nervudos brazos y lo pasaba por la espalda del rubio, atrayéndolo hasta su cuerpo. La cabeza de Draco se dejó caer apoyada en su hombro y su pelo rubio pálido quedó al alcance de los labios del moreno, de su nariz, de su mejilla que sentía el cosquilleo de los cabellos agitados levemente por el viento. La dulzura de su aroma era encantadora.
-Me doy cuenta- le murmuró contra el pelo, –y todos deberían verlo, cuánta gente se ha quedado regodeándose en su sufrimiento y no han visto que vencer a Voldemort significa libertad, vivir sin miedo, ser feliz… no tristeza, ni vivir del pasado, ni odio contra los pocos mortífagos dejados en libertad, ni contra los cientos de encarcelados en Azkaban. Y exigen el beso del dementor como justicia, como si los mortífagos no tuvieran una familia que también sufre.-
-Por eso no regresaría a Inglaterra.-
-Entiendo.- frotó su enorme mano contra el brazo de Draco, propinándole algo de consuelo. –La posguerra siempre es difícil.-
-Sí…- respondió apenas, parecía reflexivo y ensimismado. Contenido por todo el hombre que era Harry.
Se quedaron en un distendido silencio, cómodo y cálido, con ese cuerpo recargado en él.
-Bueno, pero no te preocupes, no me echaré a llorar Potter.- dijo socarronamente después de un largo rato de confortable mutismo, sentándose recto nuevamente. Entonces se giró para mirarle. –Por cierto,- alzó una ceja, –hueles muy bien.- escuchó el moreno, sintiendo en todo el costado del cuerpo, el placentero calor del rubio.
-Es parte de lo griffindorescamente correcto que me he vuelto.- aportó con voz grave y hasta su cuerpo pareció manifestar masculina suficiencia.
-Sí, aunque tienes una forma muy ecléctica de vestir. Un día traje, polos y jeans elegantes, ahora una mezcla entre G-star y Diesel, con una camiseta de los Sex pistols…- le tiró el faldón de la ajustada camiseta, provocando que le entrara aire y la brisa tocara directamente sobre su piel. Tembló ligeramente.
-Er… ¿gracias?…- el moreno le miró, pasando inconscientemente su mano libre por sobre su abdomen. ¿Qué era G-star?
Harry vio a Draco observar ese gesto, con su típica sonrisa de medio lado.
-De verdad me haces pensar que eres inocente.- lo miró con cara de aburrimiento.
-¿Inocente de qué?-
-De ser tan correctamente griffindor, por supuesto.- bufó.
Se quedaron conversando un rato más, a orillas del mar. De vez en cuando, levantándose para caminar por el cóncavo puerto. Para Harry aún era temprano, todavía no eran las doce y los bares, cafés y pubs, especialmente frecuentados para ser un jueves, estaban en su máximo. Le habría gustado invitar a cenar a Draco, aunque ya era demasiado tarde para eso. Era una idea que le había rondado en la cabeza, no era que le desagradara terminar en un bar bebiendo cerveza con Draco, pero la experiencia en el restaurant muggle en Orleans, le había gustado. Pero habría preferido cenar y no sólo comer queso y jamón.
El acto de la cena era algo que poseía un aire de formalidad y seriedad, que nunca le había asignado antes. Como cuando uno dice, "Te invito a cenar"; hay un compromiso, una cierta etiqueta y necesidad de vestir especialmente para la ocasión, así como escoger el lugar con cierta reflexión. En esos momentos Harry pensaba que era toda una experiencia nueva para él, si pensaba en que las veces que lo habían invitado, o él había invitado, nunca le había dado más de dos vueltas al asunto. Era más como un "Ey, vamos a comer algo" y eso podía incluir desde una pizza en el primer lugar a mano, hasta el plato más fino en el mejor restaurant de Londres. No había nada ahí, más que solo tener hambre y querer comer algo.
Está bien, debía ser honesto, la idea de ir a comer con Draco, el decirle: "Te invito a cenar", implicaba la noción de cita. Cita. Instancia especial y de disfrute entre ambos. Nunca había pensado en que alguna vez desearía tener una Cita, con esa gran C mayúscula. Y no simplemente una "salida", como siempre había sido con sus otros tantos rubios. Pero Draco Malfoy no era sus otros rubios, maldito Slytherin, siempre por sobre los "demás".
Joder… y eso era terrible. De pronto se sentía como un desgraciado con ellos, con Phillip y con los "demás rubios", los invitaba a algún sitio sólo pensando en el sexo de postre. Si lo pensaba objetivamente, era como pagarles un servicio. Porque a Phillip lo había invitado unas… diez veces, quizás, no podría decir a ciencia cierta cuántas veces, ni dónde había sido, ni qué habían conversado, ni si habían terminado follando en su departamento, en el departamento del rubio, o en un hotel, o en un baño… sólo sabía que lo había hecho en esos lugares, con algún rubio de turno. Ni siquiera podía vincular a cada persona con el lugar del polvo. Bueno, salvo el polvo con Phillip en el baño de la casa de sus padres, porque era obvio.
Oh, eso no era bueno. No era noble, ni griffindorescamente correcto.
En cambio con Malfoy recordaba la bola para jugar petanqué en el parque en Orleans, antes de visitar la casa de Juana de Arco. En Toulouse, la primera vez que tomó cerveza francesa y comió una "tabla" en el restaurant Saint Lazaro, como la canción del cantante Aristide Bruant… donde estaba ese maldito camarero que le había coqueteado al rubio y Harry había oficialmente odiado el maldito idioma francés. La primera vez que se vieron, en el pasillo después de partido Francia-USA en Lyon, él estaba con Michael Doe y Draco había aparecido con su cabello húmedo, mirándolo con sorpresa. El inocente café que se tomaron en Dijon, después de que perdieran contra la República Popular China. La celebración en el estadio "Gato de oro", la primera vez que lo vio dormir plácidamente en el césped y él había deseado febrilmente tocarlo. Esa vez había rozado sus labios.
Habían rozado sus labios.
Continuará.
Un saludo a todos/as a quienes todavía me siguen leyendo =D
¿Me merezco un comentario? =D
