Una rubia dormía plácidamente en una cama que se encontraba en una amplia y hermosa habitación, que recientemente se le había otorgado como propia. A diferencia de su antiguo hogar, los sonido de autos y gente hablando no llegaban a perturbar a la joven, y se debía a que el piso en el que vivía ahora estaba muy elevado, con más calma y plenitud que en cualquier otro día, se estiro como gato en su lecho y todavía medio dormida miro el interior de la habitación, viéndola con más atención, pues anoche no había tenido la oportunidad gracias a que el sueño le había ganado (Y todo gracias a cierto chico rubio con el que había estado hablando toda la noche).

El lugar no estaba mal, lo contrario, parecía sacado de una revista o un libro, lo que iba perfecto con la chica, pues el aire tan fantástico y elegante que se sentía en su ahora alcoba era embriagantemente satisfactorio para su persona. La habitación era totalmente blanca, con un piso de mosaico de piedra y dos espacios que eran separados por un arco y un par de torres de Marfil, de los que el otro lado había un tipo de pequeña estancia con sillones y un librero que ya había sido llenado con los millones de escritos de la rubia. La puerta del baño estaba en la estancia y el lugar no era tan grande como la habitación, lo que Liesel agradecía, eran demasiados lujos para ella.

Se levanto de su cama para dirigirse al baño y salir después de unos minutos, salió del lugar y bajo a la cocina, buscando a Rudy, pero recordó que posiblemente su amigo aun no se hubiera despertado, pues el se había dormido mas tarde que ella realizando unos trabajos que tuvo pendientes. Como la chica no conocía el lugar muy afondo y no quería convertirse en una fisgona, se sentó en uno de los bancos de la barra de la cocina, esperando perezosamente a que el muchacho despertara. Con su mirada recorrió la hermosa decoración que esta poseía, como los colores del marmol de loseta que cubría las encimeras le hacia recordad a unas revistas que vio cuando recién llego a Estados Unidos, pensando que ella jamás tendría eso, y para su sorpresa, darse cuanta de que Rudy tenía eso y mas. Se sentía orgullosa de el, desde pequeña, sabia que el llegaría lejos, pues tenía buenas calificaciones y era hábil en los deportes. Muy diferente a ella, que era torpe y sin ningún otro talento que el de la lectura (Claro, si eso se podía considerar talento) Recordaba muy bien a todas las personas, que, a lo largo de su vida le habían dicho bastantes cosas negativas acerca de ese gusto.

Pero como había encontrado gente tan estupida como para odiar la lectura, también había encontrado personas que, no solo compartían su gusto, sino, lo habían llevado a otro nivel, creando sus propios escritos...

Suspiro inconscientemente, hace tiempo que no lo hacia, el fuerte impacto de la guerra le había afectado demasiado, su tal llamada "Inspiración" parecía haber desaparecido desde que salió de Alemania. Le había mentido a Rudy sobre que seguía con la escritura. De verdad quisiera poder seguir, pero al menor intento de hacerlo, los horribles recuerdos de Himmelstrasse después de la caída de la bomba, llegaban a ella.

—¿Que tanto vez? —dijo una voz a las espaldas de Liesel, sorprendiéndola. Esta se dio la vuelta encontrando a su amigo, despeinado y con una bata arriba de su pijama.

—Nada, solo...pensaba —contesto recargando su cabeza en la barra.

—¿Y si pudiste? —hablo burlón mientras comenzaba a calentar agua en una cafetera plateada.

—Cállate Saukerl —se levanto bruscamente, mirando con odio al chico.

—Es una broma —levanto las manos en forma de disculpa—. ¿Quieres desayunar algo?

—Huevos, con tocino, mucho tocino, con un vaso de jugo de naranja recién exprimido, sin pulpa —dictó.

—Claro, aprovéchate de mi ahora que sabes que puedo cocinar, ¿No?
—saco dos tazas de una alacena y empezó a preparar café en ambas—. ¿Cómo lo quieres?

—¿Que clase de amiga seria si no lo hiciera? —se burlo—. Y dos cucharadas de azúcar y cuatro de leche

—Cierto, pero creo que te enseñaré a cocinar —comento mientras comenzaba s sacar diversas cosas para comenzar a prepara el desayuno .

—No es como si no supiera —repuso acercándose a su amigo y tomando la taza de café, dándole un sorbo antes de hablar —. Se una que otra cosa.

—¿Como que?

—Eh... —dudo antes de contestar—. Okey, nunca e cocinado algo, solo e visto como lo hacen.

—Mejor espera sentada, yo lo haré —palmeo su espalda y se colocó un mandil, haciendo que Liesel se pusiera ambas manos en la boca y comenzará a aguantar la risa— ¿Que tienes?

—Nada, solo... —cruzo los brazos y vio con más atención a su amigo—. Te ves muy bien en mandil.

—Muy graciosa, ve a cambiarte, que saldremos de paseo —siguió con su trabajo de cocinero, mientras Liesel se daba vuelta y se dirigía a su habitación aun con la taza. Hasta que llego al lugar se dio cuenta de la petición de Rudy.

Era una...¿Cita?

No, era imposible, ¡Era Rudy!, ¡Por el amor de dios!, si se había negado a besarlo en el pasado, una cita era algo totalmente imposible...

Estaba exagerando, eran amigos, y no se habían visto en años, era obvio que ambos jóvenes desearan estar juntos después de tanto tiempo, y ahora que lo pensaba, estaba emocionada, América era un lugar que le había ofrecido bastantes cosas, pero...San Francisco no había sido el mejor lugar para empezar, tenía que aceptarlo, tal vez, con un poco de suerte Nueva York le daría una mejor primera impresión.

(...)

—¡Liesel, baja ya, se enfriara la comida! —grito Rudy, colocando el plato con el desayuno de la chica, mientras limpiaba el desastre que había hecho. Podría saber cocinar, pero limpiar era otra cosa muy distinta.

—Que ruidoso eres —camino hacia la cocina la rubia mientras los deliciosos aromas llegaban a su nariz.

—Come —se quito el mandil y vio como su amiga se dirigía hacia el—. Te ves linda —sonrío Rudy mientras iba hacia las escalarlas, dejando a una sonrojada y avergonzada Liesel.

Enserio, ¿Rudy le había dicho eso?, no es que le molestara...pero se lo soltó así al seco. Su ropa era normal, usaba un vestido casual de color granate con un cinturón negro mientras que el cuello tenía un contorno del mismo color, debajo llevaba unas medias largas aparte de unas zapatillas oscuras y su cabello suelto, que siempre dejaba así. Normalmente los vestidos contenían algunos estampados de flores, los cuales ella siempre los aborreció, por lo que constantemente era vista de mala forma, pero nunca le importo las insistentes miradas de la gente.

Comió su desayuno con mucho gusto, como si fuera lo ultimo que comería en todo su vida, o tal vez en todo el día, pues no tenía idea de a donde la llevaría Rudy, así que tendría que aprovechar.

—¿Como esta?, ¿No se quemo el tocino?—hablo Rudy en la puerta mientras se acomodaba la manga de un traje, este era de un gris basalto sin corbata y la chaqueta abierta, haciéndolo ver muy elegante. Liesel se le quedo viendo muy sorprendida.

—Pa..para nada, esta delicioso —menciono comiendo el último trozo de tocino—. Todo estaba perfecto, gracias.

—Era obvio —dijo altanero, recibiendo un golpe de su amiga a su hombro—. Es broma.

—Claro, iré por mi abrigo —fue rápido a la habitación y corrió de vuelta con el ya puesto— ¿Y, adonde iremos?

—Es un secreto —puso su dedo índice en su boca mientras hablaba—. Shhh...

—Veo que no se te a quitado lo infantil, ¿Eh? —exclamo caminando al lado de su amigo, entrando al elevador.

—Y nunca se me quitara Saumensh —acotó presionando el botón del lovi. Legaron al piso principal y saliendo del edificio, pero detuviendose en medio de la calle—. Arthur llegará en un momento —y como dijo Rudy, el mencionado se estacionó frente e ellos, subiendo por ultimo al auto—. Buenos días, Arthur.

—Buenos días, Señor Steiner, Señorita Meminger —saludo desde el espejo retrovisor Arthur.

—Buenos días —Liesel se acomodó en el asiento de piel para que si vista se sentara solo en la ventanilla, pues ahora lo que mas le gustaba de subir a los autos, era ver la ciudad por el cristal del coche, lo que era muy emocionante para ella, tomando en cuenta de que tenía mucho que ver.

—Se ve que te gusta —menciono el rubio, viendo (¡Aun!) con burla a su amiga.

—No puedo mentirte, Nueva York es maravillosa.

—Es mucho mejor que San Fransisco...o Himmelstrasse —la miro.

—Todo es mejor que Himmelstrasse —menciono con nostalgia en la mirada—. Bueno, a su modo.

—No todo era alegría en ese lugar, pero de alguna forma tenía su encanto.

Liesel perdió su mirada en el manto de árboles que envolvió su vista, había árboles ferondosos, arbustos de diversos colores otoñales y unas que otras flores escondidas entre estos, y gracias a esto por un momento se sintió perdida en una historia antigua. Su fantasía hubiera durado un poco mas de no haber sido por que a lo lejos, sus ojos captaron a una pareja de personas y unas rejas que hacían caminos por todo el lugar. Se maravillo con el hermoso paisaje que tenía enfrente, al parecer era un parke de un amplio y extenso tamaño, pues no lograba ver el final no mucho mas haya de los árboles.

—Tenemos suerte de que el invierno aun no afectará al parque, se ve bien con la nieve, pero sin duda el paisaje otoñal y primaveral le queda mejor —dijo el rubio viendo a Liesel, al mismo tiempo que ella no despegaba si vista del parque—. Nos bajamos aquí, Arthur, te llamare para que nos recojas.

El auto se detuvo enfrente de un arco de piedra y metal, que por dentro tenía un cendero de roca con una reja pequeña de color azul oscuro, rodeado de horizontes de pasto con algunos rastros de nieve y muchísimas hojas secas. Cuando la puerta de Liesel fue abierta por Rudy, esta se quedo un rato en shock hasta que el muchacho extendió su mano para ayudarla a salir, ya afuera la chica no salía de su asombro, mientras veía todo como si fuera una niña. Se adentraron en los cenderos caminando hacia la izquierda, pues del lado derecho había un gran lago que se tenía que rodear.

—Central Park fue abierto en 1857, como una petición de la comunidad neoyorquina de espacio públicos en esa época —comenzó a dictar Rudy, recibiendo la atención de Liesel—. Consta de diversos lagos, estatuas, monumentos, muchísimos espacios abiertos, flora y fauna, conformada normalmente por olmos y ardillas, todo esparcido en 3.41149 km²
De las que 341 hectáreas son prados verdes¹ , es uno de los más hermosos lugares de de Nueva York, Estados Unidos y el mundo, según mi opinión, claro está —miro a Liesel—. ¿A ti que te parece?

—Maravilloso —siguió—. Impresionante, fantástico, majestuoso...las palabras no son suficientes.

—Palabras demasiado largas, más de ocho letras —intuyo el rubio.

—Una belleza tan grande merece ser descrita con palabras de su misma alcurnia —reprocho.

—Tengo una de seis —tomo a Liesel de la mano y la acerco a el—. Mágico.

La rubia se puso nerviosa rápidamente, estaba, de nuevo, muy cerca de Rudy, y lo peor. En publico. No es que le disgustara, pero tompoco era lo contrario, pues apresar de tener un alma un poco intrépida, en un lugar desconocido era otra cosa, por lo que con cuidado alejo al chico y camino hacia el barandal con vista al lago.

—¿Cual es el nombre del lago? —apunto hacia el lugar.

—Es el lago Pond, a su lado esta el santuario de aves² —menciono con animo fingido.

—¿Iremos ahí? —pregunto emocionada.

—Primero iremos a otro lugar —le guiñó un ojo y tomo su mano con rapidez (Pues sabia que la chica podría apartarle de nuevo) y camino a paso rápido por el cendero, corriendo una gran parte, llegando al final al destino.

—¡Espera! —lo aparto bruscamente, tratando de recuperar el aliento—. ¿¡Estas loco!?, ¡Me pude haber caído!

—Mira esto —Liesel levanto la mirada y sus ojos parecieron iluminarse. Enfrente de ella estaba una gran pista de patinaje, con árboles y edificios irguiéndose al fondo. La gente que estaba patinando daba volteretas y jugaba en el hielo, dando casi una vista digna de un calendario, exclusiva para el mes de diciembre.

—¿Es lo que pienso que es? —exaltada, hablo.

—Lo es, ven —la jalo, de nuevo, pero con más delicadeza, lo que Liesel agradeció—. Es el Wollman Memorial Rink³, una de las dos pistas de patinaje del parque.

—¿Sabes patinar?

—Obviamente, e venido muchas veces.

—Pero —lo detuvo—. Yo no se.

—Te enseñare, Saumensh —corrieron al recibidor, donde se tendrían que pedir los patines y dejar los zapatos—. Deme un par del siete y otro del diez —el encargado, un hombre corpulento, saco los patines y los entrego a Rudy—. Toma —le dio los patines.

—¿Como sabes mi talla de zapato? —pregunto, tomándolos.

—Adivine —se encogió de hombres mientras se dirigía a unas bancas para colocarse los patines, Liesel lo imito.

Con los patines ya puestos, se dirigieron con dificultad a la pista, Rudy no tuvo mucho problema, en cambio Liesel estuvo apunto de caerse tres veces. Ya en el hielo, el rubio quito los protectores de las navajas, entrando a la pista y patinando como un profesional. Extendió sus brazos a Liesel, que también ya se había quitado los protectores.

—Solo deslíate y no tendrás problemas —hablo con voz calmada y tierna, para que Liesel no se sintiera presionada. Esta, puso ambos pies con mucho cuidado en el hielo, sintiendo al instante como se deslizaba a un lado, pero al mismo tiempo, siendo sostenida por Rudy. Con miedo (Y sin darse cuenta de lo que enrejadas hacia) se sostuvo con fuerza del chico.

—¡No me vayas a soltar! —chillo de temor la rubia, todavía tomándose fuertemente del traje de su amigo, causado que este riera.

—No lo haré, tonta —tomo ambas manos de la chica, colocando la derecha en su hombro—. Hagámoslo bien, ¿Si? —Liesel asintió confundida, por último, el muchacho tomo la mano restante de la chica y la unión con la suya, dejando la izquierda estéticamente unida a la cintura de su amiga—. Finjamos que bailamos, yo te guiare.

Era exactamente como bailar un vals, habiendo la gran diferencia de que estaban en hielo, Liesel no estaba totalmente estable y que la chica ya había tropezado cinco veces, siendo salvada por el rubio. Se encontraban casi en el centro de la pista, rodeados de personas que también aprendían a patinar, y para decepción de Liesel, estos solo eran niños.

—Rudy —lo llamo—. Creo que yo no sirvo para esto.

—No es verdad —se quedo un rato callado—. Bueno, no en su totalidad —Liesel lo miro fastidiada—. Ya sabes mantenerte en pie, ¿No?, lo único que te falta es poder avanzar —poso su mano en la cintura de Liesel y tomo con mas fuerza su mano, poniendo tensa a la chica—. Ahora empezara lo bueno.

Si antes era valz, ahora parecían solo dar vueltas sin ningún orden, la velocidad con lo que lo hacían no era exagerada, pero no coincidía con la de los transeúntes, por lo que eran vistos con miradas inquisitivas. Al poco rato fueron imitados por algunos parejas y niños, por lo que ya no se sentían tan extraños haciéndolo. Para Liesel, desde un principio ese repentino movimiento fue agradable, se divertía como no lo hacia hace años, sintiendo la felicidad que hace no experimentaba, no desde que se fue Alemania, no desde que se separo de Rudy. Por su lado, el rubio estaba en extasis, no solo se estaba divirtiendo, si no que también estaba con Liesel, la pareja parecía estar perdida en su mundo. El momento hubiera durado mas, pero otro par de personas, dos chicos, para ser exactos, chocaron con la ladrona de libros y el joven fanático de Jeese Owens, haciendo que cayeran en el frío suelo.

—Ughh... —se quejó Liesel mientras se sentaba en el hielo.

—Hey, ¿Estab bien? —pregunto uno de los dos chicos acercándose.

—Si, no te preocupes, amigo —movió las manos Rudy, aun tumbado en el suelo.

—¿Seguro?

—Claro —los dos chicos miraron a Liesel, esta movió la mano izquierda de arriba abajo, tratando de simular que se podían ir sin preocupación, el más alto de los dos chicos asintió y se retiró con su amigo.

—¿Enserio estas bien? —Liesel puedo si cara encima de la de Rudy, viéndolo con preocupación y burla mezclados.

—Enserio —imito a la rubia, sentándose en el hielo y sobándose la cabeza—. Fue gracioso, ¿No?

—Cuando estés sufriendo por un hueso roto en el hospital, será gracioso para mi —le siguió la corriente.

—Muy cómica —río, el muchacho se levanto y le extendió una mano a la chica—. Vallamos a tomar un café, fue demasiada emoción por ahora.

Liesel se levanto con su ayuda, y todavía con dificultad, se dirigieron a la cafetería. La chica no hablo en todo el tramo, sino hasta que ya habían entregado los zapatos y estuvieran sentados en el cálido lugar.

—¿Esto ya se acabo? —tenía la mirada caída, pues temía que la caída en el hielo hubiese enfurecido a su amigo, y, por lo tanto este ya quisiera irse. Paso un rato y no recibió repuesta, por lo que tuvo que levantar su mirada, encontrándose con una mirada seductora de parte del ojiazul.

—Claro que no, Liesel, esto apenas empieza —la ojicafe sonrió.

Y ahí, en un pequeño café de Central Park, una aventura neoyorquina estaba por comenzar

(...)

1: información sacada de Wikipedia :v
2: En orden de tamaño el cuarto lago de Central Park es The Pond, en español La Charca, con unas 1,4 hectáreas de superficie. Este lago, muy cerca de la esquina de la Quinta Avenida con Central Park, está en una especie de valle por debajo del nivel de la calle, por ello los ruidos de la ciudad desaparecen y siempre sorprende este trozo de paz en medio de una de las ciudades más ruidosas del planeta. The Pond también es reconocido por ser un refugio de aves migratorias y por las hermosas vistas durante la puesta de sol.
3: no encontré descripción.

Las tallas de zapato pueden pareseles un poco grandes, pero son Americanas, la razón.

Trate de obtener inspiración para escribir del parque por parte de mi hermana, que ya a ido, pero fue muy difícil, tuve que investigar mucho. ;-;
Y otra cosa, si quieren ver mas afondo los escenarios del central Park, busquen en internet, de verdad les ayudaran a hacerse una mejor idea

Feliz navidad, nos vemos en el próximo capítulo.