Capítulo 8: heridas sin cicatrizar.

-Me han perseguido toda la vida.- respondió Jiren. –Desde que era un bebé. Cada vez que creo haber encontrado la felicidad… - miró al suelo. –Ella me lo arrebata. No puedo tener amigos, mucho menos familia; siempre terminan muriendo frente a mí…-

-¿Quién te está haciendo todo esto?- preguntó con tristeza.

-No lo sé.- susurró. Luego levantó la mirada. Sus ojos estaban vidriosos y llenos de dolor.

Comenzó a contar su cruel historia:

Flashback:

Las noches comenzaban a ser frías, debido a la llegada del invierno. El silencio reinaba en la destruida aldea. Solo la luna iluminaba el lugar ahora desértico.

El pequeño Jiren estaba acurrucado contra la pared. Los cuerpos de sus padres y hermanita yacían helados en el suelo. La poca luz, dejaba ver la cruel escena.

Estaba cansado de llorar. Su trajecito de piel de animal no era lo suficientemente cálido para mantenerlo caliente. Trataba de taparse sus piernitas desnudas con el mismo para mantener la temperatura. Su respiración se notaba; al expulsar el aire, se podía ver una especie de humo pálido salir de su nariz. De vez en cuando, levantaba la mirada solo para encontrarse la horrible escena. Comenzaba a llorar de nuevo, hasta que se cansara.

Llegó el momento en que se estaba aletargando por el frio. Solo quería dormir.

Un hombre de pelo largo y blanco, con barba y bigote se acercó a la devastación. Sabía que algo malo había ocurrido. Algo dentro de su alma se lo hacía saber.

Recorrió casa por casa, buscando sobrevivientes. En todas, no quedaba nadie. Esta raza era tan frágil como la raza humana. Ya había perdido la esperanza; así que no buscó en las últimas tres viviendas.

Cavó un hoyo enorme y fue arrojando todos los cuerpos en él. Hombres, mujeres y niños. Todos habían perecido.

Solo le faltaba una casa por sacar los muertos y por fin enterrar a esa pobre gente.

Casi se le parte el corazón cuando se asomó y vio de primero, a una bebé en el suelo. Un nudo en la garganta se formó. ¿Por qué alguien mataría así a una criatura tan inocente?

Siguió mirando los demás cuerpos. Se detuvo al ver el de un niño pequeño recostado a la pared. ¿Estaba vivo? Podía ver su respiración. Pronto se acercó a él y le tocó la mejilla. Estaba helada. El pequeño gimió al sentir el contacto.

-¡O por Dios!- susurró el hombre. Recogió al niño y lo contempló para ver si estaba herido.

El pequeño entre abrió sus ojos. Lo miró con dolor y cansancio. Luego extendió sus manitas hacia el hombre. Se pudo agarrar del traje. Lo sujetaba fuertemente. Y luego comenzó a llorar débilmente.

El hombre se conmovió tanto que se acercó al niño al pecho. El pequeño continuaba llorando sin consuelo, cada vez más aferrado a él.

Los ojos del hombre dejaron caer barias lágrimas. Pobre pequeño. Lo abrazó con tanta ternura.

-Lamento que hayas tenido que ver todo esto. – susurró el hombre con una tristeza enorme.

Con unas telas viejas que encontró, se amarró a su espalda el pequeño. Necesitaba darle calor.

Terminó de enterrar los últimos cuerpos y luego emprendió el camino a su hogar con el único sobreviviente en su espalda.

Estaba amaneciendo. El niño estaba dormido y débil. No sabía si podría mantenerse con vida.

Cuando llegó a su hogar, envolvió al niño en cobijas y luego preparó un té con ciertas hierbas que tenía. Se lo dio a beber y luego esperó para ver si el pequeño progresaba.

En poco tiempo había recobrado bastante fuerza.

El hombre lo acurrucó en su regazo. Le ofreció una botella con un líquido blanco dentro, era leche.

El pequeño quitó la cara. Parecía muy deprimido.

-Vamos, toma un poco.- dijo el hombre tratando de volver a acercar la botella a su carita.

De nuevo se apartó.

-Por favor. Quiero que comas, que crezcas y te hagas muy fuerte. Voy a cuidar de ti como si fueras mi hijo, pero necesito verte crecer sano y fuerte.- insistió.

Le ofreció de nuevo la botella. Esta vez no se reusó. Tenía hambre; se la tomó toda.

Mientras tomaba de la botella que el hombre sostenía, lo miraba a los ojos. Esos ojos grandes y oscuros, reflejaban esperanza.

-fuiste el único sobreviviente de aquella masacre.- dijo el hombre mientras alimentaba a su nuevo hijo. –Representas el sufrimiento y el dolor de todos aquellos que perecieron. Eres la esperanza de ese pueblo.- sonrió. –Por eso tu nombre será Jiren.-

El tiempo pasó y aquel niño creció grande y fuerte. Su maestro, a partir de aquel momento, le comenzó a entrenar para que fuera muy fuerte y se pudiera defender en un futuro. Con él, recogió a otros jóvenes que también se convirtieron en su familia.

Hacía siete años que había perdido a sus padres y hermanita, a pesar de que su maestro era como un padre para él, no dejaba de extrañar a su familia. Cada luna llena, al mirarla, recordaba aquel horrible suceso.

Para su mala suerte, en una luna llena, el mismo demonio que atacó a su familia anteriormente, volvió e hiso lo mismo con su nueva familia.

Esa noche, su maestro perdió la vida, defendiéndolo a él.

-Eres la esperanza de aquel pueblo Jiren, recuérdalo siempre.- fueron las últimas palabras que le dirigió su maestro antes de sacrificarse por él.

Ese malnacido demonio se volvió a desaparecer. Esta vez dejó a algunos de sus compañeros vivos.

Después de llorar, devastado por un rato. Entre él y los pocos camaradas, le dieron entierro a su maestro y los otros que habían perecido.

El viento corría heladamente. Jiren se estremecía junto a la tumba de su maestro.

-¿Jiren?…- le dijo un chico un poco mayor que él.

Jiren lo miró seriamente. Parecía frio; sin expresión alguna, desconectado de todo sentimiento.

-Ya me cansé de ser débil. Ese maldito me las va a pagar.-

-Jiren ¿Qué dices? No vamos a ir a que nos mate a nosotros también.- respondió otro muchacho.

Él los miró sin expresión. Tenía un aspecto sombrío.

-Ve solo, si quieres morir como los demás. Pero con nosotros no cuentes.- respondió el más mayor de los chicos. –Ojalá te valla bien.- luego se marchó seguido por el resto.

Jiren quedó solo, frente a la tumba de su maestro.

-Los débiles tienen que obedecer al más fuerte. –Dijo con enojo. –Ya yo me cansé de ser débil.- dijo golpeando fuertemente el suelo.

Fin del flashback.

Jiren miraba al suelo. Tenía mucho dolor. Algunas lágrimas se habían escapado de sus ojos mientras contaba su pasado.

Kara solo lo escuchó sentada frente a él. Conforme Jiren dejaba caer una lágrima ella también. Estaba sin palabras.

-Lo siento mucho…- dijo Kara con la voz entrecortada.

-Yo solo quiero protegerte. Si permito que entre alguien en mi vida, inmediatamente corre el riesgo de morir a manos de ese horrible demonio.- Respondió dolorosamente. –Hubo un momento en que creí que lograría por fin, acabar con ese maldito. Luego llegó Son Goku y me demostró todo lo contrario.-

-¿Son Goku?- preguntó Kara.

-Seno Sama organizó un torneo de fuerza. Yo estaba dispuesto a ganar. Representaba a este universo, junto a nueve compañeros más, de las tropas del orgullo. Realmente quería ganar. El premio para el ganador, era un deseo, el que tú quisieras, por parte de las súper bolas del dragón. Pediría que ese demonio muriera y nunca regresara pero… perdí. Son Goku y los demás del universo siete, me demostraron lo débil y tonto que aún soy.-

¿Universo siete? Se preguntó Kara para sí misma.

-¿Ellos ganaron?- preguntó Kara.

-Sí. Pidieron restaurar todos los universos destruidos.-

-No lo entiendo. – respondió Kara.

-Por cada universo que perdía, Seno Sama lo eliminaba. Solo uno, el último, quedaría existiendo.-

-Wow, que bondadosos.- respondió Kara, estupefacta.

-¿No te diste cuenta que este universo estuvo borrado por un momento?- preguntó Jiren.

-No. Me acabo de enterar.-

Claro, solo los participantes se dieron cuenta. Todas las demás formas de vida, aparecieron haciendo lo que hacían cuando fueron borrados. No se percataron del suceso. Pensó.

Luego volvió a bajar la mirada, parecía triste.

-¿Jiren?- interrumpió Kara.

-Fui un idiota…- respondió Jiren tristemente.

Kara solo lo miró con duda.

-Me segué por la ira, por la rabia; sabía que ellos tenían razón. Yo estaba totalmente equivocado. Y solo no puedo hacer nada. Necesito de alguien más que me ayude y que en que yo confíe. Pero si lo hacía, negaría mi pasado. –

-Pero deberías dejar ir el pasado y vivir el presente.-

-No es tan fácil. Además, no solo parecí un idiota, hice algo que nunca debí haber hecho.- respondió Jiren con tremenda tristeza. –Intenté matar a los compañeros de Son Goku, en las gradas.- dijo con la voz entre cortada. –No sé por qué lo hice. Yo me había jurado a mí mismo que al único que mataría en mi vida, sería ese demonio. Estaba muy enojado y…-

-Jiren.- interrumpió Kara. –Nadie es perfecto. Cometemos errores. No te culpes; solo estabas equivocado.- luego sonrió. –Dijiste que intentaste matarlos; eso quiere decir que no lo hiciste. Estoy segura que tarde o temprano, te van a perdonar. En cuanto ellos sepan por qué.-

Jiren miró al suelo. Avergonzado. Se sentía como un idiota.

-Aún tengo que acabar con el demonio. Ella fue quien me dejó aquí y en cuanto se entere de tu existencia…- se quedó sin aliento. Un fuerte nudo en la garganta se formó.

-Cuando se entere de mi existencia, deseará no haberlo hecho. Ahora no tienes por qué enfrentarte a ella solo.- trató de animarlo.

-No lo vamos a lograr…- respondió con una enorme tristeza. –Yo no lo logré cuando estuvimos luchando con ella, cuando murió mi maestro.-

-Eso es porque estas cometiendo un grave error.- respondió Kara. –Quieres enfrentarla con fuerza. ¿Nunca has intentado con delicadeza?-

Jiren levantó la mirada, sorprendido.

Flashback:

Kara lanzó la roca; no lo hiso con fuerza, lo hiso con delicadeza. Fue saltando sobre el río hasta que llegó al otro lado sin dificultad.

-A veces solo tienes que hacer las cosas con delicadeza.- sonrió Kara.

Fin del flashback.

-¿Qué dices? ¿Quieres entrenar con migo?- preguntó la chica.

Continuará…

Notas de la autora:

DBS no me pertenece, es de Akira Toriyama y toei animations.

Le puse mucho empeño a este capítulo. Me costó bastante. Espero les guste, espero sus reviews y nos leemos el próximo domingo.