¡Buenas noches, queridas lectoras!

Les traigo el nuevo capítulo del fanfic, espero que no hayan sufrido mucho. A mi también me costó hacer a los bebés pelearse.

Estuve algo bastante ocupada esta semana, así que lamento que el capítulo sea tan... genérico y corto, pero no quiero perder la linea de actualizar. Porque me conozco (Como de hace casi dieciséis años) y sé que si lo hago, la próxima vez que sepan de mi va a ser en 2017...

¡Disfrutenlo!


Caminó nervioso hasta la cafetería. Por si las moscas había salido más temprano, y estaba allí media hora antes. Suspiró, acomodándose en una banca luego de terminar de poner los manteles.

Miles de situaciones y respuestas surcaban su confundida y ajetreada mente. Tomo sus manos, en un tic nervioso, y comenzó a juguetear con sus dedos. Su madre se dio cuenta de esto, acercándose y sentándose a su lado. Ella había escuchado la conversación y discusión del día anterior. Suspiró.

—Quedándote sentado no vas a resolver las cosas— le dijo ella, haciéndole fruncir el ceño.

—No sé de que hablas— fingió demencia, pero su tono decaído lo delataba de mil formas. Comenzó a juguetear con su celular, viendo que todavía faltaba para que empezara el horario del desayuno.

—No voy a abogar por ti esta vez, cariño— ella suspiró, comenzando a preparar una taza de café— hagas lo que hagas, digas, patalees, berrees o lo que sea, no voy a defender la manera en la que trataste a Eren. Tú también sabes lo mal que estuviste.

—Él se la buscó— murmuró, enojado.

Necesitaba que estuviera de su lado.

Que le dijera que lo que lo que había hecho no estaba tan mal.

—No, no lo hizo— ella le respondió, mordaz— él estaba haciendo su trabajo, ayudándonos sin pedir nada a cambio, y tú lo trataste como si fuera un pedazo de porquería—usualmente, le causaba gracia que su madre no dijera groserías, pero esta vez una burla no salió de sus labios— estuviste mal. Muy mal. No se lo merecía.

— ¡Bueno, ya! —se quejó, exasperado. Estaba harto de que siempre estuvieran del lado de ese estúpido moreno— Pensaba disculparme hoy…— habló bajo, apoyándose entre sus brazos.

—Más vale que lo hagas— dijo ella, de manera severa. Luego suavizó su gesto— no solo lo digo por él, cielo. Esto también te está afectando a ti— abrió la boca, dispuesto a emitir una queja— y no lo niegues. No paras de suspirar como estudiante recién desvirgada.

— ¡No estoy haciendo eso! —se quejó, con un chasquido— es solo que me dejó pensando… o sea, me trataba como si fuera alguien especial, y de repente dejó de hacerlo— se quejó, frustrado.

— ¡Oh, y me pregunto por qué será! —El tono sarcástico de su madre le hizo enfurecer— ¿No será porque lo trataste como si fuera un desconocido en la mañana? ¡A nadie le gusta que hagan eso! —rugió ella, haciéndole encoger. Iban a seguir con sus riñas, pero el sonido de unas voces en el pasillo los alarmó. Eran clientes.

Pasaron horas, eran las nueve y media de la mañana y solo había tres mesas. Una de una pareja anciana, que comían en silencio. Otra de ancianos que se miraban con amor, y la tercera… que le causaba náuseas. Una pareja joven terriblemente melosa. El hombre tomaba su mano con suavidad y dulzura, dándole cumplidos. La chica se sonrojaba todo el tiempo, riéndose y evitándole la mirada. Cuanto más la chica se avergonzaba, y le pedía que parara, más se esmeraba el chico en susurrarle tonterías. Les llevó un batido de fresa, que compartieron de manera jodidamente cursi, y una porción de pastel.

—Ugh, esa pareja de allí es demasiado melosa, me van a dar diabetes con su miel— le comentó bajo a su madre. Ella no le había hablado en toda la mañana luego de su pelea a las siete. Cuando trataba de iniciar una conversación, ella le respondía con lo justo y necesario a sus dudas.

—No es tan romántica— le dijo ella luego de mirar de reojo a las personas. Estaba secando la vajilla, como había tan poca gente, no valía la pena acumularlo, y lo lavó en el momento— actúan como Eren y tú en situaciones normales.

—Claro que no— se estremeció al escuchar el nombre Eren— él y yo no somos pareja— le respondió— solo es un depravado que dice sartas de obscenidades.

—Es un depravado que te mira con tanto amor y adoración que me enternece, Levi— refutó ella, haciéndole temblar.

—Él no me ama, además, en tres días se irá— recogió un cupcake, llevándoselo a la pareja anciana enamorada. Era una escena completamente tierna, el amor infinito con la que el hombre miraba a su esposa, que en sus momentos de gloria, debió de lo más hermosa. Cuando volvió, conociendo a su madre, ella seguiría riñéndole.

Pero solo lo miraba entristecida.

— ¿Es eso?—preguntó ella, bajito— ¿Es que va a irse pronto? ¿Por esa razón te enojaste ayer?—suspiró. Él solo siguió recogiendo cosas. Cuando iba a alejarse, escuchó fuerte y claro— que se esté por ir no evita que te ame, ni que tú lo ames a él.

Pasó el rato, las mesas se habían ido, y entró el moreno a la cafetería. Se sorprendió al verla vacía. Kuschel lo saludó alegre, estrujándole el corazón. Se sentó sin siquiera dirigirle la palabra.

Ella le hizo señas para que fuera y le hablara, pero todas las frases que había ensayado parecían haberse esfumado.

—Buenos días, señor Yaeger— saludó, parándose a su lado. Tragó al no recibir respuesta, ni siquiera una mirada— ¿Qué va a ordenar?

—Un café negro está bien— le respondió.

No había ningún tono, ninguna insinuación.

— ¿No desea ningún dulce hoy? Hay una tarta de ricota recién salida del horno que…—le decía.

Quería… quería que le hablara de nuevo.

—No, gracias— le cortó la frase, haciéndole tragar.

Le dolió. Quizás más de lo que debería.

Cuando giró, buscando a su madre, ella no estaba. Fue detrás de la barra, llenando el ambiente de aroma a café. Ese olor tan reconfortante ahora no hacía más que darle nervios. Se giró, rodeando la barra. Lo depositó con suavidad en frente del tipo, que levantó la vista de su cámara.

—Gracias— le dijo, revisando algunas fotos. Levi solo comenzó a guardar la vajilla.

—Extranjero…— llamó, pero no recibió respuesta. Suspiró tembloroso, le dolía que le ignorara. Le dolía mucho.

Comenzó a tener calor, así que comenzó a quitarse el buzo que llevaba puesto. Levantó los brazos, haciendo que su camiseta se deslizara hacia arriba, dejando a la vista su vientre. Bajó la tela, cubriéndose. Mostrar su estómago es algo que nunca le había gustado.

— ¿Me llamaste solo para calentarme con un strip…? —escuchó luego de un carraspeo. Se giró, encontrándose con esos ojos verdes comiéndoselo vivo. Sonrió.

Había conseguido algo.

— ¿Te gusta mirar, extranjero? —murmuro, provocativo. Lo vio tragar, y centrarse en sus manos que descendieron sensualmente por su cuerpo— que pervertido.

Esperó algún comentario subido de tono, un agarrón, o que lo estampara contra la mesada para comérselo a besos.

Solo se levantó, tomó sus cosas rápidamente y se fue al lobby.

Tembló, solo. Quería que las cosas volvieran a ser como antes.

Pero comprendió que… quizás… para eso debería disculparse.

Salió de la cafetería, esperando que no fuera demasiado tarde y que no se hubiera marchado. Se dirigió al lugar, y encontró a su madre hablándole.

—Él siempre ha sido orgulloso, le cuesta expresarse y disculparse— le decía en voz baja— se comprensivo con él, está triste por… y calló cuando lo vio salir del pasillo— Cielo…

—Comprendo eso, Kuschel— respondió— pero no voy a ser el perro faldero de nadie.

Y se fue caminando hacia el garaje. Debía ir a buscar su camioneta.

Bajó la vista, yendo a la mesada de la recepción, como si buscara algo allí en primer lugar.

—Hijo, si quieres que algo ocurra, debes actuar para ello— y su madre también se fue, por el pasillo que guiaba a su departamento, dejándolo solo y con sus pensamientos.

Se mordió el labio. A la mierda todo.

Lo siguió, metiéndose en el pasillo oscuro con diversas habitaciones auxiliares. Con todavía el coraje a flor de piel, le vino como anillo al dedo que estuviera a un lado de la habitación de almacenaje, distraído con su celular momentáneamente. Lo tomó desprevenido, lanzándolo allí dentro y luego encerrándose. Lo estampó contra la pared, tenía unas ganas locas de golpearlo.

Y lo golpeó… con los labios…

Se quedó allí unos segundos, pero al sentir que no era correspondido, se separó. Eren lo miraba serio con una ceja alzada.

— ¿Necesitas algo? —preguntó con tono monótono, como si su unión no le hubiera afectado en nada. Levi gruñó, frustrado. Toda la convicción con la que había ido se había esfumado. Jadeó, buscando qué decir.

—Yo…. —murmuró, pero se quedó en silencio. Deicidio arrimarse más al cuerpo de Eren, sintiendo su adictivo calor. Lo abrazó suavemente, con movimientos lentos. Escuchó los latidos acelerados en su pectoral, haciéndole sonreír por una milésima. Las manos del moreno temblaban, ansiosas. Lo escuchó suspirar, y luego una suave caricia se posó en su espalda.

—No voy a ceder— le escuchó. Quiso gritar de la rabia— No, porque no lo creo correcto.

—Lo siento— terminó de soltar con dificultar, pero sintiendo como un peso era retirado de sus hombros— lamento haberte tratado mal… realmente lo siento— dijo, casi trabándose con sus palabras. Le miró a los ojos, y su corazón latió fuerte cuando el amor estaba impreso nuevamente en su mirada. Se sintió abrazar y no rechazó el contacto— ¿Me perdonas? —susurró, cohibido.

—Quizás— el moreno besó su frente prolongadamente— ¿Cuál es mi nombre?

— ¿Perdona?—frunció su ceño— ¿En que estamos? ¿Una de esas novelas baratas que ve mi madre donde al prota le da amnesia? —Eren rió, pero luego acarició su mejilla.

—Anda, dime ¿Es una pregunta fácil no? —El que volviera con sus idioteces le hizo alegrar— Di mi nombre con tu delicioso acento francés.

—Eren Yaeger— complació su deseo, mirándolo a los ojos.

— ¿Y de dónde vengo? —acarició sus labios con ternura contenida. Eren no quería ceder tan fácil, pero el que su francesito le hubiera venido a buscar le enternecía de una manera loca.

—Berlín, Alemania— cerró sus hermosos ojitos grises, esperando un beso. Eren sonrió, dejando un besito en las comisuras. Vio alegre como su ceño se fruncía, disconforme.

— ¿Qué me gusta?

—Viajar… sacar fotos… las cosas hermosas… el buen comer— susurró, bajo el hechizo de los ojos turquesas de ese moreno.

—Te falta algo muy importante— siguió hablando bajo. Estaban hundidos en su propia burbuja— tú.

—También las estrellas— tragó, tratando de evadir su mirada.

—Tu sonrisa.

—Los paisajes…

—Tus ojos brillantes cuando los miras

—Los momentos calmos—se estremeció al sentir la voz del moreno en su oído.

—Y que me acompañes en ellos— abrió los ojos, encontrándose con esas turquesas mirarlo profundamente— ¿Qué más sabes de mí?

—Tu única familia es tu abuela, que vive en Río de Janeiro…

—Aunque me encantaría que te volvieras parte de ella.

—Tus padres murieron hace tres años— habló con precaución, más Eren solo estrechó su mano— te gustan los tatuajes… cuando eras pequeño te creías un súper héroe— rió levemente.

—Oye— se quejó— tú te creías un lindo gatito— rebatió, acariciando sus mejillas.

— ¿Un gatito? Era una malditamente feroz pantera—rió un poco, recordando lo que hacía de pequeño. Usaba toda ropa negra, y solía enojarse al ver su piel blanca como la leche— ¿Terminaste de hacerme preguntas?

—Sabes más cosas sobre mí, anda— le instó el moreno, encantado por la comodidad con la que Levi cedía a su toque. No podía parar sus manos de darle constantes mimos por todo el cuerpo. Era tan acariciable…

—No sé—susurró— te gustan las aventuras, te frustras fácilmente… tienes dos amigos de la infancia…

—Así es— sonrió, Levi era hermoso— yo sé cosas de ti, como que eres orgulloso. Quieres ir a la universidad, amas la astronomía— acarició su mejilla, consiguiendo una mirada llena de aquel brillo tan especial que le había hecho caer a sus pies— te gustan los gatos, te da curiosidad el mundo, amas a tu madre y harías cualquier cosa por ella. Tienes un trabajo estable, tu compañera de cuarto es una desquiciada…

—Bueno, ya está— le avergonzaba verse tan descubierto y expuesto ante Eren.

—También te avergüenzas cuando te dicen cumplidos, generalmente no los crees, aunque seas una preciosura malhumorada y atrayente.

—Es porque no lo soy— se quejó— soy bajo como un demonio, lampiño, delgado, sin nada fuera de lo común— se dejó acunar en la enorme mano de Eren, que sostenía su rostro con delicadeza. Su mejilla fue acariciada con amor, devoción absoluta.

—Claro que no— besó suavemente su frente— eres hermoso. Eres la persona más malditamente hermosa que vi en mi vida, y fui a muchos lugares— le sacó una risita— Y yo que creía que las brasileras alcanzaban un estándar bastante alto, tu les rompiste el culo. En serio.

—Sí, claro— seguía escéptico. No entendía como él podía ser más lindo que una despampanante y morena mujer brasilera.

—Eres tan lindo— susurró en su oreja— tan pequeño, tan adorable. Me dan ganas de abrazarte fuerte y sentir tu pequeño cuerpito aplastado contra el mío, aunque me da miedo romperte, porque pareces tan frágil…

— ¿Se puede saber a qué iba ese interrogatorio?—cuestionó, tratando de desviar el tema.

—Sabiendo todas esas cosas de mí, y yo conociendo las tuyas— lo abrazó por la cintura, viendo con deseo esos lindos labios— ¿Sigo siendo un desconocido para ti?

Levi desvió su mirada, avergonzado. Había dicho esas palabras el día anterior sin pensarlas realmente. Cuando se quiso dar cuenta, él era el que estaba acorralado contra la pared.

Podía jugar el mismo juego.

Levantó la vista, lanzando un suspiro tembloroso. Lo miró a los ojos, viéndolo con el rostro más lastimero que le saliera.

— ¿Me perdonas? —se aferró un poco más a su pecho, apoyando su cabeza en la curvatura del cuello, sin dejar de mirarlo a los ojos. Lo sintió tragar, para luego tomar su rostro y mirarlo con devoción infinita.

Con tanto amor que le aturdía.

— ¿Dolió? —preguntó, de repente. Frunció su ceño— ¿Dolió cuando caíste del cielo? Porque la única explicación que encuentro es que eres un ángel.

— ¿En serio? ¿No tienes ninguna frase más original? —se burló, pero solo recibió una sarta de besos cariñosos en la cara, y un abrazo de oso.

—Ahora— besó sus labios sonoramente, con emoción contenida— vamos por esa porción de tarta de ricota. No sabes cómo me costó ser cortante contigo ¡Que ternura dabas! —lo abrazó aún más fuerte, sacándole un quejido adolorido— pero realmente me había enojado mucho.

—Ya te pedí perdón— se quejó—y no creo que siga tibia.

—Con que me la sirvas tú me va a ser suficiente— tomó su mano y lo sacó del lugar, llevándolo a rastras hacia la cafetería, como un niño pequeño. Levi rió, yendo detrás de la barra mientras Eren se sentaba derecho en la mesa, esperando pacientemente— Armin y Jean dijeron que iban a venir a desayunar.

—Hoy no vino demasiada gente… era esperable. Como los turistas vienen, se van— se encogió de hombros.

Le sirvió la porción de pastel, consiguiéndose una sonrisa enorme del moreno. El tipo arrastró una silla y la puso a su lado, palmeándola.

—No— le sacó la lengua, yendo a hacerse un café.

— ¡Pero si recién estabas tan meloso!—se quejó— ahora vuelves a ignorarme, Ay de mi— dramatizó, comiendo un bocado de pastel. Su mueca de desconsuelo se reemplazó por una de gusto. Hizo un sonido de satisfacción.

—Tus dramas no me afectan— apoyó sus caderas en la barra, mientras tomaba su bebida.

— ¿Quieres que use mi arma secreta? —su corazón latió al ver como se dibujaba una sonrisa burlona en su estúpido rostro. Hizo un además con la cabeza, incitándolo. El chico giró hacia el ventanal, y luego lo encaró.

Le shockeó.

Sus ojos turquesas tenían algunas lágrimas (¡De cocodrilo!) y puso su mejor cara de cachorro mojado. Levi carraspeó al ver esos enormes y llamativos ojos mirándolo con pena.

—Por favor— escuchó decir en un quejido lastimero— quiero sentarme contigo luego de haber estado peleados.

Menudo hijo de puta manipulador.

—No— aunque le costó, su orgullo era lo suficientemente grande como para negarse. Escondió su sonrisa en la taza de café, esperando algún tipo de berrinche.

—Ah… uh, bueno—se giró al no escuchar ninguna burla o queja.

Oh, el acto no terminaba con los ojitos tristes.

Estaba comiendo lentamente su pastel, lanzándole algunas miradas tristes de vez en cuando. Lo pilló en el acto, pero él solo bajó su vista a la porción, para luego de unos segundos enfocar sus ojos tristes desde un ángulo bajo.

—Ugh— se quejó, terminando por sentarse en la silla. Eren rió y pasó un brazo por su cintura, todo rastro de melancolía había desaparecido en un instante.

—Te dije que caerías, bebé— besó su cabello, haciéndole rabiar—Ahora quítate la ropa— le dio un golpe en las costillas, consiguiendo una queja— Por favor…

—Jódete— cortó su monólogo poniéndole un repasador en la cara.

Siguieron así, en tranquilidad y silencio. Una cucharada de pastel se posó en frente te su boca. Se giró y encontró con otra mirada de súplica.

Podría cumplir con algunos de sus caprichos… ¿No?

Abrió la boca, dejando que el bocado entrara.

—No pensé que aceptarías tan fácil ¿Ya estás cediendo a mis encantos mitad brasileros?—lo miró feo, queriendo golpear su estúpida sonrisa burlona en su inútil y hermoso rostro.

—Si no lo hacía ibas a berrear de nuevo— murmuró, dándole un sorbo a su café. La tarta estaba deliciosa.

—Pero igual, aceptaste a la primera que te diera de comer— besó con ternura sus mejillas. Le encantaba.

Levi le volvía loco.

Sus manos había picado intensamente al querer tomarlo, acariciarlo… y su consciencia había pesado cuando no fue a buscarlo. Pero no quería ser el esclavo de nadie.

—Ugh, como quieras— le sacó el tenedor de la mano, robándose otro bocado.

— ¿Me das de comer en la boca?—pidió, pícaro— devuélveme el favor.

—No.

—Te robaré un besito si no lo haces.

—Pues hazlo— se sorprendió al escuchar eso. Levi tenía las mejillas levemente rosadas— bésame apropiadamente.

—Si me lo pides de esa manera ¿Cómo me negaría?—tomó su mentón, acariciándolo levemente. Su francesito cerró los ojos. Se tomó unos segundos para admirar su rostro— carajo, no me canso de decir lo lindo que eres.

—Solo… cállate— se quejó, frunciendo su ceño— y bésame.

Y Eren no se pudo resistir a tal dulce petición.

Envolvió sus labios, tomándose lo suficiente para saborearlos y sentir s suave textura. Levi suspiró, dejándole saborear su aliento mentolado. Pasó el rato, solo se besaban, movían sus bocas suavemente, sin apuros. Su hombre se acomodó y acurrucó contra él, haciéndole sonreír de la ternura.

¿Ya había dicho que Levi le volvía loco?

— ¿Debo abstenerme a la tentación de manosearte?—bromeó entre sus labios, consiguiendo una de esas mordiditas que tanto le enloquecían. Al parecer, a Levi le encantaba pellizcar sus labios como reprimenda.

Pero eso solo le calentaba.

—No te atrevas— escuchó cuando delineó su boca con la lengua. Rió, a sabiendas de lo que causaba en su amor, y solo siguió besándolo.

—Ups, creo que interrumpimos algo— se sobresaltó al escuchar la voz de su rubio mejor amigo.

— ¿Uno no se puede besar sin que lo interrumpan?—se quejó, separándose sin dejar de abrazarlo. Hizo un ademán como si los echara, y amagó a volver a comer esa pequeña boca enloquecedora. Levi lo apartó.

—No se besuqueen en lugares públicos, entonces— la pareja se sentó, acomodando una mesa— nos dices que vengamos a desayunar y nos encontramos contigo comiéndole la boca.

—Es un extranjero violador— se abogó el de pelo negro, levantándose.

Y, aunque su mente le gritaba que no debería de haberse dejado llevar… estaba satisfecho.

Feliz.

Pero… él no debería sentir esas cosas por un idiota extranjero…

—Es que se pelearon, y por lo que veo, se reconciliaron— intervino Kuschel, apareciendo de la nada con una sonrisa en el rostro. Levi se quejó— Soy Kuschel Ackerman ¿En qué puedo servirles?

La conversación llenó el ambiente, los tres alemanes disfrutaron del desayuno, mientras que el francés se levantó a atender las personas que llegaron a la cafetería. Por lo menos tendrían un poco de clientela ese día.

Cuando pasó cerca de Eren, él le acarició su cintura y le sonrió, pidiéndole por favor otro café, preparado con amor.

Se estremeció, y un calor se instaló en su pecho al notar, aliviado, que ahora todo era como antes.

O… eso esperaba… porque le había dado miedo el dolor provocado por la ausencia de ese moreno un solo día.

-x-

Salió del trabajo, despidiéndose de Isabel. Eren le esperaba apoyado en el poste, con una sonrisa. Lo besó y tomó su mano, dándole una de esas sonrisas cargadas de un adictivo cariño.

¿Qué clase de cosas estaba haciendo el moreno con él?

— ¿Vamos a cenar? —le preguntó, entrelazando sus dedos con naturalidad.

—Yo invito— le propuso, apretando el agarre. Eren se le quedó mirando, y él comenzó a caminar— no me conviene que te quedes pobre por invitarme a cenar, y que luego no puedas volver a pozo de donde viniste. Además, no eres mi esclavo como para estar pagándome todo.

—Pensé que te regocijabas en mi sufrimiento— sonrió, estaba que se moría de ternura. Cada día caía más y más profundo por ese hermoso francés.

Que fácil que le había dejado el mundo patas para arriba.

Definitivamente, Levi era especial.

Y deseaba con todo el corazón tenerlo a su lado para toda la vida.

—Lo hacía— admitió— pero ahora ya no.

— ¿Alguna razón especial? —preguntó, pícaro, intimando el agarre al pasar sus brazos por la cadera de su pequeño amor.

—Porque… —titubeó, el contacto con Eren le mareaba. No quería decir lo que realmente pensaba.

Porque le aterraba.

—Te gane cariño, no sé— concluyó, buscando guiando al de ojos verdes por las calles. Conocía un muy lindo restaurant, con comida deliciosa.

— ¿Te gusto? —Preguntó pícaro, tratando de molestarlo— era broma, aunque me encantaría que…— dejó de hablar al ver que Levi había parado de caminar— ¿Levi?

—Quizás…— Eren tardó en procesar la información, pero luego pegó un salto y gritó de euforia y alegría. Lo abrazó, haciéndole girar entre quejas. Lo bajó, dándole un sonoro besucón en la mejilla— idiota.

—Así me tendrás que amar y soportar— con felicidad, tomó su mano nuevamente.

Levi sonrió.

Soportarlo quizás no… no sería tan malo.

-x-

Volvió en la noche a su departamento, últimamente estaba llegando muy tarde. Eran más de las dos de la madrugada. Habían caminado al borde del canal luego de cenar, hablando de las estrellas y todas las cosas que se les ocurrieran.

El día siguiente tenía libre. Y Eren le había pedido una cita. Una oficial.

"Digo, una cita para dos personas que quizás, solo quizás, se gustan un poquito" le había dicho, con una sonrisa idiota como las que siempre ponía.

Se lanzó a su cama. Louie se le acercó y acomodó a un lado de su cabeza, ronroneando.

—Que idiota— se dijo a sí mismo— ¿A qué lugar me podría llevar que no conozca en este pueblo? — abrazó a su gato, algo arisco, e hizo una extraña llave para mantenerlo en contra de su voluntad. Luego, tocando en los lugares correctos (Sabía cada uno de los puntos débiles de su gato) se aflojó, dejándose moldear por los brazos de su dueño.

Su mente, traicionera e hija de puta como siempre, no pudo dejar de maquinar los sentimientos que había sentido.

Maldita sea, no quería… no quería sentir cariño por ese idiota.

¡Pero el jodido cabrón se las arreglaba!

Decidido a dormir, se dio vuelta. Pero una duda lo asaltó.

¿Qué carajo se pondría mañana?


Ups, Levi ya empezó a tener pensamientos gay y fabulosos (?)

Perdón por que haya sido corto, pero reitero que estoy presionada por el trabajo y la escuela. Me pidieron que haga una maqueta de una célula eucariota en 3D, y que funcione de alguna manera, alguna función.

QUE FUNCIONE.

También siento que está perdiendo la esencia (Hace dos capítulos que no pongo nada de dónde viajo Eren) Pero prometo retomar el ritmo el próximo capítulo. Es la parte que más me gusta del fic.

Para las dudosas, esto no va a terminar pronto... no quiero spoilearlas, así que no voy a aclarar nada, pero quizás se extienda a más de doce capítulos. Ojala y me tengan paciencia...

Muchas gracias por sus reviews ¡Llegamos a los 50! y todo gracias a ustedes, amadas lectoras. Siento si no los respondo (me siento culpable) pero es que soy bastante... uh... no sé, me cuesta expresarme, entonces siempre que respondo reviews siento que no es suficiente y que merecerían más... pero para todas las que los dejaron, realmente me emociono y las adoro cuando leo sus comentarios.

No tengo demasiado más que decir, quizás en la semana suba un drabble nuevo xD

Dejen review o mueran.

¡Patatapandicornio!