Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Hola, gracias por entrar n..n

Bueno, ingresamos en el último tramo del fic. Les agradezco desde ahora por la paciencia con un ritmo de actualización que no ha sido el de siempre, y por tomarse un tiempo para seguir la historia.

Como de costumbre, agradezco también al anónimo de Dexter31, muchas gracias por leer y comentar n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


Proyecto: Cien drabbles por cien historias

Pareja: Ichigo/Rukia

Motivo: Cosas para conservar


XV

Las cosas que deberías conservar

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Desde luego, se tomarían todo el tiempo del mundo para pensar en la mejor forma de plantear la nueva relación que los unía. Podían estar decididos, pero eso no significaba que fuesen también unos imprudentes. Bastante habían desacatado ya al enamorarse el uno del otro.

Tampoco se preocuparon en buscar primero algún aliado. No les pareció honorable involucrar a un amigo o poner a algún oficial del Seireitei en una conflictiva posición. Se las arreglarían por sí mismos pasara lo que pasase, tanto si contaban con algún apoyo como si los condenaban para toda la eternidad. Pero definitivamente se tomarían su tiempo.

-Hace mucho que no se respira un aire así de agradable –comentó Ichigo con somnolencia.

-Es verdad –convino Rukia.

-¿Deberíamos dar un paseo?

-Después –pidió ella, y bebió de su té.

Como de costumbre, se habían sentado en uno de los corredores exteriores de la casa para observar el atardecer. Sin embargo, ni siquiera esa hora de contemplación lograba aplacar del todo las inquietudes que cobijaban.

Si bien Ichigo continuaba siendo el más decidido a afrontar la situación, Rukia había conseguido atemperar su temeridad con algo de sensatez. De nada les valdría mostrarse juntos como si nada o proclamarlo a voz en cuello como si tal cosa, pues cualquiera de ambos gestos sería interpretado como un desafío más que como una revelación. Y se verían en serios problemas.

Aun así, él continuaba animándola a intentarlo.

-Tu hermano se dará cuenta más tarde o más temprano, si es que todavía no lo hizo –señaló.

-Eso no nos autoriza a obrar por impulso.

-Tampoco nos coloca en una buena posición el secretismo.

-Pero al menos nos da tiempo para planearlo mejor –insistió Rukia, paciente pero firme.

-Creo que le estás dando demasiadas vueltas al asunto, enana.

Ella compuso una mueca de advertencia, aunque Ichigo no se amedrentó. Sin embargo, al rato Rukia sonrió. Tenía que admitir que le gustaba mucho ese afán por defender lo que tenían.

-Eres un tonto, pero consérvalo, conserva siempre ese modo de perseverar –dijo, con una dulzura que Ichigo pocas veces le había conocido.

Antes de que fueran concientes, sus manos ya se habían entrelazado. Sentados hombro con hombro, la proximidad no los había ayudado tanto como los sentimientos que los embargaban.

-Deberías conservar esa mirada clara y determinada, pues allí también está mi fuerza –prosiguió ella-. Deberías conservar las cosas que te movilizan a seguir peleando, las cosas que te motivan a mantenerte en la senda que te has trazado.

Ichigo le sonrió con agradecimiento.

-Entonces debo conservarte a ti –replicó.

Aunque sabían que la historia que venían escribiendo jamás sería la perfecta, la presencia del otro les allanaba los temores y la incertidumbre. Mientras pudieran seguir confrontando por cualquier tontería o mientras pudieran seguir compartiendo un breve lapso de serenidad, ningún porvenir empañaría sus emociones.

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XVI

Las cosas que deberías conservar tú

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Tuvieron momentos de paz y tuvieron momentos de nervios, pues el rumor de que andaban en una relación peculiarmente amistosa no tardó en propagarse. Aunque se hubiesen esforzado en mantenerlo en secreto, sus amigos los conocían bastante bien y ciertas miradas, palabras o gestos no consiguieron pasar desapercibidos.

Por fortuna, el Comandante y los capitanes tenían asuntos mucho más urgentes de los cuales ocuparse como para estar al pendiente de los chismes. Sin embargo, las risitas cómplices, los pulgares arriba al pasar y los guiños de ojo cada vez que se cruzaban con alguien se ocuparon de manifestar a las claras que todo el mundo ya se había enterado.

Y se sintieron un poco patéticos.

-De todas formas, lo peor será enfrentar a Ni-sama –consideró Rukia una tarde, mientras paseaban por el Rukongai. Ese era el único lugar donde todavía la gente parecía ajena a su relación, donde podían relajarse y pensar mejor.

-No me preocupa mucho tu hermano, Rukia, ya te lo he dicho.

-Pues deberías.

-Me he enfrentado a él en peores circunstancias.

-Eso no te da derecho a despreocuparte, idiota, o a subestimarlo.

-Ya verás que será el primero en felicitarnos –dijo él con absoluta desfachatez.

Rukia lo miró con el ceño contraído en una mueca de estupor. El tipo había empezado a cavar su propia tumba con esas palabras y todavía no podía darse cuenta.

-Me aseguraré de llevarte flores en cada fecha conmemorativa –murmuró con sorna.

Él entendió perfectamente y chasqueó la lengua con desdén. Por encima de Byakuya, había otros poderes y circunstancias que podían jugarles en contra y ambos lo sabían, pero por alguna razón para ella seguía siendo más importante contar con la aprobación de su hermano. Sonrió de lado meneando la cabeza con resignación.

-Vaya… Aun así, espero que siempre seas así –comentó.

Ahora Rukia lo miró con interrogación.

-¿De qué hablas?

Ichigo se enfocó en el cielo lozano mientras seguían avanzando.

-Deberías conservar siempre ese hábito de preocuparte, de interesarte, de replantearte las cosas que consideras cuestionables –dijo, y luego se volvió hacia ella-. Deberías conservar las cosas por las que siempre serás tú, la Rukia responsable que a veces parece caminar con el peso del mundo sobre su espalda.

Ella se detuvo, sobrecogida con sus palabras. Él la tomó por los hombros.

-Sólo recuerda una cosa: preocúpate conmigo. Conserva esa carga si quieres, porque te hace única y en definitiva así te reconozco, pero tampoco subestimes tú mi capacidad para ayudarte a sobrellevarlo.

Luego se inclinó y la besó. En el medio de la calle, entre los que trajinaban y volteaban para observarlos ahora con mayor atención. El shinigami sustituto y la joven Rukia, quien había crecido y florecido en esas mismas calles… Vaya conmoción que generarían entre las autoridades.

Pero qué más daba. El amor, al parecer, podía trascender cualquier clase de frontera, incluso la que los dioses se empeñaban en trazar.