¡Que hay lectores! Traigo el nuevo capítulo de "Identidades Ocultas" el MaBill oscuro, me tarde en subirlo lo siento ero anduve ocupada en asuntos OwO importantes, y vida social pues.
Disclaimer: Aclaro que la serie de televisión y comics de Gravity Falls no me pertenecen, y que todos los derechos de este mismo pertenecen a su creador Alex Hirsch, y a la compañía Disney. Yo solo hago esta historia ficticia con fines de entretenimiento para el Fandom y lectores.
Personajes: Mabel Pines/Estrella Fugaz, Bill Cipher.
Clasificación: M
N: ¡Tengo una advertencia! OwO Mayores de 18+
Tortura física, tortura mental, lenguaje fuerte, lemon hard, relaciones sexuales no consensuado, menor de edad, la ONU ira por el Dorito endemoniado, leve romance (Pero ¿cómo que romance en esta historia?).
N2: Pueden saltearse este capítulo UwU e irse al capítulo 9, que todavía no subo :D
Hay otro aviso al final de este capítulo.
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Capítulo Ocho: Atrapada
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PV Mabel
Me talle la cabeza ante el fuerte dolor que tenía en mi cuero cabelludo, Bill me había arrastrado todo el camino sin tener piedad en soltarme un momento. Termino lanzándome contra el suelo, me dolió cuando mi cuerpo golpeo las baldosas de piedra o eso es lo que sentía con mis manos. Abrí los ojos para darme cuenta que estaba dentro de un cuarto oscuro, con mis manos tente a ciegas el piso hasta que escuche una risa dentro de esa misma habitación. En mi mente me pregunta "¿Dónde estoy? Y ¿Por qué estoy aquí?".
- Tal vez un poco de iluminación aclare tu visión. – Chasqueando los dedos hizo que las velas de ese cuarto se prendieran mostrando el lugar. – Te diré que solo he traído aquí a gente que ha roto los contratos conmigo. – Tocando las cadenas. – Ellos reciben aquí su castigo.
- ¿Q-Qué me harás? – Dije, cuando me levante del suelo para retroceder.
- Tranquila no andes tan deprisa pequeña. – Tomando los grilletes para besarlos. - Sera una velada para nosotros dos.
Mi corazón empezó a latir frenéticamente lleno de miedo. Fui retrocediendo con cada paso que daba, hasta llegar a topar con la pared de la misma habitación. En un momento a otro Bill me tenía clavada en la pared cubriéndome toda vía de escape, tomando mis muñecas, elevándolas a una altura un poco suspendida del suelo. Paso su mano enguantada sobre la piel de mis muñecas colocándome los grilletes, haciendo que moviera mis manos sobre los zarcillos de forma desesperada. Vi como el demonio me veía con su orbe ámbar de un color intenso.
- ¿Asustada? – Acariciando mi rostro con delicadeza.
- Déjame ir… - Sonando mi voz con temor.
- ¿No te dije que no abandonaras la burbuja, Mabel? – Sonando una voz dura y fría, volviéndose su mirada sombría.
- Sí… Lo siento. – Mi cuerpo temblaba y mis lágrimas amenazaban con salir nuevamente. retrocedí volviendo a golpear mi cuerpo contra la pared de aquel cuarto.
- Mabel, Mabel, Mabel… - Dijo, tarareando mi nombre. – Querida en verdad no quería hacer esto.
De su mano materializo un cuchillo oscuro con la hoja afilada, pasándolo por la piel de mi rostro.
- Estoy muy enojado contigo. – Su voz era tenebrosa. Paso sus dedos sobre mis hombros, para detenerse y dar suaves caricias circulares en mis omoplatos. – My sweet Shooting Star~
- L-Lo siento… - Es la única palabra que pude articular por el miedo.
Paso la hoja afilada del cuchillo presionando contra mi prístina piel, lo descendió contra la mejilla abriendo a su paso el tejido. Las gotas se hicieron presentes y brotaron brillantemente sobre el filo, el ardor y la punzada de dolor fue quemante, aparecieron haciendo que gimiera de dolor. Ese mismo cuchillo lo paso sobre mi suéter cortándolo por el medio en dos, pasando a romper mi sujetador rozando a su paso mi pecho y mi abdomen; dejando una fina línea roja. Mis ojos se habían cristalizado por el dolor y mis lágrimas caían libremente por las heridas de mi rostro, las gotas saladas con mi sangre se mezclaban. Bill con el mismo cuchillo fue alisando la piel de mi torso, llegando a presionar nuevamente arrastrándolo por el borde hasta su abdomen. La sangre comenzaba a pinchar sobre la herida abierta, siendo de forma quemante. Él sonreía mientras expresaba mi dolor, aferrándome a apretar mis manos cerrándolas. Mis gritos eran algo que le gustaba escuchar.
Él se acercó a la herida de mi abdomen, llevando sus labios a besar el corte superior de mi herida, pasando su lengua azulada por la longitud del corte. Solté un gemido de dolor al sentir la punta áspera de su lengua en el corte de mi herida, manchándome con su saliva y mi sangre. Gimoteaba de dolor, pero también fue de alivio al ver que se concentraba a lamer mi herida en vez de seguir cortándome con el cuchillo. Un grito salió de mis labios al sentir una puñalada en mi muslo izquierdo. Baje mi mirada para ver una de las sombras materializadas llegando a sujetar mi pierna y encajarse en mi muslo.
- No dejabas de moverte. – Mostrándome una sonrisa escalofriante. – Necesita un poco de ayuda. - Colocando una de sus manos en mi cadera la sujeto firmemente. - ¿Me tienes miedo?
- B-Bill… basta. – Tartamudeé al tratar de apartarme de su toque.
- Hay muchas sensaciones nerviosas en el cuerpo, los humanos tienen 86. – Apretando su agarre la acerco a él. - Maravilloso no crees.
- ¿Por qué haces esto? – Pregunte, viendo como borraba su sonrisa.
- Eres un problema para mí. – Tomando sus mejillas entre su pulgar e índice con fuerza, llegando a magullar con fuerza sobre su piel. – Chico, haces que impides que continúe con mis planes. – Soltando su rostro. - Algo tienes que no me deja pensar claramente. – Se apartó de ella para admirarla, mientras balanceaba el cuchillo sobre su mano. - Por lo que veré diferentes métodos, para determinar mi obsesión contigo, Pines. Soy un demonio de los sueños que estuvo abstenido a tales deseos y emociones, para que un mero humano como tú, venga y los desencadene. – Paso una última vez su mano para recoger un mechón de su cabello, dudando entre si jalarlo o llevarlo a sus labios. – Por eso quería evitar todo esto. Pero tú molesto hermano tuvo que meter la pata y causar este problema.
Un movimiento en su mano hizo materializar otra sombra sosteniendo mi otra pierna, quería que se detuviera, pero recordaba que él era un demonio y él nunca se detendría por un humano.
- No sé qué siento, es muy confuso. – Dijo llevándose una mano a su pelo liso y rebelde de color rubio. - Siento mucho odio hacia ti…- Al decir esas palabras sentí como las mismas sombras que estaban en mis piernas, eran estrujadas presionando con fuerza, cortándome la circulación. – Demasiado. – Aclaro.
- ¡Para! – Dije inmediatamente al sentir el fuerte dolor agudo en mis piernas. Jale de las cadenas para liberarme, pero solo conseguía hacerme más daño.
- Me desobedeciste. – Dijo. – Solo tenías que quedarte ahí. Y solucionarlo pacíficamente, un mundo donde tenías tus reglas. Dónde no podía tocarte al menos con tu permiso… pero. – Continúo embozando una sonrisa tétrica mostrándome sus colmillos y a través de esos dientes afilados. – Saliste y entraste a mi mundo, donde yo domino todo.
En menos de un minuto vi como Bill levantaba su mano extendida llegando a controlar las mismas sombras, viendo como cerraba la palma lentamente, hasta obtener un puño. En cuanto lo hizo un crujido sonó en mis piernas, haciendo que soltara un alarido de dolor. Escuchando como se reía de mí y mi sufrimiento.
- Supongo que romper la tibia y el peroné de tus piernas, como palitos de pan no es suficiente. – Dijo, llevándose su mano para frotar contra su barbilla y pensar nuevamente. – Estoy pensando en separarlos.
Jadeaba del dolor y sentía un hormigueo en la parte baja de mis caderas, sudaba frío cayendo las gotas en el suelo. Sentía mis muñecas arder de tanto estar tirando de las sujeciones de metal, dolía demasiado. Nuevamente vi como la sombra se iba alejando de mis piernas, para mostrarme el estado actual; hematomas que parecían manchas enormes de coloración rojizas y violetas sobre mi piel clara, un hueso expuesto sobre la herida abierta mostrando la carne y la sangre que había brotado, manchado mis calcetas roídas y hechas jirones. Solté un grito de pánico, cuando me fije bien en el estado de mis piernas, lloraba al no poder mis piernas moverse y el dolor que sentía en ese momento iba creciendo.
- ¡DETENTE! – Grite. – MIS… PIERNAS… ¡TÍO STAN! ¡DIPPER! ¡AYUDENME!
Una mano aterrizo y se impactó en mi rostro dándome una bofetada, que hizo que me provocara cortarme el labio y por dentro se golpeara mi aparato de ortodoncia con mi mejilla. El sabor metálico de la sangre fresca escurriendo por la comisura de mi boca, me hizo sentí una sensación de asco y un pinchazo dentro de mi boca.
- A veces hay que aceptar que algunas cosas, nunca volverán a ser como eran antes. – Menciono Bill sujetando una parte de mi cabello tomándolo a la fuerza, obligándome a inclinar mí cabeza hacia abajo viendo que mis piernas estaban intactas, como si nada hubiera sucedido de lo que él hizo. – Se sintió real.
- H-Hace… un m-momento… tú. – Hable sin saber lo que había pasado, moví mis piernas para comprobar que tenían la misma movilidad de hace varios minutos.
- Como puedes saber si es real o no, Estrella fugaz. – Acariciando su abdomen hasta pasar su dedo por los cortes. - Esto es real.
- ¡Ah!... No... – Dije, mordiéndome el labio del dolor. – No sigas.
- Preferirías a alguien más en tu reemplazo. – Dijo. – Tal vez a tú tío Stanford Pines.
- ¡¿Eh?! – Lo mire alarmada al pronunciar el nombre de mi tío.
El chasquido de dedos hizo resonar la habitación haciendo aparecer en frente de mí, la estatua de mi tío. Mis ojos se abrieron de la impresión al ver lo que haría, lo libero viendo como mi tío Ford miraba a su alrededor algo desorientado para después dirigir su mirada hacia mí y empezar a gritar mi nombre. Bill solo se rio de su comportamiento e hizo aparecer una silla, se acercó a mi tío y le dio un empujón para después encadenarlo al suelo, con unas cadenas brillantes de color azul luminoso.
- Mi viejo amigo Seis dedos, tenemos el honor de tenerte como invitado a nuestra velada especial. - Dijo, mostrando una sonrisa de lado. – Verdad, Estrella fugaz. – Acariciando mi cabeza como si fuera su mascota.
- ¡Maldito demonio descarado! – Gruño furioso Stanford. - ¡Suéltala!
- No Fordsie, ella y yo tenemos un acuerdo que hicimos, antes de empezar esto. – Señalando su castillo y haciendo referencia a su apocalipsis. Camino hasta el hombre mayor y lo tomo de los hombros. – Pero que crees ella lo rompió sin mi permiso y pues está en esa condición. – Apuntando con su dedo su cuerpo. – Y tú sabes lo que pasa si alguien romper uno de mis acuerdos.
- Tú engañas a todo el mundo, pero a ella ¡La engañaste!
- Solo le di lo que ella quería y ella me dio lo que yo quería. – Dijo contento. – Ambos nos beneficiamos y obtenemos lo que queremos, pero hubo un problema reciente. Ella no respeto el trato y pensó deshacerlo. – Apretando un puño. – Pensaba que si rompía la burbuja se recuperaría todo este caos.
- No, no… yo no lo hice por… - Otro golpe paso a parar en su rostro.
- Cierra la puta boca. – Tomando su rostro con fuerza. – Tu plan fallo.
- Cipher déjala. – Forzando las cadenas para liberarse. – No te atrevas a tocarla maldito desgraciado.
- Silencio Seis dedos. – Dijo en tono severo. – Sigo hablando con Estrella fugaz. – Miro aquellos ojos avellana que detonaban confusión, examino sus pensamientos tratando de saber lo que pensaba. – Tu mente me dice una cosa diferente, de acuerdo te daré una segunda oportunidad. – Pasando su mano para acariciar su rostro suavemente. – Cambia con tu tío de lugar, que el reciba el castigo y tu quedas libre, pero en cuanto termine con el me deberás un favor.
- Bill eres un sucio traidor, no lo escuches.
- Silencio Ford, ella está por hacer otro trato, ¿verdad, Mabel? – Dijo con un tono de voz neutro. – A tu sobrina le ofrezco algo que la salve, pero si no acepta la voy a castigar muy severamente. – Dijo. - Y qué crees tú apareces disponible.
- Mabel. – Dijo Ford mirándome con una expresión preocupada en su rostro.
- No mires… - Decía con mucho temor y vergüenza. Pues tenía mi ropa hecha jirones y algunos cortes en mi cuerpo, sin olvidar que estaba descubierto mi pecho. – Por favor…
- Entonces Mabel, hacemos el trato. – Dijo Bill.
- Mabel escúchame, sé que te he lastimado, te he ocultado muchos secretos, secretos que pensé que me temerías si te lo dijera, te he apartado de mí al igual que ahora estoy haciendo con tu hermano, al apartarlo de ti siendo tu familia. Pero, quería que estuvieras a salvo, tú y Stanley. No pensé que esta situación llegaría a este punto, jamás debí ocultarles todo esto. Debí confiar más en ustedes. – Dijo agachando la cabeza. - No sé si merezca tu perdón, pero de algo te diré… que debes aceptar este trato. – Dijo, mostrando una mirada llena de tristeza. – No mereces sufrir por mis errores. Yo fui en primer lugar quien trajo a ese despreciable ser. – Dirigiéndole una mirada llena de rencor a Bill. – Mabel tenías razón… debiste presionar el botón. – Viendo el rostro estupefacto de la castaña. – Lo siento… fue algo imprudente escuchar su conversación esa tarde, cuando tú y tu hermano discutían.
- Tío Ford… - dije entre sollozos, recordando cuando había bajado por el desván, había chocado con su tío ese día.
- No era mi intención alejarlo de ti, Mabel.
Bill lanzo una mirada de desagrado al autor ante lo que dijo, aquel sujeto ponía en duda a la chica en escoger.
- Silencio. – Dijo tronando los dedos para que apareciera una mordaza. – Bien, ultima oportunidad. Disfrutamos de la venganza juntos. – Señalando a Ford. – Es la oportunidad perfecta.
- Tío Ford – Tenía miedo mucho miedo, pero tampoco deseaba esto para mi tío. Mire a mi tío antes de pronunciar las palabras que sentenciarían mi condena. – Te perdono… lo siento. – Hice un esfuerzo para darle una sonrisa, y tratar de evitar que mis lágrimas siguieran fluyendo. – No puedo aceptarlo… no soportaría verte de esta manera.
Ford gritaba a través de la mordaza, tratando de liberarse de las cadenas. En cambio Bill su expresión se volvió sombría dedicándole a la castaña una mirada fría en su orbe ámbar, tornándose un dorado oscuro. Corto las cadenas que la tenían atada a la pared y con las mismas la jalo hasta donde se encontraba el autor de los diarios. Con su pie la empujo al suelo aplastando parte de su columna, con el cuchillo corto en dos el resto del suéter dejando descubierto su espalda y a la vez dejándola desnuda de la parte superior. Libero los grilletes de sus muñecas.
- Enserio Pines… pensé que eras más, inteligente. - Quitando su pierna dio un chasquido de dedos y la hizo levitar con su telequinesis para después manipular las sombras y convertirlas en extensiones de sus brazos, sujetando sus brazos y piernas extendiéndola. – Bueno igual Fordsie no te perderás el espectáculo.
- Por favor… no, no quiero… Tío Ford… no mires. - Susurro con las mejillas de un tinte rojo oscuro. – No me mires.
- Estrella fugaz, ya que nos fascina jugar. – Dijo en un tono divertido. - Que tan buena eres en matemáticas.
- … - Mabel guardo silencio, no quería admitirlo pero no era tan buena como Dipper, podía tomarle unos minutos los ejercicios.
- De acuerdo nada tan difícil para tu pequeña capacidad de razonar. – Haciendo aparecer un látigo. – Te tengo un juego, para agilizar tu mente y distraerte de este dolor. – Sonriendo de forma contenta. - Vamos a calcular los números menores del 70… pero con múltiplos de 3 y 5, ¿sencillo? – Hablando con sutileza en su voz.
- Vete a la mierda, estúpido triangulo Isósceles. – Dije molesta.
Un golpe fuerte en su espalda fue su respuesta, provocándole un grito. Bill miro la expresión de furia de su viejo amigo Seis dedos, intentando zafarse.
- Si te llegas a equivocar en un número, te daré doble. – Dijo. - No parare aunque supliques. – Arrojo el segundo latigazo a su espalda haciendo que la castaña se arqueara. – Empieza con 3. Son 70 números Estrella. – Dando otro golpe.
- ¡Tres!… - Gritando el primer número, antes de recibir el tercer golpe. - ¡Seis! - Su espalda se sentía caliente. - ¡Nueve! – Las líneas rojas iban marcándose. - ¡Doce! – uno de los golpes impacto en medio provocándome más dolor. - ¡Q-Quince! – Dije con dificultad antes de sentir nuevamente el látigo y rasgar mi piel en esa misma zona. - ¡Aah!.. Dieciocho. - Un corte se hizo presente. – Veintiuna… - Quería que se detuviera. – Veinti…cuatro… - Sentí un líquido caliente recorrer mi espalda. – Veintiocho…
- Mal – Dijo con una voz firme, haciendo aparecer un segundo látigo e impactar con la piel rasgada de su espalda. – Repite.
- ¡Basta! – Grite.
- Repite. – Dando otro latigazo.
- Veintisiete… - Sintiendo un golpe en mi espalda baja.
- Continua. – Observo la expresión de rabia de Ford. – Es una ayuda Seis dedos. – Le respondió volviendo a darle otro latigazo a la castaña. – No te escucho niña.
- Treinta… - Sintiendo un ardor en su columna. – Me duele mucho… - Sollozando.
- Y que sigue del treinta. – Sonrió con malicia, golpeando a un costado. – ¿32 o 33?
- Treinta… tres.
Por unos minutos estuvo tratando decir los números del múltiple de 3 para llegar al 70. Terminando de decirlo, Bill examino su espalda llena de cortes, rasgaduras sobre su piel antes lisa marcada con finas líneas rojizas e hinchazón. La sangre fresca se deslizaba sobre la superficie de las heridas, dando un toque brillante.
- Fácil los múltiplos de 3 ¿verdad? – Dijo. – Ahora los del 5, y esos son demasiados sencillos.
- Por… favor… - Suplique para que me liberada, pero solo conseguí que ladeara su rostro y me diera otro golpe.
- Empieza. – Dijo firmemente.
- Cinco, diez… - Cuando golpeo mi costado un chillido escapo de mis labios secos. – Quince…, Veinte, Veinticinco, Treinta… - Trate de ir lo más rápido que pude para terminar la cuenta. – Treinta cinco, cuarenta, cincuenta… - Mierda… me dije mentalmente al decir mal un número.
- ¿Otro error? – Golpeando doblemente mi costado, pero observo que uno de los látigo se había adherido a la carne de una de las heridas abiertas. – Se atascó… - Menciono en un murmullo. Tiro del látigo terminando de deslizarse y rasgar mi carne, salpicando la sangre al rostro de Ford. – Mírate quedaste manchado con la sangre de Estrella fugaz. – Dirigió una mirada hacia mí indicándome que continuara. – No hace falta que te lo diga.
- Cuarenta cinco, Cincuenta, Cincuenta cinco… - Los golpes seguían y el dolor en mi cuerpo seguía pero ya no era tan fuerte, es como si mis sentidos lo estuvieran bloqueando. – Sesenta, Sesenta cinco… - Casi término me daba ánimo. – Setenta.
PV Normal
En cuanto termino de contar escucho un audible chasquido de dedos haciendo desaparecer las sujeciones y que cayera en el suelo, golpeándose con las frías baldosas de piedra cubiertas del charco de sangre, que se había formado debajo de ella. Él rubio se acercó a donde estaba observando su espalda ensangrentada y llena de cicatrices, su carne expuesta y desgajada.
- ¿Cansada? – Se inclinó para tomarla del brazo y levantarla escuchando un quejido de dolor por parte de ella. – Fue entretenido, hasta tú tío se conmovió. - Sujetando su rostro para que volteara a ver al autor de los diarios, con una expresión llena de tristeza. Mientras que Bill pasaba su brazo formando un agarre en su cintura apoyándola contra su pecho.
- N-No… - Musite, evitando su mirada cerré los ojos con fuerza. No quería que me viera en esta condición, no quería que hubiera presenciado esto.
- Lo hiciste bien, aguantaste el castigo. – Dijo Bill con tono suave, haciendo que la chica se extrañara por su tono de voz. – Fue muy malo desobedecerme. – Acariciando su rostro. – Mabel abre los ojos y mírame.
La chica no quería voltear a verlo, tenía miedo de encontrar su rostro. Pero una mano enguantada la hizo ladear el rostro hacia él.
- Mírame. – Demando el rubio.
Mabel movió levemente la cabeza para dar una negativa. - …No.
- Me negaras tu mirada. – Dijo poniendo una expresión inconforme.
Sin recibir respuesta de la chica lanzo un chistido y miro a Stanford, quien aún seguía dedicándole una mirada de odio al rubio. Trono sus dedos para hacer desaparecer la mordaza y permitirle hablar.
- ¡SUÉLTALA! – Dijo rojo de la furia.
- Sí la suelto se caerá. - Respondió con la razón del mundo.
- No la toque maldito.
- Entonces quieres que se caiga. – Levantando una ceja.
- Te digo que la sueltes. – Dijo Ford.
- ¿La suelto?
- ¡Cipher deja a mi sobrina! – Dijo molesto.
- De acuerdo. – Dicho esto removió sus brazos de la castaña provocando que cayera al suelo adolorida. – Listo la solté.
De repente se escucharon unos golpes en la puerta haciendo que el demonio rodara su ojo y se cruzara de brazos, para después responder de mala gana.
- Estoy ocupado.
Pero quien entro fue una de las pesadillas buscando a su jefe, avanzo para quedar enfrente y arrodillado frente al rubio.
- No fui claro que estaría ocupado. – Señalando a sus víctimas.
- Señor, es importante. – Dijo la criatura. – Tiene que venir conmigo, es sobre él chico.
- Y que sí consiguió salir. – Menciono despreocupado. – No es amenaza.
- Pero señor… el chico trama algo. – Dijo la pesadilla. – Algo en contra suya.
- Más vale que sea importante o tu cabeza rodara. - Dijo en tono amenazador.
La pesadilla se inclinó ante Bill para después retirarse, el demonio se llevó una mano para masajear el puente de su nariz mientras soltaba un suspiro cansado. Ladeo su mirada hacia a Stanford y la pequeña que se encontraba ensangrentada en el suelo.
- Regresare. – Dijo secamente saliendo de la habitación.
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Bill se había retirado de la habitación dejando a solas a Ford y a Mabel en un silencio sepulcral, ninguno decía ninguna palabra. El hombre mayor vio a su sobrina que respiraba lentamente, herida y aun tirada en el suelo, la chica temblaba en el piso escuchando sus gemidos y llorando en silencio. Su tío le dolía verla en ese estado, acababa de experimentar algo horrible. Se sentía inútil el no poder protegerla y solo observar siendo torturada por aquel sujeto sin corazón y con maldad pura.
- Mabel…
La llamo pero no obtenía respuesta de ella, la chica se envolvía en sus brazos con dificultad temblando.
- Tú no tienes la culpa, yo soy… - Dijo. – Lamento que hayas tenido que soportar esto, Bill nos engañó a todos, lastimo a Stanley, lastimo a tu hermano Dipper y ahora él lo está haciendo contigo. – Viendo las heridas abiertas en su espalda. – Lo siento mucho Mabel, estas sufriendo por mi culpa. Tenías razón… era mejor que apretaras el botón. Así no hubiera ocurrido este problema.
- Tío Ford… - Volteando su rostro para mirar al mayor. – Lo siento mucho… - Continuo. – Y-Yo… no… estoy enojada… contigo. – Jadeando del dolor.
- No yo soy quien debe disculparse. – Dijo Ford. – Es mi culpa que estés así. – El mayor soltó un sollozo al ver a su sobrina lastimada.
- Tío Ford, no llores… - Ella tampoco podía evitar a romper a llorar de ver así a su tío.
Estuvo así unos minutos cuando Ford vio una fina línea de luz posarse en el suelo de la habitación, siguió la luz al ver que la puerta por donde había salido Bill estaba entre abierta. Llamo a su sobrina para que lo escuchara.
- Mabel… ¡Mabel! Escúchame. – Viendo que la chica levantaba su rostro. – Mabel tienes que levantarte y acercarte hacia a mí.
- No puedo levantarme. – Su espalda había quedado encorvada por el dolor en sus cortes.
- Necesito que hagas un esfuerzo Mabel.
- Me duele… me duele mucho. – Apoyando sus manos en el piso para levantar su torso. Pero inmediatamente se dio cuenta que tenía su pecho descubierto y las mangas de su suéter colgando a los lados. Se llevó ambas manos a cubrir su pecho. – Tío…
- No miro. – Dijo para voltear la mirada al otro lado. – Mabel no tardes… busca que cubrirte.
La chica no encontraba nada con que cubrirse la parte delantera, apenas la habitación era alumbrada por la luz tenue de las velas. Se levantó con dificultad buscando con la mirada en la habitación, cualquier pedazo de tela que podría cubrirle. Pero nada más había cadenas, grilletes, una plancha de piedra, un frasco con… ojos y dientes. La castaña sintió un escalofrió el ver con claridad la habitación. Se vio las mangas de suéter colgando a los lados, las tomo y empezó hacer un nudo al lado y un nudo al otro. Se agradeció de tener el pecho chico, y que las mangas alcanzaran a cubrir la zona de su pecho. Le molestaba la fricción de la tela contra su espalda, pero tenía que soportarlo. Se acercó a su tío con paso lento, sus piernas aun no respondían bien del todo, al dolor que había sentido hace varios minutos cuando estuvo colgada en la pared y las sombras de Bill habían fracturado sus piernas. A pesar de ser una ilusión.
- Tío ya estoy. – Dije avergonzada por la apariencia. No era muy cubierto lo que llevaba, pero era preferible irme así que desnuda de la parte superior. – No encontré nada.
- Bueno…ahem - Ocultando su rubor en sus mejillas. – Lo bueno que cubre… maldición si tan solo pudiera darte mi abrigo. – Se reprendió a sí mismo. – Mabel escúchame con atención ves esa puerta. – Señalándole con la mirada. – Él estúpido triangulo la dejo abierta, no tardará en llegar. Pero al menos te dará tiempo para escapar y estar lejos de este castillo. Mientras yo lo distraigo.
- Pero tío no puedo dejarte, debe haber algo con que liberarte. – Recordando el cuerpo sin vida del albino. – No, no voy a dejarte.
- Necesito que salgas de aquí, en mi bolsillo tengo una pistola magnética y un garfio. Eso te ayudara para deslizarte fuera del castillo. – Dijo. – Por favor Mabel necesito que te vayas, no me imagino lo que te hará cuando vuelva.
- Tío Ford tengo miedo. – Viéndolo con una expresión asustada. – Y si te hace algo… no quiero dejarte.
- Mabel no te asustes estaré bien. – Hablo para calmar a la castaña que reflejaba una mirada dolida. - Busca a Dipper y a Stan… llega segura a la cabaña.
- ¡No, no! Vi el cuerpo de Gideon. Te matara. – Dije entre sollozos. – No quiero que te pase eso.
- No puede hacerlo porque tengo información que quiere sacarme. – Dijo Ford. – Vamos Mabel no hay tiempo… por favor escapa, confía en mí.
- Tío Ford. – Lo mire un momento para después abrazarlo. – Volveré por ti…
Tome su arma y el garfio que estaba en su bolsillo de su abrigo, me acerque con paso dificultoso a la puerta y la abrí con cuidado viendo el pasillo despejado. Era mi oportunidad, mi única oportunidad para escapar.
¿Entonces porque caí de nuevo en una trampa?
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PV Mabel
Caminaba por el pasillo de piso marmoleado oscuro con las líneas entre los prismas de neón brillante y de colores del castillo, mis pies se sentían fríos contra el suelo. Escuche los gruñidos de algunos monstruos y pesadillas acercarse, me escondí en una esquina honda de forma invertida; la estructura del castillo era compleja y en forma de laberinto. Guarde silencio cuando terminaron de pasar los monstruos enseguida de mí, fue un milagro que no me hayan visto. Tenía que ser cuidadosa o me encontrarían. Camine un poco más adelante llegando a unas escaleras que subían, pero daban con un ventanal abierto. Mis ojos se esperanzaron cuando vi mi oportunidad de salir de aquí.
¿Por qué no me quede en la habitación?
¿Era una maldita trampa?
¿Porque no sospeche de la puerta?
¿Por qué escuche a mi tío?
¿Por qué escuche a una estúpida ilusión?
Llegue con paso cuidadoso al ventanal viendo el paisaje del caos que reinaba en el pueblo de Gravity Falls, el viento frío golpeo mi cuerpo, vi la altura del castillo hacia el suelo. Debía estar demente para salir por el ventanal con un garfio, quien no sabía hasta donde alcanzaría. Pensé un momento que hacer cuando mis pensamientos fueron interrumpidos, cuando escuche una risa resonar entre las sombras y el resueno de unos tacones contra el piso.
- Vaya si es la mascotita de Bill. – Dijo con tono divertido, mostrando una sonrisa entre esos labios rosados de color intenso. - ¿Qué haces aquí? Fuera de la jaula.
Trague saliva de forma nerviosa al verla acercarse hacia mí, oculte el arma detrás de mí. Y empecé a retroceder.
- ¿A dónde vas? – Dijo la súcubo rosado, dirigió su mirada a mis manos e hizo un sonido desaprobación. - Acaso querías escapar. Uy no, no podemos dejarte querida. – Se acercó en un rápido movimiento arrebatándole el arma y el garfio. – Que bueno que no los utilizaste, mostrándome los artículos como se desintegraban en unas Llamas color azules. – Eran meras ilusiones. Te imaginas si hubieras salido con esto, no habrías sobrevivido ni a la caída ni mucho menos en defenderte.
- Pero… - Dije con mis ojos asombrados.
- Soy muy buena haciendo ilusiones. – Dijo riendo. – Bill me lo pidió, cuando se retiró de la habitación cuando termino de torturarte.
- Pero mi tío…
- Tú tío esta convertido en estatua nuevamente. – Dijo mostrando una sonrisa siniestra. – Lo que puedes hacer en unos segundos cuando estas tirada en el suelo sin voltear a ver, cuando se hizo el intercambio.
( F )
- Regresare. – Dijo secamente saliendo de la habitación.
Bill abrió la puerta y dio chasquido con los dedos convirtiendo a Stanford en la misma estatua que tenía, y le hizo una seña a Pyronica quien estaba oculta en la esquina de la habitación, para realizar una ilusión en la misma silla. Una vez que estuvieron afuera de la habitación el demonio se acercó a su compañera furioso.
- No les dije que no espiaran.
- Excelente tortura amo Bill, pero muy delicado con la humana. – Menciono la súcubo. – Yo hubiera sugerido el Zanjir* en ella. – Menciono con voz excitada. – Con ese hubiera resquebrajado la piel en los primeros cuatro y después hubiera arrancado su carne hasta romper su columna.
- Y vuelvo a repetir, ¿Qué hacías adentro? - Tornándose rojo de la cabellera y su mirada cambiando a una oscura.
- Vamos Billy una miradita no hace daño. Sabes que soy Voyerista, es mi naturaleza. – Rio divertida. – Mira el lado bueno, la humana no supo de mi presencia. Estuvo concentrada en tu castigo y en evitar que su tío la viera… digamos en esas condiciones.
- Señor Bill… - Llamo una de las pesadillas.
Bill trono los dedos y lo incinero para calmarse y volver a la normalidad. Le dedico una mirada fría y oscura a la súcubo como advertencia.
- La próxima vez, esa serás tú si te vuelves a meter en mis asuntos. – Señalando al sujeto que había incinerado.
- De acuerdo.
- Mantén tú ilusión mientras regreso. – Dijo molesto.
Observo como Bill desaparecía entre los pasillos para después dirigir su mirada a la habitación donde se encontraba la chica en el suelo y su ilusión haciendo el papel de su tío.
- No me dijo que no podía divertirme con ella. – Sonrió maliciosamente.
( F )
- Entonces no era real… - Dije con tristeza. – Mi tío nunca me perdono.
- Pobre cosita. - Dijo Pyronica acariciando su rostro. – Quiere regresar a casa. – Pellizcando su mejilla. – Si de algo te hace sentir bien, es que doy excelentes vistazos al futuro con mis ilusiones. Por lo que tú y tu tío se reconciliaran.
- No me toques. – Golpeando su mano.
- Tan bien que me caías. – Dirigiendo una mirada de desprecio. – Creo que a Bill no le importara si te elimino en este instante.
- ¡¿Qué?! No, no… aléjate. – Dije con miedo al ver como la expresión de la criatura cambiaba a una horrible.
- Le estaré haciendo un favor. – La tomo del cuello con ambas manos para apretar su alrededor y levantarla, cortando el paso de su respiración.
- A-Alguien… - Tratando de retirar las manos de Pyronica de su cuello. – Ayu-de-me…
- Duerme Sweet honey~ - Dijo en tono meloso, mientras hundía sus uñas en su cuello perforándolo, dejando escurrir líneas carmesí en sus dedos que escapaban de su piel rota.
Mabel sentía la vista volverse borrosa mientras divisaba manchas oscuras y una punzada aparecía en su cabeza. La sensación de la falta de oxígeno se hacía presente, sus ojos se humedecían y su mirada se tornaba perdida. Las fuerzas de sus manos escaparon y un débil sonido de ahogo fue lo último que se escuchó antes de caer rendida bajo el agarre de Pyronica.
La súcubo la soltó cuando escucho los pasos de cierto demonio rubio resonar por el pasillo, ella solo sonrió al verlo parado frente a ella. Y antes de que pudiera hablar un chasquido de dedos la envolvió en llamas azules desintegrándola.
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Bill entro a la habitación llevando en sus brazos el cuerpo de la chica Pines, la deposito suavemente sobre la cama. Vio las marcas sobre su cuello donde había sido estrangulada por Pyronica, dejando ver los hematomas violetas y la carne rasgada por las uñas de la súcubo.
La expresión del rubio mostraba un semblante serio al ver el cuerpo de la chica inerte en su cama, paso su mano por su rostro pálido rozándolo. Sentía una extraña opresión en el pecho en no poder ver su mirada en esos ojos avellana, que le mostraban toda esa clase de emociones desconocidas. Se retiró su guante para tocarla, no había tenido tiempo de tocar su piel a través de la estorbosa tela de cuero. Paso sus dedos por su rostro tocando sus labios secos y agrietados. Descendió sus dedos hasta su cuello y su sorpresa fue grande al sentir una pequeña pulsación débil.
- Despierta. - Murmuro. La tomo entre sus brazos como cuando había caído del acantilado. – Supongo que eres muy exigente. – Con su mano levanto su rostro y unió sus labios con los suyos en un beso, envolviendo su cuerpo en una cálida flama de color azul. Junto su frente con la suya separándose del beso, jadeaba el rubio mientras observaba como la chica recuperaba el color de su piel. Fue soltándola para dejarla suspendida a uno metro por encima de la cama, como fue la última vez que le devolvió la vida. Aunque con esto sería tres veces que se burlaba muy cruelmente de la parca y él bebe tiempo. – Despierta Pines.
La castaña fue entre abriendo con cansancio, dirigió su mirada hacia donde había escuchado la voz del sujeto. Su vista era borrosa le costaba ver con claridad el rostro del sujeto, pero podía notar la cabellera color rubia frente a ella. Quería hablar pero sus cuerdas vocales dolían, por lo que su siguiente acción fue retroceder aunque no podía hacerlo estando suspendida en el aire.
- Cálmate, tus sentidos aun no regresan del todo. – Dijo posando su barbilla recargada contra su mano mientras la veía. – Es frustrante. – Dándole una sonrisa. – Que ingeniosa eres con las mangas del suéter te hiciste un top. Solo uniéndolos. – Observando la pieza de tela sobre su pecho. – No puedo decir eso de la horrible falda.
- B-Bill… - Hablando roncamente.
- Fuiste una estúpida al salir de la habitación. - Dijo Bill molesto. – Según Pyronica que la razón por la que trato de asesinarte, es porque ibas a escapar. Y regresar con tus aliados.
- No… - Dije con dificultad. En una parte Bill tenía razón, quería escapar pero también estaba confundida. – Yo… estaba. – Recordó que estaba siendo asfixiada por la demonio, pero no recordaba haber llegado a la habitación.
- Me equivocado otra vez, acaso no pensabas escapar y no mientas. Por qué lo sabré. – Amenazo a la chica. – ¿Ibas a escapar?
- Sí. – Dijo nerviosa. – Yo estaba muerta… - Mabel no escucho ninguna respuesta del rubio.
Lanzo un chasquido de dedos e hizo que dejara de levitar provocando que cayera en la cama.
- Supongo que no es necesario llevarte de regreso a la habitación. – Empezó a deshacerse la pajarita de su cuello entre abrir los botones de su camisa; seguido de sacarse el chaleco y entre abrir su camisa. – Estrella fugaz.
- ¿Q-Qué… haces? – Dije con temor retrocediendo, mientras mi vista regresaba con claridad. – ¡No! – Proteste al verlo.
Bill se rió y tomo del brazo de la castaña para atraerla hacia él. – Nunca obedeces. – Tomando de su mentón para atraer su rostro al suyo. - ¿Me tienes miedo, Mabel? – Acariciando su mejilla.
- Sí. – Dije con mi voz temblorosa.
- Deberías estarlo. – Su sonrisa fue sustituida por una cruel. – No escaparas.
Tomando un puñado de su cabello dio un tirón, sacando un grito de dolor a la chica acercando su rostro con el suyo.
Bill junto su boca con la de ella atacando sus labios en un beso violento. Moviendo sus labios en un beso hambriento y voraz, mordió su labio inferior provocándole un quejido de dolor. La chica coloco sus manos sobre su pecho para alejarlo, pero su fuerza era mayor impidiéndole que lo apartara. La mano enguantada del rubio se deslizo atrás de su cuello para sujetar su nuca, soltando su pelo. Su otra mano la enrollo alrededor de su cintura atrayéndola con fuerza a su regazo, sujetándola con fuerza para evitar que se separada.
Las fuerzas en las manos de Mabel disminuían al intentar empujarlo lo más lejos de ella, pero no tenía efecto alguno en él. El rubio seguía besándola de esa forma tan demandante y feroz.
Se separó de ella respirando un poco acelerado, su orbe ámbar adquiría un dorado oscuro y brilloso, se relamía los labios. En cambio Mabel respiraba de forma pesada, sus labios que estaban resecos dolían y sangraban tras la mordida que le había hecho.
- Necesito hacerte mía. – Dijo, acercándose a lamer mi mentón.
- Estás loco…déjame demente. – Dije viéndolo con furia en mis ojos y asco.
- Genial, la chica merece un premio al darse cuenta. – Dijo riendo mientras continuaba a dirigirse al cuello de la castaña y depositar besos, rozando sus labios por las heridas que provoco Pyronica. Lamiendo la zona donde había clavado las garras, escuchando sus quejidos y sus gemidos brotar de sus labios.
En un momento que se detuvo el rubio sintió como era empujado para recibir la bofetada sobre su rostro, aquella chica temblaba de miedo mientras que se llevaba una mano a su cuello, cubriendo su herida.
- ¡Déjame demonio! - Grite con mis fuerzas.
Bill solo se llevó la palma a su rostro donde había recibido el golpe y frunció el ceño. Mabel estaba asustada por lo que haría, pero en cambio observo como el sujetaba su mano y besaba su palma.
- Golpéame todo lo que quieras nena. – Se burló. – Sabes que el dolor para mí es hilarante. - La jalo de la muñeca para acercarla hacia el aprisionándola en sus brazos. - Disfrutare tenerte gritando y gimiendo.
Un tronido de dedos y unas cadenas aparecieron en las muñecas de la castaña, atando sus manos.
- Siento mucha atracción hacia ti pequeña humana. – Comenzó a besar su cuello dejando marcas con sus colmillos, rozándolos y lamiendo su piel herida, chupando las porciones de piel lisa que aún no había sido perforada o lastimada. – No sabes cuánto deseo hacerte mía.
Mabel gemía de dolor y trato de liberarse de sus ataduras, sentir la lengua de Bill sobre su piel era una sensación horrible y asquerosa para ella. Sintió como la mano de él delineaba su espalda ensangrentada de las heridas, provocándole un dolor quemante e insoportable. Hasta que sintió que el pedazo de tela que cubría de su pecho, caía revelando la parte superior de sus senos. Intento cubrirse pero la mano del rubio mantenía sus brazos abajo. Bill fue descendiendo de su cuello lamiendo y mordisqueando parte de su piel, dejando marcas rojizas; llegando a su pecho en pleno crecimiento dio una lamida a su seno, pasando su lengua gruesa y húmeda sobre los botones rosados de la castaña, sacándole uno que otro gemido ya que observo que la chica se mordía el labio con fuerza, evitando que escapara los sonidos de sus labios. Él demonio continuo lamiendo para después atrapar un pezón rosado entre sus dientes y morderlo, provocándole un chillido. Continuo mamando del seno de la chica, Mabel no paraba de temblar ante su toque, quería que se detuviera. Por más que quería apartarlo, quitarse las cadenas o alejarse; este la castigaba mordiendo su piel con rudeza.
Bill dirigió su mano que estaba sujetando su cintura hacia su trasero acariciándolo, hasta que llego adentrar su mano por debajo de su falda tocando los muslos; apretándolos y encajando sus propias garras en su tierna piel. Mabel asustada y con la mirada cristalina en sus ojos le suplico que se detuviera.
- No, no, no quiero… - Dijo insistentemente.
- Me encanta esa expresión. – Canturreo divertido, dirigiéndose a besar su mejilla.
Mabel dio un grito de pánico al sentir el corte de su falda en dos dejándola en sus bragas de color rosa, con su mano se adentró a través de la su ropa interior tocando su monte venus hasta deslizarse tocando su intimidad.
- Detente… - Dije con miedo. Sintiendo como su mano acariciaba mi lugar.
- Tú primera vez… Estrella fugaz. – Dijo algo ronco y cargado de placer. – Y será mía.
Sin preparación alguna introdujo un dedo dentro de su vagina moviéndolo de arriba abajo, sacándolo y metiéndolo. La chica soltó un grito incomodo al sentir que la invadía, un segundo dedo repitió la misma acción moviéndolo con rapidez. Todo esto era nuevo para la castaña y a la vez temblaba de miedo al ser algo desconocido para ella. Un tercer dedo se introdujo dentro de su cavidad simulando una penetración dentro de su vagina, guiando los dedos del demonio en movimientos rápidos y girando dentro.
Bill seguía lamiendo los pechos de la chica, escuchándola gimotear y llorar. Esa dulce expresión en su rostro lo excitaba al demonio, se acercó a tomar su rostro sin interrumpir la tarea de masturbarla con sus dedos. Atrapo sus labios en un beso salvaje y los mordió provocando que lanzara un grito de dolor, donde aprovecho para adentrar su lengua y profundizar el beso. Eran muchas sensaciones que experimentaba la castaña y todas no podía disfrutarlas con una persona que amara, aquel demonio la lastimaba, le provocaba dolor y asco.
Sintió un escalofrió en su columna cuando sintió un palpitar en su entrada, un líquido salió escurriéndose por sus muslos. Provocándola encorvarse de la espalda mientras convulsionaba del extraño placer. Un tinte rojizo apareció en sus mejillas pensando que se había orinado encima, por lo que no evito llorar y sentir las lágrimas correr por su rostro.
Bill solo lamio sus dedos con sus jugos transparente deleitándose con su sabor. En un siguiente movimiento la empujo a la cama dejándola debajo de él, abrió su cremallera y bajo su pantalón junto con su ropa interior. Los ojos de Mabel se agrandaron llenos de terror al ver el miembro enorme del rubio. El demonio la sujeto de sus muslos evitando que retrocediera, los abrió para acomodarse.
El corazón de Mabel martillaba fuertemente al verlo colocarse en su entrada, ella suplicaba pero nunca fue escuchada.
"Tenía que ser una pesadilla"
De una sola estocada se adentró completamente su pene en su entrada, desagarrándola a su paso. Comenzó una fuerte embestida rápida y violenta contra ella. Mabel gritaba del dolor golpeando su tórax aun con las cadenas, rogaba que se detuviera. Sentía que la partiría en dos en cualquier momento si seguía moviéndose de esa forma.
Sus ojos veían como el demonio del sueño disfrutaba del placer al verlo cerrar su orbe dorado, gemir roncamente y jadear ante cada embestida que daba dentro de ella.
- Me duele… ¡para! P-por fa-vor… - Decía entre cortadamente. - ¡Detente!
- Tan estrecha… tan deliciosamente estrecha mi niña. – Dijo Bill jadeando abrazando su cuerpo. – Eres mía.
- ¡Bill!... me duele, me duele… ¡Ah! – Sintiendo como aumentaba el vaivén de sus estocadas siendo más veloces y profundas.
El rubio tomo una de las piernas de la castaña posicionándola en su hombro, clavándose profundo en su pequeña entrada. Sus sexos chocando entre si y sus testículos golpeando parte de sus nalgas, un ruido entre el chapoteo de sus líquidos con la fricción de sus embestidas, se escuchaban en la habitación. Su cuerpo sudoroso con el de ella, restregándose. Su aliento chocando contra su cuello y besando.
Mabel lo odiaba, lo detestaba, le dolía, quería que se detuviera…
Bill gruño de placer al punto de llegar a venirse y alcanzar su propio clímax, tomo de las caderas de la castaña dando unos últimos empujones en su entrada y soltar su semen dentro de ella, llegando a llenarla. Jadeaba embriagado del placer. Salió de ella viendo su sangre y el líquido blanco mezclados. En cambio Mabel solo tenía la mirada perdida, nada había disfrutado su cuerpo dolía. Pensó que su pesadilla terminaba, pero estaba equivocada.
Un movimiento brusco la hizo girar de las caderas, colocándola boca abajo en las sabanas de la cama, obligándola colocarse en cuatro mientras sentía los labios de Bill rozar su espalda, paso un brazo sujetándola firmemente de su cadera.
"Dios esto debe ser una broma, no puede estar pasando"
Sintió como su erecto pene cepillaba contra su entrada y contra su trasero. Mabel le volvió a suplicar, aun sabiendo que no le había hecho caso a la primera.
Sintió su dedo adentrarse e invadir su trasero moviendo sobre su ano, en círculos rotatorios. La chica se mordió el labio de la incomodidad, un segundo dedo dio paso a moverse y agrandar en forma tijera dentro, poco a poco introdujo un tercero y empezó a moverlo provocando un grito desgarrador en ella.
- Ya casi. – Besando su espalda baja. – Mabel…
- ¡Ya basta!... Detente. – Dijo entre lágrimas la castaña. – Bill… no continúes…
Bill se acercó a su rostro para besar sus labios en un beso apasionado, sujeto sus caderas y se enterró dentro de ella de una sola estocada. Mabel lanzo un grito de dolor mientras sentía como su miembro se introducía a su entrada estrecha, sintiendo un ardor e incomodidad.
Sentía como se movía bruscamente sin piedad, golpeando su pelvis contra sus caderas, embistiendo con fuerza contra ella. Ella se aferró a las sabanas apretándolas contra sus manos. Sus ojos rojos de tanto llorar, su respiración era irregular y pesada, de nada servía morderse el labio dejo que sus gemidos y gritos salieran.
El cuerpo de Bill la aprisionaba abrazándola por detrás, mientras que su mano acariciaba su pecho y parte de su vientre, hundiéndose en su húmeda y estrecha entrada. Escuchando gemir a la chica que tenía bajo suyo, para él era un placer escucharla. Verla poner ese tipo de expresiones cubierta con sus lágrimas y las mejillas rojizas, intentando recuperar el oxígeno y la capacidad de respirar. Todo era excitante para él. Se acercó a besar su cuello y sus mejillas, se sujetó de ella cuando sintió sus paredes aprisionarlo siendo difíciles los últimos empujones. Ambos gemían al llegar al punto de culminar su acto. Bill se corrió dentro de esa cavidad mientras que la chica soltaba un grito de placer y dolor al sentir el líquido caliente golpear y escurrir por sus muslos y nalgas.
- Perfecto… - Dijo Bill ronco de su voz, saliendo de ella para voltearla y besar sus labios. – Humana ha sido perfecto esta pesadilla.
Mabel respiraba con dificultad, su cuerpo dolía y sentía como los labios del rubio besaba sus hombros. Bill se colocó encima de ella y enrollo sus piernas a sus caderas para volver adentrarse en ella, comenzando un vaivén fuerte y lento en cada empujón. Provocando que la castaña gimiera y lo mirada con los ojos entrecerrados y su cara arder de las diversas sensaciones, su vientre caliente y la necesidad de más contacto. Bill disfrutaba verla de esa manera provocadora.
- Querida… quieres que sea haga realidad. – Dijo cargado de deseo, mientras besaba sus labios con cada beso corto. – Vamos… cumple mis deseos. Se mía…
- Bill… ¿de… que hablas?… ¡Ah! – Sintiendo sus estocadas más profundas.
- Esto solo es una ilusión… una visión. - Besando su mejilla. – Mabel… ¡ngh! – Embistiendo duramente y con movimientos toscos. - ¡Ah!... eres deliciosa… mi querida Estrella fugaz.
- ¡B-Bill! – Sintiendo sus uñas clavarse en mis omoplatos. – Detente… duele ¡Ah! Para…
- ¡Mabel! – Grito su nombre cegado por la lujuria.
Bill termino por correrse nuevamente en su interior, la abrazo y se acercó a sus labios para rozarlos y devorarlos a través de un beso lleno de deseo. Se separó de su rostro a centímetros sintiendo sus alientos chocar entre sí.
- Despierta… - Dijo el rubio.
- ¿Qué? – Pregunte confundida y dolida.
- Maldición despierta… - Dijo furioso. Apretó sus manos contra sus antebrazos encajando las garras. - ¡DESPIERTA!
- Me lastimas… ¡Bill! – Dijo con terror en su voz. - ¡Me duele!
- ¡DESPIERTA PINES! – Grito la voz
Mabel sentía un ardor quemante en su cuerpo y ser invadida por las llamas, su vista se cubrió de manchas negras, sin llegar a ver a su alrededor, hasta llegar a quedar en la oscuridad. Las punzadas en su cuerpo aparecieron como si fueran cuchillas clavándose en sus extremidades, un grito desgarrador le hizo romper a llorar en medio de la oscuridad.
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Bill quien había llegado a la habitación donde tenía a la chica, la encontró vacía sin ella adentro. Golpeo con su mano la pared dejando una grieta, que acabo dejando un hueco. Estaba molesto y su sangre hervía, y la culpa la tenía cierto súcubo rosado. No hacía falta saber dónde se encontraban, el aroma de la humana y su sangre era un rastro perfecto que seguir. Caminando a paso lento trato de pensar en una forma cruel de eliminar a su compañera por haberse llevado a su "humana". Levanto una ceja al ver que el rastro lo conducía a los escalones de arriba; subió para después visualizar a un demonio rosado sosteniendo en un agarre por el cuello a la chica, con las garras clavadas en su carne.
Pyronica quien vio de reojo a Bill con su mirada rosada, lanzo una sonrisita inocente y hablo de forma sutilmente divertida.
- La puse a dormir en un agradable sueño. - Dijo, viendo como la chica tenía el rostro rojo y respiraba pesado. – Descuida no es nada malo, es placentero.
- Suéltala. - Hablo en tono frio. - ¿Quién demonios te dijo que podías "torturarla"?
- Esto no es una tortura. – Dijo negándose. – Estaba muy estresada con escapar. Mira el lado bueno evite que se tirara del ventanal del castillo.
- Pyronica.
- Sí.
- Ahí no hay un ventanal. – Señalando una pared lisa.
- Upss… bueno evite que se estrellara. – Dijo riéndose nerviosamente. – No queremos que cometa una estupidez jeje.
Un gemido salió de los labios de la castaña, haciendo que Bill la mirada extrañado.
- ¿Qué carajos? – Dijo el rubio al examinar el estado de la chica y notar su cuerpo sudoroso y las mejillas rojas como una cereza. - ¡Pyronica!
- ¿Qué? - Dijo alterada. – Solo es un sueñito. Algo que la chica deseaba ver.
En un movimiento rápido con su mano Bill materializo su bastón y convirtió el extremo de la punta en una cuchilla; cortando el brazo del demonio rosado, atrapando en su brazo a la castaña y removiendo el brazo de Pyronica en su cuello.
Sentía su piel fría y su respiración lenta y poco superficial, una leve capa de sudor frio aparecía en su frente. Toco las heridas donde estaban antes las garras del súcubo. Una flama apareció en su mano y empezó a sanar las hendiduras en su cuello. Se sacó el guante de su mano y toco su carótida, su pulso era débil.
- ¿Un somnífero? – Dijo molesto.
- Tú sabes que así trabajo. – Menciono la mujer. – Y después me los como, aunque prefiero a los hombres.
- De que era el sueño. – Demando. - ¿Dime que era?
- Mm… veamos. – Dijo dudosa en responder. – Y si mejor le dices que despierte y ya.
- Pyronica… - Gruñí furioso.
- Vamos jefe solo llámela. – Dijo en tono nervioso. – Responderá inmediato.
- Sí muere antes de tiempo, te esperara un puto castigo del cual no escaparas. Entendiste – Sujetando a la castaña entre sus brazos. – Despierta.
- Jefe más fuerte no escucha. – Dijo Pyronica con una sonrisa.
- Cállate y cierra el puto hocico. – Su cabello se había tornado rojizo de lo molesto. - ¡Despierta! – Moviéndola de los hombros. – ¡Maldición despierta! – Arañe sus ante brazos para que reaccionara. - ¡DESPIERTA! ¡VAMOS DESPIERTA PINES! – Grito.
La observo encogerse entre sus brazos, un ataque de tos apareció en ella mientras intentaba calmarse y recuperar el aliento. Entre abrió los ojos viendo topándose con el orbe ámbar brilloso de Bill. Mientras que el lanzaba un suspiro y la recogía entre sus brazos para cargarla entre su pecho, en estilo nupcial.
- Por poco te vas nuevamente mocosa. – Dijo Bill relajado.
Mabel por instinto empezó a temblar violentamente ante su toque y lo empujo fuertemente haciendo que ella cayera de sus brazos y se golpeara contra el suelo.
- Eres estúpida o lo intentas. – Inclinándose para tomar su brazo y recogerla, pero sintió una fuerte bofetada en su rostro que lo hizo ponerse furioso. - ¿Por qué el golpe idiota?
- ¡Aléjate! ¡No me toques! – Estaba al borde de las lágrimas. - ¡Tío Ford!, ¡Tío Stan! ¡Dipper! – Grite desesperada, antes de romper a llorar. – ¡Quiero ir a casa!
Bill le dirigió una mirada de terrorífica a la súcubo, pues era extraña la actitud de su humana. Una cosa era el castigo que él le había impartido hace una hora en esa habitación, donde solo quería obtener un poco de su odio y que aprendiera la lección de romper un trato, sin llegar a matarla. Dejándola con un recuerdo de lo atemorizante que podría ser para ella.
Pero otra era que en este momento la castaña lo miraba con terror y miedo, hasta el cierto punto de no poder tocarla y que llorase de esa manera. Y eso solo lo había visto en el antiguo compañero de Seis dedos y en algunas víctimas que Pyronica le gustaba atormentar.
- ¿Qué hiciste?
- ¿Qué hiciste tú en su sueño? – Dijo con burla. – Te di una mano jefe. Solo le mostré tus deseos más oscuros. – Observo como Bill ampliaba su ojo al escucharla decir eso último. – ¿Acaso no estaba en sus planes?
La súcubo escapo de su vista dejándolos solos, Bill se llevó una mano para masajear el puente de su nariz y calmarse. Luego iría a buscar a la puta zorra y eliminarla. Miro a Mabel temblando y abrazándose a si misma.
- Pines… - Le llamo pero no obtenía respuesta de la castaña. – No era real… no lo hare. – Se arrodillo para quedar a su altura y tocar con cuidado su brazo, pero ella lo apartaba lanzando un sollozo como respuesta. – Nada era real. – Volvió hablar pero con voz calmada. – Era una ilusión, no era real… lo que haya ocurrido en el sueño, no era real. No era yo.
La tomo de sus brazos notando que ella luchaba y golpeaba su pecho y sus hombros con fuerza, él no la aparto y la dejo continuar, hasta que sintió como sus puños se cansaban. La abrazo de la cintura y la levanto manteniendo su agarre, escuchando sus gemidos y sollozos en su cuello. El odio que Bill le tenía a la castaña se había esfumado, y una extraña opresión le había vuelto a surgir como cuando estaba en su burbuja.
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Continuara
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Okey, Okey… fue leve todo esto.
Oh si no me mataría la ONU y mi amiga mina chan… okey no.
¿Qué creen que sienta Bill con eso último?
Muchos me dicen que mate a Dipper para que pierda la cordura la chica… yo solo quiero un coctel de elote :D
Ah que nadie sospechaba o sabía que en este capítulo quien abusaba de Mabel era una de las ilusiones de Pyronica :v y no el mismo Bill Cipher, mátenme esa.
El capítulo 9 les gustara será lindo y eso ;D vamos a darle un descanso a estos dos.
*AVISO IMPORTANTE*
(Les conviene)
Subiré One Shot de Mabill, Mystic Messenger y BNHA, bueno será como historias cortas, con participación de amigas :3 en algunos one shot y drabbles y otras serán parte mías solitariamente ;w;
Aun no hay fecha cuando los suba pero sé que será a finales de Octubre :D
Sección de Preguntas, respuestas a comentarios y agradecimientos.
Guest/Xion-chan: Tus teorías de los siguientes capítulos; todos esperando que mate a Dipper (Tengo planeado cosas para Dipper) jajaja. Y sobre Gideon pues nadie lloro mucho por él, pero a Soos les cause lastima. Saludos y gracias por comentar.
Sra. Meow: Ya extrañaba tus comentarios, saludos.
Renren: Te hice sufrir admítelo, te hice sufrir XD pero ya está el capítulo, saludos.
Rosemeli: Gracias por comentar y saludos, ya está el capítulo :D
Elbani: Lamento la espera chica, tenía unos asuntos que resolver. No te hagas anduviste aquí en mi cumple :v aunque ese día iba subir el capítulo. Pero se me paso :D
LiiArz: Todos tenemos un lado psicópata… pero de torturar a la pobre Mabel, pues pobrecita XD jaja saludos y gracias por comentar.
LarousseLucy: Sorry si los engañe diciendo que estaba el capítul jeje es que e fic les pongo eso para que salten los demás XD (Esperare ansiosa tu historia si la llegas hacer, sobre la burbuja de Mabel) saludos y gracias por comentar.
Sizery: Tenia que morir el Mabideon :v era necesario jaja saludos.
Y otra vez gracias a los de Wattpad por seguir esta historia, saben que siempre les regreso los comentarios a su tiempo. Y por darle voto a esta historia y un seguire :D
