Finalmente me llega algo de inspiración para continuar esto. Las vacaciones siempre me ayudan a sentirme más fructífera aunque tenga frío y mis dedos se congelen mientras escribo.
Advertencia, lo de siempre y uso de nombres humanos:
Augustus : Imperio romano
Willhem: Holanda
Soren: Dinamarca
Disclaimer: Hetalia ni sus personajes son míos, son del maestro Himaruya~ de ser míos Sve usaría un traje sexy super provocador solo para Den.
El nombre de Augustus ya era algo que para el sueco se volvía un sinónimo de libertad. Cada que hablaba con él, descubría cosas nuevas, situaciones que jamás se hubiese esperado o solo información que a su parecer era oculta por los grandes ángeles. No pasó mucho antes de que empezara a contar sus nuevos ideales a los demás, claramente evitaba a sus hermanos para no levantar sospechas en caso de que no compartiesen su punto de vista. Pronto, ángeles de todos los círculos se sintieron atraídos por las historias, el conocimiento era un arma poderosa que resonaba en las paredes y llamaba a aquellos seres puros a acercarse cada vez más al ser que las transmitía.
Para los arcángeles dejó de ser un simple agitador para pronto convertirse en un verdadero problema, los ángeles más jóvenes se veían encantados por las historias como si Berwald se tratase de un profeta que transmitía los deseos de un ser superior. Los seres celestiales no eran como los humanos, que se dejasen impresionar con solo uno o dos historias, pero esta vez, se vieron superados por una presencia que prometía un futuro diferente.
Los engranes del destino se movían lentos, como si se tratase de tortugas, pero a la vez de forma peligrosa apuntaban a un destino fatalista. Berwald veía en Augustus lo que siempre deseó ser, aquello que deseaba lograr: No temer a nada ni nadie y luchar por la persona que amas hasta el límite de la locura.
La primera agitación se dio un día cálido, se celebraba el aniversario de la culminación del conflicto contra Lucifer y todos parecían haber olvidado a las víctimas y sacrificios que ello trajo consigo y que seguía cobrando cada ciclo que terminaba. Ese día Augustus salía por primera vez de su escondite para mostrarse ante el público, pidiendo la cabeza de los arcángeles como pago por la muerte de su amada.
– ¡¿A qué le temen, perros de Dios?! – Lanzó Augustus un grito al cielo – ¿Le temen al reflejo de su pecado? ¿O es que acaso me temen a mí? –
Los arcángeles no reaccionaron a la provocación, ellos conocían muy bien el carácter de aquellos que se aclamaban como víctimas, entendían que no eran capaces de ver sus propios tropiezos.
– ¿Así que no se moverán de su pedestal de oro? Perfecto, entonces yo mismo la traeré de regreso con mis propias manos –Una sonrisa surgió en el rostro del castaño, listo para hacer lo que consideraba justo y necesario. – Mi amada me espera, espera por mí, que yo la traiga de regreso a mi lado. –Repitió como si se tratase de un mantra de invocación, listo para recibir a la mujer que tanto amó.
– ¿Augustus? – Berwald permanecía al lado del mencionado, escuchando atento hasta que el rostro del mayor se deformó, entonces sintió la mirada sobre él y como un acto reflejo dio un par de pasos hacia atrás, temeroso por primera vez de las acciones de este.
– Berwald… ¿Sabías que existe una forma del liberar el alma del limbo y que esta pueda reencarnar como un humano en la tierra? Supongo que no, aún eres un niño – Mientras hablaba, se fue acercando cada paso que el menor daba hacia atrás, hasta abrazarlo con sumo cuidado contra su cuerpo. – Solo hay que ofrecer un alma pura e inocente en nombre de la persona que tratas de liberar. Sabes, aunque los ángeles nos llamamos de esa forma, no somos puros como los humanos creen, también estamos llenos de errores. Por eso difícil encontrar a un ser puro como el cristal. –
Berwald ya sabía bien en que dirección iba todo, Augustus ya no estaba pensando de la forma debida, ahora trataba de usar su cuerpo como sacrificio para volver a traer a la vida a aquella mujer. Comenzó a sacudirse en los brazos de este, tratando de liberarse del mortal agarre que lo aprisionaba y amenazaba con ahogarlo, trató incluso de golpearlo y patearlo, pero estaba demasiado cerca como para poder hacerlo. Incluso su voz se había apagado y sus ojos amenazaban con imitarlo.
–Deja de pelear mi amado Berwald, no hace falta que lo hagas, solo déjate llevar, va a dolerte unos momento nada más y luego ya no sentirás dolor. – El abrazo se hacía más fuerte con cada minuto, dejando al pequeño al borde de la muerte.
Ahora los sonidos le eran ajenos tan lejanos al joven de cabellos rubios, que no fue capaz de identificar la voz de Soren gritando que le soltara, tampoco pudo ver como este se lanzaba contra Augustus para morderle el brazo. Simplemente cayó al piso inconsciente, para cuando despertó vio con horror como Augustus era protegido por varias de las personas que él mismo adoctrinó ya que los arcángeles finalmente decidieron moverse y tratar de detenerlo. En el centro, Augustus estaba sobre Soren, manteniendo firme un pequeño cuchillo que ahora estaba clavado sobre el pecho de su mejor amigo. Gritó de dolor, lanzándose contra estos sin ningún resultado, el arcángel Gabriel le abrazó con fuerza para alejarlo del lugar, dejándolo únicamente como testigo de como Augustus y varios ángeles eran derribados.
Finalmente los brazos de Gabriel cedieron, dejándole acercarse al cuerpo aparentemente inerte de su amigo, cayó de rodillas con lágrimas fluyendo a mares de sus ojos, de pronto escuchó una voz tan familiar que casi se le detuvo el corazón.
– Ber… ¿Es… Estás bien? – La voz débil de Soren lo llamaba, haciéndole acercarse arrastrándose en el piso para estar a su lado y tomar la mano que temblorosa buscaba la suya. – Ber… – Dijo con una sonrisa débil en el rostro– Me alegro, auch, creo que ya no veo bien, me parece verte llorando, pero tu no lloras Ber. –
Las lágrimas no paraban de salir de sus ojos, lanzándose finalmente a abrazarlo y desear dar lo que fuese con tal de que el otro se salvara, no le importaba su vida ni su seguridad solo quería ver la sonrisa tonta que solo él era capaz de darle. Repitió su nombre tantas veces que apagó la voz del herido mientras trataba de calmarle e intentaba decirle que todo estaba bien mientras Berwald estuviese a salvo.
–Solo tienes una oportunidad– Se escuchó una voz detrás de ambos, de pronto Berwald sintió un intenso dolor en el pecho justo en el mismo lugar en el que Soren fuese apuñalado su vista se nubló producto del dolor y en un instante de nuevo se vio atrapado en la oscuridad.
Al despertar sintió el cuerpo pesado y sus brazos levantados por el frío metal de un par de grilletes.
– ¿Dónde estoy? –Preguntó al aire aún estando mareado. De las sombras una figura humana con una bufanda alrededor del cuello se acercaba a él.
– ¿Así que ya despertaste, da? – Iván Braginsky tomaba el rostro del menor y lo levantaba para hacerle verlo a la cara. –Es curioso ver un pecador en estos días y menos uno tan joven. –
– ¿Pe… cador? –
– ¿No sabes lo que es? Pero si eso es lo que eres, tienes la marca de uno hecha por los arcángeles mayores, tal vez Miguel. ¿No lo ves? – Las manos de Iván acariciaron las plumas de las alas del condenado, arrancando una que le produjo un agudo dolor en él. – ¿Ves esto? Es un ala negra, solo los pecadores las tienen, aunque por lo que escuché, le pasaste parte del pecado a alguien más y ahora esa persona también tiene algunas plumas de ese color. Solo por eso te has salvado de la pena de muerte, aunque esa persona ahora esté en un hospital y pasará una buena temporada ahí. – De nuevo el celador observó a su preso, al notar la expresión de incredulidad y sorpresa. – ¿No vas a hablar? Bueno, te diré algo más. Ese otro pecador, se llama Soren…
…
– Oh, con eso llegamos hasta hoy ¿No? Pasaste una buena temporada aquí hasta que Miguel de metiche como siempre hizo todo para sacarte de este lugar, apuesto que ese tipo tiene algún tipo de fijación contigo. – Iván platicaba de lo más ameno con un Berwald ahora adulto, el cual permanecía encadenado a la cama por las muñecas y los pies. – ¿Creíste que te dejaría recostarte alegremente? Para tu desgracia no puedo hacer eso. – Con la misma el de bufanda se giró para quedar en cuatro sobre el rubio, observándole fijamente para luego acercar una mano a su rostro y bajar desde sus pómulos hasta los labios, pasando un dedo sobre estos para enseguida ir bajando lentamente por su cuello.
Parecía listo para divertirse cuando en los pasillos escuchó una voz algo familiar, una sonrisa apareció en su rostro para enseguida quitarse y quedarse sentado con las piernas cruzadas sobre la orilla de la cama. Los pasos se fueron acercando hasta que el dueño se quedó parado enfrente de él, del otro lado de los barrotes.
–Hacia mucho que no te veía por aquí –
–Callate, no es que quiera estar en este lugar–
–Oh, hieres mis sentimientos, aunque debo decir que me alegra verte de nuevo – La sonrisa se hizo más amplia fijándose en el hombre frente a él– Gilbert–
…
En otro lado, un tanto perdido en su búsqueda, Soren caminaba silbando de forma despreocupada con un Willhem que parecía más irritado de lo usual.
– Estamos caminando en círculos –
– No es cierto, mira es por aquí –
– Ese es el hospital–
– Oh, entonces es por ahí – Soren apuntó en dirección opuesta sin fijarse a donde lo hacía. –
– Eso es un árbol– Replicó su acompañante enseguida.
– No te fijes en esos detalles, eres casi tan quisquilloso como Berwald ¿Sabías? – El más bajo hizo un mohín con los labios, para luego recuperar enseguida su sonrisa y correr adelantándose un poco al paso del otro. – Seguro Ber está esperando que lo rescate, será una escena como esas que tanto gustan a los humanos, con besos y abrazos, solo de imaginármelo – Ni siquiera terminó de hablar ya que se había perdido por completo en su fantasía personal.
– Eso si es que Oxenstierna no se ha ido o te da un golpe por haberte tardado tanto. – Contestó de lo más tranquilo, como si aquello no fuese una clara provocación para con el otro.
– Ber no haría eso, él me ama y de seguro que me está esperando, el siempre ha esperado que yo lo salve, solo que esta vez no será demasiado tarde como para hacerlo. – Seguro de si mismo, hasta la sonrisa se había perdido cambiando a una expresión seria de las pocas que solía mostrar. Aquello llamó la atención de Willhem, le agradaban ese tipo de personas, se podía decir que se había sentido atraído por él en ese momento.
–Deja de perder el tiempo y el mío, vámonos de una vez. – Salió de sus pensamientos y los repentinos sentimientos que Soren fue capaz de crear en él. Aunque ahora entendía algo, el por qué Berwald se había enamorado de él.
Pero claro, aquellas intensiones amorosas no podían consumarse, había cosas más importantes que debía hacer, una legión entera que comandar y una rebelión que dirigir. Ya era hora de librarse del asunto "Berwald" de una buena vez, de seguro Arthur sería capaz de arreglarlo de forma definitiva, después de todo por algo lo había designado como su mano derecha.
Y eso es todo por esta vez, ya vamos entrando a la recta final. ¿Les ha gustado el pasado de Soren y Berwald? Tengo planeado un final medio dramático y corta venas, pienso matar a alguno o algunos, pero aún no estoy segura, puede que cuando me caiga la inspiración de nuevo cambie de opinión, quien sabe. Se espera un posible reencuentro al próximo capitulo y que posiblemente Berwald asimile que aún ama a nuestro danés favorito.
¿Me merezco reviews? Por cada review Berwald está más cerca de bailarle sexy a Soren en el epílogo. Si ya hasta el epílogo he pensado.
