Disclaimer: Hajime Isayama, este manga/anime no me pertenece, bla bla bla.

OK, OK, sé que les debo una disculpa por colgarlo hoy pero tan tarde, pero créanme que hoy tuve un laaaaaaaargo día. Pero ¡por fin estamos de vacaciones por Fiestas Patrias aquí en el Perú! Somos libres, seámoslo siempre, o al menos hasta agosto ;) Así que tengo que colgar el 8vo capítulo hoy sí o sí para celebrar :D Espero que les guste.

Vulnerable

Capítulo 8

Después de ese encuentro, Levi acabó por volverse parte de mi mundo cotidiano. Era como si hubiéramos hecho un pacto no declarado de convivencia. Y era un trato cómodo: él podía ser tan abrasivo y brusco como quisiera y yo nunca saldría corriendo, porque no me dejaba amedrentar por su actitud, y viceversa, cuando yo estaba molesta o sensible por cualquier razón. Al contrario, yo le respondería de una manera similar y tras un rato de frases mordaces, estaríamos en una conversación más o menos normal; a veces teníamos verdaderas batallas verbales y auténticas peleas, pero al final siempre se acababa resolviendo. También entrenábamos juntos con frecuencia, y aunque jamás logré vencerlo en combate cuerpo a cuerpo ni superarlo en el uso del equipo de maniobras, me ayudó a practicar y aprender nuevas técnicas. Como ninguno de mis amigos o conocidos ni los de Levi se metían en esas pláticas, fuimos volviéndonos una especie de persona única el uno para el otro, pues nos tolerábamos y podíamos hablar entre nosotros como no lo haríamos con nadie más. Se podría decir que éramos amigos.

Dos meses después de la partida de Erik Morzinger y poco antes de mi cuarta expedición, cuando Samantha, Breck, Will, Maia, Judson y yo habíamos sido asignados oficialmente al equipo de Dita Ness, de nuevo nos dieron unos días de descanso para visitar a nuestras familias. Los primeros días con ellos transcurrieron relativamente bien, a pesar de que las cosas con Gwen estaban más tensas que nunca. Aun así, por un tiempo logré mantener las discusiones a raya, cazar con mis hermanos, jugar con mi sobrina (ya de tres meses de edad) y hablar tranquilamente con mis parientes; hasta que todo se fue a la mierda el último día.

Justo antes de regresar al cuartel, cometí el error de decirles que dentro de dos días saldríamos en una misión al exterior. Mi madre se enojó muchísimo y la reacción de mis hermanos no fue mucho mejor. Mi cuñada, por otro lado, se mantenía apartada de mí, sosteniendo a Helga.

– ¿Quieres decir que ésta bien podría ser la última vez que te veamos con vida? ¿Y nos lo dices así, tan resueltamente? – preguntó casi a gritos.

– Mamá, si pasado mañana muero allí afuera, al menos me gustaría irme sabiendo que pude tener unos buenos últimos momentos con ustedes – contesté, exasperada.

– Entiendo, Kayla, sólo… por favor, no me lo recuerdes – dijo ella, un poco más calmada, pero se veía a todas luces que estaba a punto de echarse a llorar. La abracé.

– No quiero pelear más con ustedes. Lo digo en serio. ¿No odian esto? ¿No quieren que pare de una vez? – cuestioné dirigiéndome a toda mi familia.

– ¡Pero tú nos obligas, Kayla! – me espetó Jules –. Siempre nos recuerdas que al igual que papá, estás tirando tu vida por la borda en una rama del ejército inútil cuyos miembros mueren por decenas para nada.

Unos segundos después, Jules cayó al suelo a causa de las múltiples bofetadas y la patada en las costillas que yo le había propinado. Me agaché, lo agarré por el cuello de la camisa, acerqué mi cara a la suya y lo miré a los ojos.

– Jamás, y repito JAMÁS, te atrevas a decir que papá murió en vano – le dije lentamente, enfatizando cada palabra –. Él se sacrificó por su equipo, y de hecho yo conozco a algunos de sus antiguos compañeros, quienes lo recuerdan por eso y por todo lo que aportó a la humanidad. Si yo muero, te aseguro que será por algo que valga la pena. Y en cuanto a inútil, averigua un poco más sobre la Policía Militar.

– ¡Ya es suficiente! ¡Los dos! – intervino mi madre, intentando separarnos, como lo había hecho por más de una década y media. Meses más tarde me enteraría de que poco después de que me fuera, ella también lo regañó fuertemente por lo que dijo.

– Quería despedirme de ustedes con un abrazo, y acabo haciéndolo con golpes y otra discusión – dije con una sonrisa irónica tras levantarme. Suspiré –. Lo siento, pero no voy a renunciar.

El abrazo de despedida que les di a todos fue breve. Salí de mi casa y me reuní con mis amigos, quienes en el camino de regreso me contaron que habían tenido más o menos los mismos problemas con sus respectivas familias; Breck incluso había recibido una bofetada de parte de su padre cuando les contó de la próxima expedición. Aunque me sentí mal por él, era reconfortante saber que ellos me entendían. Aun así, me dolía lo que Jules me había dicho. Sabía que en el fondo me querían y por eso trataban de disuadirme, pero eso había sido un golpe demasiado bajo, al igual que cuando Cedric me llamó egoísta. A pesar de que no eran gemelos idénticos, ellos dos eran similares en carácter y en su forma impulsiva de decir las cosas. Y eso les había costado incontables palizas de mi parte a lo largo de los años.

A la mañana siguiente, tuve otro de mis usuales encuentros con Levi. Estaba sentada en el balcón mientras amanecía, intentando pensar en una manera de resolver las cosas con mi familia, cuando el tercer comandante anunció su presencia tan cálidamente como siempre:

– A juzgar por tu maravilloso humor, tuviste problemas con tus parientes por enésima vez.

Ese tipo tenía una franqueza e intuición increíbles. Por suerte, yo también.

– Bravo, Levi. Acertaste a la primera – contesté en el tono sarcástico que usábamos entre los dos tan a menudo.

– No necesito una felicitación, Kayla Nakamura. Cualquiera que te conociera a medias lo sabría con sólo ver tu cara.

– Es una pena que no se pueda decir lo mismo de la tuya – contesté mordazmente. Suspiré y continué –. Si te interesa, ayer otra vez acabé pegándole a uno de mis hermanos, Jules.

– Puedo imaginar que no fue sin razón – infirió mientras se sentaba a mi lado.

– Y que lo digas. Según él, estoy en una rama del ejército que no hace nada útil y todas nuestras bajas son en vano.

– En ese caso, no te culpo por haberlo golpeado – opinó Levi. Vi que sus ojos emitieron un brillo furioso, breve pero intenso. Probablemente esas palabras lo habían indignado tanto o incluso más que a mí –. ¿Tu hermano es imbécil o qué?

– Sólo ignorante – lo defendí, antes de pensarlo un segundo –. Espero. Bueno, yo le he dicho imbécil innumerables veces. ¿Qué hubieras hecho tú en mi lugar?

– ¿Tú qué crees?

– Que le hubieras pegado aún más fuerte que yo y que le hubieras dicho todo tu arsenal completo de injurias desde la A hasta la Z, conociendo lo educado, bienhablado y amable que eres.

– Mira quién habla.

– Bien, es cierto. Los dos tenemos un carácter de los mil demonios, así que no tengo derecho a criticarte por eso, ni tú a mí. Me disculpo.

– Y respecto a tu suposición, acertaste. No soporto a los que afirman sin saber.

– Yo tampoco. De nuevo, lo siento por haberte prejuzgado – asentí, por un lado recordando a la vieja enfermera que había insultado a Samantha cuando ésta se lastimó y a la que yo había puesto en su lugar, y por otro lado avergonzada al acordarme de que había hecho algo similar con Levi hacía no tanto tiempo.

– Por eso no te soportaba a ti, pero al menos tú te disculpaste, así que deja de martirizarte. Tú misma lo dijiste: borrón y cuenta nueva. Sin rencor.

– Sin rencor – concordé sonriendo, por una vez de acuerdo con él. Hubo una pausa antes de que yo sacara un tema más serio que mis problemas familiares –. Levi, ¿tú tienes fe en que lograremos nuestro objetivo de exterminar a los titanes?

– ¿Acaso estás dudando? Porque la Kayla Nakamura que conozco jamás dudaría de algo como eso. ¿Tu hermano tiene tanta influencia en ti?

– ¿Quién dijo que estoy dudando? Quiero a mi familia, pero siempre defiendo lo que creo – Nos miramos a la cara –. Y creo que todos los seres humanos tenemos un poder, y es el de cambiar el mundo. Para bien o para mal.

Levi alzó una ceja, sorprendiéndome a mí también. Mis filosofías solían asombrar a la gente, pero no creí que impresionarían a alguien como Levi. Continué:

– Todos podemos hacer grandes cosas o marcar una diferencia si nos lo proponemos, tanto tú como yo cualquier persona sobre la faz de la Tierra. Yo no quiero pasar a la otra vida sin tener un impacto en algo durante ésta, aunque sea sólo una simple chica pueblerina convertida en soldado. Cuando tenemos que renunciar a nuestra humanidad, como tú dices, ésas son las únicas cosas que no nos es posible suprimir: el amor, el hecho de que podemos ser bastardos y nuestra capacidad de cambiar el mundo. Eso es lo que yo creo.

Silencio por al menos un minuto. Levi se veía pensativo (para ese punto, de alguna forma yo había aprendido a distinguir hasta las más mínimas señales de emociones o pensamientos en su impasible rostro), y sus ojos grises me parecían más profundos que nunca.

– ¿Eso te lo enseñó tu padre? – preguntó finalmente.

– Me enseñó que está en nuestra naturaleza el amar y el ser bastardos, y yo misma llegué a la conclusión de que cualquiera puede hacer una diferencia – respondí, orgullosa –. Ésos son mis principios. – Tomé aliento – ¿Cuáles son los tuyos? ¿Cuáles son las creencias que defenderías hasta el final, Levi? – pregunté sin poder resistirme.

El mejor soldado de la humanidad me miró fijamente y dijo:

– Que nadie es invencible ni puede tener siempre la razón, y eso me incluye a mí, a nuestros superiores y a los estúpidos políticos de la Muralla Sina. Que toda muerte en batalla debería tener algún sentido, porque si no, la vida de un soldado no valdría un comino. Y que si queremos ganar esta lucha, debemos estar dispuestos a ensuciarnos las manos y arriesgarlo todo. Incluso si perdemos – Hizo una pausa y desvió la vista hacia el panorama en frente de nosotros –. Supongo que eso responde a tus dos preguntas sobre mis ideales y si tengo fe en nosotros mismos, Kayla Nakamura.

Nunca olvidaré esas palabras, y sobre tono el tono en el que las pronunció: reflexivo, totalmente sincero y a la vez firme y convencido. A partir de ese día, empecé a admirar a Levi no sólo por su habilidad, su fuerza y su agilidad mental, sino también por sus conocimientos y su sabiduría. Esa misma noche, me sorprendí al descubrirme a mí misma pensando en Levi en lugar de la misión en la que saldríamos al día siguiente. Era realmente una persona profunda.

Y pensar que hacía unos meses lo había tomado por un farsante altanero y egoísta. La primera impresión no es siempre la correcta.


Realmente, no hay mucho más que contar acerca de los seis meses después de ese encuentro en particular. Mis amigos y yo cumplimos veintiún años, salimos en nuestras cuarta y quinta expediciones (ambas sin grandes novedades ni nada fuera de lo habitual) y mis hermanos Jules y Cedric se casaron con dos chicas llamadas Malva y Lena en una doble boda celebrada en Dauper exactamente un año después de que me uniera a la Legión de Reconocimiento, por lo cual tuve que pedir un día libre. Mis dos nuevas cuñadas no eran exactamente amigas mías, pero al menos me dejaban en paz y por lo tanto yo a ellas, a diferencia de Gwen. Desde esa discusión, las dos procurábamos mantenernos lo más lejos posible la una de la otra, pero a pesar de mis constantes ausencias y la obvia enemistad entre su madre y yo, Helga estaba muy encariñada conmigo y yo la adoraba. A mis ojos, ella era la viva imagen de mi difunta hermanita adoptiva, Gemma, aunque no tenían ningún parentesco.

Y sobre todo, Levi. El maldito soldado más fuerte de la humanidad, quien había acabado por convertirse en uno de mis conocidos más íntimos, con su rostro carente de emociones y su directa, franca y ruda manera de hablar. Pero aun así me gustaba estar y conversar con él. No vale la pena contar todos nuestros encuentros, porque todos eran básicamente lo mismo, sólo que cada vez iba descubriendo más cosas sobre él y viceversa. Bueno, él seguía sin decir una palabra sobre su pasado y yo tampoco revelaba del todo el mío; no le había hablado en absoluto de Gemma (los únicos que sabían sobre ella eran mi familia, Samantha, Breck y Will), y sólo una vez había mencionado vagamente a mi amor no correspondido, Trevor, pero puedo decir que había llegado a conocerlo bien.

Supongo que uno de los más notables fue el que tuvimos casi un año después de nuestra primera conversación, el día después de la boda. Justamente ese gran acontecimiento, el matrimonio de mis tres hermanos mayores, me dejó pensando en mi propio futuro. A decir verdad, yo evitaba pensar en eso lo máximo posible. En la vida que había elegido, no tenía mucho sentido trazar planes cuando la posibilidad de morir siempre estaba a la vuelta de la esquina. Aun así, esta vez no pude evitarlo.

– ¿Alguna vez piensas en el futuro? – le pregunté a Levi el día que regresé.

– No – contestó secamente –. ¿Por qué de repente lo preguntas?

– Mis hermanos Jules y Cedric se casaron ayer – confesé, mordiéndome el labio –, e incluso mi hermano menor Finn tiene una novia llamada Elia, con la que sospecho que se acabará casando. Muchas veces ellos se han burlado (y se siguen burlando) de mí porque yo nunca he tenido novio.

– ¿Y eso qué demonios tiene que ver? El resto no es difícil de adivinar: ellos te fastidiaban y tú se lo devolvías. ¿Cuál es el gran problema con eso?

– En eso acertaste – dije con una sonrisa irónica que al poco rato se borró –, pero no del todo. Tampoco puedo decirles gran cosa respecto a ese tema, porque… tres de ellos ya están casados, el otro posiblemente lo estará en un par de años, y el mayor ya ha iniciado una familia. Es decir, ellos ya tienen un futuro definido, pero yo… no soy capaz de verme a mí misma en diez años. Si sigo viva, para empezar.

– Para mejor, Kayla Nakamura. En la Legión de Reconocimiento, perder la vida en una misión es un gaje del oficio. No puedes hacerte muchas ilusiones ni elaborar grandes planes, porque es probable que no vivas para cumplirlo.

– Al menos puedo permitirme tener esperanza, ¿no? Desde niña, mi más grande sueño fue salir de las murallas y ser auténticamente libre. Tengo esperanza de ver al mundo libre de titanes, al igual que tú.

– Sólo si estamos totalmente dispuestos a afrontar los riesgos y las pérdidas y confiar en otros – replicó –. Y por desgracia, muchos miembros no pueden.

– ¿Consideras que yo sea una de ellos? –dije, reflexiva pero también esperanzada.

– Aún no eres del todo capaz de entender y aceptar el peligro y los sacrificios que son necesarios, pero probablemente terminarás por hacerlo. Varios lo hacen.

– Eso incluye a todos los líderes, ¿verdad?

– Ahora eres tú la que acierta, Kayla Nakamura. Los líderes verdaderamente capaces de ello son los únicos que pueden conseguir la victoria. Son ellos en quienes podemos tener fe ciega.

– ¿En quiénes confiarías el futuro de la humanidad, Levi?

– Aunque no me guste admitirlo, en el líder supremo con cejas de oruga, la cuatrojos chiflada y el gigante con nariz de perro. Quién diría que el destino de todos nosotros estaría en las manos de un grupo de excéntricos, ¿no?

No era difícil adivinar a quiénes se refería: Irvin Smith, Hanji Zoe y Mike Zakarius. Solté una carcajada, una risa sincera por el simple hecho de que había oído algo gracioso. Era la primera vez que estaba con Levi y reía de alegría y no con sorna. Me quedé atónita ante ese hecho. ¿Levi me había hecho reír, y no con sarcasmo? ¿Él, el tipo más serio (y a veces un poco sombrío) que había conocido en mi vida, que siempre tenía una cara de aburrimiento absoluto y nunca sonreía? La única conclusión posible era que el mundo estaba de cabeza. Bueno, lo había estado por más de un siglo, desde la repentina e irracionalmente irracional aparición de los estúpidos titanes; pero esto era extraño incluso para el mundo donde vivíamos.

Sin embargo, era extraño en el buen sentido. Cuando me recuperé un poco del ataque de risa y levanté la vista hacia él de nuevo, por una fracción de segundo creí ver una ligera curvatura hacia arriba en sus labios. Casi imperceptible, pero podría jurar que la vi. ¡¿Estaba sonriendo?! No era posible, ni siquiera en el sueño más absurdo. De inmediato lo descarté como una ilusión óptica.

– Sí, bueno – dije, todavía riendo un poco –, con frecuencia la gente rara es la que tiene más potencial de cualquier tipo. Como tú. No es un insulto. Al contrario, es un halago. También va para mí misma. Los dos somos un par de ovejas negras, ¿no crees? Y opino que tú también eres de confianza, Levi.

– ¿Te refieres al futuro de la humanidad o a que confiarías en mí en general? ¿Pondrías tu vida en mis manos? – inquirió.

Lo miré a los ojos y sonreí, reflexiva.

– Sí – dije con toda honestidad –. Lo haría.


Sé que este capítulo no estuvo tan emocionante como otros anteriores, por así decirlo. Pero no se preocupen, les prometo que en el siguiente (que colgaré como máximo el viernes 31) habrá MUCHO más… bueno, ustedes pronto lo sabrán ;) No se olviden que los reviews me dan energía para escribir más rápido.

Los quiere,

Audrey-chan