8 "Los chicos no se fijan en los detalles"
Es oficial. En ese pueblo de mierda están todos locos. Todos. Locos.
¿A quién se le había ocurrido mandar un trabajo a mano sobre las propiedades de unas plantas de mierda? ¿Y a quién cojones le importaba si las margaritas de azufre, sea lo que sea eso, tuvieran efectos calmantes o saciantes o lo que fuera? Pues a nadie, porque el resto del mundo estaba cuerdo. Y ellos estaban locos. Esa es la principal diferencia.
Y encima sin internet. Les habían prohibido utilizar esa maravillosa herramienta que era Wikipedia para buscar una sola palabra sobre las margaritas de azufre. Así que Jean se armó de valor y atravesó esa puerta con las letras más terroríficas del universo. BIBLIOTECA.
Y ahora… ahora está recorriendo las estanterías de la sección de herbología del instituto para contentar a la loca de Hanji, su profesora de Geografía. Y encima eso. Geografía. Tiene que buscar flores para la clase de Geografía. No tenía ni puto sentido.
Marco se había ofrecido a ayudarle con la búsqueda, pero después de pasarse dos días enteritos analizando un libro de un tal Mark Twain se merecía un poco de descanso así que Jean le sugirió que fuera a hacer unas cuantas canastas y entrenar para entrar en el equipo de baloncesto la próxima semana. Por lo que en ese momento Marco está mejorando sus tiros libres mientras él tiene que pasarse la tarde buscando entre las páginas de Plantas aromáticas y Hierbas sedantes para encontrar una mínima referencia que le pudiera servir para llenar los cinco folios que tenía como mínimo.
Pero primero tendré que encontrar algo para empezar a inventarme alguna mierda con la que llenar cinco folios, pensó dejando el cuarto libro sobre aromaterapia que había encontrado. (En un instituto. Aromaterapia. Todos locos).
Al coger un nuevo libro, Abecedario de las plantas, de la A a la Z, ve una pequeñita figura a través del hueco de la estantería. Una pequeñita figura que él conoce demasiado bien para el poco tiempo que lleva estudiando ahí.
Armin lee en una de las mesas que estaban cerca del ventanal aprovechando la luz de la tarde que entra a través del cristal. Con cuatro o cinco folios encima de la mesa, el bolígrafo sin capucha y los codos bien apoyados en el borde de madera. Apenas sin parpadear mientras pasa las hojas. Y parece… diferente. O sea, no se ha tintado el pelo de rojo ni se ha hecho tres piercings en la nariz. Pero estaba distinto a cuando estaba rodeado de su séquito de ovejas necesitadas de atención. Más relajado. Sí, podía ser. Y tranquilo, casi como pudiera respirar mejor rodeado de libros sobre Historia y folletos del Club de ajedrez. Jean no sabe por qué, pero desde esa distancia (y escondido entre los libros como si fuera una especie de psicópata acosador de rubios listos como el hambre), Jean piensa que era algo más apropiado verle así. Que así es como debe estar en vez de rodeado de fans locos.
―¡Armin! ―lo saluda uno de esos fans locos. Henry, de granos como volcanes en el punto justo de su erupción y una sinusitis eterna que le hacía sorber los mocos después de cada maldita frase―. ¿Qué tal? ¿Qué haces? ¿Dónde está Eren?
―Bien. Leer. Ha salido con su madre y su hermana a comprar. ―Armin contesta a las tres preguntas cerrando el libro en el proceso. Ahora que Jean ha visto a Armin únicamente rodeado de tranquilidad y luz natural, se da cuenta de su cambio. Un escudo invisible lleno de sonrisas y palabras amables esconde su fastidio y sus ganas de seguir leyendo.
―¿Y no has ido con ellos? ―Henry se cruza de piernas y se acomoda en su silla para dejar pasar el tiempo hablando con el chico más popular del instituto―. Creía que eras como de la familia.
―Lo soy pero ya sabes… a veces quiere a estar a solas con su hijo, hablar con él y obligarle a comprarse unos pantalones vaqueros porque los tiene todos destrozados.
―Sí, sí, te entiendo muy bien. Kate es igual con su madre. Quiere estar a solas para comprar y esas cosas. Tarde de chicas, la llaman. Pero eso no quiere decir que Eren sea una chica. Bueno, es gay pero eso no lo hace una chica. Y tú tampoco eres una chica.
Jean no puede aguantarlo. Ese tío es más imbécil que la media y obviamente su imbecilidad está molestando a Armin, así que sale de su escondite con una sonrisa y saluda al rubio.
―Ahí estabas ―dice Jean conteniéndose para no mandar a volar a Henry de una patada―. He encontrado el libro de Hanji. ¿Nos ponemos en marcha?
Armin tarda tres segundos en contestar, justo antes de que Jean tenga que salir en su auxilio con otra excusa.
―Sí ―dice tratando de hacerse escuchar―. Claro. Lo siento, Henry, tenemos que hacer un trabajo.
―Claro, claro, claro ―se disculpa el imbécil dejándole el asiento libre―. Ningún problema. Nos vemos, Armin. Suerte con las flores de fósforo.
―Adiós Henry ―se despide Jean rápidamente antes de que a Armin se le ocurriera corregirle (es muy capaz)―. Tengo una pregunta para el chico más listo de Wayward. Si un tío te está molestando ¿por qué no le mandas a paseo? Solo son cinco palabras y no son tan difíciles, si quieres te las enseño. "Vete a tomar por culo".
―Gracias pero creo que las conozco ―dice Armin con la media sonrisa amable de siempre―. Y no me estaba molestando. Es un buen chico, solo le apetecía charlar.
―Sí, pero algo me dice que a ti no ―apuntó dejando la mano en la cubierta del libro. La princesa prometida, qué mariconada. Hola, me llamo Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre, prepárate a morir de aburrimiento―. ¿O me equivoco?
Armin resopla con una carcajada a medias que queda atascada en sus labios.
―Creía que con los años había conseguido disimular mejor.
―Pues deja de disimular y di las cosas claras. ―Jean se levanta y se estira la espalda dispuesto a dejarle en paz―. Quiero estar solo. Me importa una mierda lo que me estás contando. Lárgate.
―No es tan fácil.
―Sí que lo es. Es más fácil que leer La princesa prometida sin potar arcoíris con cada párrafo. ―Armin esconde fútilmente el título del libro y Jean suelta una carcajada―. Cuando quieras te enseño libros de verdad para que dejes de leer historias de niñas. Pero por ahora, te dejo en paz para que puedas disfrutar de tu lectura.
―Eres un chico peculiar, Jean ―dice Armin abriendo de nuevo su libro por su marcapáginas de El señor de los anillos.
―No soy peculiar. Soy de ciudad y mi ADN me permite estar más cuerdo que cualquiera de vosotros.
―Y observador ―añade Armin tras una pequeña pausa.
Jean se encoge de hombros y sigue con su búsqueda de la flor de los huevos con la sensación de haber hecho la buena acción del día.
Sé que llevo mucho sin publicar. Mucho. Muchísimo tiempo. Tengo explicación completa para quien la quiera leer en mi página de perfil pero, resumiendo, he pasado una mala racha y me daban ataques cuando intentaba escribir. Últimamente se me está haciendo más fácil así que intentaré, intentaré, postear más a menudo.
¡Espero que hayáis disfrutado la segunda temporada de SNK tanto como yo!
Duckisses,
KJ*
