The walking dead no me pertenece, ni me perteneció ni me pertenecera (¡demonios!) esta es una nueva historia más larga que un one shot pero no va a exceder de los cinco capitulos. Que disfruten.

El sol de la mañana ya salía, apenas pasaba sobre los hoyos que era la tela que usaba como puerta y Carol se dio cuenta que se durmió esperando a Daryl, había esperado a Daryl el tiempo suficiente pensó con pena, ella había sido muy pasiva durante mucho tiempo y la culpa por su hija era el pecado más grande que le había generado.

Salió de la celda para iniciar su día, el susurro de las personas en la cocina o el caminar de algunos que se movían para comenzar sus actividades fue lo que le permitió despertar por completo y buscar a Daryl en la torre de vigilancia donde comenzaba su turno, se sentía la humedad en el ambiente al tiempo que el olor a oxido de las escaleras penetraba la nariz de la mujer.

Sus manos delgadas se aferraron a la puerta metálica frente a sus resistencia, necesitaban aceite se dijo. La puerta se abrió y Carol vio el cuerpo de Daryl, la sombra que se formaba en sus brazos al descubierto, el rostro expectante a su presencia pero sus ojos tan azules que podían robar su alma para atraparla en esos iris dieron a Carol la determinación para conseguir el corazón de Daryl porque ya tenía todo lo demás.

En otros tiempos hubiera sido tímida, le habría dado una sonrisa e intentos breves de coqueteo pero ahora ya no era necesario, su cuerpo delgado caminó hasta el pecho fuerte del hombre castaño quien de inmediato comprendió esa sonrisa felina de ella. Sus manos grandes atraparon a la mujer por la cintura atrayéndola para que sintiera su sexo caliente.

La sonrisa de Carol se extendió con mayor fuerza al saber que tenía un buen efecto en él, podía tener su corazón, no había nadie que se lo arrebatara así que dejó que su cuerpo le dijera lo mucho que le importaba a pesar de ser rápido, entre jadeos y sudor, para componerse Carol habló por primera vez —¿Cómo estás? —.

—Bien, es solo otro chico— contestó Daryl aún entre suspiros.

Pero Carol lo conocía, en su tono de voz suave y áspera podía detectar aflicción. Sus pasos lo llevaron a abrazarle por la espalda unos segundos que es lo que toleraba —Está bien, estamos bien gracias a ti—.

Daryl no se movió, de espaldas ella pudo ver la figura de alas de su chaleco de cuero mientras la respiración de él se había hecho casi nula, Carol bajo la vista pensando si era el momento indicado y sí valía la pena el riesgo, porque ellos no hablaban de sentimientos, no de la manera que ella planeaba hacerlo. Tomó una respiración profunda, su pecho era más apretado de lo que reconoció al principio y el aire escapó de su sistema como las palabras dulces y entrecortadas fueron pronunciadas.

—Daryl tú tienes mi corazón—.

Los ojos de Daryl se abrieron a toda su capacidad, no había una respuesta inmediata ni una reacción que a Carol le dijera algo, entonces los gritos los hicieron reaccionar pidiendo ayuda seguido de la muerte de varios en la prisión y no hubo tiempo para hablar porque una gripe mortal había contaminado a la población.

Después de eso el mundo se convirtió en el caos que siempre había sido pero que, Carol había tratado de ocultar entre paredes y alambres de púas; cuando ella fue rechazada por Rick no sé arrepintió pero la duda que albergaba se profundizó, el deseo por conocer la respuesta de Daryl la obligó a regresar a su casa. Y en la búsqueda su corazón vio con horror como había perdido su hogar pero también su esperanza de encontrar a Daryl en lo primero que vio: Judith.

Mientras, Daryl había escuchado esas palabras claramente y aunque tenía la respuesta en la lengua no la pronunció; se había equivocado al pensar que Carol tendría por siempre la misma idea de necesidad que lo estrangulaba a veces pero ¿cómo iba a decirle a ella que no había manera de amarla?

Los gritos y el horror de la enfermedad que azotaba la cárcel hicieron que se olvidara de la respuesta pero no de Carol a la que imaginaba con el rostro triste, las puertas se abrieron a él con la mala nueva de la acción de Carol. El daño que el propio Daryl no se había atrevido a hacer aun en su otra vida pero él quiso perseguirla. Tratar de calmar su conciencia con la salvación de ella hasta que aquel monstruo de un solo ojo apareció.

Desafortunado que de nuevo las prioridades fueran otras, Daryl luchó por mantener esa casa en pie entre el humo, la muerte y los caminantes. Ni siquiera ese tanque imponente pudo detenerlo solo la visión de una rubia corriendo, evitando las paredes caídas y los ojos salvajes en la búsqueda de algo.

—Busqué a los niños para ir al autobús— le dijo.

El pecho de él descendió, viendo a Beth desesperada no pudo luchar con la realidad así que él le pidió que se fueran dando la espalda a la figura de ilusión junto con el cadáver del hombre que la engendró, corriendo lejos escapando a la deriva de lo que la vida era a continuación.

El bosque le gustaba, la semilla de la vida en cualquier rincón al mismo tiempo convivía con la crudeza de la sobrevivencia. La belleza con el horror se difuminaban tan sutil que apenas se apreciaban si eras observador, por eso Daryl se refugió en su sitio seguro, caminó, caminó, corrió, corrió hasta que el cuerpo le pidió un reposo como favor.

Solo el cielo era su protector, Daryl se había encontrado vigilando a Beth con silenciosa dirección pues era incapaz de una palabra siquiera pronunciar, el miedo le había atado la lengua mientras la desesperanza el corazón y no existía una razón para creer que hubiera alguien más con vida así que bajo la cabeza y aguardó.

No se le escapó ver a Beth rendida, perdida y derrotada. La cara caída con el cuerpo exhausto sucio, delgado mostraba tal cual ella en su interior triturado estaba. Ella se recargó en la tronco de un árbol para no caer al suelo en un intento de aferrarse a algo por más duro o rugoso que fuera. Daryl contempló sin mover un dedo siquiera cada movimiento de Beth hasta que ella colapsó en el suelo.

Cuidadoso se aproximó y vio que ella dormía, una suave lagrima recorrer todo su rostro fue el brillo que la luna le dejó ver mientras su boca murmuraba ignorante de lo que hacía.

—Por favor, solo dame un minuto, estoy tan cansada…por favor Dios—.

Cuando ella despertó era de madrugada, no había sol en el horizonte pero no lo necesitaban porque él había hecho una fogata, él grabó cada gesto de ella en su memoria, enojado con ese Dios al que ella había susurrado. El ardor de la fogata era igual que el de la joven que lo instó a seguir, no rendirse.

Entonces Daryl odio con más fuerza a ese Dios por arrebatarle a tan hermosa e ingenua rubia lo poco que aún conservó: la casa, el padre, la hermana y su amor. Por eso cuando ella insistió que todavía existía un algo, un alguien para tener una oportunidad Daryl simplemente se rio con amargura. Porque la fe no había hecho nada para ninguno de los dos.

Pero Beth le había hecho esa suplica con los ojos, las cejas se levantaron con furia, su boca se frunció, ella imploraba por un poco de paz con la rabia contenida. Le daba la espalda para enterrar su decepción y Daryl, tonto que era se pensó, por querer asesinar el espíritu fresco y palpitante de su acompañante. Como ofrenda un pañuelo de su bolsillo le ofreció, un lo siento sin sonido de su voz.

Los dos prosiguieron su camino, una vereda de muerte con rastros de putrefacción pero sin importar el panorama Beth le instó, esperanza gritaba en su andar, sus rasgos se volvieron más hermosos para Daryl conforme la veía seguir sin parar. Ella no era como él, Beth tomaba lo que podía porque después repartía a su posibilidad, fuerte y guerrera no se conformaba nunca pese a la adversidad.

Por eso fue una desgracia cuando chocaron una vez más con los caminantes y su alimento que ella antes podía nombrar. Beth se llenó de sal, era imposible que soportaran no llorar pero Daryl precavido de nuevo no se quiso arriesgar, no la consoló ni esperó por ella. Si tenía que seguirlo eso haría: él anduvo entre el metal, la serpiente que eran esas vías sin voltear atrás.

Durante los siguientes días no hubo mucho de una interacción entre ellos como humanos, Beth trataba de hacer las cosas más amigables: tratando de dar una conversación, cooperando e intentar aproximarse a él pero Daryl herido por lo ocurrido le ignoró en lo posible preocupado más por estrangularse y flagelarse.

Pero Beth tenía otros planes, ella en particular quería vivir, sentir y ser ella misma por el poco tiempo que le quedaba. Y quería que Daryl se acercara a ella por lo menos para no sentirse tan sola, sus frases acidas, palabras entrecortadas, ceños fruncidos. Miradas dolidas que eran solo para mantener la distancia de ella. Beth sentía cada uno de sus actos, cada una de sus humillaciones por considerarla inferior pero al mismo tiempo podía ver el cuidado que ponía en ella.

Quería dedicarlo a unpocotsudere yIzayoi Okira porque aunque es una historia un tanto seria ellas fueron lectoras muy maduras en todo lo que escribia