Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa silkendreammaid.

Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.

Silken contestó a sus reviews… busquen el suyo al final del capítulo.

xXx

Comentario de la Autora:

Thank you to Mary for once again doing a wonderful job… and thank you to everyone for reading and commenting… I really appreciate getting them and knowing that you like both the monster and Mary's treatment of it…
I'd like to wish every one a merry Christmas and a safe and healthy holiday season if I don't see you before then…smiles….
silken :)

Gracias a Mary por hacer un maravilloso trabajo una vez más… y gracias a todos por leer y dejar comentario… me encanta recibirlos y saber que les gusta tanto el monstruo como el trato que Mary le da…
Si no los veo antes, me gustaría desearle a cada uno de ustedes una Feliz Navidad y unas fiestas sanas y salvas… sonrisas…
silken :)


Returning Echoes
(Ecos que Regresan)


Capítulo 8: Viejas Costumbres, Nuevos Rostros

"¿Agua roja?" La voz de Ed era oscura mientras ella se quedaba paralizada. "Con razón no se menciona aquí." Forzó a que sus dedos se relajaran ya que estos amenazaban con apretar más la carpeta. ¿Su hermano menor había estado cerca de agua roja? Ella iba a matarlo tan pronto se encontrasen solos. Y a juzgar por su postura encorvada, eso era lo que él estaba esperando. Pero ella no iba a darle gusto todavía, no con Mustang presente. Se concentró de nuevo en el reporte.

"Eso explicaría muchas cosas." Observó Mustang. "La seguridad extrema y la renuencia de ellos a especificar exactamente lo que había sido robado."

"¿Pero por qué combinar agua roja con silicatos?" Ed lanzó el reporte al escritorio y luego se reclinó sobre éste, sus ojos a medio cerrar mientras empezaba a hablar para sí. "E incluso si ignoras el por qué quisieran hacer eso, aún existe la pregunta del cómo. Existen muchísimas bases de silicio…la estructura química de la base…si estuvieras pensando en los nesosilicatos… la estructura molecular sería demasiado densa… pero tal vez… los filosilicatos serían más suaves y el agua podría adherirse…pero aún así necesitarías…" Ed hizo una pausa, habiendo logrado distraerse consigo misma. "Sabes, me sorprende que el lugar todavía siga en pie, ésa hubiese sido una combinación volátil. El agua roja puede llegar a ser tan inestable…"

"¡Edward!" Al le agitó una mano frente a su rostro y ella parpadeó.

"¿Qué, Al?"

Mustang estaba tratando de ocultar su sonrisa. Edward seguía siendo tan determinado…da como lo…la recordaba. Mustang volvió a coger el reporte. Al menos ahora tenía algunas respuestas aunque no estaba seguro sobre qué hacer. El caso no estaba dentro de su jurisdicción aunque podía dejar una ligera pista en los oídos de Inteligencia. Pero aparte de eso realmente no podía hacer nada. Él definitivamente haría eso siempre y cuando pueda ocultar la participación de Al. Pero había olvidado una sola cosa. Edward.

"Ya basta Hermana. Éste no es momento para empezar a teorizar. En caso de que no te hayas dado cuenta, soy un ladrón. Yo robé de un Laboratorio del Estado." Enfatizó Al.

Ed suspiró y miró a su hermano. "¿Y qué quieres que haga al respecto, Al? Nosotros irrumpimos en muchos lugares cuando éramos más jóvenes. Todas esas bibliotecas y el Laboratorio 5 y además…"

"¡Edward!" Al casi lloriqueó.

Ed le sonrió ampliamente. Ella sabía cuál era el problema de Al y el que ella lo esté ignorando lo estaba frustrando. "Lo sé Al, vamos, no te tomes las cosas tan en serio." Puso sus manos sobre el escritorio detrás de ella y se sentó de un brinco. "Sinceramente no es tan malo como tú estás queriendo que sea, Al. Sólo porque hiciste esto por tu cuenta y sin mí obligándote a hacerlo no es razón para estar angustiado."

Al siempre había tenido una vena de moral dentro de él y mientras podía llegar a ignorar algunas veces los límites éticos, los morales los tenía más afianzados. Aparte del agua roja, Al estaba más mortificado por los actos de irrumpir, entrar y robar. Ed suponía que esto se relacionaba con la arraigada cortesía de Al y su actitud de modestia. Su madre siempre había sido dulce y bondadosa con los demás y Al había tomado esos rasgos como suyos.

"Entonces, Al" preguntó suavemente. "¿Qué tan rigurosa era la seguridad?" Mustang parpadeó desconcertado ante el tono descuidado y Al pareció ofendido. "El reporte decía que era un sistema multifásico que requería de llaves maestras y controles visuales." Ed miró a Al, sus ojos brillantes. "¿Entonces cómo lo hiciste?"

"No fue tan difícil," murmuró Al mientras agachaba su cabeza. Ella conocía a su hermano. Él había estado esperando un largo sermón y la desaprobación general de todos. Lo había estado esperando y eso sencillamente no estaba ocurriendo.

"Te alquimizaste a ti mismo a través de las puertas, ¿no es verdad?" Preguntó ella. Mientras lo mantuviera desequilibrado, podía distraer a su lado moral de su camino a la auto-flagelación. Más tarde, ella iba a hablar con él acerca del agua roja. Oh sí, ellos iban a hablar.

"Para algunas de ellas, sí." Al mantuvo su cabeza gacha.

"Muy impresionante, Hermano mío." Dijo Ed con sinceridad.

"Pero Hermana…" Al la miró.

"Lo digo en serio, Al." Ed le sonrió. "¿Solos tú y tu tiza y pudiste ganarle a un sistema duro de romper? Eso me llena de orgullo. ¿Crees que puedas volverlo a hacer?"

"¿Qué?" Tanto Al como Mustang exclamaron al mismo tiempo. Edward miró a uno y luego al otro.

"¿Por qué se sorprenden tanto? Tenemos que regresar y destruirlo."

"Espera un momento, Acero. Este asunto no está dentro de mi jurisdicción. Esto me fue enviado de manera no oficial."

"Eso no tiene importancia, Mustang. Quienquiera que esté jugando con agua roja tiene que ser detenido. Por alguna razón no veo que los militares lo vayan a hacer, así que tenemos que hacerlo nosotros."

"Alphonse ya ha sido visto en el área. Si los militares tomaran alguna acción, se podría deducir una directa correlación." Habló Mustang objetivamente. "Y te olvidas que esto está siendo tratado como un asunto menor. Aparte de la declaración de Alphonse acerca del agua roja, los militares no tienen ningún conocimiento de ello."

"Pero ellos no lo han asociado con el robo. Sólo es una anotación de que él estaba en el área. Y deben de haber allá otras formas de confirmar la existencia del agua roja, sin necesidad de Al."

"¿Y qué sugerirías, Edward?" Mustang se reclinó en su silla.

"Bueno, ellos lo deben de estar obteniendo de alguna parte. De seguro puedes rastrear envíos y esas cosas. Si de veras están fabricándola allá…entonces Al dilucidó que la tenían allá, y tengo la seguridad de que los militares pueden hacer lo mismo." Ed miró a Al, quien los había estado observando. "Debiste de haberlo volado cuando estuviste allí, Al."

"No, Hermana. Ésa es tu especialidad." Replicó Al.

"Sí, pero si lo hubieras hecho entonces no tendríamos ahora este problema." Respondió Ed luego de hacerle una mueca.

"Tú no puedes simplemente ir por ahí volando cosas por los aires, Edward." Declaró Al con firmeza.

Ed suspiró con exagerada paciencia. "Al, 'volar cosas por los aires' es también un eufemismo de 'cubrir tus huellas'."

"Bueno, Edward, tu historia es prueba de ello, ¿no es así?" dijo Mustang arrastrando las palabras.

La cabeza de Ed se volteó rápidamente. "Al menos yo puedo ver a lo que estoy apuntando, anciano." Le siseó.

Mustang frunció el ceño y luego se inclinó hacia adelante con una sonrisa socarrona. "Tengo una reputación de precisión mientras que la tuya es más…extensa, y desastrosa según creo."

"Tú siempre fuiste único para las apariencias." Dijo ella despectivamente mientras sus ojos se achicaban y se volteaba de lado para mirarlo a la cara.

"Y tú siempre fuiste alguien que carecía de…"

"¡Ya basta! Por favor." Al se puso de pie, su voz en alto. Ambos se voltearon a mirarlo.

"¿Qué pasa, Al?" Preguntó Ed con sorpresa. Era muy inusual que Al los interrumpiera. Él usualmente trataba sus riñas con un aire de resignada paciencia.

"¿No puedes dejarlo así nada más por esta vez, Edward? Éste no es el momento para tus jueguitos." Había una sombra en los ojos grises y su voz tenía una terminación sombría.

"Oh okay, Al." Ed suspiró e intercambió una rápida mirada con Mustang, quien al igual que ella parecía igual de decepcionado y curioso ante la interrupción de Al. "Entonces ¿cuándo salimos para hacernos cargo del Laboratorio?"

"Tú no harás tal cosa." Ordenó Mustang.

"¿Acaso sabes lo peligrosa que es esa cosa Mustang? ¿Recuerdas lo que pasó en Xenotime? ¿Recuerdas cómo fue usada en la gente?" Ed se encolerizó, deslizándose y bajándose del escritorio para pararse y lanzarle una mirada asesina.

El rostro de Mustang palideció y su ojo lanzó llamaradas. Él sabía muy bien cuán peligrosa era el agua roja. Había estado muy familiarizado con su uso en la gente. Él la había utilizado en su forma refinada. Colocó sus manos sobre el escritorio mientras sentía que la rabia surgía en él.

"Edward." La mano de Al cayó sobre su hombro y la hizo girar. El rostro de él se encontraba extrañamente entristecido. "No podemos hacer nada. Tú ya no eres un Alquimista Estatal. Tú ya no eres parte de los militares. Hermana, tú estás muerta. Oficialmente, tú no existes."

Ed palideció. La voz de Al fue dulce pero Ed estaba devastada. Hasta Mustang fue tomado por sorpresa. No era que ella se había olvidado de sus circunstancias pero estar de vuelta en Central, de vuelta con los viejos amigos, con las viejas costumbres habían hecho que ignorara las verdades básicas. Los ojos de Al todavía estaban ensombrecidos mientras mantenía su mano sobre su hombro. Las manos de Ed estaban empuñadas en sus costados y sus ojos llenos de reproche. Por un minuto, luchó por permanecer calmada, pero luego él volvió a hablar y ella quedó congelada ante el obsesivo matiz en su voz.

"Y, mis prioridades radican en reparar mi error y regresarte de nuevo a tu estado normal. Eso es más importante para mí. Tú eres más importante para mí Edward."

Permanecieron mirándose fijamente. Todo color parecía haber dejado a Edward, y la intensidad de Al brillaba en sus ojos. De pronto Ed estuvo muy consciente del hecho de que Al había intercambiado una gran parte de su percibida culpa por determinación.

Ninguno de ellos escuchó tocar la puerta, ni vieron a Hawkeye cuando ésta apareció.

"Lamento interrumpir Señor, pero hay una llamada para Alphonse. Es la Señorita Rockbell."

Al miró a Hawkeye y luego a Ed quien suspiró profundamente.

"Será mejor que contestes, Al. No puedes hacerla esperar." La voz de Ed era tensa.

"Ahora regreso, Hermana. No me voy a demorar." Apretó su hombro y luego salió apurado de la habitación. Hawkeye lo siguió luego de un rápido intercambio silenciosa comunicación con Mustang.

Roy Mustang miró a Edward. Todavía se encontraba resentido por las acusaciones que ella le había lanzado pero no iba a añadir eso a la tensión que podía percibir. Él podía ver lo desamparada que se sentía mientras envolvía sus brazos alrededor de su cuerpo. Tenía la cabeza agachada y sus mejillas estaban todavía pálidas.

"Pudo haber sido un poco brusco, pero tu hermano tiene algunos puntos válidos." Dijo Mustang cuidadosamente. Él también había encontrado fácil caer en los viejos hábitos. Esa eufórica sensación de la cual había estado consciente durante esta mañana se desvaneció ligeramente y de nuevo estuvo consciente de las diferencia entre los Elric. Edward todo fuego y lucha, y Alphonse centrado y realista.

"No es eso," dijo Edward lentamente al tiempo que se paseaba por los grandes ventanales y se paró mirando afuera hacia ningún punto fijo. "Bueno, eso no es totalmente todo."

Mustang frunció el ceño, su mente recorriendo las palabras de Al, luego su ojo se abrió desmesuradamente.

"¡Tú no crees que tenga arreglo!" Ed permaneció callada pero él vio que sus hombros se movieron nerviosos. "Realmente no lo crees." Repitió.

"Él tiene que averiguarlo por sí mismo." Dijo Ed distraídamente. Ed había sabido que Al estaba determinado a corregir su error, ella no se había dado cuenta exactamente cuán determinado estaba hasta que había visto sus ojos justo en ese momento. Su voz había resonado con ello. Ella no estaba segura de cómo iba a manejarlo. Cuando, no, si se comprobara que esto es irreversible no había forma de predecir cómo iba a reaccionar Al. Ella recordaba lo enfocada que había estado durante su búsqueda de la Piedra. Era obvio que Al había estado igual de enfocado en traerla de vuelta y ahora aún más para regresarla a su estado 'normal'. Ed de pronto se preguntó qué era 'normal' pero no le dio importancia. ¿Cuánto de la determinación de Al para rectificar su error estaba siendo manejado por sus sentimientos de error y culpa? Ed no lo sabía y en ese momento honestamente no quería saber.

"¿Y tú lo sabes?" Cuestionó Mustang. Ed lo tenía preocupado, las palabras eran casi incorpóreas, como si Edward ya no estuviese presente.

"Lo puedo sentir. Y dudo que cualquier cosa que la Puerta hace pueda ser remediada tan fácilmente." Ed mantuvo sus brazos envueltos en su cuerpo.

"¿Pero puedes estar equivocada?"

Ed suspiró. "Posiblemente, pero no lo creo." Se quedó callada por un momento. Hundió sus dedos en sus costados y tragó saliva. Por Al ella rogaría. "No le digas nada a Al. Por favor." Ella se volteó para mirarlo y él pudo ver que sus ojos tenían una mirada de preocupación.

Tentado de molestar a Ed sin piedad por decir 'por favor', Mustang se encontró incapaz de hacerlo. No se necesitaba ser un genio para ver que Edward estaba enfocada en Al y él nunca había cruzado esa línea. Se puso de pie y caminó hasta quedar a un costado de ella.

"No diré nada, Edward. Si tú me prometes que no vas a hacer nada precipitado sobre este asunto del agua roja." Mustang miró a Ed y ella volteó su cabeza para mirar de nuevo hacia la ventana.

"Edward." Dijo severamente. "No puedes involucrarte en esto. Prométemelo."

"Está bien." Gruñó Ed infelizmente.

Los ojos de Mustang se entrecerraron y se volteó hacia Ed, cogiendo su mentón en sus dedos y levantando su rostro para que lo mirara. Los ojos dorados trataron de evitarlo.

"Edward." Dijo Mustang lentamente al tiempo que lograba que finalmente Edward lo mirara. Él vio la falta de voluntad en sus ojos y suavizó su voz. "Prométemelo. Yo haré todo lo que pueda para hacer que alguien trabaje con la información de Al, pero tú tienes que permanecer fuera de eso." Mantuvo su ojo fijo en los de ella.

Los párpados de Ed se movieron y sus ojos se volvieron resueltos. "¿Y tú puedes prometer eso?"

"Sí." Y ella oyó la convicción en su voz.

"Está bien, Bastardo." Se sorprendió por la sonrisa de él cuando aceptó sus términos.

"Buena chica." Mustang sonrió socarronamente para sus adentros mientras dejaba que sus dedos salieran del mentón para darle un golpecito en su mejilla y luego caminar tranquilamente de regreso a su escritorio.

Los ojos de ella casi se salieron de sus órbitas. Su rostro se ruborizó al tiempo que levantaba su brazo derecho, su mano en un fuerte puño. Ese malicioso, manipulador…¡bastardo! Ella necesitaba animarse, especialmente antes de que Al regresara. Una parte de ella entendía perfectamente lo que él estaba haciendo, pero no necesitaba condescender con ella con ese toquecito en su mejilla. Le lanzó una mirada de odio mientras éste se alejaba y se volvía a acomodar en su silla.

"¿Qué es lo que acabas de decir, Bastardo?" Sus ojos se entrecerraron y su voz adoptó un burlón aire despectivo. "Suena como algo que diría un viejo."

"¿Viejo?" El rostro de Mustang se congeló.

"Sí, viejo e inútil," siguió aguijoneando Ed, sonriéndole ampliamente.

"Tu opinión tiene poco peso aquí, Edward." Mustang sonrió socarronamente. Se complació de ver el color retornando al rostro de él…ella.

"Yo nunca necesité aprobación pública, Bastardo."

"Bien que te mueres por tenerla." Mustang se estudió sus uñas mientras se reclinaba en su silla.

"¡Claro que no!" Protestó Ed y caminó acechante hasta quedar parada ante su escritorio. "Yo no soy la afamada puta que eres tú."

Mustang se enderezó y fulminó a Edward con la mirada, su voz se elevó. "Quizás debieras ser más…"

"Quizás debería regresar más tarde," vino una divertida voz desde la puerta. Un hombre de cabello gris vestido con uniforme completo se encontraba parado allí.

Ed miró al sonriente hombre con curiosidad. Su rostro tenía suaves líneas y estaba plegada con una expresión amigable. Ella tuvo la impresión de que había una fuerza oculta detrás de esa abierta sonrisa. Alto, se conducía con una calmada autoridad y paciencia. Escuchó que Mustang se ponía de pie de un salto.

"Señor." Dijo con cortesía al tiempo que daba un saludo militar al recién llegado. Los ojos de Ed parpadearon mientras tomaba nota de las condecoraciones e insignia.

"Ahh, usted debe de ser el Fuhrer." Dijo ella, mientras continuaba escudriñándolo. Su cabello gris no dejaba dilucidar su edad. Era más joven de lo que al principio había pensado. Ella no sintió ninguna vergüenza al ver que él también la observaba. Las personas habían estado mirándola fijamente desde que tenía doce años. Un extremo de su boca se arqueó hacia arriba.

"¡Acero!" Gruñó Mustang como advertencia.

"¿Acero?" Cuestionó el Fuhrer. "Entonces tú debes de ser Edward Elric. Escuché que estabas de vuelta."

"Sí Señor, ése soy yo."

"Y también está ese pequeño incidente de una estatua, creo yo." El Fuhrer miró a Edward con un leve centelleo en sus pálidos ojos azules.

"Sí Señor, pero creo que el bast…General de Brigada va a repararlo." Ed lanzó una sonrisa socarrona sobre su hombro hacia un Mustang que echaba humo. Ella pudo ver cómo la ceja de él se movía nerviosamente mientras luchaba por permanecer bajo control.

"Debes venir y almorzar conmigo. He escuchado tanto sobre ti." Dijo el Fuhrer con un relajado encanto. Había encontrado intrigante la interacción entre esos dos y estaba más curioso por averiguar más.

"Desearía poder decir lo mismo de usted Señor, pero ellos no han sido tan comunicativos acerca de sus logros." Ed sonrió fácilmente y vio que el centelleo se profundizaba en los ojos del Fuhrer.

Mustang gruñó en la manera más cortés que pudo. "Edward, tal vez deberíamos…"

"Estoy seguro de que eso puede esperar, Mustang. ¿Qué es un día más después de cuatro años?" Edward sonrió con malicia y le guiñó el ojo descaradamente, sabiendo que él no podía hacer nada estando el Fuhrer dentro de la habitación. Estuvo muy tentada a inclinarse y darle un golpecito en su mejilla, pero dudaba de que incluso con el Fuhrer presente se salvaría de su ira si lo hacía. Y salir de aquí por un rato le haría bien. De otra forma ella sabía que estaría preocupada por Al y sabía que su pequeña charla no necesitaba ser presenciada por nadie más. Usualmente era más seguro de esa forma.

Mustang tuvo que lanzar sus palmas al escritorio para así no estrangularlo…la.

"Jamás había visto al General de Brigada tan… entusiasmado. Parece que tienes un efecto estimulante en él." Le dijo el Fuhrer a Ed.

Mientras caminaban saliendo de su oficina, Mustang oyó a Ed contestar con tono engreído.

"Es un don, Señor."

Roy Mustang se desplomó en su silla y dejó caer su cabeza sobre el escritorio con un sonoro golpazo.


Ed les guiñó el ojo a Al y Hawkeye quienes estaban dando un saludo militar mientras ellos pasaban por la oficina externa.

"Regreso más tarde" le articuló con la boca a su hermano y vio su inclinación de afirmación.

"Creo que hay un comedor adyacente a mi oficina y la comida es ligeramente mejor que la del salón comedor." Comentó el Fuhrer mientras giraban hacia el pasillo.

"Cualquier lugar es mejor que el salón comedor Señor, aunque el estofado de los lunes solía ser bueno."


Al asomó su cabeza en la oficina del General de Brigada y vio que el hombre se inclinaba en el espaldar de su silla dando un suspiro.

"Se encuentra bien Señor," preguntó.

"Estoy bien, Alphonse." Se sonrió a sí mismo. "Espero que todo esté bien con la Señorita Rockbell."

"Sí Señor." Vacilante, Al entró a la oficina y caminó despacio hasta detenerse en frente del escritorio de Mustang. "Umm, acerca de lo que dije hace un momento, Señor."

"Edward sabe que no lo hiciste para lastimarlo…la, Al. Edward y tú van a resolver este impasse, estoy seguro que lo harán. No creo que Ed piense mal de ti por lo que dijiste."

Al se relajó un poco. Sabía que el General de Brigada tenía razón. Él siempre había sido capaz de hablar con Edward. Ellos iban a superar todo esto. Pero la mirada de dolor en los ojos de su hermana permaneció con él. Sentía que había sido cruel innecesariamente. Debió de haberse dado cuenta cómo debe haberse sentido ella al estar de vuelta aquí. Después de todo, él había sentido algo similar.

"Pero Señor, ella todavía intentará hacer algo con respecto al agua roja de ese laboratorio." Sin mencionar la discusión que iban a tener tan pronto estuvieran solos. Pero eso era algo que ni Mustang ni nadie podrían detener.

"No te preocupes por eso Alphonse. Le prometí a tu hermano…hermana que vería que algo se haga al respecto a cambio de que él…demonios, ella prometa que no irá a hacerlo por él…por ella misma." Mustang gruñó. "Dime Al, ¿cómo lo haces?"

"¿Cómo hago qué Señor?"

"No confundirte con este cambio de sexo de Ed. Yo lo encuentro bastante frustrante." Roy Mustang recorrió sus dedos por su frente. "Me causa dolor de cabeza."

"No creo que a mi Hermana le importe cuál use, Señor."

"Puede que a ella no, pero a mí sí." Mustang miró a Al. "¿Qué pasó exactamente, Alphonse? ¿Puedes arreglarlo?"

"Por supuesto, Señor." Al lo miró, su mandíbula apretada y sus ojos decididos.

"Alphonse." Dijo Mustang, su voz casi de advertencia.

"No, Señor. No voy a aceptar que no puedo arreglar esto. No tengo el derecho de poder hacerlo. Es mi error de cálculo, y lo voy a arreglar."

"¿Y Edward? ¿Qué dice… ella?"

Los ojos de Al parpadearon. "Yo tengo que arreglar esto Señor."

"¿Incluso si eso molesta a Edward?"

"Ed lo entenderá."

"¿Pero lo aceptará, Alphonse?" Mustang observó detenidamente a Al. Así era cómo se había comportado a veces durante su búsqueda de cuatro años. Dejándose llevar por su culpa y desesperación.

"¿Edward te culpa por esto?"

"No, Señor. Nosotros hemos…hablado acerca de ello unas cuantas veces." Y Al recordó la conversación en el tren y tomó consciencia de que se estaba volviendo 'rabioso' de nuevo. Suspiró. "Yo sólo quiero que mi hermana no sufra."

Mustang resopló. "Créeme Al, 'sufrir' es lo último que ese demonio de herma…na que tienes está haciendo. A juzgar por su comportamiento de ayer y de esta mañana, pienso que en verdad ella está disfrutando con toda esta situación."

Al soltó una risita. Lo de ayer sí que había sido impresionante. Estar de vuelta aquí en Central con su familia postiza y con Ed a su lado. Había sido verdaderamente maravilloso. Observar a Edward burlarse del General de Brigada había sido un lujo especial. Al no podía recordar la última vez que había visto a Mustang tan animado y Ed había verdaderamente brillado. La relación entre su hermana y el General de Brigada siempre había sido algo que había sido incapaz de definir. El mutuo respeto que se tenían el uno al otro estaba siempre sepultado bajo sus riñas verbales. Edward había sido la única persona con la que había visto a Mustang perder su autocontrol. Y Ed siempre había hecho lo mismo. A pesar de sus declaraciones de antipatía había también habido una perseverante honestidad entre ambos.

"Me alegra que lo encuentres divertido Al." Mustang le sonrió al joven, complacido de ver que había logrado calmar a Al. "Ahora, ¿qué es lo que vas a necesitar para tu investigación?"

"Tengo todos mis apuntes Señor." Dijo Al pensativo. "El acceso a la biblioteca es para confirmar muchos de mis cálculos y quizás implique el uso de un discreto laboratorio en algún lugar dentro de allí para poder desarrollar unos cuantos experimentos. Mi hermana nos contó acerca de un equipo que ella utilizaba en el otro lado que permite ver partículas muy pequeñas. Si Ed y yo podemos fabricar una aquí, entonces podremos ser más específicos en nuestra investigación.

"Bueno, tu reloj te dará acceso a la biblioteca pero tendremos que pensar en algo más para Edward. Voy a ver qué puedo hacer para conseguirle a…ella alguna forma de permiso o aprobación." Mustang consideró sus opciones. "No debería ser tan difícil obtener algo temporal para…ella. El acceso al laboratorio podría ser más difícil principalmente porque no queremos que nadie sepa lo que estén haciendo."

"Gracias Señor, eso será de mucha ayuda."

"También organizaremos lugar en los dormitorios para ustedes dos. Y voy a querer reportes de actualizaciones y progresos." Mustang miró a Al quien estaba asintiendo en aprobación. "Si pudieras escribir lo que viste en ese Laboratorio sin ser demasiado específico en cómo llegaste a entrar, y también adjunta una página con la forma en que supiste que había agua roja allí para que pueda usar todo eso cuando devuelva el reporte."

"Sí Señor."

Mustang observó a Al salir hacia la oficina externa y se reclinó en su silla. No sabía cuándo iba a regresar Ed de su almuerzo con el Fuhrer y el hacer que Al escribiera ese reporte lo iba a mantener ocupado por algún tiempo. Mustang sonrió, la vida ciertamente se estaba volviendo más interesante. Su mente retrocedió y recordó la mirada en los ojos de Ed cuando él la había llamado 'buena chica'. Sonrió socarronamente. Tal vez había exagerando un poco con el golpecito en su mejilla pero había valido la pena y frotó sus dedos al recordar lo suave que se había sentido su piel. Mustang parpadeó y sacudió su cabeza. Edward Elric no era suave, ¿en qué estaba pensando?

Tomó el teléfono para empezar a hacer arreglos para el espacio en los dormitorios, ignorando convenientemente la pequeña pila de carpetas en la esquina de su escritorio. Dos minutos más tarde, Roy estaba hablando con su habitual modo controlado, ignorante de que de nuevo estaba frotando sus dedos.


Edward Elric estaba disfrutando su almuerzo con el Fuhrer Sterben. La comida definitivamente era mejor que la del salón comedor y el servicio había sido cortés y discreto. Para el momento en que habían llegado a la taza de café, cada uno estaba gratamente impresionado con el otro y ambos estaban detectando los inicios de una sólida amistad.

El Fuhrer era inteligente y a la vez bendecido con sentido del humor y el recuento del episodio de la estatua de ayer lo había hecho reír. A pesar de que el Fuhrer no era un alquimista ni Ed bien informada militarmente, ellos habían logrado encontrar cosas en común y su conversación había sido variada. Ambos habían viajado por todas partes y eran cultos.

El Fuhrer revolvió los desechos del café en su taza y miró al otro extremo de la mesa hacia Edward.

"Roy Mustang."

Edward parpadeó. "¿…es un bastardo?" Dijo confundida y recibió una amplia sonrisa como respuesta.

"Él estaba muy diferente hoy cuando estuve por allá. Eso, creo, fue obra tuya."

"Mustang siempre ha sido así, Señor." Ed sonrió, rememorando algunas de sus riñas más revoltosas. "Generalmente nos deteníamos antes de que él incendiara algo, o que Hawkeye nos disparara."

"Tal vez era así antes de que desaparecieras Edward, pero el Roy Mustang que hemos visto desde aquel entonces ha sido demasiado controlado, extremadamente cortés y generalmente indiferente de aquellos que lo rodean." El Fuhrer sonrió levemente. "La noticia de sus acciones de ayer llegó a mi oficina diez minutes después de que ocurrieron. Así de asombrados estaban todos. Nadie sabía que él podía reaccionar de esa manera."

"Pero…él es el Alquimista de Fuego. ¿Cómo lo de ayer puede ser tan importante para todos? Él siempre ha sido así de extravagante."

"No por los últimos cuatro años, Edward. La mayoría de las personas emplazadas aquí no estaban en esa época, ellos nunca lo habían visto hacer eso y, como yo, sólo habían oído alguna vez rumores sobre el gran Alquimista de Fuego."

Ed frunció el ceño. "Pero él es tal cual lo recuerdo. Yo sé que el tiempo cambia a las personas, ¿realmente el tiempo lo cambió tanto?"

"Así es." El Fuhrer observó que los ojos dorados se agrandaban sorprendidos. Hizo una pausa por un momento y consideró sus opciones. Su lento parpadeo ocultó el momento de decisión de ella. La voz de él se volvió pensativa.

"Hace tres años atrás encontré a Roy Mustang llorando dentro de una oficina abandonada. Aparentemente la oficina le había pertenecido a su mejor amigo quien había muerto. Luego averigüé que era el segundo aniversario, creo yo, de su muerte."

"Hughes." Susurró Ed, su voz entrecortada.

"Sí. Yo nunca conocí a Maes Hughes aunque he oído mucho acerca de él. Un brillante e inteligente hombre que nunca debió haber muerto. Mustang estaba extremadamente borracho y le estaba gritando a la pared cuando lo encontré. No creo que supiera que estaba llorando. Ésa fue la primera vez que lo escuché levantar la voz. Desde aquel entonces jamás lo volví a escuchar así. Hasta hoy."

Ed mantuvo sus ojos en el Fuhrer. No podía creer que Mustang se hubiera quebrantado de esa manera. Otras personas hacían eso, pero no Mustang. Era más fácil imaginarlo aislándose de todos y guardándose todo bien metido dentro de sí. Ella había hecho algo parecido en el otro lado de la Puerta.

"Él me contó muchas cosas esas noche. Probablemente más de lo que debía y definitivamente más de lo que habría dicho de haber estado algo sobrio. Pero necesitaba que alguien lo escuchara. Escuché muchísimo sobre tú y tu hermano. Sí," le asintió a la afligida mirada de ella. "Sé lo que hicieron y sé cómo intentaron rectificarlo. Y sé qué era a lo que apuntaba Mustang alguna vez y por qué. In vino veritas (1)." El Fuhrer sonrió irónicamente. "Me prometí a mí mismo que yo jamás iba a estar así de borracho después de verlo en ese estado. No creo que él si quiera recuerde algo de eso. Pero esa fue la vez que lo vi más lleno de vida."

Edward respiró profundamente y sacudió su cabeza. "No puedo creer…"

El Fuhrer se inclinó hacia adelante, poniendo sus codos sobre la mesa y enlazando sus dedos antes de reposar su barbilla sobre ellos. Especulativos ojos azul pálido examinaron a la rubia. Él no tenía la costumbre de contar secretos como éste pero la joven que tenía enfrente era diferente. Él había visto lo cómodos que habían estado ella y Mustang durante su pelea. Sabía que ella había sido el catalizador de la espectacular rabieta de él el día de ayer y ahora podía ver la preocupación que ella llevaba en su rostro y de la cual, estaba seguro, ella ignoraba.

El Alquimista de Acero. El Fuhrer había escuchado muchas historias del rubio chiquillo a medida que se había movido entre los rangos militares, así como lo habían hecho la mayoría de sus contemporáneos. Edward Elric siempre había estado viajando y moviéndose de un lado a otro, rara vez había tenido mucho que ver con la propia milicia y las historias decían que el entonces Coronel Mustang había tenido una correa muy larga con él y le había dado muchas libertades. La gran armadura que siempre había estado a su lado se había añadido a su misticismo. Ninguna de las historias le hacía justicia a la rubia que se encontraba en ese momento frente a él. Cuando había oído las ebrias incoherencias de Mustang y había conocido el secreto de los Elric, él había estado escéptico de tanto carácter y propósito en un adolescente. Ahora entendía, porque aunque la rubia ante él era ahora mujer y se notaba más calmada, podía ver la fuerza y honestidad que nunca la habían dejado. Y que jamás la dejarían.

Se dio la razón a sí mismo de que su anterior decisión de revelarle la historia de Mustang a Edward había sido la elección correcta. Podía confiar en que ella no iba a decir nada sin siquiera tener que pedirlo. Y la información permanecería en su mente incluso cuando tratara de olvidarlo y él sabía que ella iba a intentarlo.

"Roy Mustang es una persona increíblemente leal aunque pienso que él preferiría morir antes de admitirlo. Cuando él encuentra algo digno de su respeto se compromete totalmente con ello, sea una persona o un ideal. Él espera lealtad a cambio de su lealtad, respeto a cambio de su respeto. Pienso que ésa es la razón por la que se encontraba tan destrozado esa noche que lo vi. Y pienso que es también la razón por la que ha estado tan sereno desde que te fuiste, Edward." El Fuhrer hizo una pausa y observó cómo Edward miraba con la mirada vacía al florido centro de mesa. Era obvio que ella estaba escuchando atentamente y continuó hablando.

"No sé cómo reaccionó luego de la muerte de su amigo pero pienso que su deseo de venganza le dio la motivación para seguir adelante. Cuando tú desapareciste y él recibió sus heridas, no tuvo tales motivaciones. Él estuvo en un hospital durante un mes. Antes de que terminara la primera semana trató de renunciar. Cuando no le resultó optó por la degradación y el más miserable puesto fronterizo que pudo encontrar. Sé de buena fuente que estuvo bajo vigilancia por posible suicidio por las siguientes tres semanas. Nadie sabe lo que lo hizo cambiar de parecer, pero cuando salió del hospital, tuvo dos semanas de vacaciones y después regresó a la oficina y empezó a trabajar de nuevo." La voz del Fuhrer se suavizó. "Tu hermano fue probablemente lo mejor para él. De hecho empezó a sonreír a veces. Fue sólo cuando lo encontré aquella noche que me di cuenta de cuánto había cambiado su comportamiento y que incluso tu hermano no había podido romper esa barrera que ahora lleva consigo. Dentro de todo lo que me dijo esa noche, la única impresión que tuve es que Roy Mustang teme ser traicionado nuevamente. No por otros, sino por él mismo. Él teme darle su lealtad y respeto a cualquier cosa o a cualquiera porque desconfía de sí mismo. Él teme escoger erróneamente."

Edward sacudió su cabeza en silenciosa protesta. No. Roy Mustang siempre había sido el epítome de una confianza en sí mismo que bordeaba en la arrogancia. Él siempre había tenido ese aire de suprema capacidad y la molesta costumbre de predecir tendencias y eventos. Demonios, el hombre había sido capaz de ver por entre las esquinas desde una distancia de tres metros.

"Así que se mantiene rígidamente controlado. Puede que sea el Alquimista de Fuego, pero los soldados lo llaman el General de Hielo. Él aterroriza a reclutas y soldados por igual con sólo pasar caminando. Y ellos le son leales. Sin importar cómo él los ve, ellos lo ven como alguien en quien pueden confiar. Pero él no lo va a reconocer. Los de su staff son los únicos a los cuales les es fiel ahora."

El Fuhrer mantuvo sus ojos sobre Edward. Atónito era la palabra con qué etiquetar su rostro. Para él, ése era otro signo de cuánto había cambiado Roy Mustang. Los ojos del Fuhrer se entrecerraron. ¿Acaso era tristeza lo que había en los ojos de Edward? Muy interesante. Los lazos entre esos dos sí que estaban retorcidos. Una lenta sonrisa apareció al tiempo que inclinaba su cabeza hacia un lado.

"Pero tú. No sé lo que es, pero has logrado sacar más de él en menos de veinticuatro horas que cualquier otra persona en cuatro años. Espero que sea tu intención quedarte en Central, Edward Elric, porque preveo que la vida será muy interesante, no sólo para Mustang sino también para el resto de nosotros."


Edward Elric caminaba lentamente en su camino de regreso hacia la oficina de Mustang. Ellos habían conversado por un rato más hasta que el trabajo lo había llamado al Fuhrer y Ed había salido con sus pensamientos todos revueltos. Ed deambuló por un corredor y se detuvo al lado de un gran ventanal.

Edward frunció en ceño ante su reflejo en el vidrio. Las revelaciones del Fuhrer lo habían desconcertado. ¿Cómo iba a permanecer molesto frente al arrogante bastardo si seguía pensando en él todo borracho y lloroso? ¿Y una vigilancia por posible suicidio? ¿Acaso ese bastardo pudo haber estado así de deprimido?

Ed golpeó su cabeza contra la ventana. Por supuesto que pudo, idiota, se castigó a sí mismo. ¿Acaso yo no hice algo casi tan estúpido como eso cuando estaba en el otro lado? Recuerda esa noche, bueno no realmente porque probablemente estaba igual de borracho que Mustang. Y cuando Alfons… murió, yo tampoco estaba completamente cuerdo por un tiempo. Sí, pero yo no soy Mustang. Él me amargaba la vida, me manipulaba y me fastidiaba y… siempre estaba cuidándonos. Ed llevó su brazo hacia atrás, frustrado, cogió su cabello y tiró de él.

Maldito hombre. No se suponía que fuera humano. Se suponía que era sólo como yo lo recordaba. Y maldito el condenado Fuhrer por hacerme ver esto. Volvió a repetir en su mente parte de las últimas palabras entre ellos.

"Nosotros, los militares quiero decir, necesitamos a Roy Mustang y todo lo que representa, Edward. Pienso que tu retorno es más que fortuito y me gustaría tu ayuda." Había dicho el Fuhrer.

"¿Mi ayuda? No veo cómo puedo ser de ayuda. Después de cuatro años…"

"Oh, pienso que serías perfecta, Edward." Él sonrió y Edward no se perdió de la traviesa voz y mirada del Fuhrer. Lo hizo sonar como si la estuviera retando. Ed levantó una ceja e inclinó su cabeza hacia un lado. Ella jamás había sido capaz de echarse para atrás ante un reto. "¿Acaso no te he invitado un excelente almuerzo? ¿Acaso no te he contado la historia de Roy Mustang en un evidente intento para hacerte aceptar mi propuesta?" Y hubo un sincero pesar debajo de sus suaves palabras.

"Y yo que pensaba que usted era todo un caballero, Señor." Edward casi ronroneó su aceptación mientras respondía a la mirada inquisidora en el rostro de él.

"Y yo digo lo mismo sobre ti, Edward." El Fuhrer rió.

"Entonces, ¿Qué es exactamente lo que quiere que haga?"

"Vuelve a enlistarte."

Ed torció su cabello en su mano e hinchó su pecho. Estaba metido en un problemón. De nuevo.


Al terminó de escribir su reporte y Edward no había regresado.

"Al Fuhrer le gustan los almuerzos largos, Alphonse. Estoy segura de que todo anda bien." Dijo Hawkeye cuando Al miró el reloj por tercera vez.

"Lo sé Capitán. Es sólo que estoy impaciente. Ya quiero comenzar." Al suspiró. Hawkeye le sonrió. El retorno de Edward le había traído color a él, ella notó. Sus ojos parecían mucho más brillantes y ciertamente su actitud era más relajada.

"¡Al!" Llamó el General de Brigada desde su oficina.

"¿Sí Señor?" Al se puso de pie con una pequeña inclinación de cabeza a Hawkeye antes de caminar hacia la oficina interior.

"He logrado disponer un dormitorio para ustedes dos. Pueden mudarse hoy mismo si lo desean."

"Gracias Señor. Mi hermana y yo se lo agradecemos."

"Sí, bueno, eso está por verse." Mustang sonrió socarronamente y Al sonrió en respuesta. "Dada la particular situación de ambos, la habitación es el último cuarto doble en los dormitorios de los hombres justo antes de la sección de mujeres. Ya que tú eres el oficial registrado, tiene que ser así. A pesar de tener su propio baño, eso al menos le da a… Edward acceso a las instalaciones para mujeres si… ella las necesita."

Había requerido de una paciencia y persuasión considerables para poder tramitarlo. Como siempre, su reputación lo presidió y ellos habían sido más que serviciales una vez que entendieron quién era él y qué era lo que quería exactamente.

"Si quieres, puedo pedirle a Havoc que te lleve al hotel para recoger sus cosas." Al asintió, eso definitivamente iba a facilitar las cosas. "¿Quieres hacerlo ahora?"

Al pensó por un momento y volvió a asentir con la cabeza. Él simplemente se habría quedado sentado aquí y se habría movido nervioso hasta que su hermana regresara. Era mejor tener algo qué hacer. Y sabía que ellos le dirían a Ed lo que estuviera haciendo. Volvió a mirar el reloj. ¿Cuánto tiempo más iba a durar ese almuerzo?


Ed entró a la oficina y saludó distraídamente con la mano a Hawkeye y a Falman mientras continuaba caminando y entraba a la oficina de Mustang. Cayó en el sofá y cerró sus ojos, su frente ligeramente arrugada.

"Me pregunto si fue una buena decisión venir aquí." Dijo lentamente.

Mustang dejó una oración a medio escribir y levantó la mirada con algo de sorpresa. "¿Edward?"

Ella frunció el ceño. "Vas a mantener tu promesa ¿no es cierto?"

"Por supuesto, Edward, y tú mantendrás la tuya." Contestó Mustang, escondiendo de su voz el desconcierto que sentía.

"¿Qué tan fácil es para ti, Bastardo?"

Mustang frunció el ceño. Edward estaba actuando más extraño de lo normal. ¿Acaso el Fuhrer había dicho algo que... la había molestado?

"¿Qué tan fácil es qué?"

"Que esté de vuelta." Sus ojos se abrieron y se concentraron en las líneas del techo.

"No es fácil." Mustang se reclinó en su silla. Sintió que Ed estaba tratando de encontrar algo pero no tenía idea de lo que… ella estaba buscando.

"Tú lo haces sentir fácil. Eso no es normal." Se quejó Ed. Se puso se pie y caminó hacia la ventana. Puso su mano sobre el vidrio y le dio un golpecito. "Míralos allí abajo. Marchando y desfilando, sabiendo dónde están exactamente y lo que están haciendo."

Roy Mustang frunció sus labios y se levantó. Rodeó su escritorio hacia el otro lado de la ventana. Siguió su mirada y vio a los reclutas contando los pasos a través del patio de desfiles. Volteó para mirarla. Ella estaba siguiendo la secuencia de ejercicios con sus ojos.

Roy Mustang observó que los ojos de ella se movieron por un momento y luego por primera vez él miró realmente a Edward Elric. Delgada, dorada y mujer. Los ojos, él siempre había estado concentrado en aquellos ojos, había estado ignorando el rostro que los rodeaba. No, él no podía alegar eso. Había estado superponiendo el antiguo rostro sobre el nuevo. Había estado visualizando al Edward Elric que conocía mejor. El que había sido su tormento, el que había hecho su vida impredecible, el que nunca ni por un instante le había temido, el que nunca lo había dejado salirse con la suya.

Éste tampoco lo había dejado. Éste le hizo frente y lo llamó de todas las formas que se le vino en gana. El rostro era más delgado, el mentón que había cogido hacía un rato no era tan cuadrado y los labios que lo maldijeron e insultaron eran más gruesos y más suaves. El cabello era mucho más largo y más dorado. Ayer cuando se había quitado el abrigo él había quedado perplejo ante la innegable figura femenina, pero no la había aceptado como Edward. Él había estado demasiado desorientado ayer. Ahora su ojo seguía una definida línea desde el hombro hasta la cadera. Edward era una chica…no, era una joven mujer. Edward tenía curvas y dos piernas humanas. Sacudió su cabeza. Había escuchado la diferencia en sus pasos durante todo el día. No habían pesadas botas golpeando macizas por su oficina en un vano intento por esconder la pisada más fuerte proveniente de una pierna de automail.

Por la manera en la que la cabeza de ella estaba inclinada, él pudo ver la elegante línea de su garganta y su cabello. El cabello trenzado de Ed había sido como un aleatorio rayo de sol en la parte posterior de su espalda. Ahora era un río dorado que bajaba por su espalda. Roy se preguntó cuán largo era el cabello de Ed cuando lo tenía suelto. Por qué estaba pensando en el cabello de Ed se preguntó.

Sonrió con ironía. Edward Elric parecía…no, era una mujer muy atractiva. Cuatro años atrás él hubiera coqueteado automáticamente y tejido una red de encantos alrededor de una rubia que luciera tan bien como ella. ¿Por qué era tan difícil de verla como ella? ¿Por qué era tan difícil de verla a ella simplemente como otra rubia? Porque esta rubia era Edward Elric. Porque en esta rubia había más que apariencias. Había carácter y fuerza de voluntad y esa maldita terquedad. La que necesitaría si esto de veras resultara permanente. Rememoró la serena aceptación en aquellos ojos la noche anterior y recordó la preocupación que habían tenido hoy más temprano. Ed podría aceptar y de hecho aceptaría cualquier cosa que le depare el futuro, pero haría lo que sea por mantener a Al a salvo, incluso si eso significara salvarlo de sí mismo. ¿Pero quién salvaría a Edward?

"Edward. Aquí hay un lugar para ti."

"Lo sé."

"¿Entonces por qué eso te hace… infeliz?"

"Se siente demasiado fácil."

Roy asintió. Él podía entender el razonamiento de Ed. Nunca nada había sido fácil para los Elric. Y no sería Ed si ella no desconfiara de ello.

"Y encima lo de hoy. Queriendo salir corriendo y encargarme de ese laboratorio. Ser lo que solía ser, hacer lo que solía hacer." Edward habló en voz baja. "Es que estando de regreso aquí, contigo y los demás, es tan parecido a estar en casa."

"Edward, este lugar ha sido tu hogar de la misma forma que lo ha sido para mí." Ed levantó su cabeza y se volteó para mirarlo con leve sorpresa. "Bueno, ¿qué pensabas Ed?" Él sonrió y ella le frunció el ceño.

"Yo siempre pensé que tu hogar era el pantano de donde saliste arrastrándote, Mustang." Replicó Ed pero él pudo ver que ella estaba pensando en lo que él había dicho y hubo muy poco veneno en su voz.

Ed puso sus manos enguantadas en la ventana. "Cuando recién regresé, era maravilloso. Ver a Al, ver a Winry y a la Abuela. Los había extrañado tanto. Y cuando volví era casi como si nunca me hubiese ido. Y también aquí, todos están aquí. Después de ver sólo sombras por cuatro años, esto es como un sueño perfecto." Ed miró más allá de sus dedos, sus ojos distantes. "Era tan fácil caer en las viejas costumbres. Estúpido idiota que soy. Tan fácil pretender que nada había cambiado." Ed rió suavemente y Mustang pudo oír el auto-reproche en ese acto. "Y tuve la frescura de sermonearle a Al acerca de que el cambio es parte de la vida. Yo ni siquiera me escuché a mí mismo."

Roy dio un paso acercándose a ella. "Escúchame Edward Elric. No pienso que seas tonta y tampoco creo que Al lo piense. Después de cuatro años lejos de aquí me sorprendería si no trataras de buscar seguridad en las formas antiguas. Tú, y Al, fueron y todavía son parte de nuestra familia." Él mantuvo su ojo en el rostro de ella. "Y tú has cambiado, has madurado. Pero sabes, siempre vas a ir hacia adelante. Sin importar lo que te pase o lo que se te venga, tú siempre vas a ir hacia adelante. Eso es lo que siempre he admirado de ti."

"Cuidado Bastardo, alguien podría pensar que de veras tienes corazón si te escucharan hablar así." Ella volteó su cabeza para mirarlo. "Ir hacia adelante es más fácil cuando tienes una meta o un propósito. Yo puedo ir adelante ¿pero a dónde?"

Él rió y vio que una mirada de sorpresa cruzaba el rostro de ella. "No pienso que necesites preocuparte, Edward. Tú siempre encontrarás ese dónde. Hasta donde puedo ver, tú nunca vas a cambiar, como si el 'dónde' importara." Ella le levantó su ceja cuando él levantó su brazo y tocó con su dedo su frente y su esternón justo debajo de su garganta. "Lo que tú pienses y lo que sientas será siempre lo único que el resto de nosotros podremos desear."

Edward parpadeó, una expresión perpleja en sus ojos agrandados desmesuradamente. Inclinó su cabeza como si examinara a un extraño y nuevo espécimen. Roy Mustang era alguien que ella jamás hubiera imaginado diciendo palabras como ésas, especialmente a ella. El bastardo había sonado…humano. Demonios, ahí estaba de nuevo esa palabra. Edward pudo haber jurado que así era cómo debería de haberse dado una conversación, con excepción de que el otro 'conversador' era Roy Mustang, el bastardo por excelencia. Eso era…no era nada normal.

"Uhh, ¿sacaste eso del reverso de un paquete que estaba por ahí, Bastardo?"

"No, eso fue parte del discurso durante tu funeral." Mustang sonrió socarronamente, y el mundo de Ed regresó a donde debería de estar. Ella sonrió ampliamente, su mano humana frotando inconscientemente donde el dedo de él la había tocado.

Hawkeye entró con una carpeta en la mano.

"Esto acaba de llegar de la oficina del Fuhrer, Señor. Aparentemente contiene los formatos necesarios para hacer que Edward… vuelva a vivir." Hawkeye los miró. Ambos tenían idénticas expresiones de sorpresa en sus rostros. Edward parpadeó. El Fuhrer había dicho que pondría las cosas en marcha pero no había esperado nada tan pronto.

"Me dijeron que sólo requieren de su firma, Señor, el Fuhrer ya los ha autorizado."

Mustang miró a Ed, quien sonrió socarronamente y alzó los hombros.

"Fue un almuerzo agradable."


El Sargento Neil Fremder estuvo muy sorprendido cuando oyó voces provenientes del dormitorio a la izquierda del suyo. Le habían dicho que nunca sería ocupado porque estaba demasiado cerca del sector de las mujeres y por lo tanto no iba a ser usado. Habían rumores de que el dormitorio similar del lado femenino estaba igualmente vacante.

Escuchó atentamente por un momento pero las voces eran demasiado bajas como para determinar quién estaba allí. Se encogió de hombros. Voces bajas estaban bien. Él prefería más a los vecinos tranquilos.


Nota de la Traductora:

(1) In vino veritas: Refrán medieval: El vino, de la verdad es amigo. Facilito de entender. El vino suelta la lengua.

Me demoré pero aquí estoy finalmente. Les agradezco todas las muestras de afecto en sus comentarios, me ayudan a seguir adelante.

A ver, no sé si voy a actualizar para las fiestas, pero sí les puedo decir que vean el fandom para fin de año, estoy pensando en un proyecto cortito pero muy divertido…

Y si no los vemos para estas navidades, pues desde aquí les mando un beso y un gran abrazo.

Ahora no los retengo más, busquen su review…

Martha V. y D. Wigworthy: Thank you both… smiles.. so glad you're enjoying this…
silken :)
Gracias a las dos… sonrisas… me alegra que lo estés disfrutando…
silken :)

Orion no Saga: Thank you… smiles… yes, it is a bit early for them, but there's always hope…lol…
silken :)
Gracias… sonrisas… sí, todavía es algo pronto para ellos, pero siempre hay esperanza…lol…
silken :)

Shiji: Thank you… smiles… Ed and Roy just complement each other no matter what they're doing, it is so much fun to play with them…
silken :)
Gracias… sonrisas… Ed y Roy se complementan el uno al otro sin importar lo que estén haciendo, es muy divertido jugar con ellos..
silken :)

Ierelin: Thank you… smiles… I love angry Roy…and he'll always try to beat Ed as soon as he gets over it…lol
silken :)
Gracias… sonrisas… a mí me encanta Roy molesto… y él siempre tratará de ganarle a Ed tan pronto se le pase…lol
silken :)

Zara mors: Thank you… smiles… so glad you're enjoying those two…
silken :)
Gracias… sonrisas… me alegra que estés disfrutando de esos dos…
silken :)

Kaguya hime shiro: Thank you… smiles… Ed and Roy are just meant to be when they get going I think… they go so well together…lol… Ed has some of the best lines, I love writing lines for her…lol… and yes, the coat was singed but she hadn't taken it off … if Roy hadn't started on her the moment she entered the office, she probably would have used it as a point against him and taken him to task for almost hitting her with his flames…lol…
Yes, Hawkeye will be of help to Ed and as you rightly point out, less likely to threaten him – too much…lol
silken :)
Gracias…sonrisas… Ed y Roy simplemente están hechos el uno para el otro pienso yo… se los ve tan bien juntos…lol…Ed tiene algunos de los mejores argumentos, a mí me encanta escribir los argumentos de ella…lol…y sí, el abrigo estaba chamuscado pero no se lo había quitado… si Roy no hubiera empezado a fastidiarla desde el momento en que ella entró a la oficina, ella probablemente lo hubiera usado como un punto contra él y lo hubiese regañado porque casi la alcanzaron las llamas…lol…
Sí, Hawkeye le será de ayuda a Ed como bien lo señalas, pero sin llegar a amenazarlo – demasiado…lol
silken :)

shao-kino: Thank you… smiles… so glad you're enjoying and thank you for helping Mary with the translation… she does a wonderful job and I know that your help is really appreciated…
I know I am a mean person…lol… I like cliffhangers, but I don't do it every time…lol
silken :)
Gracias…sonrisas… me alegra que lo estés disfrutando y gracias por ayudar a Mary con la traducción… ella realiza un trabajo maravilloso y sé que tu ayuda es realmente valorada…
Sé que soy una mala persona…lol… me gusta dejar las cosas en suspenso, pero no lo hago todas las veces…lol
silken :)

AGUILA FANEL: Thank you… smiles… so pleased you like this and yes, it is a Roy/Ed fic… but won't say more, because Mary hates me spoiling future story-lines…lol
silken :)
Gracias… sonrisas… me alegra tanto que te guste y sí, éste es un Roy/Ed… pero no diré nada más, porque a Mary no le gusta cuando yo adelanto futuros argumentos…lol
silken :)
Nota de MaryLover: Hola Aguila Fanel y gracias por tu comentario.

Seiketo Nayset: Smiles.. thank you... i hope you continue to laugh and enjoy – and shocked every now and again...lol
silken :)
Sonrisas…gracias…espero que continúes riéndote y disfrutando – y teniendo colapsos de cuando en cuando…lol
silken :)

.:Smiles… thank you… I often wonder that about some I see in Spanish when I have a look at what Mary's done to my monster…lol… I can make out odd words and I get curious…
So glad you're enjoying… genderswitch is something people do tend to think twice about before reading, so I am pleased you like it… and Roy, well, we all like Roy…grins
silken :)
Sonrisas… gracias… A menudo me pregunto eso cuando veo algo en Español cuando miro lo que Mary ha hecho con mi monstruo…lol… puedo distinguir palabras raras y me da curiosidad… Me alegra que te esté gustando… el cambio de género es algo a lo cual la gente tiende a pensarlo dos veces antes de leerlo, así que me complace que te guste… y Roy, bueno, a todos nos gusta Roy… sonrisa amplia
silken :)

NEKO NO GIN: Smiles to you both… enjoyable as always to see you here…lol
silken :)
Sonrisas para ambas… divertido como siempre el verlas aquí…lol
silken :)

Ayame Chan: Thank you… smiles… Ed and Roy will be teasing each other forever I think… I love the way they do that…lol… it's when they don't do it that I worry…lol … and I will fill in that gap – eventually…lol…
silken :)
Gracias… sonrisas… pienso que Ed y Roy se estarán molestando el uno al otro por siempre… me encanta la forma en que lo hacen…lol… es cuando no lo hacen que me preocupa…lol… y voy a llenar con algo ese espacio – en algún momento…lol…
silken :)

Rosalind:Smiles... thank you… Roy is more than a darling for sure… I'm just happy Mary shares him with the rest of us….lol
silken :)
Sonrisas… gracias… de seguro Roy es más que un amor… estoy contenta de que Mary lo comparta con el resto de nosotros…lol
silken :)

Maki Nirnaeth: Smiles… thank you for reading and enjoying the monster… we really appreciate it…
silken :)
Sonrisas… gracias por leer y disfrutar del monstruo… ambas lo apreciamos…
silken :)

AbraxasB: Smiles… thank you… Mary does my monster and me so proud… she's really great…
It is Ed/Roy but I don't know that it can be classed as yaoi because Ed is now female, even though he still thinks of himself as male… so physically not, but mentally yes… all I know is that Ed being female will really mess up his thinking (and Roy's) for ages to come…lol
silken :)
Sonrisas… gracias… Mary hace que mi monstruo y yo estemos orgullosos… ella es realmente genial… Esto es un Roy/Ed pero no sé si pueda ser clasificado como yaoi porque Ed es ahora mujer, a pesar de que todavía piensa como varón… así que no lo es físicamente, pero sí lo es mentalmente… todo lo que sé es que Ed siendo mujer va a desordenar su forma de pensar (y la de Roy) por los siglos de los siglos…lol
silken :)
Nota de MaryLover: Hola y gracias por enchufarte a este fic… y gracias por hacer la pregunta que muchos se han hecho… sobre lo de si este fic es yaoi o no…

miciel: smiles... thank you... am pleased you are liking and enjoying this monster that Mary is treating so well...i know it embarrasses her a lot when me or anyone praises her, but she really does do it so well... smile....and yes, there isn't much better than Roy/Ed, although I like to put Havoc in there if they can't have each other...lol ...
silken :)
sonrisas… gracias… me complace que te guste y disfrutes de este monstruo al cual Mary está tratando tan bien… sé que la avergüenza mucho cuando alguien la alaba, pero es que ella sí lo hace muy bien…sonrisa… y sí, no hay nada mejor que Roy/Ed, aunque me gusta colocar a Havoc dentro en caso no se puedan tener el uno al otro…lol…
silken :)