Dean y Jimmy salieron del restaurante tras los pandilleros. Dean se caló el gorro hasta los ojos y subió el cuello de su chaqueta para no ser reconocido.
Jimmy imitó a su amigo y ambos siguieron disimuladamente a Los Piratas.
En el grupo iban cinco chicos. Dean reconoció a Drake, Morgan y otros tres jóvenes.
Tras torcer un par de calles se metieron en un callejón. A un lado de este había una verja de lo que parecía ser la parte de atrás de un Centro de Enseñanza. Temiendo lo peor, Dean se adentró en el callejón pegado a la pared de manera que los diversos contenedores de basura lo tapaban de la vista de Los Piratas. Agachado tras ellos buscó hasta encontrar una barra de metal.
Jimmy se había reunido con él y con un gesto Dean le paso la barra. El siguió buscando pero no encontró más que una cuerda. Bueno, eso tendría que valer. Después de todo Indiana Jones se arreglaba con poco más.
En esto que oyeron gritar e insultar a Clarie. La chica estaba rodeada por los pandilleros. Ella agarraba con fuerza su mochila y parecía dispuesta a defenderla con uñas y dientes. Pero los chicos habían sacado sus armas blancas y se iban acercando a ella.
Dean y Jimmy salieron corriendo y gritando cual salvajes de detrás de los contenedores, consiguiendo paralizar por la sorpresa a Los Piratas. Los niños se lanzaron sobre los atacantes de Clarie, blandiendo la barra y la cuerda.
Jimmy golpeaba a diestro y siniestro con la barra y pronto tuvo a dos piratas tirados en el suelo. Dean intentaba usar la cuerda como un látigo y consiguió desarmarlos, antes de empezar a pelear con ellos. Clarie también reaccionó rápidamente y atacó a Drake, el cabecilla del grupo, logrando tirarle al suelo y patear al chico.
La pelea estaba igualada a pesar de ser solo tres y no sabemos cómo hubiera acabado ya que en ese momento una furgoneta negra, con los cristales tintados, paró en la entrada del callejón y de ella descendieron dos hombres vestidos de negro que llevaban cazadoras de cuero del mismo color.
Estos detuvieron la pelea amenazandolos con sus pistolas.
"Muy divertido. Pero esto se ha acabado. Vosotros tres: Las manos en alto y soltar lo que tengáis en las manos."
Clarie, Dean y Jimmy obedecieron, mientras Los Piratas se iban levantando del suelo, y recuperándose de los golpes recibidos. Los chicos soltaron sus armas improvisadas y Clarie dejó caer la mochila.
"Tú, Drake. Recoge la mochila y tráela aquí."
Drake llevó la mochila al hombre que examinó su contenido y sonrió con satisfacción.
"Perfecto. Ya hemos recuperado nuestro dinero."
"¿Podemos matarlos señor?" Preguntó Drake lleno de odio.
Pero el hombre sacó tres pares de esposas y se las dió al chico.
"Tenemos otros planes para ellos. Esposarles las manos a la espalda y subirlos a la furgoneta."
Los Piratas dolidos por haber sido casi vencidos por dos críos y una chica, obedecieron esposando a los tres amigos sin ningún miramiento y llevándolos a empujones a la furgoneta.
Cuando les metieron dentro el hombre de negro les despidió.
"Bueno, ya sabéis dónde ir. Permanecer ocultos hasta nueva orden."
Con eso cerró la puerta trasera del vehículo y su compañero arrancó.
"¿Dónde nos lleváis?" Preguntó Clarie. "Ya habéis recuperado el dinero y la droga, Soltarnos, o al menos, suelta a los niños."
"¡De eso nada Clarie!" Protestó Dean. "De aquí salimos los tres juntos."
El hombre que viajaba con ellos en la parte trasera dijo.
"El jefe dirá lo que hacemos con vosotros. Pero no os hagáis ilusiones. Soltaros no creo que esté entre sus planes. Ahora vamos a hacer un viaje."
El hombre amordazó y cubrió con un saco la cabeza de cada uno de los tres. Y así realizaron el viaje. Cuando el coche paró los obligaron a salir de él y los condujeron dando traspiés, ya que seguían con la cabeza cubierta, por el interior de un edificio.
Solo les quitaron la capucha, la mordaza y las esposas cuando les introdujeron en una pequeña habitación blanca.
No era la típica celda, oscura y ruinosa. Más bien parecía la celda de un manicomio. Paredes lisas y blancas, una fuerte iluminación y una puerta blindada con solo un ventanuco circular de cristal. No había ni un solo mueble o adorno,... Solo las cuatro paredes.
Nada más dejarlos allí Clarie empezó a gritar y amenazar. Exigiendo o suplicando que les soltasen. Pero sin ningún resultado.
Clarie se dejó caer en el suelo al lado de Dean y Jimmy. Estaba agotada de gritar. La adolescente rebelde puso la cabeza sobre su rodillas y lloró. Dean y Jimmy pasaron sus brazos por los hombros de la chica mayor, en un intento de ofrecerle consuelo.
"Es todo por mi culpa. Lo siento chicos."
"Quizás sea hora de que nos cuentes la verdad." Dean le pidió.
"Si, ¿Quienes son esos tipos y por qué nos han encerrado aquí?" Jimmy le preguntó.
"Os lo contaré. Y lamento deciros que estamos jodidos, muy jodidos."...
...
Sam y Cas se habían puesto sobre sus ropas otras prendas proporcionadas por los "Hobos", y ahora parecían dos más de ellos. Cas había podido conservar su querida gabardina y todo. Bajo la ropa habían escondido armas y todo lo que pudieran necesitar, incluyendo sangre de hombre muerto.
Sam y Castiel sospechaban que podía haber vampiros detrás de todo este asunto. Aunque la sangre puede ser valiosa para los humanos, tanta ansia de sangre parecía indicar algún ser sobrenatural, y el primero en la lista eran los vampiros.
Annie y el resto de los vagabundos no sabían nada de sus sospechas. Eso sólo conseguiría asustarlos aún más.
Annie y Hally habían quedado en acudir a la clínica de madrugada. Si a las 3 a.m. no sabían nada de ellos y provocar pequeños incendios para que vinieran los bomberos y desalojen el centro, dandoles oportunidad para huir. Sam les había explicado cómo fabricar pequeñas bombas incendiarias con botellas llenas de líquidos inflamables y les había proporcionado un bidón de gasolina del Impala.
No solo Annie y Hally, más vagabundos estaban ayudando a fabricar las pequeñas bombas. Algunos como el viejo Max estaban proporcionando botellas, después de beberse el contenido original, casi tan incendiario como la propia gasolina.
Sam y Castiel iban a dirigirse a la boca del lobo. Ya que buscaban vagabundos iban a proporcionarles dos, ellos mismos. Con un poco de suerte, les llevarían a donde estaban los otros vagabundos desaparecidos y tenían la esperanza de que alguno siguiera con vida y poder salvarlo.
Sam entró en la clínica, y poco después lo hizo el ángel, fingiéndose borracho.
La clínica era espectacular, sobre todo en un barrio marginal como ese. Por fuera el edificio, aunque bien cuidado, no parecía gran cosa pero, una vez dentro sorprendía por su limpieza y sus paredes blancas impolutas. Daba una sensación totalmente aséptica que concordaba con la idea de un laboratorio.
Encogido en sus ropas sucias y malolientes, Sam se dirigió a una enfermera que llevaba un uniforme de un blanco impecable.
"Oiga Señorita, venía a dar sangre. ¿Cuanto pagan?"
Sam fingió un acento extranjero, para hacerse una víctima más deseable.
La mujer le miró con desprecio y procurando no acercarse mucho, presumiblemente para no mancharse su uniforme, le tendió unos papeles.
"Rellene estos impresos y le acompañaré a la zona de donantes."
"Perdón Señorita, no sé escribir en su idioma."
La mujer suspiró con resignación.
"Nombre, domicilio y teléfono de contacto. Supongo que no tiene seguro ¿No?"
"No, no tengo. Ni domicilio ni teléfono."
"Nombre al menos"
"Salomon Poldosky"
"De acuerdo Salomon. Sígame."
Sam hizo una seña a Castiel, que había entrado en la clínica tambaleándose y se había derrumbado en una silla, fingiendo llevar encima una buena borrachera, y siguió a la enfermera.
Esta le llevó por los pasillos de la clínica y tras golpear una puerta, le hizo pasar dentro. Un doctor de amable sonrisa le recibió haciéndole un gesto para que tomara asiento.
Después de unas preguntas rutinarias sobre su salud y hacerle firmar un consentimiento para la donación. El doctor, de raza negra, cuyos blancos dientes hacían juego con las paredes y muebles de la clínica, y con su resplandeciente bata blanca, le dió una pildora y un vaso de agua.
"Tómese esto, quítese la ropa y túmbese en la camilla."
"¿La ropa? ¿Para donar sangre?"
"Es por su comodidad. Quítese al menos las capas superiores."
Le contestó el doctor lanzándole una tranquilizadora sonrisa, que a Sam sólo consiguió ponerle aún más en alerta.
"¿Y la pastilla?"
"Es solo un poco de anticoagulante y un tranquilizante suave para facilitar la transfusión."
Sam se metió la píldora en la boca pero la sujetó bajo la lengua, y bebió un sorbo de agua sin tragársela.
El médico salió satisfecho y le dijo que esperase listo y tumbado en la camilla. Sam escupió con disimulo la pastilla, se quitó algunas capas de ropa, procurando quedarse con la mayor cantidad de armas posibles y se tumbó en la camilla.
El fingió estar dormido, sospechando que ese era realmente el objetivo de la pastilla. Procuró hacer todo de manera no sospechosa, ya que podían estar vigilando sus movimientos.
A los pocos minutos de estar haciéndose el dormido, el doctor volvió con dos enfermeros.
"Le ha hecho efecto enseguida. LLevarlo a la zona de seguridad."
Los enfermeros asintieron y guiaron la camilla que ocupaba Sam por los pasillos de la clínica.
Todo parecía ir según lo planeado, pensó Sam.
...
Clarie había contado a los chicos como había empezado a vender para la banda de narcotraficantes. Pero, cuando se dió cuenta de la peligrosidad de la droga que vendía, había decidido robar a los propios traficantes en vez de vender. Pero se encontró con que eran más peligrosos de lo que pensaba y que tenían a la policía de su lado.
"¿Sabes donde podemos estar ahora?"
La preguntó Dean.
"Ni idea. No se parece a ninguno de los locales donde quede con ellos para recibir la droga. Eran almacenes abandonados o bajos de edificios de mala muerte. Nada como esto."
"¿Y los hombres de negro? ¿Te dieron ellos la droga?" Quiso saber Jimmy.
" Nada de eso. Había oído hablar de ellos pero no los ví hasta que robé la droga y empezaron a buscarme. Yo había tratado sólo con Los Piratas y algún que otro pandillero. Creí que el que dirigía todo era un tal Malister. Pero no lo llegué a conocer."
"Pues yo sí. Y es un personaje muy desagradable y además policía." Recordó Dean.
"Evidentemente nos falta información. Pero de momento debemos buscar un plan para salir de aquí."
Jimmy llevaba un rato examinando minuciosamente las paredes. Dean no le prestó mucha atención pensando que estaría calculando los metros de pared o algo así. "Dean, Clarie. Mirad en esa esquina." Susurró el chico.
"Creo que hay una micro cámara disimulada. Seguramente nos están viendo y escuchando."
Dijo en voz muy baja, casi al oído de los otros dos.
"Si, creo que tienes razón."
Musitó Dean.
"Si vamos a planear algo tendrá que ser en voz baja. Aunque no se me ocurre nada que nos permita escapar de aquí."
Añadió tristemente Clarie.
En ese momento se abrió la puerta y un hombre alto de raza negra entró, seguido por dos hombres de negro.
El hombre era delgado y alto, y vestía un traje caro de color negro. Su cabeza estaba rapada y sus uñas eran largas y bien cuidadas.
Dean lo reconoció al momento y sus ojos se abrieron con asombro. ¡No podía ser!
El niño intentó esconderse detrás de sus compañeros para no ser reconocido.
El hombre sonrió dejando a la vista unos enormes colmillos.
"Huelo a un hijo mio. Nunca olvido el olor de alguien que ha sido de los nuestros."
Continuará...
