Capítulo 8

Hermione jamás habría pensado que el rostro podía ser una zona erógena, pero las cosquillas que sentía en la espalda, cada vez que la boca de Severus la tocaba, era indiscutible.

Suavemente, él le había pedido permiso para quitarle la camisa y el sostén. Cuando sus brazos la envolvieron, para vérselas con el broche del sostén, usó esa oportunidad para deslizar sus labios sobre la clavícula y el hombro. Algo parecido ocurrió cuando le quitó los jeans, aunque lo único que hizo Severus, fue desabotonarlo y bajar el zipper, dejando que la prenda cayera por efecto de la gravedad, lentamente, exponiendo la suave piel del abdomen de Hermione.

Semidesnuda y de rodillas sobre el sofá, la castaña se sentía expuesta de alguna manera. Los músculos del abdomen se tensaban cada vez que la lengua de Severus se acercaba a su ombligo. Los únicos sonidos que lograba emitir, eran gemidos, cada vez que él besaba alguna parte de su cuerpo.

Los besos nunca habían sido tan excitantes. El juego previo nunca la había dejado temblando y deseando más. Había que admitir, que el juego previo nunca había estado alto en la lista de prioridades de Ronald, y Hermione siempre se había preguntado si se estaba perdiendo de algo. Ahora era más que evidente que sí se estaba perdiendo de algo. De mucho.

Severus la sostenía perfectamente, casi demasiado perfectamente, como si le estuviera leyendo la mente. El pedido de permiso para quitarle los jeans había sido excesivamente amable, aunque Hermione se había preguntado por qué no se había molestado en quitarle las bragas también.

Eso dejó de importar una vez que él la tuvo en el regazo otra vez, a horcajadas de una de sus piernas. Mientras la lengua de Severus comenzaba a delinear los labios de Hermione, sus dedos comenzaban a deslizarse por los bordes de las bragas. Sobre la cintura, la cara externa del muslo, y al final, la empapada entrepierna.

ÉL todavía estaba totalmente vestido, pero a ella no le importaba, en tanto las caricias no se detuvieran. Las delicadas caricias sobre la vulva, todavía envuelta por las bragas, eran suficiente como para que quisiera atraparle la mano entre las piernas, pero trató de mantener la calma y aceptar lo que le era otorgado. Cuando los dedos de Severus hicieron a un lado la ropa interior y se deslizaron directamente sobre la piel, la reacción de Hermione no pudo ser mitigada.

A pesar de no ser virgen, como bien había establecido, bien podía serlo. Ron nunca la había excitado de semejante manera, (y la masturbación, como era de esperarse, no generaba respuestas tan urgentes), y la creciente y constante expectativa, le provocaba una sensación de mariposas en la barriga. Lentamente, fue acariciada con delicadeza, hasta que los dedos de Severus estaban cubiertos con su esencia. Hermione podía sentir los ojos de él mirándola fijamente mientras la tocaba, y para la sorpresa de la castaña, eso la excitaba todavía más.

Ella se aferraba de Severus y él de ella, los dos, sin intensiones de soltarse. Hermione, de hecho, no hubiera podido de haber querido. Su cuerpo estaba tan tenso por la necesidad de un orgasmo, que parecía que tenía los dedos pegados a la camisa de Severus. Todo el tiempo, los dedos de él jugueteaban entre las piernas de la joven, y sus labios se desplazaban de un pecho hacia otro, delicadamente brindando atención a cada pezón, hasta que estuvieron como piedras contra su lengua.

Dos veces encontró Hermione placer con relativa facilidad: primero, cuando los dedos de Severus la habían acariciado a través de las bragas, apenas tocándola, y luego, cuando él había penetrado su húmedo sexo, metódicamente hallando lugares que ella ni siquiera sabía que existían, masajeándolos hasta que Hermione sentía calor en todo el cuerpo. Para cuando Severus terminó con ella, Hermione sentía las rodillas flojas, estaba exhausta, y empapada de sudor.

"¿Es esta una respuesta satisfactoria para tu pregunta?" Preguntó él, recostándola en el sofá.

Ella murmuró que se callara, pero se perdió en las sensaciones que la lengua de Severus, le causaban al deslizarse sobre su garganta, para luego atacar los costados del cuello. Desnudarlo se volvió una prioridad, y de inmediato, se puso a tironear de los negros pantalones, y de la camisa, que pronto terminaron en el suelo, junto a los jeans y la camiseta de ella. Le siguieron el bóxer y las bragas, que fueron arrojados hacia algún lugar, detrás del sofá.

Hicieron el amor con la misma tranquilidad que demostraron en los juegos previos. Ella puso a Severus sobre su cuerpo, una tarea difícil, teniendo en cuenta lo angosto del sofá. Se tomó su tiempo para besarlos y acariciarlo. Estaba intrigada por el vello negro que oscurecía el pecho y el abdomen, y sus dedos exploraban el cuerpo de él, con la misma atención que había demostrado Severus momentos atrás, cuando la había hecho llegar tan fácilmente a dos orgasmos seguidos.

La piel de Severus resultó ser tan suave como la de ella, y otro lugar captó la atención de Hermione. Mientras su mano se deslizaba hacia abajo, para poder envolverla alrededor de su miembro, miró a Severus a los ojos. La mandíbula de él se puso tensa en cuanto la mano de ella apretó un poco más, y el solo ver la reacción de Severus, Hermione sintió como el área entre sus piernas, pulsaba involuntariamente.

"¿Quieres que nos detengamos aquí?" Preguntó con la voz pesada, con los ojos fijos en los de ella, mientras inclinaba su cabeza, en busca de otro beso.

Su respuesta fue un impaciente ruido, seguido de las manos de ella, aferrándose de las delgadas caderas de él, para presionarlas contra las de ella.

Ella pretendió no notar la forma en la que la mano de él temblaba cuando se movió entre ellos, para acomodar su miembro en la entrada de su vagina.

A pesar de su grandioso autocontrol, Hermione supo que ella no era la única que estaba impaciente. Severus respiraba pesadamente contra su cuello, mientras empujaba la cadera y la llenaba completamente, hasta el fondo, en un solo y endemoniadamente lento movimiento.

Por segunda vez en esa noche, se encontró maravillada con la idea de quién era la persona que tenía la piel pegada a la suya. Todavía le parecía irreal que Severus Snape estuviera sobre ella. Antes que apareciera en su puerta, ella nunca había considerado a Severus como un ser capaz de tener sexo. Incluso después de pasar el tiempo con él, le resultaba difícil leer ciertos aspectos de su vida privada. Ahora lo conocía mejor. Severus tenía pasiones y deseos, como cualquier otra persona, solo que era más reservado al respecto. Y no había forma de negarlo. En el momento en el que se había sumergido en la parte más íntima de su cuerpo. Los músculos, que había olvidado que estaban allí, luchaban por acomodarse a la presencia de su compañero.

La dulce pasión de Severus, tomó forma en los delgados dedos, que pellizcaban y acariciaban, en forma de ardientes besos, que la dejaban deseando más, y el constante, ondulante y sensual movimiento de la cadera de él, que causaba que Hermione perdiera totalmente el control de sus sentidos. Eso también era nuevo para ella. El poder llegar a un orgasmo de esa manera, con un compañero, y fue tan intenso que le tomó un buen rato el recuperarse y poder regresar a la tierra. Severus aguardó pacientemente, dedicándose a depositar suaves besos sobre la frente y las sienes de ella. La agitada respiración de la castaña comenzó a normalizarse, y en el momento que fue capaz de respirar profundamente de nuevo, Severus reanudó sus lentas y profundas acometidas. Otro orgasmo, casi arrancado de su cuerpo, tan pronto, fue casi demasiado para ella, y con el nombre de Severus en los labios, su largo y negro cabello entre sus dedos, la voluntad de Hermione se quebró una vez más. Eso provocó que, sin querer, Severus siguiera el mismo camino, aunque con menos gemidos y más respiraciones profundas.

"Eso fue…" Comenzó a decir Hermione, pero un bostezo la interrumpió. "…maravilloso. ¿Te molesta si tomamos una siesta rápida?"

"Creí que ese era mi trabajo, como hombre post-clímax." Replicó Severus, aunque se acomodó para que Hermione pudiera usar su propio cuerpo como colchón. "¿Tienes frío?"

"No…diablos…pero lo tendré." Suspiró pesadamente, rebuscó por el suelo, palpando, tratando de encontrar su varita. "Lo siento." Murmuró la chica, recordando que Severus aún no podía hacer magia.

"Me había olvidado de eso. Se puede decir, que una búsqueda más placentera me tenía ocupado."

La maligna mirada que apareció en su rostro hizo que Hermione se sonrojara, y casi le lanza la almohada que había traído de su habitación, a la cabeza.

"¿Así que así será? Me esclavizo en la cocina todo el día, luego vienes tú, me coges a muerte y me niegas el postre. Todavía no pude comer mi budín de pan."

"Estará allí cuando te despiertes." Dijo Hermione sin darle importancia, acurrucándose contra el pecho de Severus, mientras él la cubría con una sábana. "Pensé que, de verdad, podía ir a la cocina por un poco de helado de chocolate…..lástima que la cocina esté tan lejos…"

No es necesario decir que iba a pasar un largo rato hasta que Hermione obtuviera su helado y Severus su budín.

N/T: Un ardiente encuentro con Severus y postre… mmmm… no sé a ustedes qué les parece, pero a mí, ¡me encanta ese plan!