DESPEDIDA
El taxi estaba en la entrada, tal como se había predispuesto. Era todo. Las maletas listas, los boletos del avión. Permisos. Todo. Me puse una sudadera gris. Me amarré el cabello en una coleta alta. Me había despedido antes de todos, no quería verlos el mismo día. Salí del cuarto.
El abuelo se abrazaba así mismo, con los ojos rojos.
-¡Abuelo!- le dije dándole un abrazo enorme, queriendo aspirar su recuerdo.-te prometo que te escribiré cada semana.
-Eso espero, Jan Di. –El momento de silencio, el abuelo me miraba tratando de descifrarme- ¿Sabes? Creo que es una gran oportunidad.
-Si abuelo, lo es- dije con un amago de sonrisa.
-no tienes por qué irte si no quieres, lo sabes, ¿cierto?- dijo tratando de acercarse, para poder ver mis ojos, y no pude aguantarle la mirada.
Sentía que mis ojos picaban, mi garganta dolía. Estaba a nada llorar y quedarme, pero ya era hora de irse.
-no te decepcionaré, abuelo. Estudiaré muy duro. Te quiero- lo abracé otra vez, en mis planes no eran para regresar, era una despedida. Dolía.- los extrañaré.
-escribe mi niña, y cualquier cosa, sabes que aquí tendrás un abuelo esperando.
-Lo sé- contesté limpiando mis lágrimas que ya caían por mis mejillas.
Agarré mi maleta y salí de la casa. El abuelo ya no me seguía. Voltee una última vez, esperando que Ji Hoo, estuviera ahí para detenerme o siquiera despedirse, pero no. No había nadie. Si estuviera él, ya no tendría armas para defenderme e irme. Salí decida. Ya no más. Esta era la última oportunidad, la última vez.
Las pisadas y voces de la parte de afuera del cuarto me carcomían. Ya no sabía ni dondé empezaban o terminaban. El abuelo hablaba alto, pero Jan Di, mi Jan Di se iba. Era lo único que rondaba por mi cabeza. Ya no se escuchaba nada. Salí del cuarto. El abuelo me esperaba con mirada decepcionante.
-Ji Hoo…- me dijo con voz grave.
-Lo sé, abuelo. Déjalo es mejor así.
-Enserio vas a dejarla ir ¿así?- me pregunto, sus palabras se clavaban en mi conciencia. ¿Y sí, si podía ser feliz, hacerla feliz, estar a mi lado?- ¿Sabes cuantas veces se vuelve a encontrar el amor de tu vida?
Dolía. Sí. Mucho.
-No sé de…
-Y no te atrevas a decirme que no sabes de que te hablo, Ji Hoo, se nota en tu mirada, en cómo cambian los dos cada vez que están cerca- me dijo con voz más calmada y razonable.- no sé qué halla pasado entre ustedes, pero no hay nada en el mundo que no se pueda solucionar, si es amor, no hay nadie más.
Y tenía razón.
Siquiera lo intestaste. No. Claro que no.
La euforia se apodero de ti, le diste un abrazo al abuelo.
-Gracias.
Salgo corriendo, me subo a la moto. El aire me quema, voy lo más rápido que puedo. Busco entre los carros. Ninguno.
Por fin ves un taxi con un avión dibujado en la orilla. ¡Del aeropuerto! Te acercas, ves una cabellera negra que va en la parte de atrás. Jan Di.
-¡Jan Di!- gritas con todas tus fuerzas.
Suena tu nombre, volteas, es Ji Hoo. Va en su moto, te está llamando. No sabes que hacer. Te ha dañado mucho.
-Podría acelerarle, por favor. Ya voy tarde.
-como desee, señorita. Pero es lo más rápido que se puede, hay mucho tráfico. – menciona exasperado y viéndome con cara de pocos amigos.
Nervios. Muchos. Tu corazón está dando vueltas. Está a tu lado. Perfume, su olor inunda el lugar.
-¡Jan Di!, por favor. Tenemos que hablar.- grita desde la ventanilla.
Abre la puerta y se sienta a tu lado aventando la motocicleta.
-¡Oiga!- grita el conductor desde su asiento- esto le va a costar el doble de la cuota.
Los dos lo ignoramos. El viento corría. Los cláxones sonaban a lo lejos.
-perdón, perdóname, Jan Di. Sé que me equivoque, pero también se...que te amo. Sin ti, no hay nadie más no entiendo mi vida sin ti.- me agarró mis manos- y sé que esa noche, esa noche tu no querías…fui un idiota, estaba tan ciego y…
-Shh- lo silencie tocando sus labios con mi mano libre- ni siquiera me preguntaste, no me diste la oportunidad. Esto es injusto Ji Hoo. No tienes ni una idea de lo que me dolió.
-Lo sé, para mí no fue fácil, te amo.-dijo en un susurró. Se acercó, pego su frente con la mía. Y lloré libremente.
Pero no, no podíamos seguir así. Su aliento chocaba con el mío, se mezclaban.
Lo amaba, no había duda alguna.
Pero no. Ya no. Ya no quería sufrir. Tenía miedo, miedo de perderlo. Miedo de no poder con esto. Miedo de que…de tirarlo a la basura por errores. Necesitaba espacio, para pensar, para…sanar.
Acerco sus labios a los míos, sabía tan desesperado, aliviado, tan dulce. Nuestros labios chocaron, se fusionaron. Las lenguas se encontraron, se reconocieron. Nunca un besó tenía tanto significado. Era amor puro. Terco. Fuerte. Marcándonos.
Me separé. Pasó lo que me parecieron horas, nuestras manos tocaban lo más que podían, tratando de acaparar todo, temblando. Lo miré, sus ojos estaban cerrados. Respiraba profundo. Se veía tan tierno, tan bello, tan frágil. Lo abracé como si mi vida dependiera de ello.
Lastimaba.
Pero teníamos que encontrarnos a nosotros mismos antes de dañarnos más.
Me separé. Sonreímos como muto acuerdo.
-no hay nada que perdonar-sonreí débilmente, el me abrazo. No podía respirar, era él Ji Hoo- te amo.- le dije en su oído, tembló. Sentí su sonrisa. Me odié por lo que iba hacer- pero ya no… no puedo.
Se separó rápido, asustado. Negando firmemente con la cabeza.
-¿Qué hago? Dime, por favor. ¿Qué hago, Jan Di? Para que me creas. Lo que sea. Dímelo. Por favor. Perdóname. Quédate…aquí, conmigo- sus ojos mostraban asomo de lágrimas. Ji Hoo me aferraba a él. Su mano, no soltaba la mía, como si temiera que me fuera a escapar.
Dolía. No quería lastimarlo, pero tenía que soltarlo.
-Sigue, adelante. Sin mí. Eso, Ji Hoo.-le dije apartando la vista de él, no podía verlo así. Destrozado.
-¡Te amo, Jan Di! ¡DIOS! Acaso ¿no lo entiendes? ¿No sientes lo mismo?- sus palabras salían enfurecidas, dolía mucho. Claro que lo sentía, acaso no veía que cada acción, cada respiración era por él. Solo por él. Pero ya no podíamos seguir así.
-por favor…- le dije con un hilo de voz. Tratando de hacerme la fuerte, lo miré.
-¿eso es lo que quieres?- ¿Qué si eso era lo que quería? ¡Diablos!, no. Lo quería en mi vida. Lo quería a él. Todo de él. En las mañanas, tardes y noches. Ver sus logros, sus fracasos. Envejecer a su lado. Todo.
-sí…- dije con un hilo de voz.
Asintió levemente con la cabeza, salió del carro. Azotando la puerta a su paso.
-¡Pero no olvides, Jan Di, que yo si luche por ti! ¡Por un nosotros!
El taxista tenía los ojos con lágrimas. Y me miraba con súplica.
-Señorita, podemos regresar sí así lo desea…- me dijo.
No. Ya estaba decidido.
-No, avance, por favor, ya perdí tiempo.-dije volteando a verlo.
-¡Jan Di!- gritó con fuerza Ji Hoo.- ¡Jan Di, no te vayas!- todo el mundo lo volteaba a ver. Nunca lo había visto así.
El taxi arrancaba.
Mi corazón se quebró. ¿Estaría haciendo bien?
Le sonreí por última vez al amor de mi vida. Y regresé mi mirada al frente, secándome las lágrimas que salían sin control. Hipaba. Quería regresar, correr a su lado. Sanar sus heridas. Todo lo que pasamos juntos.
Pero primero tenía que curar las mías.
No podíamos estar los dos heridos. Era mi mejor amigo. Mi alma gemela, el que siempre estuvo para mí. Cada vez que lo necesitaba, una y otra vez.
No lo merecía. Dejé atrás todo, mi vida, mi fe, mi alma. Deja atrás a Jan Di.
Y me despedí, sabiendo que no quería irme…
